La Encarnación: Naturaleza de Cristo
"Como me envió el Padre, así también yo os envío". Juan 20:21. Hemos de dar un testimonio tan definido en cuanto a la verdad como es en Jesús, como lo dieron Cristo y sus apóstoles. Confiando en la eficiencia del Espíritu Santo, hemos de testificar de la misericordia, la bondad y el amor de un Salvador crucificado y resucitado, y ser así instrumentos mediante los cuales sean despejadas las tinieblas de muchas mentes, haciendo que de muchos corazones asciendan hasta Dios agradecimiento y alabanza. Hay una gran obra que ha de ser hecha por cada hijo e hija de Dios. Jesús dice: "Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre". Juan 14:15, 16. En su oración por sus discípulos, Cristo dice que no sólo oró por los que estaban en su presencia inmediata, sino "también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos". Juan 17:20. Otra vez dijo: "Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo". Juan 14:28. Así vemos que Cristo ha orado por los suyos y ha hecho promesas abundantes para asegurarles el éxito a sus colaboradores. El dijo: "Las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre". Juan 14:12.
¡Oh qué gran privilegio pertenece a los que creen y obedecen las palabras de Cristo! Lo que nos capacita para vivir una vida de santidad es un conocimiento de Cristo como el que lleva los pecados, como la propiciación de nuestras iniquidades. Ese conocimiento es la salvaguardia de la felicidad de la familia humana. Satanás sabe que sin ese conocimiento seríamos arrojados a la confusión y despojados de nuestra fortaleza. Desaparecería nuestra fe en Dios, y seríamos dejados como presas de cada artimaña del enemigo. Este ha trazado astutos planes para destruir al hombre. Su propósito es proyectar sombras infernales, como la mortaja de la muerte, entre Dios y el hombre, a fin de que pueda ocultar a Jesús de nuestra vista, de modo que olvidemos el ministerio de amor y misericordia, y quedemos cortados de todo conocimiento posterior del gran amor y poder de Dios hacia nosotros, y fuera del alcance de todo rayo de luz del cielo.
Sólo Cristo pudo representar a la Deidad. El que había estado en la presencia del Padre desde el principio, el que es la expresa imagen del Dios invisible, fue el único capaz de cumplir esta obra. Ninguna descripción verbal podía revelar a Dios ante el mundo. Dios mismo debía ser revelado a la humanidad mediante una vida de pureza, una vida de perfecta confianza y sumisión a la voluntad de Dios, una vida de humillación tal que habría rehuido aun el más encumbrado serafín del cielo. Nuestro Salvador revistió su humanidad con divinidad a fin de hacer esto. Empleó las facultades humanas, pues sólo adoptándolas podía ser comprendido por la humanidad. Sólo la humanidad podía alcanzar a la humanidad. Vivió el carácter de Dios en el cuerpo humano que Dios le había preparado. Bendijo al mundo viviendo en la carne humana la vida de Dios, mostrando así que tenía el poder para unir la humanidad con la divinidad.
Nuestra misión para Cristo
Cristo dijo: "Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiere revelar". Mateo 11:27. ¡Oh cuán borrosamente es comprendida la excelsa obra del Hijo de Dios! El tuvo en sus manos la salvación del mundo. La comisión dada a los apóstoles también es dada a sus seguidores en este siglo. "Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén". Lucas 24:47. Nuestro Salvador tiene "toda potestad... en el cielo y en la tierra" (Mateo 28:18), y se nos promete ese poder. "Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra". Hechos 1:8.
Aun cuando una iglesia esté compuesta de personas pobres, faltas de cultura y desconocidas, sin embargo, si son miembros creyentes y que oran, se sentirá su influencia en el tiempo y en la eternidad. Si avanzan con fe sencilla, dependiendo de las promesas de la Palabra de Dios, pueden realizar un gran bien. Si hacen que brille su luz, Cristo se glorifica en ellas y se promueven los intereses de su reino. Si tienen un sentido de responsabilidad individual ante Dios, buscarán las oportunidades de trabajar y brillarán como luces en el mundo. Serán ejemplos de sinceridad y de fervor celoso al realizar el plan de Dios para la salvación de las almas. Si los pobres, los que no tienen instrucción, se deciden, pueden convertirse en estudiantes en la escuela de Cristo, y él les enseñará verdadera sabiduría. La vida de humildad, la confianza semejante a la de un niño, la verdadera piedad, la verdadera religión, serán efectivas en su influencia sobre otros. Las personas que tienen una elevada cultura están propensas a depender más de su conocimiento libresco que de Dios. Con frecuencia, no buscan un conocimiento de los caminos de Dios, luchando fervientemente con él en oración secreta, aferrándose por fe de las promesas de Dios. Los que han recibido la unción celestial, avanzarán con un espíritu semejante al de Cristo, buscando la oportunidad de entrar en conversación con otros y revelarles el conocimiento de Dios y de Jesucristo a quien él ha enviado, y cuyo conocimiento es vida eterna. Llegarán a ser epístolas vivientes que revelen la Luz del mundo a la humanidad.
Cristo ha dado "a cada uno su obra". Marcos 13:34. Espera que cada uno haga su obra con fidelidad. Encumbrados y humildes, ricos y pobres, todos tienen una obra que hacer para el Maestro. Cada uno está llamado a la acción. Pero si no obedecéis la voz del Señor, si no hacéis su obra señalada con firme confianza en Cristo como vuestra suficiencia, si no seguís su ejemplo, "malo y negligente siervo" se registrará junto a vuestro nombre. A menos que sea comunicada a otros la luz que os ha sido dada, a menos que hagáis brillar vuestra luz, ésta se convertirá en tinieblas y vuestra alma será dejada en un terrible peligro. Dios dice a cada uno que conoce la verdad: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". Mateo 5:16. Comunicad a otros el conocimiento de la verdad. Este es el plan de Dios para iluminar al mundo. Si no permanecéis en vuestros puestos designados, si no hacéis que brille vuestra luz, quedaréis envueltos en tinieblas. Dios exhorta a todos los hijos e hijas de la familia celestial a que estén plenamente aparejados, de modo que en cualquier momento puedan entrar en las filas, listos para la acción. El corazón enternecido y lleno de simpatía por el amor de Jesús encontrará las preciosas perlas designadas para el cofre del Señor Jesús.