Hijos e Hijas de Dios

19 de noviembre

Dejemos las cosas de niños

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 1 Corintios 13:11.

No debemos permanecer siempre en calidad de niños en nuestro conocimiento y experiencia de las cosas espirituales. No hemos de expresarnos siempre en el lenguaje del que acaba de recibir a Cristo, sino que nuestras oraciones y exhortaciones deberían crecer en inteligencia a medida que aumenta nuestra experiencia en la verdad. No nos agradaría el lenguaje de un niño de seis años en uno de diez; y cuán chocante sería oír expresiones de inteligencia infantil en uno que haya llegado a la madurez. Cuando una persona llega a cierta edad, esperamos de ella una inteligencia correspondiente, de acuerdo con sus años y sus oportunidades... Y si esperamos esta manifestación de crecimiento intelectual en el niño, a medida que avanza en años, ¿no hemos de esperar también que el cristiano crezca en gracia y experiencia? El joven que haya tenido varios años de experiencia en la vida cristiana, no debería emplear el lenguaje de un bebé en Cristo...

Dios nos ha dado muchas ventajas y oportunidades, y cuando llegue el último gran día, y veamos lo que deberíamos haber alcanzado si hubiéramos aprovechado las ventajas que el cielo nos concedió, cuando veamos cómo debimos crecer en gracia, y consideremos esas cosas como Dios las considera, cuando veamos lo que hemos perdido al no crecer hasta llegar a la estatura de hombres y mujeres en Cristo, desearemos haber sido más fervientes y más decididos a alcanzar el precio de nuestra elevada vocación en Cristo Jesús.--The Youth's Instructor, 28 de junio de 1894.

Dios no desea que seáis siempre novicios. Necesita en su obra todo lo que podáis obtener aquí para lograr cultura mental y discernimiento claro. El desea que lleguéis al último tramo de la escalera, y después que avancéis hacia el reino de Dios.--The Youth's Instructor, 10 de mayo de 1900.