No es la primera vez que la Iglesia Adventista ha confrontado serios problemas teológicos. Ninguna de las doctrinas de la iglesia fue aceptada sin un cuidadoso y diligente estudio, algunas veces seguido por largos períodos de discusión, investigación y oración. Comparando sus divergentes convicciones, los pioneros fueron capaces de excluir errados conceptos teológicos heredados de varias tradiciones cristianas, y aclarar verdades bíblicas tales como reveladas por las Escrituras.
Para cumplir su tarea, el principio aplicado era consistente con el praticado por los reformadores: sola scriptura (Sólo la Escritura). "La Biblia, y sólo la Biblia, es nuestro credo... El hombre es falible, pero la Palabra de Dios es infalible... Ergamos la bandera en la cual está escrito: 'La Biblia es nuestra regla de fe y disciplina'".[1] Ese fue el fundamento sobre el cual las creencias esenciales de la Iglesia Adventista fueron establecidas -- y ninguno otro más.
Cuando el problema de la justificación por la fe fue discutido en Minneapolis, en el año 1888, Ellen White creía ser necesario recordarle a los delegados el único método válido para resolver problemas doctrinales. "Tomemos la Biblia y con humilde oración y espíritu de aprendizaje, vamos al gran Maestro del mundo. ... Debemos examinar las Escrituras procurando las evidencias de la verdad... Todos los que reverencian la Palabra de Dios, tal como ella enseña; todos los que cumplen Su voluntad según lo mejor que pueden, conocerán si la doctrina es de Dios. ... Cualquier otro medio no es el modo de Dios y creará confusión".[2]
A causa de que la iglesia no siempre siguió estrictamente ese método en su búsqueda de la verdad, ella sufre hoy de un lamentable estado de confusión con respecto a la Cristología. El inevitable resultado es que la misma confusión ahora reaparece con relación a la doctrina de la justificación por la fe.[3] Es alto el tiempo de reconocer la seriedad de la situación y promover un fórum especial con el propósito expreso de profundizar la investigación sobre los diversos aspectos históricos y teológicos de la Cristología.
Este estudio no fue emprendido para recrudecer la controversia que infelizmente ya pagó un alto precio. Nuestro propósito es simplemente hacer conocida la enseñanza unánime de los pioneros de la iglesia, desde su inicio hasta los años cincuenta, así como las diversas interpretaciones presentadas por los autores en décadas recientes. La objetividad en esa cuestión requiere comprensión de toda la historia. El consejo de Ellen White -- cuyos escritos son, en sí mismos, el ámago de la controversia -- debería ser cuidadosamente seguido si esperamos alcanzar la unidad: "Que todos prueben sus posiciones por las Escrituras y substancien cada punto reivindicado como verdad por la revelada Palabra de Dios".[4]
Desde que comencé a escribir la historia de la Cristología Adventista -- intencionalmente restringida a los primeros 150 años de la iglesia (1844-1994) -- muchas obras fueron publicadas para ayudar a resolver la controversia que nos divide.[5] Cada uno de esos libros hace una significativa contribución al debate, pero a causa de sus puntos de vista antagónicos, ellos aun sostienen la confusión.
Es importante recordar la declaración de Kenneth Wood: "Antes que la iglesia proclame con poder divino el último mensaje de advertencia al mundo, ella debe unirse en torno de la verdad sobre la naturaleza humana de Cristo".[6] [Énfasis añadido] Nunca está demás repetir: "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la corriente de oro que liga nuestra alma a Cristo, y por medio de Cristo a Dios. Ese debe ser nuestro estudio".[7]
Notas y Referencias