Predicador entusiasta, editor de diversos periódicos,[2] y autor de varias obras[3], Alonzo T. Jones fue uno de los primeros líderes espirituales de la iglesia adventista en la década de 1890.
Jones nació el día 21 de Abril de 1850, en Rockhill, Ohio. Con 20 años de edad se alistó en el ejército y ahí se quedó durante tres años. De esa experiencia él conservó el espíritu de disciplina y cierta brusquedad en sus relacionamentos. Mientras a la mayoría de sus compañeros le gustaba divertirse en los ratos libres, Jones prefería leer obras de historia o publicaciones adventistas, juntamente con la Biblia. Así él adquirió gran parte del conocimiento básico necesario para su futuro trabajo como predicador y escritor.
Libre de las obligaciones militares, solicitó el batismo en la iglesia adventista. Fue entonces designado para ir a la costa Oeste como predicador. En Mayo de 1885, fue admitido como editor-asistente de la revista Signs of the Times, una posición que mantuvo al lado de Ellet J. Waggoner hasta 1889.
Aun cuando era completamente diferentes uno del otro, esos hombres colaboraron muy estrechamente en la predicación del mensaje de la justificación por la fe. Con el apoyo de Ellen White, ellos revolucionaron la sesión de la Conferencia General de 1888, en Mineápolis. Como resultado, por dos años la comisión de la Conferencia General nombró a Waggoner y Jones para enseñar ese mensaje en los encuentros campales, en los concilios pastorales, en las instituciones e iglesias por todo el país. Hasta viajar para a Australia, en Diciembre de 1891, Ellen White frecuentemente los acompañaba en esas campañas. Ella consideraba su mensaje como venido de Dios.
Después de la ida de Waggoner para Inglaterra, en 1892, Jones quedó encargado de mantener el interés en el mensaje de 1888. Y él lo hizo de manera magistral y con la plena aprobación de los líderes de la iglesia. Durante la década de 1890, en cada sesión de la Conferencia General, una posición preferencial le era reservada para la presentación de varios aspectos del "tercer mensaje angélico", como la colección de sus estudios bíblicos era popularmente conocida.
A causa de su interés en libertad religiosa, Jones fue escogido en 1889 para dirigir la revista American Sentinel (Sentinela Americano). En 1897, él fue llamado a servir como uno de los miembros de la Comisión de la Conferencia General, y, al mismo tiempo, como editor-jefe de la Review and Herald. Entonces, en la sesión de la Conferencia General de 1901, él fue elegido para la presidencia de la Asociación de California, posición en que se mantuvo hasta 1903.
Jones fue entonces convidado para tomar cuenta del departamento de libertad religiosa a nivel de la Conferencia General, en Washington. Al comienzo aceptó la invitación, pero después declinó y fue para Battle Creek a fin de trabajar con el Dr. John Harvey Kellogg, bajo cuya influencia acabó entrando en conflicto con la Conferencia General. A causa de eso dejó la Obra. Posteriormente, en razón de creciente hostilidad con el liderazgo de la iglesia, fue desligado del rol de miembros en 1909.
Antes de esa separación, sin embargo, A. G. Daniells, presidente de la Conferencia General, trató de hacer una reconciliación en la sesión de 1909. Por alguna razón, Jones rechazó esa apertura. De ahí en adelante, aun cuando era un observador del Sábado ligado a las más fundamentales doctrinas adventistas, permaneció alejado de la iglesia. Fuera de eso, como su biógrafo George R. Knight observa: "A despecho de su animosidad con la iglesia organizada, Jones parecia deseoso de compañerismo adventista".[4] Él falleció el día 12 de Mayo de 1923, en Battle Creek, después de sufrir una hemorragia cerebral.
¿El Mensaje de Jones es Aun Digno de Confianza?
A causa de su ulterior separación de la iglesia, algunos adventistas hoy cuestionan seriamente la validez del mensaje de Jones. Realmente, como regla general, el mensaje de quien no permanece firme en la fe hasta el final tiende a perder toda la credibilidad.[5]
En el caso de Jones, sin embargo, su desligamiento ocurrió fundamentalmente por conflicto con la organización y no con la fe. George R. Knight escribe: "Habiendo estudiado su vida por muchos años, creo casi imposible creer que el vigoroso Jones de inicio de la década de 1890, pudiese haber naufragado en la fe. Por otro lado, también parece casi imposible para él -- como consecuencia de su orgullo, obstinadas opiniones y extremismo -- haber hecho cualquier cosa más. La clave para su futuro yace en el mensaje que fue tan caro a su corazón -- dejar el poder del Espíritu Santo transformar su vida a través de la fe. Ese fue el punto donde Jones falló. Poseía una correcta teoria de la verdad, pero fracasó en su práctica".[6]
Ellen G. White acentua la diferencia entre el mensaje y el mensajero. Ella conocía bien a ambos. La Sra. White había aceptado el mensaje como inspirado por el Cielo. Ella misma no dudó en predicarlo. Mas como resultado de la oposición que Jones y Waggoner tuvieron que enfrentar, ella temía que se desanimasen y por fin "sucumbiesen a las tentaciones del enemigo". De cualquier modo, ella advertía: "Si eso aconteciese, no probaría que ellos no tenían ningún mensaje de Dios, o que la obra que hicieron fuese totalmente un error".[7] [Énfasis añadido]
Ese testimonio es aun más digno de nota, en vista de las circunstancias que desafortunadamente justificaron más tarde los temores de Ellen White con relación a los mensajeros. De hecho, ella nunca dudó del origen del mensaje básico predicado por Jones y Waggoner, aun cuando, a veces, ella los corrigiese en algunos puntos particulares.[8] Habiendo leído, en austra lia, los 24 estudios bíblicos presentados por Jones en la sesión de la Conferencia General en 1893, Ellen White escribió: "Sabemos que el hermano Jones ha dado el mensaje para este tiempo-- alimento en el tiempo debido para el hambriento rebaño de Dios. Aquellos que no permiten que el preconcepto obstruya el corazón contra el mensaje enviada por el Cielo, no pueden sino sentir el espíritu y la fuerza de la verdad".[9]
Jones también disfrutó de la confianza de los líderes de la iglesia, de acuerdo con Arthur L. White: "Tal vez la verdadera actitud de la iglesia y sus líderes para con Jones y Waggoner, después de la sesión de la Conferencia de 1888, sea mejor reflejada en las invitaciones extendidas a esos dos hombres, para conducir estudios bíblicos en las sesiones de la Conferencia General realizadas en los 10 años siguientes. Es bueno recordar que la Comisión de la Conferencia General fue responsable por la planificación de las reuniones de la Conferencia General y por escoger a sus oradores. La iglesia tenía muchos oradores competentes. Las elecciones hechas revelan los sentimientos de sus líderes".[10]
Una rápida mirada en la impresionante cuenta de estudios bíblicos presentados por Waggoner y Jones en las diversas sesiones de la Conferencia General, de 1891 a 1909, será suficiente para establecer el nivel de confianza de que gozaban: 17 para Waggoner en 1991; 24 para Jones en 1893; 26 para Jones en 1895; 19 para Waggoner y 11 para Jones en 1897; 3 para Waggoner y 7 para Jones en 1899. Esos hombres nunca habrían sido solicitados a presentar como lo hicieron, los diversos aspectos del tercer mensaje angélico, si su discurso no hubiese estado en armonía con las creencias de la iglesia.
Cristología de Jones.-
Jones habló profusamente sobre la naturaleza humana de Cristo, primeramente en numerosos artículos en la Review and Herald, de la cual fue editor-jefe;[11] más tarde en los estudios bíblicos presentados en las sesiones de la Conferencia General efectuadas entre 1893 y 1895, bajo el título "El Tercer Mensaje Angélico"[12] y finalmente en un libreto titulado The Consacrated Way to Christian Perfection (El Camino Consagrado Para la Perfección Cristiana)[13] publicado al final de su ministerio, en 1905.
Dentro del alcance de este estudio, es imposible considerar todos los detalles del mensaje expuesto por Jones. Será suficiente aquí definir los puntos principales de su Cristología. Primeramente, vamos a dejar claro que Jones siempre presentó Cristo como Dios. Para él, "tan enteramente la naturaleza de Cristo es la naturaleza de Dios, que ella es la propia marca de la substancia de Dios". "Él es Dios".[14] Jones declaró: "Es esencial conocer el primer capítulo a los Hebreos, para entender lo que es Su naturaleza como hombre, revelada en el segundo capítulo de Hebreos".[15]
En sus presentaciones en el año 1893, Jones confirmó las enseñanzas de Waggoner sobre justificación por la fe. Él afirmó que "Jesús participó de la misma carne y sangre que nosotros tenemos".[16] Y, en su décimo estudio él explicó cómo Dios tejió en Cristo "las vestiduras de la justicia", disponibles a aquellos que Lo aceptan.
Jones afirmó: "Esas vestiduras fueron tejidas en un cuerpo humano. El cuerpo humano -- la carne de Cristo -- era el telar, ¿no era? Esa ropa fue tejida en Jesús; en la misma carne que usted y yo tenemos, pues Él tomó parte en la misma carne y sangre que tenemos. Esa carne, que es suya y mia, fue la que Cristo trajo a este mundo, la cual fue el telar en el cual Dios tejió los trajes para que usted y yo vistamos en la carne, y Él quiere que los usemos ahora".[17]
Las más completas y detalladas presentaciones fueron las hechas por Jones en la sesión de la Conferencia General de 1895. De 26 estudios, seis fueron dedicados a la doctrina de la encarnación.[18] En el curso de esas exposiciones, Jones mencionó que la naturaleza de Cristo había sido objeto de profundo estudio durante "tres o cuatro años", pero que Dios los estaba conduciendo "más allá" en el asunto.[19] Jones creía que había nuevos argumentos capaces de consolidar la enseñanza sobre la naturaleza humana de Cristo.
Evidencias sugieren que, después de su llegada a Inglaterra en 1892, Waggoner le envió a Jones los escritos de un obispo anglicano, Edward Irving, bien conocidos por su Cristología. Está bastante claro que Jones había leído las obras de Irving y que ellas tuvieron influencia sobre los argumentos y expresiones usados en las presentaciones de 1895.[20]
La comprensión de Jones sobre la naturaleza humana de Jesús y sus aplicaciones prácticas en la vida cristiana, pueden ser sumariadas en cuatro principales conceptos:
1. La Naturaleza Caída de Cristo
Jones no tenía la mínima duda de que Cristo tomó sobre Sí la naturaleza humana caída o pecaminosa, "la semejanza de carne de pecado". Ese tipo de expresión ocurre no menos de 90 veces en sus presentaciones hechas en el año 1895.[21]
No satisfecho en afirmar la verdad de ese mensaje, Jones deseaba explicar su lógica. Para ese fin él comenzó a enfatizar el origen común de la naturaleza humana de Cristo y de todos los seres humanos. Para demostrar ese punto, él citaba (hebreos 2:11): "Pues tanto lo que santifica, como los que son santificados, vienen todos de uno sólo..." Con base en ese verso, Jones concluyó que "en Su naturaleza humana, Cristo provino del hombre de quien todos nosotros vinimos... Un hombre es la fuente y cabeza de toda la naturaleza humana. Y la genealogía de Cristo, como uno de nosotros, se origina en Adán... Todos vienen de un hombre según la carne; son todos de uno. Así, del lado humano, la naturaleza de Cristo es precisamente nuestra naturaleza".[22]
"¿Qué carne es esa, de hecho?", interrogaba Jones. "¿Qué especie de carne solamente este mundo conoce? Tan solamente la carne que usted y yo tenemos. El mundo no conoce cualquier otro tipo de carne humana, y no ha sabido de otra por la cual la necesidad de la venida de Cristo fue creada. Por ese motivo, como el mundo conoce apenas tal especie de carne como la que tenemos, como es ahora, es ciertamente verdad que cuando 'el Verbo Se hizo carne', fue la misma carne que la nuestra. Eso no puede ser de otro modo".[23]
Fundamentándose en los versos de (Hebreos 2:14-18), Jones destacaba el hecho de Cristo haber participado de la carne y de la sangre, de la misma manera que nosotros compartimos de la carne y de la sangre. "Él no Se revistió de la naturaleza de los ángeles, sino de la naturaleza de Abraham. Pero la naturaleza de Abraham y la simiente de Abraham son tan solamente naturaleza humana... 'Por lo que convenía que en todo fuese hecho semejante a Sus hermanos'. ¿En cuántas cosas? Todas las cosas. Entonces, en Su naturaleza humana no hay ni siquiera una partícula de diferencia entre Él y usted".[24]
Jones pregunta: "¿Percibe usted que nuestra salvación yace exáctamente ahí? ¿No ve que es justamente ahí que Cristo Se aproxima de nosotros? Él llegó hasta nosotros precisamente donde somos tentados, y fue hecho como nosotros exáctamente donde somos tentados; y ese es el punto donde nosotros Lo encontramos -- el Salvador vivo contra el poder de la tentación".[25]
2. El Pecado Condenado en la Carne
Cuando Jones consideraba las tentaciones a las cuales Cristo estuvo sujeto, aludía a (Hebreos 4:15): "Sino, uno que, como nosotros, en todo fue tentado, pero sin pecado".
Obviamente, declaró Jones: "Él no podría ser tentado en todos los puntos como yo soy, si en todos los puntos no fuese como yo soy.... Cristo estaba en Su lugar, y Él poseía la naturaleza de toda la raza humana. En Él se encontraba toda la debilidad de la humanidad, de forma que cada hombre sobre la Tierra que puede ser tentado, encuentra en Jesucristo poder contra la tentación. Para cada alma hay en Jesús victoria contra todas las tentaciones y socorro contra su poder. Esa es la verdad".[26]
En su décimo cuarto estudio, Jones repitió lo que cada hombre heredó de Adán. "Así, todas las tendencias para el pecado encontradas en la raza humana vinieron de Adán. Pero Jesucristo sufrió todas esas tentaciones. Él fue tentado en todos los puntos en la carne que Él recibió de David, Abraham y Adán... Así, en la carne de Jesucristo -- no en Sí mismo, sino en Su carne -- nuestra carne que Él tomó en la naturaleza humana ocurrieron justamente las mismas tentaciones al pecado que existen en usted y en mi... Y así, existiendo en semejanza de carne pecaminosa, Él condenó el pecado en la carne".[27]
Por consiguiente, Jones dice: "Todas las tendencias para pecar que existen en la carne humana estaban en Su carne, y a ninguna le fue jamás permitido que se manifestase; Él venció a todas ellas. Y en Él todos tenemos la victoria sobre ellas".[28]
Para hacer más clara su explicación, Jones admite "una diferencia entre la tendencia para pecar y el abierto aparecimiento de ese pecado en las acciones".[29] Al someterse a la gran ley de la hereditariedad, Cristo aceptó ser tentado en todos los puntos como nosotros lo somos, pero sin ceder al poder de la tentación que Él llevaba en Su carne. Entonces Jones declara: "Él es un Salvador completo. Él es un Salvador de los pecados cometidos y un Conquistador de las tendencias para cometimiento de pecados. En Él tenemos la victoria".[30]
Jones afirmaba no haber misterio en Dios ser manifiesto en una carne que no estiviese sujeta al poder del pecado. "Pero la maravilla está en lo que Dios puede hacer a través de la y en la carne pecaminosa. Ese es el misterio de Dios -- Dios manifiesto en carne pecaminosa. En Jesucristo, que estaba en carne pecaminosa, Dios demostró ante el Universo que Él puede así tomar posesión de la carne pecaminosa para revelar Su propia presencia, poder y gloria, en vez de que el pecado en ella se manifieste".[31]
3. La Naturaleza de Adán: ¿Antes o Después de la Caída?
Para Jones, esa cuestión nunca debería haber sido levantada. "El segundo Adán vino, no como el primer Adán era, sino con lo que el primer Adán había producido en sus descendientes en el tiempo de Su venida. El segundo Adán vino en el punto que la degeneración de la raza había alcanzado desde el primer Adán".[32] "Jesús vino aquí, en el territorio de Satanás, y asumió la naturaleza humana justamente en el punto al cual Satanás la había llevado".[33]
Es claro que algunos delegados no comprendieron cómo fue posible que Jesús tuviese "carne pecaminosa" y no haber sido un pecador. Consecuentemente, hubo cuestionamentos a los cuales Jones se vió compelido a responder. De pronto él fue forzado a recurrir a la doctrina de la inmaculada concepción. "La falsa idea de que Él es tan santo que Le sería enteramente impropio allegarse a nosotros y ser poseído de la misma naturaleza que tenemos -- pecaminosa, deprabada, caída naturaleza humana tiene su origen en la encarnación de aquella enemistad contra Dios, y que separa al hombre de Dios -- el papado".[34]
De acuerdo con esa doctrina, "María, por lo tanto, debe haber nacido inmaculada, perfecta, impecable, y más elevada que el querubín y el serafín; entonces Cristo debe haber nacido así, para tomar de ella Su naturaleza humana en absoluta impecabilidad. Mas eso Lo coloca mucho más distante de nosotros de lo que un querubín y un serafín están, y en naturaleza pecaminosa... Quiero que alguien me ayude, alguien que conozca alguna cosa sobre naturaleza pecaminosa, pues esa es la naturaleza que yo tengo y es esa la que el Señor asumió. Él Se hizo uno de nosotros".[35]
Algunos delegados encontraron que Jones estaba yendo muy lejos al afirmar que "Cristo poseía las mismas pasiones que nosotros". Ellos lo confrontaron con una declaración de Ellen White de que "Cristo es un hermano en nuestras debilidades, pero no en poseer las mismas pasiones". Jones respondió enfatizando la diferencia entre la carne de Jesús y Su mente: "Él fue hecho en semejanza de carne pecaminosa; no a la semejanza de la mente pecaminosa. No coloquen Su mente en esto. Su carne era nuestra carne, pero la mente era 'la mente de Cristo Jesús'. Por consiguiente, está escrito: 'Haya en vosotros el mismo sentimiento [mente] que también hubo en Cristo Jesús'".[36]
Al principio, en el Jardín del Edén, Jones explicaba, Adán y Eva tenían la mente de Cristo Jesús. Al permitir ser seducidos, se volvieron "esclavos" de Satanás, y así nosotros después de ellos. Jesús vino, por lo tanto, para herir la batalla en el mismo terreno de Adán, donde él fue derrotado. Y por Su victoria "en Jesucristo, la mente de Dios es concedida una vez más a los hijos de los hombres; y Satanás es vencido".[37] "Jesucristo vino en la misma carne que la nuestra, pero con la mente que mantenía su integridad contra cada tentación, contra cada inducción al pecado -- una mente que jamás consentía en pecar. No, nunca, ni en la mínima concebible sombra de un pensamiento".[38]
Para fundamentar su argumento, Jones citó una declaración extraída de un artículo en el cual Ellen White destaca las dos naturalezas de Jesús, la humana y la divina, con base en (Filipenses 2:6-7) y (Hebreos 1:2).[39] Entonces Jones hizo mención de un trecho del manuscrito de El Deseado de Todas las Gentes, aun no impreso en la ocasión y con título provisorio de La Vida de Cristo: "Para completar la gran obra de la redención, el Redentor precisa tomar el lugar del hombre caído... A fin de elevar al hombre degenerado, Cristo debía alcanzar al hombre donde este se encontraba. Él asumió la naturaleza humana, soportando las debilidades y la degeneración de la raza. Él Se humilló hasta las más bajas profundidades de la miseria humana, para poder simpatizar con el hombre y rescatarlo de la degradación en la cual el pecado lo había sumergido... Cristo asumió la humanidad con todos sus riesgos. La tomó con la posibilidad de ceder a la tentación, y se apoyó sobre el poder divino para sustentarla".[40]
Jones concluyó: "Usted ve que estamos sobre terreno firme en todo el camino, así que cuando es dicho que Él [Cristo] tomó nuestra carne, pero no era participante de nuestras pasiones, eso está totalmente exacto, totalmente correcto; porque Su mente divina nunca consintió con el pecado. Y esa mente nos es concedida a través del Espíritu Santo, el cual nos es dado libremente".[41]
Algunos encuentran que Jones tenía, en efecto, admitido que Cristo no tenía pasiónes como las nuestras.[42] No aceptó eso totalmente. Él hizo lo mejor para aclarar la diferencia entre tendencias hereditarias para pecar, que son comunes a todos nosotros, y hábitos de culpa que cultivamos por ceder a la tentación. Además, "la carne de Jesucristo era nuestra carne, y en ella había todo lo que hay en nuestra carne -- todas las tendencias al pecado que hay en nuestra carne estaban en Su carne, atrayéndolo para que cediese al pecado".[43] Del mismo modo, Jesús llevó en Su propia carne nuestras pasiones por hereditariedad, potencialmente, pero no en actos. He ahí por que Jones era capaz de decir sin contradecirse: "Que eso no signifique que Cristo participó de nuestras pasiones". Él poseía nuestras pasiones, pero nunca participó de ellas. Todo el problema de la naturaleza humana de Cristo yace en la comprensión de esa diferencia.[44]
La Victoria es Posible a Través de Jesucristo Realmente, la victoria de Jesús sobre el pecado en la carne proveía para Jones la prueba de que cada discípulo de Cristo puede también vencer el pecado en la carne. En último análisis, fue para ese real propósito que Dios envió a Jesucristo: para condenar el pecado en la carne "para que la justa exigencia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu" (Rom. 8:4).
"En Jesucristo, mientras Él estaba en la carne pecaminosa, Dios demostró ante el Universo que puede tomar posesión de la carne pecaminosa, para manifestar Su propia presencia, poder y gloria, en vez de dar lugar a la expresión del pecado. Y todo lo que el Hijo pide de cualquier hombre para poder realizar esa experiencia en el, es que permita que el Señor lo posea como ocurrió con el Señor Jesús".[45]
En 1893, Jones sacó esta lección práctica de la victoria de Cristo sobre el pecado: de la misma manera que Dios vistió los trajes de justicia en la carne de Cristo, así "Él desea que nosotros los vistamos ahora, como también cuando la carne se vuelva inmortal al final... Cristo precisa estar en nosotros, así como Dios estaba en El; Su carácter precisa estar en nosotros, así como el de Dios estaba en El. Y Su carácter tiene que revestirnos y transformar a través de esos sufrimientos, tentaciones y tribulaciones que enfrentamos. Dios es el tejedor, pero no sin nosotros. Es la cooperación de lo divino y de lo humano -- el misterio de Dios en usted y en mi -- el mismo misterio que había en el evangelio y que hay en el tercer mensaje angélico".[46]
La misma conclusión práctica es extraída del final de su décimo séptimo estudio, en 1895: "De acuerdo con Su promesa, somos participantes de la naturaleza divina".[47] Y en la medida en que somos dependientes de Dios todo el tiempo, "el divino Espíritu que estaba en El [Jesús], y que nos fue concedido, restringirá nuestro yo natural, nuestro yo pecaminoso... Esta es nuestra victoria", y la manera por la cual Dios destruye la enemistad a nuestro favor.[48]
Los escritos y predicaciones de A. T. Jones aclararon una de las mayores verdades del mensaje de 1888: que los cristianos pueden vivir vidas victoriosas "a través de Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida" (Rom. 8:2). Es verdad, conforme Jones, que algunos se equivocan sobre el significado de esa li-bertadad, guiñando algunas veces para un lamentable perfeccionismo, como si la victoria sobre el pecado pudiese ser absolutamente obtenida, y el poder del pecado erradicado de la carne.
Jones hizo alusión a eso en 1899, en un artículo relativo al movimiento de la "carne santa", condenado en la sesión de la Conferencia General de 1901 (hablaremos de eso posteriormente). Su artículo titulado "Carne Pecaminosa" colocó en perspectiva algunas de sus declaraciones sobre la perfección cristiana.
"Hay un serio y muy preocupante error mantenido por muchas personas. Ese error consiste en pensar que cuando se convierten, su antigua naturaleza pecaminosa es eliminada. En otras palabras, cometen el error de pensar que están libres de la carne, por ella haber sido retirada completamente de ellas. Entonces, cuando descubren que la cosa no es así; cuando verifican que aun están con la misma antigua carne con sus inclinaciones, bloqueos y seducciones, ven que no están preparados para eso y se desaniman; quedan pensando que nunca se convirtieron, al final".[49]
Jones continua explicando que "la conversión ... no reviste de nueva carne al antiguo espíritu, sino que un nuevo espíritu es puesto en la antigua carne. Ella no se propone a cubrir la antigua mente con la nueva carne, sino que una nueva mente puesta en la antigua carne. Libramiento y victoria no son obtenidos porque la naturaleza humana fue retirada, sino por el recibimiento de la divina natureleza para subyugar la humana y haber domínio sobre ella... La Escritura no dice: 'Transfórmense por la renovación de la carne de ustedes', sino que dice: "Transfórmense por la renovación de su mente" (Rom. 12:2). Seremos trasladados por la renovación de nuestra carne; pero debemos ser transformados por la renovación de nuestras mentes".[50]
Finalmente, en 1905, la Pacific Press publicó El Camino Consagrado Para la Perfección Cristiana. Basado enla epístola a los Hebreos, el libro recuerda las enseñanzas más importantes de Jones sobre la naturaleza humana de Cristo y la perfección de carácter que cada cristiano puede conseguir, gracias alo ministerio de Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote en el santuario celestial, "uno que, como nosotros, en todo fue tentado, pero sin pecado"; "[Él] puede socorrer a los que son tentados" (Hebreos 4:15; 2:18).
Conclusión.-
Como George R. Knight escribió: "A . T. Jones fue una de las más influyentes voces en el adventismo".[51] A despecho del fin que pueda haber tenido, su mensaje nada perdió de su valor. Su Cristología, en particular, se armoniza perfectamente con la de Ellen White y Waggoner.
Aun cuando algunas de sus expresiones puedan aparecer en términos un tanto absolutos, cuando considerados en la totalidad de sus enseñanzas, Jones nada dijo más de aquello que Ellen White había enseñado previamente sobre el tema.
Al final de las presentaciones de Jones, en 1895, Ellen White escribió a la iglesia de Battle Creek, en una carta fechada el 1 de Mayo de 1895: "El Señor, en Su gran misericordia, envió un preciosísimo mensaje a Su pueblo a través de los Prs. Waggoner y Jones... Consecuentemente, Dios les concedió a Sus siervos un testimonio que presentó la verdad tal cual ella es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel, en líneas claras y distintas".[52]
El mensaje de Jones, considerado como un todo, fue en aquel tiempo la mejor explicación de lo que vino a ser conocido como "el tercer mensaje angélico"[53], que le rindió un privilegiado status entre los líderes de la iglesia durante la década de l890. Si no hubiese sido ese el caso, ellos jamás habrían convidado a Jones a hablar con tanta frecuencia. Ese mensaje no fue otro sino el de la justificación por la fe, donde la naturaleza divino-humana de Jesucristo provee el medio de reconciliación con Dios.[54]
No es sin razón que Ellen White llama tan vigorosamente la atención para los mensajes de Jones y Waggoner. Es importante tener en mente su advertencia: "Es bien posible que los Pastores Jones o Waggoner puedan ser vencidos por las tentaciones del enemigo; pero si ellos lo fuesen, eso no proba-ría que no tuviesen un mensaje venido de Dios, o que la obra que realizaron fue totalmente un error. Pero, hubiese eso de acontecer, cuantos tomarían esa posición y caerían bajo fatal engaño porque no están bajo el control del Espíritu Santo".[55] [Énfasis añadido]
Los temores de Ellen White, se confirmaron. Porque fallaron los mensageros, muchos hoy en día consideran que su mensaje no era de Dios, y buscan substituirlo por un nuevo mensaje, el cual Ellen White describió como engaño fatal, porque no estaba basado en las revelaciones del Espíritu de Dios. Para enfatizar, fuera de eso, la certeza de esa predicción, Ellen White la repite: "Yo se que esa es la posición real que muchos tomarían si esos hombres viniesen a caer".[56] Por increíble que parezca, como veremos, fue eso exáctamente lo que aconteció.
Notas y Referencias.-