Testimonios para la Iglesia, Tomo 7

Capítulo 48

Los ministros y los negocios

Se Me ha instruido acerca de cuán importante es que nuestros ministros permanezcan libres de llevar las responsabilidades que deberían ser atendidas mayormente por hombres de negocios. En una visión nocturna me encontraba en una reunión a la cual asistía una cantidad de hermanos que llevan sobre sí la carga de la obra. Se hallaban profundamente preocupados acerca de asuntos financieros y se preguntaban cuál sería la forma más apropiada de manejar la obra con buen éxito. Algunos pensaban que se podía limitar el número de obreros y obtener, sin embargo, los resultados esenciales. Uno de los hermanos que ocupaba una posición de responsabilidad explicaba sus planes e indicaba lo que quería ver realizado. Varios otros presentaron algunos asuntos que debían considerarse. Entonces Uno de porte digno y que tiene autoridad, se levantó y procedió a presentar diversos principios que deben servirnos de guía.

El Orador dijo a varios ministros: "Su trabajo no consiste en la atención de los asuntos financieros. No es sabio que ustedes se ocupen de esto. Dios tiene responsabilidades que ustedes deben llevar, pero si también se echan encima tareas para las cuales no están preparados, sus esfuerzos por predicar la Palabra fracasarán. Esto les acarreará tal desánimo que los descalificará para realizar la obra en que deben ocuparse, una obra que requiere un discernimiento cuidadoso y un juicio sano y desprendido".

Los que se ocupan en escribir y predicar la Palabra deberían asistir a menos reuniones de junta. Deberían encomendarles diversos asuntos menores a personas con habilidad en los negocios y evitar así las constantes tensiones que roban a la mente su vigor natural. Deberían presentar una atención más esmerada a la preservación de la salud física, porque la energía mental depende grandemente del vigor del cuerpo. Los períodos apropiados de sueño y descanso y una abundancia de ejercicio físico son esenciales a la salud del cuerpo y la mente. Se sufren pérdidas irreparables cuando se roba a la naturaleza de sus horas de descanso y recuperación al permitir a un hombre que haga el trabajo de cuatro, o de tres, o aun de dos personas.

Edúquese a hombres en líneas administrativas

Los que piensan que la idoneidad de un hombre para ocupar cierta posición lo califica igualmente para desempeñarse en varias otras, se exponen a cometer errores en su planificación para el progreso de la obra. Se exponen a colocar sobre una sola persona los problemas y cargas que deberían dividirse entre varios.

La experiencia es de gran valor. El Señor desea tener a hombres inteligentes conectados con su carga, hombres calificados para ocupar diversas posiciones de confianza en nuestras asociaciones e instituciones. Se necesitan especialmente administradores consagrados, personas que mezclen los principios de la verdad con cada transacción comercial. Los que se encargan de los asuntos financieros no deben asumir otras responsabilidades, obligaciones que serían incapaces de atender. A veces los encargados de la obra han errado al permitir el nombramiento de hombres desprovistos de tacto y habilidad para administrar importantes intereses financieros.

Algunos hombres con potencial administrativo deberían desarrollar y perfeccionar sus talentos realizando estudios y recibiendo un entrenamiento minucioso. Se los debería animar a colocarse en lugares donde, como estudiantes, puedan obtener rápidamente el conocimiento de los métodos y principios administrativos correctos. Ninguno de los administradores conectados actualmente con la causa necesita ser un novicio. Si alguien debe mejorar sus oportunidades para llegar a ser sabio y eficiente, en cualquier línea de trabajo, son las personas que usan sus talentos en la tarea de edificar el reino de Dios en este mundo. En vista de que vivimos tan próximos a la clausura de la historia de este mundo, se debería notar una mayor minuciosidad en el trabajo, una espera más vigilante, velando, orando y trabajando. El agente humano debería esforzarse por alcanzar la perfección, para que llegue a ser un cristiano ideal, completo en Cristo Jesús.

Los principios correctos son esenciales

Los que trabajan en tareas administrativas deberían tomar toda precaución posible para no cometer errores causados por la aplicación de principios o métodos equivocados. Que sus registros sean como los de Daniel en las cortes de Babilonia. Cuando todas sus transacciones administrativas fueron sometidas al escrutinio más escrupuloso, no se encontraron faltas en ningún renglón. A pesar de estar incompleto, el registro de su vida administrativa contiene lecciones dignas de ser estudiadas. Pone de relieve el hecho de que un hombre de negocios no necesita ser una persona intrigante y política. Debe ser un hombre instruido por Dios a cada paso. Daniel, mientras era el primer ministro del reino de Babilonia, era también un profeta de Dios que recibía la luz de la inspiración celestial. Su vida es una ilustración de lo que debería ser cada administrador cristiano.

Dios no acepta el servicio más espléndido a menos que el yo esté colocado sobre el altar, como un sacrificio vivo que se consume sobre él. La raíz debe ser santa, de lo contrario no se puede producir un fruto firme y saludable, que es lo único aceptable delante de Dios. El corazón se debe convertir y consagrar. La motivación debe ser correcta. La lámpara interior debe ser alimentada por el aceite que fluye de los mensajeros celestiales a través de los tubos dorados hacia el cántaro de oro. La comunicación del Señor nunca llega al hombre en vano.

La verdad, la verdad preciosa y vital, está unida al bienestar eterno del hombre, tanto en esta vida como en la eternidad que se abre delante de nosotros. "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". (Juan 17:17) Se debe practicar la Palabra de Dios. Ella vivirá y permanecerá para siempre. Mientras que las ambiciones mundanas, los proyectos mundanos y los planes y propósitos más exaltados del hombre perecerán como la hierba, "los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud como las estrellas a perpetua eternidad". (Daniel 12:3)

Actualmente la causa de Dios necesita a hombres y mujeres dotados de cualidades extraordinarias y de facultades administrativas superiores; hombres y mujeres que examinen las necesidades de la obra paciente y cabalmente en los diversos campos; personas que posean una gran capacidad de trabajo; dotadas de corazones bondadosos y acogedoras, de cabeza serena, cabales, y de juicio imparcial; que se hallen santificadas por el Espíritu de Dios y puedan decir intrépidamente "No", o "Sí" y "Amén", a las propuestas que escuchen; que sean de condiciones firmes, discernimiento claro, y corazones puros y llenos de simpatía; personas que pongan en práctica las palabras: "Todos ustedes son hermanos"; que luchen por elevar y restaurar a la humanidad caída.