Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Lucas 24:27.
Después que José y María lo hubieron buscado [a Cristo] por tres días, lo encontraron en el atrio del templo, sentado en medio de los doctores, que lo escuchaban, y a quienes él les dirigía preguntas. Y todos los que lo oían se maravillaban de su gran inteligencia y de sus respuestas. Formulaba sus preguntas con una gracia que encantaba a esos eruditos... Su madre no pudo menos que notar sus palabras, su espíritu, su obediencia voluntaria a sus requerimientos.
No es correcto decir, como lo han manifestado muchos escritores, que Jesucristo era semejante a todos los niños. No era como todos los niños. Muchos niños son mal educados. Pero José, y especialmente María, conservaron ante ellos el recuerdo de la paternidad divina de su hijo. Jesús fue instruido de acuerdo con el sagrado carácter de su misión. Su inclinación a hacer lo correcto fue un premio constante para sus padres.--The Youth's Instructor, 18 de septiembre de 1898.
Su conocimiento íntimo de las Escrituras nos demuestra cuán diligentemente dedicó sus primeros años al estudio de la Palabra de Dios.--El Deseado de Todas las Gentes, 51.
Cristo abrió las Escrituras a sus discípulos, comenzando con Moisés y los profetas, y los instruyó en todo lo concerniente a sí mismo, y también les explicó la profecía.--Testimonies for the Church 4:401.
Señaló las Escrituras como algo de incuestionable autoridad, y nosotros debemos hacer lo mismo.--Palabras de Vida del Gran Maestro, 25.