Sería errado pensar que la cuestión de la naturaleza humana de Cristo sea apenas de interés y preocupación de los teólogos. Presentemente, ella ha perturbado muchos miembros de la iglesia, amenazando dividirlos. La siguiente carta, enviada por un lector a los editorede la Adventist Review, es un buen indicador de esa realidad.
"La iglesia de que soy miembro está dividida en la cuestión de la naturaleza de Cristo. Surgen argumentos en las clases de la Escuela Sabática, después de las reuniones de la iglesia, en las comidas sabáticas, en los encuentros de oración, al teléfono, en todo lugar. Las personas están realmente perdiendo la amistad al debate sobre la naturaleza de Cristo. ¿Es, de hecho, necesario decidir sobre ese punto para ser un buen adventista? Eso me aborrece, ¿pero qué puedo hacer?"[1]
Para responder a esas angustiosas preguntas, no basta decir, como fue hecho en ese caso, que ese es un asunto del "gran misterio", que precisamos "estudiar la Biblia y el Espíritu de Profecía diligentemente y pensar que las tendencias de la iglesia sobre esa cuestión son dignas de toda aceptación, y que deben ser evitadas todas las discusiones acrimoniosas".[2] La iglesia precisa tener también una respuesta adecuada y suficiente para traer conforto a la consciencia turbada, y satisfacer la mente ansiosa de comprender esa verdad vital, acerca de la cual Ellen White declara: "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Ella es el ello dorado que liga nuestra alma a Cristo, y a través de Cristo a Dios. Ella debe ser nuestro estudio".[3]
Habiendo comprendido la importancia de la naturaleza humana de Cristo en el plan de la salvación, los pioneros adventistas hicieron de ella la piedra de toque de su Cristología, en armonía con el consejo dado por el apóstol Juan: "En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo vino en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios. Sino que es el espíritu del anticristo..." (1 Juan 4:2-3)
¿Eso es Realmente Esencial?
Una vez que la controversia acerca de la naturaleza humana de Cristo alcanzó grandes proporciones, muchos adventistas se han seriamente preguntado: ¿Es realmente imperioso decidir sobre eso?
Ya en 1978, el presidente de la Asociación General, Robert Pierson, estaba deseoso de ponerle un fin a la división sobre la cuestión que, en su mente, no era esencial para la salvación.[4] Por la misma razón, el artículo 4 de las creencias fundamentales, votado en la reunión de la Asociación General de 1980, el cual dice respecto al "Hijo", silencia sobre el asunto.
Es verdad que nadie consideraría como esencial para la salvación la correcta comprensión intelectual de una doctrina específica. Como George Knight apropiadamente afirmó: "No es nuestra teología que nos salva, sino el Señor de nuestra teología".[5] Aceptar a Jesús como nuestro Salvador y participar de Su vida divina nos hace auténticos discípulos de Cristo. Pocos de los discípulos de Jesús, a través de los siglos, se preocuparon con detalles de la Cristología que discutimos hoy. Pero, semejantemente al ladrón en la cruz, poseían la certeza de la salvación por la fe en Jesucristo. "No alabamos el evangelio, sino a Cristo. No adoramos el evangelio, sino al Señor del evangelio"[6] , exclama Ellen White.
Sin embargo, eso no significa que el contenido del evangelio o las doctrinas no sean importantes. ¡Lejos de eso! El vivir cristiano y el crecimiento espiritual son posibles apenas a través del conocimiento de la verdad conforme ella es en Jesús. (Efe. 4:21). Todo cristiano es llamado a crecer en el "pleno conocimiento, según la imagen de aquel que lo creó". (Col. 3:10). Nadie podría apegarse apenas a los "principios elementales de los oráculos de Dios" (Heb. 5:12). Todos deberían esforzarse para comprender siempre más "los misterios de Dios" (1 Cor. 4:1), en particular "el misterio de la piedad", esto es, conocer a Cristo "manifiesto en carne... y justificado en Espíritu" (1 Tim. 3:16).
La experiencia cristiana ha mostrado una directa relación entre nuestra comprensión de la naturaleza humana de Cristo y Su obra de salvación. En otras palabras, entre Cristología y Soteriología. Engañarse sobre el significado de la Encarnación y la realidad de la humillación de Cristo, conduce inevitablemente al engaño sobre la realidad de Su obra de justificación. La historia de la Cristología adventista revela que errores de interpretación han sido cometidos, especialmente a la luz del hecho de que hoy tenemos, por lo menos, tres explicaciones acerca de la naturaleza humana de Cristo. Obviamente, ellas no pueden estar todas de acuerdo con las Escrituras y los escritos de Ellen White.
En nuestra búsqueda de la verdad, es necesario analizar y evaluar las tesis conflictivas. Los argumentos básicos de cada posición cristológica serán resumidos a seguir.
Resumen de las Tres Interpretaciones Actuales
Para que nadie concluya que la Iglesia Adventista no es clara con relación a su creencia a respecto de la Persona que es central en su fe, vamos a revisar las líneas comunes que ligan esas interpretaciones antes de examinar sus diferencias. El artículo 4 de las Creencias Fundamentales afirma con mucha claridad lo que los adventistas siempre creyeron acerca de Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre. A seguir, presentamos su íntegra, conforme votada en la sesión de la Conferencia General, en 1980:
"El Eterno Dios-Hijo se encarnó en Jesucristo. A través de El todas las cosas fueron creadas, el carácter de Dios revelado, la salvación de la humanidad realizada, y el mundo juzgado. Para siempre verdaderamente Dios, Él también Se hizo verdaderamente hombre, Jesús, el Cristo. Fue concebido del Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y sufrió tentación como un ser humano. Por Sus milagros manifestó el poder de Dios y fue confirmado como el prometido Mesías divino. Él sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar; resucitó de los muertos y ascendió al Cielo para ministrar en el santuario celestial a nuestro favor. Él vendrá nuevamente en gloria para el libramiento final de Su pueblo y la restauración de todas las cosas".[7]
Obviamente, esa declaración no expresa el punto controvertido sobre la naturaleza humana de Cristo. Sin embargo, la declaración de fe de 1872, que permaneció intocada hasta 1931, especificaba que Cristo "tomó sobre Sí la naturaleza de la simiente de Abraham, para la redención de nuestra raza caída".[8] A causa de las diferencias que surgieron en ese particular desde la década de 50, los delegados en la sesión de la Conferencia General de 1980 juzgaron más sabio abandonar esa fraseología, y substituir la fórmula que expresaba la creencia común.
Eso, sin embargo, no extinguió la controversia, la cual se intensificó hasta que los diferentes puntos de vista fuesen más claramente definidos y una interpretación alternativa surgiese. Escogemos clasificarla como alternativa porque ella toma emprestados argumentos básicos de cada una de las otras dos Cristologías, conocidas por los teólogos como posiciones póst-lapsariana y pré-lapsariana. Lo que sigue es un resumen de las tres Cristologías:
1. La Cristología Tradicional o Histórica
Esa posición posee prioridad histórica en la Iglesia Adventista. Ella es llamada póst-lapsariana porque enseña que Jesús vino en naturaleza humana caída, la naturaleza de Adán después de la caída. Consecuentemente, la carne de Cristo es considerada semejante a la de todos los seres humanos. No una carne corrompida, sino una carne que, de acuerdo con la ley de la hereditariedad, lleva consigo inherentes tendencias para pecar, tendencias a las cuales Jesús nunca sucumbió. Aun cuando fue "tentado en todos los puntos, como nosotros" (Heb. 4:15), Él no cometió pecado. De ahí, Él no apenas "condenó el pecado en la carne", sino que hizo posible que "la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos según la carne, sino según el Espíritu" (Rom. 8:3-4).
Esa enseñanza, aun cuando esté basada en el Nuevo Testamento, era contraria a las creencias básicas de la Cristiandad. Eso porque los adventistas eran considerados como herejes, ya que algunos pensaban que ellos enseñaban que Jesús era pecador por nacimiento, como el resto de la humanidad.
Muchos adventistas hoy no saben que su iglesia enseñó durante un siglo -- desde el origen del movimiento hasta 1950 -- la posición póst-lapsariana. Sin embargo, algunos teólogos adventistas, no comprendiendo como pudo ser posible para Jesús vivir sin pecar en una naturaleza humana caída, creen ser necesario formular una nueva Cristología.
2. La Nueva Cristología o la Posición Pré-Lapsariana
El argumento básico de la nueva Cristología es bien conocido: Jesús "asumió la naturaleza humana de Adán sin pecado", esto es, la naturaleza de Adán antes de la caída. En verdad, "en El no había pecado, ya sea heredado o cultivado, como es natural en todos los descendientes de Adán". Del mismo modo, "si Cristo fue tentado en todos los puntos como nosotros", eso nunca ocurrió como proveniente de Su íntimo, una vez que Él no heredó de Adán ninguna de nuestras propensiones para el mal.[9]
En suma, "lo que quiera que Jesús haya asumido, no lo fue intrínseca o innatamente... Todo lo que Jesús adoptó, todo lo que Él soportó, ya sea el fardo y la penalidad de nuestras iniquidades, o las dolencias y fragilidades de la naturaleza humana -- todo fue experimentado vicariamente"[10] "Vicariamente Él tomó nuestra pecaminosa y caída naturaleza... Soportó nuestras debilidades, tentaciones, vicariamente, del mismo modo que soportó nuestras iniquidades".[11]
Es difícil comprender por qué la enseñanza tradicional fue súbitamente puesta a un lado. Aparentemente, no fue tanto por falta de conocimiento de la posición histórica, como por el deseo por parte de algunos de ser reconocidos como cristianos "auténticos".
Más sorprendente es que los promotores de la nueva Cristología apoyaron su causa en los escritos de Ellen White. Así la disputa se resumió a diferencias de interpretación con respecto a ciertas declaraciones cruciales de la Sra. White.
3. La Cristología Alternativa
La Cristología alternativa es más reciente y probablemente la más difundida hoy. Ella es ahora promovida por el libro En Esto Creemos,[12] que fue preparado por más de 200 representativos líderes y eruditos seleccionados de los más altos niveles de la denominación.
En armonía con la Cristología tradicional de los pioneros, la postura alternativa enseña que Jesús tomó la naturaleza de Adán después de la caída. Obviamente, de acuerdo con sus defensores, Cristo no vino en "poder y esplendor" o aun con la naturaleza impecable de Adán. Al contrario, Él tomó la forma de siervo, con la naturaleza debilitada por 4000 años de degeneración racial.
Eso no implica, sin embargo, que Jesús haya heredado "malas tendencias" de Adán. Aun cuando el cuerpo de Cristo estuviese sujeto a la deterioración física y haya heredado las debilidades de la constitución corporal del hombre, Él no recibió ninguna de las inclinaciones para el mal asociadas a la caída naturaleza humana.
Basados en la fórmula emprestada de una de las fuentes de Ellen White, el ministro anglicano Henry Melvill, ellos sostienen que Jesús heredó de Adán apenas "simples debilidades" y "características tales como hambre, dolor, debilidad, tristeza y muerte. A pesar de ser consecuencias del pecado, ellas no son pecaminosas".[13] Así, Cristo no era exactamente como Adán antes de la caída y ni después de ella. Diferentemente de otros seres humanos caídos, Él nació sin tendencias para el mal. En ese punto ellos concuerdan con la nueva Cristología.
Cada una de esas Cristologías es definida en la base de la hereditariedad humana. Obviamente, las diferencias de interpretación sugieren que pueden haber sido cometidos errores. Ellen White apunta la causa principal: "Cometemos muchos errores a causa de nuestros errados puntos de vista acerca de la naturaleza humana de nuestro Señor. Cuando le conferimos a Su naturaleza humana un poder que no es posible para el hombre obtener en sus conflictos con Satanás, destruimos la integralidad de Su humanidad".[14]
Esa declaración sugiere claramente el criterio por el cual una interpretación debe ser evaluada. Precisamos reconsiderar toda interpretación que apoque o obscurezca la participación de Cristo en la naturaleza humana pecaminosa, si deseamos retornar a la Cristología bíblica.
Errores de Evaluación
En las diversas reuniones anuales del Patrimonio de Ellen G. White, tuvimos la oportunidad no apenas de estudiar la Cristología de los pioneros, sino también de criticar ciertos aspectos de la nueva Cristología.
El primero de los errores fue pasar por alto la enseñanza tradicional de la iglesia. Es difícil comprender por qué las unánimes declaraciones hechas por líderes adventistas por más de un siglo debiesen ser condenadas sin una verificación más seria. Si los defensores de la nueva Cristología hubiesen examinado la literatura oficial de la iglesia a la luz de la historia, aun si hubiese sido apenas superficialmente, probablemente no habrían declarado que apenas una minoría de los adventistas escribió que Cristo tomó la naturaleza humana caída de Adán después de la caída. Fuera de eso, ellos nunca habrían osado decir que "esa equivocada posición de la minoría" procedía de unos pocos "lunáticos irresponsables".[15]
El más grave error de análisis fue cometido en la interpretación de la enseñanza de Ellen White, sobre el cual los abogados de la nueva teología se basaron para mostrar que Cristo tomara la naturaleza impecable de Adán antes de la caída. Esa afirmación no es encontrada en ningún lugar de los escritos de Ellen White; pero lo contrario de ella es afirmado centenas de veces. ¿Cómo, entonces, podría alguien escribir que "en apenas tres o cuatro lugares en todos esos inspirados consejos" de Ellen White existen alusiones hechas a la naturaleza humana caída asumida por Cristo?[16]
Los estudiosos evangélicos, con quien el problema de la Encarnación fue discutido en los años cincuenta, no estaban errados cuando dirigieron la mira de su crítica contra el libro Estudios Bíblicos Para el Hogar. Ese volumen declaraba que Cristo vino "en carne pecaminosa". ¿Por qué ellos fueron llevados a creer que "esa expresión pasó desapercibida en el libro por algún error desconocido?"[17] Ese libro, de hecho, hasta cuando la Cristología fue cambiada cerca de 1950, era el más representativo de las creencias generales de los adventistas.
Finalmente, la manera como la nueva Cristología fue presentada se constituyó en un error complementario. Publicándola sin los nombres de los autores y bajo el título Seventh-day Adventists Answer Questions on Doctrine (Los Adventistas del Séptimo Día Responden a Cuestiones Sobre Doctrina), solamente podría provocar una justificada reacción. ¿Por qué debería la nueva Cristología de Questions on Doctrine ser considerada más en armonía con la verdad bíblica que aquella inicialmente contenida en Estudios Bíblicos? Solamente un examen crítico de los diferentes puntos de vista puede proveer una respuesta.
Una Doctrina Condenada Por la Iglesia
La nueva Cristología fue presentada por sus patrocinadores como "el nuevo marco histórico" del adventismo. Obviamente, para los creyentes adventistas esa enseñanza era nueva, pero no para los demás cristianos. De hecho, ella fue antes un lamentable retroceso a la antigua enseñanza de las principales iglesias cristianas.
A fin de considerar Cristo como teniendo una impecable naturaleza humana, como la de Adán antes de la caída, los concílios de la Iglesia Católica creyeron ser necesario crear el dogma de la inmaculada concepción de María. Las iglesias protestantes, en contraste, basaban su Cristología en la doctrina agustiniana del pecado original, de acuerdo con la cual todos los hombres son pecadores y culpados por nacimiento. Cristo, por lo tanto, no podría asemejarse a ellos, ya que Él no fue ni pecador ni culpado. De ahí la creencia general de que Jesús, desde Su encarnación, asumiera la naturaleza humana de Adán antes de la caída.
Los pioneros adventistas se opusieron a las doctrinas de la inmaculada concepción y del pecado original. Algunos nuevos conversos al adventismo algunas veces tenían dificultades en comprender como Cristo, con una caída naturaleza humana, podría vivir sin pecado, como los pioneros enseñaban. Cartas fueron escritas a Ellen White "afirmando que Cristo no podría haber tenido la misma naturaleza que el hombre, pues si así fuese, Él habría sucumbido bajo tentaciones similares". He aquí su respuesta: "Si Él no tuviese la naturaleza del hombre, no podría ser nuestro ejemplo. Si Él no fuese participante de nuestra naturaleza, no podría haber sido tentado como el hombre lo es. Si no Le fuese posible ceder a la tentación, Él no podría ser nuestro ayudador".[18]
La nueva Cristología no es apenas un retroceso a las antiguas creencias cristianas; ella es también un retorno a una creencia ampliamente rechazada por la Iglesia Adventista. Acordémonos de la infeliz experiencia del movimiento de la carne santa. Ese movimiento también enseñaba que "Cristo tomó la naturaleza humana de Adán antes de la caída; así Él asumió la humanidad como ella se encontraba en el Jardín del Edén".[19]
Tal enseñanza fue discutida y rechazada en la sesión de la Conferencia General de 1901. Cuando Ellen White fue informada al respecto, volvió de Australia y personalmente se opuso a la doctrina de la carne santa. Ella no dudó por un sólo momento para describirla como "erradas teorías y métodos" y una "invención barata y miserable de teorías humanas, engendrada por el padre de las mentiras".[20]
Los proponentes de la nueva teología nunca mencionan ese incidente en su historia de las doctrinas adventistas. Considerando que el autor de Movement of Destiny recuerda pormenorizadamente como los pioneros sobrepujaron sus diferencias a respecto de la naturaleza humana de Cristo, él no dice una simple palabra sobre lo que ellos enseñaban uniformemente sobre Su naturaleza humana. Sin embargo, él dedica varios capítulos al mensaje de 1888 y al papel desempeñado por Waggoner y Jones, pero conserva significativo silencio cuanto a su Cristología. A pesar de ello se constituyó en la base de su mensaje de la justificación por la fe.
Métodos Tendenciosos
La declaración original de la nueva Cristología fue hecha en Ministry, en Septiembre de 1956, sección 11, apoyada en nueve citas de Ellen White, sin comentarios o referencias bíblicas. El título general anuncia el concepto básico de la nueva teología: "Tomó la Impecable Naturaleza de Adán Antes de la Caída." Entonces, para introducir cada una de las citas, hay subtítulos pretendiendo reforzar la idea principal envuelta, tales como: "Cristo Asumió la Humanidad Como Dios la Creó", "Tomó la Forma Humana, Pero no la Corrompida y Pecaminosa Naturaleza", "Asumió la Naturaleza Humana Impecable de Adán", "Perfecta Impecabilidad de la Naturaleza Humana", etc.[21]
Nadie precisa ser un especialista para notar que ninguna de las citas de Ellen White presentadas en ese documento realmente se armoniza con esos subtítulos. Ellen White nunca escribió lo que esos títulos insinúan. En verdad, ella afirma exactamente lo opuesto. Pero ninguna de esas declaraciones es mencionada. Habiendo aceptado la posición común del cristianismo con respecto a la naturaleza humana de Cristo, y aparentemente convencidos de que esa era la posición de Ellen White, los editores publicaron una selección tendenciosa de citas para justificar sus puntos de vista, sin fundamento textual objetivo.
Una declaración sucinta, registrada en Movement of Destiny, se constituyó en otro ejemplo típico. Cada afirmación citada sin referencia merece ser cuidadosamente examinada, colocada en su contexto inmediato y explicada a la luz de la enseñanza general de Ellen White.[22] Restringiremos nuestra demostración a la siguiente sentencia: "Cristo era como Adán antes de la caída -- 'un ser puro, impecable, sin mancha de pecado sobre Sí'".[23]
Pero eso hace violencia al texto original. La primera parte, "Cristo era como Adán antes de la caída", es presentada como procedente de la pluma de Ellen White, al paso que, en realidad, es de la labra del autor del texto. La segunda parte; '-- 'un ser puro, impecable, sin mancha de pecado sobre Sí', es en verdad una descripción que Ellen White hace de Adán y no de Cristo. He aquí la declaración como presentada en su contexto original: "El primer Adán fue creado un ser puro, impecable, sin mancha de pecado sobre sí; él era la imagen de Dios... Pero Jesucristo era el unigénito Hijo de Dios. Él tomó sobre Sí la naturaleza humana y fue tentado en todos los puntos como el ser humano".[24]
Si esa declaración registrada en la carta de Ellen White a W. H. L. Baker no fue suficientemente explícita, la siguiente, encontrada en El Deseado de Todas las Gentes, no deja duda sobre lo que ella enseñaba sobre el asunto: "Cristo debía redimir, en nuestra humanidad, la falla de Adán. Cuando este fue vencido por el tentador, sin embargo, no tenía sobre sí ninguno de los efectos del pecado. Se encontraba en la pujanza de la perfecta varonilidad, poseyendo el pleno vigor de la mente y del cuerpo. Se encontraba circundado de las glorias del Edén... No así cuanto a Jesús, cuando penetró en el desierto para medirse con Satanás. Por cuatro mil años estuviera la raza a decrecer en fuerzas físicas, vigor mental y moral; y Cristo tomó sobre Sí las debilidades de la humanidad degenerada. Únicamente así podía salvar al hombre de las profundidades de su degradación".[25]
Otro ejemplo de "métodos errados" está en ignorar declaraciones evidentes de El Deseado de Todas las Gentes, a favor de otras contenidas en la carta Baker. Apenas alguien que perdió todo sentido de proporción podría escribir que las declaraciones contenidas en la carta Baker -- "fuertemente contrabalanceadas", "tres o cuatro lugares" -- en la cual Ellen White usa los términos "naturaleza caída" y "naturaleza pecaminosa", para describir la naturaleza humana asumida por Cristo.
En vista a esos "errados métodos y teorías", apenas una exégesis saludable, que tome en cuenta todas las fuentes disponibles y el significado de los términos empleados, hará posible restablecer la unidad interpretativa con respecto a la naturaleza humana de Cristo. Es verdad que muy pocos defensores actuales de la nueva Cristología aún siguen los métodos equivocados de sus fundadores. Hoy un simple argumento -- de hecho, una simple palabra -- es usada por muchos de ellos para justificar su punto de vista. ¿Pero resistirá ese argumento a un cuidadoso escrutinio?
Un Argumento Ficticio, una Expresión Desencaminadora
El método y el sistema de interpretación empleados en el libro Question on Doctrine difieren un tanto de aquellos usados en el argumento básico de la nueva Cristología. Aquí, los proponentes no más afirman explícitamente que "Cristo tomó la impecable naturaleza de Adán antes de la caída", aun cuando mantengan firmemente que "en Su naturaleza humana, Cristo era perfecto e impecable".[26] Ellos no niegan más que "Él era el segundo Adán, viniendo en 'semejanza' de carne humana pecaminosa (Rom. 8:3)."[27] Reconocen que Ellen White "ocasionalmente" usaba expresiones tales como "naturaleza pecaminosa" o "naturaleza caída" de Cristo.[28]
Sin embargo, están ansiosos para especificar que "lo que quiera que Jesús haya tomado, no era Suyo innata o intrínsecamente... Todo lo que Jesús asumió, todo lo que Él soportó -- ya sea la carga y la penalidad de nuestras iniquidades, o las enfermedades y debilidades de nuestra naturaleza humana -- fue adoptado vicariamente".[29] De acuerdo con los autores de Question on Doctrine, "es en ese sentido que todos deberían comprender los escritos de Ellen G. White, cuando ella se refiere ocasionalmente a pecaminosa, caída y deteriorada naturaleza humana".[30]
Si Ellen White hubiese realmente escrito que Cristo tomó nuestra naturaleza humana apenas vicariamente, así como los pecados de todo el mundo, ese sería un fuerte argumento. En realidad, ella nunca usó el adverbio "vicariamente",[31] ni jamás escribió que Cristo "tomó la naturaleza humana impecable".[32]
Por otro lado, la Sra. White usó apenas una vez la palabra vicario con relación al sacrificio redentor de Cristo.[33] Ciertamente Jesús no podría perdonar pecados e imputarle Su justicia a los pecadores penitentes de otro modo sino por la substitución. Pero afirmar que Él tomó vicariamente la caída naturaleza humana, significa decir que Él la asumió apenas aparentemente y no en realidad. Eso también significaría que la muerte de Cristo debería ser entendida vicariamente, una vez que el salario del pecado es la muerte y la naturaleza humana de Jesús era impecable. En suma, esa especie de razonamiento lleva, al final de cuentas, al docetismo, esto es, una Cristología en la cual Jesús es un ser humano apenas aparente.
Nos es inconcebible que Ellen White haya insistido sobre la realidad de la participación de Cristo "en la carne y en la sangre" de la humanidad, "en semejanza de carne pecaminosa", queriendo decir que esa relación fue apenas vicaria. Esa expresión no es encontrada en parte alguna de sus escritos, así, no hay soporte para tal interpretación. Al contrario, Ellen White no cesó de enfatizar la realidad de la naturaleza humana caída adoptada por Cristo.
¿Cómo podría ella haber dicho eso más claramente? "Cristo no dio a entender que tomó la naturaleza humana; Él, de hecho, la tomó. En realidad, Cristo tenía la naturaleza humana." Y para no dejar cualquier duda sobre ese tipo de naturaleza, ella añade: "'Por lo tanto, visto como los hijos son participantes comunes de carne y sangre, también Él semejantemente participó de las mismas cosas...' (Heb. 2:14) Él era el hijo de María; la simiente de David de acuerdo con la descendencia humana. Cristo declaró ser un hombre, el hombre Cristo Jesús'".[34] "Él no poseía la mera semejanza de un cuerpo, sino que tomó la naturaleza humana participando de la vida de la humanidad".[35] "Él no apenas Se hizo carne, sino que fue hecho en semejanza de carne pecaminosa".[36]
Ellen White no usaba, como regla, un lenguaje simbólico y metafórico con doble significado. El principio por ella expresado con relación a la interpretación del lenguaje bíblico, se aplica igualmente al suyo propio: "El lenguaje de la Biblia debería ser explicado de acuerdo con su significado obvio, a menos que un símbolo o figura sea empleado".[37] Ella escribió en lenguaje claro que significa exactamente lo que pretendía decir. Eso es aún más necesario con respecto al delicado y difícil tópico de la naturaleza humana de Cristo.
Puntos Fuertes y Débiles de la Cristología Alternativa
Nuestra apreciación sería incompleta si los conceptos básicos de la Cristología alternativa no fuesen sometidos a un examen crítico. Por un lado, esa posición intermediaria tiene el mérito de reforzar la posición póst-lapsariana; pero por otro, ella perpetúa el error principal de la posición pré-lapsariana al declarar impecable la naturaleza humana de Cristo.
De hecho, los patronos de la Cristología alternativa afirman, como los pioneros, que la humanidad de Cristo no era la inocente humanidad de Adán antes de la caída. A fin de poder realizar la obra de salvación para la cual el Padre envió Jesús en carne "semejante al pecado", fue necesario que Él viniese "en Su encarnación en la humilde forma de siervo, retratando servidumbre, sujeción, subordinación. Él tomó una debilitada naturaleza humana y no la perfecta naturaleza de Adán antes de haber pecado".[38]
Esa posición hace un gran progreso en la dirección de un retorno a la verdad central del evangelio. Pero ella aún se prende a la idea equivocada del pecado original, de acuerdo con la cual los seres humanos nacen pecadores. Visto que a Jesús no le sería permitido heredar pecado, Él precisaba nacer con una naturaleza impecable. Consecuentemente, dicen ellos, que Cristo heredó apenas las debilidades de la constitución física del hombre, "simples debilidades": hambre, dolor, debilidad, tristeza y muerte", pero no "tendencia para pecar" o "propensiones pecaminosas".
Esas conclusiones encubren muchos lamentables engaños. El primero envuelve la misión de Jesús. El propósito de la Encarnación no era librar la humanidad de todas las "simples debilidades", sino libertarla del pecado interior que "me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros" (Rom. 7:23). Para librarnos de la esclavitud del pecado es que Jesús fue enviado en "semejanza de carne pecaminosa" y tuvo que ser hecho "semejante a Sus hermanos." (Heb. 2:17)[39]
Hay también equivocaciones en ciertas expresiones tales como "propensiones heredadas" y "malas propensiones". Ellas no son semejantes en las obras de Ellen White. Propensión es una tendencia, una inclinación, una atracción a la tentación. Si resistida ella no se vuelve pecado. "Propensiones heredadas" se vuelven "malas propensiones" apenas después que cesó la tentación. Ellen White dice: "No Lo expongan [Cristo] delante del pueblo como un hombre con propensiones para pecar. Él es el segundo Adán. El primer Adán fue creado puro, impecable, sin una mancha de pecado sobre sí... A causa del pecado, su posteridade nació con inherentes propensiones para la desobediencia. Pero Jesucristo era el Hijo Unigénito de Dios. Él tomó sobre Sí mismo la naturaleza humana... Ni por un momento hubo en El una mala propensión".[40] Evidentemente, "Él sabe por experiencia cuales son las debilidades de la humanidad, cuáles son nuestras necesidades, y donde yace la fuerza de nuestras tentaciones; pues Él fue "tentado en todas las cosas, como nosotros, pero sin pecado' (Heb. 4:15)".[41]
Igualmente, hay un malentendido entre las expresiones "malas tendencias" y "malas propensiones". Ellen White hace una clara distinción entre ambas locuciones. Mientras declara solemnemente que Jesús nunca tuvo "malas propensiones",[42] también afirma que Él tenía que enfrentar y estar sujeto a todas las malas tendencias de las cuales el hombre es heredero, operando de toda manera concebible para destruir Su fe".[43]
Como William Hyde observó: "aun cuando era oprimido por las debilidades de la humanidad caída, Jesús nunca permitió que las tendencias y propensiones de la raza humana se volviesen malas. Él nunca permitió que una debilidad humana se volviese un pecado personal. Aun cuando tentado a pecar, nunca participó del pecado, nunca desarrolló propensiones malas o pecaminosas".[44]
Para justificar el punto de vista de que Jesús poseía una naturaleza humana sin pecado, Heppenstall afirmó que el pecado nunca fue transmitido por "propagación natural". Siendo "una cosa espiritual", el propio pecado no puede "ser transmitido genéticamente".[45] Si eso fuese verdad, debería ser válido para toda la humanidad, lo que claramente no es el caso. Al declarar que Jesús nació "de mujer, nació bajo la ley" (Gal. 4:4), Pablo confirma que Jesús heredó, como todos los hombres, "los resultados de la operación de la gran ley de la hereditariedad. Lo que fueron esos resultados es mostrado en la historia de Sus antepasados terrestres. Él vino con tal hereditariedad para compartir de nuestros dolores y tentaciones, y darnos ejemplo de una vida impecable".[46] La diferencia entre Jesús y el restante de la humanidad no procede del hecho de que todos los humanos son pecadores por hereditariedad. Ellos son pecadores "porque todos pecaron" (Rom. 5:12). Solamente Jesús nunca pecó, aun cuando vino "en semejanza de carne pecaminosa".
Obviamente, los ancestrales de Cristo poseían más que "simples debilidades". Ellen White afirma que "Cristo tomó sobre Sí las debilidades de la humanidad degenerada. Solamente así podría Él rescatar al hombre de las profundidades de su degradación"[47] "Al tomar sobre Sí la naturaleza del hombre en su condición caída, Cristo no participó, en lo mínimo que fuese, de su pecado".[48]
Para explicar esa paradoja, es imperativo que nos abstengamos de los errores de la inmaculada concepción y del pecado original. Eso es lo que trataremos de hacer en el capítulo final, con base en la Escritura.
Notas y Referencias