No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. Juan 5:28, 29.
En la primera resurrección el Dador de la vida llamará a su posesión adquirida, y hasta esa hora de triunfo, cuando resuene la trompeta final y marche ese vasto ejército hacia la victoria eterna, todo santo que duerme estará en un lugar seguro, y será guardado como joya preciosa, a quien Dios conoce por su nombre. Gracias al poder del Salvador que moraba en ellos mientras vivían, y debido a que fueron participantes de la naturaleza divina, serán levantados de entre los muertos.--Carta 65a, 1894.
"Vendrá hora" dijo Cristo, "cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y... saldrán". Juan 5:28, 29. Esa voz resonará en todas las moradas de los muertos; y cada santo que duerme en Jesús despertará y dejará su prisión. Entonces el carácter virtuoso que hemos recibido por medio de la justicia de Cristo, nos vinculará con la verdadera grandeza, del más alto nivel.--The Review and Herald, 20 de septiembre de 1898.
Gloriosa será la victoria de los santos que duermen [en el Señor] en la mañana de la resurrección... El Dador de la vida coronará de inmortalidad a todos los que se levanten del sepulcro.--The Youth's Instructor, 11 de agosto de 1898.
Allí está la hueste resucitada. Su último pensamiento se refería a la muerte y sus angustias. Sus ideas postreras tenían que ver con el féretro y la tumba. Pero ahora exclaman: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" 1 Corintios 15:55... Allí están en pie; y reciben el toque final de la inmortalidad cuando salen para encontrarse con el Señor en el aire... Hay dos filas de ángeles, una a cada lado... entonces la hueste angélica da la nota de victoria y las dos filas de ángeles inician el himno, y la hueste de los redimidos se les une como si ya lo hubieran entonado sobre la Tierra; y en realidad, lo han hecho. ¡Oh, qué música! No hay una sola nota discordante. Toda voz proclama: "El Cordero que fue inmolado es digno". Él, por su parte, contempla el resultado de la angustia de su alma y se siente saciado.--Manuscrito 18, 1894.