Como añadidura de los escritos de los pioneros que hemos estudiado, la posición de la Iglesia Adventista sobre Cristología es claramente ilustrada en el contenido de las publicaciones oficiales, tales como revistas, lecciones trimestrales de la Escuela Sabática, boletines de la Conferencia General y una amplia variedad de libros impresos por nuestras casas publicadoras.
Este capítulo tratará de las declaraciones hechas entre 1895 y 1915, principiando por el tiempo en que la doctrina de la encarnación comenzó a ser mirada como básica para la comprensión adecuada del plan de la salvación, y finalizando con el año de la muerte de Ellen White. En el capítulo siguiente, cubriremos el período que va de 1916 hasta 1952, después del cual surgió una nueva interpretación y algunos escritores emergieron para cuestionar la posición tradicional de la Iglesia Adventista sobre cuestión de la naturaleza humana de Cristo.
Extractos de los Periódicos de la Iglesia
Durante 1895 y 1896, más de 250 declaraciones fueron hechas en varias revistas por los líderes de la iglesia, todas afirmando claramente que Jesús tomó sobre Sí la naturaleza humana de seres caídos. De 1897 a 1915 más de 200 pueden ser encontradas, de las cuales cerca de 100 son de autoría de Ellen White, no incluyendo 75 adicionales o distribuidas en sus cartas y manuscritos.[1] Sin embargo, una vez que ya discutimos Ellen White, Waggoner, Jones y Prescott, en este capítulo ignoraremos las citas de esos autores.
En 1895, una serie de artículos salidos de la pluma de J. H. Durland fueron publicados en la Signs of the Times, y reflejaban la Cristología de Jones como presentada en la sesión de la Conferencia General algunos meses antes. "Para enfrentar Satanás, era necesario hacerlo en la carne del hombre caído", escribió Durland. "Así, cuando Jesús vino a habitar en carne humana, no lo hizo en la carne del hombre antes de haber él caído, sino que en carne pecaminosa poseída después de la caída... Él vino para salvar pecadores, por lo tanto, precisaba asumir la carne de pecadores... Él tenía todas las debilidades de la carne que nosotros tenemos. La carne de que Él Se revistió poseía todos los deseos que nuestra propia carne tiene".[2]
Algunos meses después, en otro artículo, Durland le hizo las siguientes preguntas a sus lectores: "¿Cual era la naturaleza de la carne que Él tomó? Estaba ella excenta de todas las tendencias para pecar? ¿Estaba ella libre de las tentaciones? La Escritura responde a las preguntas... (Heb. 4:15). Así, la carne que el Logos tomó estaba sujeta a la tentación, de la misma forma que la carne que tenemos... La carne sin cualesquier deseos por el mal no está sujeta a la tentación. Pero Cristo fue tentado como nosotros lo somos, de forma que Él debía tener la misma especie de carne que poseemos".[3]
No contento en afirmar que Cristo asumió la carne pecaminosa, Durland también quería explicar la razón para eso. "Jesús vino en carne para enfrentar a Satanás en su propio baluarte y expulsarlo... Para hacer eso Él tenía que revestirse de la misma carne que el hombre poseía después de la caída... Cristo no asumió la naturaleza angélica ni la del hombre antes de la caída, sino que Él nació 'bajo la ley' para redimir aquellos que estaban bajo la ley... Hubiese Él tomado la naturaleza de Adán antes de la caída, y no estaría bajo la sentencia de muerte que pasó para todos los hombres".[4]
Sin embargo, Durland acentuó: "Él no poseía las pasiones de nuestra naturaleza caída, producidas por caer en pecado. Pero la carne de que Él se revistió tendría poseído todas las pasiones que el pecado nos trajo, hubiese Él una sóla vez cedido a ellas. Cristo enfrentó al tentador en la debilidad de la carne pecaminosa, y la condenó porque ella no fue capaz de vencerlo... Jesucristo fue enviado a este mundo para condenar el pecado en la carne. Él tomó la carne pecaminosa para que pudiese subyugar las corrupciones de nuestra antigua naturaleza".[5]
Acuérdese que A. T. Jones había dicho: "Jesús poseía las mismas pasiones que tenemos". Sin embargo, Jones explicó que Él nunca Se rindió a ellas. Durland escribió que "Él no poseía las pasiones de nuestra naturaleza caída", significando que Cristo nunca las entregó al pecado. El punto de vista de Durland está mucho más próximo del de Jones, de lo que pueda parecer al comienzo. Jones consideraba el problema del punto de vista de una naturaleza heredada; Durland ya veía la cuestión bajo el prisma de una naturaleza cultivada. Potencialmente, "poseía las mismas pasiones que tenemos"; en realidad, "Jesús no poseía las mismas pasiones que tenemos" porque Él jamás sucumbió al poder de la naturaleza pecaminosa del hombre, que heredó de Sus ancestrales.
Del mismo modo, Ellen White constantemente hacía la diferencia entre la naturaleza heredada y la naturaleza pecaminosa cultivada. Por un lado, ella escribió que Jesús "tenía toda la fuerza de la pasión de la humanidad"[6] por otro, ella declaraba que "Él es un hermano en nuestras debilidades, pero no en poseer idénticas pasiones"[7] "no poseyendo las pasiones de nuestra naturaleza humana caída"[8] Es bien posible que ella tuviese en mente la diferencia entre tendencias heredadas para pecar, por las cuales no somos culpados, y tendencias cultivadas, que nos hacen pecadores. Para Ellen White bien como para sus contemporáneos adventistas, "semejantemente a todo hijo de Adán, Él [Cristo] aceptó los resultados de la operación de la gran ley de la hereditariedad"[9], pero sin jamás ceder a esas tendencias.
Otras declaraciones sobre el tema aparecen en las revistas australianas Bible Echo y la Australasian Signs of the Times. G. C. Tenney, que era el director de la revista Bible Echo, declaró en un editorial: "Muy pocos de nosotros comprenden cuán próximamente la naturaleza divina estaba de la humana en la persona de Jesús de Nazaret. Más propriamente hablando, es imposible para nosotros mismos concebir la infinita condescendencia que fue necesaria para que el Hijo de Dios, el Asociado del Padre, viniese en carne mortal y participase de las experiencias humanas, con todas sus aflicciones y debilidades. Cuán plenamente eso se cumplió, fue expresado por el apóstol en (Hebreos 2:17): "Por lo que convenía que en todo fuese hecho semejante a Sus hermanos..."
"Solamente de esa manera podría Él sentir el poder de las tentaciones. No podemos suponer que las tentaciones a las cuales la humanidad está sujeta impresionasen la Divinidad. Pero 'Él fue tentado en todos los puntos como nosotros', consecuentemente, Él precisaba participar de nuestra naturaleza... No hay sino poca simpatía en el pensamiento de Jesús haber enfrentado nuestras tentaciones con Sus divinas capacidad y naturaleza. Ellas no serían sino como la flor del cardo soplada contra la montaña. En ese sentido 'Dios no puede ser tentado'".
"Pero cuando consideramos a nuestro Salvador... luchando contra la innata debilidad; cuando observamos nuestra faltosa, y frecuentemente, desastrada carrera, deseamos saber: ¿Cómo Él soportó 'tal contradicción de los pecadores contra Sí mismo'?"[10]
Muchas declaraciones similares podrían ser citadas, como indicadas por la obra de Ralph Larson, The Word Was Made Flesh (La Palabra Se Hizo Carne), en la cual el autor indexó en orden cronológico muchas declaraciones referentes a la Cristología Adventista.[11]
Extractos de las Lecciones de la Escuela Sabática
En 1889, apareció por primera vez la lección trimestral de la Escuela Sabática. Las lecciones eran preparadas para proveer el estudio diario de la Biblia, y como temas de discusión para la mañana del sábado, en conjunto con el servicio de culto. La introducción dice: "Las lecciones de adultos de la Escuela Sabática son preparadas por el Departamento de Escuela Sabática de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día. La preparación de la lección es dirigida por una comisión mundial de la lección de la Escuela Sabática, cuyos miembros sirven como consultores-editores". El papel de esa comisión era garantizar que las notas explicativas de cada lección estuviesen en armonía con la enseñanza oficial de la iglesia.
Durante el período comprendido entre los años 1895 y 1915, muchas declaraciones son encontradas en las lecciones de la Escuela Sabática, las cuales dejan poca duda sobre el asunto de la creencia adventista con respecto a la naturaleza humana de Cristo. Un ejemplo de eso es la siguiente explicación de una de las lecciones del segundo trimestre de 1896: "Para poder ir al encuentro del hombre donde él se encontraba después de la caída, Cristo se vació a Sí mismo de toda Su gloria y poder, haciéndose tan dependiente de Su Padre por vida y fuerza diaria, como el hombre pecador depende de El".[12]
En 1909, otra lección referente al segundo trimestre trataba de (Juan 1:1-18). He aquí un comentario sobre el verso 14: "La Divinidad habitó en la carne humana. No en la carne de un hombre impecable, sino en la carne como la poseía un hijo de la Tierra. Esa era Su gloria. La simiente divina pudo manifestar la gloria de Dios en carne pecaminosa, hasta la victoria perfecta y absoluta sobre toda tendencia de la carne".[13]
En ese mismo periódico, se repite la explicación: "Jesús era Dios actuando en la carne pecaminosa a favor del pecador. Él Se hizo uno con la humanidad. Tomó sobre Sí mismo los infortunios, las necesidades y los pecados de la humanidad, así sintió Su consciencia y la intensidad como ninguna otra alma lo hizo".[14]
Entre los tópicos del primer trimestre de 1913, estaba el estudio sobre la relación entre la encarnación y el sacerdocio de Jesucristo. Esta declaración se encuentra incorporada en la primera nota: "Es muy importante que tengamos una clara comprensión de la relación entre la encarnación de Cristo y Su obra mediadora. Él fue hecho sacerdote 'según el poder de una vida sin fin', para que pudiese ministrar gracia, misericordia y poder al débil y errante. Eso es realizado por tal unión íntima con aquellos que necesitan de auxílio, que la divinidad y la humanidad son traídas en ligación personal, y el propio Espíritu y la vida de Dios habitan en la carne del creyente. Para establecer esa relación entre Dios y la carne pecaminosa, fue necesario que el Hijo de Dios asumiese la carne pecaminosa, y así construyese un puente sobre el abismo que separaba al hombre pecador de Dios".[15]
La nota 3 de la misma lección finaliza con estas palabras: "Al asumir la carne pecaminosa, y voluntariamente hacerse dependiente de Su Padre para guardarlo de pecar mientras estuviese en el mundo, Jesús no apenas sirvió de ejemplo para todos los cristianos, como también hizo posible a Sí mismo ministrarle a la carne pecadora el don de Su propio Espíritu y el poder para obedecer a la voluntad de Dios".[16]
Esa óptica sobre la encarnación fue también contrastada con la doctrina católica de la inmaculada concepción, que era, al pensamiento adventista, la negación de la encarnación de Cristo. "Esa negación de la perfecta unión de Cristo con la carne pecaminosa abre el camino para una serie de mediadores subsidiarios, cuyo deber es conducir al pecador en salvífico contacto con Cristo".[17]
Las lecciones del segundo trimestre de 1913 fueron dedicadas al santuario y a la mediación de Cristo. En una de ellas se discutía la enseñanza católica: "¿Cuál es la enseñanza de la moderna Babilonia concerniente a esa doctrina fundamental? Por el dogma de la inmaculada concepción de la Virgen María, Roma enseña que la madre de Jesús fue preservada de la mancha del pecado original, y que ella poseía carne santa, sin pecado. Consecuentemente, ella fue apartada del resto de la humanidad. Como resultado de esa separación de Jesús de la carne pecaminosa, el sacerdocio romano fue instituído para que pudiese haber alguien para mediar entre Cristo y el pecador".[18]
Entonces, en réplica a la cita de la fuente católica, que consideraba revoltante la creencia de que Jesús tomara la carne pecaminosa, la nota concluye: "Así, por apartar a Cristo de la misma carne y sangre que tenemos... la moderna Babilonia realmente niega la verdad vital del Cristianismo, aun pretendiendo enseñarla. Ese es 'el misterio de la iniquidad'".[19]
El cuarto trimestre de 1913 fue dedicado al estudio de la epístola a los Romanos. En la primera lección hay una cuestión sobre Cristo "nacido de la simiente de David según la carne" (Rom. 1:3). La nota 5 comenta: "Cristo era, porlo tanto, del linaje real a través de Su madre. Mas Él era más que eso; Él era de la misma carne que la simiente de David, en y a través de la cual, por generaciones, había fluído la sangre de la humanidad pecaminosa -- Salomón, Roboan, Acaz, Manasés, Amón, Jeconías y otros. El Hijo de Dios tomó esa misma carne para poder enfrentar las tentaciones por nosotros, y vencer mediante el poder divino todas las pruebas que tenemos que encarar. Cristo es nuestro hermano en la carne, nuestro Salvador de los pecados".[20]
La epístola a los Romanos fue más una vez objeto de estudio durante el primer trimestre de 1914. He aquí un comentario sobre (Romanos 8:3-4): "Lo que la ley no podía hacer en el hombre pecador, Dios lo hizo enviando a Su propio Hijo. Ese Hijo se revistió de la carne del hombre pecaminoso y venció donde el hombre fracasó, destruyendo el pecado en la carne; así Él puede tomar posesión de la carne de aquellos que abren sus corazones para recibirlos, con el mismo poder, y vencer el pecado allí".[21]
Esos extractos de las lecciones trimestrales de la Escuela Sabática están en armonía con todo lo que fue enseñado por los escritores adventistas que se expresaron sobre la naturaleza humana de Cristo a través de los años.
Extractos de Libros Diversos
Así como las lecciones de la Escuela Sabática, ningún libro fue jamás impreso por las editoras de la iglesia sin una previa revisión de los originales por una comisión especial. Esa postura garantiza que el contenido de los libros esté en armonía con la enseñanza oficial. No es nuestro propósito aquí repetir las obras de Waggoner, Jones, Prescott o Ellen White, las cuales ya fueron tratadas en los capítulos anteriores. Nos basta mencionar las obras más representativas.
1. Mirando a Jesús, de Urias Smith
Urias Smith no fue apenas editor de la Review and Herald durante 35 años, y autor de muchos libros sobre profecía, sino también el segundo en el comando de la Conferencia General durante 21 años, en la posición de secretario. He aquí dos extractos de su libro Mirando a Jesús, publicado en 1897: "En semejanza de carne pecaminosa... Él descendió a las profundidades de la condición del hombre caído, y se hizo obediente hasta la muerte, aun a la ignominiosa muerte de cruz".[22]
"Él [Jesús] vino en semejanza de carne pecaminosa para demostrar ante todos los partidos en controversia, que era posible a los hombres guardar la ley en la carne. Demostró eso observándola Él mismo. En nuestro plano de existencia y en nuestra naturaleza, Él prestó tal obediencia a cada principio y precepto, que el propio ojo de la Omniciencia no detectó ni siquiera una falla en ella. Toda Su vida no fue sino una transcripción de esa ley, en Su naturaleza espiritual, en Su santa, buena y justa demanda. Porlo tanto, condenó Él al pecado en la carne y no pecó, mostrando serle posible al hombre vivir así".[23]
2. Preguntas y Respuestas, de Milton C. Wilcox
Inicialmente, Milton C. Wilcox fue director-adjunto de la Review and Herald, en asociación con Urias Smith. Más tarde, se volvió el primer editor de la Verdad Presente en Inglaterra, y entonces de la Signs of the Times, por un cuarto de siglo en la Pacific Press, California. En 1911, publicó Preguntas y Respuestas, una compilación de respuestas dadas por el editor a las preguntas de los lectores, mientras era encargado de la Signs of the Times.
He aquí un extracto típico, una respuesta dada a una cuestión formulada por un lector sobre el asunto de los versos de (Hebreos 2:14-17), declarando que Jesús fue "hecho semejante a Sus hermanos". "El Verbo Eterno 'se hizo carne', la misma que poseemos; pues Él es 'nacido de mujer, nacido bajo la ley', bajo su condenación, como un humano, teniendo en la carne todas las tendencias humanas; un participante de la 'carne y de la sangre' de la humanidad; 'en todas las cosas' 'hecho semejante a Sus hermanos', 'siendo tentado'. Él enfrentó todas las tentaciones que usted y yo enfrentamos, por la fe en la voluntad y Palabra de Dios. No hubo una tendencia en la carne humana que no hubiese en El. Él las venció todas".[24]
3. Estudios Bíblicos Para el Hogar
En 1915, la Review and Herald Publishing Association publicó un libro de estudios bíblicos titulado Estudios Bíblicos Para el Hogar.[25] Al tiempo de su segunda edición, en 1936, más de 1.250.000 ejemplares fueron distribuídos por el mundo. La tercera edición vino al público en 1946.[26]
Por cerca de medio siglo, ese libro se constituyó en la base de la enseñanza bíblica en la iglesia. La mayoría de los adventistas lo utilizaba para aumentar su conocimiento de la doctrina de la iglesia, y como auxiliar para compartir el mensaje con otros. Ninguna otra publicación denominacional fue marcada con mayor aprobación oficial que este libro. Los estudios bíblicos recibieron la "contribución de un gran número de estudiantes de la Biblia". La introducción a la edición de 1946 declara que "la obra fue revisada, reescrita totalmente y ampliada... por una gran comisión de críticos y estudiosos competentes".[27]
Alguien dificilmente encontraría un documento más representativo de la enseñanza de la iglesia. Las lecciones son presentadas en forma de preguntas y respuestas, con notas explicativas ocasionales. La doctrina de la encarnación, titulada "Una Vida Sin Pecado" es en ella reproducida completamente:[28]
1. ¿Qué testimonio es dado con respecto a la vida de Cristo en la Tierra? "Él no cometió pecado, ni en Su boca se halló engaño". (1 Pedro 2:22)
2. ¿Qué se dice de todos los demás miembros de la família humana? "Porque todos pecaron y destituídos están de la gloria de Dios". (Rom. 3:23)
3. ¿Con qué pregunta Jesús desafió a Sus enemigos? "¿Quién de entre vosotros Me convence de pecado?" (Juan 8:46)
4. ¿En qué extensión Cristo fue tentado? "[Él] como nosotros, en todo fue tentado, pero sin pecado". (Hebreos 4:15)
5. En Su humanidad, ¿de qué naturaleza Cristo participó? "Por lo tanto, visto como los hijos son participantes comunes de carne y sangre, también Él semejantemente participó de las mismas cosas, para que por la muerte derrotase a aquel que tenía el poder de la muerte, esto es, el diablo". (Hebreos 2:14)
6. ¿Cuán plenamente Cristo participó de nuestra humanidad? "Por lo que convenía que en todas las cosas fuese hecho semejante a Sus hermanos, para hacerse fiel en las cosas concernientes a Dios, a fin de hacer propiciación por los pecados del pueblo". (Verso 17)
Nota: En Su humanidad, Cristo participó de nuestra naturaleza pecaminosa, caída. No fuese así, Él no habría sido "semejante a Sus hermanos", ni "tentado en todos los puntos como nosotros", ni vencería como tenemos nosotros que vencer, y no es, por lo tanto, un completo y perfecto Salvador que el hombre necesita y precisa tener para ser salvo. La idea de que Cristo nació de una madre inmaculada o excenta de pecado, sin haber heredado cualesquier tendencias para el pecado, y por esa razón no cometió pecado, lo remueve del reino del mundo caído y del verdadero lugar donde la ayuda es necesaria. Por Su lado humano, Cristo heredó todo lo que cada hijo de Adán hereda -- una naturaleza pecaminosa. Por el lado divino, desde Su concepción, Él fue generado y nacido del Espíritu. Y todo eso fue hecho para colocar la humanidad en un lugar ventajoso, y para demostrar que del mismo modo, todo el que es "nacido del Espíritu" puede obtener la victoria sobre el pecado en su propia carne pecaminosa. Así, cada uno debe vencer como Cristo venció. (Apoc. 3:21). Sin ese nacimiento no puede haber victoria sobre la tentación y ninguna salvación del pecado. (Juan 3:3-7)
7. ¿Dónde Dios, en Cristo, condenó el pecado y obtuvo para nosotros la victoria sobre la tentación y el pecado? "Por lo tanto, lo que era imposible a la ley, visto que se encontraba débil por la carne, Dios, enviando a Su propio Hijo en semejanza de la carne de pecado, y por causa del pecado, en la carne condenó el pecado". (Rom. 8:3)
Nota: Dios, en Cristo, condenó el pecado, no por pronunciarse contra él meramente como un juez sentado en su silla, sino viniendo y viviendo en la carne, en semejanza de la carne pecaminosa, pero sin pecado. En Cristo Él demostró que es posible por Su gracia y poder, resistir a la tentación, vencer el pecado y vivir una vida sin pecado en la carne.
8. ¿A través de qué poder Cristo vivió una vida perfecta? "Yo no puedo de Mi mismo hacer cosa alguna..." (Juan 5:30) "Las palabras que Yo os digo, no las digo por Mi mismo; pero el Padre, que permanece en Mi, es quien hace las obras". (Juan 14:10)
Nota: En Su humanidad, Cristo era dependiente del divino poder para realizar las obras de Dios como cualquier hombre. Para vivir una vida santa, Él no empleó ningún medio que no esté disponible a cada ser humano. A través de El, cada uno puede tener Dios habitando y operando en sí "tanto el querer como el hacer Su buena voluntad". (1 Juan 4:15; Filipenses 2:13)
9. ¿Qué propósito altruísta Jesús tenía siempre delante de Sí? "Porque Yo descendí del Cielo , no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que Me envió". (Juan 6:38)
Esta lección trata de modo sumário los diversos aspectos de la Cristología adventista. Sin embargo, la pregunta 6 fue obviamente considerada como siendo de importancia fundamental, tanto así que exigió una nota explicativa. Las notas estaban en armonía con la Cristología adventista como enseñada consistentemente por los pioneros del mensaje, desde el origen del movimiento y manteniéndose hasta la tercera edición de la obra en 1946.
Como vimos, es precisamente en la base de las notas apenas de las preguntas 6, 7 y 8, que un buen número de teólogos evangélicos han condenado a los adventistas de no ser cristianos auténticos, porque le atribuyen una naturaleza pecaminosa a Jesús. Pero ellas estaban correctas, considerando que las declaraciones hechas en esa lección eran verdaderamente representativas de la iglesia.
Notas y Referencias