Tocado por Nuestros Sentimientos

Capítulo 3

La Cristología de Ellen G. White (1827-1915)

Ellen G. White desempeñó un importante papel durante la formación de las creencias fundamentales de la Iglesia Adventista. Ella fue la primer líder -- y realmente la única que, anteriormente a 1888, se expresó por escrito sobre la posición de la naturaleza humana de Jesús, la cual fue finalmente adoptada por toda la joven comunidad.

Después de sus primeras declaraciones sobre el asunto, en 1858, Ellen continuó a expresar sus pensamientos concernientes al tema con creciente claridad, en artículos publicados en la Review and Herald, y más tarde en sus libros. En 1874, una serie de artículos tratando de la tentación de Cristo presentó la esencia de su Cristología.[1] En 1888, en la sesión de la Conferencia General de Mineápolis, donde Ellet J. Waggoner hizo de la divinidad y de la humanidad de Cristo el fundamento de la justificación por la fe, todos los elementos de su Cristología habían ya sido expresados en los escritos de Ellen White.

La persona y la obra de Jesús fueron siempre el centro de interés de Ellen White. "La humanidad del Hijo de Dios" era todo para ella. Ella la llamaba "la cadena de oro que liga nuestras almas a Cristo, y a través de Cristo a Dios".[2] Ese asunto es el ámago de sus escritos, hasta su muerte en 1915. Apenas seis meses antes de dejar caer la pluma, ella escribió: "Él [Cristo] se hizo de ninguna reputación, tomó sobre Si la forma de siervo, y hecho en semejanza de carne de pecado... Inmaculado y exaltado por naturaleza, el Hijo de Dios consintió en tomar las vestiduras de la humanidad, para volverse uno con la raza caída. El Verbo Eterno permitió volverse carne. Dios se hizo hombre".[3]

Infelizmente, Ellen White nunca trató el asunto como un todo y de modo sistemático. Esa es una fuente de dificultad. Entre sus 120.000 páginas manuscritas[4], las declaraciones sobre la naturaleza humana de Jesús se cuentan por centenas. Fuera de eso, dependiendo de las circunstancias y del punto específico en consideración, los mismos conceptos son algunas veces tratados de modo tan diferente, que pueden parecer contradictorios. Por esa razón, es importante colocar las declaraciones en su debido contexto, y evitar la tentación de fiarnos en afirmaciones aisladas, pues eso es prerequisito fundamental de una exégesis idónea. Nos esforzaremos en seguir esas reglas en la siguiente síntesis de la Cristología de Ellen G. White.

La Humanidad de Jesús.-

Como vimos, Ellen White atestaba convictamente la divinidad de Cristo. Ella es enfática sobre ese punto. Sin embargo, habla de la humanidad de Cristo con la misma convicción. No hay cualquier trazo de docetismo en sus escritos. El triunfo del plan de la salvación dependía enteramente de la encarnación, del Verbo hecho carne, y del Hijo de Dios revestido de la humanidad.

"Cristo no aparentó tomar la naturaleza humana; Él realmente la asumió. Jesús, en realidad, poseía la naturaleza humana. 'Por lo tanto, como los hijos son participantes comunes de carne y sangre, también Él semejantemente participó de las mismas cosas...' (Heb. 2:14). Él era el hijo de María; Él era la simiente de David, conforme la descendencia humana. Se declara ser Él un hombre, el Hombre Cristo Jesús".[5]

Ellen White acentua la humana realidad de Jesús: "Él no tenía una mera semejanza de un cuerpo; Jesús tomó la naturaleza humana, participando de la vida de la humanidad".[6] "Él voluntariamente asumió la naturaleza humana. Hizo eso por Su propia iniciativa y consentimiento."[7] "Él vino como un desamparado bebé, poseyendo la misma humanidad que nosotros".[8]

No satisfecha con declarar su opinión de manera general, Ellen no dudó en especificar: "Cuando Jesús tomó la naturaleza humana y asumió la forma de hombre, poseía un organismo humano completo".[9] "Sus facultades fueron reducidas al propio nivel de las débiles facultades del hombre".[10] Aun cuando Cristo haya asumido la naturaleza humana con "los resultados de la operación de la gran ley de la herencia", todavía "estaba libre de cualquier deformidad física".[11] "Su estructura física no estaba manchada por cualquier defecto; Su cuerpo era fuerte y saludable. Y a través de toda Su vida, Él vivió en conformidad con las leyes de la naturaleza. Tanto física bien como espiritualmente, Él fue un ejemplo de lo que Dios desea que toda la humanidad sea por medio de la obediencia a Sus leyes".[12]

Repetidamente Ellen White explica que "no hubiese Cristo sido plenamente humano, no podría haber sido nuestro substituto".[13] Sobre ese punto en particular, no hay cualquier divergencia entre los teólogos adventistas. Los puntos de vista difieren, mas apenas con respecto a la especie de naturaleza humana con la cual Cristo fue revestido. ¿Era ella la de Adán antes o después de la caída?

...Nota del traductor -- El docetismo era una enseñanza ligada a los gnósticos, afirmando que Jesús no poseía realmente un cuerpo humano; que apenas pareció haber muerto en la cruz.

¿La Naturaleza de Adán Antes o Después de la Caída?

Esa es realmente una cuestión preeminente. Los proponentes de las dos interpretaciones discordan vigorosamente desde 1950. Es sorprendente que la cuestión debiese surgir al final Obviamente, nadie insinuaría que Adán antes de la caída tenía una carne "en semejanza de carne de pecado", como el apóstol Pablo dice que Cristo poseía. (Rom. 8:3).

Ellen White compara la naturaleza y posición de Adán antes de la caída, y la naturaleza y posición de Jesús después de millares de años de pecado: "Adán fue tentado por el enemigo y cayó. No fue el pecado interior que lo hizo ceder, pues Dios lo hizo puro y justo, a Su propia imagen. Él era inmaculado como los ángeles delante del trono. No había en él qualesquier principios corruptos ni tendencias para el mal. Pero, cuando Cristo fue a enfrentar las tentaciones de Satanás, portaba la semejanza de la carne de pecado".[14]

En su libro El Deseado de Todas las Gentes, Ellen White muchas veces contrasta la naturaleza y la situación de Adán y Jesús: "Habría sido una casi infinita humillación para el Hijo de Dios tomar la naturaleza humana, aun cuando Adán permanecia en su inocencia en el Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la raza estaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cada hijo de Adán, Él aceptó los resultados de la operación de la gran ley de la herencia. Lo que fueron esos resultados está mostrado en la historia de Sus ancestrales terrenos. Él vino con tal herencia para compartir nuestros dolores y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado".[15]

Y nuevamente: "Cristo debía redimir, en nuestra humanidad, la falla de Adán. Cuando este fue vencido por el tentador, entretanto, no tenía sobre si ninguno de los efectos del pecado. Se encontraba en la pujanza de la perfecta varonilidad, poseyendo el pleno vigor de la mente y del cuerpo. Se encontraba circundado de las glorias del Edén, y en comunicación diaria con seres celestiales. No fue así cuanto a Jesús, cuando penetró en el desierto para medirse con Satanás. Por cuatro mil años había estado la raza a decrecer en fuerzas físicas, vigor mental y moral; y Cristo tomó sobre Si las debilidades de la humanidad degenerada. Únicamente así podia salvar al hombre de las profundidades de su degradación".[16]

Finalmente, Ellen White deja poca duda acerca de su posición referente a la naturaleza póst-caída de Cristo, en su declaración de 1874: "La gran obra de la redención podía ser efectuada apenas por el Redentor tomando el lugar del caído Adán".[17] Una afirmación hecha en 1901 tocó en el mismo punto: "La naturaleza de Dios, cuya ley había sido transgredida, y la naturaleza de Adán, el transgresor, se unieron en Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo del hombre".[18] Sin embargo, ella califica eso en una declaración hecha en 1890: "No debemos pensar que la posibilidad de Cristo ceder a las tentaciones de Satanás degradó Su humanidad, y que el poseia las mismas pecaminosas y corruptas propensiones como el hombre. La naturaleza divina, combinada con la humana, lo hizo suceptible de ceder a las tentaciones de Satanás. Aquí la prueba de Cristo era tanto mayor que la de Adán y Eva, pues Él tomó nuestra naturaleza, caída pero no corrompida".[19]

En todos los escritos de Ellen White no hay una simple referencia que identifique la naturaleza humana de Cristo con la de Adán antes de la caída. Contrariamente, sobran declaraciones afirmando que Jesús tomó la naturaleza de Adán después de 4000 años de pecado y degeneración. En otras palabras, Él se revistió de nuestra carne en estado caída; o, tomando emprestada la expresión de Pablo, "en semejanza de carne de pecado".

La Naturaleza Humana en Estado Caído.-

Ellen White acentúa vigorosamente la semejanza de la naturaleza de Jesús y la nuestra. No satisfecha en decir que Jesús tomó nuestra naturaleza, ella repite que Él la asumió en su "estado caído".[20] En otra colocación ella usa el lenguaje de (Filipenses 2:7), el cual declara que Jesús "se hizo semejante a los hombres". También se vale de (Romanos 8:3): "Porcuanto, lo que era imposible a la ley, ya que se hallaba débil por la carne. Dios, enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y por causa del pecado, en la carne condenó el pecado".[21]

Con frecuencia la Sra. White cita (2 Coríntios 5:21): "A Aquel que no conoció pecado, Dios Lo hizo pecado por nosotros". Ella hace una conexión de eso no apenas con la muerte de Cristo en la cruz como sacrifício vicario "por los pecados de todo el mundo" (1 Juan 2:2), sino también en ligación con el inicio de Su ministerio, al tiempo de Su tentación en el desierto y a través de toda Su vida, como que estableciendo la verdadera naturaleza de Cristo, que llevó "Él mismo, nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero...". (1 Pedro 2:24).

"Cristo soportó los pecados y debilidades de la raza humana tales como existian cuando Él vino a la Tierra para ayudar al hombre... Y para elevar al hombre caído, precisaba Cristo alcanzarlo donde se encontraba. Asumió la naturaleza humana y arcó con las debilidades y degeneración de la raza. Él, que no conocía pecado, se volvió pecado por nosotros. Se humilló hasta las más bajas profundidades de la miseria humana, a fin de que pudiera estar habilitado para alcanzar al hombre y sacarlo de la degradación en la cual el pecado lo lanzara".[22]

Con relación a asuntos tan serios y delicados como ese, Ellen White es muy clara y usa un lenguaje distinto sin dobles significados. La participación de Cristo en la naturaleza humana caída no podría ser descrita con mayor claridad.

"Poniendo a un lado Su corona real, Él condescendió en descender, paso a paso, al nivel de la caída humanidad".[23] "Pensemos sobre la humillación de Cristo. Él tomó sobre Si mismo la caída, sufrida, degradada y maculada naturaleza humana".[24] Y más: "Él Se humilló y tomó sobre Si la mortalidad".[25] "Fue una humillación mucho mayor que la que el hombre puede comprender".[26] "Cristo tomó sobre Si las enfermedades de la degenerada humanidad. Apenas de ese modo podía Él rescatar al hombre de los profundísimos abismos de su degradación".[27]

Para evitar cualquier posible mal entendido sobre la realidad de la participación de Jesús en la naturaleza de la humanidad caída, Ellen White a menudo emplea el verbo asumir, implicando que Él realmente la tomó sobre Sí mismo. "Cristo asumió nuestra naturaleza caída y se expuso a cada tentación a la que el hombre está sujeto".[28] "Él asumió los riescos de la naturaleza humana, para ser probado y tentado".[29] "Él asumió la naturaleza humana, sus enfermedades, riesgos y tentaciones".[30]

La participación de Cristo en la plena naturaleza humana en su estado caído, es colocada por Ellen White como condición sinequa non para la salvación del hombre. "Estaba en los planos de Dios que Cristo tomase sobre Si mismo la forma y la naturaleza del hombre caído, para que Él pudiese ser perfeccionado a través del sufrimiento, y soportar en Si mismo la fuerza de las tentaciones de Satanás, a fin de que conociese mejor como socorrer a aquellos que son tentados".[31] "Por ese acto de condescendencia, Él sería capaz de derramar Sus bendiciones a favor de la raza caída. Así Cristo nos hizo posible que seamos participantes de Su naturaleza".[32]

Fue exáctamente eso lo que el autor de la epístola a los Hebreos nos enseñó. "Convenía que en todo fuese hecho semejante a Sus hermanos", "para que pudiese estar en posición de libertar los seres humanos de sus pecados". (Heb. 2:17). Y añade: "Porque en aquello que Él mismo, siendo tentado, padeció, puede socorrer a los que son tentados" (verso 18).

"Tentado de Todas las Maneras, Como Nosotros...".-

Ellen White hizo todo lo que podia para explicar el significado de esa verdad. "Nuestro Salvador vino a este mundo para soportar en naturaleza humana, todas las tentaciones con las cuales el hombre es asediado".[33] "Él conoce por experiencia cuales son las debilidades de la humanidad, cuales son nuestras carencias y donde yace la fuerza de nuestras tentaciones, pues Él fue 'tentado en todos los puntos, como nosotros, pero sin pecado'".[34] "Él sabe cuan fuertes son las inclinaciones del corazón natural".[35] habiéndolas experimentado en Sí mismo. "Algunos piensan que Cristo, por ser el Hijo de Dios, no tuvo tentaciones como los hijos ahora las tienen. Las Escrituras dicen que Él fue tentado en todos los puntos, como nosotros".[36]

"Las tentaciones a que Cristo estuvo sujeto fueron una terrible realidad... Si no fuese así; si no Le fuese posible caer, Él no podría ser tentado en todos los puntos como la familia humana es tentada. Las tentaciones de Cristo y Sus sufrimientos bajo ellas fueron proporcionales a Su carácter incontaminado y exaltado... Él 'resistió hasta la sangre' en aquella hora cuando el temor del fracaso moral era como el temor de la muerte. Mientras estaba curvado en el Getsemaní, en agonía de alma, gotas de sangre le afloraron a los poros y humedecieron el suelo... Sobre la cruz Cristo sabía, como ningún otro podía saber, el terrible poder de las tentaciones de Satanás".[37]

"Ningún otro nacido de mujer fue tan ferozmente asaltado por la tentación".[38] "Él realmente enfrentó y resistió las tentaciones de Satanás, como cualquier ser humano".[39] En su batalla en el desierto, "la humanidad de Cristo fue puesta a prueba como ninguno de nosotros jamás podrá saber... Esas fueron tentaciones reales y no simulacros".[40] El apóstol lo confirma cuando habla de las pruebas que Jesús tuvo que soportar: "Aun no resististeis hasta la sangre, combatiendo contra el pecado". (Heb. 12:4)

En la misma carta, Ellen White describe las tentaciones que Jesús tuvo que enfrentar: "El Hijo de Dios, en Su humanidad, luchó con las mismas crueles y aparentemente abrumadoras tentaciones que asedian los hombres - tentaciones para condescender con el apetito, a aventurarse presuntuosamente donde Dios no los condujo, y darle culto al dios de este mundo, sacrificar una eternidad de bien-aventuranza por los fascinantes placeres de esta vida".[41]

"Las tentaciones que Cristo resistió fueron aquellas que encontramos tan difíciles de soportar. Ellas fueron intensificadas sobre Él en mucho mayor grado, en la medida en que Su carácter era superior al nuestro. Con el terrible peso de los pecados del mundo sobre Él, Jesús resistió la prueba del apetito, del amor del mundo, y del amor de la ostentación que conduce a la presunción".[42]

"Es un misterio inexplicable a los mortales que Cristo pudiese ser tentado en todos los puntos, como nosotros lo somos, y aun ser sin pecado".[43] Cierta ocasión, algunas personas cuestionaron la caída naturaleza de Cristo. Ellen White les respondió: "He recibido cartas afirmando que Cristo no podía haber tenido la misma naturaleza que el hombre, pues en ese caso, habría caído bajo semejantes tentaciones. Si no poseyese naturaleza humana, no podría haber sido ejemplo nuestro. Si no fuese participante de nuestra naturaleza, no podría haber sido tentado como el hombre lo ha sido. Si no Le hubiese sido posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro Auxiliador".[44]

"Pretenden muchos que era imposible que Cristo fuese vencido por la tentación. En ese caso, no habría sido colocado en la posición de Adán; no podría haber obtenido la victoria que aquel dejara de ganar. Si tuviésemos, en cierto sentido, un más probante conflicto que lo que tuvo Cristo, entonces Él no estaría habilitado para socorrernos. Pero nuestro Salvador Se revistió de la humanidad con todas las contingencias de la misma. Tomó la naturaleza del hombre con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar ninguna cosa que Él no haya sufrido".[45]

Sin embargo, "al tomar sobre Si la naturaleza del hombre en su decadente condición, Cristo no participó en lo mínimo que fuese de su pecado".[46] He aquí otra solemne verdad que Ellen White nunca dejó de repetir, mientras enfatizaba la realidad de las tentaciones a las cuales Jesús estaba sujeto. Pues, como está escrito: "Antes, fue Él tentado en todas las cosas, pero sin pecado". (Heb. 4:15).

"... Pero Sin Pecado".-

Cada vez que Ellen White escribía sobre el delicado asunto de la naturaleza caída de Cristo, era muy cuidadosa en añadir inmediatamente que Jesús vivió "sin cometer pecado", sea por pensamientos, palabras u obras.

En una carta enviada a W. L. H. Baker, que evidentemente tenía tendencia de hablar de Cristo como un hombre "integralmente humano", Ellen White sugirió que él fuese más cauteloso: "Nunca, de modo alguno, deje la más leve impresión sobre mentes humanas de que una mancha, inclinación o corrupción incidía sobre Cristo, o que Él, de alguna manera cedió ala corrupción".[47] "Ninguna palabra impura escapaba de Sus labios".[48] "Nunca Él practicó una acción mala, pues era el Hijo de Dios. Aun cuando posuyese forma humana, sin embargo era excento de la mancha del pecado".[49] "En Su naturaleza humana, Él mantuvo la pureza de Su divino carácter. Él vivió la ley de Dios y la honró en un mundo de transgresión".[50]

"En medio a la corrupción, Cristo mantuvo Su pureza. Satanás no podía mancharla o corromperla. Su carácter revelaba un perfecto odio contra el pecado".[51] "Si hubiese podido encontrarse un sólo pecado en Cristo, si hubiese Él en algo particular que fuese, cedido a Satanás para escapar a la horrible tortura, y el enemigo de Dios y del hombre habría triunfado".[52]

Algunos creen que Jesús fue tentado apenas externamente. Si hubiese sido así, Él no habría sido verdaderamente tentado como nosotros lo somos, ni habría conocido "el poder de nuestras tentaciones" [53], y la " fuerza de la pasión humana"[54], a los cuales los hombres están sujetos. Sin embargo, "nunca Él cedió a la tentación de practicar un simple acto que no fuese puro, elevado y ennoblecedor".[55]

Ellen White dijo: "Al pueblo, y después, más plenamente, a los discípulos, Jesús explicó que la contaminación no procede de lo exterior, sino del interior. Pureza e impureza pertenecen al alma. Es el mal acto, la palabra o el pensamiento malo, la transgresión de la ley de Dios, no la negligencia de ceremonias externas creadas por el hombre, lo que contamina".[56] "Si la ley alcanzase apenas la conducta exterior, los hombres no serían culpados por sus pensamientos, deseos y designios injustos. Pero la ley requiere que la propia alma sea pura y la mente santa, que los pensamientos y senti mientos estén de acuerdo con el padrón de amor y justicia".[57]

"A menos que haya la posibilidad de ceder, la tentación no es tentación. La tentación es resistida cuando un hombre es poderosamente influenciado a practicar una mala acción y, sabiendo que puede hacer eso, resiste por la fe, apegándose firmemente al poder divino. Esa fue la durísima experiencia por la cual Cristo pasó".[58]

"Tomando sobre Si la naturaleza humana en su estado caído, Cristo no participó, en lo mínimo que fuese, de su pecado... No debemos tener dudas acerca de la perfecta ausencia de pecado en la naturaleza humana de Cristo".[59] Eso no significa que Su naturaleza era impecable en sí misma -- lo cual contradiría todo cuanto Ellen White escribiera en otras partes -- sino que en el sentido de que, a causa de Su perfecta obediencia, Él la hizo impecable, "condenando el pecado en la carne".

Divino y Humano.-

La realidad de la encarnación no significa que Jesús renunció a Su divinidad. Ellen White acostumbraba a decir que "Él revistió Su divinidad con la humanidad", o que "Él veló Su divinidad con la humanidad". Ese tipo de expresión es encontrado cerca de 125 veces en sus escritos.[60] He aquí algunos ejemplos: "Por nuestra causa, Él dejó Su trono real y vistió Su divinidad con la humanidad. Puso a un lado Su manto real, Su majestuosa corona, para que pudiese ser uno con nosotros".[61]

"Cristo no cambió Su divinidad por la humanidad, sino que la revistió con la humanidad".[62] "Él veló Su divinidad con la ropa de la humanidad, pero no Se separó de Su divinidad".[63] "Aun cuando tomase la humanidad sobre Sí mismo, Él era divino. Todo lo que es atribuído al propio Padre, también lo es a Cristo".[64] "En Él, el propio Dios descendió del Cielo".[65]

En un comentario sobre la visita de Jesús al templo de Jerusalém, Ellen White escribió: "El segundo templo fue honrado, no con la nube de la gloria de Jehová, sino con la presencia viva de Aquel en quien habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad -- el propio Dios manifiesto en car-ne".[66] "He aquí porque, aun cuando fuese tentado en todos los puntos como nosotros, estuvo en el mundo, desde Su primera entrada en él, excento de corrupción, aun cuando estuvo por ella cercado".[67]

Habiendo dicho eso, Ellen White entonces formula una cuestión: "¿Estamos nosotros volviéndonos también participantes de esa plenitud, y no es así, y así solamente, que venceremos como Él venció?"[68] De hecho, "Resistió Él la tentación, mediante el Poder que el hombre también puede poseer. Se apoyó en el trono de Dios, y no existe hombre o mujer que no pueda tener acesso al mismo auxilio, por la fe en Dios".[69]

"Cristo, en la debilidad de la humanidad, debía enfrentar la tentación de alguien que poseía los poderes de una elevada naturaleza que Dios le concediera a la família angelical. Pero la humanidad de Cristo estaba unida a Su divinidad, y en ese poder Él soportaría todas las tentaciones que Satanás pudiese lanzar contra Él, y aun mantener Su alma incontaminada del pecado. Y ese poder de vencer Él le daría a cada hijo e hija de Adán que aceptase por la fe los justos atributos de Su carácter".[70]

Participantes de la Naturaleza Divina.-

Ellen White enfatiza especialmente la posibilidad ofrecida a la humanidad de "participar de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). Ese es el propósito por el cual Cristo vino a este mundo. Él vino para traerle a los hombres el poder de Dios de librarlos del poder del pecado, y hacerlos hijos de Dios. Para ese fin Cristo participó de la caída naturaleza del hombre, a fin que él pudiese ser capaz de participar de Su divina naturaleza.

"Él [Cristo] tomó nuestra naturaleza y venció, para que, tomando Su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho 'en semejanza de carne de pecado' (Rom. 8:3), Él vivió una vida sin pecado".[71] Pues, "la vida que Cristo vivió en este mundo, hombres y mujeres pueden vivir a través de Su poder y bajo Su instrucción. En el conflicto contra Satanás, ellos pueden tener toda la ayuda que Él tuvo. Pueden ser más que vencedores por Aquel que los amó y se entregó a Sí mismo por ellos".[72]

En Su humanidad, Cristo triunfó sobre el pecado a través del poder de Dios al cual Se apegaba. Cada miembro de la família humana tiene el mismo privilegio. "Cristo nada hizo que la naturaleza humana no pueda hacer si es participante de la naturaleza divina".[73] "Él no ejerció en Su provecho ningún poder que no nos sea libremente ofrecido. Como hombre, Él enfrentó la tentación, y la venció en la fuerza que Le fue dada por Dios".[74]

"Si Cristo poseyese un poder especial que el hombre no tiene el privilegio de poseer, Satanás se habría aprovechado de ese hecho".[75] De acuerdo con Ellen White, "Satanás declaró ser imposible que los hijos e hijas de Adán observaran la ley de Dios".[76], haciendo con que la responsabilidad cayese sobre el Legislador y no sobre el hombre. Pero "Cristo vino a este mundo para ser tentado en todos los puntos como nosotros lo somos, para probaler al Universo que en este mundo de pecado, los seres humanos pueden vivir del modo que Dios aprueba".[77] "El Señor Jesús vino a nuestro mundo no para revelar lo que Dios podría hacer, sino lo que el hombre podría hacer a través de la fe en el poder de Dios para ayudar en cada emergencia. El hombre debe, mediante la fe, ser participante de la naturaleza divina y vencer cada tentación con que es asediado".[78]

Ellen White enseñaba consistentemente que la obra de salvación realizada por Jesucristo no quedó confinada a un simple acto legal, o perdón de nuestros pecados, sino que ella también incluye victoria sobre la tentación y el pecado. "Cristo vino para hacernos 'participantes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4), y Su vida declara que la humanidad, unida a la divinidad, no comete pecado".[79]

"Era una solemne realidad esta de que Cristo vino para herir las batallas como hombre, en favor del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar el Modelo; debe el hombre volverse participante de la naturaleza divina".[80] "Su vida testificó que, con la ayuda del mismo poder divino que Cristo recibió, le es posible al hombre obedecer la ley de Dios".[81]

Obviamente, esa prueba no habría sido efectiva si Jesús hubiese vivido una vida sin pecado en una naturaleza humana diversa de la nuestra -- esto es, en la naturaleza de Adán antes de la caída. Eso explica por que, con perfecta lógica, Ellen White afirmaba que "la gran obra de la redención podría ser efectuada apenas con el Redentor tomando el lugar del caído Adán".[82]

Conclusión.-

Ellen White escribió exhaustivamente sobre una amplia variedad de tópicos tales como dietética, salud, educación, teología, obra médica, predicación evangelística, y mucho más.[83] No obstante, su asunto favorito era, indudablemente, la persona y la obra de Jesús. Aun cuando no trate de temas cristológicos de manera sistemática, ellos saturan sus escritos.

Y ella declaró eso muy bien: "Cristo, Su carácter y obra, son el centro y el ámbito de toda la verdad; Él es la corriente a la cual las joyas de la doctrina están ligadas. En Él es encontrado el sistema completo de la verdad".[84] Por esa razón, ella escribió: "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena de oro que liga nuestra alma a Cristo, y por medio de Cristo a Dios".[85]

Como podemos constatar, el núcleo de la Cristología de Ellen White está basado en la obra mediadora de Jesucristo, por causa de la reconciliación de los pecaminosos seres humanos con el propio Dios. Ella está en perfecta armonía con Pablo, que dice ser posible esa reconciliación por causa de la encarnación de Cristo "en semejanza de carne de pecado" (Rom. 8:3).

Podemos pensar que no hay mejor síntesis de la Cristología de Ellen White, que su comentario sobre el Sermón de la Montaña: "Cristo es la escalera que Jacob vió, teniendo la base e la Tierra, y el tope llegando a la puerta del Cielo, al propio límite de la gloria. Si aquella escala hubiese dejado de llegar a la Tierra, por un único peldaño que fuese, habríamos estado perdidos. Pero Cristo vino a tener con nosotros donde nos encontramos. Tomó nuestra naturaleza y venció, para que, revistiéndonos de Su naturaleza, nosotros pudiésemos vencer. Hecho 'en semejanza de carne de pecado' (Rom. 8:3), vivió una vida excenta de pecado. Ahora, por Su divinidad, se afirma del trono del Cielo, mientras que, por Su humanidad, Se liga a nosotros. Nos manda que, por la fe en El, alcanzemos la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, debemos ser perfectos, así como 'es perfecto vuestro Padre que está en los Cielos'. (Mat. 5:48)".[86]

Para Ellen White, Cristo manifiesto en "semejanza de carne de pecado" constituye la condición sin la cual no habría habido reconciliación con Dios. "La entereza de Su humanidad, la perfección de Su divinidad, forman para nosotros un firme terreno sobre el cual podemos ser llevados a la reconciliación con Dios".[87]

Notas y Referencias.-

  1. Ellen G. White -- Mensajes Selectos, vol. 1, págs. 242-289.
  2. Idem, pág. 244.
  3. _______, en Signs of the Times, 5 de Enero de 1915.
  4. Cuando Ellen White falleció, en 1915, sus obras incluían 24 libros publicados y traducidos en varios idiomas, con dos otros prontos para publicación, 4600 artículos y numerosos panfletos sobre varios asuntos, y cerca de 45.000 páginas manuscritas. Desde su muerte, muchos libros fueron publicados en forma de compilaciones.
  5. _______, en Review and Herald, 5 de Abril de 1906, citado en Mensajes Selectos, vol. 1, pág. 247.
  6. Carta 97 de Ellen G. White, 1898.
  7. E. G. White, en Review and Herald, 5 de Julio de 1887.
  8. Manuscrito 210 de Ellen G. White, 1895.
  9. Carta 32 de Ellen G. White, 1899. Citada en The Seventh-Day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E.G.White, vol. 5, pág. 1130.
  10. Ellen G. White, en Review and Herald, 11 de Diciembre de 1888.
  11. _______, El Deseado de Todas las Gentes, págs. 49-50.
  12. Idem, págs. 50-51.
  13. _______, en Signs of the Times, 17 de Junio de 1897.
  14. Idem, 17 de Octubre de 1900.
  15. _______, El Deseado de Todas las Gentes, pág. 49.
  16. Idem, pág. 117. Esa comparación ya había sido hecha en Review and Herald, 28 de Julio de 1874. Ver Mensajes Selectos, vol. 1, págs. 267, 268.
  17. _______, en Review and Herald, 24 de Febrero de 1874 (itálicos suplidos).
  18. Manuscrito 141 de E. G. White, 1901. Citado en Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 7, pág. 926 (itálicos suplidos).
  19. Manuscrito 57 de E. G. White, 1890 (itálicos suplidos)
  20. Carta 106 de E. G. White, 1896.
  21. E G. White, en Bible Echo (publicado por la División Australasiana), 15 de Diciembre de 1892.
  22. _______, Mensajes Selectos, vol. 1, págs. 267, 268.
  23. _______, Boletin de la Conferencia General, 23 de Abril de 1901.
  24. _______, en Youth's Instructor, 20 de Diciembre de 1900.
  25. _______, en Review and Herald, 4 de Septiembre de 1900 (itálicos suplidos)
  26. Manuscrito 143 de E. G. White, 1897.
  27. E. G. White, El Deseado de Todas las Gentes, 117.
  28. Manuscrito 80 de E. G. White, 1903.
  29. E. G. White, Mensajes Selectos, vol. 1, pág. 226.
  30. Manuscrito 141 de E. G. White, 1901 (itálicos suplidos)
  31. E. G. White, Spiritual Gifts (Dones Espirituales), vol. 4, págs. 115, 116.
  32. _______, en Review and Herald, 17 de Julio de 1900.
  33. _______, Sons and Daughters of God (Hijos e Hijas de Dios), pág. 230.
  34. _______, The Ministry of Healing (La Ciencia del Buen Vivir) (Mountain View, Calif.: Pacific Press. Pub. Assn., 1952), pág. 78.
  35. _______, Testimonies for the Church (Testimonios Para la Iglesia), vol. 5 (Mountain View, Calif. Pacific Press Pub. Assn., 1948) , pág. 177.
  36. _______, Youth's Instructor, Abril de 1873.
  37. Idem, 26 de Octubre de 1899. Citado en Selected Messages (Mensajes Selectos), vol. 3, págs. 131, 132.
  38. _______, Education (Educación) (Mountain View, Calif.: Pacific Press. Pub. Assn., 1952), pág. 78
  39. Carta 17 de Ellen G. White, 1878.
  40. E. G. White, Selected Messages, vol. 1, págs. 94-95.
  41. Idem, pág. 95.
  42. _______, The Desire of Ages, pág. 116.
  43. Carta 8 de E. G. White, 1895. Citada en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 5, págs. 1128, 1129.
  44. E. G. White, Selected Messages, vol. 1, pág. 408.
  45. _______, The Desire of Ages, pág. 117.
  46. _______, en Youth's Instructor, 1 de Junio de 1898. Citado en Selected Messages, vol. 1, pág. 256.
  47. Carta 8 de E. G. White, 1895. Citada en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 5, pág. 1128.
  48. E. G. White, en Review and Herald, 8 de Noviembre de 1887.
  49. _______, Welfare Ministry (Beneficencia Social) (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1952), pág. 287.
  50. _______, Youth's Instructor, 2 de Junio de 1898.
  51. _______, en Signs of the Times, 10 de Mayo de 1899.
  52. _______, The Desire of Ages, pág. 761.
  53. _______, The Ministry of Healing, pág. 61.
  54. _______, In Heavenly Places (En Los Lugares Celestiales), pág. 155.
  55. Ibidem.
  56. _______, The Desire of Ages, pág. 397.
  57. _______, en Review and Herald, 5 de Abril de 1898.
  58. _______, en Youth's Instructor, 20 de Julio de 1899.
  59. _______, Selected Messages, vol. 1, pág. 256.
  60. Eric Claude Webster, Crosscurrents in Adventist Christology, pág. 76.
  61. E. G. White, en Review and Herald , 24 de Octubre de 1899.
  62. Idem, 29 de Octubre de 1895. Citado en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de Ellen G. White, vol. 5, pág. 1128.
  63. Idem, 15 de Junio de 1905.
  64. Idem, 19 de Junio de 1896.
  65. Idem, 1 de Febrero de 1898.
  66. Idem, 16 de Enero de 1908.
  67. Manuscrito 16 de E. G. White, 1890. Citado en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 7, pág. 907.
  68. Ibidem.
  69. E. G. White, Selected Messages, , vol. 1, pág. 409.
  70. _______, en Review and Herald, 28 de Enero de 1909. Citado en The Seventh-day Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 7, pág. 927.
  71. _______, The Desire of Ages, págs. 311, 312.
  72. _______, Testimonies for the Church, vol. 9, pág. 22.
  73. _______, en Signs of the Times, 17 de Junio de 1897.
  74. _______, The Desire of Ages, pág. 24.
  75. _______, Selected Messages, vol. 3, pág. 139.
  76. _______, en Signs of the Times, 16 de Enero de 1896.
  77. _______, en Review and Herald, 9 de marzo de 1905.
  78. Manuscrito 1 de E. G. White, 1892. Citado en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Comentarios de E. G. White, vol. 7, pág. 929.
  79. E. G. White, The Ministry of Healing, pág. 180.
  80. _______, Selected Messages, vol. 1, pág. 408.
  81. Manuscrito 141, de E. G. White, 1901. Citado en Selected Messages, vol. 3, pág. 132.
  82. E. G. White, en Review and Herald, 24 de Febrero de 1874.
  83. Ver Índice de los Escritos de E. G. White (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., 1983), en el cual encontramos clasificados alfabeticamente varios asuntos de los escritos de Ellen G. White.
  84. E. G. White, en Review and Herald, 15 de Agosto de 1893.
  85. _______, Selected Messages, vol. 1, pág. 244.
  86. _______, The Desire of Ages, págs. 311, 312.
  87. Carta 35 de E. G. White, 1894. Citada en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 7-A, pág. 487.