Tocado por Nuestros Sentimientos

Capítulo 13

El auge de la controversia

Después de más de 25 años de controversia sobre la naturaleza humana de Cristo, era de esperarse un período de distensión. Pero, al contrario, la intensidad de la discusión se fue elevando en cendo en el período comprendido entre 1980 y 1985.

Mientras la Cristología tradicional estaba ganando popularidad, la nueva teología parecía estar perdiendo fuerza y sus proponentes procurando nuevos argumentos. Enfrentando hasta las críticas más contundentes, los defensores de la nueva teología se esforzaron por armonizar ambas posiciones contrarias, como si ellas fuesen de igual valor y mérito.

Un Celoso Defensor de la Cristología Tradicional

Como ya mostrado, Wieland y Short fueron los primeros a alertar la iglesia sobre las nuevas interpretaciones concernientes a la persona y obra de Cristo.[1] Para estudiar el asunto, la Conferencia General escogió una comisión especial cuyas conclusiones fueron publicadas en el relatorio de la Conferencia de Palmdale, después de muchas reuniones. Totalmente insatisfecho con los resultados, Wieland procuró aclarar el asunto a través de la publicación, en 1977, de un libro titulado ¿Cómo Pudo Cristo Ser Inocente Como un Bebé?[2] En 1979, él escribió nuevamente para responder cuestiones complementares relacionadas a la Cristología tradicional.[3]

Habiendo sido un misionero, Wieland era bien versado en asuntos africanos. Él fue convidado a volver a África con el específico propósito de preparar allí una variedad de libros para suplir las necesidades espirituales de los cristianos de la región subsahariana. Ya en África, él publicó en 1981, entre otros libros, un estudio de la naturaleza humana de Cristo denominado El Elo Roto.[4] En el prefacio, Wieland declaró que el propósito de su libro era "tratar de aclarar las aparentes o supuestas contradicciones sobre la cuestión de la humanidad de Cristo. La total divinidad de Cristo es fundamental y se espera que sea comprendida. Nuestro único problema en discusión aquí es qué especie de humanidad Cristo tomó o asumió en Su encarnación. Que Él retuviera Su plena divinidad en la encarnación no es ni mínimamente cuestionado".[5]

Wieland reconoció que parecía haber algunas contradicciones en muchas declaraciones de Ellen White sobre la naturaleza de Cristo. "Pero cuando sus declaraciones son estudiadas dentro del contexto, los paradojos demostraron que ella llevó muy en serio sus consejos sobre 'ser cuidadoso, extremamente cuidadoso, cuando tratar de la naturaleza humana de Cristo'. Ella no se omite sobre el asunto y ni nosotros deberíamos hacerlo; y porque él significa 'todo para nosotros', 'la corriente dorada que liga nuestras almas a Cristo, y a través de Cristo a Dios', no puede haber ningún eslabón roto en esa corriente".[6]

Para Wieland "probablemente la más clara y más bella presentación de Cristo como 'Dios con nosotros', desde los tiempos apostólicos, es encontrada en el mensaje de 1888 sobre la justicia de Cristo." Pero ese mensaje contenía piedra de tropiezo para muchos que temían que la inocencia de Cristo pudiese ser violada. Wieland declara: "Los mensajeros de 1888 sustentaban que la justicia de Cristo fue por Él vivida en una naturaleza humana idéntica a la nuestra, y que cuando el pueblo de Dios verdaderamente comprenda y reciba esa 'justicia por la fe', serán capaces de vencer como Cristo venció".[7]

Wieland presentó 32 cuestiones y las respondió con la Escritura y las declaraciones de Ellen White. Primeramente, Wieland mostró que no hay ninguna contradicción en la Biblia con referencia a la naturaleza humana de Cristo.[8] Entonces demostró que Ellen White nunca se opuso a la enseñanza de Waggoner o Jones sobre ese asunto.[9] Prosiguió entonces mostrando que la carta escrita a Baker en 1895 no tenía la intención de desacreditar los puntos de vista de esos predicadores.[10] Su análisis de algunas declaraciones contenidas en la carta Baker reveló que ellas no eran contrarias a las enseñanzas de Ellen White.[11]

Wieland respondió a algunas series de preguntas de personas que, comprensiblemente, no aceptaban la noción de que Jesús podría haber vivido una vida exenta de pecado en una naturaleza humana caída. Él no apenas colocó en su debido contexto algunas citas contenidas en Questions on Doctrine, sino también refutó ciertas declaraciones equivocadas tales como la de que "Jesús asumió una naturaleza humana impecable", destacando que "la propia Ellen White nunca jamás escribió tales palabras; ellas fueron únicamente suposiciones de los editores".[12] En resumen, ese estudio contenía respuestas detalladas a muchas de las cuestiones básicas que pueden ser levantadas sobre la naturaleza humana de Cristo.

En 1983, la Pacific Press publicó el libro Oro Probado en el Fuego[13] , en el cual Wieland explicó lo "que Cristo necesitaba para ser nuestro substituto", esto es, "oro probado en el fuego", como el título sugiere. De hecho, según Wieland, "Cristo no puede ser nuestro Substituto a menos que haya enfrentado nuestras tentaciones como tenemos que hacerlo nosotros. Él precisaba enfrentar nuestro enemigo en su propio terreno, en su propio esconderijo, y eliminarlo".[14]

Posteriormente, al comentar (Romanos 8:3), Wieland escribió: "La palabra semejanza usada por Pablo no puede significar diferencia, pues sería un monstruoso fraude para Cristo profesar que condenó el pecado en la carne, la carne en la cual Pablo dice que fuimos 'vendidos bajo pecado', donde "la ley del pecado" opera, si Él presentase una engaño de Su encarnación por tomar simplemente lo que parecía ser nuestra carne pecaminosa, pero que no era de hecho algo real ... Pablo usa la palabra semejanza (con buena razón) para denotar la realidad de la plena identificación de Cristo con nosotros, sin embargo, dejando claro que Él, de ningún modo, participó de nuestro pecado. La gloriosa victoria de Cristo yace en el hecho que Él fue 'tentado en todo, como nosotros lo somos, pero, sin pecado' (Heb. 4:15)".[15]

Extrayendo de esa "victoria" la conclusión obvia, Wieland anima a sus lectores a vencer la tentación como Cristo lo hizo: "No importa quien usted sea o donde esté, tenga la certeza de que Alguien ya estuvo exactamente en su lugar, 'pero sin pecado'. Mirarlo, 'verlo', con todas las nubes del engaño disipadas por la verdad de Su justicia, 'en semejanza de carne pecaminosa'. Creer que el pecado que lo atrae fue 'condenado en la carne'. Usted puede vencer a través de la fe en El".[16]

La Nueva Cristología en las Lecciones de la Escuela Sabática

Como ya declarado, las lecciones de la escuela sabática preparadas por Herbert E. Douglass en 1977, enseñaban que Cristo asumió la naturaleza humana de Adán después de la caída. En contraposición, las lecciones preparadas por Norman R. Gulley, profesor de Biblia del Southern Missionary College, para el primer trimestre de 1983, enseñaban que la naturaleza espiritual de Cristo fue pré-caída, pero Su naturaleza física fue póst-caída. Realmente, Gulley trató de probar que los dos modos de comprender la naturaleza humana de Cristo se realzaban mutuamente.

Para lograr su intento, Gulley explicó detalladamente esa teoría en el libro Cristo, Nuestro Substituto.[17] "Los adventistas del séptimo día creen que Jesucristo era plenamente Dios y plenamente hombre. Pero podemos entender la frase plenamente hombre' de dos modos. Jesús poseía (1) la naturaleza humana impecable, tal como Adán la tenía antes de la caída, o la naturaleza humana caída. ¿Cuál es la correcta? Él asumió ambas. Pues Cristo tenía la naturaleza espiritual del hombre antes de la caída, y su naturaleza física después de la caída".[18]

Gulley hizo una síntesis de ambas interpretaciones y reivindicó el apoyo de Ellen White. "Si ella estuviese defendiendo Su impecabilidad, entonces la naturaleza pré-caída está apoyada. Si ella estuviese defendiendo Su limitada humanidad, entonces la naturaleza póst-caída es apoyada", escribió él.[19]

La explicación, en principio, puede parecer atrayente. Por lo menos ella tiene el mérito de soportar el ímpetu de la oposición entre ambas ideas. Pero algunos pueden discutir el hecho de crear más confusión al atribuir a Cristo dos naturalezas humanas en añadidura a Su divina naturaleza. En vista de eso, prorrumpieron comentarios y objeciones a través de las cartas de los lectores de la sección de la Adventist Review. Lo que se sigue es de autoría de Donald K. Short:

"Ellen White no dice una simple palabra sobre 'la naturaleza pré-caída' de Cristo, y sugerir eso es poner palabras en su boca y promover la confusión. No hay un lugar donde ella coloque Jesús a parte de Su pueblo y trate de equilibrar las naturalezas pré-lapsariana y póst-lapsariana. ¿Cómo puede ese tipo de confusión ser promovido en nombre de la 'unidad dentro de nuestra iglesia'?"[20]

Herbert Douglass envió dos artículos al editor de la Adventist Review, para ser ambos publicados en la Pascua de 1983, bajo el significativo título "Por Que los Ángeles Cantaron en Belém".[21] Sin reparos al punto de vista general de Douglass, mencionamos a seguir su lista de expresiones distintivas emprestadas de Ellen White y de eminentes teólogos con relación a la naturaleza humana de Cristo:

"Si Jesús... [hubiese] tomado 'nuestra naturaleza caída' 'el lugar del caído Adán', 'la naturaleza humana... a semejanza de carne pecaminosa, y hubiese sido tentado por Satanás como todos los hijos son tentados', la 'naturaleza de Adán, el transgresor', 'la ofensiva naturaleza del hombre', y muchas otras expresiones similares, esos eruditos y Ellen White son claros en decir que el material humano caído, degradado, no Lo forzó a pecar, ya sea en pensamiento, o en actos. Él Se mantuvo inmaculado y puro, aun cuando haya sido tentado por dentro y por fuera".[22]

Otros protestos fueron hechos directamente a H. F. Rampton, director del Departamento de Escuela Sabática de la Conferencia General. Uno de ellos, fechado el 19 de Enero de 1983, fue enviado por los líderes de la iglesia de Anderson, en California. Ellos expresaban su preocupación con los "graves errores doctrinarios" presentados "sutilmente" por medio de las lecciones de la Escuela Sabática. "Sentimos que esas lecciones representan un deliberado esfuerzo para 'persuadir' la masa de lectores y preparar los miembros de la Escuela Sabática para recibir nuevos conceptos teológicos, totalmente contrarios a las creencias adventistas tradicionales, creencias fundamentadas en sanos principios bíblicos y del Espíritu de Profecía".[23]

"La lección del día 15 de Enero deja confusa la naturaleza humana de Cristo en la Encarnación, pero con decidida tendencia para una 'naturaleza no caída'"[24] El modo de escoger las citas de Ellen White fue criticado. "La doctrina de la 'naturaleza no caída de Cristo' es vital al nuevo concepto teológico. Satanás ha trabajado diligentemente para introducir las ideas de la 'nueva teología' en la Iglesia Adventista. En los años cincuenta, Satanás operó a través de un grupo de destacados teólogos para promover su "Cristología", pero la iglesia no la recibió. ¿Estará él nuevamente usando la Escuela Sabática para realizar su propósito?"[25]

El periódico La Voz de la Verdad Presente, aun cuando no siendo una publicación denominacional, imprimió cartas de grupos y miembros escandalizados con la presentación de la 'nueva teología' en la iglesia, por medio de las lecciones de la Escuela Sabática. Con la misión de "representar los principios fundamentales del Movimiento Adventista"[26], ese periódico dedicó enteramente la edición de Marzo a la reafirmación de la enseñanza tradicional sobre el tema de la naturaleza humana de Cristo. A fin de cumplir ese objetivo, fueron solicitados artículos de autores como Herbert E. Douglas y Dennis E. Priebe.

La Voz de la Verdad Presente

El artículo de Herbert Douglass trajo su título estampado en letras garrafales en la parte superior de la primera página: "El Hombre Modelo". De hecho, nada hubo en ese artículo que Douglass no hubiese dicho previamente. El objetivo no era presentar nuevas verdades, sino recordar las antiguas.

Douglass escribió: "Dios no vino por la mitad a la Tierra en Su tentativa de redimir hombres y mujeres. Él no vino como un simpático ángel, o aun como un súper-hombre inexpugnable a todos los problemas y debilidades de la humanidad. La escala del Cielo a la Tierra alcanzó plenamente el punto donde los pecadores estaban. Si ella hubiese dejado de tocar la Tierra por un simple peldaño, estaríamos perdidos. Pero Cristo vino hasta nosotros donde estábamos. Él tomó nuestra naturaleza y venció, para que tomando Su naturaleza podamos vencer" (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 311-312)".[27]

Naturalmente, el blanco del artículo de Douglas era mostrar que "Jesús entró para la familia humana tomando la misma naturaleza de todos los otros 'descendientes de Abraham'... Jesús era un hombre real, excepto por no haber pecado".[28] Sin embargo, Él fue tentado como nosotros lo somos en todas las cosas. Para destacar ese punto, Douglass citó las más impresionantes declaraciones de Ellen White sobre el asunto.

Entre muchas, Douglass recordó la respuesta de Ellen White a aquellos que suponían que si Jesús hubiese realmente poseído la misma naturaleza de todos los seres humanos, Él habría sucumbido a la tentación. "Si Él no tuviese la naturaleza del hombre, no podría ser nuestro ejemplo. Si él no fuese participante de nuestra naturaleza, no podría ser tentado como el hombre lo es. Si no Le fuese posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro auxiliador. Es una solemne realidad que Cristo vino para herir las batallas como hombre, en favor del hombre. Su tentación y victoria nos enseñan que la humanidad tiene que copiar el Modelo; el hombre precisa hacerse participante de la naturaleza divina (Mensajes Selectos, vol. 1, pág. 408)".[29]

El artículo de Denis E. Priebe, entonces profesor de Biblia en el Pacific Union College, en California, también merece nuestra atención. Para él "la principal doctrina, o tema que determina el rumbo de ambos sistemas de creencia, el fundamento y la premisa de toda la controversia, es la cuestión '¿Qué es Pecado?' El evangelio es todo sobre cómo somos salvos del pecado. Es el pecado que nos hace perdidos y el evangelio son las buenas nuevas de cómo Dios nos redime del pecado. La mayoría de nosotros supone que sabemos lo que es pecado, sin tomar tiempo para definirlo".[30]

Primeramente, Priebe condujo la cuestión al pecado original. De acuerdo con los reformadores, "el pecado original es simplemente la creencia de que somos culpados a causa de nuestro nacimiento como hijos e hijas de Adán. Esa doctrina enseña que somos culpados por naturaleza, antes que cualquier cosa entre el bien o el mal entre en escena".[31] Priebe observó con propiedad: "Bajo ese punto de vista, debilidad, imperfección y tendencias son pecado. Es un enfoque interesante y significativo que los reformadores hayan edificado su doctrina del pecado original sobre la premisa de la predestinación... Es un poco extraño que mientras la predestinación haya sido rechazada por la mayoría de los cristianos hoy, el pecado original está aún visto como el fundamento de la correcta enseñanza evangélica".[32]

"Obviamente, Él [Cristo] tiene que poseer una naturaleza impecable, totalmente diferente de la naturaleza que usted y yo heredamos por nacimiento... A causa de la creencia de que la naturaleza pecaminosa envuelve culpa a la vista de Dios, es absolutamente imperativo que Cristo no tenga ligación con nuestra naturaleza caída".[33]

La visión de Priebe sobre la naturaleza del pecado era totalmente diferente. Para él, "el pecado no es básicamente lo que un hombre es, sino lo que él escoje ser. El pecado ocurre cuando la mente consiente con aquello que parece deseable y así rompe su relacionamiento con Dios. Hablar de culpa en términos de naturaleza heredada es pasar por alto la importante categoría de la responsabilidad. Hasta haber unido nuestra voluntad a la rebelión humana contra Dios, hasta que nos oponemos a Su voluntad, la culpa no es cabible. El pecado está envuelto en la vida del hombre, en su rebelión contra Dios, en su voluntariosa desobediencia, y con el trastornado relacionamiento con Dios que de eso resulta. Si la responsabilidade por el pecado debe tener algún significado, no se puede afirmar que la naturaleza humana caída hace al hombre inevitablemente culpado de pecado. Inevitabilidad y responsabilidad son conceptos mutuamente excluyentes en la esfera moral. Así, el pecado es definido como voluntarioso deseo de escoger rebelarse contra Dios en pensamiento, palabra o acción. En ese evangelio, el pecado es escoger en forma intencional para ejercitar nuestra caída naturaleza en oposición a la voluntad de Dios".[34]

Priebe aplicó su definición de pecado a la naturaleza de Cristo: "Si el pecado no es natural, sino que escoger, entonces Cristo podría heredar nuestra caída naturaleza sin, por medio de eso, volverse pecador. Él permaneció siempre impoluto porque Su conscienciosa manera de escoger siempre fue la obediencia a Dios, nunca permitiendo que Su naturaleza caída Le controlase las opciones. Su herencia era la misma que la nuestra, sin necesidad de recurrir a una especial intervención divina para evitar que Jesús recibiese la plenitud humana de María. Cristo aceptó espontáneamente la humillación de descender no apenas al nivel del hombre sin pecado, sino al nivel que el hombre había caído a través del pecado de Adán y de los pecados de las sucesivas generaciones. El hombre no estaba en el estado de Adán antes de la caída, así, algo mucho más drástico era necesario si los efectos de la caída de Adán debiesen ser suplantados. Cristo precisaba bajar a las profundidades a las cuales la humanidad había descendido, y en Su propia Persona erguirla de sus bajezas a un nuevo nivel de vida. Jesús descendió desde las alturas hasta las profundidades para erguirnos, para ser nuestro Salvador".[35]

En seguida Priebe consideró lo que habría acontecido "si Jesús Se hubiese revestido de la naturaleza humana perfecta", o la naturaleza de Adán antes de la caída. Él habría sido 'intocado por la caída', 'y no estaría lado a lado con el hombre en sus necesidades', 'habría un gran abismo entre Jesús y aquellos a quien Él representaba delante de Dios... Si Jesús asumiese la perfecta naturaleza humana, habría atravesado el abismo entre Dios y el hombre, pero esa vorágine entre el hombre caído y el hombre no-caído aun precisaría ser cruzada".[36]

"Si, sin embargo", añadió Priebe, "Cristo compartió de nuestra naturaleza humana caída, entonces Su obra mediatora cruzó todo el abismo desde el hombre caído, en su triste necesidad, hasta Dios. Tan solamente por haber entrado en nuestra situación, en el más profundo y plenísimo sentido, e identificándose totalmente con nosotros, fue Él capaz de ser nuestro Salvador. Cualesquier otras condiciones, excepto en una carne caída, podrían haber sido desafiadas de una vez por el enemigo e influenciado el pensamiento de su universo".[37]

Priebe escribió que ese modo de comprender la naturaleza humana de Cristo fue también proclamado por Waggoner y Jones en 1888, y claramente apoyado por Ellen White. "De hecho, esa comprensión de la vida de Cristo fue el poder dinámico del mensaje -- el Señor Jesucristo, que fue leal a Dios en carne pecaminosa".[38]

Considerando la aplicación práctica del mensaje de la justificación, Priebe la abordó en dos frentes. "De aquí el mensaje del evangelio viene hasta nuestra situación. El evangelio son las buenas nuevas sobre el carácter de Dios -- de que Él perdona y restaura. El evangelio es la declaración de Dios de que somos justos en los méritos de Cristo y de la renovación de nuestras vidas pecaminosas, para que, gradualmente, podamos ser restaurados a Su imagen. El evangelio es un veredicto legal y un poder transformador. La unión con Cristo es la clave de la fe, a través de la cual la justificación debe ocurrir. El evangelio incluye justificación, una ligación con Cristo por la fe en la base de la cual somos declarados justos, y santificación, una siempre creciente semejanza con Cristo mediante el ejercicio diario de una progresiva fe, en la base de la cual somos hechos justos".[39]

En 1985, Priebe desarrolló detalladamente cada uno de sus argumentos en un libro publicado por la Pacific Press, titulado Face to Face With the Real Gospel (Cara a Cara con el Evangelio Real).[40] Citaremos apenas una observación que consideramos apropiada: "Como iglesia, nunca definimos formalmente nuestras creencias en estas tres áreas críticas -- pecado, Cristo y perfección. Y a causa de nuestra falta de claridad y puntos de vista divergentes acerca de ellas, hemos peregrinado en un desierto teológico de incerteza y frustración a través de 40 años. Fuera de ello, porque hemos tenido contradictorios puntos de vista en esas áreas, fuimos incapaces de definir claramente nuestro mensaje y misión".[41]

El contraste entre las diferentes Cristologías encontró clarificación en una excelente tesis doctoral de Eric Claude Webster, defendida en la facultad de teología de la Stellen-bosch University, Provincia del Cabo, en África del Sur, y publicada en 1984 bajo el título Crosscurrents in Adventist Christology (Corrientes Conflictivas en la Cristología Adventista).[42]

Corrientes Conflictivas en la Cristología Adventista

Como un hábil cirujano, Eric Claude Webster[43] expuso el verdadero cierne de la Cristología adventista en su voluminosa obra sobre el asunto. En el primer capítulo, Webster abordó el problema de la Cristología en sus variados marcos históricos. En los capítulos sucesivos él analizó las Cristologías de cuatro eminentes escritores y teólogos adventistas: Ellen G. White, Ellet J. Waggoner, Edward A. Heppenstall y Herbert E. Douglass, dos de ellos representando la generación de los pioneros y dos contemporáneos. En el capítulo final, Webster resumió sus pensamientos con respecto a esas cuatro Cristologías, las cuales son realmente representativas de las diferentes corrientes y contra-corrientes en la Cristología adventista.

Ya examinamos la posición de cada uno de esos autores y, por consiguiente, evitaremos repetirlas aquí. De especial interés son los notables puntos de vista personales con respecto a la controversia sobre la naturaleza humana de Cristo. Por ejemplo, él clasificó las Cristologías de Ellen White y Heppenstall como ontológicas; la de Waggoner como especulativa y la de Douglas como funcional. Webster también citó lo que él consideraba ser el factor dominante de cada Cristología. Para Ellen White, Waggoner y Heppenstall, fue la persona de Jesús, mientras que para Douglass, la obra de Cristo. Como objetivo propuesto de cada uno, él afirmó que Ellen White focalizó la manifestación del carácter de Dios, mientras Waggoner destacó la entereza de la santidad en el hombre; Heppenstall se detuvo sobre el objetivo de la salvación, y Douglas enfatizó la semejanza con Cristo.

Cuanto a la naturaleza humana de Jesús, Webster confirmó el análisis que hasta aquí hicimos a respecto de cada uno de esos autores. Sin embargo, sus conclusiones acerca de Ellen White diferían en importantes puntos: "En relación al pecado, creemos que Ellen White entiende la venida de Cristo a la Tierra en naturaleza póst-caída, con todas las 'simples enfermedades y debilidades del hombre', juntamente con los pecados imputados y la culpa del mundo, soportando así vicariamente la culpa y la punición de todo pecado; y aun en una naturaleza que era impecable y sin perversión, contaminación, corrupción, propensiones pecaminosas y tendencias o mancha de pecado".[44]

Webster entonces reafirmó la posición póst-lapsariana de Ellen White. Sin embargo, él alude a las 'simples enfermedades' en citas sueltas, como si esa expresión fuese de Ellen White. Como previamente declarado, esa expresión nunca fue usada por Ellen White; cuanto al término 'vicariamente', ella nunca lo utilizó en todos sus escritos.

En la presentación de su punto de vista, Webster concordó esencialmente con Heppenstall.[45] Él escribió: "Durante la Encarnación, Jesucristo manifestó Su divinidad de forma a ser plenamente Dios, y ... Su humanidad de forma a ser plenamente hombre." Pero por sobre todo, "Jesucristo vino a este mundo en la humanidad de Adán después de la caída y no antes de ella. Él asumió la humanidad afectada por las leyes de la hereditariedad y sujeta a la debilidad, enfermedades y tentaciones".[46] Webster añade: "Sin embargo, Jesucristo, aun viniendo en naturaleza humana caída, no fue infectado por el pecado original y nació sin cualesquier propensiones para el pecado; así, no precisamos tener dudas con respecto a Su absoluta impecabilidad".[47] Sin embargo, "Jesucristo escogió libremente asumir no apenas una naturaleza como la nuestra en todos los respetos, exceptuándose el pecado, como también la situación común de sufrimiento, alineación y pérdida, viniendo en carne mortal, aceptando vicariamente nuestra culpa, punición y separación sobre Sí mismo".[48]

El estudio de Webster es una mina de oro para aquellos que desean mejor comprensión del problema actual, en el centro de la controversia en la Iglesia Adventista. Su posición en favor de la naturaleza póst-caída de Cristo constituye un voto a favor de la Cristología tradicional. No obstante, algunos ven contradicción en las posiciones de Webster. Por un lado, él afirma que "Jesús Se revistió de la humanidad afectada por la ley de la hereditariedad", mientras que por otro, él garantiza que Cristo "no fue infectado por el pecado original y nació sin cualesquier tendencias y propensiones para pecar". Nuestras objeciones con relación a aquellos que declaran que Cristo no poseía tendencia para pecar y que Él heredó apenas "simples debilidades", se aplican también a Webster. De hecho, esas declaraciones no son bíblicas ni están en armonía con la enseñanza de Ellen White.

Ambas Cristologías Cara a Cara

En respuesta a la polémica, J. Robert Spangler, editor de Ministry, solicitó que dos teólogos, cada uno especializado en el asunto, presentasen sus puntos de vista para los pastores adventistas. En el editorial de Junio de 1985, él escribió: "Por muchos años hemos intencionalmente evitado publicar en nuestro periódico cualquier artículo tratando de la naturaleza de Cristo. Mi editorial de Abril de 1978 en Ministry testificó de mi propia lucha sobre ese tema. Destaqué que yo había sido oprimido con sentimientos de insuficiencia propia en la tentativa de expresar mis convicciones".[49]

"Entretanto, en vista del hecho de que hay aquellos que sinceramente creen que la iglesia caerá o se erguirá según su comprensión sobre Cristo y Su naturaleza, y en vista de las reimpresiones y de la discusión sobre el asunto, creí que ambos lados de la cuestión deberían ser reexaminados. Por lo tanto, estamos publicando dos extensos artículos de dos eruditos adventistas".[50]

Spangler se esforzó para darle énfasis a las líneas comunes en ambas interpretaciones. "Ambos lados creen que nuestro Señor era plenamente humano y plenamente divino; que Él fue tentado en todos los puntos, como nosotros lo somos; que Él podría haver caído en pecado, abortando así todo el plan de salvación, pero que nunca cometió pecado. (Parece que en alto grado la diferencia de puntos de vista puede ser atribuida a la variación de comprensión de lo que constituye la naturaleza pecaminosa. Puede haber mucho menos de lo que parece separando los dos lados en su debate)".[51]

Después de revisar los puntos concordantes, el editor ponderó unas pocas cuestiones fundamentales de las cuales el debate dependía. "En Su naturaleza humana, ¿comenzó nuestro Señor donde todos los otros hijos comienzan? ¿Cristo asumió la naturaleza humana pré o póst-caída? Si la raza humana fue afectada por la caída de Adán y Eva, ¿fue Cristo también alcanzado o Él estaba inmune a eso? Si Cristo aceptó la naturaleza humana impecable, ¿tenía Él alguna ventaja sobre nosotros? ¿Tomó Él vicariamente la naturaleza humana caída? Si Él asumió la naturaleza humana caída, ¿ese elemento 'caído' decía respecto apenas a Su físico y no a Su carácter moral? ¿Es posible resolver el asunto de la naturaleza de Cristo, con lo cual la iglesia cristiana viene debatiéndose por dos mil años? ¿Nos es necesario tener una definitiva y precisa comprensión de la naturaleza de Cristo para ser salvos? ¿Precisaba Cristo tener nuestra naturaleza caída (sin pecado, es claro), a fin de que los cristianos pudieran vivir la vida inmaculada que Él vivió?"[52]

Esas fueron las preguntas a las cuales los dos teólogos indicados deberían responder. Para evitar influenciar los lectores, las dos presentaciones fueron publicadas bajo pseudónimos. En un artículo posterior, los dos nombres fueron revelados: Norman R. Gulley y Herbert E. Douglas.

1. Gulley: La Naturaleza Humana Antes de la Caída

Gulley defendía la posición pré-lapsariana. Pero contrariamente a la práctica de aquellos que compartían ese punto de vista, él no estableció su posición con base a las declaraciones de Ellen White. Su exposición se apoyava en el estudio exegético de versos bíblicos cristológicos.[53] Él creía que toda verdad doctrinaria debería estar fundamentada en terreno escriturístico. Él procedió a un estudio lingüístico y teológico para definir el significado de las palabras griegas sarx, hamartia, isos, homoioma, monogenes y prototokos, y el significado de las expresiones "descendientes de Abraham" (Heb. 2:16) y "descendiente de David" (Rom. 1:3). Su premisa principal: "A través de la investigación, documentaremos la abrumadora evidencia de que Jesús, de hecho, tomó la naturaleza humana sin pecado en Su nacimiento (espiritualmente), aun cuando poseyendo naturaleza física similar a los otros de Su tiempo".[54]

Un sólo texto, sustentaba él, hacía referencia directa a la carne y pecado: "El pecado habita en mi" (Rom. 7:17). "Por lo tanto, sarx no significa necesariamente 'pecaminoso'... En (1 Tim. 3:16) no aparece soma, sino sarx. Eso significa simplemente 'encarnado', no 'pecaminoso'."[55]

Entonces Gulley pasó a discutir el significado de la palabra 'semejanza' como citada en (Romanos 8:3, Filipenses 2:7 y Hebreos 2:17), para concluir que "Jesús era apenas semejante a otros seres humanos, teniendo un cuerpo humano físico afectado por el pecado, pero no el mismo de otros seres humanos, pues solamente fue impecable en Su relacionamiento espiritual con Dios".[56]

Tratando del pecado, Gulley consideraba que él no podría ser definido apenas como un "acto". "Esa es una definición muy superficial. Aun cuando el pecado incluya escogimientos errados y, por lo tanto, actos, y aun pensamientos (ver Mateos 5:28), él también incluye naturaleza. Si no hubiésemos nacido pecadores, entonces no tendríamos la necesidad de un Salvador hasta un primer acto o pensamiento pecaminoso. Tal idea presta un terrible mal servicio a las trágicas consecuencias del pecado y a la misión de Cristo, como el único Salvador de cada ser humano (Juan 14:6; Hechos 4:12). Eso también significa que si Jesús vino con una naturaleza pecaminosa, pero resistió, entonces tal vez alguien más pueda hacer lo mismo, y que esa persona no necesita de Jesús para ser salva".[57]

Citando Salmo (51:7; 22:10; 139:3) y otros, Gulley argumentaba que todos son pecadores, con excepción de Cristo. El hecho de Jesús ser impecable no justifica la inmaculada concepción. "Pero si Dios pudo realizar tal acto salvífico por un humano, ¿por qué no por todos? Eso habría ahorrado Cristo de todas las angustias de hacerse humano. Fuera de eso, si María se volvió inmaculada sin Cristo, eso coloca la misión de Cristo en cuestión".[58]

De acuerdo con declaraciones bíblicas, Jesús era "único", monogenes; "el primogénito", prototokos. Ciertamente esas expresiones no deberían ser interpretadas literalmente, especificaba Gulley. "Ellas implican que Él era el único de una especie. Su misión era hacerse el nuevo Adán, el nuevo primogénito, o cabeza, de una raza. Eso Lo calificaba para ser nuestro representante, sumo sacerdote e intercesor en el gran conflicto. Jesús es nuestro ejemplo en Su vida, pero no en nacimiento... Él nació sin pecado para atender nuestra primera necesidad de El cómo Salvador, mientras que nosotros nacemos pecadores".[59]

De acuerdo con Gulley, los versos que declaran que Jesús es "descendiente" de Abraham y de David, "no están llevando en cuenta la naturaleza, sino la misión de Cristo. Ellos no dicen respecto al tipo de carne con la cual Él nació (impecable o pecaminosa) ... El contexto se refiere a la misión y no a la naturaleza."[60] "Aquel que no 'conoció pecado', se hizo 'pecado por nosotros' en Su muerte (2 Cor. 5:21). Nunca antes de aquel momento el pecado Lo separara de Su Padre y Lo llevara a clamar 'Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me desamparaste?' (Mat. 27:46). El hombre Jesús se hizo pecado por nosotros en misión para la muerte y no en naturaleza por nacimiento".[61]

En su "doxología", Gulley afirmaba enérgicamente que "la Cristología es el centro y el corazón de la teología, pues Jesucristo es la mayor revelación de Dios al hombre. Él es también la mejor revelación del auténtico hombre para el hombre. Jesucristo es único no solamente como Dios con nosotros, sino como Hombre con nosotros. Él era la divinidad inmaculada unida a la carne humana debilitada por el pecado, pero era igualmente impecable en ambas naturalezas".[62]

Gulley explicaba que la verdadera Cristología no es completa con adoración, obediencia y oración apenas. Al contemplar a Cristo nos volvemos como Él (2 Cor. 3:18). Gulley también concluyó que "la Cristología culmina en la declaración: 'Vivo, no más yo, sino Cristo vive en mi' (Gal. 2:20). Tan solamente en esa dependiente unión puede Jesús ser nuestro hombre -- modelo, nunca en Su naturaleza de nacimiento".[63]

Nadie censuraría Gulley por basar su demostración únicamente en las Escrituras, mientras que sus predecesores habían fundamentado las suyas principalmente sobre los escritos de Ellen White.[64] Pero su exegésis es similar a aquella encontrada en la mayoría de los teólogos protestantes ortodoxos, lo que lo coloca en oposición a los pioneros y a Ellen White.

2. Douglass: la Naturaleza Humana Después de la Caída

Herbert Douglass estaba correctísimo cuando le dijo a sus lectores que si ellos hubiesen vivido antes de 1950, estarían completamente desatentos con respecto a la presente controversia. Pues "hasta el tercer cuarto del siglo veinte, los porta -- voces adventistas afirmaban consistentemente que Jesús asumió nuestra naturaleza caída".[65]

Douglas volvió a focalizar la atención de sus lectores en la cuestión del "por qué" antes que del "cómo". De acuerdo con él, "el tema de la salvación no es primariamente como Dios Se hizo hombre, pero porque... Sin la cuestión, el misterio envuelve la Encarnación. Pero el misterio es concerniente a como Dios y el hombre se combinaron, no por qué".[66]

De hecho, "el asunto parece estancado hasta que nos preguntamos por qué Él vino del modo como lo hizo. Si no encaramos la cuestión correctamente, cada tema bíblico parecerá distorsionado".[67] Por otro lado, el plan de la salvación aparece en su simplicidad cuando es formulada la pregunta: "¿Por qué Jesús, como todo bebé de dos mil años atrás, asumió la condición de la humanidad caída, y no la de Adán 'en su inocencia en el Edén'?"[68]

Muchos teólogos no-adventistas han desafiado el punto de vista tradicional que afirma que Cristo tomó la naturaleza de Adán antes de la caída, y asumen la posición póst-lapsariana. Douglass listó cerca de 15 de ellos.[69] Él escribió: "Ninguno de esos hombres creía que Cristo pecó, ya fuese en pensamiento o acto, y que a causa de haber Él asumido la pecaminosa carne caída necesitaba de un salvador. Genéricamente hablando, el término carne pecaminosa significa la condición humana en todos sus aspectos, como alcanzada por la caída de Adán y Eva. Tal naturaleza es susceptible tanto a la tentación de dentro como de fuera. Contrariamente al dualismo griego, que inicialmente impregnó mucho del cristianismo ortodoxo, la carne no es mála ni peca por sí misma. Aun cuando la carne sea amoral, ella provee el equipamiento, la ocasión y el sitio para el pecado, si la voluntad humana no fuese constantemente asistida por el Espíritu Santo. Pero la persona nacida con carne pecaminosa no necesita ser un pecador".[70]

¿Cuáles son las implicaciones de enseñar que Jesús poseía la naturaleza impecable? "Sugerir que Él naciera libre de los riesgos de la hereditariedad es andar el mismo camino que el catolicismo romano tomó cuando confundió pecado con substancia física... Ninguna evidencia bíblica sugiere que la corriente de la hereditariedad humana quedó rota entre María y Jesús".[71]

Nada demuestra mejor la solidaridad de Jesús con la raza humana que la manera de presentarse bajo el nombre de Hijo del hombre (Mat. 8:20; 24:27, etc.), y la analogía que Pablo establece entre Cristo y Adán (Rom. 5:1; 1 Cor. 15). "Muchos consideran (Romanos 5:12) como evidencia de que hombres y mujeres nacen pecadores, pero ese no es el argumento de Pablo. Él está simplemente declarando un hecho obvio: el camino de la muerte comenzó con Adán".

"Pero todos los descendientes de Adán mueren 'porque todos los hombres pecaron'... La suposición de que Jesús tomó la naturaleza de Adán antes de la caída destruye la fuerza del paralelo de Pablo y su principio de solidaridad. La analogía paulina Adán -- Cristo se vuelve relevante para la humanidad y e el contexto del gran conflicto, solamente si Jesús Se incorporó a la naturaleza humana caída; solaente si Él enfrentó el pecado en la arena donde todos los hombres están -- 'en Adán' --, y venció cada apelo para servirse a Sí mismo, ya sea de adentro o de afuera. Jesús deseaba que aquellos que estuviesen en El se uniesen corporativamente a los resultados de Su obra salvadora. Pero para cumplir eso, Él precisaba primero haber estado corporativamente ligado a la humanidad en su condición decadente".[72]

Douglass observó entonces que Pablo fue muy cuidadoso en escoger sus palabras en (Romanos 8:3). Porque él dijo, en ese caso, 'en homoiomati sarkos hamartias' (en semejanza de carne pecaminosa), antes que simplemente 'en sarki hamartias' (en carne pecaminosa)?[73] Douglas citó C. E. B. Cranfield, profesor de teología de la Universidad de Durham: "La intención no es, de modo alguno, atraer la atención para el hecho de que, aun cuando el Hijo de Dios haya verdaderamente asumido sarx hamartias, Él nunca Se hizo sarx hamartias y nada más, ni aun sarx hamartias habitada por el Espíritu Santo". "Entendemos... que el pensamiento de Pablo (concerniente a su uso de homoioma aquí), sea de que el Hijo de Dios asumió idéntica naturaleza caída a la nuestra, pero que en Su caso esa naturaleza humana caída nunca fue integral en El -- Él nunca cesó de ser el eterno Hijo de Dios".[74]

Analizando los versos cristológicos de la epístola a los Hebreos (2:11-18; 4:15; 5:7-9), Douglass demostró la necesidad de que el sumo sacerdote fuese solidario con la humanidad. "Una de las principales líneas de argumento en Hebreos es que la eficacia del sumo sacerdote depende de cuan íntimamente él se identifica con aquellos por quien media. Jesús es un perfecto sumo sacerdote por causa de Su real identificación con los predicamentos humanos, ya sea del espíritu (tentaciones), o del cuerpo (privaciones y muerte)".[75]

"Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, antes fue Él tentado en todas las cosas, a nuestra semejanza, pero sin pecado. Alleguémonos, por lo tanto, confiadamente... (Heb. 4:15-16)"[76] "Jesús fue victorioso bajo los mismos riesgos y desventajas comunes a toda la humanidad; consecuentemente, hombres y mujeres también pueden vencer recibiendo el mismo auxilio del cual Él dependía, si se 'aproximan' en tiempos de necesidad".[77]

Para Cristo ser un perfecto sumo sacerdote, la epístola a los Hebreos exige que Él "sea uno con el hombre en cada aspecto del material humano (principio de la solidaridad), pero no uno con él como pecador, esto es, del punto de vista del desempeño humano (principio de la disimilaridad)... En la Encarnación, el Salvador se hizo un hombre en cada aspecto esencial; Él estaba cercado de todas las desventajas humanas... Al tomar la naturaleza del hombre en el estado en que se encontraba cuando Él se encarnó, Jesús cruzó el abismo entre el Cielo y la Tierra, entre Dios y el hombre. Al hacer eso, Cristo se hizo la escala puesta en el Cielo y apoyada sólidamente en la Tierra, Alguien en quien los hombres y mujeres podrían confiar".[78]

Para Douglass no había sombra de duda: "Hasta el tercer cuarto del siglo veinte los predicadores adventistas consistentemente presentaron a Jesús como alguien que asumió nuestra naturaleza caída. Como muchos eruditos no-adventistas, ellos habrían sido intimidados por la falsa conclusión de que al creer que por Jesús haber tomado la naturaleza humana caída, necesitasen también creer que Él tuviese que ser un pecador. O que Él tuviese necesidad de un salvador".[79] "De ningún modo una mancha de pecado estuvo sobre Jesús, porque Él nunca fue un pecador. Cristo nunca tuvo una 'mala propensión' porque jamás pecó. Tentaciones genuinas, seducciones reales para satisfacer deseos legítimos de modos egoístas, incuestionablemente nuestro Señor las experimentó y con toda la posibilidad de ceder a ellas. Pero, 'ni por un momento' Jesús permitió tentaciones que concibiesen y diesen a luz el pecado. Él también trabó cruentas batallas con el yo y las tendencias potencialmente hereditarias, pero nunca permitió que una inclinación se volviese pecaminosa (ver Santiago 1:14-15). Cristo Se mantenía diciendo '¡no!', mientras todos los otros seres humanos decían '¡sí!'".[80]

Concluyendo, Douglass una vez más colocó la cuestión que debería dirigir todas las investigaciones sobre la naturaleza humana de Cristo: "¿Por qué Jesús vino a la Tierra?" "La razón de Su venida determinó el modo por el cual vino, o jamás ella habría cumplido su propósito. Él triunfó gloriosamente sobre el mal; Él Se volvió el substituto adecuado, el hombre pionero, el modelo de la humanidad. Y realizó todas las cosas en medio a las peores circunstancias, sin excepción de nada, con la misma hereditariedad compartida por todos los hombres y mujeres a los cuales vino a salvar".[81]

Es interesante notar que la presentación de Douglass, como la de Gulley, está apoyada enteramente en versos del Nuevo Testamento. Sin embargo, para probar que sus conclusiones estaban en armonía con la enseñanza tradicional de la iglesia, Douglass fue cauteloso, en una nota, al listar 27 autores adventistas con sus apoyadoras declaraciones, juntamente con afirmaciones de Ellen White.[82]

Revisión Recíproca de Tesis y Antítesis

Posteriormente, el editor de Ministry pidió que los dos autores criticasen cada uno los artículos del otro, en la edición de Agosto de 1985.[83]

Douglass fue el primero y destacó que las opiniones de Gulley surgieron en el escenario de la Iglesia Adventista apenas en la década de 50. "Las consecuencias de esos cambios tuvieron mucho que ver con el trauma y las divisiones teológicas que la iglesia experimentó en los últimos treinta años".[84]

Douglass mostró que Gulley no había "hecho diferencia entre bagaje humana heredada y desempeño dentro de la humanidad degenerada por las consecuencias del pecado".[85] De hecho, lo que Gulley anticipó como naturaleza humana de Jesús correspondía a la herejía de la carne santa, que afirmaba "que Jesús tomó la naturaleza pré-caída de Adán. Los adeptos de aquel movimiento creían que Jesús recibió de María una naturaleza física debilitada por el pecado. Pero ellos también creían que Él recibió del Espíritu Santo la naturaleza espiritual de Adán antes de la caída, y así fue evitado el pleno impacto de la ley de la hereditariedad".[86] Ahora, "una errada comprensión de la Encarnación tiene resultados prácticos infelices, especialmente, cuando alguien trata de armonizar el error y la verdad".[87]

Con respecto a la teoría de la salvación, Douglass consideraba que Gulley había sido fuertemente influenciado por su propia Cristología. "Por qué Jesús Se volvió hombre, me parece, puede ser comprendido apenas del punto de vista del gran conflicto una perspectiva acentuadamente perdida en el 'protestantismo ortodoxo, así como en el catolicismo. Jesús no vino para satisfacer un Dios ofendido que requería sangre antes de poder perdonar, o para probar que Dios podría observar las leyes divinas, o aun que Adán podría haber permanecido obediente".[88]

Gulley, a su vez, atacó el argumento de Douglass de que "Jesús no era un pecador por nacimiento, porque todos los hombres son impecables en el nacimiento. Pues, alguien 'nacido con carne pecaminosa no necesita ser un pecador'".[89]

De acuerdo con Gulley, la Biblia contesta tal idea. "Ella indica que todos los hombres 'se hicieron pecadores por la transgresión de Adán, de modo similar a aquel por el cual se hicieron justos por la obediencia de Cristo. Douglass pasó por alto ese paralelo en (Romanos 5). Somos pecadores por el nacimiento y justos en Cristo. Apenas los dos Adanes entraran sin pecado en el planeta Tierra. Todos los otros nacieron pecadores".[90]

Cristo no vino a este mundo "como un pródigo, sino como Dios-hombre... Consecuentemente, como el segundo Adán, Él vino no a la imagen del hombre, sino en la exacta imagen de Dios (Col. 1:15; Heb. 1:1-3)."[91] Además, "El punto de vista de Douglass sobre propensiones es simplemente muy superficial. Por definición, las propensiones están contenidas en la naturaleza caída, antes de cualquier acto pecaminoso. Pero Jesús no las poseía. No sorprende que Satanás no haya encontrado ningún mal en El (Juan 14:30)... La imagen creativa de Dios no tiene nada que ver con la caída. Ese reino está confinado a la imagen del hombre".[92]

Gulley destacó las contradicciones de la argumentación de Douglass con relación al hecho de que "Cristo tomó la naturaleza póst-caída de Adán", mientras admitiese que no hubo ninguna 'mancha de pecado', ningunas 'malas propensiones', o debilidades pecaminosas como las nuestras... Esas excepciones destruyen Su exacta identidad con nosotros".[93]

"Douglas declaró que el porqué de Jesús hacerse humano es más importante que el cómo Él Se hizo humano... Pero todas las seis razones que Douglass dio fueron plenamente satisfechas por la venida de Jesús como espiritualmente inmaculado en una naturaleza humana debilitada por el pecado".[94] "Nunca debemos perder de vista el hecho de que la identidad de Jesús como Dios es más importante que Su solidariedad con la humanidad. Él no es simplemente otro hombre, sino Dios hecho hombre".[95]

En suma, Gulley concordó con Douglass en el hecho de que "Jesús era un hombre real y que Él fue realmente tentado y podría haber fracasado; que Su dependencia de Dios nos proveyó un ejemplo. Concordamos que Él Se mantuvo inmaculado... ¿El Jesús de Douglass no es muy humano? Reconoció él apropiada y adecuadamente Su divinidad?"[96]

La respuesta recíproca nada trajo de nuevo. Cada autor mantuvo su posición. Hasta cirto punto esa reserva era una cuestión de semántica: los dos teólogos dieran diferentes significados a términos bíblicos y teológicos básicos.

Críticas y Preguntas de los Lectores de Ministry

Para ampliar el círculo, el periódico Ministry franqueó sus páginas a los lectores . Los más significativos comentarios fueron publicados en las ediciones de Diciembre de 1985 y Junio de 1986. La incisiva crítica presentada por Joe E. Crews merece mención especial.[97] "Él (Gulley) no apenas confunde pecado con efectos del pecado, sino que hace la naturaleza pecaminosa equivalente al propio pecado... Una vez que naturaleza caída es lo mismo que culpa y pecado, cada bebé nacido tiene necesidad de redención antes que pueda pensar, hablar o actuar. Eso significa que Jesús sería culpado ya por haber nacido, a menos que Su naturaleza fuese diferente de todos los otros bebés".[98]

"Del mismo modo que él mezcla pecado con naturaleza pecaminosa, los resultados del pecado con el propio pecado y la separación de Dios con naturaleza corrompida, el autor [Gulley] confunde malas propensiones con propensiones naturales. Él define malas propensiones como 'inclinación para pecar'. Él escribe: 'Malas propensiones (inclinación para pecar) son adquiridas de dos modos: mediante el acto de pecar y a través del nacimiento como pecador. Cristo no participó de ninguna de ellas'".[99]

"Yo no conozco una sola persona que crea que Jesús pecó o nació pecador. Ni conozco alguien que crea que Jesús tenía 'propensiones pecaminosas'. Pero conozco muchos que creen que Él poseía 'propensiones naturales', justamente como todos nosotros, como resultado de haber nacido como nosotros, con una naturaleza caída. Malas propensiones son aquellos impulsos para el pecado que fueron cultivados y fortalecidos por la indulgencia para con el pecado. Propensiones naturales son aquellas tendencias heredadas. La culpa está contenida en unas pero no en otras. Eso no es pecaminoso a menos que alguien ceda a la propensión".[100]

Otro lector, Anibal Rivera, quedó pasmado de que alguien le diese crédito a la idea de que hay dos puntos de vista posibles en la teología adventista, con relación a la naturaleza humana de Jesús.[101] "Nuestros pioneros y el Espíritu de Profecía no estaban en conflicto con respecto a la cuestión de la naturaleza humana de Jesús. Es como si nosotros, como un pueblo, hubiésemos decidido creer que los guardadores del domingo y los observadores del sábado están justificados a los ojos de Dios. Obviamente, hubo un cambio en nuestra posición histórica".[102]

Algunos lectores quedaron simplemente espantados con que Ministry publicase artículos pro y contra sobre una doctrina bien establecida en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.[103] Por ejemplo, he aquí un enérgico comentario de R. R. D. Marks, un profesor australiano: "Nuestras lecciones de la escuela sabática, por más de un cuarto de siglo antes de la muerte de Ellen G. White, enfatizaban que Cristo asumió nuestra naturaleza caída; y aun cuando ella las haya estudiado, como también aconsejó otros a hacerlo, nunca irguió su voz contra las enfáticas enseñanzas del trimensuario sobre al asunto. Note la lección del segundo trimestre de 1909, pág. 8: 'La simiente divina podría manifestar la gloria de Dios en carne pecaminosa, e igualmente obtener una absoluta y perfecta victoria sobre cualquier tendencia de la carne'".[104]

Una lectora californiana, Ethel Wildes, presentó un único argumento: "Si Cristo hubiese venido con la naturaleza de Adán antes de la caída, el hombre habría huido de Su presencia. El pecado robó de Adán su gloria y él percibió que estaba desnudo.

El rostro de Moisés resplandecía con una pequeñísima porción de la pureza y gloria de Dios, y el pueblo temió. Él fue obligado a cubrir su rostro. Cuando Jesús venga en Su gloria, la cual fue velada por la humanidad cuando andaba entre los hombres muchos le clamarán a las rocas y montañas que los escondan de El. Esa gloria destruye a los impíos. Dios habitó en una naturaleza como la mía y resistió a toda tentación. Él puede hacer lo mismo por mí al habitar en mi corazón por Su Espíritu. ¡Bendito sea Su santo nombre!"[105]

El punto de Vista Alternativo de Thomas A. Davis

También en Ministry, Thomas A. Davis presentó una propuesta alternativa sobre la naturaleza humana de Cristo, como explicada en su libro Was Jesús Really Like Us? (¿Fue Jesús Realmente Como Nosotros?) Él creía que su punto de vista podría servir de puente entre las interpretaciones de Douglass y Gulley, y resolver adecuadamente el problema por ellos levantado.

Davis escribió: "Leemos en (Hebreos 2:17) que Jesús en todas las cosas Se hizo 'semejante a Sus hermanos [los renacidos y santificados].' Creo que no se hace daño a la sintaxis al hacer esa conexión y, además, estamos naturalmente aplicando la regla de la primera mención. Es simplemente un buen sentido suponer que el significado explícito o implícito dado a una palabra en la primera vez en que ella es usada en un pasaje, sea mantenido a través del pasaje, a menos que sea indicado de otro modo".[106]

A la luz de lo precedente, podemos concluir que hubo algo importante sobre la encarnada naturaleza de Cristo que era semejante a la persona recien nacida, pero desemejante a la persona degenerada. Creo que en esa idea está un concepto que podría unir los dos puntos de vista discutidos en Ministry".[107]

Davis concluyó: "Jesús, entonces, se hizo hombre con una naturaleza humana integral (aun cuando era también plenamente Dios). Así, en la carne, Él tenía la debilidad de la humanidad atacada por la tentación como acontece con nosotros, con la posibilidad de pecar. Pero, en esa condición, Cristo poseía mente, corazón y voluntad impecables; estaba total y continuamente afinado con el Padre y dirigido por el Espíritu Santo. De ese modo, Él era semejante al Adán no caído. Y es en ese punto que, creemos, el regenerado y Jesús se encuentran en terreno común".[108]

Esa interpretación parece atrayente. Sin embargo, en el contexto del segundo capítulo de la epístola a los Hebreos, es cuestionable si la palabra "hermanos" se aplica estrictamente a los regenerados. Fuera de eso, la comparación hecha entre Jesús y "Sus hermanos" no pretende cotejar sus semejanzas espirituales, sino subrayar la semejanza natural de "carne y sangre" compartida con Cristo. "Los hijos" (verso 14) aquí mencionados como viniendo "de uno sólo" (verso 11), son todos aquellos por quien Jesús sufrió la muerte (verso 9). "Por eso es que Él no Se avergüenza de llamarles hermanos" (Verso 11).

Notas y Referencias

  1. Ver nuestro capítulo 12.
  2. Robert J. Wieland, How Could Christ Be Sinless as a Baby? (Chula Vista, Calif.: 1977).
  3. _______, Answers to Some Questions (Chula Vista, Calif.: 1979).
  4. ______, The Broken Link (Kendu Bay, Kenya: Africa Herald Publishing House, 1981). Ese libro fue también impreso en Australia por Elija Press. Ese estudio ya había sido asunto de un cuadernillo publicado en 1975, en el tiempo en que la Comisión Sobre Justicia Por la Fe estaba reunida en Palmdale.
  5. Ídem, pág. 2.
  6. IbÍdem.
  7. Ídem, pág. 5.
  8. Ídem, págs. 9-11.
  9. Ídem, págs. 11-14.
  10. Ídem, págs. 14-16.
  11. Ídem, págs. 16-19.
  12. Ídem, págs. 33-34.
  13. _______, Gold Tried in the Fire (Oro Probado en el Fuego) (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., 1983).
  14. Ídem, pág. 73.
  15. Ídem, pág. 75.
  16. Ídem, pág. 77.
  17. Norman R. Gulley, Christ Our Substitute (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1982).
  18. Ídem, pág. 33.
  19. _______, en Adventist Review, 29 de Diciembre de 1983.
  20. Donald K. Short para William G. Johnsson (editor de la Adventist Review), 4 de Julio de 1983. Citado por Bruno W. Steinweg, The Doctrine of the Human Nature of Christ, pág. 21.
  21. Herbert E. Douglass, en la Adventist Review, 22 y 29 de Diciembre de 1983.
  22. _______, en la Adventist Review, 29 de Diciembre de 1983.
  23. The Voice of Present Truth (La Voz de la Verdad Presente) (Platina, Calif.: revista publicada por Unwalled Village Publishers, 1983), pág. 13.
  24. IbÍdem.
  25. Ídem, págs. 18-19.
  26. Ídem, pág. 1.
  27. Herbert E. Douglass, en The Voice of Present Truth, pág. 1.
  28. Ídem, págs. 1 e 2 .
  29. Ídem, pág. 2 (itálicos suplidos).
  30. Dennis E. Priebe, en The Voice of Present Truth, pág. 12.
  31. Ídem, pág. 13.
  32. IbÍdem.
  33. IbÍdem.
  34. Ídem, pág. 14.
  35. Ídem, págs. 14-15.
  36. IbÍdem.
  37. Ídem, pág. 15.
  38. IbÍdem.
  39. IbÍdem.
  40. _______, Face to Face With The Real Gospel (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., 1985).
  41. Ídem, pág. 9.
  42. Eric Claude Webster, Crosscurrents in Adventist Christology.
  43. Webster nació el 26 de Agosto de 1927 en África del Sur. Después de la conclusión de sus estudios teológicos en Heldelberg College, próximo a la Ciudad del Cabo, él obtuvo el Master en divinidad en la Andrews University. Desde 1948 él trabajó en la iglesia adventista en diversos sectores.
  44. _______, Crosscurrents in Adventist Christology, pág. 156. La expresión "simples enfermedades" debe ser atribuída a Henry Melvill. Ver nuestro capítulo 14.
  45. Ídem, págs. 450-452. Ver proposiciones presentadas por Webster en su conclusión en las págs. 450-452.
  46. Ídem, pág. 451, proposiciones 8 y 9.
  47. Ídem, proposição 10.
  48. Ídem, proposição 11.
  49. Robert J. Spangler, no Ministry, Junio de 1985, pág. 24.
  50. IbÍdem.
  51. IbÍdem.
  52. IbÍdem.
  53. Norman R. Gulley hizo un estudio de los textos de Ellen G. White en la Adventist Review de 30 de Junio de 1983.
  54. _______, en Ministry, Junio de 1985.
  55. IbÍdem.
  56. IbÍdem.
  57. IbÍdem.
  58. IbÍdem.
  59. IbÍdem.
  60. IbÍdem.
  61. IbÍdem.
  62. IbÍdem.
  63. IbÍdem.
  64. Ver Ministry, Abril de 1957; Questions on Doctrine, apéndice B, págs. 647-660.
  65. Herbert E. Douglass, en Ministry, Junio de 1985.
  66. IbÍdem.
  67. IbÍdem.
  68. IbÍdem.
  69. IbÍdem.
  70. IbÍdem.
  71. IbÍdem.
  72. IbÍdem.
  73. IbÍdem.
  74. Ídem. Las citas son de C. E. B. Cranfield, The Epistle to the Romans, International Critical Commentary (Edinburgo: T. T. Clark, Ltd., 1980), vol. 1, pág. 379.
  75. IbÍdem.
  76. IbÍdem.
  77. IbÍdem.
  78. IbÍdem.
  79. IbÍdem.
  80. IbÍdem.
  81. IbÍdem.
  82. IbÍdem.
  83. Ministry, Agosto de 1985.
  84. IbÍdem.
  85. IbÍdem.
  86. IbÍdem.
  87. IbÍdem.
  88. IbÍdem.
  89. IbÍdem.
  90. IbÍdem.
  91. IbÍdem.
  92. IbÍdem.
  93. IbÍdem.
  94. IbÍdem.
  95. IbÍdem.
  96. IbÍdem.
  97. Joe E. Crews, eo Ministry, Diciembre de 1985.
  98. IbÍdem.
  99. IbÍdem.
  100. IbÍdem.
  101. Anibal Rivera, eo Ministry, Junio de 1986.
  102. IbÍdem.
  103. IbÍdem.
  104. R. R. D. Marks, en Ministry, Junio de 1986.
  105. Ethel Wildes, en Ministry, Junio de 1986.
  106. Ver nuestro capítulo 12.
  107. Thomas A. Davis, en Ministry, Junio de 1986.
  108. IbÍdem.