Es verdad que ningún castigo al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; mas después da fruto apacible de justicia a los que en él son ejercitados. Hebreos 12:11.
Dios sabe qué es lo mejor para nuestro bien. La disciplina particular a que somos sometidos no tiene el propósito de hacer aparecer los rasgos peores y menos apreciables de carácter, sino la humildad y hermosura de Cristo, al desarrollar las preciosas gracias de Cristo.
Necesitáis aprender a ser cristianos en la escuela de Cristo. Dios adapta su gracia a las peculiaridades de las necesidades de cada uno. "Bástate mi gracia". 2 Corintios 12:9. Cuando vuestra carga se haga más pesada, mirad hacia arriba, y mediante la fe aferraos más firmemente de la mano de Jesús, vuestro poderoso ayudador. A medida que las dificultades aumentan alrededor de su pueblo que vive en medio de los peligros de los últimos días, él envía a sus ángeles para que anden todo el día junto a ellos, y los acerquen cada vez más al sangrante costado de Jesús. Y cuando llegan las grandes pruebas, se olvidan las pruebas menores. ...
Debéis permanecer puros, leales y firmes, recordando que los rasgos de vuestro carácter quedan registrados en los libros del cielo. ... No hay circunstancia, lugar, dificultad, o privación que nos impida vivir vidas hermosas de fidelidad cristiana y conducta aprobada. ... La victoria no se encuentra rehuyendo las pruebas--librándose de ellas--sino haciéndoles frente heroicamente, soportándolas pacientemente.--Carta 29, 1884, pp. 3, 4.
Todos se encontrarán con pruebas. ... Si contempláis a Jesús ... pasaréis por pruebas, y las soportaréis con paciencia, y así os fortaleceréis para soportar la prueba siguiente.--Carta 6, 1893, pp. 2.
Es únicamente la estrechez de nuestra visión lo que impide que discernamos la benevolencia de Dios manifestada tanto en la disciplina a que somete a su iglesia, como en las grandes bendiciones que él provee. En todo tiempo de dificultad y confusión, Dios es un refugio seguro para su pueblo. A la sombra de su protección pueden seguir su camino con seguridad. En la aflicción asignada para purificarlos, el poder del Evangelio debe ser su consuelo. Encuentran fortaleza en su palabra perdurable.--Carta 54, 1908, pp. 8.