"Se me señala insistentemente la parábola de las diez vírgenes"
Las noticias se extendían rápidamente, incluso en una época anterior a las telecomunicaciones. Después que hubo terminado la asamblea pastoral de 1890, los participantes que habían venido de todo el país regresaron a sus casas para retomar sus actividades. A pesar de los deslumbrantes informes publicados en la Review, muchos percibían a través de informes de los propios presentes que todo no había ido bien. J. S. Washburn, quien no pudo asistir a las reuniones por "enfermedad en la familia", era un pastor que sentía una honda preocupación por la condición de la iglesia. Había sido ricamente bendecido el año precedente durante los encuentros campestres de reavivamiento en Ottawa, Kansas, y seguía viviendo en aquella bendición. Al llegar informes de Battle Creek, comenzó a pensar que se trataba "en cierta medida de otra reedición de 'Mineápolis'". En ese deseo por conocer la verdad del asunto e inquirir qué es lo que el Señor quería exactamente hacer por su pueblo, Washburn envió una carta a Ellen White:
Querida hermana White … Estuve en Ottawa, Kansas, en mayo pasado, asistiendo a la asamblea allí, y fui hondamente impresionado por las predicaciones del pastor A. T. Jones sobre la justicia Cristo, así como por las conversaciones que mantuve con usted. Desde entonces he estado pensando … que antes del fin del tiempo tiene que realizarse en nuestro pueblo una obra especial de verdadera santidad. He pensado que ahora, por temor a la falsificación de la santidad, hemos perdido mucho de la bendición especial de Dios. De hecho, hemos fracasado en experimentar la verdadera santidad. … Tengo la impresión de que Dios tiene una gran bendición que está sobre nuestras cabezas, pero está esperando a que estemos preparados para ella antes de otorgárnosla. Creo que esa bendición es la verdadera santidad, y cuando asumamos nuestros deberes y privilegios en este asunto, nuestra obra avanzará con el "fuerte pregón". ¿Es así, o es un error? … Al respecto, estoy esforzándome por divisar luz en el futuro. ¿Hay luz para nosotros? Tengo la convicción -que nunca antes había tenido- de que estamos en la condición de la que habla Apocalipsis 3:14-17, y nuestra experiencia en Mineápolis y en otros momentos y lugares evidencia que no lo sabíamos. Y que allí y a partir de entonces Cristo nos está aconsejando comprar el oro y las vestiduras blancas, y ungir nuestros ojos con colirio. ¿Es eso así? … Si entre la multitud de sus ocupaciones y responsabilidades encontrara el tiempo para responder a esas preguntas, su respuesta será recibida con el más profundo agradecimiento.[1]
Aunque Ellen White continuaba exhausta tras la estresante asamblea pastoral y por la pesada carga de trabajo que llevó, encontró el tiempo para responder a la carta de Washburn.[2] Fue con placer como leyó aquella carta "ya que es causa de gran satisfacción el pensamiento de que la obra que el Espíritu de Dios hizo en su corazón en el encuentro de Kansas no haya sido borrada hasta ahora". Washburn había recibido "una vislumbre de la justicia de Cristo", la cual no había perdido, tal como "sucedió con otros cuando entraron en contacto con quienes no apreciaban esta bendita verdad". Ellen White retó a Washburn con el pensamiento de que si se le "había permitido estar en la presencia del Sol de justicia" no era para que "absorbiera y ocultara los brillantes rayos", sino para que pudiera "convertirse en una luz para otros". A continuación, página tras página, Ellen White derramó su preocupación por la iglesia que amaba:
Cuando se predica el mensaje del tercer ángel como es debido, el poder asiste a su proclamación y se convierte en una influencia permanente. … Se me señala frecuentemente la parábola de las diez vírgenes, cinco de las cuales eran prudentes y cinco insensatas. Dicha parábola se ha cumplido y se cumplirá al pie de la letra, pues tiene una aplicación especial para este tiempo. …
El enemigo tiene entre nuestras filas a hombres mediante los cuales obra, a fin de que resulte oscurecida la luz que Dios ha permitido que brille en el corazón, iluminando los recintos de la mente. Hay personas que han recibido la preciosa luz de la justicia de Cristo pero no actúan en consecuencia: son vírgenes insensatas. … Satanás utiliza a quienes pretenden creer la verdad, pero cuya luz se ha convertido en tinieblas, como a sus médiums para dar voz a sus falsedades y transmitir sus tinieblas. Son en verdad vírgenes insensatas que escogen las tinieblas en lugar de la luz y deshonran a Dios. … Las vírgenes insensatas serán quienes han despreciado la gracia divina puesta a su disposición, gracia que los habría calificado para ser habitantes del cielo. …
El estado de la iglesia representado por las vírgenes insensatas, se lo describe también como el estado laodicense. … Desde el tiempo del encuentro de Mineápolis he visto el estado de la iglesia laodicense como nunca antes. He escuchado el reproche de Dios pronunciado contra quienes se sienten tan satisfechos, quienes no conocen su destitución espiritual. … Como los judíos, muchos han cerrado sus ojos para no ver; pero hay ahora un gran peligro … tal como lo hubo cuando él estuvo en la tierra. …[3]
Los que reconocen su necesidad de arrepentimiento hacia Dios y de fe hacia nuestro Señor Jesucristo tendrán contrición de alma y se arrepentirán de su resistencia al Espíritu del Señor. Confesarán su pecado de rehusar la luz que el Cielo les ha enviado tan misericordiosamente y abandonarán el pecado que agravió e insultó al Espíritu del Señor.[4]
La reciente edición de 1888 de El conflicto de los siglos incluía varios capítulos que mencionaban la parábola de las diez vírgenes y su cumplimiento profético en el clamor de media noche de 1844 -"he aquí, ha venido el Esposo-". En el verano de 1844 "las dos clases representadas por las vírgenes prudentes y las insensatas … se desarrollaron". Las vírgenes prudentes "habían recibido la gracia de Dios, el poder regenerador y esclarecedor del Espíritu Santo que convierte su palabra en lámpara a los pies y lumbrera al camino". Mediante el estudio concienzudo que siguió al gran chasco, los que tenían el aceite celestial llegaron a comprender que Cristo había iniciado su obra en el lugar santísimo donde iba a tener lugar la boda y "entraron con él".[5]
Justo antes de la asamblea de la Asociación General de 1888, Ellen White recibió información mediante un sueño, a propósito de que "había llegado el tiempo en que tenía que medirse el templo y sus adoradores"; todo el cielo estaba en actividad.[6] Una y otra vez desde el encuentro de Mineápolis, Ellen White había procurado que los hermanos entendieran que Dios estaba tratando de preparar a un pueblo para permanecer en aquel día en el que él regresaría "de las bodas" (Lucas 12:36). Dios estaba buscando su cooperación en la obra final de la expiación, y envió un "preciosísimo mensaje" que "invitaba a la gente a recibir la justicia de Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios".[7] Dios quería impartir el aceite celestial que no solamente es "símbolo del Espíritu Santo", sino que ese "aceite es la justicia de Cristo. Representa el carácter".[8]
Pero tristemente, ese preciso mensaje es el que se estaba despreciando y rechazando. Nada tiene de extraño que Ellen White afirmara que la parábola de las diez vírgenes se había cumplido y se cumpliría al pie de la letra, ya que tenía una aplicación especial para aquel tiempo preciso.[9] Los que "han despreciado la gracia divina", y los que "reciben la luz preciosa de la justicia de Cristo, pero … no actúan en consecuencia", están representados por las "vírgenes insensatas". Eran los responsables por traer el estado laodicense.[10]
Ellen White advirtió a Washburn de que Satanás estaba procurando traer confusión mediante ideas falsas sobre la salvación. Hasta el propio "evangelio de la verdad" estaba siendo "contaminado":
¿Somos vírgenes prudentes, o se nos habrá de clasificar entre las insensatas? … Aquello que muchos consideran la religión de Cristo, está compuesto por ideas y teorías, una mezcla de verdad y error. Algunos están procurando hacerse lo suficientemente buenos como para ser salvos. … penitencias, mortificaciones de la carne, continuas confesiones de pecado sin arrepentimiento sincero; ayunos, celebraciones y prácticas externas que no van acompañadas de auténtica devoción: todo eso carece de valor. El sacrificio de Cristo es suficiente. … El fracaso en apreciar el valor de la ofrenda de Cristo tiene una influencia degradante … nos induce a recibir teorías incorrectas y peligrosas relativas a la salvación que ha sido comprada para nosotros a un costo infinito.[11]
La razón por la que las iglesias son débiles, enfermizas y están a punto de morir es porque el enemigo ha lastrado a las almas temblorosas con influencias que llevan al desánimo. Ha procurado esconder de su vista a Jesús como el Consolador, como quien los reprueba, advierte y amonesta, diciendo: 'Este es el camino; andad en él' … Satanás ha logrado su mayor éxito al interponerse entre el alma y el Salvador.[12]
La confusión: nada nuevo
Para Ellen White, las ideas conflictivas sobre la salvación y la confusión resultante no eran algo nuevo. Pronto, después que se prohibiera a Waggoner hacer sus presentaciones sobre los pactos en la primera parte de la asamblea pastoral de 1890, Ellen White se dio cuenta de que estaba a punto de repetirse el episodio de Mineápolis. Tal como sucedía con la ley en Gálatas, el asunto de fondo en la cuestión del pacto era cómo se salva el hombre. Ellen White comenzó a asistir a muchas de las reuniones, hablando diariamente por tres semanas, excepto en una o dos ocasiones.[13]
¿Estaban enseñando Jones y Waggoner algún tipo de herejía? ¿No tenía el hombre un papel que desempeñar en su salvación? Ellen White abordó ese importante tema por varios días en sus charlas matinales. No se anduvo con rodeos al ir al centro de la cuestión: ¿Cuáles son las condiciones de la salvación?
Se suscita la cuestión: ¿Cómo sucede? ¿Es mediante condiciones, como recibimos la salvación? Nunca hay condiciones para ir a Cristo. Y si vamos a Cristo, entonces, ¿cuál es la condición? La condición es que mediante una fe viva nos aferremos total y enteramente a los méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado.
Cuando hacemos así, estamos obrando las obras de justicia. Pero cuando Dios llama al pecador en nuestro mundo y lo invita, ahí no hay condición; resulta atraído por la invitación de Cristo y no hay tal cosa como: "Tienes que responder [de cierta manera] a fin de venir a Dios". El pecador viene, y al venir y ver a Cristo elevado en la cruz del Calvario, que Dios impresiona en su mente, hay un amor mayor del que cabe imaginar, al cual se ha aferrado. ¿Qué sucede entonces? … Hay arrepentimiento para con Dios; ¿y luego? -luego, hay fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien puede pronunciar el perdón sobre el transgresor. …
El diablo ha estado obrando durante un año para borrar esas ideas -la totalidad de ellas. Y cambiar las antiguas opiniones toma un arduo trabajo. Creen que han de confiar en su propia justicia y en sus propias obras, y continuar mirándose a ellos mismos, no apropiándose de la justicia de Cristo ni trayéndola a la vida y a su carácter.[14]
Sí, el hombre tiene un papel en su salvación. No debe luchar contra la atracción a la que invita la cruz del Calvario. Ha de resultar transformado contemplando, y mediante una fe viva se aferra "total y enteramente" a los méritos de Jesucristo.
Fue en aquel tiempo cuando Ellen White escribió su Manuscrito 36 de 1890. Con toda probabilidad aquel manuscrito se basó en sus charlas matinales dirigidas a los pastores reunidos en Battle Creek durante la asamblea pastoral. Se angustiaba al comprender que la mayoría de los obreros "enviados a la labor", ellos mismos no "entendían el plan de la salvación, ni en qué consiste la verdadera conversión; de hecho, están en necesidad de convertirse". Los pastores necesitaban que se los "iluminara" y "educara para centrarse de una forma más particular en temas que explican la verdadera conversión". El problema era que "desde los púlpitos han estado predicando hombres no convertidos". Estaban intentando presentar verdades que "sus propios corazones nunca habían experimentado". Sin embargo, cuando Dios envió un mensaje que contenía el remedio divino para la condición lamentable del ministerio, los hermanos respondían con observaciones "triviales", y hablaban "tan imprudentemente de las verdaderas ideas" de Jones y Waggoner. Ellen White no podía hacer otra cosa "excepto llorar", al pensar en los que estaban bajo el "hechizo de Satanás".[15]
Ellen White amonestó a quienes estaban bajo la "neblina de la perplejidad" a que prestasen oído al consejo del Testigo verdadero: "Necesitan el amor divino, representado por el oro refinado en fuego; necesitan las vestiduras blancas del carácter puro de Cristo; y necesitan el colirio celestial a fin de que disciernan con asombro la absoluta inutilidad del mérito de la criatura para ganar el salario de la vida eterna". La condición general en el ministerio estaba impidiendo que la iglesia completara su obra asignada:
Vez tras vez me ha sido presentado el peligro de albergar, como pueblo, ideas falsas sobre la justificación por la fe. Durante años se me ha mostrado que Satanás obraría de una forma especial para confundir la mente en este punto. Se ha insistido profusamente en la ley de Dios, y se la ha presentado a las congregaciones casi tan destituida del conocimiento de Jesucristo y de su relación con la ley, como lo estaba la ofrenda de Caín. Se me ha mostrado que muchos se han mantenido apartados de la fe a causa de las ideas mezcladas y confusas sobre la salvación, debido a que los pastores han procedido de la forma equivocada a fin de ganar los corazones. El punto que durante años se me ha venido urgiendo es la justicia imputada de Cristo. …
No hay punto en el que deba insistirse más fervientemente, ni repetirlo más frecuentemente o establecerlo más firmemente en las mentes de todos, que la imposibilidad de que el hombre caído pueda merecer cualquier cosa mediante sus propios mejores esfuerzos. La salvación es solamente por la fe en Jesucristo. …
Hágase claro y distinto el asunto de que no es posible conseguir nada en el terreno de nuestra posición ante Dios o en el don de Dios a nosotros mediante mérito en la criatura. … Existe la posibilidad de que se acepte la falsedad como si fuera verdad. Si alguien puede merecer la salvación por alguna cosa que él pudiera hacer, entonces está en la misma posición del católico que hace penitencia por sus pecados. En tal caso la salvación sería parcialmente una deuda que es preciso saldar mediante un pago. Si el hombre no puede, mediante ninguna de sus buenas obras, merecer la salvación, entonces ha de ser enteramente por gracia, recibida por el hombre pecador debido a que recibe y cree en Jesús. … Y toda esa controversia queda resuelta tan pronto como se establece que los méritos del hombre caído en sus buenas obras no pueden jamás procurarle la vida eterna. …
Los mortales pueden entrar en discusión abogando enérgicamente en favor de los méritos de la criatura y luchando cada uno por la supremacía, pero sencillamente no se dan cuenta de que todo el tiempo, en principio y en carácter, están tergiversando la verdad tal cual es en Jesús. …
Pregunto: ¿Cómo puedo presentar ese tema tal cual es? El Señor Jesús imparte todos los poderes, toda la gracia, todo el arrepentimiento, toda la disposición, todo el perdón de los pecados, al presentar su justicia al hombre para que este se aferre a ella con fe viva -que es igualmente el don de Dios. Si pudierais reunir todo cuanto hay de bueno, noble y hermoso en el hombre, y entonces presentarlo ante los ángeles de Dios como siendo una parte en la salvación del alma humana, o bien meritorio, esa propuesta sería rechazada como traición.[16]
A fin de que el mundo sea iluminado con la gloria de Cristo y su justicia, tiene que darse primero un conocimiento experimental de parte de quienes han de compartir el mensaje. No obstante, Ellen White dijo: "Oímos predicar tantas cosas que no son verdad en relación con la conversión del alma..." La causa del problema no era el mensaje que predicaron Jones y Waggoner, ya que "una fe sólida no lleva a nadie al fanatismo ni a actuar como el siervo infiel. Es el poder hechizador de Satanás el que lleva a los hombres a mirarse a sí mismos en lugar de mirar a Jesús":
Los hombres han sido educados a pensar que si alguien se arrepiente será perdonado, suponiendo que el arrepentimiento es el camino, la puerta al cielo; que el arrepentimiento conlleva algún valor que compra el perdón. ¿Puede alguien arrepentirse por sí mismo? No más de lo que puede perdonarse él mismo. …
Hay peligro en considerar la justificación por la fe como poniendo mérito en la fe. Cuando tomáis la justicia de Cristo como un don gratuito, sois justificados gratuitamente mediante la redención de Cristo. … quien dio la comprensión, movió el corazón, quien dirigió la mente por primera vez para que viera a Cristo en la cruz del Calvario. La fe es entregar a Dios los poderes intelectuales, dar a Dios la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta de entrada al reino de los cielos.
Cuando los hombres aprenden que no pueden ganarse la justicia por sus propios méritos u obras, y miran con firme y total dependencia a Jesucristo como su única esperanza, no habrá tanto del yo y tan poco de Jesús. Las almas y los cuerpos están contaminados por el pecado, el corazón está alejado de Dios, sin embargo muchos están luchando en su propia fuerza finita por ganar la salvación mediante las buenas obras. Piensan que Jesús obrará parte de la salvación, y ellos tienen que hacer el resto. Están en necesidad de ver la justicia de Cristo por la fe como su única esperanza ahora y siempre.[17]
Ellen White presentó esas ideas en un artículo de Review publicado poco tiempo después de la asamblea pastoral. Muchos tenían "ideas erróneas relativas a la naturaleza del arrepentimiento". Tenían la impresión de que uno "no puede venir a Cristo a menos que se arrepienta previamente, y que el arrepentimiento los prepara para el perdón de sus pecados". Sólo aquellos que tienen un corazón "contrito y quebrantado" "sentirán la necesidad de un Salvador. Pero, ¿ha de esperar el pecador hasta haberse arrepentido, antes de poder ir a Jesús? ¿Ha de ser el arrepentimiento un obstáculo entre el pecador y el Salvador?" El arrepentimiento es un don que se ha de recibir, tanto como lo es el perdón. Es Cristo quien está "atrayendo constantemente a los hombres hacia sí, mientras que Satanás procura con diligencia todo ingenio imaginable para alejar a los hombres de su Redentor". Eso es exactamente lo que Satanás estaba procurando hacer con el mensaje que tenía que alumbrar la tierra con su gloria:
Algunos de los hermanos han expresado temores de que insistamos demasiado en el tema de la justificación por la fe, pero espero y oro porque nadie se alarme sin necesidad, pues no hay peligro en presentar esta doctrina tal como está expuesta en las Escrituras. … Algunos de nuestros hermanos no están recibiendo el mensaje de Dios sobre este tema. Parecen estar ansiosos porque ninguno de nuestros pastores abandone su pasada forma de enseñar las buenas antiguas doctrinas. Preguntamos: ¿No es tiempo de que llegue luz fresca al pueblo de Dios, a fin de despertarlos a un mayor fervor y celo? [Satanás] ha arrojado su propia sombra oscura entre nosotros y nuestro Dios, a fin de que no podamos ver el verdadero carácter de Dios. …
Algunos me han escrito preguntando si el mensaje de la justificación por la fe es el mensaje del tercer ángel, y les he respondido: "Es en verdad el mensaje del tercer ángel". El profeta declara: "Después de esto vi otro ángel que descendía del cielo con gran poder, y la tierra fue alumbrada con su gloria". La luz, la gloria y el poder han de estar conectados con el mensaje del tercer ángel, y la convicción lo seguirá allí donde se lo predique en demostración del Espíritu. ¿Cómo va a saber cualquiera de nuestros hermanos cuándo viene esta luz al pueblo de Dios? Hasta ahora no hemos visto ciertamente la luz que responde a esa descripción. Dios tiene luz para su pueblo, y todo el que la acepte verá la pecaminosidad de permanecer en una condición de tibieza; oirá el consejo del Testigo verdadero.[18]
El mensaje de justificación por la fe que presentaron Jones y Waggoner era "en verdad el mensaje del tercer ángel", y fue asistido por "claridad, gloria y poder" del ángel de Apocalipsis 18 que alumbra la tierra con gloria. Ahora, ¿cómo podían reconocer los hermanos esa luz, si continuaban en una "condición tibia"? Su estado era tal, que no podían ver "la luz que responde a esa descripción". En consecuencia, Ellen White había declarado solemnemente con anterioridad: "Una cosa sé: que nuestras iglesias están muriendo por falta de enseñar el tema de la justicia por la fe en Cristo, y de verdades similares".[19]
La ley y el evangelio combinados
Una de las grandes inquietudes que los hermanos tenían con lo que estaban enseñando Jones y Waggoner era el temor a que la ley moral resultara menoscabada, descartando así el sábado, el mensaje del tercer ángel y la razón misma para la existencia de la iglesia. Sin embargo, Ellen White estaba segura de que el mensaje de Jones y Waggoner no menospreciaba la ley, sino que combinaba la ley y el evangelio de tal modo que, de ser comprendido, "alumbraría la tierra con su gloria".[20] En repetidas ocasiones se refirió a esa combinación vital como respuesta a toda la confusión y extremismo existentes, tanto dentro como fuera de la iglesia. Ellen White abordó ese tema importante en el Manuscrito 36 que se ha mencionado anteriormente. La "ausencia de devoción, piedad y santificación de la persona" vinieron, no como resultado de la enseñanza de Jones y Waggoner, sino "debido a la negación de Jesucristo, nuestra justicia":
Mientras que una clase pervierte la doctrina de la justificación por la fe y es negligente en cumplir las condiciones expuestas en la Palabra de Dios: "Si me amáis, guardad mis mandamientos", hay un gran error de igual magnitud por parte de quienes pretenden creer y obedecer los mandamientos de Dios, pero que se disponen a sí mismos en oposición a los preciosos rayos de luz -luz nueva para ellos- reflejada desde la cruz del Calvario. La primera clase no aprecia la grandiosidad en la ley de Dios para todos los que son hacedores de su Palabra. Los otros cavilan sobre trivialidades y descuidan los asuntos fundamentales: la misericordia y el amor de Dios. …
De una parte, los religiosos han divorciado en general la ley y el evangelio, mientras que nosotros, de la otra, hemos hecho casi lo mismo desde otra perspectiva. No hemos mantenido ante el pueblo la justicia de Cristo y el significado pleno de su gran plan de redención. Hemos dejado de lado a Cristo y su amor incomparable, hemos traído teorías y razonamientos, y hemos predicado discursos argumentativos.[21]
Ellen White escribió en lenguaje parecido en su artículo del 27 de mayo de 1890 en Review: "La relación de Cristo con la ley" no era más que "débilmente comprendida". Los hermanos rehuían la "presentación de la justificación por la fe". Pero Ellen White añadió: "Tan pronto como se descubre a Cristo en su verdadera posición en relación con la ley, desaparecerá la concepción errónea que ha habido respecto a este asunto importante. La ley y el evangelio están tan unidos, que es imposible presentar la verdad tal como es en Jesús sin fusionar ambos temas en perfecta armonía. La ley es el evangelio de Cristo velado; el evangelio de Cristo no es nada más y nada menos que la ley definida, mostrando sus principios de largo alcance".[22]
Esos pensamientos fueron, no sólo compartidos de forma pública, sino que Ellen White desgranó su significado posteriormente en su diario: "La ley y el evangelio van de la mano. El uno es complemento del otro. La ley sin fe en el evangelio de Cristo, no puede salvar al transgresor de la ley. El evangelio sin la ley es ineficaz y está desprovisto de poder. La ley y el evangelio son un todo perfecto. … Los dos fusionados … producen el amor y la fe no fingidos".[23]
En una entrada de su diario, justamente antes de la asamblea de la Asociación General de 1891, Ellen White enfatizó nuevamente esos puntos importantes. Existía temor por el "peligro de llevar demasiado lejos el asunto de la justificación por la fe, y de no prestar la debida atención a la ley". En contraste, ella "no [veía] causa para la alarma", dado que el tema se basaba, "no en ideas u opiniones de hombres, sino en un claro 'así dice el Señor'":
Se han hecho muchas observaciones al efecto de que en nuestros encuentros campestres los predicadores han insistido en la ley, la ley, y no en Jesús. Esa afirmación no es enteramente correcta, pero ¿acaso no tiene el pueblo cierta razón al hacer esas observaciones? … Muchos de nuestros pastores simplemente han sermoneado, presentando las cosas de forma argumentativa y a penas mencionando el poder salvador del Redentor. … ¿Por qué no se lo presenta al pueblo como el Pan vivo? -Porque no mora en los corazones de muchos que piensan que su deber es predicar la ley. …
Se deben predicar al pueblo la ley y el evangelio revelados en la Palabra; ya que la ley y el evangelio unidos traerán convicción de pecado. La ley de Dios, si bien condena el pecado, señala al evangelio, revelando a Jesucristo. … En ningún discurso debieran aparecer divorciados. …
Muchos han estado enseñando las demandas vinculantes de la ley de Dios, pero no han sido capaces de ver que Jesucristo es la gloria de la ley. … Muchos de nuestros hermanos y hermanas no disciernen las cosas maravillosas que se ven en la ley de Dios. …
La religión de muchos recuerda demasiado a una estalactita: está así de congelada. ... No pueden alcanzar los corazones de los demás, puesto que los suyos propios no están empapados del bendito amor que fluye del corazón de Cristo. … Insisten con severidad en el deber como si se tratara de un amo que rige con cetro de hierro, uno que es implacable, inflexible y poderoso, desprovisto del dulce amor y de la tierna compasión de Cristo. Otros van aun al extremo opuesto, haciendo prominentes las emociones religiosas, y en ocasiones especiales manifiestan celo intenso. …
Muchos cometen el error de intentar definir minuciosamente los finos puntos de distinción entre justificación y santificación.[24] Frecuentemente incluyen en las definiciones de esos dos términos sus propias ideas y especulaciones. ¿Por qué tratar de ser más minuciosos que la Inspiración en la cuestión vital de la justicia por la fe? ¿Por qué intentar elaborar cada uno de los detalles, como si la salvación del alma dependiera de que todos tengan exactamente la comprensión de ellos en ese asunto? … Estáis haciendo un mundo de un átomo, y un átomo de un mundo.[25]
Sólo unas semanas más tarde, Ellen White habló ante la Asociación General y ante quienes estaban siendo "indulgentes con el escepticismo y la infidelidad", rehusando el mensaje que Dios había enviado: "Cuando hablamos de la gracia de Dios, de Jesús y de su amor, cuando hablamos del Salvador como Aquel que es capaz de guardarnos del pecado y de salvar hasta lo sumo a todos los que se allegan a él, muchos dirán: 'Oh, temo que vayáis al mismo sitio que la gente de la santidad. Temo que estéis siguiendo los pasos del Ejército de Salvación'. Hermanos, no habéis de tener temor de las claras enseñanzas de la Biblia. … No permitáis que ningún hombre o mujer, o un partido o asociación os haga suprimir la preciosa luz que Dios ha permitido que brille desde el cielo en relación con los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesús".[26]
El resultado de divorciar la ley y el evangelio lleva siempre a los extremos y a la falsa doctrina. Los "religiosos", la "gente de la santidad" o los dispensacionalistas habían separado la ley del evangelio, fracasando en reconocer "las cosas maravillosas en la ley de Dios". Sin embargo, su comprensión del evangelio tampoco era correcta. Decían con "gran celo … 'Cree solamente y sé salvo; pero fuera con la ley de Dios'", y con ese mismo celo proclamaban ser "santos" e "impecables".[27] Muchos adventistas, "de otra parte, habían hecho lo mismo desde otra perspectiva". Habían fracasado en ver el pleno significado de "la justicia de Cristo y … su gran plan de redención". Tampoco habían comprendido la inmensidad de la ley; de otro modo, no habrían "pensado que sus propios méritos eran de valor considerable".[28] Ambos extremos tenían una idea falsa de lo que constituye la verdadera santidad.
El "mensaje preciosísimo" enviado mediante Jones y Waggoner no era la combinación de dos extremismos falsos, sino la verdad de la ley y el evangelio combinados: "Hay mucha luz que ha de brillar todavía a partir de la ley de Dios y el evangelio de la justicia. Este mensaje, entendido en su verdadero carácter y proclamado en el Espíritu, va a alumbrar la tierra con su gloria".[29] Los que dieron la espalda al mensaje, propiciaron a menudo puntos de vista conflictivos, algunos de ellos acusando al mensaje de perfeccionismo, mientras que otros de antinomianismo. No obstante, el verdadero mensaje fue una comprensión más clara, tanto de la ley como del evangelio en su gran poder al estar combinados. Se trataba de un mensaje completo que debía recibirse mediante una genuina fe viva que inevitablemente obraría por el amor. El mensaje no llevaba ni al liberalismo ni al legalismo, al antinomianismo ni al perfeccionismo.
Culpar al inocente
Ellen White fue categórica acerca de que la confusión que venía a la iglesia era el resultado de rehusar las bendiciones enviadas por el cielo. Pero otros no estaban tan seguros. La semana en que Washburn escribió a Ellen White preguntando acerca de lo que ocurría, Dan Jones estaba asistiendo a una asamblea pastoral en la ciudad de Kansas, unos cien kilómetros al norte de donde habían tenido lugar las reuniones de reavivamiento en Ottawa, Kansas, el año precedente. Observó que "algunos de los mejores pastores en el estado" se encontraban "bajo una nube, y en el camino del desánimo". Dan Jones atribuía tal desánimo a las "ideas exageradas que habían recibido de lo que nuestros hermanos [Jones y Waggoner] habían enseñado sobre el tema de la justificación por la fe". Los pastores [desanimados] habían "recibido la idea de que ahora tomamos la posición de que hemos de estar en una condición en la que no pecamos, que debe desecharse enteramente todo pecado".[30]
De forma bien extraña, no es solamente que había algunos confundidos respecto a los resultados genuinos de la fe verdadera que obra por el amor; otros "habían recibido de alguna forma la idea de que la doctrina de la justificación por la fe prácticamente eliminaba la ley". Por supuesto, Dan Jones afirmó que él "explicaba la posición que adoptamos sobre el tema de la justificación" con el apoyo del hermano Covert y el pastor Farnsworth, lo que hizo que los hermanos se sintieran "mucho mejor".[31] Informando unos días después a R. C. Porter, Dan Jones compartió más acerca de sus inquietudes y de sobre quién creía que recaía la culpa:
Se ha esparcido el rumor -ignoro cuánto crédito se le debe dar- de que la hermana White está llevando un testimonio contra el hermano Smith y el hermano Butler, que está agitando al capitán [Eldridge]. Espero que se demuestre que no es más que un rumor, y que todo confluya para que todo este asunto de Mineápolis y de los pactos se tranquilice por un tiempo, hasta morir en las mentes del pueblo.
Por lo que yo sé, ha habido un gran desánimo por todo el campo de labor, especialmente por parte de los pastores (bien pudiera estar igual de extendido entre los laicos, pero no hemos tenido aún la oportunidad de comprobarlo), que ha aparecido en relación con las lecciones de escuela sabática y con las conversaciones que ha habido a propósito de los pactos y de la ley en Gálatas. Algunos de nuestros mejores pastores no parecen saber qué creer y se encuentran en una situación de quebranto general. … La razón para tal desánimo fue la llegada de nuevas doctrinas, lo que trastornó a nuestro pueblo respecto a los antiguos hitos, de forma que no sabían qué predicar al regresar al campo de labor. … Al desechar doctrinas antiguas y aceptadas, y recibir otras nuevas, no sentían gran seguridad de que las que ahora aceptaban fuesen a ser desechadas en el futuro para tener que aceptar otras nuevas en su lugar. Veo que la agitación sobre la cuestión del pacto y la justificación por la fe no ha perdido nada de su fuerza al alcanzar las diferentes partes del campo de labor; al contrario, ha ganado fuerza y ha adquirido rasgos objetables hasta el punto de que hoy la ven en una luz mucho peor de la que en realidad le corresponde. Cómo me gustaría que los hermanos dirigentes se reunieran y resolvieran todas esas cuestiones entre ellos mismos, en lugar de traerlas ante el público donde la influencia se esparcirá y desanimará a los hermanos en todas las partes del campo de labor, debilitando sus manos en la obra que Dios les ha encomendado.[32]
Lejos de anhelar que los hermanos se arrepintieran, Dan Jones esperaba que los Testimonios guardaran silencio. Deseaba que se reunieran y resolvieran el asunto, no dándose cuenta de que las dos reuniones especiales tenidas en Battle Creek habrían logrado precisamente eso si los corazones hubieran estado dispuestos a aceptar la evidencia. Dan Jones tenía una visión suficientemente clara como para ver que había problemas por todo el campo de labor, pero las tinieblas creadas por las chispas del fuego de su propia tea le produjeron ceguera respecto a la causa real. Él sentía que había un "marcado contraste" entre las lecciones de escuela sabática del segundo trimestre (escritas por J. H. Waggoner) y las que habían empleado durante el invierno (escritas por E. J. Waggoner): "Las lecciones actuales [de J. H. Waggoner] están llenas de esperanza, fe y valor. Las disfruto extraordinariamente y sé que contienen alimento para nuestro pueblo en cualquier lugar. Cuán desafortunado me parece que las otras [de E. J. Waggoner] no hayan tenido el mismo carácter … Lo que encontramos en este mundo es una mezcla de bien y mal, frecuentemente con una gran preponderancia del mal. He llegado a la conclusión de que incluso entre los adventistas del séptimo día nos es necesario prestar oído al consejo del apóstol: 'Examinadlo todo y retened lo bueno' … Si no resiste la prueba, se lo debe rechazar".[33]
Hacia finales de verano, Dan Jones estaba dispuesto a admitir a E. W. Farnsworth que si bien todos profesaban creer en la justificación por la fe, muchos, de hecho, estaban luchando en contra de ella. Fue también lo suficientemente sincero como para admitir que habían florecido sentimientos de celos como consecuencia de ver a tantos miembros hambrientos aceptando el mensaje que nunca antes habían oído o comprendido:
También yo he pensado bastante en este asunto, y mi mente ha trabajado en la misma línea que la suya. He pensado una y otra vez, y he llegado a la conclusión de que la posición tomada por quienes no apoyaron plenamente el punto de vista de la justificación por la fe al mismo tiempo que profesaban creer plenamente en esa doctrina, equivalía en la práctica a oponerse a ella. Sé que no hay nadie dispuesto a reconocer que no cree en la justicia por la fe. Todos creemos en ella, y pretendemos apoyarla plenamente; pero tal como usted dice, no hemos simpatizado con quienes se han especializado en presentar ese tema al pueblo, y para nosotros ha resultado casi mortificante observar cómo el pueblo hambriento la recibe tal como se les ha presentado. No tengo inconveniente en confesar que mis sentimientos no han sido los correctos al respecto.[34]
No obstante, tan pronto como Dan Jones hizo esa confesión, comenzó a buscar excusas para sus sentimientos y acciones. No estaba "todavía dispuesto a decir" que había hecho "mal, y el Dr. Waggoner … bien" en el asunto de los pactos: "Lo que más he criticado en el curso de acción de quienes han urgido el tema de la justificación y algunas otras cuestiones es el espíritu en el que se ha hecho. No puedo creer que se haya hecho en el espíritu de Cristo. Todo el tiempo he objetado más a eso que al propio contenido. Pero … quizá hemos mirado más a los hombres que estaban llevando a cabo la obra y a la forma en la que se la ha llevado adelante, que a la propia obra".[35]
¡Ni herejía ni fanatismo!
Muchos de los que se opusieron al mensaje presentado por Jones y Waggoner vacilaban respecto a las razones de su oposición. En ocasiones era el contenido del mensaje el objeto de sus reparos, mientras que en otras ocasiones se aducía el espíritu de los mensajeros como razón para la oposición. Ellen White dio respuesta a ambas objeciones. En un artículo impreso en Review al poco tiempo de la asamblea pastoral de 1890, Ellen White expuso el pensar de quienes objetaban. Debido a que muchos sentían que no podían aceptar el mensaje de verdad que se presentaba, se volvieron contra los mensajeros procurando buscar faltas en ellos a fin de justificar sus dudas. Ellen White dio una de sus más severas advertencias al respecto: el fuerte pregón no iba a ser comprendido; se llamaría falsa luz a la lluvia tardía:
No os dispongáis como muchos de vosotros habéis hecho, aparentemente vacilando entre confiar en la justicia de Cristo y confiar en vuestra propia justicia. El engaño se ha cernido en algunas mentes hasta el punto de pensar que sus propios méritos tenían un valor considerable. …
Todos habrán de decidirse enteramente por Dios o por Baal. Dios ha enviado a su pueblo testimonios de verdad y justicia. Aquellos a quienes Dios ha enviado con un mensaje son sólo hombres, pero ¿cuál es el carácter del mensaje que traen? ¿Os atreveréis a rechazar, o tomar a la ligera las advertencias debido a que Dios no os ha consultado vuestras preferencias? Dios llama a hombres que hablarán, que clamarán a voz en cuello y no se detendrán. Dios ha suscitado a sus mensajeros para que cumplan su obra para este tiempo. Algunos han dejado de lado el mensaje de la justicia de Cristo para criticar a los hombres y sus imperfecciones, debido a que no presentan el mensaje de verdad con toda la gracia y refinamiento deseables. Tienen demasiado celo, son demasiado entusiastas, hablan de forma demasiado positiva, y el mensaje que traería sanación, vida y bienestar a muchas almas agotadas y oprimidas queda hasta cierto punto excluido. … Cristo ha tomado nota de todas las palabras duras, orgullosas y despectivas pronunciadas contra sus siervos, como si se hubieran pronunciado contra él.
El mensaje del tercer ángel no va a ser comprendido; los que rehúsen andar en su gloria creciente llamarán falsa luz a la luz que va a alumbrar la tierra con su gloria. La obra que pudo haberse hecho, va a quedar sin realizarse por parte de quienes rechazan la verdad, debido a su incredulidad. A vosotros que os oponéis a la luz de la verdad, os rogamos que dejéis de interponeros en el camino del pueblo de Dios. … Se han enviado al pueblo de Dios mensajes que llevan las credenciales divinas. … Sabemos que Dios ha obrado entre nosotros. … No penséis que habéis captado todos los rayos de luz, que no hay mayor iluminación que haya de venir a nuestro mundo.[36]
Exactamente tres meses después, Ellen White volvió de nuevo a clarificar la razón de la confusión que había venido a la iglesia. No era el mensaje ni el espíritu de los mensajeros, sino el espíritu de los que estaban resistiendo:
El espíritu de resistencia exhibido ante la presentación de la justicia de Cristo como nuestra única esperanza ha contristado al Espíritu de Dios, y a resultas de esa oposición se ha debido presentar ese asunto de la forma más ferviente y decidida, haciendo que se investigue profundamente el tema y que se reúna una serie de argumentos que el propio mensajero no sabía que fueran tan sólidos, plenos, consistentes, en relación con el tema de la justificación por la fe y la justicia de Cristo como nuestra única esperanza. …
Me ha causado gran tristeza de corazón el ver que quienes debieran estar dando un sonido certero a la trompeta … para preparar al pueblo a que resista en el día del Señor, están en las tinieblas y han actuado como centinelas que bloquean el camino a fin de que el desorden que producen traiga confusión y malentendido. Satanás ve que es su momento para pasar al ataque. Prevalecerán el fanatismo y los errores, y los hombres que debieran haber estado en la luz … se han ejercitado en el lado equivocado, oponiéndose a lo que venía de Dios. … Muchísimos perciben como errónea su posición [de Jones y Waggoner], y claman: "Peligro, fanatismo", siendo que no hay herejía ni fanatismo. …
Ahora las iglesias tienen una piedra de tropiezo puesta ante sus pies, que no es fácil de quitar, y si quienes han estado implicados en esto no ven ni reconocen dónde han contristado al Espíritu de Dios y hacen confesión de sus errores, con seguridad se cernirán alrededor de sus almas tinieblas aún más densas. Resultarán cegados y llamarán tinieblas a la luz y luz a las tinieblas, y no discernirán la luz cuando esta llegue, luchando contra ella.[37]
En el libro El conflicto de los siglos, impreso el verano de 1888, Ellen White describió las tinieblas que sobrevinieron a las iglesias protestantes cuando rechazaron la luz de los mensajes del primero y segundo ángeles. Había aquí una clara advertencia: "La oscuridad espiritual que cae sobre las naciones, iglesias e individuos se debe, no a la retirada arbitraria del auxilio de la gracia divina de parte de Dios, sino del descuido o rechazo de la luz divina de parte de los hombres. …
Allí donde se desdeñe o menosprecie la verdad divina, la iglesia quedará sumida en las tinieblas; se enfriarán el amor y la fe, y harán aparición el distanciamiento y la disensión. Los miembros de iglesia centran su interés y energías en intereses mundanos y los pecadores se endurecen en su impenitencia".[38]
La oscuridad que estaba cayendo sobre muchos en la iglesia adventista del séptimo día en 1890 no fue el resultado del mensaje que dieron Jones y Waggoner ni tampoco de un espíritu ofensivo por su parte, sino que fue el resultado directo de desdeñar y menospreciar la verdad divina. No sólo hicieron "aparición el distanciamiento y la disensión" en la obra, sino que también -como veremos en el próximo capítulo- se fueron introduciendo políticas mundanas, y se fueron enturbiando la visión y el mensaje que debía darse al mundo.
Notas: