Tocado por Nuestros Sentimientos

Capítulo 14

En busca de la verdad histórica

Es bastante obvio que no puede haber dos verdades incongruentes sobre la naturaleza humana de Cristo. Sin embargo, algunos tratan de armonizar ambas posiciones como si las diferencias fuesen de poca monta. Otros aun sugieren que los dos puntos de vista realmente se realzan uno al otro.

Independientemente del mérito, eso parece una tentativa de reconciliación con poca chance de éxito. Al contrario, la vigorosa reacción de los miembros de la iglesia y las críticas ya destacadas de algunos teólogos, muestran que la controversia está muy lejos de ser resuelta. Sin embargo, el período comprendido entre 1986 y 1994 marcó un cierto reavivamiento de la Cristología tradicional.

Si es verdad que un gran número de adventistas hoy desconocen la posición histórica de la iglesia sobre el asunto, también es verdad que estudios recientes hechos por investigadores contemporáneos se encuentran ahora disponibles para recordarla.

Un Siglo de Cristología Adventista

El primer estudio, publicado en 1986, fue el de Ralph Larson y tuvo por título The Word Was Made Flesh: One Hundred Years of Adventist Christology (La Palabra Se Hizo Carne: Cien Años de Cristología Adventista).[1] Ese libro es la más completa obra sobre el asunto, del punto de vista esencialmente histórico.

Ralph Larson estudió teología en la Andrews University y obtuvo su doctorado en la Andover-Newton Seminary, en la ciudad de Boston. Por 40 años él sirvió a la Iglesia Adventista como pastor, evangelista, secretario departamental, misionero y profesor de teología. Su último cargo antes de la jubilación fue la presidencia del seminario teológico de las Filipinas.

Por muchos años Larson analizó sistemáticamente la literatura oficial de la iglesia publicada entre 1852 y 1952, coleccionando cuidadosamente las declaraciones sobre Cristología en ella habidas. Así él fue capaz de indexar cerca de 1200 citas, de las cuales más de 400 procedentes de la pluma de Ellen White y colocadas en secuencia cronológica. Con eso Larson esperaba proveer comprobación para lo que había sido la creencia adventista sobre la naturaleza humana de Cristo entre 1852 y 1952.

El objetivo de Larson no era hacer un estudio escriturístico o teológico, sino simplemente "establecer lo que los adventistas habían creído y no porque lo habían creído".[2] Lo más importante era que él deseaba que todos estuviesen consientes de la principal cuestión y asunto de la controversia: "¿El Cristo encarnado vino a la Tierra con la naturaleza humana de Adán en estado de santidad, o con a naturaleza humana del hombre caído?"[3]

Primeramente Larson trató de clarificar las expresiones clave usadas por los pioneros, particularmente aquellas utilizadas por Ellen White, tales como "naturaleza pecaminosa", "naturaleza caída", "naturaleza pecaminosa heredada", etc.,[4] y aclarar los sentidos de las palabras "pasión" y "propensión, dependiendo de ser o no atribuidas a Cristo o a parte de Su naturaleza".[5] Finalmente él trató de colocar ciertas declaraciones contenidas en la carta de Ellen White a W. H. L. Baker en su contextos histórico literario.[6]

Basado en su colección de citas, Larson ve una "era de lucidez" durante la cual "la iglesia habla en unísono" (1852-1952), y después de la cual sigue la "era de confusión" (sección 4), de 1952 en adelante. Las últimas tres secciones son dedicadas a enfatizar la estrecha conexión entre Cristología y Soteriología.[7]

Y prosigue dando a entender que Larson gentilmente discordó de la nueva teología. Él consideraba que su lanzamiento en Ministry, en Questions on Doctrine y en Movement of Destiny había ejercido un incalculable grado de influencia, promoviendo confusión entre los adventistas por el mundo afuera. Ella hizo parecer que Ellen White hablara en términos contradictorios y que el adventismo histórico había estado engañado acerca de la doctrina de la salvación.[8] Larson expresó su creencia de que la "Cristología, la naturaleza de Cristo, la Soteriologia y la obra salvífica de Cristo están inseparable e íntimamente ligadas. Cuando hablamos de una, inevitablemente hablamos de la otra. Cuando cambiamos una, inevitablemente cambiamos la otra".[9]

La obra de Larson provee una fuente de informaciones sin precedente. Su análisis crítico histórico ilumina a quien desea estar informado con respecto a la enseñanza unánime de la iglesia desde 1852 a 1952, y sobre el cambio que tuvo lugar en los años cincuenta.

En conclusión, Larson convidó a sus lectores a comprobar los resultados de su investigación, y no meramente aceptarla o rechazarla sin un estudio personal. En caso de errores de interpretación, él creía que la iglesia debería tener la valentía de admitirlos y corregirlos.[10]

El Patrimonio White es Solicitado a Posicionarse

Como miembro de la mesa directiva de los Depositarios de Ellen G. White,[11] yo no podría permanecer indiferente a la creciente controversia, particularmente porque sus orígenes fueron fundamentados en muchas declaraciones de Ellen G. White con respecto a la naturaleza humana de Cristo. Yo creía que el Patrimonio Ellen G. White, comisionado para cuidar de los escritos de Ellen White, debería hablar claramente como lo había hecho en muchas ocasiones.[12]

En Septiembre de 1985, acepté una invitación para dar un curso de Cristología en la facultad adventista de teología, en Francia. Me pareció imperativo concientizar mis alumnos sobre la controversia en el sector de habla inglesa del mundo adventista. Para su beneficio, preparé un manual que fue la primera selección histórica de la Cristología adventista en francés.[13]

Esa era una oportunidad sin igual para evaluar la magnitud del problema y alimentar la esperanza de su solución. Creí que el Patrimonio White debería discutir el asunto y declararse a respecto de la Cristología de Ellen G. White. Le sugerí a su presidente, Kenneth H. Wood, que el ítem fuese puesto en la agenda de la reunión anual.[14]

Mi carta de 9 de Julio de 1986 no fue una sugestión para la tentativa de una nueva exégesis de las declaraciones de Ellen White, o para formular una crítica de una u otra de las tesis en voga. Propuse, antes, que se verificase más detenidamente la posición de Ellen White, así como su evaluación de enseñanza de sus contemporáneos Waggoner, Jones, Prescott y Haskell sobre el asunto, cuyas posiciones ella aprobaba.

En carta de retorno, Kenneth Wood me avisó que él concordaba con mi sugestión, y que el ítem estaría en la agenda de la IV Reunión. Al mismo tiempo, sin embargo, Robert W. Olson, secretario del Patrimonio de Ellen G. White, me informó que esa no era una cuestión que el Patrimonio White debería resolver.

"El Patrimonio White nunca emitió un documento sobre Cristología. Tengo para mí que la única razón para eso es que no concordamos entre nosotros mismos sobre una conclusión definitiva... Considerando el hecho de que hay, por lo menos, dos diferentes escuelas de pensamiento entre nosotros, sentí que no sería prudente para el Patrimonio White tratar de decidir quién está cierto y quien está errado. Una vez hecho eso, nos colocaríamos en una posición confrontativa contra todos aquellos que discuerdan de nosotros".[15]

Sin embargo, aun cuando era favorable a la idea de una discusión en la IV Reunión, Robert Olson deseaba tener los dos puntos de vista representados. Olson sugirió la presentación de un documento en el cual él mismo expresaría su opinión. Sin esperar por una respuesta, él me envió un sumario de sus ideas en dos cartas fechadas en Abril y Septiembre de 1986.

El Punto de Vista de Robert Olson

En su carta del 21 de Abril de 1986, Robert Olson resumió para mi beneficio su comprensión del problema. "Mi opinión personal sobre el aspecto clave de la cuestión es que Cristo no poseía tendencias hereditarias para pecar, sino como mi substituto Él fue capaz de experimentar todos mis sentimientos, para que pudiese entender plenamente la naturaleza de mis tentaciones".[16]

"Personalmente creo que Cristo fue diferente de nosotros en Su nacimiento. (Lucas 1:35) me dice eso. Él era santo cuando nació; por otro lado, yo, al nacer, no lo era. Cristo nunca precisó de conversión, pero nosotros sí. Sé que el tema está lleno de muchos misterios que nos son realmente incomprensibles. Creo, sin embargo, que Él fue capaz de tomar mis pecados sobre Si y experimentar las sensaciones del alma perdida sobre la cruz; que Le fue posible experimentar mi natural inclinación para el mal, sin asumir esa tendencia".[17]

En su segunda carta, fechada el 3 de Septiembre de 1986, Olson más una vez fue al cierne del problema: "Pienso, particularmente, si Jesús heredó tendencias pecaminosas de Su madre. El Pr. Wood cree que Él las tuvo; mi opinión es que no, pero que en ciertas ocasiones de Su existencia terrena Él experimentó vicariamente lo que es poseer tendencias pecaminosas. En otras palabras, creo que Jesús aceptó, a veces, mis tendencias pecaminosas de manera vicaria, del mismo modo que tomó mis culpas. Si yo pudiese explicar una, puedo explicar la otra. Puede ser que estemos aquí hablando sobre algo que sea inexplicable".[18]

Olson publicó sus puntos de vista durante un seminario realizado en la Andrews University, de 14 al 24 de Julio de 1986. Después de dos contradictorios artículos publicados en Ministry, en Junio de 1985, y de la crítica que ellos provocaron, el asunto de la naturaleza humana de Cristo se volvió una cuestión candente. En respuesta, Olson preparó un resumen de tres páginas conteniendo cuestiones respondidas directamente con el uso de textos extraídos del Nuevo Testamento y de los escritos de Ellen White.

En 1989, Olson sacó a público un panfleto muy elaborado bajo el título The Humanity of Christ (La Humanidad de Cristo),[19] en el formato de un programa de estudios. Escribió que, "el propósito de este pequeño libro es presentar un preciso retrato de nuestro Señor en Su humanidad. Visto que Ellen G. White conoció a Jesús tan bien y que ella misma conversó con Él en visión... la hemos citado abundantemente, pero aún muy lejos de hacerlo exhaustivamente, tanto sus escritos como las Santas Escrituras".[20]

Porque esa compilación fue hecha en nombre del Patrimonio de Ellen G. White, su secretario procuró mantenerse lo más posible en el terreno de la neutralidad. Ese trabajo constituye una excelente fuente para quien desea saber las respuestas de Ellen White a las preguntas de Robert Olson. Entretanto, una vez que alguien quiera interpretar a voluntad las citas provistas como respuestas, el problema permanece.

Discusión Sobre Cristología en el Patrimonio White

La IV Reunión tuvo lugar en Williamsburg, Virgínia, del 23 al 25 de Enero de 1987. A causa de una tremenda tempestad de nieve que paralizó todo el tráfico de la costa Oeste de los Estados Unidos, el encuentro fue transferido para Columbia, Maryland. Posteriormente, fue condensado en un sólo día. Toda la sesión fue dedicada al problema de la naturaleza humana de Cristo basada en mi presentación.[21]

Su contenido fue esencialmente aquel expuesto en la segunda parte de este estudio, la cual fue dedicada a la Cristología de los pioneros. Ella también contenía una crítica a la nueva teología, que sería discutida con más detalles en la quinta parte del libro.[22]

Otros documentos fueron preparados pero no pudieron ser presentados por falta de tiempo. De cualquier modo, los textos fueron incluidos en el voluminoso registro de la IV Reunión. Dos de ellos, en especial, tienen relación directa con nuestro tema y merecen consideración.[23]

Tim Poirier y las Fuentes de la Cristología de Ellen White

Tim Poirier, secretario-asociado y archivista del Patrimonio de Ellen G. White, preparó un estudio comparativo entre la Cristología de Ellen White y la de los autores de cuyo lenguaje ella aparentemente se utilizó. De acuerdo con Poirier, esas fuentes son útiles en la aclaración de la Cristología de Ellen White.[24]

Un predicador anglicano, Henry Melvill (1798-1871), fue una de las fuentes de que Ellen White se sirvió para escribir su artículo Christ, Man's Example (Cristo, el Ejemplo del Hombre), publicado en la Review and Herald del 5 de Julio de 1887. El Patrimonio White conserva un ejemplar de los Sermones de Melvill.[25] Poirier encontró el sermón de Melvill denominado The Humiliation of the Man Christ Jesús (La Humillación del Hombre Cristo Jesús), de especial valor para aclarar el significado de algunas expresiones de Ellen White con respecto a la humanidad de Cristo.[26]

De acuerdo con Melvill, la caída de Adán tuvo dos consecuencias fundamentales: (1ª) "simples debilidades" y (2ª) "propensiones pecaminosas". En "simples debilidades", Melvill incluyó hambre, sufrimiento, debilidad y tristeza. Por "propensión pecaminosa" él entendía "tendencia para pecar". Al término de su argumento Melvill concluyó: "Antes de la caída, Adán no poseía 'simples debilidades' ni 'propensiones pecaminosas'; nosotros nacemos con ambas; Cristo asumió las primeras pero no las segundas".[27]

Consecuentemente, "la humanidad de Cristo no fue la adánica, esto es, la humanidad de Adán antes de la caída; ni la humanidad caída en cada aspecto de la humanidad de Adán después de la caída. No fue la adánica porque ella poseía las simples debilidades de la caída. No fue la caída porque la humanidad de Jesús nunca bajó a la impureza moral. Fue, por lo tanto, más literalmente nuestra humanidad, pero sin pecado".[28]

Poirier también comparó el lenguaje de Ellen White con el de Octavius Winslow[29] , para mostrar que ambos usaron el término propensión, limitación, y tendencia en el mismo sentido y en armonía con Melvill. Poirier colocó los pasajes de Ellen White al lado de los textos cristológicos de Winslow[30], de los cuales ella había tomado emprestados términos, expresiones y aun conceptos.

¿Pero eso significa que Ellen White tenía idéntico punto de vista? Un examen cuidadoso de las evidencias nos permite llegar a otra conclusión. En su argumento, Winslow llegó a la conclusión de que en la naturaleza humana de Cristo "no había cualquier señal de principios corruptos o propensiones; ni operaban cualesquier deseos y tendencias; pues hasta el momento de Su venida a la Tierra, ningún ángel del Cielo permaneció delante del trono más puro y más inmaculado que Él (The Glory of the Redeemer -- la Gloria del Redentor, pág. 129, 132-134)".[31]

En el extracto comparativo presentado por Poirier, Ellen White empleó esencialmente el mismo lenguaje, pero lo aplicó a Adán antes de la caída y no a Cristo. "No había principios corruptos en el primer Adán, ni corrompidas propensiones y tendencias para el mal. Adán era irreprensible como los ángeles delante del trono de Dios".[32] Y en la cita precedente, también puesta en paralelo con el texto de Winslow, Ellen White escribió sobre Cristo: "Aquí la prueba de Cristo fue mucho mayor que la de Adán y Eva, pues Él asumió nuestra naturaleza, caída pero no corrompida, y que no se pervertiría a menos que Él aceptase las palabras de Satanás en lugar de las palabras de Dios".[33]

Es verdad que Ellen White usó palabras y expresiones de otros teólogos. Pero eso necesariamente no implica que ella las utilizó para decir las mismas cosas. Así, por ejemplo, Winslow afirmó que "la exposición de nuestro Señor a la tentación y Su consecuente capacidad de resistir a sus solicitaciones, tiene el fundamento en Su perfecta humanidad".[34] Ellen White empleó la misma expresión de esta manera: "La perfecta humanidad de Cristo es la misma que el hombre puede poseer a través de la ligación con Él".[35] En otras palabras, mientras Winslow aplica la expresión a la naturaleza humana de Cristo, heredada desde el nacimiento, Ellen White dice que podemos tener la misma "perfecta humanidad" que Él poseía.

Con relación al argumento de Melville de que Cristo tenía apenas "simples debilidades", es importante destacar que una investigación del CD-ROM de Ellen G. White indica que ella nunca empleó tal expresión. Ciertamente EGW hizo múltiples menciones de las "debilidades" que Cristo soportó, pero nunca las calificó como "simples". Contrariamente, ella repetidamente habla que "Cristo tomó sobre sí las debilidades de la humanidad degenerada".[36] O que "Cristo soportó los pecados y debilidades de la raza como ellos existían cuando Él vino a la Tierra para socorrer al hombre".[37] Así, no es suficiente comparar palabras y expresiones; su uso también precisa ser verificado.

D. A. Delafield Confirma la Cristología de Ellen White.-

El tercer documento contenido en los registros de la IV Reunión procedió de la pluma de D. A. Delafield, uno de los decanos del Patrimonio White. Como secretario-asociado, él era mundialmente conocido por sus seminarios sobre el Espíritu de Profecía y por los numerosos artículos abordando varios aspectos de los escritos de Ellen White. En Europa, él y su esposa son especialmente recordados en razón del año en que pasaron enseñando sobre el Espíritu de Profecía en las iglesias, y a causa de su libro tratando de las visitas de Ellen White a diferentes países europeos.[38]

El estudio preparado para Williamsburg trajo el siguiente título: The Credentials of the True Prophet (Las Credenciales del Verdadero Profeta). Entre esas credenciales Delafield citó (1 Juan 4:1-3), que él consideraba el sello del testimonio cristiano. De acuerdo con él, Ellen White hizo de la Cristología su tema permanente, conforme es indicado en el Index to the Writings of Ellen G. White (Índice de los Escritos de Ellen G. White). Bajo la palabra Cristo están 87 páginas de referencias, todas dedicadas a Cristo como encarnado e impecable, el cual murió por los pecados de los hombres.[39]

Delafield escribió: "Siempre que estudiamos el asunto de la Encarnación, deberíamos tener en mente el hecho central: Jesús vivió victoriosamente en carne humana real -- carne caída, pero no corrompida".[40] Entonces, apoyándose en una declaración de Ellen White, él especificó: "Nuestro Señor fue tentado como el hombre es tentado. Él era capaz de ceder a la tentación, como lo son los seres humanos... Aquí, la prueba de Cristo fue mucho mayor que la de Adán y Eva, pues Él tomó nuestra naturaleza, caída pero no corrompida, y que no sería corrompida a menos que Él aceptase las palabras de Satanás en lugar de las palabras de Dios".[41]

Delafield subrayó el hecho de que Cristo era "caído pero no corrompido", citando la carta a Baker: "Nunca, de modo alguno, dejad la más leve impresión sobre mentes humanas de que una mancha o inclinación para la corrupción existían en Cristo, o que Él de alguna manera cedió a la corrupción... Que cada ser humano sea advertido sobre hacer Cristo totalmente humano, tal como cualquier uno de nosotros; pues eso no puede ser." (The SDA Bible Commentary, vol. 5, págs. 1128, 1129)".[42]

Para Delafield, "Jesús realizó lo que ningún otro ser humano hizo antes de El: vivir una vida sin pecado, sin mancha e incorruptible en Su carne humana... Aun Sus enemigos reconocían la inocencia. Pilatos (Lucas 23:14); su esposa (Mat. 27:19) y también los propios demonios (Marcos 1:24) Lo declararon 'el Santo de Dios'".[43]

Delafield concluyó con una cita de Ellen White: "'Él enfrentó todas las tentaciones con que Adán fue asaltado, y las venció porque, en Su humanidad, Se apoyaba en el poder divino... La vida de Cristo es una revelación de lo que los caídos seres humanos pueden volverse a través de la unión y compañerismo con la naturaleza divina' (The Faith I Live By, La Fe Por la Cual Yo Vivo, pág. 219)."[44] Delafield expresó su convicción de que esa era la Cristología de los pioneros de la Iglesia Adventista.

George R. Knight Confirma la Cristología de los Pioneros

De entre las declaraciones sobre la historia de la Cristología Adventista, las de George R. Knight son especialmente valiosas. Profesor de Historia de la Iglesia en la Andrews University, Michigan, Knight es claro en su opinión objetiva sobre la creencia adventista acerca de la naturaleza humana de Cristo, desde el inicio del movimiento. La mayoría de sus obras es dedicada a los diversos aspectos de la historia de la Iglesia Adventista.[45]

Lo que lo llevó a escribir sobre la naturaleza humana de Cristo se originó del caso de A. T. Jones. Un capítulo completo es dedicado a detallado análisis de la enseñanza de Jones cuanto a la naturaleza de Cristo.[46] Son de interés especial, sin embargo, las observaciones de Knight sobre la historia de la Cristología Adventista en general. Él acentuó que "Waggoner, Jones y Prescott... desarrollaron el concepto de que Cristo era exactamente como cualquier otro hijo de Adán -- incluyendo la tendencia para pecar -- en la característica central de su doctrina de la justicia por la fe".[47]

Pero, observó él que "su punto de vista sobre la naturaleza de Cristo no creó controversias en el adventismo de la década de 1890. La opinión era generalmente aceptada como un punto teológico no litigioso. Eso todo cambiaría en la década de 1950, cuando se volvería el tema teológico para muchos adventistas sobre ambos lados de la cuestión".[48]

"M. L. Andreasen, uno de los principales teólogos denominacionales de los años 50, sustentaba que la doctrina de la naturaleza pecaminosa de Cristo es uno de los 'pilares fundamentales' del adventismo. Cambiar esa posición, dijo él, no fue apenas abandonar el adventismo histórico, sino también abjurar la creencia en los testimonios de Ellen White. Muchos han seguido ese camino. Otros, en la iglesia, creen que una fe adecuada en Cristo precisa reconocer que Él fue diferente de los otros seres humanos en sus tendencias para el pecado. Por 30 años el adventismo ha vivido una guerra de palabras sobre el tópico".[49]

"La naturaleza de Cristo no era un punto divisivo en los círculos adventistas hasta los años 50. Hasta ese tiempo los escritores denominacionales habían estado en armonía con Jones, Waggoner y Prescott, acerca de que Cristo vino en carne humana la cual tenía, como la del caído Adán, todas las tendencias de la humanidad para pecar".[50]

De acuerdo con Knight, dos factores motivaron el cambio teológico en los años 50. Uno de ellos fue el descubrimiento, en 1955, de la carta de Ellen White a W. L. H. Baker. Otro fue la sensibilidad de algunos líderes de la iglesia "a la crítica de ciertos evangélicos de que la Cristología de 'tendencias pecaminosas' de los adventistas era inadecuada".[51]

Sin embargo, afirmó Knight, había una profusión de declaraciones de Ellen White afirmando que Cristo "tomó sobre Sí nuestra pecaminosa naturaleza", o "que Él tomó sobre Sí mismo la caída y sufridora naturaleza humana, degradada y contaminada por el pecado". Y añade el autor: "Esas no fueron afirmaciones aisladas". En el mismo año de la carta a Baker, ella escribió que "Cristo asumió la naturaleza humana caída".[52]

Por fin, Knight aseveró: "No hay la más leve duda de que Ellen White creía que Cristo asumió la naturaleza humana caída y pecaminosa en la Encarnación. Lo que quiera que ella consistiese, sin embargo, queda claro que no estaban incluidas las malas propensiones para el pecado --'los cardos y las rosas bravas' del egoísmo, del amor propio y así por delante".[53]

No es fácil averiguar el punto de vista de Knight sobre el asunto. Su análisis objetiva como historiador confirma, sin embargo, lo que los defensores de la Cristología histórica siempre afirmaron. El objetivo de su libro no fue decir lo que él mismo creía, sino atestar lo que los adventistas creen y explicar cómo ocurrió el cambio radical en su Cristología en los años 50.

Una Exposición Bíblica En Esto Creemos

Durante la sesión de la Conferencia General de 1980 fue preparada una nueva declaración de creencias. Muchas veces, desde la primera declaración de fe en 1872, los líderes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día comprendieron la necesidad de reafirmar sus creencias fundamentales, de forma a hacerlas cada vez más claras. Para ese fin, la Asociación Ministerial de la Conferencia General tomó la iniciativa de preparar "una exposición bíblica de las 27 doctrinas fundamentales de los adventistas del séptimo día"[54], y ponerlas en un libro que vino a la luz en 1988, y fue traducido y distribuido en muchas de las principales lenguas del mundo.

Varios autores fueron escogidos para redactar los artículos, mientras una comisión de 194 miembros escogidos dentro las 10 divisiones mundiales, fueron comisionados a criticar cada capítulo. Una comisión menor, compuesta de 27 líderes de la iglesia, teólogos y pastores, se reunieron regularmente para supervisionar la preparación de la obra.[55]

Aun cuando el libro pareciese ser una declaración oficial, los editores tomaron el cuidado de enfatizar: "Mientras este volumen no sea oficialmente votado -- y solamente la Conferencia General en sesión mundial puede realizar eso -- él puede ser visto como representante de la 'verdad ... en Jesús' (Efés. 4:21), que los adventistas del séptimo día alrededor del mundo estiman y proclaman".[56]

A causa de las diferencias de opinión, la declaración votada en la sesión de la Conferencia General de 1980 evitó definir la naturaleza humana de Cristo de manera precisa. Ella meramente afirmó que Jesús era "Dios verdadero y eternamente" y "verdaderamente hombre". "Él fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Vivió y sufrió tentaciones como un ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios".[57]

La referida sesión destacó, sin embargo, que en el capítulo 4 de En Esto Creemos no faltaron detalles precisos con referencia a los diversos aspectos de la Cristología. En particular, la naturaleza humana de Cristo fue allí desarrollada de manera sistemática a partir de textos bíblicos. Jesús fue presentado como "verdaderamente hombre".[58] "Él podía reivindicar verdadera humanidad a través de Su madre"; "durante Su juventud Él estuvo sujeto a Sus padres (Lucas 2:51)"; "el nombre Hijo del hombre enfatiza Su solidaridad con la raza humana mediante la Encarnación".[59]

La cuestión controvertida fue claramente colocada: "¿En qué extensión Él [Cristo] Se identificó con o se hizo idéntico a la caída humanidad? Un correcto punto de vista sobre la expresión 'a semejanza de carne pecaminosa', o hombre pecaminoso, es crucial. Opiniones inexactas han promovido discusión y contienda a través de la historia de la iglesia cristiana".[60]

El capítulo usa expresiones típicas de la enseñanza tradicional de la Iglesia Adventista: "Él revistió Su divinidad de la humanidad; se hizo en 'semejanza de carne pecaminosa', 'naturaleza humana pecaminosa' o 'naturaleza humana caída' (cf. Rom. 8:3) Eso de ningún modo indica que Jesús fue pecaminoso o participó de actos o pensamientos pecaminosos. Aun cuando en forma o semejanza de carne pecaminosa, Él fue sin pecado y Su inocencia está fuera de cuestión".[61]

La naturaleza humana de Jesús no fue identificada con la de Adán antes de la caída. "Cristo tomó la naturaleza humana que, comparada con la naturaleza no caída de Adán, decreció en fuerza física y mental, aun cuando Él nunca hubiese pecado. Cuando Cristo asumió la naturaleza humana que portaba las consecuencias del pecado, se hizo objeto de debilidades e inclinaciones que todos experimentan. Su naturaleza humana estaba 'asolada por debilidades'o 'cercada de debilidades' (Heb. 5:2; Mat. 8:17; Isa. 53:4)".[62]

Con referencia a las declaraciones del obispo anglicano Henry Melvill, se afirmó: "La humanidad de Cristo no era la adánica, esto es, la humanidad de Adán antes de la caída; ni la humanidad caída, o sea, en cada aspecto de la humanidad de Adán póst-caída. No era la adánica porque ella poseía las simples debilidades de la caída. No era la caída porque ella nunca había descendido a la impureza moral. Ella era, por lo tanto, más literalmente nuestra humanidad, pero sin pecado".[63]

Finalmente, con referencia al problema de la tentación, "el modo como enfrentó la tentación prueba que Él era verdaderamente humano. Que Cristo fuese 'tentado en todos los puntos como nosotros' (Heb. 4:15), muestra que Él era participante de la naturaleza humana. Tentación y la posibilidad de pecar eran reales para Cristo. Si Él no pudiese pecar, no habría sido humano y ni podría ser nuestro ejemplo. Cristo asumió la naturaleza humana con todos sus riesgos, incluyendo la posibilidad de ceder a la tentación".[64]

Para realzar la realidad de las tentaciones a que Cristo estaba sujeto, dos teólogos bien conocidos fueron citados. "Concordamos con Philip Schaff, que dijo: 'Hubiese Él sido dotado desde el inicio de absoluta impecabilidad, o con la imposibilidad de pecar, y no podría haber sido un hombre real, ni nuestro modelo para imitación; Su santidad, en lugar de ser un hecho auto-adquirido o de mérito propio, habría sido accidental o un don exterior, y Sus tentaciones un show fantasioso'. Karl Ullmann acrecenta: 'La historia de la tentación, aun cuando pueda ser explicada, no tendría significado; y la expresión en la epístola a los Hebreos: 'fue tentado en todas los puntos como nosotros', sería sin sentido'".[65]

Según esas declaraciones, alguien sólo puede quedar espantado al leer que "la naturaleza humana de Cristo haya sido retratada como impecable"; que "Jesucristo tomó sobre Sí nuestra naturaleza con todos sus riesgos, pero que Él estaba libre de la corrupción hereditaria o degradación y del pecado". O que "Jesús no poseía malas propensiones o inclinaciones, o aun pasiones pecaminosas".[66]

Ciertamente Cristo nada tuvo de ese tipo. Él nos dio "el ejemplo de una vida sin pecado".[67] Pero eso fue realizado en la "naturaleza humana caída"[68] sujeta a la "operación de la gran ley de la hereditariedad".[69] Aun cuando no tuviese malas inclinaciones, "Él sabía cuán fuertes eran las inclinaciones del corazón natural".[70] ¿Y para qué hablar, como Melvill, de "simples debilidades", cuando Ellen White declara que "Cristo tomó sobre Sí las debilidades de la humanidad degenerada"?[71]

De cualquier modo, en otros aspectos la Cristología presentada En Esto Creemos confirma la posición póst-caída. Por lo tanto, limitando la hereditariedad de Cristo apenas a las consecuencias físicas -- a "simples debilidades"[72] -- los autores se alejaron de la posición tradicional en un punto muy importante. Al hacer eso, el En Esto Creemos estableció una interpretación intermediaria sobre la naturaleza humana de Cristo, la cual Roy Adams trató de divulgar por medio de sus artículos en la Adventist Review y en el libro The Nature of Christ: Help for a Church Divided Over Perfection (La Naturaleza de Cristo: Auxilio a una Iglesia Dividida Sobre la Perfección).

Roy Adams Busca Volver a Encender el Debate

Después de los debates de los años ochenta, la Adventist Review publicó una serie de seis artículos de autoría de Norman R. Gulley bajo títulos como "Model or Substitute, Does it Matter How We See Jesús?" (Modelo o Substituto: ¿Importa Cómo Nosotros Vemos a Jesús?") y "Pressing Together". Esos artículos incluían algunos conceptos propios de Gulley, tales como "Jesús se hizo pecado por nosotros vicariamente"; "Jesús no experimentó tentaciones como las nuestras, porque Su naturaleza era diferente de la nuestra"; y Ellen White "veía la misión de Cristo en dos dimensiones. Ella habla de una dimensión pré y de una dimensión póst-caída".[73]

En la primavera de 1990, Roy Adams, editor-asociado de la Review, volvió a encender el debate al publicar tres editoriales sobre si Cristo era como Adán (antes de la caída) o como los pecadores. Esos artículos tuvieron como título: "¿Cómo Adán o Como Nosotros?"[74] Adams cita Ellen White: "Cuando queramos un profundo problema para estudiar, fijemos nuestras mentes sobre el más maravilloso hecho que tuvo lugar en la Tierra o en el Cielo -- la encarnación del Hijo de Dios".[75] "Esa es la doctrina central de la fe cristiana". Y añade: "Sin ella todo el canon de las Escrituras se vuelve un documento sin significado, un absurdo".[76]

"El problema que enfrentamos aquí es semejante a aquel encarado por nuestros pioneros cristianos en los primeros siglos -- la falta de una definida declaración en la Escritura. Esa es la razón por la cual los adventistas se han apoyado tan macizamente en los escritos de Ellen White sobre esa cuestión".[77]

Adams mostró que Ellen White afirma perentoriamente, por un lado, que Cristo era semejante a nosotros en todas las cosas, y por otro, que Él era, al mismo tiempo, "diferente de nosotros". La dificultad yace en la aparente contradicción: "Si Cristo, de hecho, se hizo humano, ¿cómo fue Él capaz de contornar la infección universal del pecado?"[78]

Para explicar esa paradoja, Adams apeló para Henry Melvill, el ministro anglicano que afirmaba que los dos resultados esenciales de la caída fueron (1) "simples debilidades" y (2)"propensiones pecaminosas" Ahora, concordando con Melvill, "antes de la caída, Adán no poseía 'simples debilidades', ni 'propensiones pecaminosas'. Somos nacidos con ambas, y ... Cristo tomó las primeras, pero no las segundas".[79] Adams concluyó, como Melvill, que "el encarnado Cristo no era ni como Adán antes de la caída, ni como nosotros. Él era sinigual".[80]

Esa es la solución propuesta por Adams en su libro (publicado en 1994) sobre la naturaleza de Cristo.[81] Habiendo criticado la Cristología de algunos "hermanos rebeldes" de la herencia de Jones y Waggoner, así como la enérgica reacción de Andreasen contra la nueva teología,[82] él desarrolló las ideas contenidas en sus editoriales.[83] En particular, Adams recuñó en detalles la explicación de Melvill. E, como Tim Poirier, consideró que Ellen White, por haber usado las mismas expresiones, debe haberles dado el mismo significado.[84]

Como otros antes de él, Adams justificó su punto de vista citando extensivamente la carta de Ellen White a Baker. Posteriormente, reveló que su interpretación corresponde a aquella de sus profesores de teología.[85]

Reconocemos que la interpretación de Roy Adams representa positivamente la postura mantenida por gran parte de los adventistas hoy. Sin embargo, sería errado concluir que ese punto de vista es compartido por la mayoría en la Iglesia Adventista dispersada por el mundo.

La Situación Europea

Como ya lo referimos[86], hasta el inicio de la década de 50 la Cristología adventista en los países de la División Sur-europea estaba en línea con las enseñanzas de la iglesia en general. Desde entonces, a despecho de la importancia dada al problema de la naturaleza humana de Cristo en la literatura de los adventistas de habla inglesa, ninguna controversia había aun emergido de ese lado del Atlántico. Fuera de algunos pocos especialistas, no muchos adventistas se entregaron a la lectura de libros de teología en inglés. Fuera de eso, los especialistas que tomaron interés en las sutilezas del problema en cuestión fueron realmente escasos. En 1969, el editor de la Revue Adventiste, Jean Caseaux, fue el primero a publicar los principios de la nueva teología.[87]

Alfred Valcher, el padre de los teólogos adventistas de habla francesa,[88] también dedicó un artículo sobre "La Doble Naturaleza Divino-Humana de Cristo", en el cual analizó las diversas tendencias del pensamiento en la Iglesia Adventista.[89] La única observación personal expresada en este artículo concernía a la palabra "semejanza", que para él no era "sinónima de identidad". "Y si alguien sustenta que Jesús asumió una naturaleza pecaminosa, eso significa únicamente que Él aceptó la realidad de la tentación y la posibilidad de pecar".[90] La cuestión de saber si Cristo tenía la naturaleza de Adán antes o después de la caída no parece preocupar Vaucher. En su magistral obra, Histoire du Salud (Historia de la Salvación), él se satisfizo en afirmar la simple realidad de Su humanidad y Sus tentaciones.[91]

Es difícil determinar exactamente cuándo la nueva teología se hizo conocida de los pastores y miembros de la iglesia en Europa.[92] En la enseñanza ministrada en el Seminario Adventista de Collonges, donde pastores de muchos países son entrenados,[93] las dos líneas de pensamiento fueron presentadas por profesores como: Raoul Dederen, hasta que él se transfirió para la Andrews University, en 1963; Georges Stéveny, de 1967 a 1980; y yo, de 1960 a 1970, y de 1985 a 1998.

Cuando contactado recientemente, Raoul Dederen me aseguró que sus puntos de vista sobre la naturaleza humana de Cristo eran, en substancia, exactamente los mismos defendidos por Edward Hepenstall. En otras palabras, Cristo tomó la naturaleza de Adán después de la caída, pero sin participación en las tendencias naturales para el mal -- una carne semejante a la de pecado, pero no idéntica.[94] Cuanto a las opiniones de Georges Stéveny, las tenemos por escrito y bien detalladas, gracias a su reciente libro A La Découverte du Christ (La Descubierta de Cristo).[95]

Georges Stéveny, "En el Camino de los Pioneros"

Georges Stéveny estudió teología en el Seminario Adventista de Collonges-sous-Salève y recibió su diploma de póst-graduación en filosofía en la Universidad de Ginebra. Después de muchos años leccionando, él sirvió la Iglesia Adventista por 18 años como pastor-evangelista en Francia y en Belgica. Brillante orador, Stéveny fascinó muchas veces grandes auditorios con sus argumentos filosóficos y bíblicos. Llamado para ser profesor de teología en el Seminario Adventista de Collonges-sous-Salève en 1967, fue él posteriormente llevado al liderazgo de la institución, de 1970 a 1980. Dio continuidad a su ministerio como presidente de la Asociación Franco-Suiza y secretario general de la División Euro-Africana de los Adventistas del Séptimo Día, de 1985 a 1990.

Aun cuando hubiese escrito muchos artículos y auxiliado en la edición de muchas obras publicadas, tuvo él que esperar hasta su jubilación para escribir A La Découverte du Christ, que representó la cosecha del conocimiento y de las meditaciones espirituales de toda su vida. Esos fueron presentados en forma de una Cristología de dos niveles. Primeramente como la "Baja Cristología", arraigada en la historia que nos capacita a descubrir Cristo en Su vida terrena. Entonces, en un segundo nivel, la "Alta Cristología", que era la revelación del Cristo de nuestra fe. Esa parte de su obra es de particular interés porque trata directamente de la Encarnación, sus implicaciones y consecuencias.[96]

El método seguido es la presentación de la exégesis sistemática para cada texto cristológico, comenzando con el Prólogo del evangelio de Juan, seguido por pasajes-claves de las epístolas de Pablo. Esa es una Cristología enteramente basada en el estudio de la revelación bíblica. El estudio lleva al lector a través de la demostración de que "Jesús era Dios antes de Su encarnación", y "permaneció inevitablemente Dios por sobre Su humillación".[97] "Pero en Cristo, el mismo Dios habitó con nosotros. Él Se hizo hombre, el segundo y último Adán. Surge, sin embargo, una cuestión, indudablemente delicada, pero legítima: ¿Cuán identificado con nosotros realmente estaba Jesús? ¿Tomó Él la naturaleza de Adán antes o después de la caída?"[98]

Georges Stéveny rechazó categóricamente la noción de que Cristo poseía la naturaleza de Adán antes de la caída. La expresión paulina "en semejanza (similitud) de carne pecaminosa" no podría ser atribuida a Adán antes de la caída. Pero, "no es suficiente denunciar la diferencia entre ambas situaciones experimentadas por los dos Adanes, lo que es totalmente obvio. Lo que precisamos reconocer es que ellos no vivieron en la misma carne ni en la misma naturaleza".[99]

"Decir que Jesús vivió en la carne semejante a la de Adán antes de la caída es, por lo tanto, discordar de la divina revelación. Pero sería otro error decir que Él era idéntico a Adán después de la caída. Nos prendemos a falsas opciones al querer definir la naturaleza de Jesús simplemente en relación a Adán, antes o después de la caída. Una enorme y esencial diferencia que distingue Jesús del hombre, el cual se volvió ontológicamente separado de Dios".[100] "Jesús no era apenas Dios; no era apenas hombre. Cristo ocupó una posición diferente, una nueva posición, en el comienzo de una nueva era".[101]

Pero, entonces, "¿cuál es exactamente la carne de Cristo y cuáles Sus inclinaciones interiores? ¿Hasta dónde va Su identificación con nosotros?"[102] Para renovar la condición humana, tenía Él que asumirla enteramente. Una mera semejanza externa no está en armonía con la declaración de Pablo, de que Dios envió a Su Hijo en "semejanza de carne pecaminosa" (Rom. 8:3). "Fue en la carne que Dios condenó el pecado por Jesucristo. La demostración del apóstol Pablo es válida apenas para una condición formal, para dar a conocer que Jesús resistió bajo las mismas condiciones que las nuestras. No admitir eso es decir que toda la argumentación es falla y la conclusión inaceptable: '... para que la justa exigencia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu'. (Rom. 8:4)"[103]

"Si Jesús no hubiese enfrentado la tentación bajo las mismas condiciones que las nuestras", asevera Stéveny, "la lucha sería desigual y Su ejemplo impropio".[104] Pero el poder del Espíritu, a través de quien Cristo condenó el pecado en la carne, es ofrecido a todos los que Lo reciben por la fe. Consecuentemente, "gracias a Jesucristo el Espíritu Santo desarrolla a nuestro favor el mismo ministerio que Él cumplió a favor del Hijo de Dios. En eso reposa un aspecto esencial del evangelio... Cuán confortador es saber que la humanidad, comprometida por Adán, su líder, puede ser regenerada por Jesucristo, en Quien todas las cosas son hechas nuevas".[105]

William G. Johnsson Trata de Armonizar

En una serie de cinco editoriales publicados en la Adventist Review, William G. Johnsson, editor-jefe, trató de amainar la discusión sobre la naturaleza de Cristo en sus artículos "Nuestro Incomparable Salvador".[106] "Mi propósito en esos editoriales no es tratar de probar que un lado está cierto y el otro errado. Espero reconciliarnos presentando fielmente las preocupaciones de cada lado y mostrando cuanto tenemos en común, a despecho de todo. No espero cambiar las mentes; deseo apelar para la sabiduría y el buen sentido de nuestro pueblo, en quien deposito gran confianza".[107]

Habiendo destacado que los adventistas confiesan la completa y eterna divinidad de Jesucristo, Johnsson enfatizó que Su humanidad es igualmente vital. Pero es precisamente ahí que yace el pomo de la discordia entre los adventistas contemporáneos. Johnsson recapituló objetivamente ambos puntos de vista y entonces preguntó: "¿Qué nos dice la Biblia sobre la humanidad de Jesús?"[108] La respuesta fue exactamente aquella dada en su libro sobre la epístola a los Hebreos.[109] "El silencio del Nuevo Testamento sobre ese específico punto de debate es ensordecedor. A mi ver nosotros, como iglesia, somos prudentes en no tratar de definir en nuestras creencias fundamentales la naturaleza humana de Cristo, más detenidamente de lo que lo hace la Escritura".[110]

"¿Qué nos dice Ellen White acerca de Jesús?"[111] , Johnsson pregunta. Ella enfatizó Su divinidad tanto cuanto Su humanidad y la milagrosa unidad entre ambas. "Él padeció tristezas, sufrimiento y tentación; Sus pruebas fueron reales -- Él Se arriesgó al fracaso y a la pérdida eterna. Pero, en medio a todo eso, Él Se mantuvo perfectamente impecable; Él es nuestro incomparable Salvador".[112]

Si Ellen White nos estimuló a estudiar la humanidad de Jesús, también se esforzó para recordarnos que debemos hacer eso con extremo cuidado: "Sean cuidadosos, extremamente cuidadosos cuando tratando de la naturaleza humana de Cristo". ¿Pero qué es lo que ella dijo sobre Su naturaleza? ¿Era la de Adán antes o después de la caída? Para saber eso "precisamos mirar hacia lo que ella escribió y no escribió al respecto".[113]

Ellen White, que hizo múltiples referencias a los "fundamentos" o "pilares" del mensaje adventista, nunca mencionó la naturaleza humana de Cristo como siendo uno de ellos. Además, es fácil descubrir declaraciones de ella para apoyar cada punto de vista. De hecho, notó Johnsson, Ellen White afirmó que "aun cuando Jesús Se haya hecho verdaderamente humano y pasado por nuestras experiencias, Él era diferente de nosotros en aspectos clave. Cristo era Dios-Hombre y no participó de nuestras pasiones, inclinación para el mal y propensiones para pecar. Él era semejante a nosotros y sin embargo diferente de nosotros. Solamente teniendo esos dos hechos en mente podemos hacerle justicia a ella".[114]

Con frecuencia, observó Johnsson, los argumentos no tocan el problema real -- la naturaleza del pecado. "La cuestión por detrás de la cuestión es el concepto de pecado. Aquellos que pretenden comprender más claramente la naturaleza humana de Cristo, conseguirían más si parasen de debatir si Jesús vino en naturaleza humana pré o póst-caída, y gastasen tiempo buscando saber lo que la Biblia dice a respecto del pecado".[115]

Johnsson sustentaba que la Biblia no restringe la definición de pecado a la transgresión de la ley. "En penetrante análisis, Pablo describe el pecado como una fuerza, un principio innato, un estado -- 'el pecado habita en mi'(Rom. 7:14-20). Así no solamente nuestros actos son pecaminosos; nuestra propia naturaleza está en guerra contra Dios".[116]

"¿Poseía Jesús tal naturaleza? No. Si así fuese, Él tendría necesidad de un Salvador. Él no poseía propensión para el mal; ninguna deformación en Su naturaleza moral que Lo predispusiese a la tentación. Él es el único totalmente sin pecado -- en acciones y también en Su ser interior. Él es 'santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores' (Heb. 7:26)."[117] "Pero yo necesito de un Salvador que es diferente, alguien que no participa del problema del pecado, que no necesita Él mismo de un salvador. Y mi Salvador debe no apenas estar libre de la mancha del pecado, ¡sino también ser él mismo Dios! Solamente Dios puede remover mis pecados".[118]

El esfuerzo de Johnsson para resolver el problema es, sin duda, digno de loor. Incuestionablemente, el primer paso para la solución yace en la definición bíblica del concepto de pecado. Las aparentes contradicciones entre la caída, sufridora y degradada naturaleza humana que Cristo asumió, y la pura, santa e impecable naturaleza que todos Le atribuyen, no encontrarán de otro modo una explicación capaz de reconciliar dos puntos de vista radicalmente opuestos.

Entretanto, para alcanzar ese propósito, no es suficiente declarar lo que Cristo es o no es.[119] Cada adventista cree que Jesús era impecable, que Él no tiene en Sí malas propensiones, y que solamente podría ser nuestro salvador en ese estado. Precisa ser explicado cómo Él pudo ser tentado en todas las cosas como nosotros, en carne semejante a la carne pecaminosa, sin cometer pecado. Esa es la verdadera esencia del problema. Pero cuando el impase es resuelto, Cristo surge más efectivamente como nuestro incomparable Salvador.

Jack Sequeira y el Problema del Pecado

En su libro Beyond Belief,[120] Jack Sequeira busca la solución para el problema de la naturaleza humana de Cristo en la definición bíblica de pecado. Como sugerido en el título, el autor pretende conducir a sus lectores "más allá de la creencia", para "la promesa, el poder y la realidad del evangelio eterno".

Sequeira está más interesado en Soteriología que en Cristología; él busca colocar "el plan de la salvación bajo una nueva luz".[121] Pero, una vez que no se puede hablar de la obra de Cristo sin hablar de Su persona, Sequeira es compelido a tomar posición sobre la naturaleza humana de Cristo y la naturaleza del pecado. Para él, "el evangelio es la solución de Dios para el problema del pecado. Así, es importante principiar nuestro estudio del evangelio comprendiendo el pecado. Muchas veces tratamos de la solución que Dios nos preparó en Cristo (el evangelio), sin primero reconocer la plena extensión del problema... Únicamente cuando comprendemos nuestra completa pecaminosidad en naturaleza y acción, entenderemos la solución de Dios. Hasta percibir la depravada naturaleza del pecado, no perderemos nuestra confianza propia ni volveremos para Cristo como nuestra única justicia. El evangelio se vuelve significativo, entonces, únicamente contra el paño de fondo de una plena comprensión del pecado".[122]

Sequeira entonces traza el origen y el desarrollo del pecado. "Como descendientes de Adán y Eva, somos todos esclavos del pecado. Nacemos egoístas y nuestra inclinación natural es vivir independientemente de Dios (ver Juan 8:34; Rom. 1:20-23; 6:17)".[123] El Antiguo Testamento se vale de una docena de diferentes términos para pecado. Pero en el (Salmo 51:2-3), descubrimos conceptos básicos expresados en tres palabras clave: iniquidad, pecado y transgresión. "a.) Iniquidad. Ella no se refiere primariamente al acto del pecado, sino a la condición de pecaminosidad; por naturaleza, somos espiritualmente 'inclinados' (ver Sal. 51:5; Isa. 53:6; 64:6). b.) Pecado. Literalmente 'perder la marca'. Eso se refiere a nuestro fracaso en alcanzar el ideal de Dios (ver Rom. 3:23; 7:15-24; Isa. 1:4-6). c.) Transgresión. Ella es una deliberada violación de la Ley de Dios, un acto espontáneo de desobediencia (ver 1 Juan 3:4; Rom. 7:7-13)".[124]

Comentando (Isaías 53:6), Sequeira escribe: "Primero, cada uno de nosotros se desvió porque todos seguimos la inclinación natural para el 'propio camino'. Segundo, ese pender de seguir nuestro propio camino, esa auto-centralización, es la iniquidad que fue puesta sobre Cristo, nuestro Portador de pecados. Cuando Él 'condenó el pecado en la carne' sobre la cruz (Rom. 8:3), fue la inclinación para el pecado que Él sentenció".[125] Dios envió Su Hijo en carne pecaminosa, no para probar a Sus hijos que ellos podrían igualmente obedecer la ley de Dios o para servir como un ejemplo para ellos, sino para libertarlos del pecado. "En el mismo centro de la doctrina de la Cristología está la gloriosa verdad de que Cristo asumió la humanidad para poder ser el Salvador del mundo. Únicamente a aquellos que primeramente lo recibieron como Salvador, se hizo Él un Ejemplo".[126]

Habiendo explicado el porqué de la Encarnación, Sequeira también consideró el cómo. "¿Cómo Cristo salvó el género humano en Su humanidad? "¿Eso se dio vicariamente con Cristo actuando en el lugar de la raza humana, o realmente, esto es, con Cristo asumiendo la caída naturaleza de la humanidad?" Sequeira opta por la última, rechazando la idea de la substitución vicaria, la cual dice él "hace el evangelio antiético". Que un hombre inocente pudiese morir en lugar de un culpado es inaceptable. Además, eso reduce muy fácilmente el evangelio a la "gracia barata".[127]

De acuerdo con Sequeira, "Cristo, en Su humanidad, salvó los hombres y las mujeres en realidad y no vicariamente. Los defensores de esa posición enseñan que Cristo tomó la naturaleza que Adán poseía después de la caída. Argumentan ellos que una vez que Cristo vino para salvar la caída humanidad, Él tenía que asumir la naturaleza humana pecaminosa que necesitaba de redención. Identificándose así con nuestra colectiva humanidad degenerada, Cristo se calificó a ser el segundo Adán y legalmente obtuvo el derecho de ser nuestro Substituto".[128]

Para Sequeira eso no significa que Cristo en Su humanidad hubiese sido exactamente como nosotros en nuestra caída humanidad. Ciertamente, "la Escritura enseña que Cristo realmente asumió nuestra condenada naturaleza humana pecaminosa como nosotros la conocemos. Pero Él derrotó completamente "la ley del pecado y de la muerte"(Rom. 8:2) que habitaba en esa naturaleza humana pecaminosa, y entonces la ejecutó en la cruz. Hubiese Cristo consentido, aun por un pensamiento, con los pecaminosos deseos de la naturaleza que Él asumió, entonces Se habría vuelto un pecador con necesidad, Él mismo, de un salvador. He aquí porque, lidiando con la naturaleza humana de Cristo, debemos ser extremamente cautelosos para no inducir Su mente o la capacidad de escoger al pecado o decir que Él 'tuvo' una naturaleza pecadora".[129]

Con respecto al problema del pecado, Sequeira enfatiza que no deberíamos ir más allá de lo que la Escritura dice. "No debemos enseñar que en Adán toda la humanidad heredó la culpa. Esta es la herejía del 'pecado original' introducida por Agustín y adoptada por la Iglesia Católica Romana. Culpa, en sentido legal, siempre incluye volición personal o responsabilidad y Dios no nos hace personalmente responsables por algo por lo cual no tuvimos capacidad de escoger. Solamente cuando personal, conscienciosa, deliberada, persistente y definitivamente rechazamos el don de la vida eterna en Cristo, la culpa, la responsabilidad y la segunda muerte se vuelven nuestras (ver Juan 3:18, 36; Marcos 16:1; Hebreos 2:1-4; 10:14, 26-29)".[130]

La Cristología de Sequeira es apenas un fundamento de su teología con respecto a cómo los pecadores son salvos "en Cristo". Su posición intransigente contra la expiación substitutiva se ha probado controversial, pero él claramente asume una postura favorable a la Cristología tradicional, basando sus argumentos en la Escritura y no en Ellen White.

La Última Declaración de Ellen White Sobre la Naturaleza Humana de Cristo

Comenzamos este estudio histórico focalizando 150 años de Cristología, con la primera declaración de Ellen White. Daremos el toque final a esa historia con una de sus últimas afirmaciones. Esa intrigante manifestación fue descubierta apenas recientemente y trata con la parte más controversial del asunto: si Cristo estaba sujeto a todas las "malas tendencias" de la humanidad o si Él era exento de ellas.

Nuestra investigación confirma la de George Knight, que afirma que Ellen White nunca usó la expresión "tendencias pecaminosas" en relación a la naturaleza humana de Cristo. De acuerdo con Knight, eso hacía parte de las "enseñanzas de Prescott, Waggoner y Jones sobre las tendencias de la naturaleza humana de Cristo", que "penetraban el clima adventista a mediados de la década de 1890".[131] Pero la recién descubierta carta levanta la cuestión sobre si ella realmente usó una expresión tan fuerte.

La Adventist Review del 17 de Febrero de 1994 anunció que una carta inédita de Ellen White había sido descubierta recientemente.[132] Escrita el 29 de Agosto de 1903, en Elmshaven, Sta. Helena, California, esa carta fue dirigida al Dr. J. H. Kellogg.[133] Parece que ella nunca fue enviada, como fue el caso con muchas otras retenidas por Ellen White, mientras aguardaba para ver cómo la controversia con Kellogg se desarrollaría entre 1902 y 1908. Cualquiera que sea la razón, esa carta, o su copia, estaba fuera de los archivos. El archivista Tim Poirier la descubrió totalmente por acaso en Diciembre de 1993. Cuando el anuncio de la descubierta fue hecho, el Patrimonio White le ofreció una copia a todos aquellos que deseasen tenerla.

Como la mayoría de las cartas de Ellen White, ella trata de diversos asuntos de naturaleza práctica. Pero uno de los párrafos tocó en el asunto de la humanidad de Cristo en términos particularmente significativos. Al revisar el pasaje en el cual ella habla de la naturaleza humana caída asumida por Cristo, Ellen White hizo varias alteraciones manuscritas en el texto. Esos cambios son presentados abajo en negrito. Esa muestra de su trabajo testifica de su preocupación con la claridad sobre un punto particularmente sensible y pasible de malentendidos. He aquí el párrafo en cuestión:

"Cuando Cristo, al inicio, le anunció a la hueste celestial Su misión y obra en el mundo, declaró que estaba para dejar Su posición de dignidad y ocultar Su santa misión asumiendo la semejanza del hombre, cuando en realidad Él era el Hijo del infinito Dios. Y cuando llegase la plenitud de los tiempos, Él descendería de Su trono de alto comando, pondría a un lado Su manto regio y corona real, revistiendo Su divinidad con la humanidad, viniendo a la Tierra para ejemplificar lo que la humanidad debe hacer y ser para vencer el enemigo y sentarse con el Padre en Su trono. Viniendo como lo hizo, como un hombre, para enfrentar y estar sujeto a todas las malas tendencias de las cuales el hombre es heredero, operando de todas las maneras concebibles para destruir Su fe, consintió en ser herido por las agencias humanas inspiradas por Satanás, el rebelde que había sido expulsado del Cielo".[134]

Ese texto tiene paralelo con algo que Ellen White publicara en Early Writings.[135] Allí ella usó, por primera vez, la expresión "naturaleza humana caída" para describir la naturaleza asumida por Cristo. En la declaración de 1903, deseó ser aún más precisa. De inicio ella escribió: "Viniendo como Lo hizo, como un hombre, con todas las malas tendencias de las cuales el hombre es heredero, a Sí mismo hizo posible ser herido por las agencias humanas inspiradas por Satanás." Eso pareciera ser un claro apoyo a una naturaleza humana sujeta a "todas las tendencias malas", a las cuales Cristo nunca cedió.

Pero, evidentemente, Ellen White, al releer el texto dactilografiado, sintió que ese no era exactamente el pensamiento que pretendía comunicar. Así, adicionó dos frases manuscritas las cuales fueron negritadas en el texto anterior. Con el texto interlinear añadido, el pasaje quedaría así: "Viniendo como hizo, como un hombre, para enfrentar y estar sujeto a todas las malas tendencias de las cuales el hombre es heredero, operando de toda manera concebible para destruir Su fe, consintió en ser herido por las agencias humanas inspiradas por Satanás". Algunos dirían que esa revisión presenta significativo cambio de sentido, haciendo parecer que las malas tendencias estaban en otras que fueron formadas contra Cristo, aun cuando eso sea discutible.

Al publicar ese importante pasaje, el editor de la Adventist Review escribió con propiedad: "Los estudiantes de los escritos de Ellen White estarán interesados en la sentencia final de ese párrafo. Ellos irán a observar como ella estaba preocupada en no ser mal comprendida y, al leer el borrador dactilografiado, hizo cambios de propio puño para dejar más claro el significado. Esa afirmación tomará su lugar entre muchas otras que ella escribió sobre la naturaleza humana de Cristo".[136]

Según Paul Gordon, entonces director del Patrimonio de Ellen G. White, "no es probable que cualquier nueva carta cambie significativamente la comprensión adventista de sus [Ellen White] enseñanzas. Tenemos ya una inmensa colección de sus escritos en libros, cartas, diarios y manuscritos, por lo cual podemos estar confiantes en saber lo que ella creía".[137]

En los párrafos siguientes, Ellen White explicó el secreto de la victoria de Cristo sobre las "malas tendencias". "Como Cabeza de la humanidad, Cristo vivió en la Tierra una vida consistente y perfecta, en conformidad con la voluntad de Su Padre celestial. Cuando Él dejó las cortes celestiales, anunció la misión que Se propusiera cumplir: 'He aquí vengo; en el rollo del libro está escrito a Mi respecto: Me deleito en hacer Tu voluntad, oh Dios Mío.' Siempre supremo en Su mente y corazón estaba el pensamiento: 'No Mi humana voluntad, sino Tu voluntad sea hecha'. Ese era el infalible principio que Lo movía en todas Sus palabras y actos, y que modeló Su carácter".[138]

De ese modo, habiendo vencido "todas las malas tendencias de las cuales el hombre es heredero", Jesucristo, nuestro Señor, "nos dio un ejemplo de lo que hombres y mujeres precisan ser, si escogen ser Sus discípulos y mantienen el principio de su confianza hasta el fin".[139] Pues, "a través de Su experiencia, durante los 33 años que Él vivió en la Tierra, Cristo fue asediado por todas las tentaciones con las cuales la familia humana es tentada; sin embargo, Él Se mantuvo sin siquiera una mancha de pecado".[140]

Habiendo llegado al fin de un estudio alcanzando 150 años de Cristología Adventista, nuestro propósito es proceder a una síntesis del conocimiento obtenido hasta aquí y lanzar la base para evaluación de las diferentes posiciones.

En última análisis, esperamos sugerir una Cristología que se armonice con la enseñanza bíblico y reconciliar los diferentes puntos de vista.

Notas y Referencias

  1. Ralph Larson, The Word Was Made Flesh.
  2. Ídem, pág. 7.
  3. Ibídem.
  4. Ídem, págs. 15-21.
  5. Ídem, págs. 22-28.
  6. Ídem, págs. 29-31.
  7. Ver El Ministerio, Junio de 1989, para las dos revisiones de los libros de Ralph Larson hechas por Herbert E. Douglas y Eric C. Webster.
  8. Larson, págs. 224-264.
  9. Ídem, pág. 281.
  10. Ídem, págs. 297-300.
  11. El Patrimonio o Depositarios de Ellen White fue creado por la propia escritora en 1912. Ella designó cuatro depositarios o fideicomisarios. En 1950, el número creció para siete y, en 1958, para nueve, uno de los cuales representaba a América del Sur y otro a Europa. Fui honrado y designado para Europa durante 20 años, de 1970 a 1990.
  12. Ver Documents Available (Documentos Disponibles) del Patrimonio de Ellen G. White, Washington, D.C., Mayo de 1982. Ese trabajo sugiere que diversas publicaciones sean preparadas para corregir ciertas interpretaciones erradas de los escritos de Ellen White: sobre el santuario, sobre el juicio investigador, sobre la reforma de la salud, o contra la acusación de plagio.
  13. Ese resumen, La Historia de la Cristología Adventista, compuesto de 120 páginas poligrafiadas, fue preparado para beneficio de los estudiantes matriculados en cursos de Cristología.
  14. Las reuniones del Patrimonio de Ellen G. White son encuentros anuales de los fideicomisarios con los miembros del staff del White Estate, para el estudio de problemas referentes a los escritos de Ellen White, y la confección de planes para expandir su influencia.
  15. Robert W. Olson, carta de 21 de Abril de 1986.
  16. Ibídem.
  17. Ibídem.
  18. Bruno W. Steinweg, suplemento de su estudio dactilografiado The Doctrine of the Human Nature of Christ Among Adventists Since 1950 (La Doctrina de la Naturaleza Humana de Cristo Entre los Adventistas Desde 1950).
  19. Robert W. Olson, The Humanity of Christ (Washington, D.C.: Ellen G. White Estate, 1986)
  20. Ídem, pág. 3.
  21. Document of Consultation IV of Ellen G. White Estate. Ese estudio fue publicado en la revista francesa Servir, segundo trimestre de 1989, bajo el título La Naturaleza Humana de Cristo, págs. 13-30.
  22. Ver nuestros capítulos 15 y 16.
  23. Ver Document of Consultation IV, bajo el título La Humanidad de Cristo.
  24. Ídem. Tim Poirier Una Comparación de la Cristología de Ellen G. White y Sus Fuentes Literarias, págs. 99-104. Ver también Ministry, Diciembre de 1989.
  25. Henry Melvill, Sermones (New York: Stanford and Swords, 1844). Ver White Estate Consultation IV, págs. 105-115.
  26. Poirier, pág. 100.
  27. Ídem, pág. 101.
  28. Ibídem.
  29. Octavius Winslow, La Gloria del Redentor (Londres: John Farquhar Shaw, 1855). Ellen White tenía ese libro en su biblioteca particular.
  30. Ídem, págs. 129, 132-134. Citado por Poirier, págs. 101, 102.
  31. Poirier, pág. 102.
  32. Carta 181 de Ellen G. White, 1899, en The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Ellen G. White Comments, vol. 1, pág. 1083. Citada por Poirier, pág. 103.
  33. Manuscrito 57 de Ellen G. White, 1890. Citado por Poirier, pág. 103. En muchos otros contextos, Ellen White estableció el mismo contraste entre los dos Adanes. Ver nuestro capítulo 3.
  34. Winslow. Citado por Poirier, pág. 102 (itálicos suplidos).
  35. Manuscrito 57 de Ellen G. White, 1890. Citado por Poirier, pág. 103.
  36. Ellen G. White, El Deseado de Todas las Gentes, pág. 117.
  37. _______, Mensajes Selectos, vol. 1, págs. 267, 268.
  38. D. A. Delafield, Ellen G. White en Europa (Washington, D.C.: Review and Herald Pub. Assn., 1975).
  39. _______, en Document of Consultation IV of Ellen G. White Estate (dactilografiado).
  40. Ídem, pág. 130 (Ellen G. White, manuscrito 57 de 1890).
  41. _______, en Document of Consultation IV.
  42. Ídem, pág. 131.
  43. Ibídem.
  44. Ídem, pág. 131-132.
  45. Las principales obras de George R. Knight son: Mitos en el Adventismo (1985); De 1888 Para la Apostasía -- El Caso de A. T. Jones (1987); Santos Airados (1989); Mi Apego Con Dios (1990); todos publicados por la Review and Herald Publishing Association.
  46. Knight, De 1888 Para la Apostasía, págs. 132-150.
  47. Ídem, pág. 133.
  48. Ibídem.
  49. Ibídem.
  50. Ídem, pág. 140.
  51. Ibídem.
  52. Ídem, pág. 141.
  53. Ibídem.
  54. En Esto Creemos.
  55. Ídem, pág. V.
  56. Ídem, pág. IV.
  57. Ídem, pág. 36.
  58. Ídem, págs. 45-50.
  59. Ídem, pág. 46.
  60. Ibídem.
  61. Ídem, págs. 46-47.
  62. Ídem, pág. 47.
  63. Ibídem.
  64. Ibídem.
  65. Ídem, págs. 48-49.
  66. Ídem, pág. 49.
  67. E. G. White, El Deseado de Todas las Gentes, pág. 49.
  68. _______, Primeros Escritos, págs. 150, 152.
  69. _______, El Deseado de Todas las Gentes, pág. 49.
  70. _______, Testimonies for the Church, vol. 5, pág. 177.
  71. _______, El Deseado de Todas las Gentes, pág. 117.
  72. En Esto Creemos, pág. 47.
  73. Norman R. Gulley, en la Adventist Review, 18 y 25 de Enero, y 1, 8, 15 y 22 de Febrero de 1990. Ver Donald Karr Short, Hecho Como... Sus Hermanos (publicado por el autor en 1991). Él criticó severamente esos artículos, destacando la confusión por ellos causada en el seno de la iglesia; entonces defendió las ideas fundamentales de la Cristología tradicional.
  74. Roy Adams, en la Adventist Review, 29 de Marzo de 1990; 19 y 26 de Abril de 1990. Esos tres editoriales fueron inicialmente publicados en Canadian Adventist Messenger, Abril y Mayo de 1988.
  75. _______, en la Adventist Review, 29 de Marzo de 1990. The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Ellen G. White Comments, vol. 7, pág. 904.
  76. _______, en la Adventist Review, 29 de Marzo de 1990.
  77. _______, en la Adventist Review, 19 de Abril de 1990.
  78. _______, en la Adventist Review, 26 de Abril de 1990.
  79. Ibídem.
  80. Ibídem.
  81. _______, La Naturaleza de Cristo (Hagerstown, Md.: Review and Herald Pub. Assn., 1994) Él consideró la noción de una iglesia dividida sobre la cuestión de la perfección.
  82. Ídem, págs. 19-36.
  83. Ídem, págs. 37-54.
  84. Ídem, págs. 68-69.
  85. Ídem, pág. 58. Adams dice seguir la interpretación "como todos los seminaristas universitarios de los últimos 25 años, o recibida de los labios del profesor de teología, Dr. Raoul Dederen, que por muchos años lección en nuestras universidades.
  86. Ver nuestro capítulo 9.
  87. Jean Cazeaux, en la Revue Adventiste, Julio de 1969.
  88. Alfred Felix Vaucher (1887-1993) estuvo directamente ligado con el inicio de la Iglesia Adventista en Europa. Como pastor y profesor, él también se volvió un investigador especializado en el campo de la profecía bíblica. Él fue distinguido por la Andrews University, que lo premió con el grado de doctor honoris causa, en 1963, por los méritos de sus contribuciones.
  89. Vaucher, en la Revue Adventiste, Febrero de 1978. Ver también la revista Servir, primer trimestre de 1957, págs. 17-18.
  90. Ibídem, pág. 5.
  91. Vaucher, La Historia de la Salvación, cuarta edición (Dammarie-les-Lys, França: Ediciones Vie et Santé, 1987), págs. 193-198.
  92. Paul Nouan, en la Revue Adventiste, Diciembre de 1994, presenta el problema de la naturaleza de Cristo de modo semejante al de la Cristología de Heppenstall.
  93. Los pastores de Bélgica, España, Francia, Italia, Portugal y Suiza, así como los de muchos otros países de Europa, África y Américas, son preparados en la Facultad Adventista de Teología de Collonges-sous-Salève, Francia.
  94. Ver nuestro capítulo 12.
  95. Georges Stéveny, La Descubierta de Cristo (Dammarie-les-Lys, França: Editions Vie et Santé, 1991).
  96. Ídem, págs. 229-299.
  97. Ídem, pág. 259.
  98. Ídem, pág. 284.
  99. Ídem, pág. 287.
  100. Ídem, pág. 288-289.
  101. Ídem, pág. 292.
  102. Ibídem.
  103. Ídem, pág. 293.
  104. Ídem, pág. 296.
  105. Ídem, pág. 298.
  106. William G. Johnsson, en la Adventist Review, 8 y 22 de Julio de 1993; 12, 19 y 26 de Agosto de 1993.
  107. Ídem, 8 de Julio de 1993.
  108. Ídem, 12 de Agosto de 1993.
  109. Ver nuestro capítulo 12.
  110. Johnsson, en la Adventist Review, 12 de Agosto de 1993.
  111. Ídem, 19 de Agosto de 1993.
  112. Ibídem.
  113. Ídem. Ver The Seventh-day Adventist Bible Commentary, Ellen G. White Comments, vol. 5, pág. 1128.
  114. Johnsson, en la Adventist Review, 19 de Agosto de 1993. Pero compare lo que Ellen White escribió en su carta al Dr. J. H. Kellogg fechada el 29 de Agosto de 1903 (publicada en la Adventist Review, 7 de Febrero de 1994) y discutida en nuestro capítulo 14.
  115. _______, en la Adventist Review, 26 de Agosto de 1993.
  116. Ibídem.
  117. Ibídem.
  118. Ibídem.
  119. Ver observaciones de Jack Sequeira en la Adventist Review del 23 de Septiembre de 1993.
  120. Jack Sequeira, Beyond Belief: The Promise, The Power and the Reality of the Everlasting Gospel (Más Allá de la Creencia: la Promesa, el Poder y la Realidad del Evangelio Eterno) (Boise, Idaho: Pacific Press Pub. Assn., 1993). Sequeira nació en Quenia. Estudió teología en el Newbold College, Inglaterra. Por 12 años fue misionero en África, habiendo pastoreado en seguida diversas iglesias en los Estados Unidos. Al tiempo de ese libro, él era el pastor-jefe de la Capital Memorial Seventh-day Adventist Church en Washington, D.C.
  121. Ídem, pág. 7.
  122. Ídem, pág. 11 (itálicos suplidos).
  123. Ídem, pág. 17.
  124. Ídem, ver págs. 13-16.
  125. Ídem, pág. 14.
  126. Ídem, pág. 41.
  127. Ídem, págs. 41-42.
  128. Ídem, pág. 43.
  129. Ídem, pág. 44.
  130. Ídem, pág. 54.
  131. Knight, From 1888 to Apostasy, pág. 144.
  132. Ídem, Ver Adventist Review, 17 de Febrero de 1994.
  133. Ellen G. White, carta 303, 1903.
  134. Ibídem.
  135. E. G. White, Early Writings, pág. 150. Ver nuestro capítulo 2.
  136. Johnsson, en la Adventist Review, 17 de Febrero de 1994.
  137. Adventist Review, 18 de Febrero de 1994.
  138. Ellen G. White, carta 303, 1903.
  139. Ibídem.
  140. Ibídem.