Es importante que se mencione William W. Prescott como alguien que contribuyó para el triunfo del mensaje de la justificación por la fe después de Mineápolis. Durante la década de 1890, él estuvo intimamente ligado a Waggoner, Jones y Ellen White. Como ellos, Prescott hizo de la naturaleza divino-humana de Cristo la base de su Cristología.
William W. Prescott nació en Nueva Inglaterra, en el año 1855, hijo de padres piadosos y fervorosos seguidores del movimiento milerita. William vivió su juventud en el Estado de Maine. Se graduó en el Dartmouth College en 1877, ejerciendo entonces el magisterio como profesor de griego y latín. De 1877 a 1880, fue director de la escuela secundaria de Northfield, y después en Montpelier, en el Estado de Vermont. Por cierto período se dedicó al jornalismo, antes de fundar su propio diario, The State Republican (El Estado Republicano), de Montpelier.
El año de 1885 marcó el punto decisivo en su vida. Primeramente, él se unió al movimiento adventista, aceptando entonces el comando del Colegio de Battle Creek, puesto que conservó hasta 1894. Mientras estuvo ahí, su competencia fue requerida para ayudar en el establecimiento del Union College, en Nebraska, y en el Walla Walla College, en el Estado de Washington. Prescott también tomó la iniciativa de ayudar a organizar el primer instituto educacional de entrenamiento en enseñanza personal para la iglesia.
A causa de su reputación como educador y profesor de Biblia, los líderes de la Conferencia General le pidieron que viajase para África del Sur, Australia y Europa, con el propósito de estimular el desarrollo de la obra educacional, de enseñar en los diversos institutos bíblicos especializados en la formación de pastores, y para tomar parte en las reuniones campales. Durante su estada en Australia, él asistió a la creación del Avondale College. En Inglaterra, lanzó los fundamentos de la obra educacional.
Durante la sesión de 1901, Prescott fue elegido vice-presidente de la Conferencia General y presidente de la comisión directiva de la Casa Publicadora; también se volvió editor-jefe de la Review and Herald. Cuando dejó esos cargos, en 1909, fue elegido editor de la Revista Protestante. Eso le propició la oportunidad de dedicarse durante siete años a una profunda investigación. Esa revista mensual tenía el objetivo de "protestar contra errores eclesiásticos y promover la verdad evangélica".[2]
Un Ardoroso Partidario del Mensaje de 1888
Prescott prontamente aceptó el mensaje de la justificación por la fe, como predicada por Waggoner en 1888. Un relatorio fechado de 1930, recordando los nombres de aquellos que tomaron posición a favor del mensaje anunciado en Mineápolis, le de la a Prescott un lugar proeminente.[3] Sin embargo, ese relatorio también reveló que él quedó tan chocado con el estado espiritual prevaleciente en ciertas discusiones, que dejó la sesión poco antes de su encerramiento.[4]
Apesar de todo, asumió públicamente una postura de apoyo al lado de Waggoner y Jones en las sesiones de la Conferencia General de 1893 y 1895. Hay muchas declaraciones en el Boletín de la Conferencia General afirmando sus convicciones sobre la cuestión de la naturaleza humana de Cristo. He aquí una de las mas enfáticas sobre el tema:
"Apesar de que Jesucristo haya tomado sobre Si la carne pecaminosa -- carne en la cual pecamos -- Él la asumió. Vaciándose de Sí mismo y recibiendo la plenitud del propio Dios, el Señor pudo mantenerlo libre de pecar en esa carne pecaminosa".[5]
No obstante, más completa y detallada consideración de Prescott es encontrada en su estudio sobre (Juan 1:14), presentado durante su visita a Australia (1894-1895). Él fue un destacado orador en varios encuentros campales organizados especialmente para su visita. Ellen White, que estaba viviendo en aquel país desde el final de 1891, participó igualmente de esas asambleas. Por eso mismo oyó a Prescott predicar y no ocultó su apreciación al respecto.
El tenor completo de su estudio fue publicado en la revista australiana The Bible Echo (El Eco Bíblico).[6] En su análisis, Prescott declara enfáticamente que Cristo se revistió de carne pecaminosa. Veinte y cinco veces él afirma que Jesús vino a este mundo con la caída naturaleza humana, y por dos veces especifica que nuestro Señor no llegó a la Tierra con la naturaleza de Adán antes de la caída. Es válido, entonces, sumariar aquí las cuatro principales ideas que están claramente registradas en ese importante estudio bíblico titulado: "Y el Verbo Se Hizo Carne".
1. La Encarnación -- Una Verdad Fundamental
Prescott inicia el estudio resaltando su preferencia por la American Revised Version (Versión Americana Revisada), la traducción más fiel al texto original: "Y el Verbo Se hizo carne", preferiblemente a "La Palabra fue hecha carne". Él escribe: "A través de El todas las cosas vinieron a existir. Ahora, Él mismo vino a existir. Aquel que poseyera toda la gloria con Su Padre, ahora la pone a un lado y Se vuelve carne. Deja a un lado Su modo divino de vida, asume el modo humano de existencia, y Dios Se manifiesta en carne. Esa verdad es el fundamento de toda la verdad".
2. Humanizado en "Carne Pecaminosa"
Para probar ese punto, Prescott hace referencia a (Hebreos 2:14):"Por lo tanto, visto como los hijos son participantes comunes de carne y sangre, también Él semejantemente participó de las mismas cosas, para que por la muerte derrotase a aquel que tenía el poder de la muerte, esto es, el diablo". De ese pasaje Prescott dedujo que "Jesucristo tenía exáctamente la misma carne que nosotros -- carne de pecado, carne a través de la cual pecamos, pero en la cual Él no pecó y en que llevó nuestros pecados". Entonces, desafiaba a su auditorio: "No coloquen ese punto a un lado. No importa como usted lo vio en el pasado, véalo ahora como él está en la Palabra; y cuanto más usted lo ve de ese modo, más razón tendrá para agradecerle a Dios porque eso es así".
Pasando para el caso de Adán, Prescott asevera que por su pecado él perdió la imagen de Dios, y así también sus descendientes. He aquí por que "Jesucristo vino, de carne y en carne, nacido de mujer y bajo la ley; nacido del Espíritu, pero en la carne. ¿Y qué carne podría Él tomar sino la de aquella ocasión? No apenas eso, sino que fue la misma carne que Él intentó asumir; porque, como usted puede ver, el problema era ayudar al hombre a salir de la dificultad en que se había metido... La obra de Cristo tiene que ser, no destruírlo, no crear una nueva raza, sino recrear al hombre, restaurarlo a la imagen de Dios".
A fin de ejecutar la obra de salvación, "Jesucristo vino para esa finalidad, y para realizarla, Él vino, no para donde el hombre estaba antes de la caída, sino después de ella... Cuando Cristo vino para ayudar al hombre a salir del foso, Él no fue hasta el límite del Cielo para examinar la situación y decir: Suba hasta aquí y Yo lo ayudaré a volver... Jesucristo descendió donde él estaba y lo encontró ahí. Él Se revistió de su carne y Se volvió un hermano para él".
3. La Carne de Adán Después de la Caída
En su artículo, Prescott repite incansablemente el punto que considera fundamental: "Él vino y tomó la carne pecaminosa que esa família había producido para si misma por el pecado, y operó su salvación condenando el pecado en la carne... Para redimir al hombre desde el punto en que él había caído, Jesús vino y se revistió de la carne entonces poseída por la humanidad".
De la misma manera, cuando Prescott considera la tentación a la cual Cristo y Adán estuvieron sujetos, especifica que "fue en la carne pecaminosa que Él fue tentado, y no en la carne a través de la cual Adán cayó". Es verdad, acentúa Prescott, que Jesús "poseía la santidad que Lo capacitaba para venir y habitar en carne pecaminosa y glorificarla por Su presencia en ella; y fue eso lo que Él hizo, así que cuando resurgió de los muertos, fue glorificado. Su objetivo era, después purificar la carne pecaminosa por Su presencia en ella, poder santificar y glorificar la carne pecaminosa en nosotros".
4. Cristo en Nosotros, la Esperanza de Gloria
Después de la exposición teológica, Prescott extrajo las aplicaciones prácticas: "Vamos a penetrar en la experiencia de Dios de habernos dado a Jesucristo para habitar en nuestra carne pecaminosa, para en ella actuar como lo hizo cuando aquí estuvo. Él vino y aquí vivió para que pudiésemos, a través de El, reflejar la imagen de Dios".
Prescott prosiguió, exclamando: "Ese es el mismo ámago del cristianismo". En apoyo, él cita al apóstol Juan: "... Todo espíritu que confiesa que Jesucristo vino en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios". (1 Juan 4:2-3).
"Ahora, eso no puede significar el simple reconocimiento de que Jesucristo aquí estuvo y vivió en la carne. Los demonios también lo reconocen. Ellos saben que Cristo vino en carne. La fe que viene por el Espíritu de Dios afirma: 'Jesucristo vino en mi carne; y yo Lo acepté'. Ese es el corazón y la vida del cristianismo".
"La dificultad del cristianismo moderno es que Cristo no habita en los corazones de los que profesan Su nombre. Él les es como un intruso, alguien visto de lejos como un ejemplo. Mas Él es más que un modelo para nosotros. Cristo nos hizo saber cual es el ideal de Dios para la humanidad, y entonces vino y vivió ese ideal delante de nosotros, para que pudiésemos ver lo que es ser conforme a la imagen de Dios. Después murió y ascendió al Padre, enviándonos Su Espíritu, Su propio Representante, para vivir en nosotros, a fin de que la vida que Él vivió en la carne podamos vivirla más una vez. Eso es cristianismo".
"No es suficiente hablar de Cristo y de la hermosura de Su carácter. Cristianismo sin Cristo habitando en el corazón no es genuíno. És tan solamente legítimo cristiano aquel que tiene a Cristo habitando en su corazón; podemos únicamente vivir la vida de Cristo teniéndolo habitando en nosotros... No esté satisfecho con cualquier otra cosa... 'Cristo en vosotros, la esperanza de gloria'. Su poder, Su presencia, eso es cristianismo".
Así Prescott realzaba consistentemente la diferencia entre el cristianismo tradicional, que está satisfecho con un Cristo que no comparte ni la carne y ni la sangre de la humanidad y que, consecuentemente, no podría hacerlos 'participantes de la naturaleza divina' (2 Pedro 1:4); y el cristianismo evangélico que afirma, en oposición, que Cristo vino 'en carne pecaminosa' (Rom. 8:3), que fue 'tentado en todas las cosas, como nosotros, pero sin pecado' (Heb. 4:15), y que 'es poderoso para hacer muchísimo más que todo cuanto pedimos o pensamos, según el poder que en nosotros opera" (Efe. 3:20).
Prescott concluye, deseando que la vida de Jesucristo, "el Verbo" que "Se hizo carne", pueda ser reflejado en nosotros cada día.
Ellen White Aprueba la Cristología de Prescott
Al comienzo de 1895, Jones presentó en la sesión de la Conferencia General lo que él cognominó "el tercer mensaje angélico". Él lo equiparó al mensaje de la "justificación por la fe", basado en la plena humanidad de Cristo y en Su perfecta divinidad como pre-requisito de nuestra reconciliación con Dios.
En virtude de ser esa también la convicción de la comunidad adventista americana, los líderes de la organización enviaron a Prescott para predicar tal mensaje en las iglesias al otro lado del mar, en África del Sur, en Australia y en Europa. Gracias a la revista australiana, que publicó su estudio denominado "El Verbo Se Hizo Carne", y a los numerosos testimonios de Ellen White, sabemos precisamente lo que Prescott enseñó con respecto a la naturaleza humana de Cristo, y hasta qué punto su presentación fue apreciada y considerada como expresión de la fe adventista.
En la reunión campal de Armadale, próxima a Melbourne, Australia, Prescott transmitió su estudio sobre (Juan 1:14) Ellen White estaba presente. Ella había hablado ante la misma asamblea la noche del domingo, día 31 de Octubre de 1895. Así, la Sra. White sabia exáctamente de lo que estaba hablando cuando expresaba, a través de cartas, su entusiástica apreciación por el mensaje presentado por Prescott.
He aquí lo que descubrimos en uno de los manuscritos de Ellen White, redactados en la mañana de la presentación de Prescott. "Habiendo oído los sermones del Prof. Prescott. Ellos son un poderoso apelo al pueblo... [Sus] palabras son dichas en demostración del Espíritu y con poder. Su hace toda brilla con la luz celestial. La presencia del Señor se hace sentir en todos nuestros encuentros diarios".[7]
Aun en otro manuscrito, leemos más especificamente cómo ella recibió el contenido del mensaje de Prescott: "El Señor visitó a Prescott de manera particular y le dio un mensaje especial para el pueblo... La verdad fluye de él en ricas torrentes; el pueblo dice que la Biblia es ahora una nueva reveleción para ellos".[8]
En una carta escrita en ese tiempo, Ellen White dice: "El Señor envió a Prescott; él no es un vaso sin contenido, sino lleno del tesoro celestial. Él presenta verdades con claridad y estilo simple, repletas de nutrición".[9] Otra carta: "W. W. Prescott ha sido portador de candentes verdades, tales como oí en 1844. La inspiración del Espíritu Santo está sobre él. Prescott nunca tuvo tamaño poder al predicar la verdad".[10]
Otras cartas podrían ser citadas, en las cuales Ellen White repite elogios no solamente al propio Prescott, sino también al tenor de su mensaje presentado "bajo inspiración del Espíritu Santo".[11]
No limitándose simplemente a mencionarlo en su correspondencia particular, la Sra. White insistió en hacer conocida a toda la iglesia su apreciación, en un artículo enviado a la Review and Herald, publicado el 7 de Enero de 1896. El siguiente extracto hace referencia específica al estudio de Prescott sobre el tema, "El Verbo Se Hizo Carne".
"Cierta noche (31 de Octubre), el Prof. Prescott dio la más valiosa lección, preciosa como el oro. La tienda estaba llena y muchos permanecían al lado de afuera. Todos parecían fascinados con el sermón, donde él presentaba la verdad en líneas tan nuevas para aquellos que no son de nuestra fe. La verdad era separada del error y hecha, por el divino Espíritu, brillar como joyas preciosas... El Señor está operando con poder a través de Sus siervos que están proclamando la verdad, y Él le concedió al hermano Prescott un mensaje especial para el pueblo. El poder y el espíritu de la verdad vino de labios humanos en demostración del Espíritu y poder de Dios. El Señor visitó al hermano Prescott de manera extraordinaria. Tenemos certeza de que el Señor le ha dotado con Su Santo Espíritu, y la verdad fluye de él en ricas torrentes".[12]
Esos testimonios de Ellen White son de gran significado por su relación con la historia de la Cristología en la iglesia adventista. Ellos confirman la interpretación de Prescott acerca de la naturaleza humana de Jesús. También establecen el contexto en el cual la carta dirigida al Pr. W. L. H. Baker,[13] escrita en el mismo período, debe ser interpretada. Algunos teólogos adventistas se apoyan en esa carta para justificar su "nueva" interpretación, como veremos posteriormente en este estudio.[14] Debemos, sin embargo, recordar lo que Ellen White escribió sobre el asunto durante tal período. Está fuera de cuestión si ella aprobaría la interpretación de Prescott con tal fervor, si fuese a favor de una interpretación radicalmente opuesta.
Prescott Confirma Su Cristología
Durante el año 1896, Prescott confirmó sus convicciones sobre la naturaleza humana de Jesús, en una serie de artículos publicados en la Review and Herald.[15] Él las presentó de modo natural, como un portavoz de las creencias de la iglesia, y con base en las enseñanzas bíblicas.
Dijo: "La Escritura no nos deja en la incerteza sobre que especie de carne y sangre eran esas... cuando Dios envió a Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa... La carne que Jesucristo asumió cuando vino fue la única que alguien podría tomar al haber nacido de mujer, la cual era la carne de pecado".[16]
Para evitar cualquier duda sobre el significado de la expresión de Pablo "en semejanza de carne pecaminosa", Prescott añadió una declaración exacta: "Él [Jesucristo] no asumió la semejanza de hombre como Adán antes de la caída, sino que vino justamente en el plano en que el hombre se hallaba caído... y tomó sobre Sí mismo la carne de pecado".[17]
Como los que antes de él habían abordado el problema de la naturaleza humana de Cristo, Prescott hizo uso de (Romanos 1:3) para afirmar que "las Escrituras dan énfasis a la manera de Su nacimiento... nacido de la simiente de David".[18]
Elegido vice-presidente de la Conferencia General en 1901, y al mismo tiempo editor-jefe de la Review and Herald (1901-1909), Prescott aprovechó la oportunidad para repetir la enseñanza de la iglesia sobre la naturaleza humana de Jesús. Él dedicó tres editoriales en particular para ese tópico. Los títulos por si solo ya revelaban el contenido: "Como Sus Hermanos", "Cristo y Sus Hermanos" y "En la Carne de Pecado".[19]
El tercer artículo fue dedicado a responder a cuestiones presentadas por los lectores. De modo natural, uno de ellos hizo el siguiente comentario sobre (Romanos 8:3): "Noto que ese texto no dice que Dios envió a Su propio Hijo 'en carne pecaminosa', mas 'en semejanza de carne pecaminosa'. Me parece una declaración muy diferente".[20] En su réplica, Prescott destacó cuatro verdades fundamentales:
1. Jesús Participó de la Sangre y de la Carne Humanas
Primeramente, Prescott se refiere a (Hebreos 2:14-17), que declara que Jesús "participó de la carne y de la sangre" de los hijos de los seres humanos. "La natural y legítima conclusión de esa declaración sería que la carne y la sangre de Jesús fueron las mismos que los hijos tienen. Eso es destacado más adelante en la misma conexión: 'Pues, en verdad, no presta auxílio a los ángeles, sino que a la descendencia de Abraham'. Por lo que convenía que en todo fuese hecho semejante a sus hermanos'".
Entonces, su primera conclusión: "La misión de Jesús no fue rescatar ángeles caídos, sino salvar hombres caídos. Él, por lo tanto, se identificó con el hombre y no con los ángeles; y se hizo 'en todas las cosas' semejante a aquellos a quienes Se propuso ayudar. La carne del hombre es pecaminosa. Para ser igual 'en todas las cosas' era necesario que Jesús asumiese la carne pecaminosa".
2. Una Carne Semejante a la de Pecado
Después Prescott cita (Rom. 8:3): "En semejanza de carne de pecado", y levanta la cuestión: "¿Qué significa eso? ¿Quiere decir "en carne pecaminosa"? Si así es, ¿por qué no fue escrito de ese modo? ¿Por qué las palabras 'carne de pecado', como leídas al margen de la Versión Americana Revisada, se presentan como si no fuese la intención del autor transmitir el significado de que la carne de Jesús era la misma carne pecaminosa que tenemos? Eso parece exigir una interpretación forzada, a fin de adicionar cualquier otro significado a la declaración".
Prescott explica posteriormente: "Podemos comprender más claramente el significado de ese pasaje, si la comparamos con otra declaración en la cual una forma similar de expresión es usada. He aquí una de ellas: 'Pero se vació a Si mismo, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres'. ¿No podemos nosotros concluir con acierto que Jesús fue realmente un hombre, cuando leemos que Él Se volvió 'en semejanza de hombre'? ¡Ciertamente! El único modo por el cual Él podría ser 'en semejanza de hombre', era hacerse hombre... ¿No está igualmente claro que la única manera por la cual Dios podría enviar a Su Hijo 'en semejanza de carne pecaminosa', seria que el Hijo tuviese carne pecaminosa? ¿Como seria posible para Él ser 'en semejanza de carne pecaminosa', y aun Su carne ser impecable? Tal interpretación envolvería una contradicción de expresiones".
Para evitar confusión, Prescott prontamente añade que "aun cuando Jesús hubiese sido enviado 'en semejanza de carne pecaminosa', sin embargo Él no cometió pecado. "Aquel que no conoció pecado, Dios Lo hizo pecado por nosotros; para que en El fuésemos hechos justicia de Dios' (2 Cor. 5:21)".
3. Lo Envió Para Condenar el Pecado en la Carne
Aun deseando dejar más clara la necesidad de la "carne pecaminosa", Prescott continua: "Para que el carácter de Dios pudiese ser manifiesto en los hombres pecaminosos que en El creyesen, era necesario que Jesús uniese la divinidad a la humanidad en Sí mismo, para que la carne que Él llevase fuese la misma de los otros hombres en quien debía así ser manifestado. Otra forma de expresar eso sería decir que el Hijo de Dios habitó en la carne cuando apareció en Judea, para poder preparar un camino para morar en la carne de todos los creyentes, y que, por lo tanto, le fue necesario tomar el mismo tipo de carne en el cual debería habitar más tarde, cuando estableciese domicílio en los miembros de Su iglesia". Esa no fue una materia meramente teórica. "Si el Hijo de Dios no habitase en carne pecaminosa cuando nació en este mundo, entonces no sería bajada la escala del Cielo a la Tierra, y el abismo entre el Dios Santo y la humanidad caída no habría sido transpuesto. Sería entonces preciso que algunos medios posteriores fuesen providenciados, a fin de completar la conexión entre el Hijo de Dios y la carne pecaminosa. Y eso fue exáctamente lo que la Iglesia Católica Romana hizo. La doctrina de esa organización está en perfecta armonía con el punto de vista adoptado por nuestro correspondiente. La expresión formal de esa doctrina es llamada de el dogma de la inmaculada concepción de la virgen María... Evitamos esas consecuencias, rehusando tal doctrina y sustentando la clara enseñanza escriturística".
4. Para Poder Participar de Su Divina Naturaleza
Aun remanente la segunda cuestión del lector a ser respondida: "¿Cómo puede alguien en carne pecaminosa ser perfecto, ser santo?" Esa es una cuestión común levantada por los nuevos conversos al mensaje adventista. Ella también suscitó una respuesta de parte de Ellen White: "Prescott consideraba que 'esa cuestión toca el propio cierne de nuestro cristianismo. La enseñanza de Jesús es: 'Sed vosotros perfectos, como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos'. Y por medio del apóstol Pedro viene la instrucción : 'Sed santos porque Yo Soy santo'".
"Nadie negará que tenemos una carne pecaminosa y, por lo tanto, preguntamos cómo será posible atender a los reclamos de la Escritura, si es imposible a quien quiera que sea ser perfecto o santo en carne de pecado. La verdadera esperanza de alcanzar la perfección y la santidad está basada en la maravillosa verdad de que la perfección y la santidad de la divinidad fueron reveladas en carne pecaminosa en la persona de Jesús. No somos capaces de explicar cómo eso sucede, pero nuestra salvación se fundamenta en creer en el hecho. Entonces puede ser cumplida la promesa de Jesús: 'Si alguien Me ama, guardará Mi Palabra; y Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos en él morada'. Esa es la gloria mayor de nuestra religión, que aun la carne de pecado puede volverse un templo para la habitación del Espíritu Santo".
"Mucho más podría ser dicho en respuesta a la cuestión de nuestro lector, pero esperamos que los principios envueltos y su relación con la experiencia cristiana hayan sido aclarados, y que ninguno de nuestros lectores acepte la doctrina romanista, porque ellos son incapaces de explicar el misterio de la piedad. Es seguro creer apenas en la clara enseñanza de las Escrituras".
Un Mensaje Verdaderamente Cristocéntrico
A los ojos de Prescott, la verdad fundamental de que Cristo puso de lado Su igualdad con Dios para volverse un simple hombre, "semejante a los hombres", "en todas las cosas", "participando de la carne y de la sangre" de la humanidad, permanece como "la verdad central del Cristianismo". Él ponía énfasis en ese punto, en oposición a las interpretaciones de otras denominaciones, a causa de su novedad para muchos recién convertidos al mensaje adventista, y a causa de su importancia en la comprensión de cómo Jesús fue capaz de "condenar el pecado en la carne" y capacitar a pecadores para que se liberten de la "ley del pecado y de la muerte" por el poder "del Espíritu de vida en Cristo Jesús" (Rom. 8:2-4).
La más amplia Cristología de Prescott es vista en su libro "La Doctrina de Cristo", publicado en 1920, como libro didáctico para colegios y seminarios.[22] Como explicado en la introducción, ese libro no era un tratado de teología sistemática, sino "la revelación de Cristo", visando a una experiencia práctica en la vida del creyente.[23]
Él trató el asunto con simplicidad en 18 secciones, cada cual comprendiendo varias lecciones. Cada lección está dividida en dos partes: la primera conteniendo referencias bíblicas apropiadas al asunto; la segunda, incluyendo numerosas notas explicativas. Como un todo, esa obra es realmente una Cristología en el sentido más amplio del término. Para nuestros propósitos, deberíamos mirar apenas las más significativas declaraciones en las tres lecciones dedicadas a la encarnación.[24]
Para Prescott, Cristo era la verdad central del Cristianismo, y la encarnación constituía "la integralidad del evangelio", "la verdad... absolutamente esencial a la religión cristiana", "la madura expresión, en la plenitud del tiempo, de la verdad de que 'Dios es amor'".[25]
De hecho, "el Verbo no apenas 'vino en carne', como en (1 Juan 4:2), sino que 'se hizo carne'. Esas últimas palabras implican que el Eterno Hijo presentó en Su encarnación un modo existencial nuevo para Él, se hizo lo que no era antes; que Él no solamente tomó sobre Si la forma corporalmente humana, sino que aceptó las limitaciones de una vida coherente con Su modo de existir mientras estuvo en la Tierra".[26]
"Aquel que comprende la encarnación del Hijo de Dios", escribió Prescott, "tiene un terreno más seguro de fe y una más rica esperanza y directo aceso al Cielo, que si la escala de Jacob quedase al lado de la cabecera de su cama y los ángeles de Dios lo estuviesen sirviendo".[27] Pues al tiempo de Su encarnación "de un modo efectivo y fundamental, aun cuando sea inexplicable para nosotros, el divino Salvador Se unió a la raza pecadora del hombre que Él presentó en Su propio cuerpo, en Su propia experiencia personal; no solmente el peso de sus debilidades físicas, sino también de su pecado, pero no la culpa".[28]
Para evitar cualquier posible duda sobre esa noción, Prescott especifica nuevamente lo que diferencia la naturaleza humana de Jesús de aquella de Adán. "Cristo asumió no la original e impecable, sino nuestra caída humanidad. En esa segunda experiencia, Él permaneció no precisamente donde Adán antes de Él estaba, sino con inmensas desventajas. El mal, con todo su cortejo de victorias y consecuente entronización en la propia constitución de nuestra naturaleza, armado del más terrible poder contra el posible cumplimiento de la idea divina de hombre -- la perfecta santidad. Considerando todo esto las desventajas de la situación, los tremendos riesgos envueltos y la ferocidad de la oposición encontrada -- llegamos a la comprensión adecuada de la realidad y de la grandeza de la vasta realización moral: la naturaleza humana tentada, probada, fallida en Adán, y erguida por Cristo a la esfera de la perfecta impecabilidad".[29]
La razón para la encarnación fue el único punto dejado para ser explicado. "El problema que, al asumir la caída naturaleza humana Cristo propuso y aceptó para Sí mismo, no fue ningún otro sino este, esto es, personalmente identificarse con su suerte total, y compartir la real incapacidad añadida por el pecado, para enseñorearse, en él y por él, del infernal poder que operara todo daño y aflicción".[30]
Así Dios providenció nuestra salvación, concluyó Prescott. "Él [Cristo] era Dios manifiesto en carne, y vino a la Tierra 'para poder conducirnos a Dios'. Eso es lo que hace Cristo central y dominante en cada vida que Lo recibe, conquistando confianza, redimiendo del pecado, impiliendo a la devoción, e inspirando esperanza. Eso porque Él es Dios manifiesto, Dios que penetró en la vida humana, Dios satisfaciendo las carencias humanas".[31]
"Hemos apenas contado la mitad de la historia del amor divino, cuando hablamos de la bajada del Hijo de Dios de Su grandeza y majestad, para las tristezas y conflictos de la vida terrenal; y que mitad de esa historia es increíble hasta que vemos claramente que Él vino para erguir la raza humana a las alturas de Dios".[32]
"Él Se manifestó -- y no nos permitió interpretar en El cualquier cosa pequeña o estrecha. Si nosotros lo hacemos, seremos dirigidos inmediatamente al punto de tener que negar la declaración de que Él puede expiar pecados. Si Cristo fuese meramente un hombre como yo, aun perfecto y sin pecado, no podría perdonar pecados. Si en El podemos ver todo aquello que Juan quizo decir, de acuerdo con los testimonios de sus propios escritos, comenzaremos a percibir algo de la estupenda idea y algo de la posibilidad de, por lo menos, creer en la declaración de que 'Él Se manifestó para quitar nuestros pecados'".[33]
Conclusión
Indudablemente, la carrera de Prescott fue singular en muchos aspectos, en relación a la historia de la iglesia adventista. Brillante educador, profesor de teología, editor, eficiente administrador y vice-presidente de la Conferencia General, él ejerció decisiva influencia en pro del desarrollo de la obra de educación y de la clarificación de varias doctrinas. En particular, Prescott contribuyó para la expansión del mensaje de la justificación por la fe más allá de las fronteras de los Estados Unidos, durante sus viajes por el mundo.
Como Waggoner y Jones, Prescott hizo lo mejor para edificar el mensaje sobre la Cristología que, aun reconociendo plenamente la perfecta divinidad de Cristo, daba destaque a la naturaleza humana de Adán después de la caída, vale decir, una naturaleza pecaminosa, como condición de la reconciliación de la humanidad con Dios. Ciertamente, la Cristología de Prescott reúne el mérito de ser la más completa y la más explícita.
Por su competencia y prestígio que gozaba como vice-presidente de la Conferencia General, él fue evidentemente autorizado como portavoz de la iglesia. Su testimonio constituye innegable indicación de que los adventistas enseñaron y creyeron con respecto a la naturaleza humana de Cristo, desde el origen del movimiento hasta el final de la larga carrera de Prescott, en 1944.
Notas y Referencias