Mensajes Selectos, Tomo 3

Capítulo 35

Enseñando la reforma pro salud en la familia

Los padres deben ser consecuentes delante de sus hijos a la hora de comer

La obra que nos toca hacer ahora es muy solemne y ferviente. No podemos evadirla. Existe la mayor necesidad de educación en más de un sentido. Una gran necesidad que ambos de vosotros tenéis, es sentir que debéis estar bajo la supervisión de Dios. Sois su propiedad. Vuestros hijos son [también] su propiedad para ser preparados como los miembros más jóvenes de la familia de Dios, para que no se consideren especialmente complacidos en algún capricho en tanto que se les niega otro. Si vosotros fuerais observadores del mismo plan de disciplina que veis que otros siguen en su trato con sus hijos, los criticaríais severamente.

Y de nuevo: no os complazcáis cuando os sentéis a la mesa provista de una gran variedad de alimentos, y como os gustan estas cosas las comáis a la vista de vuestros hijos, mientras les decís a ellos: "No, vosotros no podéis serviros de esto, porque os hace mal", mientras vosotros coméis abundantemente de las mismas cosas que les prohibís a ellos que toquen. Vuestra disciplina en este respecto necesita reforma, y a ésta debe aplicarse el principio de la práctica.

Es una crueldad que vosotros os sentéis a tomar una tercera comida, y a tener la satisfacción de platicar y gozar, en tanto que obligáis a vuestros hijos a sentarse a un lado y a no comer nada, pensando que esto representa una excelente disciplina bajo la cual están vuestros hijos, a saber: permitirles que os vean comer y que no se rebelen contra vuestra autoridad. Ellos se rebelan. Ahora son jóvenes, pero el continuar este tipo de disciplina echará a perder vuestra autoridad.

El instar a los hijos a comer en exceso

Por otra parte parecéis temer que cuando vuestros hijos estén en la mesa no coman suficiente, y los instáis a comer y beber. No necesitáis tener la menor preocupación y manifestar la ansiedad que habéis tenido de que no coman suficiente. Sus pequeños estómagos no son grandes, y no pueden contener una gran cantidad. Por esta razón es mucho mejor dejar que tengan tres comidas en vez de dos. Si les permitís tomar una gran cantidad de alimento en una comida, sentáis la base para ensanchar sus estómagos, lo cual resulta en dispepsia.

El comer y beber lo que no les es agradable no es sabiduría. Y de nuevo: estad seguros de colocar delante de ellos precisamente los alimentos que queréis que consuman. Lo que constituye una cualidad saludable para ellos es saludable para vosotros. Pero la cantidad de alimentos, aun saludables, debe ser cuidadosamente estudiada, de manera que no se introduzca en el estómago una cantidad demasiado grande en una sola comida. Debemos ser temperantes nosotros mismos en todas las cosas, si queremos impartir las debidas lecciones a nuestros hijos. Cuando sean de más edad, cualquier falta de consideración de vuestra parte llega a hacerse notable.--Carta 12, 1884.

No establezcáis una regla única

No debe permitirse comer nada entre comidas. Yo he tomado dos comidas por día durante los últimos veinticinco años. No uso mantequilla, pero algunos de los que trabajan conmigo y que se sientan a mi mesa comen mantequilla. Ellos no pueden tomar leche, porque se les agría en el estómago, mientras que pueden tolerar una pequeña cantidad de mantequilla.

No podemos regular el asunto del régimen alimentario estableciendo una regla única. Algunos pueden comer frijoles y arvejas secas, pero para mí esos alimentos me resultan intolerables. Son como venenos. Algunos tienen apetito y gusto por ciertas cosas, y las asimilan bien. Otros no tienen apetito por esos alimentos. De manera que no puede hacerse una regla única para todos.--Manuscrito 15, 1889.