Tocado por Nuestros Sentimientos

Capítulo 10

“El nuevo marco histórico adventista”

A través de la historia del Cristianismo, los cambios doctrinarias han generalmente ocurrido lenta, sutil e imperceptiblemente. Por vía de regla es muy difícil determinar el origen de esos cambios o los que fueron responsables por ellos. Pero ese no es el caso de la modificación doctrinaria sobre la naturaleza humana de Cristo, el cual tuvo lugar en la Iglesia Adventista durante la década de 1950. Los principales responsables por la alteración dejaron sus marcas sobre las creencias de la iglesia.

Parece óbvio que los autores de los cambios estaban plenamente concientes de que estaban introduciendo una nueva enseñanza doctrinaria con referencia a la Encarnación. Eso quedó evidente en el relato de las circunstancias registrado por LeRoy Edwin Froom en su libro Movement of Destiny,[1] y en una exposición que podría ser considerada como un manifiesto de esa nueva interpretación, publicado en la revista Ministry (El Ministerio) bajo el título "El Nuevo Marco Histórico Adventista".[2] Este capítulo focaliza la historia de esa nueva óptica como delineada en esas fuentes.

No pretendo cuestionar el compromiso de mis colegas con la verdad o su lealtad a la iglesia. Estoy cierto de que ellos aman al Señor y Su Palabra. Pero tengo que examinar ciertos abordages doctrinales, buscando hacerlo con bondad cristiana.

La Primera Fecha Memorable de Un Cambio Radical

En 1949, la Review and Herald Publishing Association le solicitó al Prof. D. E. Rebok, presidente del Seminario Teológico Adventista de Washington, D.C., que revisase el texto del libro Estudios Bíblicos Para el Hogar,[3] en preparación para la nueva edición.

Ese libro, que tuvo numerosas ediciones, es largamente usado por las famílias adventistas en el estudio sistemático de la Biblia. Él presenta la enseñanza oficial de la iglesia con muchos detalles. Como ya dijimos, la edición de 1915, reimpresa en 1936 y 1945, especifica inequivocamente: "En Su humanidad, Cristo participó de nuestra naturaleza pecaminosa caída. No fuese así y Él no podría ser 'semejante a Sus hermanos', ser 'tentado en todos los puntos como nosotros', ni vencido como tenemos que vencer; y por lo tanto, no tendría condiciones de ser el completo y perfecto Salvador que el hombre necesita y debe tener para ser salvo".[4]

Froom hace comentarios acerca de Rebok: "Encontrando esta infortunada nota en la pág. 174, en el estudio sobre la 'Vida Sin Pecado', él reconoció que ella no era verdadera... Así, la inexacta nota fue suprimida y quedó fuera de todas las ediciones subsecuentes".[5] Como resultado, la nueva edición de Estudios Bíblicos dio otra respuesta a la cuestión: "¿Cuán plenamente Cristo participó de nuestra humanidad común?" Es hecha la cita de (Hebreos 2:17) con la siguiente observación explicativa: "Jesucristo es el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre. Como miembro de la família humana 'convenía que Él fuese semejante a Sus hermanos' -- 'en semejanza de carne pecaminosa'. Hasta qué punto esa 'semejanza' llegó, es un misterio de la Encarnación que los hombres nunca fueron capaces de explicar. La Biblia claramente enseña que Cristo fue tentado como los otros hombres son tentados -- en todos los puntos... como nosotros lo somos'. Tal tentación precisa, necesariamente, incluir la posibilidad de pecar; pero Cristo fue sin pecado. No hay apoyo bíblico para la enseñanza de que la madre de Cristo, por medio de la inmaculada concepción, fue preservada de la pecaminosa herencia de la raza, siendo Su divino Hijo, por lo tanto, incapaz de pecar".[6]

Esta es una significativa diferencia de la edición de 1946. Mientras la versión anterior realza la participación de Cristo en la "pecaminosa naturaleza del hombre", en "su naturaleza caída", la posterior afirma decididamente que "Cristo era sin pecado". Obviamente, la afirmación es perfectamente correcta. Nadie alegó nada en contrario. Pero esa no es la cuestión. El problema se prende a la humanidad de Cristo, Su "carne pecaminosa", como Pablo la coloca.

Como fue mostrado[7], por el rechazo del dogma de la inmaculada concepción y por la declaración de que María heredó naturalmente las imperfecciones de la humanidad, Rebok deja sin explicación como Jesús no heredó, Él mismo, la carne pecaminosa, a ejemplo de todos los descendientes de Adán. ¿Pablo no dice expresamente que Él nació "de la simiente de David, según la carne"? Rebok, en su edición de los Estudios Bíblicos, también alteró la segunda nota explicativa en respuesta a la cuestión: "¿Dónde, en Cristo, condenó Dios el pecado y nos obtuvo la victoria sobre la tentación y el pecado?" Las dos notas explicativas de las dos diferentes ediciones fueron a seguir colocadas en paralelo a título de comparación:

Edición de 1946

"Dios, en Cristo, condenó el pecado, no por pronunciarse contra él como un simple juez sentado en el tribunal, sino que viniendo y viviendo en la carne, en la pecaminosa carne, pero sin pecar. En Cristo Él demostró que es posible, por Su gracia y poder, resistir a la tentación, vencer el pecado y vivir una vida sin pecado en la pecaminosa carne.

Texto Revisado Por Rebok

"Dios, en Cristo, condenó el pecado, no por pronunciarse contra él como un simple juez sentado en el tribunal, sino que viniendo y viviendo en la carne, (omisión), pero sin pecar. En Cristo Él demostró que es posible, por Su gracia y poder, resistir a la tentación, vencer el pecado, y vivir una vida sin pecado (omisión) en la carne".[8]

Las diferencias entre las dos notas son pequeñas pero significativas. La expresión de Pablo, "carne pecaminosa", es omitida. Esa edición revisada de los Estudios Bíblicos no aparece, sin embargo, hasta 1958, después que la nueva interpretación hubo sido fomentada por una serie de artículos en el Ministry, una revista publicada especialmente para los ministros.

El Rechazo de las "Erradas" Ideas del Pasado

Los eventos que condujeron a la nueva interpretación sobre la naturaleza humana de Cristo son bien conocidos. Un fuerte proponente, LeRoy Edwin Froom, registró las circunstancias descendiendo a los más minuciosos detalles.[9] Todo comenzó en Enero de 1955, cuando apareció una declaración en el periódico evangélico Nuestra Esperanza, declarando que la Iglesia Adventista del Séptimo Día "rebaja la Persona y la obra de Cristo", al enseñar que Él, en Su humanidad, 'participó de nuestra pecaminosa y caída naturaleza'. La opinión de Schuyler English, editor del periódico, era que Cristo no participó de la naturaleza caída de los otros hombres.[10] De acuerdo con Froom, English fue desencaminado por la antigua edición del Bible Readings for the Home Circle.

Froom inmediatamente le escribió a English observando que él estaba equivocado cuanto a la posición adventista sobre la naturaleza humana de Cristo. "La nota sobre el punto de vista minoritario de Colcord, salida en el Bible Readings contendiendo por una inherente pecaminosa y caída naturaleza de Cristo -- fue años antes examinada a causa de sus errores".[11]

En el encerramiento de esa correspondencia, English quedó convencido que él estaba errado. Entonces publicó una corrección sobre el asunto en la revista Nuestra Esperanza. Algunos meses más tarde, él publicó un artículo de Walter R. Martin, un teólogo bautista que, después de estudiar los adventistas durante siete años, concluyó: "Acusar a la mayoría de los adventistas hoy como manteniendo esos herejes puntos de vista, es injusto, incorrecto y decididamente anticristiano".[12]

Después de esos contactos iniciales con English, Froom fue presentado a Donald Grey Barnhouse, pastor presbiteriano y editor del periódico Eternidad, de Filadelfia, y a Walter Martin, que estaba ansioso por informaciones sobre los adventistas para concluir su libro La Verdad Sobre los Adventistas del Séptimo Día.[13] De 1955 a 1956, una serie de 18 conferencias tuvo lugar entre los evangélicos y los adventistas, con el propósito de discutir la doctrina de la Encarnación.

Cuando el tópico sobre la naturaleza humana de Cristo fue presentado, los representantes adventistas afirmaron, de acuerdo con el relatorio de Barnhouse, que "la mayoría de la denominación siempre había mantenido [la humanidad asumida por Cristo] como siendo sin pecado, santa y perfecta, a despecho del hecho que algunos de sus escritores ocasionalmente imprimieran obras con puntos de vista totalmente contrarios e incompatibles con la iglesia en general".[14]

De acuerdo con ese relatorio, los representantes adventistas le revelaron a Walter Martin que "ellos tenían entre sus miembros ciertos individuos extremistas, así como hay irresponsables en cada campo del cristianismo fundamental. Obviamente los representantes adventistas dieron la impresión de que había algunos lunáticos irresponsables que habían escrito que Cristo había tomado sobre sí la caída naturaleza humana".[15]

Al leer el relatorio de Froom acerca de esos encuentros, alguien puede quedar impresionado por su fuerte deseo de ver a los adventistas retractados como auténticos cristianos. Los subtítulos de su relatorio son por sí mismos reveladores: "Walter Martin Afirma Que los ASD son Hermanos en Cristo"; "Los Adventistas Son 'Más Decididamente' Cristianos". Él llega aun a decir que los evangélicos ahora ven ese cambio de actitud como resultado de los 'Puntos de Vista Anteriores 'Totalmente Rechazados'".[16]

El Manifiesto de la Nueva Cristología

Mientras esos encuentros estaban teniendo lugar, se concordó que los resultados de las discusiones serían publicados simultaneamente en los periódicos oficiales de ambos grupos. La nueva interpretación adventista, como materia de hecho, fue publicada en El Ministerio de Septiembre de 1956, bajo el título general "Consejos del Espíritu de Profecía". En apoyo a la nueva interpretación, ocho páginas de citas de Ellen White fueron cuidadosamente seleccionadas para definir "la naturaleza de Cristo en la encarnación".

Bajo ese título encontramos en expreso destaque los puntos esenciales del manifiesto: "Él Asumió Nuestra Naturaleza Humana, No Nuestras Propensiones Pecaminosas; Nuestro Pecado, Culpa y Punición le fueron todos imputados, Pero No Eran Realmente Suyos".[17] El referido texto hace un buen trabajo al resumir los diferentes aspectos de la nueva Cristología. Los títulos de siete secciones revelan la idea general: "1) El Misterio de la Encarnación; 2) La Milagrosa Unión de lo Humano y lo Divino; 3) Asumió la Naturaleza Humana Impecable; 4) Riesgos Asumidos de la Naturaleza Humana; 5) Tentado en Todos los Puntos; 6) Soportó el Pecado Imputado y la Culpa del Mundo; 7) La Perfecta Impecabilidad de la Naturaleza Humana de Cristo".

Los subtítulos de cada sección también transmiten la saliente posición dada a los conceptos fundamentales en relación a la naturaleza humana de Jesús: "Cristo Asumió la Humanidad Como Dios la Creó"; "Inició Donde Adán Comenzó"; "Tomó la Forma Humana Pero No Su Corrompida y Pecaminosa Naturaleza"; "Asumió la Impecable Naturaleza Humana de Adán"; "La Perfecta Impecabilidad de Su Naturaleza Humana"; "No Heredó de Adán Ninguna Mala Propensión", y otros semejantes.[18]

Las notas explicativas de cada una de esas afirmaciones fueron todas extraídas de los escritos de Ellen G. White. No hay una simple referencia a textos bíblicos. Ese fue un nuevo punto de vista sobre el tema, pues hasta ese tiempo la discusión había sido fundamentada en las Escrituras. Eso ciertamente abriría la puerta a controversias porque se haría esencialmente un problema de definición del significado de las declaraciones de Ellen G. White. Esa fue también la opinión de Morris Venden: "Pienso que el problema semántico más árduo que tenemos hoy es sobre la naturaleza de Cristo. Y a mi me parece que él es tan pesadamente semántico que es casi imposible trabajar en el asunto".[19] He ahí por que Roy Allan Anderson, secretario de la Asociación Ministerial de la Conferencia General y editor-jefe de El Ministerio, creía ser necesario presentar el relato a seguir, el cual representa verdaderamente la caracterización de la nueva Cristología adventista.[20]

"Humano, Pero No Carnal"

Ese es el título del editorial de Anderson. He aquí su punto de vista sobre el tema de la naturaleza humana de Cristo: "A través de nuestra historia denominacional no siempre tuvimos una clara comprensión de ese asunto, como sería deseable. De hecho, ese punto particular en la teología adventista provocó severas críticas por parte de muchos eminentes eruditos bíblicos, tanto los de nuestra fe como de fuera. A lo largo de los años fueron hechas afirmaciones en sermones, y ocasionalmente en impresos, que, consideradas debidamente, han desacreditado la persona y la obra de Jesucristo, nuestro Señor. Hemos sido acusados de hacerlo totalmente humano".[21]

Mencionando numerosas y bien seleccionadas citas de Ellen White como evidencia, Anderson afirmó "que nuestro Señor participó de nuestra limitada naturaleza humana, pero no de nuestra carnal y corrupta naturaleza, con todas sus propensiones para el pecado y concupiscencias. En Él no había pecado, ya sea heredado o cultivado, como es común a todos los descendientes naturales de Adán".[22]

Anderson también declaró que "en apenas tres o cuatro lugares en todos esos inspirados consejos" de Ellen White, ella usa "expresiones tales como 'naturaleza caída' y 'naturaleza pecaminosa'". Pero añadió:

"Esas son fuertemente contrabalanceadas y claramente explicadas por muchas otras declaraciones, que revelan el pensamiento de la escritora (Ellen G. White). Cristo realmente participó de nuestra naturaleza, nuestra naturaleza humana con todas sus limitaciones físicas, pero no nuestra naturaleza carnal con sus concupiscientes corrupciones. Cuando Él entró en la família humana, lo hizo después que la raza había sido tremendamente debilitada por la degeneración. Por millares de años la humanidad fue siendo fisicamente deteriorada. Comparada con Adán y su inmediata posteridad, la humanidad, cuando Dios apareció en carne humana, había disminuido en estatura, longevidad y vitalidad... Él no cesó de ser Dios. Verdaderamente, no podemos comprender eso, pero tenemos que aceptarlo por la fe".[23]

En el mismo editorial, Anderson más adelante alude a la declaración que "apareció en la obra Estudios Bíblicos Para el Hogar (edición de 1915), la cual declaraba que Cristo vino 'en carne pecaminosa'. Justamente como esa expresión se escabulló para el libro es difícil saber. Ella ha sido muchas veces citada por los críticos alrededor del mundo, como siendo típica de la Cristología adventista".[24]

Al final, Anderson convoca la clase ministerial "para estudiar cuidadosamente y con oración la sección Consejo sobre esa cuestión. Pero hagámoslo con la misma mente abierta con que reconocemos ser tan importante en el estudio de los temas fundamentales de la Biblia".[25]

El Nuevo Marco Histórico Adventista

La editora-asociada, Louise C. Kleuser, publicó otro editorial sobre la temática, destinado a promover la plataforma que ella llamó de "El Nuevo Marco Histórico Adventista"[26] Lousie anunció los cambios, primeramente con respecto a nuestras relaciones con "nuestros hermanos evangélicos en Cristo", de quien "estamos tratando de aprender algunas lecciones"[27], y entonces con respecto a la naturaleza humana de Cristo, tratada por Anderson en la segunda parte del editorial.

De acuerdo con Anderson, "nada hay más claramente enseñado en la Escritura que, cuando Dios se hizo hombre a través de la Encarnación, Él participó de la naturaleza del hombre, esto es, Él tomó sobre Sí mismo la naturaleza humana. En (Romanos 1:3) leemos que Jesucristo nació 'de la simiente de David según la carne', y en (Gálatas 4:4), que Él era 'nacido de mujer'. Él Se hizo hijo de la humanidad por Su nacimiento humano y se sometió a las condiciones de la existencia humana, poseyendo un cuerpo humano (Heb. 2:14)".[28]

Pero, "cuando leemos que Jesucristo tomando la naturaleza del hombre, es imperativo reconocer la diferencia entre naturaleza humana en el sentido físico de la palabra, y naturaleza humana en el sentido teológico del término. Él fue realmente un hombre, pero, fuera de eso, era Dios manifiesto en carne. Verdaderamente, Él tomó nuestra naturaleza humana, esto es, nuestra forma física, pero no poseía nuestras pecaminosas propensiones".[29]

Finalmente, Anderson insiste en que la diferencia entre el primero y el segundo Adán no era de naturaleza, sino una simple diferencia de situación. "Cuando el encarnado Dios entró en la historia humana y se hizo uno con la raza, entendemos que Él poseía la impecaminosidad de la naturaleza con la cual Adán fue creado en el Edén. El ambiente en que Jesús vivió, entretanto, era trágicamente diferente de aquel que Adán conocía antes de la caída".[30]

Como resultado, concluye Anderson, "nuestros pecados Le fueron imputados. Así, vicariamente Él asumió nuestra pecaminosa y caída naturaleza, muriendo en nuestro lugar, y fue 'contado con los transgresores'(Isa. 58:12). El pecado fue colocado sobre Él; el pecado nunca tuvo parte en El. Era exterior y no interior. Todo lo que Él asumió no era inherentemente Suyo; lo tomó, esto es, Él lo aceptó. 'Él voluntariamente asumió la naturaleza humana. Fue un acto Suyo propio y mediante Su consentimiento personal' (Ellen G. White, en la Review and Herald, del 5 de Julio de 1887; Énfasis suplida).[31]

En el mismo número de El Ministerio, apareció un artículo escrito por W. E. Read, que perfilaba con Anderson y Froom. Bajo el título La Encarnación y el Hijo del Hombre, Read presenta un sumario de la Cristología. Para cada una de sus declaraciones él cita textos bíblicos apropiados, seguidos por extractos de los escritos de Ellen White. Y sugirió también el adverbio "vicariamente" como palabra clave de la nueva Cristología, para capacitarnos a comprender la naturaleza humana de Cristo.

Confiantemente él escribió: "Cristo fue tentado en todos los puntos, como nosotros. Ese es un pensamiento confortador, maravilloso. Pero recordemos que aun cuando él sea verdadero, también es verdad que Cristo era 'sin pecado'(Heb. 4:15). Su naturaleza tentada, entretanto, no contaminó al Hijo de Dios. Él soportó vicariamente nuestras debilidades, nuestras tentaciones, del mismo modo que llevó nuestras iniquidades".[32]

Esos artículos pretendían preparar las mentes para recibir "el nuevo marco histórico del adventismo", como desarrollado en el libro Los Adventistas del Séptimo Día Responden a Cuestiones Sobre Doctrina. Poco antes de su impresión, Anderson lo anunció en El Ministerio como el más maravilloso libro jamás publicado por la iglesia.[33] Una vez que él trata de la naturaleza humana de Cristo en detalles, se hacía necesario examinarlo más detenidamente.

Cuestiones Sobre Doctrina

Esa obra fue el resultado de las reuniones mantenidas con los representantes evangélicos Donald Grey Barnhouse y Walter R. Martin. Martin estaba para imprimir su libro La Verdad Sobre el Adventismo del Séptimo Día, publicado en 1960.[34]

Cuestiones Sobre Doctrina no lidia apenas con la doctrina de la Encarnación. Él es una respuesta a las numerosas cuestiones doctrinarias hechas por evangélicos sobre los temas de la "salvación por la gracia versus salvación por las obras, la distinción entre la ley moral y la ley ceremonial, el antítipo del macho cabrío expiatorio, la identidad de Miguel, y así por delante, a través de un amplio elenco de creencias y prácticas fundamentales de los adventistas, cubriendo doctrina y profecía".[35]

Martin y Barnhouse hicieron específicas objeciones a las posiciones sustentadas por los pioneros adventistas en relación a la divinidad de Cristo y Su naturaleza humana, las cuales ellos sinceramente consideraban erradas y herejes. No fue de todo sorpresa que ellos preguntasen si la posición oficial había cambiado en esos puntos.[36] Cuestiones específicas conrespecto a la encarnación de Cristo fueron colocadas: "¿Qué es lo que los adventistas entienden por el uso del título 'Hijo del hombre', por parte de Cristo? ¿Y cuál, entienden ustedes, haber sido el propósito básico de la Encarnación?"[37]

En respuesta, casi todos los textos bíblicos referentes a la Cristología fueron citados. Como notas explicativas, ellos generalmente las redactaban con base en las citas de Ellen White. Los oficiales adventistas hicieron lo máximo para mostrar que "los escritos de Ellen G. White están enteramente en armonía con las Escrituras acerca de eso".[38] "No se negó que Cristo 'era el segundo Adán, viniendo en 'semejanza' de carne pecaminosa (Rom. 8:3)"[39], o que Ellen White haya usado expresiones como"naturaleza humana", "nuestra carne pecaminosa", "nuestra caída naturaleza", "la naturaleza del hombre en su condición caída".[40]

Nadie dijo si "Jesús se enfermaba o si había experimentado las debilidades de las cuales nuestra caída naturaleza es heredera. Pero Él sufrió todo eso. ¿No podría ocurrir que Él también haya soportado eso vicariamente, justamente como soportó los pecados de todo el mundo? Esas debilidades, enfermedades y fallas son cosas que nosotros, en nuestra caída y pecaminosa naturaleza, tenemos que enfrentar. Para nosotros ellas son naturales, inherentes, pero, cuando Él las soportó, las tomó no como algo innato Suyo, sino como nuestro substituto. Cristo las sufrió en Su perfecta e impecable naturaleza. Más una vez afirmamos que Cristo toleró todo vicariamente, así como vicariamente sufrió las iniquidades de todos nosotros".[41]

En suma, "lo que quiera que Jesús haya asumido, no fue Suyo intrínseca o congenitamente... Todo lo que Él recibió, todo lo que Él soportó, ya sean cargas y penalidades de nuestras iniquidades o males y fragilidades de nuestra naturaleza humana, todo fue asumido o suportado vicariamente".[42]

Esa expresión es realmente la fórmula mágica contenida en el "nuevo marco histórico del adventismo". De acuerdo con los autores de Cuestiones Sobre Doctrina, "es en ese sentido que deberían ser comprendidos los escritos de Ellen G. White cuando ella se refiere ocasionalmente a la naturaleza humana pecaminosa, caída y deteriorada".[43]

Los autores del libro publicaron en un apéndice, cerca de 66 citas de Ellen White[44] divididas en secciones con subtítulos tales como: "Asumió la Impecable Naturaleza Humana"[45], o "La Perfecta Impecabilidad de la Naturaleza Humana de Cristo". Tales frases, naturalmente, jamás fueron escritas por Ellen White.[46]

Está claro que "el nuevo marco histórico del adventismo"[47] difiere significativamente de la tradicional enseñanza sobre la naturaleza humana de Cristo en cuatro puntos. Él apoya que: 1) Cristo tomó la naturaleza espiritual de Adán antes de la caída; lo que quiere decir, una naturaleza humana impecable. 2) Cristo heredó apenas las consecuencias físicas de la pecaminosa naturaleza humana; o, su hereditariedad genética fue debilitada por 4000 años de pecado. 3) La diferencia entre la tentación de Cristo y la de Adán permanece únicamente en la diferencia del ambiente y de las circunstancias, pero no de naturaleza. 4) Cristo llevó vicariamente los pecados del mundo, no en realidad, sino apenas como substituto del hombre pecador, sin participar de su naturaleza pecaminosa. Presentado con el aparente sello de aprobación de la Conferencia General, el libro Los Adventistas del Séptimo Día Responden a Cuestiones Sobre Doctrina fue ampliamente divulgado en seminarios, universidades y librerías públicas.[48] Millares de ejemplares fueron enviados a los miembros del ministerio, así como a profesores no-adventistas de teología.[49] Las casi 140.000 cópias tuvieron influencia evidente tanto dentro como fuera de la Iglesia Adventista.[50]

La publicación de esa obra produjo un impacto cuyas reacciones no demoraron a ser sentidas. Mal ella había salido de la imprenta y ya se había hecho objeto de viva controversia, que prosiguió con intensidad a través de los años hasta nuestros días. Trataremos de eso en los próximos capítulos de este estudio. Primeramente, sin embargo, es imperativo mencionar aquí la importantísima carta de Ellen White, que sirvió como uno de los principales caminos de la nueva teología.

La Carta de Ellen White a William L. H. Baker

En 1895, mientras aun estaba en Australia, Ellen White escribió una larga carta animando a William Baker, que estaba incumbido de la obra en Australia, Tasmania y Nueva Zelandia. Él era un hombre que la Sra. White apreciaba mucho y de quien dio positivas referencias.

Antes de dejar los Estados Unidos en viaje para Australia, Baker había trabajado en la Pacific Press, Califórnia, de 1882 a 1887. Durante cuatro años él fue asistente de Waggoner. En 1914, fue escogido para ser profesor de Biblia en el Avondale College, Australia. Al retornar a los Estados Unidos en 1922, encerró su carrera como profesor y capellán. Baker murió en 1933.

La carta dirigida a Baker es compuesta de 19 páginas manuscritas, de las cuales dos son enteramente dedicadas a errores que deben ser evitados en la presentación pública de la naturaleza humana de Cristo. Esa carta, como muchas otras misivas particulares, nunca fue publicada en los Testimonios Para la Iglesia, a ejemplo de lo que ocurrió con varias de ellas. Preservada en los archivos del Patrimonio de Ellen G. White, ella no fue conocida por los investigadores hasta 1955. Después de su descubrimiento, los abogados de la nueva interpretación entendieron que su tenor parecía condenar la posición tradicional y apoyar el nuevo punto de vista concerniente a la naturaleza humana de Cristo.[51]

Cinco párrafos dedicados a ese tema fueron publicados en 1956 en el The Seventh-day Adventist Bible Commentary, como nota explicativa del primer capítulo del evangelio de Juan.[52] En 1957, una selección de citas fue también hecha en el libro Cuestiones Sobre Doctrina.[53] Teniéndose en vista la importancia dada al contenido de esa carta[54] , es preciso que se citen aquí los más significativos y controvertidos párrafos:

"Sean cuidadosos, extremamente cuidadosos cuando traten de la naturaleza humana de Cristo. No Lo pongan delante del pueblo como un hombre con propensiones para el pecado. Él es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un ser puro e impecable, sin una mancha de pecado sobre sí; él era a imagen de Dios. Él podría caer y cayó por medio de la transgresión. A causa del pecado, su posteridad nació con inherentes propensiones a la desobediencia. Pero Jesucristo fue el unigénito Hijo de Dios. Él tomó sobre Sí la naturaleza humana, y fue tentado en todos los puntos en que la naturaleza humana es asaltada. Él podría haber pecado; Él podría haver caído, pero ni por un sólo momento hubo en El cualquier mala propensión".[55]

"Nunca, de modo alguno, dejen la más leve impresión sobre mentes humanas de que había en Cristo una mancha, una inclinación para el mal, o que Él de algún modo haya cedido a la corrupción. Jesús fue tentado en todos los puntos como el hombre es tentado, sin embargo, Él es llamado 'el Santo'. Que cada ser humano tenga cuidado en no hacer Cristo totalmente humano, tal como uno de nosotros; pues eso no puede ser... No deberíamos tener ninguna duda con respecto a la perfecta impecabilidad de la naturaleza humana de Cristo".[56]

Esas declaraciones desempeñaron -- y aun desempeñan -- un papel decisivo en favor de la nueva interpretación. El testimonio de Robert J. Spangler, que en 1967 se volvió el editor-jefe de El Ministerio, es especialmente significativo: "A la luz de esa declaración, yo personalmente debo admitir que cualquier tipo de naturaleza pecaminosa que Cristo hubiese tenido (si realmente la tuvo), no tenía cualquier propensión, ni natural inclinación, tendencia o pendor para el mal".[57]

Los defensores de la posición tradicional citan la declaración de Baker sin concluir que Jesús estaba libre de todas las "tendencias hereditarias". Obviamente, ambos lados no pueden estar ciertos. Volveremos más tarde a la carta Baker.

Desde la publicación de Cuestiones Sobre Doctrina, la Iglesia Adventista ha experimentado una seria controversia teológica. Algunos la consideran una crisis fundamental, mientras otros creen que ella no debe ser nada más que una simple diferencia de opinión. Lo que quiera que ella pueda ser, una evaluación de las tesis predominantes es impositiva. He aquí lo que procuraremos hacer en la Parte V, pero es importante para nosotros primeramente analisar detalladamente las suposiciones hechas por ambos lados.

Notas y Referencias

  1. Leroy Edwin Froom, Movimiento del Destino.
  2. Roy Allan Anderson, no El Ministerio, Abril de 1957.
  3. La primera edición de Estudios Bíblicos Para el Hogar tiene fecha de la década de 1880.
  4. Estudios Bíblicos Para el Hogar (1915), pág. 115 (itálicos suplidos).
  5. Froom, pág. 428.
  6. Estudios Bíblicos Para el Hogar (1958), págs. 143 e 144.
  7. William H. Grotheer, Interpretative History of DAS Doctrine of Incarnation, pág. 65.
  8. Comparación hecha por Grotheer, págs. 65 e 66.
  9. Froom, págs. 468 a 475.
  10. Idem, pág. 469.
  11. Ibidem.
  12. Idem, pág. 473.
  13. Walter R. Martin, La Verdad Acerca de los Adventistas del Séptimo Día (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1960).
  14. Donald Grey Barnhouse, ¿Los Adventistas del Séptimo Día Son Cristianos? Eternity, Septiembre de 1956. Citado por Grotheer, pág. 75.
  15. Ibidem (Itálicos suplidos).
  16. Froom, págs. 472-473. El mismo concepto es encontrado en el editorial de Anderson.
  17. Anderson, en El Ministerio, Septiembre de 1956.
  18. Ibidem.
  19. Morris L. Venden, en la Insight, 15 de Mayo de 1979.
  20. Este artículo, escrito por Anderson en El Ministerio Adventista de Septiembre de 1956, fue también publicado en el apéndice del Seventh-day Adventists Answer Questions on Doctrine (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1957), págs. 647 a 660, y en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 7-A, págs. 647 a 660.
  21. Anderson, en El Ministerio, Septiembre de 1956.
  22. Ibidem.
  23. Ibidem.
  24. Idem. Estudios Bíblicos Para el Hogar fue revisado en 1949 y no en 1946.
  25. Ibidem.
  26. Anderson, en El Ministerio, Abril de 1957.
  27. Ibidem.
  28. Ibidem.
  29. Ibidem.
  30. Ibidem.
  31. Ibidem.
  32. W. E. Read, en El Ministerio, Abril de 1957.
  33. Anderson, en El Ministerio, Julio de 1957.
  34. Walter R. Martin, La Verdad Sobre el Adventismo del Séptimo Día (Grand Rapids; Zondervan Pub. House, 1960).
  35. Froom, pág. 481.
  36. Questions on Doctrine, pág. 29.
  37. Idem, pág. 50.
  38. Idem, pág. 57.
  39. Idem, pág. 52.
  40. Idem, pág. 60.
  41. Idem, págs. 59-60.
  42. Idem, pág. 61-62.
  43. Idem, pág. 60.
  44. Idem, págs. 647 a 660.
  45. Idem, págs. 650 y 658.
  46. Ralph Larson, en su libro The Word Was Made Flesh, ofrece mil dólares a quien encuentre una cita de Ellen White declarando que Cristo vino a la Tierra con la naturaleza de Adán antes de la caída (pág. 274).
  47. Froom se esforzó por mostrar que ese no era un asunto de decisión "oficial". Movement of Destiny, pág. 492.
  48. Idem, pág. 492.
  49. Idem, págs. 488 a 492.
  50. Idem, pág. 489.
  51. Ver la Review and Herald del día 30 de Mayo de 1933.
  52. Ver o Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 5, págs. 1128 e 1129.
  53. Ver Questions on DoctrineI, págs. 621, 651 e 652.
  54. Ellen G. White, Carta 8 de 1895.
  55. Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 5, pág. 1128.
  56. Idem, pág. 1128-1129; Questions on Doctrine, pág. 652 e 651.
  57. Robert J. Spangler, en El Ministerio, Abril de 1978, pág. 23.