No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros. Gálatas 5:26.
La envidia y los celos son enfermedades que alteran todas las facultades del ser. Se originaron con Satanás en el paraíso. ... Aquellos que escuchan su voz, rebajarán a otros, y los desfigurarán y falsificarán a fin de hacerse la propaganda a sí mismos. Pero ninguna cosa que contamina puede entrar en el cielo; a menos que aquellos que fomenten este espíritu sean cambiados, nunca podrán entrar allí, porque criticarían a los mismos ángeles. Envidiarían la corona de otro. No sabrían de qué hablar, a menos que pudieran traer a consideración los errores y las imperfecciones de los demás.
¡Ojalá que los tales puedan ser transformados contemplando a Cristo! ¡Ojalá que lleguen a ser mansos y humildes aprendiendo de él! Ellos podrían salir, no como misioneros de Satanás, para causar desunión y alejamiento, para quebrantar y mutilar el carácter, sino como misioneros de Cristo, para ser pacificadores y restaurar. Dejad que el Espíritu Santo entre y expulse esta pasión no santificada, que no puede sobrevivir en el cielo. Dejad que muera; dejad que sea crucificada. Abrid el corazón a los atributos de Cristo, quien fué santo, inocente y puro. ...
La Palabra de Dios exhorta: "Amandoos fraternalmente, misericordiosos, amigables". 1 Pedro 3:8. El verdadero valor moral no busca hacer un lugar para sí mismo causando y hablando el mal y despreciando a otros. Toda envidia, todo celo, toda crítica, toda incredulidad, deben ser alejadas de los hijos de Dios.--The Review and Herald, 14 de septiembre de 1897, pp. 577.
La Biblia está llena de instrucción que nos ordena manifestar ... amor, paciencia y respeto en nuestro trato mutuo. El amor de Jesús en el alma nunca conduce a la malicia y la envidia. La tierna planta del amor cristiano debe cultivarse cuidadosamente. No crecerá a menos que sea cultivada.
El cielo toma nota de aquel que lleva consigo una atmósfera de paz y amor. Tal persona recibirá su recompensa. Permanecerá en el gran día del Señor.--Manuscrito 26, 1886, pp. 4, 5.