La ley en Gálatas, su único alegato
Después de tres semanas de trabajo agotador durante la última parte de la asamblea pastoral de 1890, Ellen White regresó a California. Había hablado cada día, excepto en algún caso, y "en ocasiones dos veces en el mismo día". Sus labores no fueron en vano, pues hubo un gran cambio en la atmósfera de la asamblea. En gran parte fue el resultado de dos reuniones especiales tenidas con los principales líderes en Battle Creek. Por fin se había dado oportunidad a A. T. Jones y a E. J. Waggoner de exponer su punto de vista sobre lo sucedido y de dar respuesta a todas las acusaciones falsas que se habían perpetuado desde antes de la asamblea de Mineápolis. Eso causó una "profunda impresión" en muchos que les habían estado haciendo la guerra, y a continuación hubo muchas confesiones. Muchos volvieron a reconocer la validez de los Testimonios y tomaron posición a favor de ellos.[1]
Dan Jones sintió que "habría sido lamentable irse de Battle Creek sin esas dos reuniones especiales y las explicaciones concretas que se dieron". Ahora se sentía "un hombre cambiado". Cuando alguien preguntó por qué no se habían organizado antes aquellas reuniones, Ellen White "explicó que el estado de las impresiones y sentimientos de ellos era de un carácter tal, que no podíamos abordarlos, ya que si bien tenían oídos, tenían comezón de oír; tenían corazón, pero estaba endurecido y no era impresionable".[2] No obstante, Ellen White pudo afirmar: "Gracias a Dios ha habido una victoria".[3] "Se ha quebrantado la espina dorsal de la rebelión en quienes han venido desde otros lugares".[4] Dios no había abandonado a su pueblo.
Ellen White no fue la única en sentirse agradecida: "El hermano Olsen está tan contento y se siente tan aliviado, que a duras penas sabe qué hacer. El hermano Waggoner se siente tan agradecido..."[5] Eso fue muy alentador, teniendo en cuenta que sólo unos días antes O. A. Olsen había deplorado la lamentable condición del ministerio: "Siento pena por nuestro ministerio. Una mirada general a nuestros hombres revela que no estamos muy bien preparados para hacer frente a la emergencia que está ante nosotros". Olsen comprendió que a menos que Dios interviniera "con gran poder" y concediera "bendiciones y favores especiales, vamos a estar muy atrás respecto a nuestras oportunidades".[6] Pudo discernir que "mientras que de una parte la providencia de Dios está abriendo el camino como nunca antes, de la otra parece que el enemigo está obrando a modo de venganza".[7]
Ahora Olsen podía dar fe del progreso habido en la asamblea pastoral, y así lo reflejó en un artículo publicado en la Review: "Un aspecto fundamental de la escuela bíblica fueron las labores de Ellen White. … Fueron sesiones de un interés especial y serán largamente recordadas por quienes estuvieron presentes. La hermana White disfrutó de gran libertad, y el poder del Señor se manifestó en gran medida en varias ocasiones. … Nos sentimos muy agradecidos por las bendiciones de Dios y por el éxito que ha acompañado al presente esfuerzo".[8] Dan Jones apoyó la observación de Olsen en un artículo similar publicado en el mismo número de la Review:
La hermana White asistió a muchas de las reuniones y dio su testimonio con gran libertad y poder. Los reparos que habían existido por parte de algunos relacionados con el seminario, desaparecieron ante las explicaciones dadas y vino un espíritu amable. … Todos resultaron grandemente bendecidos, y muchos que habían mostrado frialdad y formalismo en su obra en el pasado, recibieron una experiencia tal en las cosas de Dios como para darles nuevo coraje y esperanza para el futuro. En la reunión matinal del último día del seminario hablaron casi todos, y su testimonio unánime consistió en que habían sido grandemente beneficiados por el seminario y por haber confraternizado, y que podían ir a sus respectivos campos de labor con mejores ánimos y con mayores perspectivas de éxito que nunca antes.[9]
Antes de que se clausurara el instituto, Ellen White se "convenció de que Satanás vio que allí había mucho en juego y no quería perder el control sobre nuestros hermanos en el ministerio. Y de producirse la victoria completa, saldrán de esta reunión muchos pastores con una experiencia del más alto valor".[10] Para todo fin práctico parecía que la victoria final había llegado realmente, y si la historia no hubiera hablado en contra, esa es la única conclusión a la que se habría podido llegar. Pero como había sucedido con los reavivamientos de 1889 y con el congreso de la Asociación de ese mismo año, la asamblea pastoral de 1889 vino a resultar en mucho menos que una gran victoria. Tan sólo unas pocas semanas más tarde encontramos a Ellen White inmersa en grandes estrecheces financieras, sufriendo por una salud precaria y por el desánimo, y con muchos de los hermanos dirigentes volviendo a cuestionar los Testimonios. A fin de comprender qué fue lo que llevó a aquel estado de cosas, hemos de volver a considerar con ecuanimidad el caso de Dan Jones y las posiciones que adoptó durante y después de la asamblea pastoral de 1890 en relación con la ley en Gálatas y los pactos.[11] Es con ese propósito que vamos a recorrer parte del mismo camino que en el capítulo anterior.
Ausencia inoportuna
Cuando Dan Jones se dirigió a Ellen White durante las presentaciones de los pactos en la asamblea pastoral para pedirle su opinión, ella le respondió con franqueza: "No voy a darle mi opinión, mi fe. Cave en la Biblia".[12] No obstante, unos pocos días después Ellen White dio su opinión, tanto por escrito como hablando públicamente. Desgraciadamente para él, Dan Jones no pudo estar presente. El domingo 2 de marzo salió de Battle Creek en dirección a Tennessee para ayudar en la defensa de R. M. King en uno de los casos más importantes de conflicto con la ley dominical habidos hasta entonces, y no regresaría a Battle Creek sino hasta el lunes 10 de marzo, unos ocho días más tarde.[13]
De esa forma, Dan Jones se perdió toda una semana de reuniones matinales donde Ellen White habló a los hermanos muy directamente acerca de lo que estaba teniendo lugar. No estuvo presente el sábado de mañana cuando Ellen White afirmó tan categóricamente: "Os digo aquí delante de Dios, que la cuestión del pacto, tal cual ha sido presentada [por Waggoner], es la verdad. Es la luz. Ha sido presentada ante mí en líneas claras. Y quienes han estado resistiendo la luz, os pregunto si han estado obrando para Dios, o para el diablo".[14] Es bien posible que Dan Jones tampoco recibiera copia de la carta que Ellen White escribió a Uriah Smith aquella misma mañana de sábado, en la que afirmó enfáticamente: "Anteanoche se me mostró que las evidencias en relación con los pactos eran claras y convincentes. Usted mismo, el hermano Dan Jones, Porter y otros están malgastando en vano sus poderes de investigación para defender una posición sobre los pactos en divergencia con la que ha presentado el hermano Waggoner. … El asunto de los pactos es una cuestión clara y será recibida por toda mente sincera que no esté prejuiciada".[15] Dan Jones se perdió también la reunión del siguiente domingo por la mañana, en la que Ellen White preguntó a los presentes: ¿Ha suscitado el Señor a estos hombres [Jones y Waggoner] para proclamar la verdad? Os digo: Sí; Dios ha enviado hombres para traernos la verdad que no habríamos tenido si Dios no hubiera enviado a alguien para que nos la trajera".[16]
Es evidente que a Dan Jones le aguardaba una sorpresa a su regreso a Battle Creek. El domingo por la mañana, justo el día en que regresó, Ellen White escribía a W. C. White en estos términos: "Me complace mucho saber que el profesor Prescott está dando en su clase las mismas lecciones que el hermano Waggoner ha estado dando. Está presentando los pactos. … Desde que el sábado pasado hice la declaración de que la postura sobre los pactos, tal como la ha presentado el hermano Waggoner, es la verdad, parece que ha llegado gran alivio a muchas mentes".[17] A Dan Jones no tardó en llegarle la información de que Ellen White "apoyaba plenamente la posición de Waggoner sobre la cuestión del pacto", lo que trajo a su mente cualquier cosa menos alivio.[18]
La mañana del martes Dan Jones asistió a su primera reunión matinal en más de una semana. La "sala estaba llena" cuando hablaron Ellen White, O. A. Olsen, E. J. Waggoner y W. W. Prescott. Se hicieron entonces muchas confesiones, incluida la de R. C. Porter. Si bien este último "no podía ver claramente todos los puntos en relación con los pactos", "confesó el mal que le había causado [a Ellen White] y al pastor Waggoner". A resultas de tales confesiones, "toda la sala estaba sollozando y alabando a Dios por estar revelándose su poder". No es de extrañar que Ellen White pudiera declarar que "se ha quebrantado la espina dorsal de la rebelión en quienes han venido desde otros lugares". Eso debió causar una honda impresión en Dan Jones, ya que "mantuvo inclinada su cabeza todo el tiempo sobre el asiento. No la levantó una sola vez hasta que terminó la reunión".[19]
Era el miércoles 12 de marzo cuando Ellen White había convocado la primera de las dos reuniones especiales con todos los líderes prominentes en Battle Creek, incluyendo a Dan Jones. Por primera vez podían Ellen White y Waggoner dar respuesta a muchas de las falsas acusaciones que habían circulado desde antes del congreso de Mineápolis. ¿Cuál había sido la base para todas aquellas acusaciones? "Finalmente todo se reducía a esto: Al hermano Butler le había llegado una carta de California, advirtiendo de que se habían trazado planes para traer el asunto de la ley en Gálatas". Waggoner y ella misma "abordaron y explicaron" el asunto: "No hubo tales planes". Nunca había existido una tal conspiración. Aunque de esa reunión de cinco horas resultó mucho bien, no hubo "un quebrantamiento general del alma bajo la influencia del Espíritu y el poder de Dios" tal como Ellen White había deseado.[20]
Cuando Ellen White dijo a Dan Jones que invitara a Waggoner a hablar el sábado, "pareció haber cierta reticencia, pero finalmente [Waggoner] fue invitado y dio un discurso preciosísimo". La reunión de la tarde tuvo lugar en la capilla de la oficina. Fue allí donde "Cristo llamó a la puerta pidiendo entrar, pero no hubo lugar para él, no se abrió la puerta y la luz de su gloria, tan cercana, se retiró". Se habían hecho confesiones, pero no "con la claridad y concreción" que Ellen White había esperado. Fue allí donde Dan Jones habló de sus terribles tentaciones a "abandonar los testimonios". Ellen White hizo la reflexión de cuán difícil resultó "para aquellos hombres morir" al yo.[21]
Finalmente, la mañana del domingo 16 de marzo, Ellen White, "agotada y casi desanimada" se aventuró a acudir a la reunión e hizo "ciertas observaciones muy concretas". Presentó ante ellos "lo que habían estado haciendo a fin de dejar sin efecto lo que el Señor estaba procurando hacer, y por qué. La ley en Gálatas era su único alegato". No queriendo perder más tiempo, Ellen White habló del problema de base que impedía que aceptaran la nueva luz:
¿Por qué -pregunté- es vuestra interpretación de la ley en Gálatas más querida para vosotros, y sois más celosos por mantener vuestras ideas en ese punto, que por reconocer la labor del Espíritu de Dios? Al interpretar la ley en Gálatas habéis estado sopesando cada testimonio precioso enviado del cielo según vuestras propias escalas. No os puede llegar nada en relación con la verdad y el poder de Dios, a menos que lleve vuestra impronta: vuestras preciosas ideas idolatradas sobre la ley en Gálatas.
Estos testimonios del Espíritu de Dios, los frutos del Espíritu de Dios, carecen de peso a menos que lleven el sello de vuestras ideas sobre la ley en Gálatas. Temo por vosotros y por vuestra interpretación de cualquier escritura que haya dado lugar a un espíritu tan anticristiano como el que habéis manifestado y que me ha costado tanta labor innecesaria. … Ejercitad vuestra precaución en mirar que no estéis cometiendo el pecado contra el Espíritu Santo. … Os digo que si vuestra posición sobre la ley en Gálatas y sus frutos son del carácter que he visto en Mineápolis y desde entonces hasta este tiempo, mi oración es que pueda mantenerme tan alejada como sea posible de vuestra comprensión e interpretación de las Escrituras. … No podía haber una refutación más categórica de vuestras propias teorías, que la que [vosotros mismos] habéis hecho.
Ahora, hermanos, no tengo nada que decir, ninguna preocupación en relación con la ley en Gálatas. El asunto me parece de importancia menor en relación con el espíritu que habéis incorporado a vuestra fe. Es exactamente de la misma naturaleza que el manifestado por los judíos respecto a la obra y misión de Jesucristo.[22]
Los hermanos en el liderazgo estaban rechazando la luz sobrevenida, por darse cuenta de que iba en contra de sus "teorías favoritas" sobre la ley en Gálatas. Tenían que poner de lado sus viejas ideas, a fin de aceptar el mensaje que el Señor les había enviado misericordiosamente mediante Jones y Waggoner. El espíritu que tantos habían manifestado era una de las mayores evidencias de que su interpretación de la Escritura estaba realmente errada. Ellen White fue aún más lejos. La teoría que mantenían sobre la ley en Gálatas no sólo no era uno de los hitos, sino que había venido a constituirse en adoración a Baal:
El evangelio de Cristo, sus lecciones, sus enseñanzas, no habían tenido sino un lugar muy pequeño en la experiencia y discursos de quienes pretendían creer la verdad. Cualquier teoría acariciada, cualquier idea humana, se convierte en algo de la más trascendente importancia y tan sagrada como un ídolo ante quien todo debe inclinarse. Tal ha sido ciertamente el caso con la teoría de la ley en Gálatas. Todo lo que absorbe el interés de esa forma hasta el punto de usurpar el lugar a Cristo, cualquier idea tan exaltada que se la coloque allí donde ninguna luz o evidencia pueda encontrar cabida en la mente, llega a ser un ídolo ante el cual todo se sacrifica. La ley en Gálatas no es un asunto vital y nunca lo ha sido. Quienes lo han elevado a la categoría de antiguo hito, simplemente no saben de qué están hablando. Jamás fue un hito antiguo y nunca lo será. …
Digo, según la palabra que me ha sido dada por Dios: Los que se han mantenido tan firmes en la defensa de sus ideas y posiciones sobre la ley en Gálatas están en necesidad de escudriñar sus corazones como a la luz de una vela encendida a fin de ver qué tipo de espíritu es el que los ha movido. Diría con Pablo: "¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad?" (Gálatas 3:1). ¡Qué persistencia y obstinación satánica se han evidenciado! No me he preocupado por la ley en Gálatas, pero sí porque nuestros hermanos dirigentes no vuelvan a transitar el mismo camino de resistencia a la luz y a los testimonios manifiestos del Espíritu de Dios, rechazándolo todo para idolatrar sus propias ideas supuestas y teorías favoritas. Debido a la actitud que han tomado mis hermanos y al espíritu manifestado, me veo obligada a decir: Dios me libre de vuestras ideas sobre la ley en Gálatas.[23]
Es tan importante que nosotros comprendamos hoy lo que Ellen White estaba tratando de transmitir a los hermanos, como importante era que ellos lo entendieran. En más de doce ocasiones se refirió Ellen White a la postura sostenida comúnmente sobre la ley en Gálatas como "vuestras ideas", "vuestra comprensión", "vuestra interpretación", "vuestras teorías" y "vuestros puntos de vista", a los que se aferraban como si fueran hitos fundamentales de la fe que jamás se debieran entender de otra manera. Estaban dispuestos a sacrificar el propio derramamiento del Espíritu de Cristo para seguir aferrados a sus "teorías favoritas". Su "espíritu anticristiano" y la "persistencia satánica" de que hicieron gala, llevó a Ellen White a desear estar tal lejos de su "comprensión e interpretación" como le fuera posible. Fue en ese contexto en el que Ellen White afirmó que "no le preocupaba", "no sentía preocupación respecto a la ley en Gálatas", tal como la habían interpretado. No era "una cuestión vital", sino algo de "importancia menor" al compararlo con el espíritu que manifestaron. No iba a estar dispuesta a rechazar la clara luz sobre el pacto, debido a las ideas que ellos habían acariciado sobre la ley en Gálatas.[24]
Ellen White no estaba sugiriendo de modo alguno que la doctrina fuese irrelevante y que su única preocupación consistía en que los hermanos dirimieran cortésmente sus desacuerdos. Por el contrario, se le había mostrado claramente que la posición de Waggoner sobre los pactos era la verdadera, y a diferencia de la actitud de tantos otros hermanos, Ellen White no iba a rechazarla aunque eso implicara renunciar el punto de vista común sobre la ley en Gálatas. Había dejado eso claro en una carta que había escrito a Smith una semana antes: "El asunto de los pactos es una cuestión clara y será recibida por toda mente sincera que no esté prejuiciada; fui llevada allí donde el Señor me dio una comprensión en este asunto. Usted se ha apartado de la clara luz por temor a tener que aceptar la cuestión de la ley en Gálatas. Respecto a la ley en Gálatas, no me preocupa ni me ha preocupado nunca".[25]
El hecho de que a Ellen White no le preocupara la ley en Gálatas no equivale a negar una revelación clara. En Mineápolis había dicho en relación con los puntos de vista de Waggoner: "Respecto a la ley en Gálatas, si es que comprendo plenamente su posición, no armoniza con la comprensión que yo había tenido". Pero afirmó estar "dispuesta a ser instruida como un niño", pues la verdad "nada pierde al ser investigada".[26] Se había incluido ella misma junto a los hermanos, al decir que Jones y Waggoner pueden "disentir con nosotros".[27] Y hacia el final del congreso empezó "por primera vez" a preguntarse si "pudiera ser que no hubiéramos sostenido después de todo puntos de vista correctos acerca de la ley en Gálatas, dado que la verdad no requiere un espíritu tal para defenderla".[28] Estaba segura de que "si es que habíamos tenido la verdad sobre ese tema, nuestros hermanos habían fallado en ser santificados por ella".[29]
Como se ha demostrado anteriormente, en el tiempo de la asamblea pastoral de 1889 Ellen White no se identificaba con la posición mayoritaria, sino que se refirió a ella en numerosas ocasiones en términos de "vuestra posición". Menos de un año después pudo declarar que "al tomar posiciones equivocadas en la controversia sobre la ley en Gálatas -una cuestión que muchos no han comprendido plenamente antes de tomar una posición errónea- la iglesia ha experimentado una triste pérdida".[30] Varios años después Ellen White subrayó esa idea y apoyó claramente la posición de Jones y Waggoner al declarar: "'La ley ha sido nuestro guía [ayo] …' En esa Escritura [Gálatas 3:24], el Espíritu Santo, mediante el apóstol, está hablando especialmente de la ley moral … En la base de gran parte de la oposición manifestada en Mineápolis contra el mensaje del Señor mediante los hermanos Waggoner y Jones, está una falta de disposición a abandonar opiniones preconcebidas y a aceptar esta verdad. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en mantener alejado del pueblo, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles … Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria".[31] Debe tenerse en cuenta todo eso al analizar lo que siguió a la asamblea pastoral de 1889. De otra forma podemos fácilmente deslizarnos hacia falsas premisas en relación con las grandes verdades de los pactos que allí se presentaron.
Malabarismo mental
Al examinar la correspondencia de Dan Jones durante y después de la asamblea pastoral, podemos ver desde dentro cuál debió ser el conflicto personal que atravesaron él y sus colegas. Es evidente que no coincidían con la posición de Jones y Waggoner sobre la ley en Gálatas y los pactos, que tan estrecha relación guardaban. Profesaban creer en la justificación por la fe, pero sentían que la posición de Jones y Waggoner menoscababa el sábado, la ley y el mensaje del tercer ángel. Cuando Ellen White apoyó inequívocamente a Jones y Waggoner en sus posiciones, comenzaron a cuestionar los Testimonios. ¿Quizá ella había cambiado? Pero la tentación a rechazar los Testimonios sólo trajo tinieblas y desánimo, ya que dichos testimonios estaban entrelazados con el mensaje del tercer ángel, y abandonarlos significaba "abandonarlo todo".[32] Es fácil ver que resolver ese conflicto mental exigía que se abandonara algo; había que dejar alguna cosa.
El 14 de marzo, después de la primera de las "dos reuniones especiales", Dan Jones escribió acerca de su comprensión de la situación hasta aquel momento. Escribiendo a D. T. Shireman -evangelista de sostén propio en Kansas- en relación con la experiencia que estaban teniendo en Battle Creek, Dan Jones revela algo de su lucha interna: "He llegado a comprender el peligro de confiar en las apariencias exteriores, y de procurar hacer que las cosas vayan de la manera en que yo creo que debieran ir. … Cuando en nuestros corazones brilla luz procedente de Él, y revela en su verdadera luz los motivos y propósitos que nos han movido, el panorama no resulta nada alentador".[33] Escribiendo aquel mismo día a R. A. Underwood, Dan Jones comparte más sobre sus pensamientos personales relativos a la reunión que tuvo lugar:
A partir de lo que se ha dicho parece que los hermanos [W. C.] White, Waggoner y Jones no tenían ningún plan preconcebido cuando vinieron de la costa del Pacífico al encuentro de Mineápolis para exponer sus puntos de vista ante los hermanos en aquel tiempo, y no han estado procurando seguir ningún plan como ese desde entonces. La hermana White se ha estado posicionando con cierta firmeza en favor del Dr. Waggoner, sin embargo, no se ha comprometido de forma definida en relación con los puntos de doctrina en su exposición de los dos pactos. Afirma que se le ha mostrado que él tenía luz sobre la cuestión de los pactos, pero no se le mostró en qué consistía dicha luz. Al menos, así es como yo lo entiendo por el momento.[34]
Dan Jones se estaba debatiendo con la aceptación de lo que se le había revelado a Ellen White en apoyo de las posturas de Waggoner sobre los pactos. ¿Cómo había de comprender lo que había escuchado en una de las "dos reuniones especiales", sumado a los informes [que recibió] de las declaraciones que había hecho Ellen White durante su ausencia en la asamblea, sin reconocer la verdad de la postura de Waggoner? Es comprensible que a la mañana siguiente compartiera su gran lucha al dudar de los Testimonios. Estaba cuestionando cómo podía Ellen White apoyar realmente las posiciones de Waggoner. Es evidente que la "presión de la incredulidad" que Ellen White dijo que había notado casi en "cada reunión", estaba presente en la experiencia de Dan Jones, y ahuyentaría el poder de Dios que estaba deseoso de derramarse sobre él.[35]
Entonces, el domingo por la mañana, cuando Ellen White expuso la raíz causante del rechazo que estaba teniendo lugar -"la interpretación que hacían de la ley en Gálatas"- Dan Jones procesó en su mente las evidencias que le permitieron hacer "ciertos reconocimientos" y también tomar su "posición sobre los testimonios". Desafortunadamente, lo que llevó a Dan Jones a hacer tales reconocimientos no fue la aceptación de las verdades enseñadas por Jones y Waggoner, sino más bien el malabarismo mental que le permitió aceptar a Ellen White como profetisa, y al mismo tiempo rechazar su mensaje de apoyo [a la verdad que Waggoner presentó] proveniente del cielo. Su lucha interior debió ser grande, puesto que Ellen White afirmó que "pareció atacarlo una súbita indisposición" mientras hablaba.[36] Aquella tarde Dan Jones reveló a Kilgore lo que había sucedido:
La investigación de la cuestión del pacto no terminó más satisfactoriamente de cómo había comenzado. … Por un momento parecía que [Ellen White] apoyaba plenamente la posición de Waggoner sobre la cuestión del pacto, y así se informó cuando regresé de Tennessee … pero acontecimientos posteriores demuestran que tal no fue el caso. Ahora resulta que los puntos doctrinales en discusión [no] fueron el objeto real de la discusión. Es al espíritu manifestado a lo único que ella objetaba, espíritu del que el pastor Waggoner no participó. Tanto la hermana White como el Dr. Waggoner dijeron que los aspectos doctrinales no eran la cuestión debatida. Así que eso quita de mi mente el asunto principal que estaba ante mí todo el tiempo. Yo pensaba que el punto principal en discusión era el hecho de traer doctrinas nuevas no aprobadas por la denominación. Pero si he estado equivocado en eso, estoy presto a rectificar. Todo el tiempo he pensado que la hermana White no quería decir que el Dr. Waggoner estuviera en lo correcto en su posición sobre el asunto del pacto en lo que a doctrina se refiere, pues era tan manifiestamente errónea, que no podía en absoluto reconciliarme con la idea de que ella le diera su pleno apoyo. … En lo que a mí respecta, estoy dispuesto a poner fin a todo este asunto si es que los otros hacen lo mismo, y a enfocar mi pensamiento y labor en el avance de la verdad.
… Quizá ambos bandos se van a respetar más de lo que han hecho en el pasado, y haya un mayor consejo en relación a introducir puntos de doctrina en el futuro, del que ha habido en el pasado.[37]
La convicción inicial que tuvo Dan Jones de que Ellen White había sido realmente urgida por el Señor a apoyar las posiciones de Jones y Waggoner quedaba ahora sofocada en favor de una opinión que le resultaba más placentera. En los días que siguieron, Dan Jones compartió su nueva comprensión con muchos otros dirigentes que no habían podido asistir a las reuniones ministeriales. Cuanto más compartía sus puntos de vista, más los iba desarrollando, y más se afirmaba en su mente la idea de que las doctrinas no eran lo importante, sino solamente la actitud. No obstante, es interesante observar que la actitud de Dan Jones tampoco cambió: seguiría sin permitir que A. T. Jones y E. J. Waggoner tuvieran libertad para presentar una postura diferente a la que él sostenía. No pasó mucho tiempo antes que comenzara a expresar las mismas antiguas actitudes en las que pretendía justificar sus convicciones contrarias a las de ellos. El lunes 17 de marzo Dan Jones envió al menos otras dos cartas:
Este invierno hemos tenido aquí un tiempo bien tormentoso, especialmente desde que [usted] estuvo aquí, en relación con traer los dos pactos a la escuela ministerial. … El resultado no ha sido traer a los hermanos en unidad, ni unirlos en la obra de edificar para la causa de Dios, sino que ha sido más bien crear un espíritu partidista y sentimientos partidistas. … hermana White … dice que lo que le preocupa no es lo que creemos; que no es que debiéramos sostener todos exactamente la misma posición respecto a los pactos, a la ley en Gálatas o al punto doctrinal que sea; sino que todos debiéramos albergar el espíritu de Cristo y debiéramos estar unidos en edificar e impulsar el mensaje del tercer ángel. Opino que la posición de ella es evidentemente la correcta, y el principio es aplicable a otros asuntos, con la misma fuerza con que se aplica a la cuestión del pacto, o a la ley en Gálatas. … Yo estaba tan seguro como uno puede estarlo de que el Dr. Waggoner y otros estaban llevando a cabo ciertos planes y propósitos, y de que había ciertos motivos detrás de aquellos planes y propósitos; pero ahora parece que estaba totalmente equivocado en ambas cosas. Parece extraño que pudiera ser así. Cada circunstancia parecía añadir evidencias a la certeza de que [la sospecha] era justificada; pero a pesar de todo ello se ha demostrado que no había tal cosa. Eso me llevó a concluir que no podemos basarnos en evidencias circunstanciales.[38]
Hemos tenido un buen problema aquí este invierno al haber traído la cuestión del pacto a la escuela bíblica para pastores. Yo objeté a eso. Causó cierta conmoción. … Me adelanto a confesar que en mi oposición a esa obra no siempre he estado tan libre de sentimientos personales como hubiera debido. … Por un tiempo parecía que la hermana Ellen White iba a apoyar plenamente la posición de Waggoner sobre el tema del pacto, y eso me causaba gran perplejidad por no saber cómo digerirlo, dado que para mí estaba claro que sus posiciones no eran todas correctas. Pero luego se ha concluido que el asunto doctrinal no era lo importante en absoluto. La hermana White y el Dr. Waggoner dijeron no estar preocupados por lo que creíamos acerca de la ley en Gálatas o los pactos; lo que querían ver es que todos aceptábamos la doctrina de la justificación por la fe; que obteníamos el beneficio nosotros mismos y que lo enseñábamos a otros. Armonizo perfectamente con eso. Creo en la doctrina de la justificación por la fe y estoy dispuesto a aceptar que en el pasado no se le ha dado la prominencia que su importancia requiere. … Otra cosa que se ha aclarado en esas reuniones es el hecho de que los hermanos que venían de California no habían urdido plan alguno a fin de enseñar sus ideas particulares en la asamblea de Mineápolis. … Yo había creído que tenían una gran importancia los puntos de doctrina implicados en las cuestiones de la ley en Gálatas y en los dos pactos. También había pensado que esos hermanos tenían unos planes establecidos para presentar ante el pueblo sus puntos de vista, y que los iban desplegando paso a paso mediante asambleas, reuniones de pastores y seminarios bíblicos. Ahora, si todo eso no es cierto, repito, he estado obrando erróneamente, y habré de reconocer que he estado equivocado en esos asuntos.[39]
En cada carta que escribía, Dan Jones expresaba mayor convicción en su nueva opinión. Ahora había llegado a la conclusión de que las "posiciones peculiares" de Jones y Waggoner carecían de importancia; solamente la justificación por la fe -en la que todos estaban de acuerdo- debía ser aceptada por los hermanos al obrar juntos en unidad. Dan Jones había encontrado una forma de conservar sus antiguas ideas, su experiencia personal y su fe en los Testimonios, al mismo tiempo que podía rechazar la luz sobrevenida que tanto despreciaba. Escribía como quien tiene autoridad, pero tergiversaba lo que se había dicho en las reuniones, informando falsamente que Waggoner "había renunciado a la posición de que en el viejo pacto todas las promesas provenían de parte del pueblo"[40] Dan Jones estaba dispuesto a admitir que no había albergado el espíritu correcto, pero parecía justificarse en razón de su sinceridad. Si bien se sintió como un hombre nuevo debido al alivio que supusieron las explicaciones dadas, parecía seguir cuestionando su validez.
Al escribir a W. C. White la siguiente mañana, pareció adoptar una actitud más conciliadora. Había hecho recaer sobre W. C. White la principal culpabilidad por lo que él percibía como "emplear a su madre para dar influencia y poder a su obra [de él, W. C. White]". Admitió que "no había estado libre de todo sentimiento" contra los que estaban "especialmente implicados en promover la ley en Gálatas, la cuestión del pacto, etc", y ahora solicitaba el "perdón" de White. Lo relativo a las lecciones de escuela sabática de Waggoner había quedado "hasta cierto punto" aclarado. Escribió que "todavía no está tan claro como yo quisiera verlo". Dan Jones compartió entonces su percepción acerca de las explicaciones dadas:
En el pasado yo había supuesto que unos pocos puntos doctrinales … eran el asunto principal, y que el propósito de algunos … era traer dichas doctrinas para fijarlas como creencia de la denominación. Pensé que la doctrina de la justificación por la fe, con la que he estado teóricamente de acuerdo junto a todos nuestros hermanos dirigentes, era sólo como un carro, por así decirlo, para llevar esas otras cosas que eran más particularmente el objeto del criticismo [la ley en Gálatas y los pactos], y conectando ambas cosas: una con la que nadie encontraba objeción [la justificación por la fe], -para que en lugar de rechazar lo que era objetable, nuestro pueblo fuera llevado a aceptar aquello con lo que no podía estar (plenamente) de acuerdo.[41] Tanto su madre como el Dr. Waggoner dicen que los puntos de doctrina no son en absoluto el asunto central, sino el espíritu manifestado por nuestro pueblo en su oposición a esas cuestiones a las que objeta. No tengo problema alguno en reconocer que ese espíritu no ha sido el Espíritu de Cristo. … La preocupación en la mente de su madre y en la del Dr. Waggoner no consistía en traer esas cuestiones e imponerlas a todos, sino traer la doctrina de la justificación por la fe y el espíritu de Cristo, y procurar que las personas se convirtieran a Dios. Apoyo tal cosa de todo corazón.[42]
Es necesario recordar lo que Ellen White dijo a J. S. Washburn en la primavera de 1889: el asunto principal en Mineápolis fue la "justicia por la fe", no la ley en Gálatas.[43] Jones y Waggoner no habían venido a imponer cierta doctrina abstracta, sino a compartir el mensaje de la justicia por la fe. Pero sucede que ese mensaje preciosísimo que resultaba de la comprensión de Jones y Waggoner sobre la ley en Gálatas y los pactos estaba en divergencia con las ideas de los hermanos dirigentes. Así, la ley en Gálatas y los pactos vinieron a ser piedra de tropiezo que llevó a los hermanos a rechazar el genuino "mensaje del tercer ángel en verdad". En la asamblea de la Asociación General de 1889 Ellen White declaró que "Baal" sería la religión de quienes habían "menospreciado, hablado en contra y ridiculizado" la "única religión verdadera" de la justificación por la fe.[44] Es cierto que Jones y Waggoner no habían acudido con un plan preconcebido para imponer sus puntos de vista, y que la justificación por la fe era su auténtica preocupación. Pero Dan Jones malinterpretó aquella explicación, creyendo que podía rechazar aquel mensaje enviado por el Cielo, con tal que albergara un buen espíritu. Al fin y al cabo, él ya creía "teóricamente" en la justificación por la fe.
Después de la segunda "reunión especial" del 19 de marzo, la última a la que asistiría Ellen White antes de partir hacia el Oeste, Dan Jones se sintió un hombre nuevo. Fue entonces cuando A. T. Jones pudo dar una respuesta a los falsos rumores que se habían estado extendiendo en relación con esa enseñanza. A aquella explicación siguieron muchas confesiones, y pareció haber una atmósfera diferente. Desgraciadamente, en los días que siguieron a aquella reunión Dan Jones vino a ser menos exacto en su evaluación de la situación, a la vez que más confiado en que sus observaciones eran correctas. En cada carta expresaba con mayor certeza que, si bien pudo haber albergado un espíritu incorrecto hasta el punto de llegar a "hacer el ridículo", no obstante, no se había equivocado al detener las presentaciones de Waggoner.[45] De hecho, estaba persuadido de que Waggoner era realmente el culpable:
No se ha hecho concesión alguna respecto a puntos de doctrina o de interpretación de las Escrituras, sino solamente respecto al espíritu manifestado y a la forma de proceder. … Sigo sin ver que me equivocara al pedir al Dr. Waggoner que pospusiera la presentación de la cuestión del pacto en el seminario hasta que regresaran el pastor Olsen y el profesor Prescott. Por lo que me dijo el pastor Olsen, no creo que él considere en absoluto que yo hiciera algo mal. Pero la negativa del Dr. [Waggoner] complicó las circunstancias, abriendo las puertas a que se despertaran sospechas, cosa que efectivamente sucedió.[46]
Con el paso del tiempo las comunicaciones de Dan Jones con otros respecto a Jones y Waggoner vinieron a ser cada vez menos favorables para estos. A su regreso de aquel viaje de ocho días a Tennessee temía que Ellen White "apoyara plenamente" la postura de Waggoner. Unos pocos días después expresó la idea de que a ella se le había mostrado simplemente que Waggoner tenía "luz … pero no en qué consistía aquella luz". Entonces escribió que no había habido invitación al cambio, "que todos sostienen precisamente la misma posición en referencia a los pactos". Después afirmó que "el asunto doctrinal no era lo importante", y de nuevo más tarde, que "no se hicieron concesiones" en favor de las posiciones de Waggoner.[47] Dan Jones concluyó finalmente que Ellen White "no ha apoyado la posición del Dr. Waggoner" ni se espera que lo haga.
La descripción que hacía Dan Jones de los puntos de vista de Waggoner siguió un curso similar. Lo que al principio describió como "sus puntos de vista", se convirtió pronto en "sus puntos de vista peculiares". Más adelante los describió como "error" flagrante, afirmando que si bien no se podía culpabilizar a Waggoner por los folletos de escuela sabática, el comité del departamento de escuela sabática debió haberlos "rechazado".
El 21 de marzo de 1890, dos días después de la segunda reunión especial con Ellen White y otros líderes, Dan Jones escribió a R. M. Kilgore y a R. A. Underwood tergiversando gravemente lo que Ellen White había dicho:
La hermana White dice que no ha apoyado la posición del Dr. Waggoner sobre la ley en Gálatas, y esperaba estar bien lejos de tener que hacerlo; no es eso a lo que su mente está acostumbrada. Dijeron que no es la cuestión de los puntos doctrinales lo que les preocupaba; todos podían creer lo que quisieran; pero querían que estuviera más presente el espíritu de Cristo. … Por descontado, todos pudimos apoyar tal cosa, y así lo hicimos.[48]
No nos pidieron que aceptáramos ningún punto de doctrina sobre los pactos o sobre la ley en Gálatas; por el contrario, dijeron que las cuestiones doctrinales no eran lo importante; que no les preocupaba lo que creyéramos: era el espíritu que se manifestó lo que les parecía incorrecto, y querían que se corrigiera. … la hermana White dijo que no había apoyado la posición del Dr. Waggoner sobre la ley en Gálatas o la cuestión del pacto, y que no esperaba hacerlo; no es eso a lo que su mente está acostumbrada. … el Dr. Waggoner explicó cómo se habían confeccionado las lecciones de escuela sabática … y cómo se las había sometido al examen del comité de escuela sabática previamente a su publicación. Siendo así, no veo cómo se lo podría culpabilizar por cualquier cosa que las lecciones pudieran haber contenido. … Por supuesto, eso no supone de forma alguna que lo que enseñó en esas lecciones sea correcto; pero se espera que uno escriba de acuerdo a lo que cree, que interprete las Escrituras según las comprende. … El comité de escuela sabática debió haber detectado sus errores, y las lecciones se debieran haber denegado o rechazado. Pero una vez pasaron por las manos de dicho comité y que Sabbath-school Association las publicó, es mi parecer que el comité de escuela sabática es tan responsable por la teología que contienen las lecciones como el propio autor de ellas.[49]
No había pasado una semana antes que Dan Jones dejase claro que no había cambiado en su comprensión de los temas doctrinales. Además, su confianza en las explicaciones dadas en aquellas dos "reuniones especiales" comenzaba a desvanecerse. Se había aprestado a admitir su error de juzgar los motivos de Jones y Waggoner, pero sentía que era responsabilidad de ellos por haber actuado de tal manera que invitaron a que se los juzgara:
Quizá hemos estado equivocados en algunas de las opiniones que hemos sostenido. … No veo qué se pude hacer ahora, excepto aceptar las explicaciones dadas y actuar en consecuencia. … Si bien mantengo sobre la ley en Gálatas y la cuestión del pacto la misma posición que he sostenido siempre, me congratulo por haber aliviado mi mente al respecto de los motivos y planes de algunos de los hermanos. … Esperemos que en el futuro nuestros hermanos no actúen de una forma tal que den pie a que se los juzgue injustamente respecto a sus planes y propósitos.[50]
Sólo unos días más tarde encontramos a Dan Jones cuestionando la validez de los Testimonios. En una carta que escribió a R. C. Porter expresó simpatía hacia Uriah Smith, quien no podía "comprender por qué … la hermana White hablaba en cierto momento de forma clara contra algo, tal como hizo con la ley en Gálatas al pastor [J. H.] Washburn unos años atrás, para luego cambiar y dar virtualmente su apoyo a eso mismo cuando viene en una forma ligeramente diferente". Dan Jones confesó que "intentaba pensar lo menos posible" sobre ese particular.[51]
Evidentemente, Uriah Smith tampoco había cambiado en sus puntos de vista, y la carta que pocas semanas antes había enviado a Ellen White parecía haber pasado por las manos de Dan Jones para su consideración. Smith estaba todavía fortaleciendo las "manos y las mentes" de otros, de una forma contra la que Ellen White le había ya advertido.[52] En un artículo de Review publicado la semana siguiente, el propio Smith desveló que no había cambiado sus puntos de vista, ni siquiera a la luz de las declaraciones claras hechas en la asamblea pastoral.[53]
Dan Jones continuaba en su espiral, no sólo esparciendo dudas sobre la sinceridad del testimonio de Jones y Waggoner, sino esperando que estos hubieran aprendido una buena lección de la experiencia. Pocos días antes se había alegrado de que "todos pudieran creer lo que quisieran". Ahora no estaba dispuesto a conceder a otros tal privilegio:
Sé que nos resulta algo difícil, en vista de la evidencia circunstancial que ha rodeado este asunto durante año y medio, llegar ahora a la conclusión de que todo eso que sucedió en Mineápolis se desarrolló según la inocencia de un cordero. Pero si el Dr. Waggoner dice que no tenía plan alguno cuando fue allí, el hermano Jones dice lo mismo y la hermana White los respalda, ¿qué podemos hacer, excepto aceptarlo como un hecho? … Se podría pensar que aquí hemos imaginado algo, lo hemos dado por hecho y nos lo hemos creído totalmente. Pero tal no es de ninguna manera el caso. Pienso que hemos prevalecido en cada uno de los puntos que sosteníamos, y creo que el otro bando se tuvo que conformar con mantener cierta dignidad en su derrota; y celebré que fuera así, si sirvió para que aprendieran las lecciones que decidimos que necesitaban aprender. Ahora confío en que el Dr. Waggoner será muy cauto antes de lanzar sus puntos de vista peculiares ante el pueblo, antes de que los hermanos dirigentes las hayan examinado cuidadosamente; y creo que los hermanos dirigentes tendrán mucho más cuidado del que han tenido en el pasado, en su valoración de esos puntos de vista peculiares.[54]
Las tinieblas como resultado
"Si os retiráis de un rayo de luz por temor a que haga necesario que aceptéis posiciones que no queréis recibir, esa luz se transforma en vosotros en tinieblas … sé de qué hablo".[55] En esos términos escribió Ellen White a Uriah Smith en relación con su rechazo a la "verdadera luz" de la cuestión del pacto que él no estaba dispuesto a aceptar. Durante aquel mismo año Ellen White advirtió en repetidas ocasiones contra esas tinieblas, y lamentó su presencia en la iglesia.[56]
No puede haber una mejor prueba de lo acertado del pronóstico de Ellen White, que la aportada por la experiencia de Dan Jones después de la asamblea pastoral de 1890. Comprendió equivocadamente casi todo lo que Ellen White dijo en la última semana de aquel instituto. Ella había apoyado con toda claridad la postura de Waggoner sobre los pactos, advirtiendo a los hermanos que la opinión propia que sostenían a propósito de la ley en Gálatas impedía a muchos recibir la luz. Ella misma no estuvo implicada en aquel asunto, ya que no hubo impedimento para que aceptara la luz avanzada. Dan Jones había interpretado eso como una evidencia de que ella no había apoyado a Jones y Waggoner, y que cada uno podía creer lo que quisiera. Ellen White había afirmado que el espíritu manifestado por los hermanos era más preocupante que sus propias ideas favoritas. A partir de eso Dan Jones dedujo que la doctrina no era importante, y que sólo el espíritu manifestado lo era; a pesar de ello, no obstante, él permitiría solamente su propia postura doctrinal.
Ellen White había dicho que no existía un plan preconcebido para imponer la ley en Gálatas ni los pactos, sino que el auténtico mensaje era la justificación por la fe. Dan Jones tergiversó eso, haciéndolo significar que bastaba con un mero asentimiento a la justificación por la fe -que él profesaba ya- sin necesidad de tener que aceptar el mensaje de Jones y Waggoner. Lo que defendía Dan Jones eran ideas similares a las del movimiento ecuménico, que promueve la unidad y fraternidad en una comprensión común -dejando las diferencias aparte- y no obstante, persiguiendo a quienes no sostienen sus mismas ideas.
Ellen White señaló un camino mejor: "'Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros'", pero si andáis "'en la luz de vuestro fuego y de las teas que encendisteis … en dolor seréis sepultados'".[57]
Cuando el Señor "urgió" a Ellen White a comparecer ante los hermanos aquella fatídica mañana de sábado para tomar "posición" sobre la cuestión del pacto, se encontró "en perfecta libertad, llamando luz a la luz, y tinieblas a las tinieblas". Pero en numerosas ocasiones advirtió a los hermanos que si daban la espalda "a un rayo de luz … esa luz se convierte en vosotros en tinieblas". La predicción se había cumplido.[58]
¿Vino en consecuencia de la asamblea pastoral de 1890 la tan esperada victoria? La triste realidad es que la situación no hizo más que empeorar. No es sólo que muchos estaban rechazando la luz que había sido enviada del cielo, sino que muchos estaban pretendiendo que Ellen White no apoyaba aquella luz. Es lamentable que más de 120 años después, aquella asamblea pastoral de 1890 sea vista como el gran punto de inflexión de un cambio para bien.[59] Pero lo que quizá sea todavía más triste es que mucho de aquel fuego procedente de la tea que el propio Dan Jones encendió, sigue ardiendo hoy sin control.[60]?
Notas: