Tocado por Nuestros Sentimientos

Capítulo 2

La Naturaleza Humana de Cristo

Ha sido siempre un desafio comprender la naturaleza humana de Cristo, reto tal vez mayor que entender Su naturaleza divina. La humanidad de Cristo ha sido el punto crucial de la controversia, desde los primeros siglos de la Era Cristiana hasta ahora, al punto que la Cristología está hoy confinada mayormente a su estudio. La cuestión crítica es si la carne de Cristo era la de Adán antes de la caída o después de ella. En otras palabras, ¿estaba la carne de Cristo libre de las influencias del pecado o sujeta a su poder y a la muerte?

Ese es un problema de magna importancia. Si erramos acerca de la naturaleza humana de Jesús, nos arriesgamos a cometer errores sobre cada aspecto del plano de la salvación. Podemos malograr en la comprensión de la realidad redentiva de la gracia concedida por Jesús a los seres humanos, al defender Su humanidad como si estuviese libre del poder del pecado.

Ellen White destacó esa fundamental verdad: "El triunfo y la obediencia de Cristo son los de un ser humano. En nuestras consideraciones, podemos cometer muchos errores en razón de equivocados puntos de vista sobre la naturaleza humana del Señor. Cuando le conferimos a Su naturaleza humana un poder que no le es posible al hombre poseer en sus conflictos con Satanás, destruimos la entereza de Su humanidad".[1]

La Encarnación -- Un Misterio.-

Innegablemente, la encarnación del Hijo de Dios es un misterio. El apóstol Pablo declaró: "Es, sin duda alguna, grande el misterio de la piedad: Aquel que Se manifestó en carne, fue justificado en espíritu, visto de los ángeles, preficado entre los gentiles, creído en el mundo, y recibido arriba en la gloria". (1 Tim. 3:16).

Ese misterio se relaciona con todos los aspectos del plan de la salvación, y no apenas con la encarnación. No admira que Ellen White hubiese declarado: "El estudio de la encarnación de Cristo, de Su sacrifício expiatorio y obra mediadora, ocupará la mente del diligente estudiante mientras dure el tiempo".[2] A respecto de la encarnación, ella semejantemente escribió: "Al contemplar la encarnación de Cristo en la humanidad, quedamos atónitos delante de tan insondable misterio que la mente humana no puede comprender. Mientras más reflexionamos sobre él, más espantoso nos parece".[3]

El hecho de ser un "insondable misterio" no implica que sea un asunto prohibido y puesto de lado como incomprensible. ¿No habla Pablo del "misterio que estuvo oculto de los siglos y de las generaciones, pero que ahora fue manifestado a sus santos... que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria"? (Col. 1:26-27) Él también habló del misterio de la piedad que fue "predicado entre los gentiles, creído en el mundo" (1 Tim 3:16). Eso implica en una progresiva revelación de verdades que Dios desea compartir con la humanidad, cuyo propósito es conducirla a la salvación.

Aun cuando ella afirme que la encarnación de Cristo sea un misterio, Ellen White nos convida a estudiarla en profundidad. Y de la una buena razón de su importancia: "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la corriente de oro que liga nuestra alma a Cristo y por medio de Cristo a Dios. Esto debe constituir nuestro estudio". Ella, sin embargo, hace una advertencia: "Cuando abordamos este asunto, bien haremos en tomar a pecho las palabras dirigidas por Cristo a Moisés, junto a la sarza ardiente: 'Saca las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa'. (Exo. 3:5) Debemos aproximarnos de este estudio con la humildad de un discípulo, de corazón contrito". En el encerramiento del párrafo, ella dice: "El estudio de la encarnación de Cristo es campo fructífero, que recompensará al investigador que cave hondo en busca de verdades ocultas".[4]

El problema al buscar su comprensión no es tanto el método de la encarnación -- cómo la divina naturaleza fue capaz de unirse a la naturaleza humana en Cristo. Ese es un misterio que está mucho más allá de nuestra comprensión. El problema que la Cristología busca resolver es el por qué de la encarnación, y en qué especie de carne Jesús realmente se manifestó. Ese es el cierne del problema. A ese respecto, el Nuevo Testamento no tiene carencia de información clara.

El Fundamento Bíblico de la Cristología.-

La única manera por la cual los pioneros consiguieron deshacerse de la influencia de sus tradiciones semi-arianas, fue confiar enteramente en la enseñanza de las Escrituras. En virtud de eso, ellos abrieron el camino para una Cristología, la cual los mejores exégetas del siglo 20 solamente vinieron a verificar recientemente en sus estudios.

À parte del Nuevo Testamento, es difícil especificar que fuentes están por detrás de la primera atribución adventista de "carne pecaminosa" a Jesús. Por otro lado, es fácil acordarse de las referencias bíblicas usadas por los primeros escritores adventistas, para definir la naturaleza de la carne en la cual el Señor Jesús venció el poder del pecado.

El texto más citado y más explícito es (Rom. 8:3). Ningún otro pasaje parece explicar mejor la razón para la encarnación, y en qué especie de carne ella fue realizada: "Dios, enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado, y por causa del pecado, en la carne condenó el pecado".

Los primeros teólogos adventistas interpretaban con naturalidad la expresión de la King James Version "en semejanza de carne de pecado" como la definición paulina de la carne de Jesús en el tiempo de Su encarnación. Ellos consideraban que la palabra "semejanza" debía ser usada precisamente con el mismo sentido dado en (Filipenses 2:7), que dice que Jesús , después de haberse despojado de la forma de Dios y de Su "igualdad" con Él, "tomó la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres". Que equivale a decir que Jesús no tuvo simplemente una aparencia humana, sino que de hecho tuvo una naturaleza con "carne pecaminosa" sarko hamartias, como Pablo declara en (Rom. 8:3). Eso no era entendido como implicando que Jesús hubiese sido un pecador, o que Él hubiese participado, en lo mínimo que fuese, del pecado del hombre.

La expresión "Dios ... condenó el pecado en la carne" fue interpretada como significando que Jesús, habiendo vivido una vida sin pecado, en "carne pecaminosa", había realmente "condenado el pecado en la carne" (Rom. 8:3). De esa manera, "vino a ser autor de eterna salvación para todos los que Le obedecen" (Heb. 5:9). Así, desde el inicio, la Cristología de los pioneros fue desarrollada en directa relación con su Soteriología, siendo la última una función de la primera.

Entre otros textos a menudo citados, también encontramos (Rom. 1:3), que define la naturaleza de Jesús a través de Sus ancestrales: "[Cristo] que nació de la descendencia de David según la carne" (Hebreos 2:16) también fue citado: "Pues, en verdad, no presta auxílio a los ángeles, sino que a la descendencia de Abraham". Un escritor hizo mención de algunos de los menos alabables de la descendencia de Abraham, y comentó: "Una rápida mirada en los ancestrales y en la posteridad de David, muestra que la línea de la cual Cristo descendió era tal que tendería a concentrar en El todas las debilidades de la humanidad".[5]

Muchos otros pasajes de la epístola a los Hebreos fueron citados, los cuales enfatizaban la identidad de la naturaleza humana de Jesús con aquella de Sus hermanos humanos. Por ejemplo: "Pues tanto el que santifica, como los que son santificados, vienen todos de uno sólo." (Heb. 2:11) "Por lo tanto, visto como los hijos son participantes comunes de carne y sangre, también Él, semejantemente, participó de las mismas cosas" (verso 14). "Por lo cual convenía que en todo fuese hecho semejante a Sus hermanos". (verso 17). Y aun otro: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades; sino uno que, como nosotros, en todo fue tentado, pero sin pecado". (Heb. 4:15)

La declaración de Pablo en (Gálatas 4:4-5), es frecuentemente citada como implicando en una completa y real participación en la caída humanidad, como condición para la salvación del hombre: "Pero, viniendo la plenitud de los tiempos, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido debajo de la ley, para rescatar los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibamos la adopción de hijos". Semejantemente, en (2 Cor. 5:21): "Aquel que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros; para que en El fuésemos hechos justicia de Dios".

Ahí están algunos pasajes-clave en que se apoyaron los teólogos y escritores adventistas anteriores a 1950, para definir la naturaleza humana de Jesús. De hecho, las primeras afirmaciones en la literatura oficial de la iglesia mostraban que el significado dado a las expresiones bíblicas referentes a la na-turaleza de Jesús fueron firme y claramente establecidas.

Los Primeros Testimonios Adventistas.-

De acuerdo con Ellen White, la naturaleza humana de Cristo fue definida al comienzo por los pioneros adventistas, juntamente con otras creencias fundamentales. "Después del gran chasco... la verdad fue desdoblada punto por punto, y entrelazada con sus más santas recordaciones y simpatías. Los investigadores de la verdad sentían que la identificación de Cristo con su naturaleza e intereses fue completa".[6]

La primera referencia a la naturaleza humana de Jesús salida de la pluma del editor James White se encuentra en la Review and Herald de 16 de Septiembre de 1852. En el editorial de la revista, él escribió: "Como Aarón y sus hijos, Él [Jesús] tomó sobre Si carne y sangre, la simiente de Abraham".[7] Al año siguiente, en un artículo titulado "Un Autor Inglés", leemos: "Jesucristo, declara ser Él el Hijo de Dios, uno con el Padre... el que tomó sobre Si la simiente de Abraham", nuestra naturaleza, y la preservó sin pecado".[8]

En 1854, J. M. Stephenson, escribió una serie de artículos sobre la naturaleza humana de Jesús. "Decir que Dios envió a Su propio Hijo 'en semejanza de carne de pecado', equivale a afirmar que el Hijo de Dios asumió nuestra naturaleza".[9] Para responder a la pregunta: "¿Qué sangre fue derramada para la remisión de los pecados?", Stephenson dice: "¿No fue la sangre idéntica a la que fluía en las venas de María, Su madre, y que vino a través de toda su ancestralidad desde Eva, la madre de todos los vivientes? Por otro lado, ¿Él no era la "simiente de la mujer' de Abraham, Isaac, Jacob y David?"[10]

Fuera de esos tres autores, nadie más escribió sobre la naturaleza humana de Jesús en la década de 1850, con excepción de Ellen G. White. Su primera declaración, fechada en 1858, aparece en la descripción de un diálogo entre Jesús y Sus ángeles, discutiendo el plan de la salvación. Habiéndoles reve-lado que abandonaría Su gloria celestial, Se encarnaría en la Tierra, Se humillaría como un hombre común, y sería tentado como hombre, para poder prestar asistencia a aquellos que fuesen tentados, "Jesús les dijo que ellos tendrían una parte a desempeñar...; Él tomaría la naturaleza caída del hombre, y Su fuerza no sería ni aun igual a la de ellos [ángeles]".[11]

En el mismo relato, Ellen White dice que al final de la revelación de Jesús, Satanás "le dijo a sus ángeles que cuando Jesús asumiese la caída naturaleza del hombre, él podría sobrepujarlo e impedir la realización del plan de la salvación".[12]

Para Ellen White todo el plan de la salvación dependía de la naturaleza humana de Cristo. "Estaba en los planes de Dios", escribió ella en 1864, "que Cristo tomase sobre Si mismo la forma y la naturaleza caída del hombre".[13] Para ella, "la gran obra de la redención debería ser llevada a efecto no apenas con el Redentor tomando el lugar del caído Adán... El Rey de la gloria Se propuso humillarse a Si mismo en la degenerada humanidad... Él tomaría la naturaleza corrompida del hombre".[14]

La Primera Declaración Oficial.-

Los primeros testimonios expresaban no apenas sus puntos de vista personales, sino también las convicciones de toda una comunidad. Por eso es que sus opiniones fueron incluídas en la Declaración de los Principios Fundamentales Enseñados y Practicados por los Adventistas del Séptimo Día, publicada en 1872.

El preámbulo de ese documento declaraba explícitamente que los artículos de fe no constituían un credo, sino que simplemente "una resumida declaración de aquello que es, y fue, con gran unanimidad, mantenido por ellos".[15] Sabemos, de hecho, que James White, ya en 1847, se mostrava contrario a cualquier idea de confinar las creencias fundamentales de la iglesia en un credo inflexible. "La Biblia es una perfecta y completa revelación. Es nuestra única regla de fe y práctica".[16]

No se pretendía prohibir cualquier declaración de fe. Al contrario, la iglesia se veía obligada a declarar sus creencias tan claramente como fuese posible, para el benefício de los miembros, así como para los de fuera. Pero "la Biblia y solo la Biblia, debe ser nuestro credo... El hombre es falible, pero la Palabra de Dios no falla jamás".[17]

De los 25 artículos de fe en esa primera declaración doctrinaria oficial de la iglesia, el segundo es acerca de la persona y obra de Jesucristo.. Él proclama "que hay un Señor Jesucristo, el Hijo del Padre Eterno, el único por quien Dios creó todas las cosas, y por quien ellas subsisten; que Él tomó sobre Sí la naturaleza de la simiente de Abraham, para la redención de nuestra raza caída; que Él habitó entre los hombres, lleno de gracia y verdad".[18]

Esa declaración no especifica cómo los adventistas de aquel tiempo comprendían la expresión "la naturaleza de la simiente de Abraham". Sin embargo, tenemos las interpretaciones de aquellos que usaron esa frase antes y después de 1872. No satisfecho en citar simplemente el texto bíblico, James White escribió que Jesús "tomó sobre Si carne y sangre, la simiente de Abraham".[19] Esa ya es una explicación de especie. Como veremos, la mayoría de las declaraciones de aquellos que usaron la expresión le dio el mismo significado que Ellen White: "Como cualquier hijo de Adán, aceptó los resultados de la operación de la gran ley de la herencia. Lo que estos resultados fueron, se manifiesta en la historia de Sus ancestrales terrestres. Vino con esa herencia para compartir de nuestros dolores y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida impecable".[20]

Es interesante notar que la declaración oficial de 1872 sobre la naturaleza humana de Cristo, permaneció intocada hasta 1931. En esa época, ella fue cambiada para expresar con palabras diferentes la misma convicción básica. "Conquanto reteniendo Su divina naturaleza, Él tomó sobre Si la naturaleza de la família humana, y vivió en la Tierra como un hombre".[21] Puesta en el contexto de los escritos de ese período, esa nueva formulación confirma lo que fue la enseñanza unánime de la iglesia hasta 1950, esto es, que la carne de Jesús era "en semejanza de carne de pecado".

La Naturaleza Humana en Estado Caído.-

La declaración oficial de 1872 sobre la naturaleza humana de Jesús constituye la piedra angular de la Cristología Adventista anterior a 1950. De acuerdo con Ralph Larson, ella fue reafirmada más de 1200 veces por los escritores y teólogos adventistas, de los cuales cerca de 400 son de la propia Ellen White.[22]

Por vuelta de 1950, sin embargo, influenciada por considera ciones extrabíblicas, otra interpretación surgió en los medios adventistas, afirmando que la naturaleza humana de Cristo era la de Adán antes de la caída. Ese fue un indisputable retorno a los credos de los primeros siglos. Ese cambio se constituyó, entre todos, el más sorprendente, porque, al mismo tiempo, los más eminentes teólogos protestantes de la segunda mitad del siglo veinte se emanciparon de las posiciones tradicionales e inconcientemente confirmaron la interpretación que había prevalecido hasta entonces en la iglesia adventista.

Alguien puede quedar espantado ante ese súbito cambio de interpretación dentro de la iglesia, especialmente después de presentar un frente unánime durante un siglo de consistente enseñanza sobre el asunto. De hecho, desde el inicio del movimiento, la naturaleza caída de Cristo nunca había sido objeto de cualquier controversia, distintamente de lo acontecido con otros puntos doctrinarios como la divinidad de Cristo. Una nota manuscrita de William C. White, así como otros documentos emitidos por la sesión de la Conferencia General de Mineápolis, confirma que la "Cristología no fue el punto de roce en 1888".[23]

A través de toda la década de 1890, la Cristología se volvió el asunto favorito entre los predicadores adventistas. Ellen White, en particular, continuamente insistía sobre la importancia del tema en todos sus escritos, enfatizando la naturaleza caída de Cristo. La razón es patente. Primeramente, él servía al propósito de afirmar la realidad de la humanidad de Cristo, aun más enfáticamente que otros cristianos, que tendían a apoyar la naturaleza inmaculada de Jesús, esto es, la de Adán antes de la caída.

Como nuestro estudio constatará, la obra de la redención puede ser explicada únicamente con la comprensión apropiada de la persona divino-humana de Jesucristo. Engañarse en la Cristología es errar sobre la obra de salvación realizada en los seres humanos por Cristo, a través del proceso de justificación y santificación.

Finalmente, ese tópico probó ser importante en la instrucción de los nuevos conversos al adventismo. Él era totalmente contrario a sus creencias, que representaban para muchos un serio desafío. No espanta que muchas preguntas le hayan sido hechas a Ellen White y a los editores de las diversas publicaciones de la iglesia. Sus respuestas contienen una riqueza de informaciones valiosas.

Notas y Referencias.-

  1. Ellen G. White -- Manuscrito 1, de 1892. Citado en Seventh-day Adventist Bible Commentary (Washington, D.C., Review and Herald Pub. Assn., 1953-1957) Ellen G. White Comments, vol. 7, Pág. 929.
  2. Ellen G. White, Gospel Workers (Obreros Evangélicos) (Washington, D.C. Review and Herald Pub. Assn., 1915), pág. 21.
  3. ________, en Signs of The Times (Señales de los Tiempos), 30 de Julio de 1896. Citado en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Ellen G. White Comments, vol. 5, pág. 1130.
  4. ________, Selected Messages (Mensajes Selectos) (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1958), libro 1, pág. 244.
  5. Ellet J. Waggoner, en Signs of The Times, 21 de Enero de 1889.
  6. Ellen G. White, Selected Messages, libro 2, págs. 109, 110 (itálicos suplidos).
  7. James S. White, Review and Herald , 16 de Septiembre de 1852.
  8. Idem, 18 de Octubre de 1853.
  9. J. M. Stephenson , Review and Herald, 9 de Noviembre de 1854.
  10. Idem, 15 de Julio de 1854.
  11. Ellen G. White, Early Writings (PrimerosEscritos)(Washington, D.C., Review and Herald Pub. Assn., 1945), pág. 150 (itálicos suplidos).
  12. Idem pág. 152 (itálicos suplidos).
  13. _________, Spiritual Gifts (Dones Espirituales) (Washington, D.C., Review and Herald Pub. Assn., 1945), vol. 4, pág. 115 (itálicos suplidos).
  14. _________, Review and Herald, 24 de Febrero de 1874 (itálicos suplidos).
  15. Review and Herald, 2 de Enero de 1872. Ver P. Gerard Damsteegt, Foundations of the Seventh-day Adventist Message and Mission (Fundamentos del Mensaje y Misión de los Adventistas del Séptimo Día) (Grand Rapids: W. B. Eerdmans Pub. Co., 1978), págs. 301-305.
  16. James S. White, A Word to the Little Flock (Una Palabra al Pequeño Rebaño), pág. 13. Citado en Seventh-day Adventist Encyclopedia, pág. 358.
  17. Ellen G. White, Selected Messages, vol. 1, pág. 416.
  18. Review and Herald, 2 de Enero de 1872 (itálicos suplidos).
  19. James S White, Review and Herald, 16 de Septiembre de 1852 (itálicos suplidos).
  20. Ellen G. White, The Desire of the Ages (El Deseado de Todas las Gentes), pág. 49. Ver interpretaciones similares en nuestras páginas más adelante.
  21. Ver Creencia Fundamental n° 3, Seventh-day Adventista Yearbook (1931). Esa misma declaración fue adoptada por el Concilio Otoñal de 1941, y fue incluída en el Manual de la Iglesia (1942), donde permaneció inalterable a través de diversas ediciones, hasta 1980.
  22. Ralph Larson, The Word Was Made Flesh, One Hundred Years of Seventh-day Adventist Christology -- 1852-1952 (La Palabra Se Hizo Carne, 100 años de Cristología Adventista del Séptimo Día 1852-1952), (Cherry Valley, Calif.: Cherrystone Press, 1986), págs. 220, 245. Larson levantó un censo cronológico de las declaraciones referentes a la naturaleza humana de Cristo contenidas en la literatura denominacional.
  23. Ver Eric Claude Webster. Crosscurrents in Adventist Christology (Contracorrientes en la Cristología Adventista), pág. 176, nota 56.