Melbourne, Australia,
3 de febrero de 1898.
Estimado hermano,
Me ha sido dada luz particular respecto a que usted está en peligro de perder de vista la obra para este tiempo. Está erigiendo barreras divisivas que tienden a separar de la iglesia su obra y aquellos a quienes está educando. Esto no puede ser. Se debe convencer a los que reciben instrucción en el ramo médico misionero que el propósito de su educación es prepararlos para hacer una mejor obra en colaboración con los ministros de Dios. No olvide, hermano mío, que el Señor tiene un pueblo sobre la tierra a quien estima. Pero sus palabras, y la manera en que frecuentemente las profiere, despierta la duda en cuanto a nuestra convicción como pueblo. Usted está en peligro de perder su confianza en la fe que ha sido una vez dada a los santos y de naufragar en cuanto a su fe. Fueron pronunciadas las palabras: "Un pequeño escape de agua hunde el barco. Un eslabón débil malogra la cadena".
Educad médicos misioneros
Recuerde, hermano mío, que la obra médica misionera no es para sacar hombres del ministerio, sino más bien para colocar en el campo a hombres que estén mejor calificados para ministrar debido a que poseen un conocimiento de dicha obra. Se debe educar a hombres jóvenes en el ramo de la obra médica misionera para que luego salgan a trabajar juntamente con los ministros. No se los debe animar a entregarse exclusivamente a la obra de rescatar a los caídos y degradados. Esa obra hay que hacerla dondequiera y ha de combinarse con la obra de preparar a un pueblo que haga de la verdad bíblica una defensa contra los sofismas de los mundanos y de la iglesia caída. El tercer ángel ha de seguir adelante con gran poder. Que nadie ignore o considere de poca importancia esta obra. La verdad ha de proclamarse por todo el mundo para que hombres y mujeres abran sus ojos a la luz.
Nuestra obra presente
¿Qué dice el Señor en el capítulo cincuenta y ocho de Isaías? El capítulo entero es de suma importancia. "¿No es más bien el ayuno que yo escogí --pregunta el Señor--, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí". (Isaías 58:6-9)
"Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado". (Vers. 13, 14)
Esta es nuestra obra. La luz que hemos recibido acerca del mensaje del tercer ángel es la verdadera. La marca de la bestia es precisamente lo que se ha proclamado que es. Todavía no se entiende todo lo concerniente a este asunto, ni se entenderá hasta que el pergamino sea abierto; pero una obra de lo más solemne ha de llevarse a cabo en nuestro mundo. La orden del Señor a sus siervos es: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado". (Isaías 58:1) Ha de proclamarse un mensaje que despierte a las iglesias. Debe hacerse el mayor esfuerzo para hacer brillar la luz, no solamente ante nuestro pueblo, sino ante el mundo. Se me ha enseñado que las profecías de Daniel y el Apocalipsis deberían imprimirse en forma de libritos, con sus respectivas explicaciones, para ser difundidos por todo el mundo. Nuestro propio pueblo necesita que la luz le sea presentada con mayor claridad.
La causa de Dios no cambia
No ha de efectuarse ningún cambio en las características generales de la causa de Dios. Ella ha de sobresalir tan clara y distintamente como la profecía la ha delineado. No hemos de entrar en confederación con el mundo, suponiendo que si lo hacemos ganaremos más terreno. Hermano mío, si usted entorpece el avance de la obra que está siguiendo el rumbo que Dios ha señalado, lo desagradará en gran manera. El mensaje de advertencia ha de ser dado, y después que haya hecho usted su parte en la obra fielmente, no debe servirles de estorbo a otros de los siervos de Dios impidiéndoles que salgan a hacer la obra que deben hacer. El trabajo en favor de los degradados y caídos no ha de convertirse en la principal y más importante línea de trabajo. Esta obra ha de combinarse con la obra de instrucción en las iglesias. Nuestro pueblo debe recibir instrucción acerca de cómo auxiliar a las personas necesitadas y marginadas.
Ninguno de los aspectos de nuestra fe que nos ha hecho lo que somos ha de aminorarse. Tenemos los antiguos hitos de la verdad, la experiencia y el deber, y hemos de mantenernos firmes en la defensa de nuestros principios delante del mundo. Con corazones llenos de interés y solicitud, hemos de extender la invitación a los que están en los caminos y vallados. Es preciso que se haga la obra médica misionera. Pero ésta es solamente una parte de la obra que ha de hacerse, y no exclusivamente todo lo que hay que hacer. En relación con la obra de Dios ella debe ser lo que es la mano para el cuerpo. Puede ser que haya personas indignas relacionadas con este ministerio; no obstante, nadie puede ignorar este ministerio sin ignorar a Dios.
Palabra de precaución
Hermano mío, usted me ha sido presentado como alguien que está en peligro de separarse de nuestro pueblo, creyéndose el único y el todo. Pero si se une con aquellos que piensan como usted separado de la iglesia, que es el cuerpo de Dios, formará una confederación que ha de despedazarse, porque ninguna unión, salvo la que Dios ha forjado, ha de prevalecer. Los que están recibiendo una educación en los ramos médicos oyen insinuaciones de vez en cuando que desprestigian a la iglesia y su ministerio. Estas insinuaciones son semillas que germinarán y llevarán fruto. Es preferible que se les enseñe a los alumnos a darse cuenta de que la iglesia de Cristo en la tierra debe ser respetada. Es preciso que tengan un claro conocimiento de las razones de nuestra fe. Este conocimiento es esencial para que ellos puedan rendir un servicio aceptable ante Dios. Renglón tras renglón, mandato sobre mandato. Han de recibir la evidencia bíblica de la verdad tal cual es en Jesús.
Le ruego que por favor no les inculque a los alumnos ideas que harán que ellos pierdan su confianza en los ministros que Dios ha nombrado. Pero esto es precisamente lo que usted está haciendo, esté consciente de ello o no. En su providencia, el Señor lo ha colocado en una posición donde puede hacer una buena obra por él con relación al ministerio evangélico, presentando la verdad ante muchos que de otra manera no la llegarían a conocer. Se verá tentado a pensar que para llevar a cabo la obra médica misionera es necesario alejarse de la organización o el orden eclesiástico. Semejante posición le hará tambalear. La obra que se hace por aquellos que vienen a usted buscando instrucción no quedará completa hasta que ellos sean educados a trabajar en conexión con la iglesia.
No ha de hacerse de la obra médica misionera algo totalmente abarcante. En este sentido, usted se ha extralimitado. Hay una mayor obra que hacer. Hay que hacer circular por todo lugar las publicaciones que enseñan la verdad. Que no se anime a los estudiantes médicos a diseminar solamente libros que tratan sobre reforma pro salud. Cuídese de no estar llevando a cabo sus propios planes con descuido de los de Dios.
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Extracto de una carta escrita en 1898 desde Cooranbong, Australia.
Hermano mío, el Señor Dios de Israel debe ser su consejero. Satanás ha descendido con grande poder para obrar con todo engaño y maldad. Apóyese en Jesús con toda su fuerza. Usted ha trabajado infatigablemente para conseguir buenos resultados. Este no es el tiempo para equivocarse. Nunca, nunca procure remover ni uno de los hitos que el Señor le ha señalado a su pueblo. La verdad está firmemente establecida sobre la Roca eterna: un fundamento que ninguna tormenta o tempestad podrá eliminar.
Recuerde que tan pronto como permita usted que su influencia desvíe a otros del camino estrecho y angosto que el Señor ha designado para su pueblo, dejará de prosperar, porque Dios ya no será su guía. Vez tras vez me ha sido presentado el registro de la vida de Nabucodonosor para que lo exponga ante usted para advertirle que no confíe en su propia sabiduría ni en el brazo del hombre. No baje el estandarte de la verdad ni permita que se caiga de sus manos, para que nada que tienda a ocultar las características peculiares de nuestra fe se mezcle con el solemne mensaje para estos postreros días.