El Retorno de la Lluvia Tardía

Capítulo 17

Libertad religiosa

"No deis los primeros pasos en el camino que lleva a la Inquisición"

Si Dan Jones era crítico con Waggoner en lo referente a las lecciones de escuela sabática, lo era todavía más hacia la obra de A. T. Jones en favor de la libertad religiosa. En 1887, la Asociación General instituyó el comité de Libertad Religiosa para servir en aquella obra trascendental, eligiendo a A. T. Jones como presidente. El incremento de legislación enfocada a instigar leyes dominicales añadió urgencia a la necesidad de publicar sobre libertad religiosa. A petición de E. J. Waggoner, la Asociación General nombró a A.T. Jones como delegado para comparecer ante el Senado, para oponerse a la propuesta de Blair.[1] En julio de 1889, la National Religious Liberty Association (NRLA) substituyó a Religious Liberty Committee [ambas eran instituciones adventistas]; Clement Eldridge sustituyó a A. T. Jones como presidente, y Dan Jones vino a ser el vicepresidente. American Sentinel, aunque sin estar conectada de forma oficial con la NRLA, era la revista oficial de la iglesia sobre libertad religiosa. Siendo sus redactores A. T. Jones y E. J. Waggoner, Sentinel había alcanzado una circulación anual de más de 260.000 ejemplares hacia 1889, y jugó un papel destacado en alertar a los ciudadanos de Estados Unidos acerca de la crisis inminente de la legislación dominical.[2]

Debido a que Jones y Waggoner habían pasado tanto tiempo en el Este desde 1889, C. P. Bollman vino a ser jefe de redacción local de Sentinel en California. Pero no todos apreciaban su obra ni la de los editores de Sentinel, mediante la que tanto se había hecho.

En fecha tan temprana como diciembre de 1888, Ellen White declaró que Sentinel se había publicado "según disposición de Dios, [siendo] una de las voces de alarma para que la gente pudiera oír y comprender su peligro, haciendo la obra que el momento actual requiere". No obstante, lamentaba que "se podría haber hecho mucho con el Sentinel, si no hubieran estado operando influencias contrarias [dentro de la iglesia] a fin de impedirlo, … para dejar sin efecto las advertencias [dadas]".[3]

En el congreso de la Asociación General de 1889, la recién instituida NRLA introdujo reglamentos que intentarían obstaculizar todavía más la obra de Sentinel. Si bien esta última no estaba oficialmente bajo la jurisdicción de NRLA, muchos de sus miembros dirigentes, incluyendo a Dan Jones y Clement Eldridge, reclamaban el control total del contenido de la publicación.[4]

A pesar de que A. T Jones había sido extraordinariamente exitoso en su obra en favor de la libertad religiosa, hablando por dos veces contra la propuesta de Blair ante el Comité de Educación y Trabajo del Senado de Estados Unidos, Dan Jones y muchos otros no apreciaban lo que ellos percibían como "posiciones extravagantes" en A. T. Jones. Todo ello llegó a su culminación a comienzos de 1890, más o menos en el mismo tiempo en que se estaba introduciendo en el congreso la nueva legislación dominical.

Escribiendo a A. W. Allee a finales de enero, Dan Jones dio consejo contrario a invitar a Jones y Waggoner -"campeón anti-reforma nacional"- a unas asambleas organizadas en Missouri. Dan Jones no tenía "mucha confianza en algunas de sus maneras de presentar las cosas. Intentan llevárselo todo por delante y no admiten la posibilidad de que su posición se someta al más mínimo criticismo". Dan Jones afirmaba también que "nuestros hombres más capaces -los hermanos Smith, Littlejohn, Corliss, Gage y otros- no están de acuerdo con ellos en muchas de las posiciones que toman en la Reforma Nacional, y en algunas cuestiones teológicas". Debido a lo anterior, Dan Jones pensaba que Allee "no querrá traer ese espíritu al congreso de Missouri" junto a la "teoría de alto copete que nunca ha funcionado, y nunca lo hará en el sitio que sea".[5] Durante el tiempo de la asamblea pastoral Dan Jones expresó a otros sentimientos similares.

Dijo a C. H. Jones, administrador de Pacific Press, que fue "esa disposición a avasallar y sacar ventaja, que parece ser tan manifiesta tanto en el Dr. Waggoner como en el pastor A. T. Jones, la que hace que sus labores resulten desagradables para algunos de los hermanos aquí en Battle Creek, creo; y nosotros podemos dar buena fe de ello".[6]

A comienzos de 1890 los hermanos decidieron trasladar de nuevo Sentinel a la oficina de Pacific Press en la ciudad de Nueva York. Eso acercaría Sentinel al corazón de la obra en pro de la libertad religiosa, y al lugar desde el que A. T. Jones podría supervisar mejor su producción. Cuando C. P. Bollman -jefe de redacción local de Sentinel- regresó de San Francisco para viajar a Nueva York, se detuvo algunos días en Battle Creek. Quería hablar con Clement Eldridge, presidente de NRLA, a propósito de "la posición que debía sostener Sentinel respecto a la asociación NRLA". En ausencia de Eldridge, el vicepresidente Dan Jones respondió a la petición de Bollman. Le habló "con franqueza sobre Sentinel y sus posiciones extravagantes y personalismos innecesarios; le dijo llanamente que él no había participado en ninguna de las dos cosas". Luego se llamó a A. T. Jones, W. C. White y algunos otros, para "hablar de nuevo sobre el asunto". Dan Jones compartió sus puntos de vista, diciéndoles "que hasta que no se dé un cambio en el tenor de la publicación, tendré que oponerme a que esté conectada de la forma que sea con la asociación NRLA". Aunque "no hubo promesas", Dan Jones admitió que había habido "una mejora considerable" tres meses después que la publicación se hubiera trasladado a Nueva York. Pero seguía sin estar totalmente satisfecho, de forma que continuó manteniendo "correspondencia privada", intentando que la publicación continuara mejorando: "Algunas de sus sutilezas son ridículas, y no debieran figurar en una publicación como esa".[7]

W. C. White, por su parte, no veía las cosas de esa forma. Escribiendo a A. T. Jones para decirle que había recibido los "borradores" para el próximo Sentinel, White afirmó con franqueza: "Estamos haciendo todo lo que podemos para incrementar la circulación de Sentinel".

Aunque él también pensaba que había habido cierta mejora en la publicación, en relación con "declaraciones tajantes y frases duras" desde que se trasladó a Nueva York, no veía la publicación en la misma luz que Dan Jones: "Le ruego que haga todo lo que esté en su mano para asegurarnos que disponemos en fecha temprana de los artículos necesarios para nuestra obra actual".[8]

Ellen White, que por entonces se encontraba en Battle Creek, no se pronunció a propósito de Sentinel, pero su silencio no iba a durar mucho tiempo. Fue hacia finales de 1890 cuando se volvió a manifestar específicamente en enérgico apoyo hacia la obra de A. T. Jones en favor de la libertad religiosa en las páginas de Sentinel. Aunque Jones y Waggoner no eran más que hombres y estaban sujetos a las debilidades humanas, Ellen White había advertido repetidamente a los hermanos en contra de ir buscando faltas en ellos a fin de excusar su rechazo al mensaje actual: "No os apropiéis de cada objeción, por pequeña que sea, y la engrandezcáis tanto como sea posible, preservándola para su utilización futura. Nadie ha dicho que hayamos de encontrar perfección en las investigaciones de ningún hombre".[9] Amonestó con severidad a los hermanos incrédulos, en términos como estos: "Sed cuidadosos, cada uno de vosotros, con la posición que adoptáis, si os rodeáis de nubes de incredulidad debido a que veis imperfecciones; veis una palabra o quizá alguna cosa de importancia menor que puede suceder, y los juzgáis de acuerdo con eso. Tenéis que ver lo que Dios está haciendo mediante ellos. Tenéis que decidir si Dios está obrando con ellos, y entonces debéis reconocer el Espíritu de Dios que se revela en ellos. Y si escogéis resistirlo, estaréis actuando precisamente tal como hicieron los judíos".[10]

Hechos que hablan por sí mismos

El 6 de enero de 1890, W. C. P. Breckenridge, representante por Kentucky, introdujo un proyecto de ley enfocado a "evitar que cualquiera pudiera ser obligado a trabajar en domingo" en el distrito de Columbia. Los adventistas del séptimo día sostenían que la propuesta era engañosa, puesto que nadie iba a ser obligado a trabajar en domingo. Su auténtica intención [oculta] era forzar a la gente a que reposara en domingo. La propuesta parecía ser un paso inicial en el camino de la legislación religiosa que conduce a las leyes dominicales en su plenitud.[11]

Las emociones subieron de nivel en una muy bien promocionada Convención en pro de la Ley Dominical organizada en Washington, D. C. a primeros de aquel año. El reverendo Wilber F. Crafts, promotor de la Ley Dominical Nacional, habló de forma muy crítica sobre los adventistas del séptimo día, de quienes dijo que estaban luchando ardientemente en contra del proyecto de ley a pesar de las "provisiones liberales" que incluía. Un segundo conferenciante denunció a los adventistas como siendo "'una secta insignificante de fanáticos de mente estrecha'" que hacían causa común con los ateos, secularistas y socialistas en su oposición a la propuesta. Un tercer orador lanzó un "ataque personal contra Alonzo Jones … por sus esfuerzos dirigidos a derrotar la propuesta". Ese estado emocional continuó durante la audiencia inicial de la propuesta.[12]

Finalmente, el 18 de febrero de 1890, tuvo lugar una audiencia de la propuesta de Breckenridge ante el Comité de la Cámara. A. T. Jones, junto a otros dos adventistas del séptimo día, comparecieron ante el Comité, hablando en contra de la propuesta. Jones no sólo arguyó poderosamente contra la constitucionalidad de la propuesta de ley, sino que empleó argumentos de uno de los propios libros del reverendo Craft para demostrar que no había necesidad alguna de una tal legislación. "Después de la audiencia, miembros del Comité del Congreso estrecharon las manos" de A. T. Jones y de los otros "representantes [adventistas] … y les felicitaron por la fortaleza de su posición, mientras que los defensores de la ley dominical "'se alejaron silenciosamente'". El Comité de la Cámara quedó aparentemente convencido de que la propuesta era religiosa, y que violaba la Primera Enmienda. La proposición de ley de Breckenridge fue derrotada.[13]

De regreso a Battle Creeck tras la audiencia, A. T. Jones dio una charla en la reunión devocional pastoral la mañana del 20 de marzo de 1890. O. A. Olsen informó estar "vivamente interesado en conocer la forma en que la providencia de Dios había obrado ante nosotros". El Señor "lo había dirigido" de forma que ciertas personas estuvieron en el sitio y momento oportunos, y "todas las cosas encajaron de forma tan exacta y apropiada", que no cabía dudar de la dirección del Señor:

El hermano Jones afirmó también que nunca había percibido las bendiciones de Dios en una medida tal como cuando habló ante el comité de la cámara en la última audiencia. Dijo que era como si se le aparecieran escritas en la pared o suspendidas en el aire ante él las frases que tenía que pronunciar; y no era sólo que ellos mismos sintieron que tenían la bendición, sino que todos los presentes pudieron darse cuenta de que estaba allí el poder de Dios de la forma más evidente. Todas esas cosas son indicaciones animadoras.[14]

Dan Jones informó que "fue impresionante oír [a A. T. Jones] informando de ello, y acerca de cómo el Espíritu Santo obró allí en su favor". En ocasiones "durante su discurso, parecía que las palabras y las frases aparecían allí ante sus ojos, tan claramente como si estuvieran escritas, y parecía estar leyéndolas como si estuvieran suspendidas ante él en grandes caracteres". Realmente el Señor había escogido el hombre apropiado para la obra, y lo había bendecido con su Espíritu.[15]

Pero incluso con toda aquella evidencia de que el Señor estaba usando a A. T. Jones en la realización de una gran obra, Dan Jones era un hombre convencido en contra de su voluntad, de forma que seguía manteniendo la misma opinión. Tan pronto como terminó de informar acerca de la experiencia providencial de A. T. Jones en Washington, volvió a su crítica relativa al "lamentable aspecto" de las cosas, debido a que Jones y Waggoner habían traído la ley en Gálatas y el asunto de los pactos.[16]

Ellen White estaba justificadamente preocupada por la disposición [contraria] de los hermanos hacia Jones y Waggoner. Desdeñando toda la evidencia de que "Dios está obrando con ellos", y fallando en "reconocer el Espíritu de Dios que se revela en ellos", los hermanos estaban "actuando precisamente como actuaron los judíos".[17] Fue en aquel tiempo cuando Ellen White escribió en Patriarcas y profetas: "Es casi imposible a los hombres infligir a Dios mayor insulto que el que consiste en menospreciar y rechazar los instrumentos que él quiere emplear para salvarlos".[18]

Pero la preocupación de Ellen White superaba el ámbito de los hermanos dirigentes. Le inquietaban los "hombres jóvenes" que "observaban para ver con qué espíritu abordaban los pastores la investigación de las Escrituras; si tenían un espíritu dispuesto a aprender y tenían la humildad necesaria para aceptar la evidencia y recibir luz de los mensajeros enviados según elección divina". En consecuencia los amonestó así: "Los hombres jóvenes debieran escudriñar las Escrituras por ellos mismos. … Los judíos perecieron como nación debido a que fueron desviados de la verdad por sus gobernantes, sacerdotes y ancianos. Si hubieran dado oído a las lecciones de Jesús y escudriñado las Escrituras por ellos mismos, no habrían perecido".[19] Escribiendo en Signs of the Times, Ellen White subrayó ese punto crucial:

Si el Señor revelara luz según su propio plan, muchos no la respetarían o comprenderían; ridiculizarían al portador del mensaje de Dios como uno que se ha puesto a sí mismo por encima de quienes estaban mejor calificados para enseñar. Las autoridades papales primeramente ridiculizaron a los reformadores, y al ver que eso no asfixiaba el espíritu de investigación, los encerraron entre paredes en las prisiones. … Debiéramos ser muy cautos en dar los primeros pasos en ese camino que lleva a la Inquisición. La verdad de Dios es progresiva; avanza siempre, yendo de fortaleza en fortaleza, de luz en una luz aún mayor. Tenemos buena razón para creer que el Señor nos va a enviar mayor verdad, pues queda aún por hacer una gran obra … Se ha perdido mucho debido a que nuestros pastores y gente han llegado a la conclusión de que ya hemos tenido toda la verdad esencial para nosotros como pueblo; pero una conclusión como esa es errónea y armoniza con los engaños de Satanás; ya que la luz estará siempre desplegándose.

Debe ejercerse el mayor cuidado a fin de no despreciar al Espíritu de Dios tratando con indiferencia y desdén al mensajero y a los mensajes que Dios envía a su pueblo, rechazando así la luz debido a que nuestros corazones no están en armonía con Dios.[20]

La escuela ministerial de 1890-1891

A mediados del verano de 1890 ya se estaban haciendo planes para un segundo encuentro ministerial en Battle Creek. El seminario comenzaría el 31 de octubre y duraría 16 semanas, terminando el viernes 27 de febrero de 1891, unos pocos días antes del previsto comienzo del congreso de la Asociación General. O. A. Olsen y W. C. White hablaron con A. T. Jones a propósito de que diera nuevamente clases en el seminario, junto a E. J. Waggoner. Cuando C. H. Jones supo de ello, dijo estar "un tanto sorprendido" de que Jones y Waggoner fueran "seleccionados para enseñar en cualquier seminario como ese, siendo que su teología había sido tan severamente criticada". Además, como administrador de Pacific Press quería "saber algo un poco más definido", ya que los planes "les afectarían de forma muy concreta". A decir de C. H. Jones, Waggoner había efectuado una labor "que muy pocos pueden hacer tan bien como él. No sólo se encarga de Signs, sino que es presidente del comité editorial de Young People's Library, que es de por sí una publicación muy importante. Junto a eso, su prolongada estancia aquí lo ha familiarizado con todas las ramas de nuestra obra, de lo que puede sacar ventaja en casi cualquier situación". Sea cual fuere el plan que se llevara a cabo, "alguien tenía que consultarlo inmediatamente con el Dr. Waggoner. No se puede esperar que lo deje y se vaya repentinamente de casa".[21]

Cuando Ellen White oyó las noticias de que a Waggoner se le iba a "invitar al Este para participar en las asambleas pastorales y enseñar en el seminario", sintió congoja: "Quisiera que el Dr. Waggoner enseñe … y creo que es su lugar, pero ¿puede ver la lamentable condición de las cosas aquí?" Ellen White podía describir la situación en California como "ciertamente deplorable". En la costa del Pacífico se podía encontrar "a penas un hombre que tuviera un mínimo de influencia". Cuando "A. T. Jones vino al Este, y luego también el Dr. Waggoner y Charlie Jones, se quitó demasiado a la vez".[22] Sin embargo, Ellen White añadió: No envíe a R. A. Underwood para suplirlo. Dado que "sigue aún en su estado de oposición, con sus sentimientos en lucha contra A. T. Jones y E. J. Waggoner, manténgalo en el Este; no le conceda un territorio amplio en el que pueda circular y sembrar ampliamente la semilla de la envidia, los celos y la rebelión".[23]

En septiembre, Dan Jones hablaba más positivamente del próximo instituto: "Todo parece favorable a que haya una buena asistencia al seminario para pastores. Siendo el profesor Prescott el principal y uno de los ponentes destacados, y viniendo también el pastor Smith como ponente destacado, y el Dr. Waggoner para conectar con su celo y energía, creo que el seminario va a ser de auténtico valor para todos los que asistan". Una de las razones por las que Dan Jones aceptaba que Jones y Waggoner fueran instructores en el seminario pudo haber sido la constatación de su propio "desfallecimiento espiritual". Desde la última asamblea pastoral y a partir de los acontecimientos sentía que "había estado perdiendo terreno espiritualmente". No obstante, no estaba "en disposición de reconocer" que "había obrado mal y el Dr. Waggoner bien en aquel asunto". Eso sí, Dan Jones tuvo la sinceridad para reconocer que el Espíritu de Dios estaba obrando: "El hermano A. T. Jones hizo una corta visita aquí anteayer, en su camino hacia la costa del Pacífico. Está pletórico de celo y energía. Nadie puede hablar con él, o escucharle hablar, sin quedar impresionado con la idea de que va en serio y de que tiene en él el Espíritu de Dios".[24]

Cuando se inauguró la asamblea pastoral había cerca de sesenta pastores presentes, y "todavía más por venir". W. W. Prescott, E. J. Waggoner, y W. A. Colcord serían los presentadores principales, a los que se añadiría Uriah Smith. Tras la semana de apertura muchos sintieron que las reuniones comenzaban de forma positiva, "como si lo hubiésemos reanudado, justo en el punto en que lo dejamos la pasada primavera". Había una gran expectativa de que como resultado de aquellas reuniones se diera un "avance, no sólo en nuestro conocimiento de la Biblia y en cómo aplicarnos a su estudio, sino en la experiencia espiritual".[25] Debido a la ansiedad de Dan Jones porque no se diera una repetición de lo sucedido el año precedente, Prescott accedió a "asignar" el tema a Waggoner, en lugar de permitir que él mismo lo eligiera. El propio Prescott enseñaría el asunto delicado: la clase relativa al libro de Gálatas.[26] Ellen White, por su parte, sentía ansiedad respecto a que Uriah Smith enseñara en el seminario:

Se coloca a Smith en posiciones como instructor para moldear y dar forma a las mentes de los estudiantes, cuando es un hecho bien conocido que no está caminando en la luz; no está obrando según el orden de Dios. Está sembrando semillas de incredulidad que brotan y llevan fruto que algunas almas van a cosechar. …

Considero que la posición y obra de los pastores Butler, Farnsworth, Smith y otros muchos consiste en trastornar la fe del pueblo de Dios mediante cosas que dicen y que no debieran decir, y mediante cosas que no dicen y debieran decir. Y ese estado de cosas -incredulidad, prejuicio y fariseísmo- está leudando la iglesia. … Han dispuesto de toda la evidencia que jamás se les vaya a dar en la manifestación del fruto del Espíritu de Dios asistiendo a los mensajes dados, pero han cerrado sus ojos a fin de no ver y han endurecido sus corazones a fin de no poder sentir. Se ha contristado al Espíritu de Dios, y su comprensión está de tal forma entorpecida, que no son conscientes de ello. …

Se hace mucho trabajo superficial por doquier, y los esfuerzos que se han realizado en los últimos pocos años tienden a desviar la atención, de modo que Israel no pueda discernir sus deserciones y Dios retira de ellos su Espíritu, de forma que quedan envueltos en tinieblas tal como sucedió a la nación judía.[27]

Las preocupaciones de Ellen White demostraron ser justificadas. Cuando llegó a oídos de G. I. Butler que W. W. Prescott estaba enseñando la "posición absurda" de Waggoner sobre el libro de Gálatas, respondió disgustado: "¡Cómo! ¿Ha llegado el momento de tener que adoctrinar las mentes de los jóvenes en cosas como esas?"[28] No obstante, la mayoría de los pastores asistentes lo veían de forma distinta, estudiando con provecho y disfrutando por poder ser partícipes de aquella obra. Ese parece ser el resumen general de la asamblea pastoral. Quienes asistieron a las reuniones resultaron grandemente bendecidos, mientras que quienes se mantuvieron al margen encontraron solamente algo que criticar.

Hacia finales de noviembre estaban presentes "cerca de 100", esperándose "que vinieran otros más". Los informes de las reuniones continuaban todavía siendo muy positivos: "Se manifiesta el mayor de los intereses. Instructores y estudiantes están gozando grandemente del Espíritu de Dios. … Anhelamos ver a nuestro pueblo en todo lugar bebiendo sorbos más profundos del pozo de la salvación".[29]

Hasta el propio E. J. Waggoner dio un informe positivo a Ellen White cuando llevaba menos de un mes en el instituto: "Se alegró porque las reuniones estuvieran impregnadas de una atmósfera enteramente diferente a la que hubo el pasado año en la asamblea pastoral". Ellen White pudo "agradecer a Dios por ese testimonio".[30] Tras haberse clausurado la asamblea pastoral, O. A. Olsen informó a la Asociación General que "para nosotros resulta imposible estimar la suma del bien efectuado por esos seminarios. Ha estado presente la bendición de Dios en una gran medida".[31] Una vez más, si eso fuera todo cuanto se hubiera podido informar sobre las reuniones, sería todo perfecto, pero la historia no miente cuando le dejamos hablar.

Ellen White, aunque agradecida por las bendiciones recibidas, seguía estando muy preocupada por la situación general del ministerio. Algunos de los que asistían a las reuniones estaban haciendo sugerencias y planteando preguntas "llenas de incredulidad". Se habían dado "una multitud de expresiones con muy poco conocimiento substancial, muy poco avance en los principios consistentes".[32] Además, algunos de los hermanos relacionados con la obra no querían "asistir a las reuniones" y estaban temerosos por lo que se estaba enseñando.[33] En la reunión de clausura de la asamblea pastoral, Ellen White habló acerca de "asuntos que impresionaban profundamente su mente":

Me referí al temor que han expresado algunos que no eran miembros de la asamblea pastoral, y que no estuvieron en modo alguno presentes en las clases de Biblia del seminario -un temor a que hubiera peligro de llevar el tema de la justificación por la fe demasiado lejos, y de no insistir suficientemente en la ley. Juzgando a partir de las reuniones a las que he tenido el privilegio de asistir, no pude ver motivo para la alarma, de forma que me sentí llamada a manifestar que los que albergaban dicho temor fueron quienes no habían oído todas las preciosas lecciones que se habían dado, y por consiguiente no estaban autorizados para llegar a tal conclusión. …

Al brillar sobre nuestro camino preciosos rayos del Sol de justicia, algunos han abierto plenamente el corazón dando la bienvenida a la luz enviada por el cielo. … Otros han estado en necesidad del ungimiento divino para mejorar su visión espiritual, a fin de poder distinguir entre la luz de la verdad y las tinieblas del error. Su ceguera les ha hecho perder una experiencia que habría sido más preciosa para ellos que la plata y el oro. Temo que algunos no recuperen jamás lo que han perdido.[34]

Nuevamente bajo el fuego

Durante la asamblea pastoral había en la mente de Ellen White otras preocupaciones que ansiaba resolver. Desde comienzos de noviembre de 1890 había tenido diversas experiencias en las que llevó una pesada carga en relación con la obra publicadora, específicamente a propósito de American Sentinel. El 8 de octubre de 1890, Ellen White partió de Battle Creek junto a W. C. White y su secretaria-enfermera Sara McEnterfer en un viaje de tres meses de labor en los estados del Este. Se había previsto que Ellen White asistiera a reuniones importantes en la Asociación de Nueva Inglaterra, en la Asociación Atlántica, en la de Virginia y en el estado de Pennsylvania. Tras varias semanas de labor, Ellen White llegó a Salamanca, Nueva York, la noche del jueves 31 de octubre, con un severo resfriado contraído en sus viajes en medio de un tiempo invernal. Al terminar el fin de semana se encontraba tan enferma y agotada, que Sara McEnterfer la urgió a que regresara a su casa en Battle Creek y recibiera tratamiento en el Sanatorio. Tras un largo y duro lunes 3 de noviembre, Ellen White volvía a su casa de huéspedes agotada, débil y perpleja. Deseaba descansar, orar y decidir si debía continuar con su agenda de visitas prevista, o efectivamente, regresar a Battle Creek.[35]

En Battle Creek, aquel mismo día "estaba convocada en el Tabernáculo la segunda sesión anual de National Religious Liberty Association … a las cinco de la tarde, siendo C. Eldridge el presidente". Veintiséis miembros del comité oían cómo el secretario W. H. McKee informaba sobre la labor de la Asociación en el año precedente. Se dio una descripción detallada de toda la obra efectuada al enfrentarse a la propuesta de Breckinridge y a la influencia del reverendo Crafts, el defensor del Sr. King en Tennessee, y la puesta en circulación de protestas [escritas] contra la legislación dominical. El informe incluía una descripción de todo el material que la NRLA había puesto en circulación aquel año. Se habían hecho circular más de cuatro millones de páginas en folletos e impresos, diez mil manuales, treinta mil formularios de solicitud y otro material diverso. Una lectura detenida del informe revela que mientras en diciembre de 1889 se habían entregado treinta mil ejemplares de American Sentinel, durante todo el año siguiente sólo se repartieron diez mil copias más. Se declaró que, debido a cierto incidente particular, la NRLA no tuvo "tiempo para disponer una edición de American Sentinel", de forma que "preparó" su propia revista para distribuirla. Pero se dieron otras razones por las que NRLA no estaba utilizando Sentinel: ésta estaba tomando una postura demasiado "sectaria".[36]

Dan Jones había suscitado la oposición contra Sentinel con anterioridad aquel año, en razón de lo que él consideraba "dardos afilados". Había la creciente preocupación de que la publicación expresara demasiado claramente las doctrinas peculiares adventistas del séptimo día. Dicha preocupación se debía en gran parte a que durante 1890 muchos de los dirigentes de NRLA habían encontrado una puerta abierta para presentar los principios de la libertad religiosa por los que ellos abogaban ante grandes audiencias de gente secular y no cristiana. Les parecía que sería sabio aprovechar tales oportunidades y presentar claramente los principios de la libertad religiosa, preferentemente al margen de las enseñanzas de la Escritura respecto a la santidad del sábado y la proximidad de la segunda venida de Cristo.[37]

La presión de otros grupos no cristianos estaba teniendo efecto en el comité ejecutivo de NRLA a fin de contratar a "personas no consagradas, incluso incrédulos" en su obra contra la legislación dominical, a fin de conseguir una influencia más amplia.[38] Muchos en NRLA sentían que aquella era la dirección que debían seguir a fin de lograr un mayor impacto.[39] De hecho, el presidente de RNLA, C. Eldridge, informó a la Asociación en su charla del 3 de noviembre que era "sabio [operar] en la organización National Religious Liberty Association, ya que bajo el nombre de dicha asociación sus miembros podían hacer mucho más en favor de la libertad religiosa que bajo cualquier nombre sectario", por ejemplo: adventistas del séptimo día.[40]

A. T. Jones, por otra parte, estaba en total desacuerdo. Aunque formaba parte del comité ejecutivo de NRLA, no pudo asistir a ese encuentro anual, por lo tanto no pudo expresar sus reparos.[41] Pero no había duda respecto a su posición. En el congreso de la Asociación General de 1891 dijo claramente que "asumía la responsabilidad" por no imprimir en Sentinel cualquier tipo de discurso dado "en el interés de la libertad religiosa". Él sabía que "hay mucho más en la cuestión de la libertad religiosa que simplemente hablar sobre libertad religiosa":

En este momento no existe libertad religiosa en este mundo al margen del mensaje del tercer ángel. … A fin de conocer los auténticos principios de la libertad religiosa -a fin de conocerlos apropiadamente y de adherirnos a ellos en todo momento- debemos obtenerlos a partir del mensaje del tercer ángel; debemos obtenerlos de Dios en la forma en que él los da al mundo en este tiempo, y colocarlos en el lugar que les pertenece. …

Hay ciertas personas fuera de la iglesia adventista del séptimo día que comprenden los principios de la libertad religiosa hasta donde ellos conocen; pero no los comprenden suficientemente. Y es el propósito del mensaje del tercer ángel presentar ante el mundo, y a todos y cada uno en él, los verdaderos principios de la libertad religiosa. … Lo cierto es que de no ser por el mensaje del tercer ángel, cada uno de nosotros estaría a favor de la legislación religiosa. Todos y cada uno, ya que somos el tipo de pueblo que, desprovistos de la bendición e influencia del Espíritu de Dios, estaríamos empeñados precisamente en esa obra.[42]

La postura de A. T. Jones lo hizo diana de la crítica, que pronto llegó a su máximo en la reunión final de la Asociación el 7 de diciembre de 1890, en la que se votaron nuevos cargos para el año siguiente. A. T. Jones, que no se encontraba presente en la reunión, fue relevado del comité ejecutivo, mientras que C. Eldridge, Dan Jones, W. A. Colcord y A. F. Ballenger fueron todos reelegidos. Tanto A. T. Jones como E. J. Waggoner fueron reincorporados al comité editorial, pero se votaron resoluciones que limitarían su capacidad decisiva.[43]

En el congreso de la Asociación General de 1889 se había votado "disponer un órgano mediante el cual se pudieran defender sus principios, publicitar y moldear la obra".[44] American Sentinel había sido hasta entonces el "órgano" de la libertad religiosa para la iglesia. Ahora se aprobó una resolución para "que la distribución de la literatura por parte de la Asociación se hiciera a través de la International Tract Society, [y] que [la NRLA] proveyera a la sociedad un suministro de su literatura en cantidad suficiente". Si bien American Sentinel sería parte de aquella literatura, la Asociación votó "planes para que la producción local de NRLA se publique en el departamento de libertad religiosa de Home Missionary", un periódico publicado en Battle Creek.

La Asociación votó también que "mediante su comité ejecutivo" en el que ya no figuraba A. T. Jones, en lugar de hacerlo mediante su comité editorial del que formaban parte tanto A. T. Jones como E. J. Waggoner, el American Sentinel "recibiera semanalmente el material suficiente y bien editado como para ocupar tres columnas de esa revista". Resultaba claro que la Asociación buscaba sistemáticamente controlar o eliminar de forma gradual Sentinel como su "órgano" para la libertad religiosa. En otra resolución que reflejaba los planes para el año siguiente, la Asociación votó que sus miembros "se afiliaran a … otras asociaciones cristianas en la distribución de literatura, en mantener reuniones mensuales y en todos sus esfuerzos en favor de la libertad religiosa".[45]

Aunque aquellos planes no estaban equivocados en todos los respectos, estaban expuestos a un gran peligro.

En Salamanca, Nueva York, la tarde del 3 de noviembre de 1890 -la fecha de la segunda sesión anual de NRLA en Battle Creek- Ellen White se arrodillaba al lado de su cama para orar, sintiéndose agotada, enferma y perpleja. ¿Debía continuar sus viajes e intentar mantener su agenda de predicaciones, o debía regresar a Battle Creek?

Antes que pronunciara su primera palabra de petición, notó que la habitación se llenaba de una fragancia de rosas. Mirando de dónde procedía aquel perfume, vio la habitación iluminada de una luz suave plateada. Su dolor y fatiga desaparecieron inmediatamente. Se desvanecieron la perplejidad mental y el desánimo, llenándose su corazón de esperanza, bienestar y paz. Entonces, perdiendo la consciencia de todo cuanto la rodeaba, le fueron mostradas en visión muchas de las cosas relacionadas con el progreso de la causa en diferentes partes del mundo, así como las condiciones que estaban favoreciendo u obstaculizando la obra. Entre las muchas imágenes que le fueron mostradas había varias referidas a las condiciones existentes en Battle Creek. Fueron presentadas ante ella de forma plena e impresionante.[46]

La mañana del martes 4 de noviembre, cuando W. C. White y A. T. Robinson llamaron a Ellen White para saber lo que había decidido hacer, la encontraron vestida y en perfecta condición. Les hizo saber su experiencia la tarde precedente y la paz y el gozo que experimentó por la noche. Había sido incapaz de dormir, pero no por estar enferma, sino porque su corazón estaba lleno de gozo y alegría. Iba a continuar su obra en el Este. Ellen White comenzó a explicar a su hijo y a A. T. Robinson lo que le fue revelado en la noche: "'En visión parecía encontrarme en Battle Creek, y el ángel mensajero me dio la orden: "Sígueme"'". En ese punto dudó, pues la escena desapareció de su mente; no podía recordarla. Tras haber pasado un buen rato junto a ambos, Ellen White intentó nuevamente comunicarles lo que se le había revelado acerca de la obra en Battle Creek, pero tal como acababa de sucederle, volvió a ser incapaz de recordarlo.[47]

En la entrada de su diario fechada a 4 de noviembre, Ellen White escribió unas pocas palabras: "Deseaba estar allí donde pudiera escribir las cosas que me fueron reveladas anteanoche. Fue el Señor…"[48] Su frase quedó interrumpida, quizá en previsión de reanudarla en un momento posterior. Pocas semanas después recibió nuevamente la visita de un mensajero celestial que le hizo ver lo que estaba sucediendo en Battle Creek. Podía escribir en su diario aquello que era incapaz de decir a otros en persona:

En la noche he estado en comunión con Dios. Mi guía me ha llevado a las juntas en Battle Creek y tengo un mensaje que llevaros, sea que lo recibáis o que lo rechacéis. Las personas han de saber que no están actuando según el orden divino. Han dejado a Cristo fuera de sus juntas. Los que están en el liderazgo están imprimiendo a la obra un molde que resultará en la pérdida de muchas almas. … Muchos vienen aquí desde países extranjeros creyendo que Battle Creek, lugar del que proceden las publicaciones de la verdad, es lo más cercano que hay al cielo. Cuán chasqueados se sienten cuando comprueban que en este lugar se habla con ligereza del mensaje de Dios; cuando oyen hablar a los mensajeros de Dios, y ven que son objeto del ridículo por parte de algunos en los puestos de responsabilidad.[49]

Nueve días más tarde, y antes de que llegara a la Review el informe de la reunión anual de NRLA, Ellen White volvió a escribir en su diario dando más detalles acerca de lo que se le había mostrado en visión. La gente del mundo estaba procurando influir en los adventistas para que suavizaran su mensaje, para que suprimieran uno de sus rasgos más distintivos:

Dicen: "¿Por qué dais tanta prominencia al sábado como séptimo día en vuestra enseñanza? Siempre parece que se nos arroja eso a la cara. Armonizaríamos con vosotros si no dijerais tanto sobre ese punto. Mantened fuera del Sentinel el sábado como séptimo día, y le daremos nuestra influencia y apoyo". Y ha habido una disposición por parte de algunos de nuestros obreros a adoptar esa política.

Se me manda que os advierta que estáis prestando oído a sentimientos engañosos, a una falsa modestia y precaución, a una disposición a ocultar la profesión de nuestra fe. Durante la noche se me han presentado asuntos que me han preocupado gravemente. Me parecía estar en los consejos en los que se discutían esos temas, y se presentaron documentos favorables a tal concesión. Hermanos, ¿permitiremos que el mundo moldee el mensaje que Dios nos ha dado para ellos? …

¿Traicionaremos un legado sagrado a causa de la política? Si el mundo está en el error y el engaño, quebrantando la ley de Dios, ¿no es acaso nuestro deber mostrarles su pecado y peligro? Hemos de proclamar el mensaje del tercer ángel.

¿Para qué existe Sentinel, si no es para ser la voz de los centinelas en los muros de Sión, a fin de hacer sonar la señal de alarma? No se espera que nos rebajemos y supliquemos el perdón del mundo por decirles la verdad; debiéramos rechazar el ocultamiento. … Compréndase que los adventistas del séptimo día no pueden entrar en compromisos. En vuestras opiniones y en vuestra fe no debiera existir la menor apariencia de vacilación; el mundo tiene derecho a saber lo que puede esperar de nosotros, y nos verá como deshonestos … si damos aunque sólo sea la apariencia de no estar comprometidos.[50]

Faltando pocos días para que Ellen White regresara a Battle Creek, escribió estas palabras en su diario: "Esta noche mi mente se ha debatido en el dolor. Me encontraba en una reunión en Battle Creek, y oí muchas sugerencias y vi manifestarse un espíritu que no era de Dios. Estaban en medio de una tormenta de palabras. ¡Cuánto sufría mi corazón!"[51] Al regresar a Battle Creek el 30 de diciembre, Ellen White no tardó en implicarse en las últimas semanas de la asamblea pastoral. Fue en algún momento después de su regreso cuando retomó las anotaciones interrumpidas en su diario del 21 de noviembre de 1890.[52]

Durante la noche estuve presente en diversas juntas, y allí oí repetir palabras por parte de hombres de influencia al efecto de que si American Sentinel eliminaba de sus columnas las palabras "Adventistas del Séptimo Día" y no decía nada sobre el sábado, los grandes hombres del mundo la patrocinarían. Se haría popular y cumpliría una obra mayor. Eso parecía muy deseable. Aquellos hombres no podían ver por qué no nos podemos afiliar con los incrédulos y con los que no profesan [nuestra fe], a fin de hacer exitosa a American Sentinel. Vi cómo se alegraban sus rostros y comenzaban a trazar una política que diera el éxito popular a Sentinel.

Dicha política es el primer paso en una sucesión de pasos equivocados. Los principios que se han defendido en American Sentinel son la propia suma y substancia de la defensa del sábado, y cuando los hombres comienzan a hablar de cambiar esos principios están haciendo una obra que no les corresponde a ellos. Como Uza, están procurando dar estabilidad al arca que pertenece a Dios y que está bajo su especial supervisión. Mi guía dijo a quienes estaban en aquellas juntas: "¿Qué hombre hay entre vosotros que haya sentido el peso de la causa desde el principio, y que haya aceptado responsabilidades bajo circunstancias probatorias? ¿Quién ha soportado las cargas de la obra durante los años de su existencia? ¿Quién ha practicado la negación del yo y el sacrificio propio? El Señor asignó un lugar a sus siervos incondicionales cuyas voces se han oído en advertencia. Él llevó adelante la obra antes de que ninguno de vosotros pusiera sus manos en ella, y él puede encontrar y encontrará un lugar para la verdad que intentáis suprimir. En American Sentinel se ha publicado la verdad para este tiempo. Llevad cuidado con lo que hacéis. 'Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican'".[53]

Ellen White había observado más de una junta; estuvo "presente en varias" de ellas. Estaba claro que durante la reunión anual de RNLA había sucedido más de lo que reflejaba el informe de la Review. Fue el ángel guía de Ellen White quien hizo las preguntas penetrantes a quienes estaban criticando a los "fieles siervos" del Señor. E. J. Waggoner y A. T. Jones habían "llevado el peso de la obra" de la libertad religiosa "durante los años de su existencia". Habían "practicado la negación del yo y el sacrificio propio" mientras que Dan Jones y otros procuraban solamente ridiculizar la obra realizada. El guía de Ellen White no tuvo una sola palabra de censura contra Jones y Waggoner, sino que declaró simplemente que Dios encontraría un lugar para "la verdad" que American Sentinel había publicado.

Unos pocos días después, Ellen White escribió más en su diario respecto a lo que se le había mostrado. Se "encontraba en Battle Creek, y en un consejo reunido había pastores y hombres responsables de la oficina de la Review. Se expresaron sentimientos y se urgió a que fueran adoptados con un espíritu no muy amable, lo que me llenó de sorpresa, aprensión y angustia… Iban a adoptar planes que aparentaban ser sabios, pero Satanás era el instigador de esas medidas".[54] No es de extrañar que Ellen White sintiera una pesada carga por cuanto estaba sucediendo.

Congreso de la Asociación General de 1891

La sesión trigésimo novena de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día se reunió en el Tabernáculo en Battle Creek, Michigan, el 5 de marzo de 1891. Presentaron sus credenciales los ciento dos delegados, en representación de veintinueve Asociaciones y cuatro campos misioneros. Para inaugurar la asamblea se pidió a Ellen White que hablara a los obreros cada mañana a las cinco y media. También se había decidido que tomara la palabra el primer sábado 7 de marzo tras el almuerzo, comenzando a las dos y media. Estando Ellen White frente a cuatro mil de sus compañeros en la obra y otros creyentes, su corazón resultó impresionado por la gravedad del momento. Parecía presentarse ante ella con un nuevo significado todo cuanto había impresionado su mente en los meses que precedieron a la asamblea. Su discurso consistió en un poderoso llamado a que los adventistas del séptimo día mantuvieran en alto los rasgos distintivos de su fe. Luego dijo a modo de resumen: "Estando en Salamanca, Nueva York, me fueron revelados asuntos de importancia. En visión de noche me pareció estar aquí, en Battle Creek, y el ángel mensajero me ordenó: 'Sígueme'". Entonces vaciló; la escena se había esfumado; no podía recordarla. Continuó hablando acerca de cómo debemos mantener los rasgos distintivos de nuestra fe. Entonces dijo: "Os tengo que hablar de la visión que me fue dada en Salamanca, ya que en dicha visión me fueron revelados asuntos importantes. En la visión me parecía estar en Battle Creek. Fui llevada al despacho de Review and Herald, y el ángel mensajero me ordenó: 'Sígueme'". De nuevo vaciló; no lo podía recordar. Continuó con su predicación y por tercera vez aquella tarde intentó relatar aquella visión, pero no le fue permitido. Finalmente, dijo: "Sobre esto, tendré más que decir posteriormente". Terminó su sermón al cabo de aproximadamente una hora, y concluyó la reunión. Todos habían visto cómo había sido incapaz de recordar la visión.[55]

Más adelante aquella tarde tuvo lugar una reunión de pastores en la sacristía Este del Tabernáculo. Ellen White estaba presente, e imploró por una consagración más profunda. Al terminar aquella reunión especial, el pastor O. A. Olsen le pidió si quería asistir a la reunión de pastores de la mañana siguiente. La respuesta consistió en que ella había cumplido ya su parte, y le dejaba a él con la suya. Entonces se planeó que Olsen y Prescott dirigieran la reunión.[56]

La tarde de aquel sábado 7 de marzo, después de la puesta del sol y después que Ellen White se hubiera retirado a su habitación, tuvo lugar una reunión especial a puerta cerrada en la capilla del despacho de Review and Herald. Había entre treinta y cuarenta presentes, en su mayoría representantes de National Religious Liberty Association, y unos pocos publicadores de American Sentinel en representación de Pacific Press. Inició y presidió la reunión Dan Jones, vicepresidente de NRLA. Afirmó en términos categóricos que la Asociación no podía seguir usando American Sentinel como el órgano de la Asociación a menos que cambiara su actitud respecto a lo que etiquetó como los rasgos más objetables de nuestras posturas denominacionales. A. T. Jones respondió afirmando que por tanto tiempo como él tuviera algo que ver con la edición de la revista, no habría tal cambio como el sugerido. La reunión asumió el formato de una discusión tensa entre quienes tomaban posturas opuestas sobre la cuestión. En ese punto alguien pasó el pestillo a la puerta, proponiendo que no se abriera hasta que se resolviera la cuestión.

En cierto momento de la reunión A. F. Ballenger, miembro del comité ejecutivo de NRLA, se puso en pie sosteniendo en su mano el último número de Sentinel y señaló ciertos artículos que se debían omitir.[57] A. T. Jones y C. P. Bowman habían estado escribiendo en la revista artículos muy explícitos sobre la cuestión del sábado y la segunda venida, y de su relación con la libertad religiosa. Muchos en NRLA los rechazaban con vehemencia por considerar que los artículos eran demasiado "fuertes". No querían que en Sentinel hubiera nada sectario mediante referencias a las Escrituras, sino que querían que la revista abogara por los principios generales de libertad religiosa, evitando escrupulosamente cualquier afiliación a una iglesia. Argumentaban que hombres de influencia en el estado y la iglesia la leían y aprobaban, y sería suicida para los intereses de American Sentinel y NRLA herir sus sensibilidades al referirse de forma categórica al sábado como séptimo día y al fin del mundo.

La reunión se prolongó durante horas, aparentemente en una vía muerta, con el aserto por parte de NRLA, de que a menos que Pacific Press accediera a sus demandas y eliminase los artículos incisivos, así como los términos "Adventista del Séptimo Día" y "sábado" de las columnas de la revista, dejarían de usarla como órgano de la Asociación. Eso significaba poner fin a la revista. Finalmente se hizo una votación un poco antes de las tres de la madrugada del domingo.[58] La mayoría votó poner fin a Sentinel e iniciar otra publicación como órgano de la Religious Liberty Association. Se desbloqueó entonces el cerrojo de la puerta y cada uno se fue a su habitación a dormir cuando faltaba muy poco tiempo para la reunión matinal de las cinco y media.[59]

No es difícil imaginar cómo debía sentirse A. T. Jones al enfrentar la fría brisa de la madrugada mientras se dirigía a su habitación. La causa de la auténtica libertad de conciencia por la que había estado luchando de forma tan ardua parecía abocada al fracaso. Aquellos que debieron haberle dado su apoyo habían tratado con desprecio y ridículo la obra que había desempeñado con toda diligencia. ¿Cuáles debieron ser las plegarias que elevó aquella madrugada? ¿Dormiría un solo minuto antes de asistir a la reunión de las cinco y media de aquella mañana? Dios, que no se distrae ni se duerme, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo. Conocía el tiempo crítico en el que estaban viviendo los habitantes de la tierra. Sabía que era el tiempo para la lluvia tardía y para que la tierra fuera alumbrada con su gloria por el mensaje que estaba enviando.

Tan pronto como terminó la reunión, un ángel fue comisionado para que despertara a Ellen White. Ahora había llegado el momento de compartir lo que le había sido mostrado en la visión de Salamanca cuatro meses antes. Levantándose de la cama, Ellen White fue a su despacho y tomó los diarios donde había registrado lo que se le había mostrado. A medida que las escenas regresaban con claridad a su mente fue escribiendo con mayor detalle aquello que había sido incapaz de compartir anteriormente en las diversas ocasiones en que lo había intentado.

Unas pocas horas después, cuando W. C. White y otros dos hermanos pasaron cerca de la residencia de Ellen White de camino a la temprana reunión matinal, observaron que tenía la luz encendida. Sabiendo que su madre no había planeado asistir a aquella primera reunión de la mañana, W. C. White entró para preguntarle si todo iba bien. La encontró muy ocupada en escribir. Ella le hizo saber que un ángel del Señor la había despertado sobre las tres de la madrugada y le había indicado que debía ir a la reunión de pastores y relatarles ciertas cosas que se le habían mostrado en la visión de Salamanca. Le explicó que se había levantado inmediatamente y había estado escribiendo durante unas dos horas.[60]

En la reunión de pastores se acababa de elevar la primera oración justo cuando Ellen White entró, llevando un paquete de manuscritos bajo el brazo. Con evidente sorpresa, el pastor Olsen dijo: "Nos alegra verla, hermana White. ¿Tiene un mensaje para nosotros esta mañana?" "Ciertamente lo tengo", respondió mientras se encaminaba al frente. Entonces retomó el tema allí donde se había quedado el día anterior. Relató a los hermanos cómo había sido despertada aquella misma mañana y cómo se la había urgido a que compartiera lo que se le mostró en Salamanca hacía cuatro meses. Les explicó cómo se había visto a ella misma "llevando un mensaje a una asamblea que parecía ser la Asociación General":[61]

El Espíritu de Dios me movió a decir muchas cosas, a hacer llamados fervientes, pues se me urgió la verdad de que había un gran peligro ante los que estaban en el corazón de la obra. … Las palabras habían de ser fervientes. "Habla la palabra que te daré, a fin de prevenir que hagan cosas que separen a Dios de la obra publicadora y de que sacrifiquen principios puros y santos que deben ser mantenidos". … Se desplegaron ante mí muchas cosas. Los ojos que cierto día lloraron sobre la impenitente Jerusalem -por su impenitencia, su ignorancia de Dios y de Jesucristo su Redentor- estaban inclinados sobre el gran corazón de la obra en Battle Creek. …

Vuestras ocurrencias y agudos criticismos según el mismo estilo que los de los incrédulos complacen al diablo, pero no al Señor. El Espíritu de Dios no ha estado controlando vuestros concilios. Se ha representado con falsedad a los mensajeros y a los mensajes que traen. ¿Cómo os atrevéis a hacer tal cosa? … No se debe poner ninguna confianza en el juicio de quienes proceden de ese modo, no se debe dar ningún peso a su consejo o resoluciones. … Acusar a los obreros y la obra de aquellos a quienes Dios está usando, es acusar a Jesucristo en la persona de sus santos. … Los prejuicios y opiniones que prevalecieron en Mineápolis no han muerto de ninguna manera. Las semillas sembradas allí están prestas a brotar a la vida y a dar una cosecha de la misma clase, puesto que las raíces siguen ahí. Se han cortado las ramas, pero las raíces no están muertas y llevarán su fruto impío para envenenar la percepción y cegar el entendimiento de aquellos con los que estén conectados, en relación con los mensajeros y mensajes que Dios envía.[62]

Los que habían criticado a A. T. Jones por su obra en Sentinel tenían un juico pervertido. Muchos de ellos se habían arrepentido hacía un año en la asamblea pastoral de 1890, pero su arrepentimiento distaba de ser genuino; sólo se habían cortado las "ramas", dejando las raíces, que brotaron de nuevo a la vida. Ellen White continuó refiriéndose específicamente a una de las juntas que se le había mostrado:

Estaba presente en una de vuestras juntas. Se levantó uno sosteniendo una revista de forma decidida y enérgica. Pude leer claramente el encabezado: American Sentinel. Se hicieron críticas a artículos que se habían publicado allí. Se declaró que aquello debía eliminarse, o bien que se lo debía cambiar. Se pronunciaron palabras ásperas y prevaleció un espíritu duro y anticristiano. Mi guía me dio palabras para hablarlas a quienes estuvieron presentes y no se refrenaron en sus acusaciones. Voy a hacer el resumen de la reprensión dada: en la junta hubo un espíritu de contienda. El Señor no presidió en sus juntas, y sus mentes y corazones no estaban bajo la influencia controladora del Espíritu de Dios. Dejad que sean los adversarios de nuestra fe quienes instiguen y desarrollen planes [como los] que se están trazando. … Por vuestra propia seguridad, tanto como por la seguridad de la iglesia de Dios, debe ser respetada la luz que Dios ha dado. …

Trazad caminos derechos para vuestros pies, no sea que el cojo se salga del camino. … Sé que debe efectuarse una obra en favor del pueblo, de otra manera muchos no recibirán la luz del ángel enviado del cielo para llenar toda la tierra con su gloria. No penséis que al venir la lluvia tardía vais a ser vasos de honra para recibir los aguaceros de la bendición -la gloria de Dios- siendo que habéis estado elevando vuestra alma a la vanidad, habéis hablado cosas perversas, habéis acariciado secretamente las raíces de amargura que trajisteis a Mineápolis, y que habéis regado y cuidado celosamente desde entonces.[63]

Ellen White siguió relatando a los hermanos que se le había mostrado que el Sentinel había sido leído ampliamente y recibido con favor. Había ganado la confianza de la gente a quien debía darse la plena luz de la verdad. Aquellos artículos, lejos de disminuir la lista de los suscriptores, incrementarían su circulación y demanda. Ellen White preguntó solemnemente: "¿Tiene nuestro pueblo que quitar ahora de Sentinel el mensaje del sábado y dar oído al consejo y opinión de hombres mundanos, impidiendo que Sentinel lleve esa importantísima verdad al mundo?"[64] En varias ocasiones durante su prolongada charla, Ellen White mencionó a Israel y la rebelión que lo hizo merecedor de los juicios de Dios. Citó específicamente la experiencia de Elías, las pruebas que atravesó y el mensaje que llevó. Comparó eso de forma clara, no sólo con la propia experiencia de ella, sino con la de Jones y Waggoner a quienes tanto se había criticado por su obra en favor de la libertad religiosa a través de Sentinel:

Camine el cristiano con el Señor en toda humildad de mente, y se lo llamará estrecho, fanático y exclusivista. Si tiene celo, el mundo dirá que es un fanático. Si habla la verdad decididamente mediante la pluma y la voz, y avanza en el espíritu y poder de Elías para proclamar el día del Señor, el mundo lo tildará de agitador; dirá que está denunciando cualquier cosa que sea distinta a lo que él cree. Sea el cristiano cualquier cosa que la gracia le haga ser, y el mundo no lo podrá comprender. …

Recordemos el caso de Elías. … El rey le acusa así: "¿Eres tú el que perturbas a Israel?" 1 Reyes 18:17. ¿Traicionará legados sagrados por el hecho de que Israel haya pervertido su fe y repudiado la lealtad a su Dios? ¿Profetizará cosas agradables para complacer y apaciguar al rey y asegurarse su favor? … ¡De ninguna manera! Elías es un hombre que proclama la verdad, precisamente la verdad que la ocasión demanda. … Así respondió Elías: "Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, al abandonar los mandamientos de Jehová y seguir a los Baales". 1 Reyes 18:18. Ese es precisamente el curso que van a seguir los hombres que están ahora en la dirección. … Tengo una advertencia que dar a este cuerpo reunido en esta casa en el congreso de la Asociación General. Hay peligro de que nuestras instituciones creen planes, maneras y medios que no van a llevar al éxito, sino a la derrota. …

Ha habido un alejamiento de Dios, y todavía no se ha efectuado una obra de celoso arrepentimiento y regreso al primer amor. … Baal será el propósito, la fe, la religión de un triste número entre nosotros, debido a que eligen su propio camino en lugar del camino de Dios. La verdadera religión, la única religión de la Biblia -creer en el perdón de los pecados, la justicia de Cristo y la sangre del Cordero- no es sólo que se la haya menospreciado y se haya hablado en contra de ella, ridiculizado y criticado, sino que se han generado sospechas y celos, llevando al fanatismo y al ateísmo.[65]

La reunión matinal de pastores que solía terminar a las seis y media de la mañana, continuó hasta casi el medio día. Después que Ellen White terminó de leer y hablar, tomó asiento y la sala quedó en silencio. Muchos que no habían estado en la reunión la noche precedente permanecían sentados en su desconcierto. El pastor Olsen estaba profundamente perplejo, pues nada sabía de la reunión de la pasada tarde-noche.[66] Se encontraba tan sorprendido y le parecían tan irrazonables las cosas que acababa de decir Ellen White, que su mente era incapaz de ver nada más allá de la confusión. Finalmente el silencio quedó interrumpido por la voz sollozante de A. F. Ballenger. Levantando el ejemplar de American Sentinel, Ballenger señaló el artículo de la portada y dijo: "'Yo estuve en esa reunión anoche y soy yo quien hizo las observaciones relativas al artículo en la revista'". "'Este es el artículo al que se refiere la hermana White y soy yo quien dijo que Sentinel no debía incluir artículos incisivos como ese'".[67] Ballenger se aprestó a confesar su error: "'Lamento tener que decir que he estado del lado equivocado, pero aprovecho esta oportunidad para posicionarme en el lado correcto'".[68]

Ellen White, que por vez primera dirigía sus ojos al número actual de Sentinel -el mismo que había contemplado solamente en visión- estaba sentada con un gesto de perplejidad en el rostro. Se giró hacia Ballenger y exclamó sorprendida: "¡Anoche! ¿Tuvo lugar anoche, esa reunión?" Uno tras otro, los hombres que habían participado en ella la noche precedente se levantaron y confesaron su parte en lo que había tenido lugar. Hasta los que habían defendido Sentinel dieron sus testimonios de agradecimiento. C. H. Jones declaró que Ellen White había descrito con exactitud la reunión en todo respecto. Estaba muy agradecido por la luz recibida, ya que la situación se había complicado gravemente. En cierto momento durante la reunión de la mañana, Dan Jones, quien había sido el principal en procurar poner fin a Sentinel la noche anterior, se levantó y confesó: "'Hermana White, pensé que estaba en lo correcto. Ahora sé que estaba equivocado'". A. T. Jones, quien había observado cómo Sentinel sufría una aparente derrota, respondió en tono humilde y con disposición a olvidar: "'Sea como fuere, ahora está usted en lo correcto'".[69] El Espíritu Santo se había manifestado poderosamente, y en la reunión hubo un espíritu diferente.

Debido a la secuencia de eventos que desembocaron en aquella reunión matinal, Ellen White afirmó más tarde que "no era posible evocar excusa alguna al efecto de que 'alguien se lo hubiera comunicado a ella'. Nadie había tenido la oportunidad de verme o hablar conmigo entre el evento de la reunión de la noche-madrugada y la reunión matinal a la que asistí".[70] A resultas de aquel episodio, no solamente se evitó un grave error a la causa de Dios, sino que la experiencia supuso para no pocos una evidencia irrefutable de la confiabilidad e integridad del Espíritu de profecía:

El relato de esa visión hizo una impresión profunda y solemne en la gran congregación de pastores adventistas del séptimo día presentes en la primera reunión matinal. Cuando oyeron a quienes habían sido reprobados por el curso de acción equivocado que habían tomado, confesar que todo cuanto Ellen White había referido a propósito de ellos era estrictamente cierto en todo particular, vieron que aquella visión y testimonio llevaban el sello de la inspiración divina. El poder y la solemnidad de aquella reunión dejó en las mentes una impresión que no se olvidaría fácilmente.[71]

Pero ese mismo incidente que para muchos significó la prueba indubitable de que Ellen White estaba inspirada y guiada por Dios, trajo también la constatación de que no podrían escapar a la autoridad y omnipresencia de los Testimonios. Tres semanas más tarde, el comité de Misiones en el Extranjero votaría enviar a Ellen White a Australia junto a sus asistentes y a W. C. White.[72] Años más tarde Ellen White dejó claro que no era el Señor quien quería que partiera de América. Había fuerzas poderosas en el corazón de la obra que estaban muy interesadas en que Ellen White se fuera. Como sucede siempre, el Señor no impuso su voluntad, sino que permitió que su pueblo eligiera su propio camino:

El Señor no estuvo en nuestra partida de América. No reveló que fuese su voluntad que yo tuviera que abandonar Battle Creek. El Señor no planeó tal cosa, sino que os dejó a todos vosotros que actuarais según vuestra propia imaginación. El Señor habría querido que W. C. White, su madre y sus asistentes permanecieran en América. Se nos necesitaba en el corazón de la obra; si vuestra percepción espiritual hubiera discernido la verdadera situación, jamás habríais consentido las acciones emprendidas. Pero el Señor lee los corazones de todos. Existía un deseo tan grande de que nos fuésemos, que el Señor permitió que tal cosa ocurriera. Los que estaban hartos de los testimonios dados se vieron liberados de las personas que los traían. Nuestra separación de Battle Creek iba a dejar que los hombres obraran según su propia voluntad y sus propios caminos, que ellos creían superiores al camino del Señor.

Ante usted está el resultado. Si usted hubiera permanecido en la posición correcta en aquel tiempo, no se habría realizado la acción. El Señor hubiera obrado por Australia de otras maneras, y se habría mantenido una influencia poderosa en Battle Creek, el gran corazón de la obra. Allí debíamos haber permanecido hombro con hombro, creando una atmósfera saludable que se dejara sentir en todas nuestras Asociaciones. No fue el Señor quien planeó ese asunto. No pude recibir ni un rayo de luz en cuanto a salir de América. Pero cuando el Señor me presentó este asunto tal como era en realidad, no lo comenté con nadie, pues sabía que nadie iba a discernirlo con todo lo que implica. Cuando nos fuimos muchos se sintieron aliviados, aunque no tanto por parte de usted, y eso desagradó al Señor, pues él nos había puesto en las ruedas de la maquinaria en movimiento de Battle Creek.

A fin de que se las desempeñe correctamente, las grandes responsabilidades como esa demandan el continuo consejo de Dios. Pero dicho consejo no fue considerado una necesidad. Que los de Battle Creek sintieran que podían hacer que nos fuéramos en el momento en que lo hicimos fue el resultado de los planes de los hombres, no del Señor.[73]

Un mes después del congreso de la Asociación General de 1891, la Review reimprimió una de las predicaciones dadas por Ellen White en la reunión de obreros de septiembre de 1887. Sus magistrales palabras continúan hoy en plena vigencia: "La lluvia tardía ha de caer sobre el pueblo de Dios. Ha de descender del cielo un poderoso ángel, y toda la tierra ha de ser alumbrada con su gloria. ¿Estamos preparados para participar en la obra gloriosa del tercer ángel? ¿Están nuestros vasos preparados para recibir el rocío celestial? ¿Tenemos contaminación y pecado en el corazón? Si es así, limpiemos el templo del alma y preparémonos para los aguaceros de la lluvia tardía. El refrigerio de la presencia del Señor no vendrá jamás a corazones llenos de impureza. ¡Que Dios nos ayude a morir al yo, a fin de que Cristo, la esperanza de gloria, pueda ser formado en el interior!"[74] Continuaremos nuestro estudio en el volumen 2 de El retorno de la lluvia tardía.

Notas:

  1. E. J. Waggoner, "Eleventh Day's Preceedings", Review and Herald, 13 noviembre 1888, p. 712; en Manuscripts and Memories, p. 408.
  2. Ver: Eric Syme, A History of SDA Church-State Relations, pp. 20-35; "Public Affairs and Religious Liberty, Dept. of", SDA Encyclopedia, vol. 10, pp. 1158-1164.
  3. Ellen G. White, "The 'American Sentinel' and its Mission", Review and Herald, 18 diciembre 1888, p. 791.
  4. "National Religious Liberty Association", General Conference Daily Bulletin, 5 noviembre 1889, p. 148.
  5. Dan T. Jones a A. W. Allee, 23 enero 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  6. Dan T. Jones a C. H. Jones, [febrero] 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists. Hemos repetido aquí esta información tal como la dimos en el capítulo 13, para proporcionar el contexto amplio de la oposición a la que debieron enfrentarse Jones y Waggoner en relación con su obra en pro de la libertad religiosa.
  7. Dan T. Jones a J. H. Morrison, 17 marzo 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  8. W. C. White a A. T. Jones, 14 febrero 1890.
  9. Ellen G. White, "Charla matinal", 6 febrero 1890, Review and Herald, 25 marzo 1890; en 1888 Materials, p. 548.
  10. Ellen G. White, Manuscrito 2, "Sermón", 9 marzo 1890; en 1888 Materials, pp. 608-609.
  11. Eric Syme, A History of SDA Church-State Relations, p. 35.
  12. Ibid., pp. 35-36.
  13. Eric Syme, A History of SDA Church-state Relations, pp. 34-36; William A. Blakely, American State Papers Bearing on Sunday Legislation (1911), pp. 367-370; J. O. Corliss, "The Hearing on the Sunday Rest Bill", Review and Herald, 25 febrero 1890, pp. 124-125, y "The Second Annual Session of the National Religious Liberty Association", Review and Herald, 16 diciembre 1890, p. 779; A. T. Jones, "Arguments on the Breckinridge Sunday Bill", Sentinel Library, No. 28, abril 1890.
  14. O. A. Olsen a G. C. Tenney, 20 marzo 1890, copia recibida de la colección personal de George R. Knight. El discurso de A. T. Jones ante el Comité de la Cámara se puede leer en The Sentinel Library, abril 1890, pp. 25-51. Pacific Press produjo esa publicación en un esquema que pasó de ser bimensual a trimestral durante los años 1889 hasta 1894 en una serie de panfletos conteniendo temas de libertad religiosa. El número de mayo de 1891 daba un listado de 126 páginas con todas las leyes dominicales aprobadas hasta el momento en 45 estados y territorios. Sería de gran valor poder disponer hoy de una reimpresión.
  15. Sanford Edwards observó lo siguiente: "A. T. Jones, hombre de apariencia peculiar, con rasgos típicos de un descubridor, autodidacta, con voz de tenor, dotado de un extraordinario don del lenguaje, erudito sobresaliente en historia y en Biblia. Como predicador público no tenía hasta entonces rival en la denominación. Podía citar de memoria capítulos enteros de Romanos, Gálatas, Hebreos y Apocalipsis, logrando darle a uno una nueva visión de la belleza de la Biblia. Al final de una predicación recitó de memoria todo el himno 'There's a Wideness in God's Mercy' hasta el final. Fue la mayor demostración de oratoria que jamás presencié. La audiencia (unos 1.500) quedó tan profundamente conmovida que estuvo por dos horas en pie, haciendo confesiones y reconsagrándose. No fue una acción de masas, sino una acción individual. Dios habló poderosamente mediante Jones en aquellos días" (Sanford P. S. Edwards a Emmett K. Vande Vere, 27 abril 1956, citado en: Windows [Nashville, Tenn.: Southern Pub. Assn., 1975], pp. 209-210).
  16. Dan T. Jones a R. A. Underwood, 21 marzo 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  17. Ellen G. White, Manuscrito 2, "Sermón", 9 marzo 1890; en 1888 Materials, p. 609.
  18. Ellen G. White, Patriarchs and Prophets, p. 402 {Patriarcas y profetas, p. 425}.
  19. Ellen G. White, Gospel Workers, pp. 128-129, edición de 1893, compilada a partir de sus escritos hasta el año 1890.
  20. Ellen G. White, "Candid Investigation Necessary to an Understanding of the Truth", Signs of the Times, 26 mayo 1890, pp. 305-306.
  21. C. H. Jones a O. A. Olsen, 13 agosto 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  22. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 46, 8 mayo 1890; en 1888 Materials, pp. 645-648.
  23. Ellen G. White a W. C. White, Carta 103, 19 agosto 1890; en 1888 Materials, p. 688.
  24. Dan T. Jones a E. W. Farnsworth, 19 septiembre 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  25. O. A. Olsen, "The Opening of the Minister's School", Review and Herald, 4 noviembre 1890, p. 688; Ver también: "The Week of Prayer", 2 diciembre 1890, pp. 745-746.
  26. Gilbert M. Valentine, "W. W. Prescott -SDA Educator", p. 127. En realidad Prescott enseñó solamente los primeros tres capítulos, dejando luego a Waggoner que enseñara el resto. Dan T. Jones a R. C. Porter, 23 octubre 1890, archivos de General Conference of Seventh-day Adventists.
  27. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 20, 7 octubre 1890; en 1888 Materials, pp. 714-716, original sin cursivas.
  28. G. I. Butler a Dan Jones, 16 febrero 1891; en Gilbert M. Valentine, "W. W. Prescott -SDA Educator", p. 127.
  29. O. A. Olsen, "The Week of Prayer", Review and Herald, 2 diciembre 1890, p. 746.
  30. Ellen G. White, Manuscrito 40, "Diary Entries", 13 enero 1891; en 1888 Materials, p. 876.
  31. O. A. Olsen, "Ministers School", General Conference Daily Bulletin, 6 marzo 1891, p. 4.
  32. Ellen G. White, Manuscrito 40, "Diary Entries", 14 enero 1891; en 1888 Materials, p. 879.
  33. Ellen G. White, Manuscrito 40, "Visión de Salamanca", 1890, marzo 1891; en 1888 Materials, p. 929.
  34. Ellen G. White, Manuscrito 21, 27 febrero 1891; en 1888 Materials, pp. 890, 895.
  35. Se pueden encontrar relatos detallados de los viajes de Ellen White y de la experiencia en Salamanca, en: Robert W. Olson, "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", Ellen G. White Estate, Shelf Document, 1983; A. L. White en, T. H. Jemison, A Prophet Among You (Mountain View, CA: Pacific Press, 1955), pp. 471-480; A. L. White, The Lonely Years, pp. 463-483; C. C. Crisler en, Life Sketches of Ellen G. White, pp. 309-318. En el prefacio de la edición de 1915 de Life Sketches, publicado tras la muerte de Ellen White, se encuentra la siguiente declaración: "La historia de su vida la continua C. C. Crisler en el capítulo 42, quien, con ayuda del hijo de la Sra. de White, W. C. White y D. E. Robinson, completó la biografía" (p. 6).
  36. "The Second Annual Session of the National Religious Liberty Association", Review and Herald, 16 diciembre 1890, pp. 779-780.
  37. C. C. Crisler en, Ellen G. White, Life Sketches, p. 312.
  38. "General Conference Proceedings", General Conference Daily Bulletin, 22 marzo 1891, p. 192.
  39. En el congreso de la Asociación General de 1891, Dan Jones negó que tal fuera el caso. Pero tal negación va en contra de todas las demás evidencias, incluyendo el testimonio de Ellen White (Ibid.).
  40. "The Second Annual Session of the National Religious Liberty Association", Review and Herald, 16 diciembre 1890, p. 780.
  41. "Editorial Note" Review and Herald, 23 diciembre 1890, p. 800. Jones estaba por entonces en California, y tenía que pasar por Battle Creek en diciembre antes de dirigirse a la costa Este.
  42. A. T. Jones, "Religious Liberty", General Conference Daily Bulletin, 15 marzo 1891, p. 105.
  43. El pertenecer a un comité en ocasiones no era más que algo testimonial. Tanto E. J. Waggoner como A. T. Jones fueron votados para servir en el General Conference Book Committee en los congresos de la Asociación General de 1889 y 1891, junto a otros once miembros (1889 General Conference Daily Bulletin, p. 124; 1891 General Conference Daily Bulletin, p. 219). En septiembre de 1891, E. J. Waggoner escribió a O. A. Olsen, no expresándole una queja personal, sino preocupación por el bien de la causa. Había leído un informe que afirmaba que el "Book Committee" había votado sin su conocimiento que Review and Herald publicara un libro de G. I. Butler destinado a la comunidad negra. Pero Waggoner objetó: "Como miembro del Book Committee, quisiera ver el manuscrito". Estaba "seguro de que existía toda probabilidad de que el libro estuviera tan necesitado de revisión como cualquier otro libro. Si se pone en circulación sin examen previo, excepto por un comité de tres, estoy seguro de que habrá malestar. … Ciertamente cada uno de sus miembros tiene derecho a examinar todo manuscrito que se presente al comité según el cauce adecuado" (E. J. Waggoner a O. A. Olsen, 15 septiembre 1891). Siendo que sólo tres entre trece votaron sobre el libro, es evidente que Jones y Waggoner no estaban entre ellos. De la misma forma en que el libro de Butler fue aprobado sin examen alguno por parte de Jones y Waggoner, algunos de los manuscritos de Jones y Waggoner fueron rechazados sin examen alguno por parte del comité (ver O. A. Tait a W. C. White, 7 octubre 1895; en Manuscripts and Memories, p. 294).
  44. "National Religious Liberty Association", General Conference Daily Bulletin, 5 noviembre 1889, p. 148.
  45. "The Second Annual Session of the National Religious Liberty Association", Review and Herald, 16 diciembre 1890, p. 781. Es interesante observar que W. C. White fue elegido para Association's Plans and Future Labor Committee, y su nombre aparece en la Review como habiendo apoyado todas aquellas resoluciones que se aprobaron del 3 al 7 de noviembre. Sin embargo, no estuvo presente en aquellas reuniones en Battle Creek, puesto que se encontraba en Salamanca (Nueva York) con su madre.
  46. C. C. Crisler en: Ellen G. White, Life Sketches, p. 310, original sin cursivas.
  47. A. L. White en: T. H. Jemison, A Prophet Among You, p. 474.
  48. Ellen G. White, Manuscrito 44, "Diary", 4 noviembre 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 20.
  49. Ellen G. White, Manuscrito 6, 25 noviembre 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", pp. 31-32.
  50. Ellen G. White, Manuscrito 16, 4 diciembre 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 37.
  51. Ellen G. White, Manuscrito 53, 25 diciembre 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 52.
  52. Parece evidente que los comentarios de Ellen White de MS 29 y MS 44 (1890), los escribió tras haber regresado a Battle Creek. Ver: Robert W. Olson en, "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 58. Olson sugiere que los comentarios de Ellen White "parecen contener descripciones, no de una, sino de dos visiones en la noche".
  53. Ellen G. White, Manuscrito 29, 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", pp. 59-60.
  54. Ellen G. White, Manuscrito 44, "Diary", 4 noviembre 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 61.
  55. A. L. White en: T. H. Jemison, A Prophet Among You, p. 476.
  56. Los detalles del resto de este capítulo, excepto que se especifique de otra forma, han sido obtenidos de: Robert W. Olson, compiler, "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary"; C. C. Crisler en: Ellen G. White, Life Sketches, pp. 309-318; A. L. White en: T. H. Jemison, A Prophet Among You, pp. 471-480; A. L. White, The Lonely Years, pp. 463-483.
  57. El artículo de primera plana del 5 de marzo de 1891 de Sentinel lo había escrito A. T. Jones, y llevaba por título: "¿Qué enseña la Biblia sobre el sábado?" El artículo estaba en la línea de muchos otros que había escrito A. T. Jones, y que Dan Jones había criticado con tanta vehemencia durante el año precedente. El artículo demostraba a partir de los escritos del propio Mr. Crafts -el más prominente defensor de la ley dominical- que el sábado tenía naturaleza religiosa y no civil. Por consiguiente -concluyó A. T. Jones- "ningún gobierno civil en la tierra puede arrogarse jamás el derecho, o tener nada que ver con" el sábado. Y la American Sabbath Union "sabe que su apuesta por un sábado 'civil' es un fraude" (p. 1).
  58. O. A. Olsen, "The Salamanca Vision", 19 agosto 1914; en: "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 77. C. Eldridge afirma: "'Permanecimos en aquella habitación hasta las tres de la madrugada'" antes que se tomara el voto, y entonces se abrió la puerta (Ibid.). Ver nota nº 60.
  59. Ver nota nº 56 para las referencias que lo sustentan.
  60. C. C. Crisler en: Ellen G. White, Life Sketches, p. 315. W. C. White encontró a Ellen White "intensamente ocupada en la escritura. Le hizo saber que un ángel del Señor la había despertado sobre las tres [de la madrugada]. Ver nota 58. ¿Llegó Dios a tiempo?
  61. Ibid., pp. 315-316.
  62. Ellen G. White, Manuscrito 40, 1890; en 1888 Materials, pp. 917, 941-942. Robert Olson, exdirector de Ellen White Estate, sugiere que al menos parte de este MS 40 que se encuentra en el diario de Ellen White fue escrito la madrugada del domingo 8 de marzo de 1891. No hay duda que leyó de él en la reunión matinal del domingo ("Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 63).
  63. Ibid., pp. 942-943, 946.
  64. Ellen G. White, Manuscrito 59, 20 mayo 1905; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 69.
  65. Ellen G. White, Manuscrito 40, 1890; en 1888 Materials, pp. 928, 944-945, 948.
  66. Ese es solo uno de los muchos incidentes que demuestran que O. A. Olsen no estaba al corriente de la profunda amargura y odio existentes contra Jones y Waggoner. Fueron eventos como ese los que llevaron a Ellen White a exclamar finalmente: "El pastor Olsen ha actuado tal como lo hizo Aarón" (1888 Materials, p. 1608).
  67. O. A. Johnson a W. C. White, "The Testimony of Six Witnesses", 19 mayo 1922, y E. K. Steele a A. L. White, "The Salamanca Vision", 11 agosto 1946; en: "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", pp. 85, 83.
  68. C. C. Crisler en: Ellen G. White, Life Sketches, p. 317.
  69. A. T. Robinson, "Personal Experiences in Connection with the work of Sister White", escrito antes de 1906; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 75. Ese relato de un testigo presencial -A. T. Robinson- difiere ampliamente de muchas de las descripciones modernas de A. T. Jones. Será bueno observar que Ellen White y el mensajero celestial que le fue asignado no pronunciaron jamás ni una sola palabra de censura contra A. T. Jones o Sentinel durante esta confrontación de 1890 a 1891, ni tampoco se alineó con Dan Jones y sus asociados. George Knight, en contraste, no sólo se pone de parte de Dan Jones en esta confrontación, sino que dedica dos capítulos a intentar presentar a A. T. Jones como "agresivo", "brutal", "radical" y "extremado" en sus "posiciones" sobre la libertad religiosa. Knight afirma que Jones "se mantuvo de forma consistente en un extremo doctrinal polarizado [impráctico, teórico, fanático, dogmático]. Su mente no poseía una gran habilidad para una interpretación flexible". Estaba "embebido del espíritu de Mineápolis", un problema que le resultó "imposible vencer" (From 1888 to Apostasy, pp. 75-88,117-131). No es difícil comprender cómo pudo llegar Knight tan lejos en su empeño por desacreditar a Jones, al comprobar cuán abiertamente declaró, tras haber escrito esa biografía de Jones: "Debo haber fracasado en comunicar de forma efectiva. Estaba haciendo lo mejor que podía para demostrar que Jones fue aberrante desde el principio al final. Queda evidenciado al final de la década de 1889 y a comienzos de la de 1890 por su aspereza y fracaso en demostrar cortesía cristiana. … su uso extremo del lenguaje que aparentemente llevó a algunos a la agitación de la carne santa, sus extremos en casi cada área de la libertad religiosa … y tantos otros. Lo que yo intentaba comunicar es que durante todo el período en que Jones fue un 'héroe', estaba acosado por graves rasgos de carácter, a pesar del apoyo que le dio Ellen White" ("A Spark in the Dark: A Reply to a Sermonette Masquerading as a Critique, George Knight answers Dennis Hokama", Adventist Currents, abril 1988, p. 43). Pero no fue solamente el apoyo que le dio Ellen White el que sugiere que Jones tenía un mensaje que dar, fue el guía celestial quien dijo: "En American Sentinel se ha publicado la verdad para este tiempo" (Ellen G. White Manuscript 29, 1890; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 60).
  70. Ellen G. White, Manuscrito 59, 20 mayo 1905; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 70.
  71. O. A. Johnson a W. C. White, "The Testimony of Six Witnesses", 19 mayo 1922; en "Manuscript Releases No. 1033, The Salamanca Vision and the 1890 Diary", p. 86.
  72. "Proceedings of the Board of Foreign Missions", General Conference Daily Bulletin, 13 abril 1891, p. 256. El congreso de la Asociación General sesionó desde el 5 al 25 de marzo, siendo aplazadas ciertas reuniones hasta diez días después de la clausura (Ibid., p. 252). La reunión matinal en la que Ellen White compartió la visión de Salamanca tuvo lugar el domingo 8 de marzo de 1891.
  73. Ellen G. White a O. A. Olsen, Carta 127, 1 diciembre 1896; en 1888 Materials, pp. 1622-1624.
  74. Ellen G. White, "What Shall We do that We Might Work the Works of God", Review and Herald, 21 abril 1890, p. 241?