Solemne responsabilidad en la dirección
En 1844 Review and Herald comenzó a imprimir un periódico mensual llamado Bible Reading Gazette, que contenía estudios bíblicos escritos por muchos pastores diferentes y evangelistas laicos.
Al acabar el año, los doce volúmenes contenían un total de 162 lecciones, que se encuadernaron y ofrecieron en forma de libro. Los colportores vendían ese libro por todo el país con notable éxito. En vista de eso, la Review preparó una serie similar de estudios, también escritos por diversos autores, que se vendió bajo el título: Bible Readings for the Home Circle.
En su primera edición, publicada en 1888, en la sección dedicada a "los dos pactos" había 28 preguntas-respuesta que expresaban de forma elocuente las posiciones que sostenía Uriah Smith, G. I. Butler y otros, incluida su definición de viejo pacto y la idea de dos dispensaciones.[1]
En el congreso de la Asociación General de 1888 se pidió a E. J. Waggoner y a otros más que prepararan un nuevo "Bible Readings". Waggoner preparó una nueva "lectura" (Reading) sobre el tema de los pactos, y lo sometió al comité publicador de Review and Herald. De forma sorprendente, su nuevo "Reading" fue aceptado, quedando incluido en la nueva edición de 1889, "que circuló por decenas de miles y en todas partes".[2] La nueva edición seguía teniendo veintiocho preguntas-respuesta, pero eran muy diferentes a las de la edición previa. Waggoner había suprimido la idea de dos dispensaciones, y dejó claro que el viejo pacto estaba basado en las promesas del pueblo de "hacerse ellos mismos justos".[3] Eliminó igualmente la afirmación concluyente de la edición de 1888: "Cuando participamos del pan y el vino, ¿a qué nos comprometemos? -A ser fieles a nuestra relación de pacto con Dios".[4] Waggoner no se opuso a entrar en un pacto con Dios; pero había de tratarse del nuevo pacto, que estaba basado en la fe y no en las promesas del hombre.
En la primavera de 1889 se pidió a E. J. Waggoner que acabara de escribir la Guía de estudio trimestral de la escuela sabática para adultos sobre el libro de Hebreos, que tomaría tres trimestres -desde octubre de 1889 hasta junio de 1890. Su padre, J. H. Waggoner, no había completado la tarea antes de su muerte en abril de 1889. Debido a que algunas de las lecciones originales se habían perdido, y a que E. J. Waggoner no coincidía con su padre en algunas de las ideas sobre los pactos, reescribió cinco o seis de las lecciones, tras haberle sido dada libertad para que escribiera en su lugar sus propias ideas. El libro de Hebreos, teniendo tanto que ver con el santuario y con los pactos, otorgaba a Waggoner la oportunidad de exponer más plenamente sus puntos de vista sobre el tema.
Cuando Waggoner terminó, las lecciones fueron enviadas rápidamente a los miembros del comité editorial para su análisis. Desgraciadamente, el nombre de Uriah Smith se había omitido accidentalmente de la lista de miembros del comité. A fin de expiar el error, C. H. Jones, el gerente de Pacific Press, envió la serie de lecciones a Uriah Smith con todos los cambios y adiciones. Pero Smith, tras leer el nombre de J. H. Waggoner en la introducción a las lecciones, dio su aprobación para publicarlas sin reparar en la explicación de C. H. Jones sobre los cambios y adiciones que E. J. Waggoner había introducido en las lecciones de los primeros dos trimestres de 1890. Ese descuido, quizá providencial, causaría a Smith considerables problemas, y contribuiría a la controversia que no tardó en producirse.[5]
Para el 11 de enero de 1890, las lecciones de escuela sabática habían progresado hasta el capítulo octavo de Hebreos, donde Pablo escribe acerca del nuevo pacto en relación con Cristo y su ministerio sacerdotal en el santuario celestial. Cuando los miembros abrieron su nueva Guía de estudio de la escuela sabática por todo el país, se encontraron con la enseñanza de Waggoner sobre los pactos. Para muchos en Battle Creek no resultó agradable. Causó preocupación a Dan Jones, instructor de escuela sabática en el Tabernáculo de Battle Creek y miembro del comité de supervisión de la asamblea ministerial. Al ver las nuevas lecciones, que contenían "una buena proporción de cosas que no podía aprobar en relación con la cuestión del pacto", Dan Jones "dimitió como instructor de escuela sabática, y se ausentó durante un par de semanas de la escuela [ministerial]".[6]
Otros más siguieron el ejemplo de Dan Jones, algunos de ellos apartándose de la asamblea pastoral en la que Waggoner estaba enseñando y otros haciendo objeciones durante las clases de escuela sabática. Pero eso fue solamente el principio del conflicto, pues Waggoner anunció el viernes 17 de enero que iba a "comenzar con la cuestión del pacto el próximo lunes de mañana" en una de sus clases en la asamblea pastoral. Cuando Dan Jones se enteró del plan de Waggoner, se aprestó inmediatamente a impedirlo.[7]
Maniobras ocultas
Aunque algunos no han oído nunca hablar de Dan Jones, hacia finales de la década de 1800 era quizá una de las personas más influyentes en la Iglesia Adventista. Dan Jones ostentaba muchos cargos, entre ellos el de secretario de la Asociación General, miembro del poderoso comité ejecutivo de la Asociación General, uno de los fideicomisarios de la Asociación General, vicepresidente de International Tract Society, vicepresidente y miembro del comité ejecutivo de National Religious Liberty Association, presidente del comité de los Veintiuno establecido en la asamblea de 1889 y miembro de muchos otros subcomités.[8]
Por desgracia, empleaba su posición de autoridad para influir en otros a que se opusieran a Jones y Waggoner. Durante la asamblea pastoral mantuvo una correspondencia continua con otros dirigentes de iglesia de los varios comités, procurando recabar apoyos para su plan de acción.
La inquietud que causaban a Dan Jones los puntos de vista de Waggoner era tal, que posteriormente escribió: "Mi preocupación y ansiedad al respecto me han agotado más que medio año de trabajo".[9] A fin de comprender por qué fue así, necesitamos conocer algunos hechos relativos a la iglesia adventista de aquel tiempo. La membresía mundial sobrepasaba en poco los 28.000, de los cuales 26.000 habitaban en Estados Unidos. Había solamente 207 pastores ordenados y 158 "licenciados" trabajando en 895 iglesias esparcidas por todo el país.[10
] La mayor parte de aquellos 365 obreros ostentaba también responsabilidades a nivel de Asociación local o General.
Puesto que el primer seminario adventista en Battle Creek no se había establecido hasta 1875, la mayor parte de obreros no había recibido una formación ministerial sistemática. Muchos procedían de "orígenes diversos -profesiones, negocios, el banco de trabajo y la granja", y no habían tenido oportunidad de mayor educación.[11] De entre aquellos que habían asistido a seminarios adventistas, pocos habían recibido formación ministerial substancial o específica. Por ejemplo: "Ninguno de los seminarios adventistas ofrecía nada en la línea del estudio de la teología sistemática. Hasta 1888, por ejemplo, las únicas clases de Biblia programadas en el seminario de Battle Creek eran una clase de noveno o décimo grado de historia del Antiguo y Nuevo Testamento, y una disertación sobre doctrinas de la iglesia a cargo de Uriah Smith dos veces por semana, durante dos períodos docentes. La asistencia era totalmente voluntaria".
En un intento de revisar la educación adventista, W. W. Prescott, secretario de Educación y presidente del seminario de Battle Creek, había concebido el plan de que las asambleas pastorales fueran "'totalmente independientes del seminario'", con el propósito específico de proveer educación avanzada a los pastores que operaban ya en el campo. El currículo era: "evidencias cristianas destacadas, historia de la iglesia, griego, hebreo, administración eclesiástica, lógica, educación cívica, estudios bíblicos y doctrinas de la Biblia". Después que Prescott hubo confesado su oposición a Jones y Waggoner en diciembre de 1888, procuró darles mayores oportunidades de presentar el mensaje que llevaban en el corazón. Pero dado que se presentaron "unos sorprendentes 157 estudiantes ministeriales" a la asamblea pastoral, lo que representaba casi la mitad de toda la fuerza ministerial adventista, Dan Jones no pudo evitar estresarse. Era muy grande la posibilidad de que cualquier cosa que Waggoner presentara en sus clases tuviera un efecto considerable en el pensamiento adventista y su obra en el mundo entero.[12]
Al saber sobre los planes de Waggoner de comenzar a enseñar el tema de los pactos el lunes 20 de enero por la mañana, Dan Jones decidió "mantener un diálogo con la hermana White y el Dr. [Waggoner] al propósito". Deseaba "prevalecer sobre ellos a fin de aplazar la cuestión, al menos hasta que el profesor Prescott y el pastor Olsen" regresaran al campus. En lugar de dialogar primeramente con Waggoner, Dan Jones se dirigió a W. C. White "y le hizo saber cómo se sentía". Pero W. C. White no se quiso implicar y dijo a Dan Jones que fuera a "hablar con el [propio] Dr. [Waggoner]". Finalmente, tarde por la noche el viernes 17 de enero, Dan Jones fue a hablar con Waggoner durante al menos dos horas, pero Waggoner se mantenía "firme en su decisión de seguir con el plan trazado" para la clase. Los esfuerzos de Dan Jones habían sido vanos hasta ese punto.
No siendo de los que dan pronto su brazo a torcer, Dan Jones fue a hablar con Ellen White el sábado por la mañana. Según él, tras "haberle expuesto el asunto" y haberle hecho saber cómo "se sentía al respecto", ella expresó la idea de que la cuestión debía ser investigada por parte de los hermanos dirigentes … antes de presentarla en el seminario". Dan Jones dijo a Ellen White que había intentado hacer eso mismo, pero "Waggoner no era favorable a hacer cambio alguno en su plan". Ellen White sugirió que los hermanos se reunieran con Waggoner antes de comenzar las clases el lunes.[13]
Dan Jones volvió entonces a entrevistarse con Waggoner, haciéndole saber "lo que había dicho la hermana White". Pero uno tiene derecho a preguntarse cuánto de la conversación le hizo realmente saber, pues en palabras de él, Waggoner "permaneció inconmovible". Dan Jones habló entonces a Waggoner acerca de hacer una investigación, a lo que Waggoner "pareció estar perfectamente dispuesto". Waggoner dijo que "quería que se expusieran plenamente ambas partes de la cuestión". A tal efecto, Dan Jones convocó una junta para la tarde del domingo con Uriah Smith, R. C. Porter y otros varios.
El domingo a las siete de la tarde, en el salón de la Asociación General, se tuvo una junta con Waggoner para investigar la cuestión del pacto. Se eligió a Dan Jones como presidente de aquella junta, que resultó ser una sesión inquisitorial más bien que de investigación. Tras expresar "cuál era el motivo de la reunión", Dan Jones preguntó cómo debían proceder. Smith "sugirió que tomáramos los puntos de diferencia en la cuestión del pacto, y los consideráramos". Puesto que Dan Jones era quien había convocado la junta, se decidió que enumerara los puntos de diferencia:
Tras reflexionar un momento dije que, si se me encargaba definir los puntos de diferencia, no veía mejor procedimiento que tomar las lecciones de escuela sabática, señalando algunos puntos que en mi opinión eran cuestionables, y creía que lo eran también para otros de los allí presentes. Comencé, pues, por la nota nº 1 en la página 11, cuya primera frase dice: "Observe el estudiante que los términos del viejo pacto procedían todos de parte del pueblo". Les dije que no podía estar de acuerdo con aquella afirmación y pregunté si el resto de presentes lo estaban. El hermano Smith dijo que él no lo estaba; también disentía el hermano Porter. Pregunté al hermano Smith las razones para disentir. Leyó Deuteronomio 26:17-19 y preguntó si eso se refería al viejo pacto. Nadie respondió; pero el hermano White suscitó la cuestión de en qué consistía un pacto; si debíamos atenernos a la definición de Webster o no. … El hermano Smith volvió a preguntar muy calmadamente si los versículos que había leído se referían al viejo pacto. Alguien hizo otra pregunta. … Después de eso, el hermano Smith volvió a preguntar si los versículos que había leído se referían al viejo pacto. El Dr. Waggoner dijo entonces que objetaba a esa forma de investigar la cuestión del pacto; dijo que él no pensaba haber acudido a esa junta con el objeto de diseccionar las lecciones de escuela sabática sino para investigar la cuestión del pacto, y él no creía que pudiera ser investigado satisfactoriamente de esa forma. Se extendió en cierta medida; afirmó que él había entendido que todos estaban de acuerdo con su posición sobre la cuestión del pacto. Él consideraba que el comité publicador de REVIEW & HERALD había aceptado su posición, puesto que había aceptado un "Reading" que él había preparado sobre ese tema, habiéndolo incorporado [en 1889] a "Bible-Readings" en lugar del que figuraba en la primera edición de aquel libro, y que [en su nueva edición] había circulado en decenas de miles por doquier. Dio también a entender muy claramente que el pastor Smith se había puesto él mismo virtualmente en favor de esa posición [al publicar las lecciones de escuela sabática].[14]
Para algunos de los hermanos la gran preocupación radicaba en la definición que Waggoner daba al viejo pacto. No obstante, Dan Jones "leyó de las lecciones unos pocos puntos más en los que él consideraba que había una diferencia de opinión":
Entonces declaré cuál era el objeto de la investigación: que el Dr. Waggoner había anunciado que abordaría el tema en el seminario la próxima semana, y que a mí me parecía incorrecto presentar un tema controvertido y enseñarlo en un seminario de la Asociación General … donde había miembros de la facultad y del comité de administración que no estaban de acuerdo con las doctrinas enseñadas. … Yo no creía que [Waggoner] debiera traer al seminario nada que ellos no aprobaran, ni la nueva doctrina que fuere hasta haber consultado con ellos al respecto. … Si todos ellos creían que era correcto que presentara la cuestión del pacto en el seminario tal como había hecho en la escuela sabática, yo no tenía nada más que decir al respecto, aun sin entender que eso fuera lo apropiado. El pastor Smith dijo entonces que prefería que no se lo enseñase en el seminario. El Dr. Waggoner manifestó que él había comprendido que se le hizo venir para que enseñara [en clase] sus puntos de vista, y que no habría venido en otras condiciones; dijo que en principio no había querido venir, y que sólo consintió en hacerlo cuando se le insistió.[15]
En ese momento "el hermano McCoy y el profesor Miller hablaron ambos favorablemente a que se permitiera que el Dr. [Waggoner] enseñara la cuestión del pacto en el seminario, tal como había hecho ya en las lecciones de escuela sabática". W. C. White "fue también favorable a que lo hiciera, y refirió algunas cosas que había oído decir a su madre, y que él interpretaba como pareciéndole correcto que procediera así". En ese punto Dan Jones afirmó abiertamente que "se podría hacer así, pero yo no lo veía apropiado; y en lo que a mí concernía, quería que quedara registrada mi oposición a que se procediera de ese modo".[16]
La junta se alargó hasta media noche, "siendo aplazada a falta de llegar a un acuerdo". Según relato de Dan Jones "todo se desarrolló en un ambiente agradable. No hubo una palabra áspera o descortés, y creo que tampoco resentimiento por parte de nadie". Aparentemente Waggoner no tenía la misma impresión; el día siguiente presentó su renuncia a dar aquella clase.[17]
La renuncia de Waggoner presentó un problema con el que Dan Jones no había contado: ¿Quién iba a dar la clase a todos los estudiantes de la escuela ministerial durante aquel período? Dan Jones se dispuso a buscar un "acuerdo satisfactorio" con W. C. White y Waggoner para cubrir aquel período docente. Pero Dan Jones afirmó: "No pude ver cómo podía ceder al principio que me parecía tan justo y correcto, y dar mi consentimiento a" que se presentaran en el seminario los puntos de vista de Waggoner. No es maravilla, ante esa actitud de Dan Jones, que Waggoner se mostrara "inexorable" y renunciara a dar aquella clase. [W. C.] White sugirió que se pidiera a Uriah Smith que se encargara de la clase, puesto que "el Dr. estaba de todas formas haciendo demasiado [trabajo] y necesitaba más tiempo para su labor editorial y para su descanso". Smith aceptó dar la clase y Dan Jones "hizo los arreglos para presentar [el cambio de orador] ante la clase como un asunto menor … diciéndoles que habían considerado preferible que viniera el hermano Smith … por el momento, dado que el Dr. Waggoner tenía exceso de trabajo y necesitaba descanso". Unos minutos antes de que Waggoner terminara su primera clase llegaron Dan Jones y Uriah Smith dispuestos a hacer su anuncio. Posteriormente describió lo que sucedió:
Cuando [Waggoner] terminó, dijo: "En ocasiones sucede lo inesperado, y a mí me ha sucedido algo muy inesperado. Para mi gran sorpresa, ha habido objeciones a mi enseñanza sobre la cuestión del pacto en este seminario, y por el momento yo no lo voy a enseñar. El hermano [Dan] Jones les explicará el cambio efectuado". Eso trastocó completamente la pequeña explicación que había preparado; de forma que sólo pude decir que se había considerado preferible posponer la presentación de la cuestión del pacto, al menos por el momento.[18]
Sin pretenderlo, Waggoner había dejado en evidencia el proceder cuestionable de Dan Jones. De la forma que fuere, la cuestión del pacto había quedado en suspenso. Algunos de los estudiantes no se sintieron nada satisfechos por "resultar privados de la instrucción del hermano Waggoner". El día siguiente uno los estudiantes escribió a O. A. Olsen, presidente de la Asociación General y miembro del comité del seminario, expresando sus pensamientos al propósito de que "esperaba que se pudiera hacer una investigación justa" de la cuestión del pacto. Pasarían varias semanas antes que se diera respuesta a esa petición. Mientras tanto la oposición, tanto hacia E. J. Waggoner como hacia A. T. Jones, se fue haciendo cada vez más decidida.[19]
Desacreditando a los mensajeros de Dios
Dan Jones no tuvo bastante con detener las presentaciones de Waggoner sobre los pactos. En los días y semanas que siguieron se mantuvo en constante correspondencia con otros dirigentes en todo el país, compartiendo con ellos sus prejuicios. Recibir cartas como esas de parte del secretario de la Asociación General y miembro del comité ejecutivo, no era un hecho intrascendente. Sólo tres días después que Waggoner firmara su renuncia a dar aquella clase, Dan Jones envió una carta a A. W. Allee, un dirigente de iglesia en Missouri, dándole consejo sobre una asamblea prevista en aquel estado:
Creo que sería una espléndida idea tener una asamblea en Missouri; pero pienso que una asamblea organizada discretamente le sería tan valiosa como si se hiciera una gran demostración y se invitara a … los pastores A. T. Jones y E. J. Waggoner. Para ser sincero, no tengo mucha confianza en algunas de sus formas de presentar las cosas. Intentan llevárselo todo por delante y no admiten que su postura se someta al más mínimo criticismo. Dicen: "Es verdadera; y todo cuanto tiene que hacer es estudiarla tal como yo he hecho, y entonces la comprenderá";[20] y simplemente se ríen ante cualquier idea que otros puedan presentar, que esté en el más mínimo desacuerdo con la de ellos. Pero nuestros hombres más capaces -el hermano Smith, Littlejohn, Corliss, Gage y otros- no están de acuerdo con ellos en muchas posiciones que ellos toman en la Reforma Nacional y en ciertas cuestiones teológicas -como los pactos, la ley en Gálatas, etc. Pero ellos hacen prominentes esas cosas allí donde van; y de hecho, a penas hablan de otros temas que no sean aquellos sobre los que existe una división de opiniones entre nuestros hermanos dirigentes. No creo que quiera llevar ese espíritu a la Asociación de Missouri. Si puede contar con el hermano Gates y con el hermano Farnsworth y tener una asamblea pastoral para el estudio de la Biblia y para planes de trabajo, dependiendo luego al máximo de ustedes mismos para cavar en los principios de verdad y [diseñar] planes adaptados a su obra en Missouri, será de mucho más valor que una teoría de alto postín que nunca ha funcionado, y nunca va a hacerlo.[21]
Así es como Dan Jones empleaba su influencia de forma solapada, para evitar que lo que él llamaba "una teoría de alto postín" fuera más allá de lo que debía. Dan Jones no era el único en compartir profusamente sus opiniones. Uriah Smith, sintiendo que la renuncia temporal de Waggoner no bastaba para detener el progreso de sus falsas teorías, escribió un descargo de responsabilidad en la Review. Dejó claro que no apoyaba las presentes lecciones de escuela sabática que contenían la posición de Waggoner sobre los pactos:
A los muchos que nos escriben preguntando acerca de la nueva deriva teológica en las lecciones de escuela sabática respondemos que, de acuerdo con nuestra profesión, la Biblia y sólo la Biblia es nuestra regla de fe y práctica; y todo punto de vista que se presente se debe probar y someter a decisión por dicha Palabra. Nadie debe sentirse obligado a aceptar la doctrina que sea, simplemente porque aparece en las lecciones de E. S. o en la REVIEW. Las lecciones se envían bajo los auspicios de General S. S. Association, y no se debe entender necesariamente que la REVIEW, en cualquiera de sus acciones de distribuirlas entre el pueblo, apoye todo lo que contienen; especialmente a la vista del hecho de que cuando el comité de REVIEW and HERALD decidió abrir un departamento de escuela sabática en la REVIEW, publicando allí las lecciones, no se conocía de qué lecciones se trataría. Por descontado sería muy de desear que cualquier proposición avanzada pudiera ser del tipo que se recomienda a sí misma ante la aceptación de los grandes estudiosos de la Biblia, como ante la razón y la Escritura; pero si en algún caso no parecen ser de ese tipo, rechazarlas sin escrúpulos y sin reservas es, no sólo el privilegio sino también el deber de quienes detecten la divergencia respecto a las Escrituras.[22]
Uriah Smith apelaba a que todos tomaran "la Biblia y sólo la Biblia" como su regla de fe. Lo decía en total sinceridad, convencido de que la Biblia apoyaba sus posiciones y refutaba la "nueva deriva teológica" en las lecciones de escuela sabática que Waggoner escribió.[23] Ellen White no tardaría en responder a esos pronunciamientos, pero no sería antes que se diera a Waggoner la oportunidad de presentar los pactos durante la última parte de febrero. La decisión de dejarle presentar el tema se aplazó hasta que regresaran a O. A. Olsen y W. W. Prescott a Battle Creek. En el intervalo Waggoner continuó dando algunas clases en la asamblea pastoral. Su tema fundamental continuó siendo el mismo: la justificación por la fe y la justicia de Cristo. Lamentablemente eso no hizo nada para apaciguar la controversia que se estaba gestando.
Responsabilidad del liderazgo
Cuando Ellen White vio que la tensión aumentaba en la asamblea pastoral respecto al tema de los pactos, temió que estuviera a punto de repetirse el episodio de Mineápolis. Comenzó a asistir a muchas de las reuniones, hablando cada día "durante tres semanas" "excepto en una o dos ocasiones".[24] Tal como había sucedido con la ley en Gálatas, el asunto real de la cuestión del pacto era cómo se combinan la ley y el evangelio; cómo se salva la humanidad. El fracaso en lograr una comprensión clara en ese punto afectaría a toda la experiencia cristiana y traería confusión a la obra.
La responsabilidad de la condición lamentable de las iglesias descansaba sobre los pastores que habían de partir el pan de vida para sus congregaciones. El propósito de las asambleas pastorales era precisamente equipar mejor a los pastores para cumplir las responsabilidades que Dios les había asignado. Estando reunidos en Battle Creek casi la mitad de los obreros de la iglesia, Ellen White comprendió las grandes posibilidades si cada uno de ellos salía de la asamblea verdaderamente convertido y con el mensaje de la justicia de Cristo. También se dio cuenta de que Satanás estaba procurando impedirlo: "Estoy convencida de que Satanás vio que aquí había mucho en juego, y no quiso perder su control sobre los hermanos en el ministerio. Si se produce la victoria plena, muchos pastores van a salir de este encuentro con una experiencia del más alto valor".[25]
Pero a Ellen White se le hizo ver también el nefasto resultado si no se daba la victoria, si los hermanos rehusaban andar en la luz que estaba brillando en su camino.
En sus charlas matinales Ellen White habló decididamente contra el espíritu que prevalecía, llegando a comparar su "testimonio" con el de "Moisés en su despedida: 'A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia [Deut 30:19]'". Las decisiones que se estaban tomando en el corazón de la obra iban ciertamente a afectar a muchas generaciones futuras. Su diario provee un relato de lo que estaba sucediendo: "Les rogué que estudiaran las Escrituras por ellos mismos. … En los días de Cristo los escribas y fariseos escudriñaban las Escrituras del Antiguo Testamento, pero interpretaban lo que leían de modo que apoyara sus tradiciones. … Divididos en muchos puntos, estaban unidos en uno: su oposición a Cristo. Y hoy da la impresión de que los hombres se hayan unido para anular el mensaje que el Señor ha enviado. … Cambian el significado de la Palabra de Dios para adaptarlo a sus propias opiniones. … Dios tiene una controversia con quienes tergiversan las Escrituras haciendo que se adapten a sus ideas preconcebidas". Fue en este contexto en el que advirtió a los "hermanos en puestos de responsabilidad a que no contristaran al Espíritu de Dios expulsándolo de sus corazones. … No deis la espalda a los mensajes que Dios envía, tal como hicisteis en Mineápolis". Preguntó con corazón doliente: "¿Por qué no se levantan y resplandecen, puesto que ha venido su luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ellos?"[26]
El 3 de febrero Ellen White se levantó ante los hermanos y les suplicó que aceptaran la luz que se les estaba presentando. Sabía que se "habían hecho esfuerzos -una influencia contraria- por revertir la luz, la luz que Dios ha estado queriendo introducir aquí en relación con la justicia de Cristo". Pudo declarar sin titubeos: "Si es que Dios ha hablado alguna vez por mí, es la verdad, hermanos. Es la verdad que cada una de vuestras almas ha de recibir, o bien van a ser dejadas en una oscuridad tan yerma como las colinas de Gilboa". Dios estaba dándoles preciosas oportunidades:
Quiero decir ahora, hermanos, que hay una puerta abierta y ningún hombre os la puede cerrar -sin importar que ocupe la posición más alta o la más baja. No la puede cerrar. Pero vosotros sí podéis hacerlo. Podéis cerrar la puerta de vuestro corazón de forma que la luz que Dios os ha enviado en el último año y medio -aproximadamente- no pueda tener en vuestra vida su influencia y efecto, ni sea traída a vuestra experiencia religiosa. Para eso es para lo que Dios envía a sus mensajeros.[27]
Recordó a los hermanos que después que Juan Bautista hubiera venido con un mensaje que agitó y movió los corazones de sus oyentes, Cristo vino "con un bálsamo sanador, un mensaje que, una vez quebrantado el corazón, permitiría que la semilla cayera en un terreno preparado". Sin embargo, "los discípulos de Juan tuvieron celos de Cristo". De igual forma -continuó- "Dios tiene obreros. Llevan la obra hasta cierto punto y no pueden llevarla más lejos. … Entonces Dios llama a otro obrero a venir justo ahí y avanzar esa obra. El que trabajó [primero] viene a quedar limitado. Es incapaz de ver que esa precisa línea de trabajo a la que está entregado no debe continuar hasta el final del tiempo. A la obra tienen que venir más luz y poder que los que hemos tenido".[28]
Promesa cumplida
En la continuación de su discurso Ellen White retrajo a sus oyentes hasta el tiempo anterior a los muchos encuentros campestres del año precedente, antes incluso del congreso de la Asociación General de Mineápolis en 1888 con todo su conflicto, y todavía antes, hasta el tiempo en el que se sentaba al lado de su esposo moribundo en 1881. Fue entonces, recordó, cuando Dios hizo una promesa:
Esta obra tiene que avanzar al frente y hacia arriba, y el edificio se ha de elevar. Así es como ha trabajado Dios con sus obreros. Él enterró a los obreros, pero la obra sigue progresando. Cuando estaba sentada con mi mano en la de mi esposo moribundo, supe que Dios estaba a la obra. Estando sentada a su lado en la cama mientras él estaba afectado por una fiebre elevadísima, me fue presentada como una clara cadena luminosa: Tengo obreros que se van a hacer cargo de esta labor. No temas, no te desanimes; irá adelante.
Fue allí donde comprendí que tendría que asumir la obra y tomar una carga más pesada que la que nunca antes llevara. Fue allí donde prometí al Señor que me mantendría en mi puesto del deber, y así he procurado hacerlo. Hago la obra que Dios me ha asignado hasta donde me resulta posible, sabiendo que Dios va a traer a su obra un elemento del que antes no habíamos dispuesto.[29]
En la mente de Ellen White no había duda alguna de que Dios había cumplido su promesa. No sólo la había sanado de forma milagrosa escasamente un año después de la muerte de su esposo, cuando ella era "una candidata a la tumba", sino que Dios había hecho su llamado divino a Waggoner unos pocos días después, mientras Ellen White predicaba en el encuentro campestre de Healdsburg en el otoño de 1882.[30] No mucho tiempo después Dios volvió a cumplir su promesa en su llamado a A. T. Jones para que se uniera a la obra en expansión. Ahora, en el año 1889, para Ellen White, el mensaje de ellos dos había traído "a su obra un elemento del que antes no habíamos dispuesto".
Inmediatamente después de referirse a la muerte de su esposo, Ellen White recordó a sus oyentes cómo estaban tratando los que ocupaban puestos de responsabilidad la nueva luz de ese mensaje que Dios había prometido enviar. ¿Cuáles fueron los resultados de las campañas desplegadas el pasado verano, en las que ella estuvo codo a codo con los mensajeros escogidos?
Nuestros hombres jóvenes miran a los veteranos, que se quedan inmóviles como postes y rehusarán moverse para aceptar nueva luz que se les traiga. Se reirán y ridiculizarán lo que dicen esos hombres [Jones y Waggoner] y también lo que hacen, como si no tuviera importancia alguna. Os pregunto: ¿Sobre quién recae el peso de esas risas y desprecio? Sobre aquellos que se han interpuesto ante la luz que Dios ha dado, a fin de que no llegue al pueblo que debiera tenerla. …
Os digo ahora, hermanos: Despejad el camino al Rey; hacedlo por vuestras almas. Si os habéis interpuesto entre el pueblo y la luz, apartaos del camino, o será Dios quien os aparte. …
Sucede ahora exactamente como en los días de los judíos. Cuando llegaba un mensaje, todo el poder de los dirigentes se disponía en su contra a fin de que no llegara al pueblo. … Si Dios nos envía luz, permitid que nos llegue; que ningún hombre cierre la puerta o procure cerrarla. No la cerréis vosotros mismos. Abrid la puerta de vuestro corazón y permitid que los brillantes rayos de luz resplandezcan en vuestro corazón y mente. Os ruego: Permitid que entre el Sol de justicia. …
¿Por cuánto tiempo va a estar viniendo a este pueblo la gracia de Dios en vano? Os ruego por causa de Cristo: Despejad el camino del Rey y no juguéis con el Espíritu de Dios.
Hemos viajado por los diferentes lugares en reuniones en las que he podido estar hombro con hombro junto a los mensajeros de Dios que yo sabía que eran sus mensajeros, que yo sabía que tenían un mensaje para su pueblo. Di mi mensaje junto a ellos, en total armonía con el mismo mensaje que ellos estaban trayendo. ¿Qué vimos? Vimos un poder que asistía al mensaje. …
Intento presentároslo a fin de que podáis ver la evidencia que yo vi, pero parece que mis palabras se las lleve el viento. ¿Por cuánto tiempo va a continuar? ¿Por cuánto tiempo los que están en el corazón de la obra se dispondrán en contra de Dios?[31]
Ellen White no podía decirlo con mayor claridad. Los hombres jóvenes que reían y ridiculizaban el mensaje presentado por Jones y Waggoner procedían de ese modo debido al ejemplo dado por los veteranos en posiciones de responsabilidad. En consecuencia, sería en los veteranos en quienes iba a recaer la responsabilidad de aquella burla. Sí, los veteranos, como individuos, estaban cometiendo pecado, pero los efectos de esos pecados alcanzaban muy lejos en su influencia. Ellen White les estaba advirtiendo en contra de seguir los pasos de los dirigentes judíos; los resultados serían entonces espantosos.[32]
Cuando Ellen White publicó su charla matinal pocas semanas después en la Review, añadió algunos párrafos reafirmando su apoyo a Jones y Waggoner, y al propio mensaje "tal como ha sido presentado". Advirtió a quienes se interponían en el camino:
¿Cuánto tiempo ha de pasar antes que creáis los testimonios del Espíritu de Dios? ¿Cuándo va a tener acceso a vuestros corazones la verdad para este tiempo? ¿Por cuánto tiempo va Dios a permitir que bloqueéis el camino? Despejad el camino del Rey, os imploro, y allanad sus caminos.
He viajado de lugar en lugar, asistiendo a lugares donde se predicaba el mensaje de la justicia de Cristo. He considerado un privilegio estar al lado de mis hermanos [Jones y Waggoner] y dar mi testimonio junto al mensaje para este tiempo; y vi que el poder acompañaba al mensaje allí donde se lo predicaba. En South Lancaster no podríais convencer a las personas de que no fue un mensaje de luz el que les vino. Confesaban sus pecados y se apropiaban de la justicia de Cristo. Dios ha puesto su mano en la realización de esta obra. Trabajamos en Chicago; era una semana antes de que se hiciera una pausa en las reuniones. Pero nos envolvió la bendición de Dios como una ola de gloria mientras señalábamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El Señor reveló su gloria y sentimos la obra profunda de su Espíritu. El mensaje llevó en todo lugar a la confesión del pecado y al abandono de la iniquidad. …
Suponed que borráis el testimonio que se ha venido dando durante estos últimos dos años proclamando la justicia de Cristo: ¿A quién podéis señalar como portador de luz especial para el pueblo? Este mensaje, tal como ha sido presentado, debe ir a toda iglesia que pretenda creer la verdad, llevando a nuestro pueblo a un nivel superior de visión. …[33]
Cada obrero tiene su lugar; pero Dios no quiere que nadie piense que no va a oírse otro mensaje que no sea el que ya se ha dado. Queremos el mensaje pasado y el mensaje nuevo.[34]
El miércoles 5 de febrero Ellen White volvió a hablar a los congregados en la reunión de Battle Creek. Rogó a los hermanos que se acercaran a Dios, y unos a otros. Intentó animarlos en vista de que Dios quería bendecirlos con "luz brillando desde el trono de Dios … a fin de que el pueblo pudiera prevalecer en el día de Dios". Las iglesias estaban "a punto de morir" por falta de "alimento espiritual". Los pastores tenían que presentar a aquellas iglesias verdades que "no proceden del cerebro de otro hombre, sino de la luz que habéis recibido mediante el escudriñamiento diligente de la Palabra de Dios". Animó una vez más a sus oidores con los maravillosos resultados en South Lancaster, donde había trabajado junto a A. T. Jones en la predicación de ese mensaje:
Casi todos los estudiantes fueron llevados por la corriente celestial y se dieron testimonios vivientes que no habían sido sobrepasados ni siquiera por los testimonios de 1844 con anterioridad al chasco. Muchos aprendieron en South Lancaster lo que significaba entregar sus corazones a Dios -lo que significaba convertirse. Muchos dijeron: "Durante años he profesado ser un seguidor de Jesús, pero nunca antes había sabido lo que significa conocer a Jesús o al Padre. A partir de esa experiencia he aprendido lo que significa ser cristiano" …
Hermanos, hay luz para nosotros; hay luz para el pueblo de Dios, "y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron". La razón por la cual los hombres no comprenden, es porque se encierran en una actitud de cuestionar y dudar. No cultivan la fe. Si Dios da luz, debéis andar en la luz y debéis seguir la luz. La luz brilla desde el trono de Dios, y ¿con qué propósito? -Para que un pueblo pueda estar preparado para prevalecer en el día de Dios.[35]
A pesar de aquellos eventos los hermanos seguían precaviendo a otros a que no asistieran a las lecciones que daban Jones y Waggoner, y algunos asistían sólo para hacer preguntas que desacreditaran sus presentaciones.[36] Ellen White les advirtió que era "demasiado tarde en el día para clamar contra los hombres por manifestar demasiado fervor en el servicio de Dios; para decirles: 'Estáis agitados; sois demasiado efusivos, demasiado positivos'. Es demasiado tarde para precaver a los hermanos en contra de que estudien la Biblia por ellos mismos, [por temor a que] puedan ser engañados por el error". Sintió una gran urgencia en advertir a los hermanos contra la repetición del error de los judíos:
Mientras escribo "Life of Christ [El Deseado de todas las gentes]" elevo mi corazón a Dios en oración a fin de que pueda venir luz a su pueblo. Habiendo visto algo de la belleza de Cristo, mi corazón asciende así a Dios: '¡Oh, que tu gloria pueda ser revelada a tus siervos! Que el prejuicio y la incredulidad puedan desaparecer de sus corazones'. Cada línea que trazo en relación con la condición del pueblo en el tiempo de Cristo, con su actitud hacia el Señor del mundo, allí donde veo peligro de que tomemos la misma posición, hago oración a Dios: 'Que no sea esa la condición de tu pueblo. Impide que tu pueblo cometa esa equivocación. Aumenta su fe' … Habremos de enfrentarnos a toda forma de incredulidad en el mundo, pero es cuando nos enfrentamos con la incredulidad en aquellos que debieran ser líderes del pueblo, cuando nuestras almas resultan heridas. Eso es lo que nos aflige, y lo que aflige al Espíritu de Dios.[37]
La incredulidad de quienes ocupaban los puestos de responsabilidad afligía al Espíritu Santo. Estaban bloqueando la luz para que no llegara al pueblo, y su influencia estaba afectando a toda la iglesia.
La mañana siguiente, cuando Ellen White habló a los hermanos dirigentes, se preguntó por qué "una buena parte" de ellos, Uriah Smith incluido, no estaba asistiendo a las reuniones. ¿Era por miedo a resultar "convencidos"? Permanecían alejados mientras "todo el tiempo lanzaban dardos desde la oscuridad contra ellos [Jones y Waggoner]". Declaró que los pastores "debieran comprender dónde está el Espíritu de Dios", a fin de que "pudieran conocer las impresiones que está haciendo en su pueblo el Señor". Se trataba, afirmó Ellen White, de "los mismos hombres que debieran estar aquí para percibir su necesidad de tener la verdad para sus puestos de confianza … a fin de resultar apropiados para esas posiciones, [pero] no están de ninguna manera aquí; no se acercan". En lugar de plantear sutilezas y procurar perchas donde colgar sus dudas, aquellos pastores necesitaban caer sobre sus "rodillas en oración; [y] por causa de Cristo discernir el error y equivocación de los judíos".[38]
Ellen White explicó que a la mañana anterior se levantó con una pesada carga. Sintió esa responsabilidad, sabiendo que los hombres "no estaban andando en la luz". Rogó así a los hermanos: "Cuando salgáis de este lugar, sed tan llenos del mensaje, que sea como fuego en vuestros huesos y os impida estar inactivos. Los hombres exclamarán ciertamente: 'Estáis agitados en demasía; estáis haciendo un mundo de eso y no prestáis la debida atención a la ley; habéis de concentraros más en ella; no estéis todo el tiempo procurando esa justicia de Cristo, y reforzad la ley'. Dejad que la ley se cuide por sí misma. Nos hemos ocupado en la ley hasta llegar a secarnos como los montes de Gilboa, donde no hay rocío ni lluvia. Confiemos en los méritos de Jesucristo de Nazaret". ¿Prestarían oído a la admonición?[39]
La mañana siguiente Ellen White continuó en esa misma línea. Los hermanos estaban cometiendo un error al "considerar infalibles a los hombres". Los hombres se estaban confiando a "los pastores para que cuidaran de ellos" como si no les hubiera sido encomendada una obra personal. Pero al margen de la posición de cada uno, se tratara de un líder veterano o de un recién convertido, debían estudiar la Biblia por ellos mismos para saber cuál era la verdad. El pueblo debía depositar su confianza en Dios, no en el hombre, pues "ninguno de nosotros es infalible".[40] Ahora bien, la falibilidad del hombre no negaba el hecho de que Dios tenía más luz para su pueblo, y que iba a darla mediante sus mensajeros escogidos: "Hay poder para este pueblo. Lo sé. Dios me lo ha estado revelando durante años, y ha llegado el tiempo. Queremos saber que esa fe viviente inspira nuestros corazones, y que vamos a alcanzar mayor luz y conocimiento".[41]
El llamado profético de Ellen White no consistía en resolver cada diferencia de opinión, diciendo a la gente lo que debía o no debía creer. Ella no había sido el camino fácil en el pasado, y no iba a serlo en el conflicto sobre los pactos. En los días tempranos en que los pioneros descubrían verdades relativas al sábado y el santuario celestial, el Señor confirmaba esas verdades mediante el don profético de Ellen White solamente después que se hubieran dedicado al ferviente estudio de la Biblia. Lo mismo iba a suceder con la ley en Gálatas y con los pactos. El Señor no reveló inmediatamente toda la luz sobre esos puntos controvertidos. Cuando Ellen White vio crecer la oposición contra aquella luz, dirigió al pueblo a la Biblia. El propósito de tal estudio no era solamente determinar si lo que Jones y Waggoner estaban presentando era la verdad; tenía también por fin llevar al pueblo a una experiencia personal en aquella verdad. La iglesia se estaba ya debatiendo con la tibieza resultante de un mero asentimiento mental a una lista de verdades a modo de credo, siendo una de ellas la justificación por la fe. Po otra parte, muchos líderes en la iglesia estaban cuestionando seriamente la autoridad de Ellen White como profetisa de Dios, debido a su apoyo a Jones y Waggoner, así como al mensaje que presentaban. Ella sabía que los que fueran a la Biblia por ellos mismos, verían que Dios estaba realmente enviando aguaceros de bendición sobre su iglesia.
Aquí estáis ahora en este seminario. El hermano Waggoner puede presentar la verdad ante vosotros. Podéis decir que es verdad lo que él presenta. Pero, ¿qué vais a hacer después? Debéis ir a las Escrituras por vosotros mismos. Debéis escudriñarlas con corazones humildes. Si estáis llenos de prejuicios y de vuestras opiniones preconcebidas, y si albergáis la idea de que no hay nada que necesitéis conocer, no vais a obtener aquí beneficio alguno. Pero si acudís como niños, queriendo aprender todo cuanto haya para vosotros. … El Señor del cielo ha dispuesto la mente del hombre para que se especialice en el estudio de las Escrituras, y cuando se las presenta, nos ha dado poder de raciocinio … para comprender la evidencia tanto como la comprende él [quien la presenta]; yo puedo encontrar la evidencia tal como él la encuentra. Puedo salir y hablar la verdad porque sé que es la verdad. …
Creo sin duda alguna que Dios ha dado preciosa verdad en el momento oportuno al hermano Jones y al hermano Waggoner. ¿Los considero infalibles? ¿Digo que no van a hacer una afirmación o a tener una idea que no pueda ser cuestionada o que no pueda estar errada? ¿Es eso lo que digo? No; no digo nada parecido a eso. Ni lo digo tampoco de hombre alguno en el mundo. Pero afirmo que Dios ha enviado luz: sed cuidadosos en cómo la tratáis.[42]
En ese punto en el tiempo, el Señor todavía no había revelado específicamente a Ellen White que la posición de Jones y Waggoner sobre los pactos era la correcta. Pero había dejado claro que estaba enviando luz y preciosa verdad, aunque fuera a través de hombres falibles. Lo importante no era si Jones y Waggoner eran infalibles, sino cómo estaban tratando los hermanos la luz que Dios había enviado. En lugar de buscar faltas en los mensajeros y en el mensaje, debían estudiarlo como quien busca la luz. En lugar de recomendar a las personas que no acudieran a las reuniones, debían animarlas a que investigaran:
Me dirijo a estos hombres [pastores] a fin de que puedan conocer, de que puedan comprender qué es verdad; y si no oyen, si se mantienen apartados tal como aconsejan los pastores a las congregaciones bajo el argumento de 'manteneos alejados', 'no vayáis a oír', [os digo:] Necesitáis oírlo todo. Si [Waggoner] está en el error, queremos saberlo, queremos comprenderlo … y queremos investigar por nosotros mismos. Queremos saber qué es verdad; y si lo es, hermanos, esos niños en la clase de escuela sabática lo necesitan, y lo necesita cada una de sus almas. … A quienes ocupan puestos de responsabilidad, digo: Estáis obligados ante Dios a conocer lo que aquí está sucediendo. …
Saber que hay quienes han llenado de prejuicio sus corazones me ha traído gran tristeza y dolor. Escuchan buscando cazar alguna palabra que puedan oír. … ¿Quién pretende que [Jones y Waggoner] sean perfectos? ¿Quién ha dicho tal cosa? Afirmamos que Dios nos ha dado luz en el momento oportuno. Y ahora debemos recibir la verdad de Dios -recibirla reconociendo su origen divino. … Cuando se demuestra un punto, [los hermanos] no querrán reconocer ni una palabra. No ven la luz, sino que plantean una cuestión tras otra. No se acepta ni un solo punto. No reconocen encontrarse ante un punto [probado], sino que presentan toda una lista de cuestiones. Hermanos, queremos saber lo que significa examinar las Escrituras como quien procura la luz, y no como quien quiere desecharla.[43]
Ese era el estado de cosas en la asamblea pastoral, incluso antes que Waggoner tuviera la oportunidad de hacer sus presentaciones sobre los dos pactos. Se configuró un entorno propicio al rechazo de toda la luz que Dios quería derramar sobre su pueblo. Los reunidos allí eran pastores y administradores de la iglesia. Si bien su aceptación o rechazo de la luz enviada del cielo era una elección individual, las consecuencias afectarían a la iglesia entera; su pecado sería el "pecado de una nación", tal como fue el de los judíos. Los hombres habían venido a ser "postes indicadores que señalaban la dirección equivocada". "Toda la iglesia es responsable" por sus pecados.[44]
Notas: