Todo aquel que lucha, de todo se abstiene. 1 Corintios 9:25.
A nosotros nos toca decidir individualmente si nuestras vidas han de ser regidas por la mente o por el cuerpo. Cada joven debe hacer por sí mismo la decisión que amoldará su vida, y no se deberían ahorrar energías para hacerle comprender las fuerzas con las cuales tendrá que contender, y las influencias que modelan el carácter y determinan el destino.
La intemperancia es un enemigo contra el cual debemos precavemos todos. El rápido aumento de este terrible mal debería incitar a la lucha a todo el que ama al género humano.--La Educación, 183.
La observancia de la temperancia y la regularidad en todas las cosas tiene un poder maravilloso. Para producir la dulzura y la serenidad del carácter que tanto contribuyen a suavizar el camino de la vida, serán de más valor que las circunstancias o las dotes naturales. Al mismo tiempo, el dominio propio así adquirido resultará ser una de las condiciones más valiosas para hacer frente con éxito a los serios deberes y las realidades que esperan a todo ser humano.
Los caminos de la sabiduría "son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz". Proverbios 3:17. Medite todo joven que tiene ante sí posibilidades de un destino superior al de reyes coronados en la lección transmitida por las palabras del sabio: "¡Bienaventurada tú, tierra, cuando... tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!"Eclesiastés 10:17.--Ibíd. 206.
Dice Dios: "Porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán". "Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo". "Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos" Proverbios 3:2; Proverbios 4:22, 16:24.
Los jóvenes necesitan comprender la profunda verdad fundamental de la declaración bíblica según la cual con Dios "está el manantial de la vida". Salmos 36:9. No sólo es el Creador de todo, sino la vida de todo lo viviente. Es su vida la que recibimos en la luz del sol, en el aire puro y suave, en el alimento que fortifica nuestros cuerpos y sostiene nuestra fuerza. Por su vida existimos hora tras hora, momento tras momento. A menos que hayan sido pervertidos, todos sus dones tienden a la vida, la salud y el gozo.
"Todo lo hizo hermoso en su tiempo" (Eclesiastés 3:11), y se obtendrá la verdadera belleza no echando a perder la obra de Dios, sino armonizándola con las leyes de Aquel que creó todas las cosas y que se complace en su belleza y perfección.--Ibíd. 197, 198.