No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano. Éxodo 20:7.
Se nos indica por qué se dio este mandamiento: No hemos de jurar "ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello".
Todo proviene de Dios. No tenemos nada que no hayamos recibido; además, no tenemos nada que no haya sido comprado para nosotros por la sangre de Cristo.--El discurso maestro de Jesucristo, 58.
Las quemantes palabras de ira no debieran ser pronunciadas, porque delante de Dios y de los santos ángeles son como una especie de blasfemia.--El hogar adventista, 399 (1894).
Este mandamiento no sólo prohíbe el jurar en falso y las blasfemias tan comunes, sino también el uso del nombre de Dios de una manera frívola o descuidada, sin considerar su tremendo significado. Deshonramos a Dios cuando mencionamos su nombre en la conversación ordinaria, cuando apelamos a él por asuntos triviales, cuando repetimos su nombre con frecuencia y sin reflexión. "Santo y terrible es su nombre". Salmos 111:9. Todos debieran meditar en su majestad, su pureza, y su santidad, para que el corazón comprenda su exaldado carácter; y su santo nombre se pronuncie con respeto y solemnidad.--Historia de los Patriarcas y Profetas, 314.
No es al hombre a quien debemos exaltar y adorar; es a Dios, al único Dios verdadero y viviente, a quien se le debe adoración y reverencia. De acuerdo con la enseñanza de las Escrituras, deshonramos a Dios al dirigirnos a los ministros dándoles el nombre de "reverendo".--The Youth's Instructor, 7 de julio de 1898.