No malgaste su tiempo oponiéndose a la posición de Waggoner
"El problema que hemos tenido sobre la cuestión del pacto en las últimas tres semanas ha parecido agotarme más que el trabajo cotidiano". Así se expresó Dan Jones en su carta a E. W. Farnswoth del 17 de febrero de 1890. Aunque a finales de enero se había impedido a Waggoner enseñar sobre los pactos en la asamblea pastoral, el asunto no había quedado de ninguna forma en el olvido. Cuando O. A. Olsen y W. W. Prescott regresaron a Battle Creek a primeros de febrero, observaron que en el corazón de la obra no todo estaba bien. Antes que terminara la semana se habían tomado medidas para "investigar la cuestión de los pactos ante el seminario pastoral, junto a todos cuantos quisieran asistir". Prescott quiso presidir las reuniones que comenzarían la semana siguiente. Por fin se "concedería [a Waggoner] el estrado para que presentara sus puntos de vista". Ahora bien, no se le permitiría presentarlo sin hacerle objeciones. A los demás se les permitiría "hacer preguntas o presentar argumentos en contra si así lo querían hacer". Había sin duda muchas objeciones, ya que según Dan Jones era "evidente que aquella cuestión había agitado al pueblo en todo el país y había suscitado mucha oposición". Gran parte de ella provenía del propio Dan Jones, quien la estaba esparciendo por todo el país en su correspondencia con otros.[1]
La mañana del domingo 16 de febrero, Waggoner comenzó la primera de las 10 horas de sesiones que tendrían lugar durante las siguientes dos semanas sobre el tema de los pactos. Waggoner presentó seis de las diez sesiones, mientras que Uriah Smith, R. C. Porter y el hermano Bordeau -evangelista y obrero de la Asociación General- presentaron una y media cada uno. Según Dan Jones, se presentaron "dos posiciones diferentes sobre los pactos", "la una favoreciendo la posición que nuestro pueblo había mantenido en el pasado, que presentó el pastor Smith y el hermano Porter. El otro bando era favorable a las posiciones avanzadas que sostenía Waggoner y apoyaba el pastor Bordeau". No hay duda de que Waggoner presentó los pactos tal como lo había hecho en Bible Readings y en las lecciones de la Guía de estudio de la escuela sabática de adultos,[2] que a decir de Dan Jones fue a su vez "similar a lo que presentó en Mineápolis". Así lo confirman Smith y Porter, cuyas presentaciones fueron una refutación de la enseñanza de Waggoner.[3]
En su segunda presentación, Waggoner comparó el viejo y nuevo pactos, "mostrando que cada uno tenía tres elementos objetivos: el primero, la justicia; el segundo, la herencia de la tierra; y el tercero, un reino de sacerdotes". Dios había prometido al hombre justicia que lo calificaría para la vida eterna en la tierra nueva, y mediante esa experiencia viviente el hombre vendría a ser un testigo del carácter de Dios. Fue en este punto en la presentación cuando Waggoner compartió conceptos con los que los hermanos disentían frontalmente: "No se presentó nada a lo que el pastor Smith o ningún otro … pudieran objetar, hasta cerca del final … cuando el Dr. Waggoner trazó un paralelismo entre el viejo y el nuevo pacto". ¿Cuál era el punto en el que los hermanos estaban en marcado desacuerdo? Según Dan Jones, Waggoner había afirmado que, en el primer o viejo pacto, "todo dependía de la obediencia del pueblo; en el segundo o nuevo pacto, Dios lo hace en favor del pueblo".[4]
Debido a las objeciones suscitadas por muchos de los hermanos, y queriendo "mostrar una perfecta ecuanimidad hacia todos los implicados en la investigación", W. W. Prescott decidió conceder a Uriah Smith la tercera sesión, en la que presentó la postura tradicional.[5]
Uriah Smith y R. C. Porter responden
Durante más de un año Uriah Smith había llevado la carga de preocupación por lo que él sentía que estaba sucediendo en la iglesia a la que había contribuido como pionero. Ya desde antes de la asamblea de Mineápolis sentía que se había producido un esfuerzo decidido, algo así como una conspiración por parte de Jones y Waggoner para introducir nuevas doctrinas entre el pueblo de Dios de los últimos días. Para el entender de Smith la iglesia aceptaba ya la doctrina de la justificación por la fe. En cuanto a las nuevas ideas acerca de la ley en Gálatas y los pactos, él sentía que no eran más que falsos asuntos colaterales que se intentaban presentar como nueva luz, cuando en realidad no tenían relación con la justificación por la fe. Para Smith era todavía peor el hecho de que Ellen White apoyara a esos hombres, lo que en su opinión dañaban la credibilidad de ella.
Smith nunca se había sentado a hablar con Ellen White para conocer sus posicionamientos y tampoco había respondido a las varias cartas que ella le había enviado el pasado año. Le resultaba perturbador que se permitiera a Waggoner presentar los pactos ante la asamblea pastoral. Había dado apoyo al intento de Dan Jones de prohibir que Waggoner lo presentara y había escrito un descargo de responsabilidad en la Review.[6] Después de recibir otra carta que Ellen White le escribió el 16 de febrero (de la que no disponemos) y de oír ambas presentaciones de Waggoner sobre los pactos, Smith no podía más. Escribió una respuesta a Ellen White haciéndole saber cómo se sentía acerca de todo el asunto. La carta de seis páginas de Smith expresa claramente su preocupación profunda y sincera. Él quería estar en "plena unión" con ella, pero no podía obviar "algunas de las perplejidades".[7]
Smith aseguró a Ellen White: "No es mi deseo que nadie permita que mi posición sobre la cuestión que sea, haya de decidir la suya propia sobre ese tema". Recordó a Ellen White que a diferencia de A. T. Jones, quien se suponía que había dicho: "'He llegado a la verdad, y finalmente tendrás que acabar adoptando la misma posición'", él decía siempre a todos y cada uno: "'Examina la cuestión y toma solamente aquella posición que a ti te parezca satisfactoria'".[8] Smith evocó ciertos eventos acaecidos desde 1886 para explicar su versión del relato. "Después de la muerte del hermano White, la peor calamidad para nuestra causa fue cuando el Dr. Waggoner publicó sus artículos sobre el libro de Gálatas en Signs". Para Smith los puntos de vista de E. J. Waggoner eran los mismos que los de su padre J. H. Waggoner, que Ellen White -según entendía él- había condenado alrededor del año 1856. De haberse encontrado Smith bajo "juramento en un tribunal de justicia", se habría sentido "obligado a testificar" que "el único punto que entonces estaba en cuestión" consistía en si la ley en Gálatas representaba la ley moral o la ceremonial.
Smith era incapaz de ver que las posiciones de E. J. Waggoner eran diferentes a las de su padre, y tampoco podía entender que el consejo de Ellen White a J. H. Waggoner consistió en que no hiciera prominente su punto de vista en aquel momento. Debido a lo anterior, Smith pensaba que Ellen White había cambiado: "Cuando usted pareció apoyar sus posiciones [de E. J. Waggoner] como un todo … fue una gran sorpresa para muchos. Y cuándo me preguntaron qué significaba eso y cómo lo podía explicar, realmente, hermana White, no sabía qué decir, y sigo sin saberlo".[9]
"El siguiente paso desafortunado" al que se refirió Smith "fue cuando se encontraron los hermanos en California, justo antes del congreso de Mineápolis, y trazaron sus planes para publicar y traer a aquel congreso sus posiciones sobre los diez cuernos y la ley en Gálatas. … Se introdujeron de esa forma y casi arruinaron el congreso, tal como yo temía que ocurriera". Smith sintió que "se había establecido un plan para urgir aquellos cambios de doctrina entre nuestro pueblo hasta que llegasen a considerarse como la postura del cuerpo". ¿Por qué no habría de sentir de ese modo, siendo que "en todos los encuentros campestres, asambleas, seminarios, encuentros ministeriales, etc", esos puntos de vista "pasaban al frente, presentándolos en todo lugar y oportunidad"?
Aquí tiene dos razones por las que sólo puedo verlo con desconfianza, que son: primeramente, que me parece contrario a las Escrituras, y en segundo lugar, contrario a lo que usted vio antes. No me refiero a sus puntos de vista [de Waggoner] sobre la justificación por la fe y la justicia mediante Cristo, en los que siempre hemos creído; sino a su posición sobre la ley en Gálatas, que él deduce como una conclusión a partir de sus premisas en esos otros puntos.
El punto principal en liza en aquel congreso fue la ley en Gálatas; pero podíamos estar de acuerdo en los seis discursos preliminares del hermano Waggoner sobre la justicia, y habría disfrutado con ellos como el que más de no haber sabido que de esa forma él estaba procurando preparar el camino para su posición en Gálatas, que yo creo errónea. Por descontado, no creo que haya ninguna conexión necesaria y lógica entre ambos, pero usted sabe cómo una verdad se puede utilizar de una forma tal, y con un propósito evidente capaz de malograr el placer que de otra forma nos produciría escucharla. …
Creo estar dispuesto a recibir luz de cualquiera en todo momento. Pero en mi opinión lo que pretende ser luz debe demostrarse en armonía con la Escritura y debe estar basado en buenas y sólidas razones que sean convincentes, antes de que la reconozca como luz. Y cuando alguien presenta algo que desde hace mucho tiempo he conocido y creído, me resulta imposible llamarle nueva luz.[10]
No se puede pasar por alto la posición de Smith. Él pretendía creer en la justificación por la fe, que para él no constituía nueva luz. Simplemente estaba en desacuerdo con las posiciones de Jones y Waggoner sobre los pactos y sobre la ley en Gálatas. Rechazaba la posición de ellos basándose en su comprensión de la Escritura y en lo que él creía haberle sido mostrado a Ellen White en el pasado. Estaba equivocado en los dos puntos. A diferencia de Ellen White, era incapaz de ver que, efectivamente, lo que Jones y Waggoner presentaron sobre los pactos y la ley en Gálatas era "luz nueva" que colocaba a la justificación por la fe en un "nuevo engaste". Se trataba del "mensaje del tercer ángel en verdad" que, de ser aceptado, alumbraría toda la tierra con su gloria.[11]
Hacia el final de su carta Smith relató a Ellen White lo que le habían "dicho que el hermano A. T. Jones ha enseñado aquí en la clase este invierno". Lo que le habían dicho era que Jones estaba socavando las fechas proféticas con las que estaban familiarizados los adventistas, y que estaba apoyando a otros que estaban haciendo lo mismo. Smith informó a Ellen White que habría "podido mencionar muchos otros puntos, pero no voy a tomarme el tiempo. Esas son las cosas que me preocupan. A esas cosas me estoy oponiendo". Smith advirtió a Ellen White que esos puntos de vista falsos, "de ser llevados adelante, van a socavar totalmente su obra, y van a sacudir la fe en el mensaje". Pero, "debido a que aventuro una palabra de precaución sobre algunos de esos puntos, se me tiene públicamente como quien dispara en la oscuridad sin saber a qué se está oponiendo. Creo que sé hasta cierto punto a qué me estoy oponiendo".[12] Smith era incapaz de ver que era él, y no Jones o Waggoner, quien estaba socavando la obra de Ellen White. Pasarían pocos días antes que quedara claramente demostrado que Smith estaba acusando "injustificadamente" a Jones.[13]
Tras enviar su carta a Ellen White, Smith tuvo la ocasión de presentar públicamente argumentos similares a los descritos. El 19 de febrero presentó su posición sobre los pactos, en contraste con la que Waggoner había presentado ya en las dos reuniones precedentes. Smith no quería presentar "nada de forma controvertida", sino sólo "lo que la Biblia enseña". Si algo de lo que decía no estaba "de acuerdo con las ideas que ya había presentado" Waggoner, era "simplemente porque me parece que es un punto de vista mejor, una posición preferible". Smith estaba agradecido de que "en relación con el tema de la justificación por la fe y la justicia en Cristo … hay armonía". No era "consciente de que hubiera habido jamás, estuviera habiendo o pudiera nunca haber diferencia alguna de opinión sobre ese punto entre los adventistas del séptimo día. Pero en este punto de los pactos hay algunos puntos, algunas escrituras, donde parece haber una diferencia de opinión".[14] Así, Smith no veía gran relación entre la justificación por la fe y los pactos, mientras que Jones y Waggoner conectaban ambos, comprendiendo la justificación por la fe a la luz de los dos pactos.
En su presentación Smith objetó contra lo que él percibía como las posiciones heréticas de Waggoner. Habló de los dos pactos como "dos fases, dos dispensaciones" del pacto abrahámico. La primera fase se cumplió para la simiente literal de Abraham cuando heredó la tierra prometida. La segunda fase sería cumplida en la resurrección y la tierra nueva. Smith comprendía el viejo pacto como un acuerdo o transacción que el pueblo hizo con Dios. El pueblo prometió obedecer los mandamientos y cualquier cosa que el Señor quisiera añadir. Entonces el Señor añadió la ley ceremonial y el servicio del santuario, "para que el pecado abundara". Pero ¡ay!, el viejo pacto era defectuoso porque "no era capaz de llevar el asunto hasta la consumación final". ¿Por qué razón? Porque "no tenía los sacrificios adecuados, sino solamente la sangre de los animales". Después de la cruz y del sacrificio de Cristo se estableció el nuevo pacto, que representa una nueva dispensación. Ahora el pueblo tenía que entrar en el mismo tipo de relación con Dios que en el viejo pacto -prometiendo guardar los mandamientos de Dios. La razón por la que el viejo pacto "engendraba servidumbre" en los días de Pablo es porque "habían venido algunos maestros de Jerusalem inquietándolos y asegurando que debían circuncidarse". Tal era la única intención de Pablo en su alegoría del capítulo cuarto de Gálatas. Evidentemente, Smith esperaba que su explicación convenciera a otros de que las posturas de Waggoner eran erróneas.[15]
En los varios días que siguieron Waggoner continuó sus presentaciones sobre los pactos y su relación con la justicia por la fe. Hubo "mucha interrupción", así como objeciones y preguntas hechas con el único propósito de demostrar que su posición era errónea.[16] Dan Jones sentía que Waggoner merecía un trato como ese. "Es esa disposición a avasallar y sacar ventaja, que parece ser tan manifiesta tanto en el Dr. Waggoner como en el pastor A. T. Jones, la que hace que sus labores resulten desagradables para algunos de los hermanos aquí en Battle Creek, creo; y nosotros podemos dar buena fe de ello". Dan Jones estaba seguro de que Jones y Waggoner habían presentado sus "nuevas teorías … en nuestros seminarios denominacionales y asambleas pastorales, y en las lecciones de escuela sabática" sin someterse a los hermanos que habían hecho tanto para formular las doctrinas". Eso estaba "totalmente fuera de lugar" y "a partir de ahora se tendría más cuidado de que las lecciones de escuela sabática fuesen minuciosamente examinadas y aprobadas antes de difundirlas por todo el país".[17]
El 24 de febrero R. C. Porter abordó el tema de los pactos en una de las sesiones de dos horas. Fue incluso menos amigable que Smith, diciendo a los pastores: "Sobre la cuestión espero presentaros algo que creo está más en armonía con la verdad … que, me parece a mí, es la mejor posición". Porter, como Smith, pensaba que el "pacto abrahámico abarcaba ambos: el viejo y el nuevo pacto". Los "dos pactos no son más que los medios por los cuales, en las diferentes edades" Dios lleva a cabo sus planes: dos dispensaciones. En más de seis ocasiones Porter reiteró lo anterior, procurando ponerlo en contraste con la posición de Waggoner. Para R. C. Porter el viejo pacto no difería del nuevo, excepto por el tiempo en el que estuvo en vigencia. "Bajo cualquier pacto las condiciones han de ser las mismas: la obediencia, positiva obediencia". Porter afirmó además que "el Señor prometió al pueblo" la misma ayuda "bajo el viejo pacto", que bajo el nuevo, ya que "ciertamente no se lo habría constituido a menos que hubiera ayuda que capacitara al hombre para guardar el pacto". Porter creía también que las promesas hechas a Abraham se cumplieron en el viejo pacto para con los hijos de Israel; Dios "cumple todos sus designios".[18]
Mediante todos esos argumentos Porter estaba tratando de establecer que el viejo pacto estaba basado en el tiempo, estaba basado en el acuerdo mutuo entre Dios y el pueblo, se cumplió en la simiente literal de Abraham, fue abolido en la cruz, y por lo tanto, no se trataba de un pacto en el que se pudiera entrar en la nueva dispensación. Está claro que para Porter, Smith y muchos otros hermanos, la mayor objeción al punto de vista de Waggoner era la posición de este según la cual ninguno de los dos pactos representaba una dispensación o período de tiempo en el plan de la salvación, sino la condición del corazón humano, al margen de cuándo vivieran en la tierra, y en segundo lugar, que el viejo pacto estaba basado en las promesas del pueblo, mientras que el pacto nuevo o eterno estaba basado en las promesas de Dios.[19]
Waggoner creía que, en lugar de responder con fe tal como había hecho Abraham su padre, Israel había manifestado orgullo y autosuficiencia, prometiendo vanamente: "Haremos todo lo que Jehová ha dicho" (Éx 19:8). Entonces Dios descendió en Sinaí y pronunció los diez mandamientos entre rayos y truenos. Ese fue primariamente aquel ayo o guía, o ley añadida que habría de llevarlos a Cristo. Los hermanos de modo alguno podían aceptar tal cosa, lo que hizo que se levantaran en oposición contra el mensajero señalado por Dios.
En la cuarta semana de febrero se dio la última presentación sobre los pactos. "En la clausura quedó patente que había dos posturas distintas sobre los pactos, tal como se los había presentado: la una favoreciendo la posición que nuestro pueblo había manteniendo en el pasado … El otro bando era favorable a las posiciones avanzadas que sostenía el Dr. Waggoner". Aunque no se decidió ninguna acción oficial, Dan Jones insinúa que se tomó algún tipo de acuerdo o resolución: "No se empleó ninguna expresión que de alguna forma marcara con mayor energía de la necesaria las líneas entre las posiciones". Dan Jones sugiere que la cuestión del pacto se "abandonó, continuando el seminario según su esquema habitual".[20] Eso, desde luego, no significaba que se hubiera resuelto la cuestión. Unos días más tarde Dan Jones admitía que "la investigación de la cuestión del pacto se clausuró sin mayor satisfacción que antes de comenzar".[21] De hecho, Dan Jones dijo más: "El resultado no ha sido acercar a los hermanos y unirlos en la obra de avanzar la causa de Dios, sino más bien crear el clima para un espíritu partidista y magnificar las diferencias y puntos de vista existentes entre ellos".[22] Es triste que el propio Dan Jones fuera en gran medida el responsable de aquel "espíritu partidista" que estaba llevando a que muchos de los pastores jóvenes rechazaran a Waggoner y las posiciones que estaba presentando.
¿Qué sucedía con Ellen White? ¿Cuál era su posición sobre los pactos? ¿Eran para ella un motivo de preocupación? En caso afirmativo, ¿por qué permanecía en silencio mientras Waggoner presentaba el tema?
Ellen White toma posición
A finales de enero y comienzos de febrero Ellen White participó en la asamblea pastoral hablando durante "tres semanas", "cada día, con una o dos excepciones".[23] No obstante, durante las dos semanas de investigación sobre los pactos la encontramos extrañamente silenciosa. Una razón para tal silencio fueron las propias investigaciones. Aquellas clases de dos horas de duración sobre los pactos se dieron con toda probabilidad durante la reunión matinal en la que Ellen White solía hablar. Pero la propia Ellen White explica la razón de su silencio: "He estado a la espera, para ver qué curso iban a tomar estos hombres, cuánta luz iba a venir a sus almas. He estado observando". Deseaba que los hermanos reconocieran por sí mismos la luz que se estaba presentando. De hecho, cuando Dan Jones vino a ella durante la investigación y le pidió su opinión, esta le respondió intencionadamente: "No voy a darle mi opinión, mi fe. Cave en la Biblia. Hunda la pala de la verdad para saber qué es verdad". No es porque ella careciera de opinión al respecto, por lo que rehusó responder la pregunta de Dan Jones, sino porque quería que los hermanos aceptaran la luz basándose en el estudio que ellos mismos hicieran de la Biblia. Además, muchos de los hermanos dudaban de la inspiración y autoridad de Ellen White, y de poco habría servido que declarara prematuramente cuál era su posición.[24]
Ellen White no estaba en las tinieblas acerca de los pactos, como no lo estaba tampoco acerca de la oposición suscitada: "Mientras me he mantenido en silencio, el Señor ha estado revelando noche tras noche ante mí la posición de cada caso individualmente". No pasó mucho tiempo antes que dijera: "Hasta aquí ha llegado mi silencio".[25] Eso sucedió porque el Señor la "urgió" a que diera su "testimonio".[26] Cuando terminó la investigación sobre el pacto en la última semana de febrero, tomaron su lugar otras reuniones que se extendieron "desde las siete y media hasta las nueve". Ellen White comenzó a asistir a las reuniones y a hablar "con mucha libertad".[27]
La mañana del sábado 1 de marzo Ellen White escribió pensamientos solemnes en su diario: "Se me ha mostrado que el amor por Cristo y por Dios ha muerto casi por completo en nuestras iglesias. Y debido a no amar a Dios, somos deficientes en amarnos unos a otros". Habló acerca de hombres "juntándose en confederaciones profanas", elaborando "resoluciones" y trazando "planes que no cuentan con la aprobación de Dios".[28] En su predicación del sábado habló sobre "la entrada de Cristo en Jerusalem", que dejó una "impresión solemne en toda la casa". Volvió a hablar en la tarde, expresando "las cosas tan claras como jamás me dio Dios que hablara". El domingo acudió a la reunión matinal que tuvo lugar en la sacristía al este del Tabernáculo. Por entonces "sólo había unos pocos" asistentes. No obstante, hacia mediados de semana la sala estaba bien llena de pastores y otros hermanos y hermanas de Battle Creek, en número que superaba los trescientos.[29]
Ellen White habló toda la semana muy francamente con los hermanos reunidos ante ella. Para ella fue un "problema difícil" saber cómo tratar con los "espíritus endurecidos" de ellos.[30] La mañana del viernes día 7 "acudió a la reunión de los pastores" con "gran angustia" de alma. Durante la noche su alma había "agonizado" mientras el Señor volvía a "presentar nuevamente ante mí de forma clara la influencia que estaba obrando, y a dónde llevaría". Ella "no sabía qué esperar, o cuánto tiempo iba a durar todo aquello". Recordó al nutrido grupo de pastores cómo les había advertido después de Mineápolis "que cada uno de aquellos que habían albergado aquella dureza de corazón … no vería jamás un rayo de luz hasta que lo confesara".[31] Eso era exactamente lo que estaba sucediendo. El sábado de mañana, llevando todavía el peso de lo que el Señor le había revelado el día anterior, Ellen White volvió a escribir a Uriah Smith, sabedora de la influencia que estaba teniendo en otros y no queriendo que siguiera ajeno a la realidad:
Anteanoche el Señor abrió muchas cosas ante mi mente. Me fue plenamente revelado cuál ha sido su influencia, cuál fue en Mineápolis. … En el día final del ajuste de cuentas no tendrá que enfrentarse únicamente a su propio curso de acción, sino al resultado de su influencia en otras mentes. Usted ha rehusado mis testimonios … se ha esforzado en dejarlos sin efecto, tal como hicieron Coré, Datán y Abiram. …
Ha fortalecido las manos y las mentes de hombres como Larson, Porter, Dan Jones, Eldridge, Morrison, Nicola y un vasto número mediante ellos. Todos lo citan a usted, y el enemigo de toda justicia observa complacido. …
Una vez que su curso de acción ha trastornado las mentes y la fe en los testimonios, ¿qué ha conseguido? Si llega a recuperar su fe, ¿cómo podrá eliminar las semillas de incredulidad que ha sembrado en otras mentes? No se esfuerce con tanto empeño en hacer la labor que Satanás está haciendo. Esa obra se hizo en Mineápolis. Triunfó Satanás. Esa obra se ha hecho [también] aquí.[32]
Continuando con su escrito, Ellen White dejó claro dónde estaba en el tema de los pactos. Se trataba de mucho más que su propia opinión, pues le había sido revelado del mismo cielo. Describió las presentaciones de Waggoner sobre los pactos como "luz verdadera", y las de Smith como una tergiversación de las Escrituras:[33]
Anteanoche se me mostró que las evidencias en relación con los pactos eran claras y convincentes. Usted mismo, el hermano Dan Jones, Porter y otros están malgastando en vano sus poderes de investigación para defender una posición sobre los pactos en divergencia con la que ha presentado el hermano Waggoner, siendo que si hubiera recibido la verdadera luz que brilló, no habría imitado o recurrido al mismo tipo de interpretación y tergiversación de las Escrituras que hicieron los judíos. ¿Qué los hizo tan celosos? ¿Por qué tomaron ventaja de las palabras de Cristo? ¿Por qué lo siguieron espías para anotar sus palabras, a fin de poder repetirlas malinterpretándolas y retorciéndolas de forma que les hicieran decir lo que sus propias mentes carentes de santidad pretendían? De esa forma engañaban al pueblo. Construían argumentos falsos. …
El asunto de los pactos es una cuestión clara y será recibida por toda mente sincera que no esté prejuiciada, pero fui llevada allí donde el Señor me dio una comprensión en este asunto. Usted se ha apartado de la clara luz por temor a tener que aceptar la cuestión de la ley en Gálatas. Respecto a la ley en Gálatas no me preocupa ni me ha preocupado nunca, y sé que ni el hermano Smith, Porter, [Dan] Jones o ningún otro van a estar dispuestos a recibir luz … hasta que cada uno de ustedes se haya convertido. …
No dependeré ahora de su conocimiento o interpretación de las Escrituras. ... si se vuelve atrás de un rayo de luz por temor a que le obligue a aceptar posiciones que no quiere recibir, esa luz se convierte para usted en tinieblas.[34]
Después, aquella misma mañana, Waggoner dio un "discurso muy poderoso" a todos los reunidos en el Tabernáculo de Battle Creek. Ellen White oyó a "muchos de los presentes, y su testimonio fue unánime de que Dios había hablado a través de él". Por la tarde "los pastores Olsen y Waggoner dirigieron la reunión" tenida en la capilla de la oficina, en la que "había un gran número de presentes". Ellen White se levantó a hablar, y "todos supieron que el Espíritu y el poder de Dios estaban sobre" ella. Habló con "fervor y decisión", repitiendo algunas de las cosas que había escrito a Uriah Smith temprano aquel mismo día.[35] Quería que todos supieran cuál era su postura en la cuestión del pacto, y cómo lo veía en relación con el mensaje del tercer ángel:
La luz que me vino anteanoche expuso nuevamente con claridad todo ante mí, la influencia que estaba precisamente operando y a dónde iba a llevar. Os quiero decir, hermanos, seáis quién seáis, os quiero decir que estáis volviendo precisamente a recorrer el mismo camino que transitaron en los días de Cristo. Disponéis de la experiencia de ellos; pero Dios nos libre de terminar como ellos. … Que Dios tenga compasión de vuestras almas: la necesitáis. Os habéis interpuesto directamente en el camino de Dios. La tierra tiene que ser alumbrada por su gloria, y permaneciendo en la situación en la que estáis ahora podríais decir tan fácilmente [como los judíos] que el Espíritu de Dios es el espíritu del diablo. Habéis dicho ya que es el espíritu del diablo con vuestras acciones y actitudes. …
¿Por qué no dais oído a las palabras de Cristo que se os presentan? ¿Por qué preferís las tinieblas? Tienen tanto temor a ver que hay otro rayo de luz. … No os apoyéis en el hermano Smith. Os digo en el nombre de Dios que no está en la luz. No lo ha estado desde Mineápolis. … Habéis intentado de toda forma posible resistir al Espíritu de Dios. Que Dios se compadezca de vuestras almas. …
Pero si Jesús, cuando estuvo en la tierra con todo su poder y milagros no pudo quebrantar ese prejuicio que estaba en el corazón del pueblo, ¿qué podemos hacer nosotros? … Permitid que la verdad de Dios venga a vuestros corazones; abrid la puerta. Os digo ahora delante de Dios, que la cuestión del pacto, tal como se la ha presentado, es la verdad.[36] Es la luz. Me ha sido presentada en líneas claras, y quienes han estado resistiendo la luz, os pregunto si han estado obrando para Dios o para el diablo. Es la clara luz del cielo y significa mucho para nosotros. Quiere mostrarnos que no podéis depender de vuestra propia inteligencia y criticismo, sino que tenéis que apoyar vuestra alma desvalida en Jesucristo y sólo en él. Que Dios os ayude a ver; que os ayude a comprender.[37]
Tras el ferviente llamado de Ellen White "muchos dieron testimonio, y se hicieron algunas confesiones; pero" según Ellen White, "no hubo una ruptura completa y no tuvimos la completa victoria que deseaba". La mañana del domingo volvió a hablar Ellen White, derramando su "testimonio en advertencias, reproche y estímulo".[38] Comenzó la reunión leyendo el relato de Pentecostés del libro de Hechos. Luego, dirigiéndose a los líderes que estaban ante ella, exclamó: "Ahora, hermanos, la bendición de la que se habla aquí la podemos recibir cuando acudimos de todo corazón a Dios, cuando lo vaciamos de toda clase de prejuicio y de toda esa duda e incredulidad; entonces podemos esperar el Espíritu de Dios". Ellen White recordó a sus oyentes la dedicación de Jesús en el templo siendo todavía niño. El sacerdote "que estaba oficiando allí no lo conoció", pero Simeón "lo reconoció por estar allí donde pudo discernir las cosas espirituales. … Reconoció el Espíritu de Dios". En uno de sus llamamientos más enérgicos, Ellen White advirtió a los hermanos que en su condición actual eran incapaces de reconocer las acciones del Espíritu y del cuarto ángel de Apocalipsis 18:
¿Qué sucede con cada uno de nosotros individualmente? Sabemos que el espíritu de Dios ha estado con nosotros. Sabemos que ha estado con nosotros una y otra vez en las reuniones. No tenemos la menor duda de que el Señor estuvo con el pastor Waggoner cuando habló ayer.[39] No tenemos ninguna duda al respecto. No tengo duda alguna de que el poder de Dios estaba sobre nosotros en abundante medida, y en la reunión de pastores de ayer tarde para mí todo fue luz en el Señor. Si ayer se hubiera abierto de par en par el corazón para dejar entrar a Jesús, habríamos tenido una preciosa reunión. No tengo duda al respecto.
Si adoptamos una posición en la que no vamos a reconocer la luz que Dios envía o sus mensajes a nosotros, estamos en peligro de pecar contra el Espíritu Santo. ¿Cómo podemos procurar encontrar algún pequeño asunto en donde poder colgar nuestras dudas y empezar a cuestionar? La pregunta es: ¿Ha enviado Dios la verdad? ¿Ha suscitado Dios a estos hombres para que proclamen la verdad? Digo: Sí, Dios ha enviado a hombres para traernos la verdad que no habríamos tenido a menos que Dios hubiera enviado a alguien para que nos la trajese. Dios me ha permitido tener luz acerca de lo que es su Espíritu, y por lo tanto lo aceptaré, y no me atreveré más a levantar mi mano contra esas personas, porque sería hacerlo contra Jesucristo quien debe ser reconocido en sus mensajeros.
Ahora, hermanos, Dios quiere que tomemos posición con el hombre que lleva el fanal; queremos tomar posición a favor allí donde esté la luz, y allí donde Dios dio a la trompeta un sonido certero. … Hemos andado en la perplejidad y en la duda, y las iglesias están a punto de morir. Pero leemos ahora aquí: "Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria…" Bien: ¿Cómo vamos a conocer ahora algo sobre el mensaje, si no adoptamos la posición que nos permita reconocer cualquier particular de la luz del cielo cuando viene a nosotros? Y vamos a recibir con similar avidez el engaño más tenebroso cuando proviene de alguien que nos es afín. … Esa es precisamente la obra que se ha estado realizando aquí desde el encuentro de Mineápolis. Debido a que Dios envía un mensaje en Su nombre que no armoniza con vuestras ideas, [concluís que] no puede ser un mensaje de Dios.[40]
Se quebranta la espina dorsal de la rebelión
Los llamados enérgicos de Ellen White no quedaron sin efecto. Muchos comenzaron a ver la situación en su conjunto bajo una luz diferente, y se dieron cuenta de que habían recibido la influencia equivocada. Ellen White percibió que "aquella había sido la resistencia más dura, larga y persistente" a la que jamás se hubiera enfrentado. "Se hicieron algunas confesiones y no pocos que habían estado en tinieblas hicieron confesiones de haber encontrado a Jesús y de ser libres en el Señor". Iba llegando mayor libertad a las reuniones y las tinieblas "dejaron de ser un elemento controlador". No obstante, Ellen White anhelaba "más del Espíritu de Dios", y ver a "aquellos pastores libres en el Señor y gozosos en su Dios".[41]
El lunes 10 de marzo Ellen White trajo más buenas nuevas, que compartió con su hijo W. C. White: "Me complace mucho saber que el profesor Prescott está dando en su clase las mismas lecciones que ha estado dando el hermano Waggoner. Está presentando los pactos. John [Froom] cree que se presenta de forma clara y convincente. Desde que el sábado pasado hice la declaración de que la posición sobre los pactos, tal como la ha presentado el hermano Waggoner es la verdad, parece que ha llegado gran alivio a muchas mentes. Me inclino a creer que el hermano Prescott recibe el testimonio, a pesar de que no estuvo presente cuando hice la declaración. Consideré que era el momento de tomar posición, y me alegra que el Señor me urgiera a dar el testimonio que di".
Ellen White sintió también que había desaparecido su carga de no poder expresarse libremente: "Soy libre de expresarme tal como el Espíritu de Dios me ha dado que haga". Afirmó que a resultas de eso, "ahora carecen de poder los hombres que habían impedido el asunto". La "gran mayoría presente" estaba ahora recibiendo el testimonio de ella. También hubo muchos otros que "confesaron con lágrimas" cuán mal se sentían "por no haber tenido el privilegio de oír la enseñanza del pastor Waggoner sin tanta interrupción". De esa forma, quienes habían estado "arrojando oscuridad en la clase" comenzaron a ver los resultados de su rebelión.[42]
El día siguiente Ellen White compartió de nuevo con los hermanos. Les explicó cómo en 1844 los creyentes tuvieron que hacer frente al "prejuicio, al ridículo, a la burla y al criticismo", y que fueron "del mismo carácter al que tuvieron que hacer frente aquí, en este encuentro". En consecuencia, tenían el "deber [de ir a la Palabra de Dios por ellos mismos], sin manifestar el espíritu tan anticristiano que exhibieron las iglesias". "El gran error de las iglesias en todas las edades ha consistido en alcanzar un cierto punto en su comprensión de la verdad de la Biblia para detenerse entonces. … y rehusar la luz". Pero Dios tenía "mayor luz", "más luz, o luz acrecentada" que tenía que "brillar en mayor claridad y más abundantemente en aquellos que habían recibido con provecho la luz dada". Tenían que "esperar luz" que "continuara brillando a partir de la Palabra de Dios" y revelar "con claridad creciente la verdad tal cual es en Jesús".[43]
Mientras alentaba a un estudio más profundo de la Biblia, Ellen White advertía al mismo tiempo de que "como pueblo estamos ciertamente en un gran peligro … de considerar nuestras ideas, debido a haberlas albergado por largo tiempo, como siendo doctrinas infalibles y bíblicas en todo punto, midiendo entonces a todos los demás según la regla de nuestra interpretación de la verdad de la Biblia. Ese es nuestro peligro, y ese sería el mayor mal que pudiera sobrevenirnos como pueblo". La tendencia a "depender enteramente de los dirigentes" y a no estudiar por uno mismo era el método de la "iglesia de Roma". Con fervor solemne Ellen White advirtió de los resultados de un curso de acción como el descrito:
Hemos visto en nuestra experiencia que cuando el Señor envía rayos de luz desde la puerta abierta de su santuario a su pueblo, Satanás agita las mentes de muchos. Pero el final aún no ha llegado. Habrá quienes resistan la luz y se dispongan contra aquellos a quienes Dios ha hecho sus canales para comunicar la luz. … Los centinelas no han estado a la altura de la oportunidad providencial de Dios, y el mensaje y mensajeros auténticos enviados del cielo son objeto de mofa.
De este encuentro van a salir hombres pretendiendo conocer la verdad, que han puesto en sus almas vestiduras que no fueron tejidas en el telar del cielo. Llevarán consigo el espíritu que han recibido aquí. Tiemblo por el futuro de nuestra causa. Los que en este lugar no se han sometido a la evidencia que Dios ha dado van a guerrear contra sus hermanos a quienes Dios está utilizando. Lo van a poner muy difícil. … Esos hombres tendrán oportunidades de convencerse de que han estado guerreando contra el Espíritu Santo de Dios. Algunos se van a convencer; otros se aferrarán con firmeza a su propio espíritu. No van a morir al yo, permitiendo que el Señor Jesús venga a sus corazones. Van a resultar cada vez más engañados hasta que sean incapaces de discernir la verdad y la justicia. Intentarán, bajo otro espíritu, imponer a la obra un molde que Dios no va a aprobar, y se esforzarán por manifestar los atributos de Satanás al asumir el control de las mentes humanas, controlando de esa forma la obra y causa de Dios.[44]
A continuación de la charla matinal de Ellen White se dieron muchos testimonios y se hicieron muchas confesiones. El hermano Larson "confesó que su sentimiento no había sido el correcto". El hermano Porter, quien se había opuesto a Waggoner durante la investigación del pacto, se puso en pie "totalmente quebrantado, de forma que por un momento no pudo decir nada". Confesó el mal que había hecho a Ellen White y al pastor Waggoner, y humildemente les pidió "que lo perdonaran". El hermano Prescott "lloró como un niño cuando el hermano L[arson] y P[orter] hicieron sus confesiones". De hecho, "toda la sala estaba sollozando y alabando a Dios por estar revelándose su poder". Hombres "tan enérgicos y altivos" comenzaron a sentir que habían estado "obrando en contra del Espíritu de Dios". Al respecto, Ellen White pudo escribir a W. C. White que "se ha quebrantado la espina dorsal de la rebelión en aquellos que han venido de otros lugares".[45] Dios estaba ciertamente queriendo derramar su Espíritu Santo en una iglesia languideciente. ¡Ojalá todos lo hubieran reconocido y confesado!
Dos reuniones especiales
La tarde del miércoles 12 de marzo Ellen White convocó "una reunión con los principales". Reconociendo que el Espíritu Santo estaba obrando en muchos corazones, Ellen White quería que los dirigentes clave en Battle Creek se reunieran y procuraran poner fin a la controversia que había existido desde Mineápolis. Por primera vez podrían Ellen White y Waggoner dar una respuesta a muchos respecto a las falsas acusaciones que habían estado circulando desde antes del encuentro de Mineápolis. Después de orar, Ellen White "dijo que el hermano Waggoner tenía algunas cosas que decir", que ella "quería que oyeran, que sacarían del engaño a algunas mentes". Waggoner, con la ayuda de C. H. Jones (administrador de Pacific Press y presidente de International Sabbath School Assn.), se refirió a las "lecciones de escuela sabática", explicando que no se había hecho nada solapadamente al introducir sus puntos de vista sobre los pactos. Explicó que la Asociación General le había pedido que escribiera las dos lecciones que faltaban, pero al examinar [las existentes] vio que tendría que re-escribir asimismo algunas de las antiguas lecciones. No obstante, no se hizo ninguna de esas dos cosas sin obtener la autorización de Sabbath School Association. Waggoner aclaró que en cada paso había manejado las lecciones según los cauces apropiados, y que no fueron publicadas sin recibir previamente la aprobación de todos los miembros del comité, incluyendo al pastor Smith. Todos tuvieron "libertad para expresarse como consideraron oportuno, haciendo varias preguntas. Todas las cosas parecieron satisfactorias". Ellen White sintió que Waggoner había "hablado bien", dejando una impresión favorable … en las mentes, y nadie se levantó, no hubo espíritu de oposición" a lo que había dicho.[46]
Ellen White compartió entonces cuál había sido su experiencia antes y durante el encuentro de Mineápolis, y cómo había procurado "que los mensajeros y el mensaje tuvieran una oportunidad justa". "Habló con libertad" del "prejuicio existente en las mentes", y de lo que el Señor le había revelado en aquel tiempo. Se refirió a cómo su "testimonio se había dejado sin efecto" desde Mineápolis, y cómo los hombres no se habían dignado siquiera a venir a entrevistarse con ella para saber si las acusaciones eran justificadas. Preguntó cómo podía Uriah Smith tratarla de la forma en que había hecho; ¿cuál era la causa para todo aquello? "Finalmente todo se reducía a esto: al hermano Butler le había llegado una carta desde California, advirtiéndoles de que se habían hecho planes para traer a colación la ley en Gálatas". Waggoner y ella misma "abordaron y explicaron" el asunto: "No hubo tales planes".[47]
La reunión, que duró varias horas, "fue exitosa en gran medida". Ellen White pensó que "los que habían hecho tanto de tan poco estaban bien sorprendidos por la evolución o resultado del asunto". A pesar de aquel progreso, Ellen White se sentía "casi desesperanzada respecto a la posibilidad de una entrega del alma generalizada bajo la influencia del Espíritu Santo y poder de Dios". Estuvo enferma y exhausta por el resto de la semana. Rehusó hablar el sábado cuando así se le pidió, debido a que "no tenía las fuerzas". Encargó a Dan Jones que invitara a Waggoner a hablar, y tras una "pequeña renuencia", "finalmente se lo invitó". Waggoner dio un discurso preciosísimo acerca del mensaje a la iglesia de Laodicea; precisamente lo que se necesitaba. Aquella fue otra rica bendición para la iglesia".
Por la tarde "hubo otra reunión en la capilla de la oficina". Enferma como estaba, Ellen White asistió y habló en varias ocasiones. Muchos compartieron sus testimonios, "pero no hubo un cambio decidido". Habló el hermano Porter, "pero no estuvo libre". Ellen White les recordó que cuando "el Señor nos envía luz y alimento que todas las iglesias necesitan, tenemos derecho a esperar que el enemigo de toda justicia haga todo lo posible para evitar que llegue al pueblo la luz en su pureza celestial". Satanás usó a aquellos cuyas mentes estaban "llenas de dudas e incredulidad" para "interceptar la luz que Dios había dispuesto que llegara a sus escogidos".[48]
La mañana del domingo 16 de marzo, "agotada y casi desanimada", Ellen White se aventuró a acudir a la reunión. Cuando estaba a punto de terminar, hizo "ciertas observaciones muy concretas. Les describí lo que habían estado haciendo a fin de dejar sin efecto lo que el Señor estaba procurando hacer, y por qué. La ley en Gálatas era su único alegato". A continuación, R. C. Porter "confesó humildemente con lágrimas", asegurando a la hermana White: "La vamos a sostener en el desempeño de su labor agotadora". ¿Haría honor a sus palabras?[49]
Ellen White continuó su llamamiento en otra reunión aquel mismo día. Repitió entonces muchas de aquellas mismas advertencias. A menos que tuvieran lugar verdaderas confesiones, "cada cual que haya tomado una posición similar a la que tomó en Mineápolis iba a terminar en la incredulidad más sombría". Eso los situaría "allí donde no existe poder de Dios en reserva para alcanzarlos. Se agotaron todas las flechas de su aljaba". En toda reunión a la que asistió, "percibió que existía una presión en pro de la incredulidad". Podía acercarse a quienes "nunca habían oído la verdad, y sus corazones eran más susceptibles que los de quienes habían estado en la verdad". Cuando Dios "manifiesta su poder de la forma en que lo ha hecho", declaró, "no creerlo se acerca mucho al pecado contra el Espíritu Santo":
Si es que alguna vez ha sido necesario relevar a alguien [de sus puestos], es a quienes tomaron posición en Mineápolis del lado equivocado. …
Que nadie salga de aquí en tinieblas, pues será una fuente de tinieblas allí donde vaya. Lleva todas esas semillas y comienza a sembrarlas, trastornando la confianza del pueblo en las precisas verdades que Dios quiere que lleguen a su pueblo. …
Sé que [el Señor] tiene una bendición para nosotros. La tenía en Mineápolis, y la tenía para nosotros aquí en el tiempo del congreso de la Asociación General [1889]. Pero no hubo recepción. …
Es algo que va más allá de cuanto haya conocido en toda mi experiencia desde que comencé por primera vez en la obra. El pueblo de Dios que había tenido luz y evidencias, se ha colocado allí donde Dios no permitirá que su bendición descanse sobre ellos. En el vestíbulo de la capilla [ayer] estaba dispuesta a descansar sobre nosotros. Por un breve tiempo sentí como si estuviera contemplando directamente la gloria; pero el espíritu que allí había lo expulsó. …
Un hermano piensa que la hermana White no comprende sus propios testimonios. Oí eso en Mineápolis. ¿Por qué? Porque los hermanos no estaban de acuerdo con ellos. Bien; hay algunas cosas que comprendo. Comprendo lo suficiente como para reconocer al Espíritu de Dios y seguir al Pastor. Hasta ahí comprendo.[50]
Ellen White confirmó su declaración previa en una carta a Uriah Smith. En la "reunión del sábado en la capilla de la oficina … el Espíritu del Señor se acercó a nosotros. Cristo llamó a la puerta pidiendo entrar, pero no hubo lugar para él, no se le abrió la puerta, y la luz de su gloria, tan cercana, se retiró".[51] Así, se había rechazado el derramamiento del Espíritu Santo exactamente tal como había sucedido en las asambleas de la Asociación General de 1888 y 1889.
Ellen White "quería saber por qué el enemigo está teniendo un poder sobre las mentes humanas tal como el que tiene aquí". Quería saber por qué los hermanos habían "estado aquí cuestionando, y a punto de abandonar los Testimonios". Pidió a los hermanos dirigentes que se "reunieran nuevamente … y si se puede despejar el camino, ¡que Dios nos ayude a hacerlo!"[52] Debido a que A. T. Jones no pudo asistir a la primera reunión especial por encontrarse en Tennessee, Ellen White quiso que tuviera una oportunidad de responder "a todas las objeciones que se habían suscitado". Quería "quitar todos los obstáculos del camino y hacer que todos los que habían hablado de esas cosas las enterraran si era posible, para no resucitarlas nunca más".[53]
El miércoles 19 de marzo tuvo lugar la segunda reunión especial. A. T. Jones "habló con gran franqueza, aunque de forma amable respecto al crédito que habían dado a las habladurías, en lugar de llevar el asunto en amor fraternal a aquel de quien se estaba hablando". Con anterioridad, durante las reuniones pastorales, Uriah Smith había respondido a la "carta de llamamiento [de Ellen White], escribiendo otra [en la] que acusaba al pastor Jones de demoler los pilares de nuestra fe". La explicación de A. T. Jones reveló que Uriah Smith lo había "acusado falsamente".[54] Dan Jones "quedó sorprendido al ver que algunas cosas que parecían inexplicables se desvanecían hasta quedar en nada al darse unas pocas explicaciones. Algunos informes que se habían esparcido en referencia a puntos que el pastor [A. T.] Jones había enseñado aquí en el seminario, que se suponía que estaban basadas en una evidencia irrefutable, se desvanecieron hasta que finalmente no quedó nada de ello. Los informes demostraron ser totalmente falsos".[55] Desgraciadamente, Uriah Smith no confesó el mal que había cometido ni procuró contrarrestar los rumores falsos que había esparcido; es mucho más fácil decir una mentira sobre alguien, que retractarse de ella.
Ellen White habló entonces a los hermanos con toda la franqueza de que era capaz. Escribiendo más tarde a su hijo aquel mismo día, afirmó: "Willie, he hablado como nunca antes me habían oído hablar. Les repetí los sucesos de Mineápolis y con posterioridad a ese tiempo". Fue "una reunión tan solemne como la que jamás viera". Ellen White "dedicó comentarios directos al pastor Smith", exclamando que "si bien no era sorprendente" que los hermanos "que no habían conocido sino muy poco acerca de la obra que el Señor le había encomendado [a ella] tuvieran tentaciones", el pastor Smith "no tenía disculpa". Ella "tenía derecho a esperar que [sus] hermanos actuaran como hombres sensatos, que sopesaran la evidencia y que le dieran crédito, y que no dieran la espalda a la luz y a los hechos de verdad, dando [en su lugar] crédito a chismes, habladurías y suposiciones".
Como resultado de aquella reunión y de las explicaciones dadas, Ellen White pudo declarar: "La atmósfera entera ha cambiado". Muchos se humillaron, comprendiendo cuán insensata había sido su oposición. Por fin se había producido un cambio, y la última semana de la asamblea transcurrió realmente en un espíritu diferente.[56]
Agotada y exhausta, Ellen White abandonó Battle Creek antes del último fin de semana de la asamblea. Habiendo "hablado por última vez", sintió que su "deber estaba cumplido". "No tenía más que decir a la iglesia o a sus hermanos en el ministerio".[57] Mientras se ponía en viaje hacia Chicago y después a Colorado antes de regresar a California, albergaba la esperanza de que el progreso hecho en los últimos días de la asamblea continuara avanzando. Tristemente, esa esperanza nunca se cumplió.?
Notas: