ES para el 13 de abril de 2019
El libre albedrío y la libertad de elección (domingo)
"Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: Gracia sea a vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor" (Efe 1:1-4).
Gracia: Misericordia; don de Cristo. Es el amor de Dios puesto en acción para rescatar al pecador: a vosotros y a mí. Pablo saludó así a los efesios: "A los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso", pero inmediatamente los encomienda a la gracia de Dios, por lo tanto, también habría podido escribir con propiedad: 'A los pecadores que están en Éfeso'. Él mismo se incluía entre los pecadores:
"Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Tim 1:15).
"En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo" (CC 68).
Paz: Es el efecto de la gracia, una vez que se la ha recibido con provecho.
"Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios" (Rom 5:1).
¿Hay paz en la mentira, en el disimulo, en el odio, en la envidia, en el adulterio? Paz es el resultado de haber recibido con provecho la gracia de Dios:
"Os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios" (2 Cor 6:1).
No es que la gracia se les dé a algunos y se les niegue a otros (Tito 2:11-12). Se les da a todos, pero algunos (en realidad, muchos) eligen "recibirla" en vano: la desprecian, lo mismo que Esaú despreció la primogenitura.
"En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante, vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús" (CC 68).
Finalmente, unos se salvarán y otros se perderán, pero esa gran diferencia no es el resultado de una decisión arbitraria por parte de Dios, sino el resultado de la elección personal de cada uno. Es por ello que Dios nos anima así:
"Procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás" (2 Ped 1:10).
Imaginad que alguien encuentra "casualmente" una Biblia perdida o abandonada, y sabiendo que es un libro que tiene que ver con Dios, la abre por este texto y lee:
"Cristo … nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor"
¿Creéis que tiene derecho a leerlo con fe, confiando en que ha sido escrito para él? ¿Os parece que puede leerlo creyendo que es cierto, aplicado a él?, ¿o creéis que sólo es verdadero cuando lo leemos nosotros?
-Es perfectamente cierto para él. ¡La Palabra de Dios es verdadera para toda persona!
Eso significa que desde "antes de la fundación del mundo" Cristo escogió en él a todo ser humano para que fuese "santo y sin mancha delante de él en amor".
Cristo tiene un amor inmenso hacia ese "pecador" que lee sus palabras de vida en la Biblia y las cree, aunque sea con una fe débil, vacilante. Tanto ama Dios a ese lector casual de su Palabra, que envió a su Hijo único para que se hiciera humano como él y recorriera el temible camino del Getsemaní y el Calvario para llegar hasta él y darle salvación, tal como hizo con el ladró arrepentido que le acompañaba en el Calvario.
Si al leer ese texto permite que el Espíritu Santo lo ilumine, entenderá que Jesús le está diciendo:
"Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37).
Eso equivale a las palabras de Jesús: "De cierto te digo hoy: Estarás conmigo en el paraíso". Cuando creamos realmente de esa forma, reflejaremos el amor de Cristo hacia todo ser humano -por alejado que parezca estar de Dios-, de la misma forma en que la luna refleja la luz del sol sin preguntarse a quién alumbra.
Si no aceptamos la realidad del libre albedrío, de la libertad y capacidad de elegir que Dios ha dado a sus criaturas inteligentes, y creemos que, por el contrario, la voluntad de Dios es soberana e irresistible, entonces responded a esto:
¿Quién es el culpable de la rebelión de Lucifer, y por lo tanto del conflicto de los siglos?
¿Os dais cuenta de que la mentalidad de la predestinación es una monstruosidad que tiene por objetivo poner en entredicho el carácter de amor de Dios?
Sabemos que Dios es amor. ¿Es posible amar a la fuerza, de forma maquinal o bajo la amenaza? -No. Antes de poder darse el amor, tiene que existir la libertad. Esos parámetros son imprescindibles para entender la cosmovisión que nos presenta la Biblia, que es el conflicto de los siglos al entrar el pecado, la rebelión contra Dios; y son imprescindibles para comprender la obra de la redención del pecado.
Ahora bien, hemos leído: "Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios".
Parece que Dios no eligió a todos para que sean apóstoles en el sentido en que lo fue Pablo. Dios no eligió a todos los pueblos de la tierra para que lo representaran, sino sólo a Israel. Dios no eligió a todos para que fueran profetas, y hoy no elige a todos para que sean pastores. De hecho, sabemos que "a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu, y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; a otro, operaciones de milagros, y a otro, profecía; y a otro, discreción de espíritus; y a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere" (1 Cor 12:8-11).
El Espíritu Santo, la tercera persona de la divinidad, elige los dones más apropiados para dar a cada uno, de forma que contribuyan a la edificación de la iglesia; y no da a todos los mismos dones. En su infinita sabiduría, es él quien elige qué don da a cada cual. Por ejemplo, Dios no eligió a todos los israelitas para ser reyes de Israel, sino que eligió a Saúl.
Por consiguiente, la Biblia nos presenta dos categorías distintas de elección divina.
a) La elección divina para salvación: ya hemos visto que es universal. Se aplica a todos los seres humanos. Es la redención: la expresión del amor de Dios por los pecadores, tanto como la creación fue la expresión de su amor por todos los seres humanos antes del pecado. Dios no nos ama porque lo merezcamos. Nos ama porque Dios es amor. Podemos estar seguros de su amor. Siempre, en toda circunstancia.
b) La elección divina para el servicio, para ministrar. No es una elección nuestra, sino de Dios. Es diferente para cada individuo, y a diferencia de la anterior, se aplica sólo a quienes respondieron al llamado de salvación.
Dios no eligió al pueblo de Israel para salvarlo, dejando que todo el resto de pueblos de la tierra se perdieran eternamente. Esa mentalidad fue parte del gran error del pueblo hebreo. Dios eligió a su pueblo para que lo sirviera: para que llevara las buenas nuevas de salvación a todas las naciones. Ese es precisamente el llamado al moderno "Israel".
Es muy importante que distingamos esas dos categorías de elección divina, y que NO apliquemos a la salvación declaraciones inspiradas referidas a elecciones que el Señor ha hecho relativas al ministerio o servicio, se trate de pueblos o personas. El antiguo Israel, en lugar de entender que Dios los había elegido para ser portavoces de la salvación a todos los pueblos, creyó que Dios los había elegido para salvarlos, dejando que el resto del mundo se perdiera.
Esas dos categorías de elecciones divinas aparecen resumidas en este texto:
"Ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí, no imputándole sus pecados [primera categoría: elección universal para salvación], y puso en nosotros la palabra de la reconciliación [segunda categoría: elección para cooperar en el ministerio de salvación]" (2 Cor 5:19).
En cierto modo, la elección divina para el servicio es también universal, puesto que "cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero" (DTG 166), pero la forma en que lo hace depende del particular llamado de Dios, de los dones del Espíritu que recibe cada uno, diferentes a los de otros según voluntad divina.
De la misma forma en que la elección divina para salvación de todos los hombres no es irresistible, ese segundo tipo de elección divina en el que Dios atribuye ministerios o dones a unos y otros según su sabiduría determina, tampoco es una elección irresistible. Dios eligió a Israel, pero posteriormente tuvo que aceptar con dolor la decisión de Israel de rechazarlo en el don de su Hijo. Dios eligió a Saúl como rey, pero Dios respetó -con dolor- la decisión de éste de darle la espalda entregándose al espiritismo, que lo llevó finalmente al suicidio.
"Independientemente de la presión que sintamos, tanto interna como externa, no tenemos por qué elegir lo malo. Mediante el poder de Dios en nosotros, podemos tomar decisiones correctas mediante el libre albedrío que Dios nos ha dado" (Guía de estudio, 20 -viernes-).
Esa libertad de elección es un don sobrenatural que el sacrificio de Cristo ha traído a todo ser humano. Forma parte de la atmósfera de gracia con la que Dios ha rodeado la tierra al precio de la sangre de Cristo.
En su gran amor:
(a) Dios ha elegido a todos y cada uno para salvación, para que vivan felices eternamente junto a él (Juan 3:16; 1 Juan 2:2; 1 Tim 4:10).
(b) Dios ha elegido a éste, su pueblo remanente, para reflejar su carácter y darlo a conocer al mundo como el que es su Salvador, y también al universo (Efe 3:10-11).
(c) Dios os ha elegido a cada uno para que desarrolléis los dones que os ha concedido, de forma que su pueblo sea edificado y capacitado para la misión que le ha encomendado (Efe 4:11-13).
Todo lo anterior son elecciones divinas. ¿Cómo responderemos a esa elección que Dios ha hecho respecto a nosotros, para nuestra salvación y para nuestra cooperación en la salvación de otros? ¿Cuál será nuestra decisión?
Cómo tomar decisiones acertadas (lunes)
• Asegurándonos de ser guiados por el Espíritu Santo, mediante la Palabra y la conciencia (2 Ped 1:21; Sal 16:7; 2 Cor 1:12; 1 Juan 3:21-22).
• Creyendo a Dios y sometiendo a él nuestra voluntad (Prov 23:26).
• Confiando en sus promesas de dirección (Isa 30:21).
¿Cómo tomó Cristo las decisiones?
El ministerio de Cristo no estuvo caracterizado por la predeterminación irresistible, sino por una vida de fe y de decisiones en armonía con esa fe. Aquí tenemos algunas de sus decisiones más trascendentales. Gracias a ellas tenemos vida, estamos aquí, y tenemos la esperanza bienaventurada:
"He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" (Juan 6:38).
"Ahora está turbada mi alma, ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Pero para esto he llegado a esta hora" (Juan 12:27).
"Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Luc 22:42).
La elección de las amistades (martes)
El amor de Jonatán hacia su amigo David no disminuyó cuando la providencia de Dios obró en contra de sus intereses temporales y a favor de David. La verdadera amistad, lo mismo que el verdadero amor,
"no busca lo suyo" (1 Cor 13:5)
"no deja de ser" (v. 8).
En relación con el texto de 1 Cor 15:33 que cita la Guía de estudio:
"No os engañéis: las malas homilías [traducido como 'conversaciones' o 'compañías'] corrompen las buenas costumbres".
Solemos tomarlo aisladamente de su contexto, haciéndole decir aquello que buscamos destacar, pero siempre debiéramos considerar toda escritura en su contexto, dándole el uso para el que fue escrita.
Homilía es una palabra latina que deriva de otra griega. Su significado en el texto no es exactamente lo que solemos entender por compañías o conversaciones, si bien se relaciona con ambas cosas (sobre todo con la última).
La "malas homilías" son los discursos que presentan una doctrina errónea, una enseñanza que no es la de Cristo. Una falsa enseñanza sobre Cristo lleva siempre a un falso Cristo. El argumento de Pablo comienza en el versículo 12. Pablo está rebatiendo la falsa doctrina -propuesta por los saduceos- consistente en que no hay resurrección. El apóstol expone la inverosimilitud de tal desviación de la verdad, y la presenta en su relación con otra doctrina capital: la de la segunda venida de Cristo. En ese contexto, advierte:
"No os engañéis: las malas homilías corrompen las buenas costumbres".
Es decir, una doctrina o enseñanza que no es la verdad pura, sino adulterada, lleva a una experiencia igualmente corrupta.
"Una doctrina pura acompañará a las obras de justicia; y los preceptos celestiales a las costumbres santas" (HAp 447).
Podéis ver en el versículo 35 y siguientes, como Pablo sigue hablando de ese mismo tema.
Así, a lo que está Pablo llamando la atención no es propiamente a la influencia corruptora de las conversaciones, compañías o amistades mundanales, sino a la de un discurso (homilía) o enseñanza corrupta. Desde luego, una mala homilía es una mala "compañía", una lamentable "conversación", y reincidir en escucharla es una pésima "costumbre".
¿Qué amistades eligió Jesús? Esa fue otra de sus decisiones, y es muy importante.
Esto es lo que decían acerca de él "los fariseos y los intérpretes de la ley":
"Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores" (Luc 7:34).
Jesús no era ni comilón ni bebedor, pero es verdad que frecuentaba la compañía de publicanos y pecadores. No para cobrar impuestos ni para aprobar sus pecados, pero lo cierto es que Jesús no procuró la amistad o compañía de los fariseos o de los intérpretes de la ley, sino que pasaba tiempo con los publicanos y pecadores.
¿Acaso es porque no amaba a los fariseos? Jesús era Dios, y Dios es amor. El amor ágape no ama solamente a quien es digno de ese amor, sino que ama porque Dios es amor. Ahora, ¡cuán distinta fue la respuesta de unos y otros a ese amor tan sublime! Debido a eso, Jesús se vio obligado a decir con pena:
"De cierto os digo que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios, porque vino a vosotros Juan en camino de justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las rameras le creyeron. Pero vosotros, aunque visteis esto, no os arrepentisteis después para creerle" (Mat 21:31-32).
¿A quién ha escogido Cristo como sus amigos?
"Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando" (Juan 15:14).
El que es nuestro Creador y Redentor, no se avergonzó de llamarse Hermano nuestro, pero no sólo eso: además, nos llama sus amigos, si es que nos amamos unos a otros como él nos ama.
No obstante, el que él nos llame "amigos" no es garantía de nuestra salvación. El rey dijo al invitado que no llevaba el traje de boda: "Amigo, ¿cómo entraste aquí sin estar vestido de boda?" (Mat 22:12). Y Jesús llamó amigo a Judas (Mat 26:50).
Dios nos libre de traicionar la sagrada y sublime amistad de nuestro Señor y Salvador.
La elección del compañero de vida (miércoles)
¿Cómo elegir al esposo / esposa? Como leemos en la Guía de estudio, antes de elegir, hay que estar preparado para ser el esposo /esposa que otro u otra elegirían.
¿Quién nos puede aconsejar en esa decisión tan crucial? ¿Qué consejo podemos dar al sernos pedido? Es vital que sepamos referirnos siempre a la única y auténtica fuente de sabiduría:
"Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención" (1 Cor 1:30).
"Un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre 'Admirable consejero', 'Dios fuerte', 'Padre eterno', 'Príncipe de paz'" (Isa 9:6).
Gracias a Dios, en esta tierra disponemos de algunos "consejeros delegados" del Admirable Consejero:
"Hay hombres de cuna humilde y desconocidos, cuyas vidas Dios está dispuesto a aceptar y hacerlas plenamente útiles en la tierra y colmarlas de gloria en el cielo, pero Satanás trabaja persistentemente para derrotar sus propósitos y arrastrarlos a la perdición por medio de casamientos con personas cuyo carácter es tal, que los desvía completamente del camino de la vida. Son muy pocos los que salen triunfantes de esta clase de relación…
La ausencia del respeto por el consejo de padres consagrados es uno de los grandes pecados de esta generación depravada. En nuestro país hay muchas vidas que están en tinieblas y que son desdichadas por haber dado un paso a ciegas. Por medio de un acto desobediente, muchos jóvenes han malogrado su vida entera y cargado de angustia el corazón de una madre amante. Dios no lo tendrá por inocente a usted si sigue este rumbo. Al despreciar el consejo de una madre temerosa de Dios, que gustosamente daría su vida por sus hijos, infringe el quinto mandamiento. No se da cuenta usted a dónde lo han de conducir sus pasos (5TI 117).
El ejemplo de Cristo:
Jesús no formó una familia en el sentido tradicional. Fue "soltero", pero sólo es posible verlo así en un análisis superficial. ¿Creéis que Jesús no puede ayudarnos en las relaciones matrimoniales cuando estas se vuelven tormentosas, debido a que no estuvo casado?
En cierta ocasión, alguien le dijo:
"Tu madre y tus hermanos están afuera y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: -¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: -Estos son mi madre y mis hermanos, pues todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mat 12:47-50).
Es como si estuviera diciendo: 'Acostumbraos a ver la iglesia como la gran familia de la que yo soy Esposo y Cabeza'. Cristo llevó la atención, de nuestra pequeña familia individual a la gran familia espiritual de su reino.
Es muy importante comprender que no es sólo para Cristo que la iglesia representaba la gran familia de su reino. Debido a los efectos del pecado sobre las relaciones familiares, para muchos hoy, y para muchos de los que hemos de acoger aún en nuestro pueblo, la única familia es y va a ser la iglesia. A ella hemos de trasladar todos los esfuerzos que estamos estudiando en este trimestre para lograr familias que sean un anticipo del cielo en la tierra, de forma que la iglesia sea ese hogar acogedor para los solos. Ese es el milagro que logrará "el Dios que hace habitar en familia los solos" (Sal 68:6).
¿Cuál fue la esposa que Jesús eligió? -La iglesia.
¿Qué os parece? ¿Ha conocido tormentas, su "matrimonio"? ¿Ha tenido que ejercitar el sufrido Esposo la tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza? ¿Podemos tener en él a un "Admirable Consejero" para nuestros conflictos en la familia? ¿Os parece que podemos encontrar un consejero mejor "experimentado en quebrantos" que Cristo, alguien mejor cualificado que él?
A lo largo de la historia la esposa de Cristo ha sido mucho menos que perfecta; lo ha ignorado y olvidado, le ha disputado su condición de Cabeza, le ha provocado celos, y de hecho, le ha sido infiel. Es doloroso escribir esto, porque sabemos bien que esa ha sido exactamente nuestra experiencia personal, y también la de su iglesia, nuestra iglesia.
Sin embargo, Cristo nunca ha encontrado ni buscado fuera de ella a otra posible esposa alternativa. Su divina perseverancia logrará pronto que se cumpla lo prometido en Apocalipsis 19:7-8:
"Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente (pues el lino fino significa las acciones justas de los santos)".
Como vimos en una lección reciente, nosotros aún no somos esa esposa. La esposa de la que habla Apocalipsis está representada en la Nueva Jerusalem, que será habitada solamente por la iglesia triunfante: los miembros fieles de todas las épocas -la mayoría de los cuales reposa ahora en sus tumbas-. Quiénes formarán parte de ella y quiénes no, es algo que se decide en el juicio investigador que se corresponde con las bodas del Cordero. Nosotros aún no somos esa iglesia representada en la Nueva Jerusalem. De momento, somos los invitados a las bodas (CS 479-480).
Aun estando todos adormecidos lo mismo que las diez vírgenes, algunos de nosotros despertaremos y tendremos reserva de aceite en nuestras lámparas: el Espíritu Santo habrá formado en nosotros un carácter a semejanza del de Cristo; pero tristemente otros de nosotros despertaremos cuando sea demasiado tarde para esa preparación, por haberla descuidado cuando era posible. La parte de la iglesia del último tiempo que está representada por las vírgenes prudentes, por el trigo, constituirá la iglesia triunfante, que está representada en la "esposa" preparada de Apocalipsis 19, la única identificada con la Nueva Jerusalem, junto a los redimidos de todas las edades.
En muchas ocasiones nos sentimos asegurados al observar la maravillosa manera en que Dios nos bendice -como iglesia y como individuos- y somos tentados a la complacencia: a deducir que si Dios nos bendice así, debe ser porque no lo estamos haciendo nada mal…
Pero a la vista del mensaje del Testigo Fiel a Laodicea, podría ser por otra causa:
"Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo" (2 Tim 2:13).
"Porque yo, Jehová, no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos" (Mal 3:6)
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias; nuevas son cada mañana. ¡Grande es tu fidelidad!" (Lam 3:22).
Podemos dar gracias infinitas a Dios por su amor invariable, por su fidelidad, por su misericordia infatigable. Pero de forma alguna debemos abusar de su misericordia.
Cristo nos ha elegido a nosotros (Juan 15:16). Esa ha sido y sigue siendo su elección. ¿Cuál será la nuestra? ¿Será nuestra fidelidad al "Espíritu y la esposa" un digno reflejo de su fidelidad y devoción?
Así responde el escritor de Lamentaciones en el siguiente versículo al que acabamos de leer:
"'Mi porción es Jehová; por tanto, en él esperaré', dice mi alma" (Lam 3:23).
La elección de una carrera (jueves)
La Guía de estudio señala Eclesiastés 2:1-11 para demostrar que la procura de bienes y placeres no es el tipo de "carrera" que da plenitud a la vida:
"… Fui engrandecido y prosperé más que todos cuantos fueron antes de mí en Jerusalén. Además de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni privé a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón se gozaba de todo lo que hacía. Esta fue la recompensa de todas mis fatigas. Miré luego todas las obras de mis manos y el trabajo que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol".
¿Cuál fue la carrera que eligió Jesús?
"Siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8).
En lugar de elegir la posesión y el placer, decidió despojarse de sí mismo y descender hasta el fondo de la miseria y de la cruz. Eligió ser el Cordero de Dios. Y fue una decisión tomada en un "consejo de paz" en el seno de su familia celestial.
Zacarías 6:12-13 nos presenta la personalidad y la relación existente entre el Padre y el Hijo (8TI 281):
"Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos".
En ese consejo de paz, el Hijo tomó el compromiso de dedicarse a nuestro rescate si era necesario. Cuando ingresó en nuestro mundo siguiendo el plan trazado, debió renovar su compromiso con esa "carrera". Y Jesús aún era un niño cuando ratificó ese compromiso. Él no vino con recuerdos de su existencia como Dios previamente a la encarnación, ni con la sabiduría de Dios.
"Él adquirió saber como nosotros podemos adquirirlo". Su temprana sabiduría demuestra "cuán abierto estaba su espíritu a la influencia de la naturaleza, y cómo había obtenido enseñanzas espirituales de las cosas que le rodeaban en la vida diaria" (DTG 51).
En la fiesta de Pascua, en Jerusalem,
"contemplaba la sangrante víctima sobre el altar del sacrificio", "día a día veía más claramente su significado. Todo acto parecía ligado con su propia vida. Se despertaban nuevos impulsos en él. Silencioso y absorto, parecía estar estudiando un gran problema. El misterio de su misión se estaba revelando al Salvador" (Id, 57-58).
Los sacerdotes habían ofrecido por años sacrificios como los que contemplaba el niño Jesús, pero "sin discernir el cuerpo del Señor" (1 Cor 11:29). Ahora lo contemplaba un Niño de doce años, discerniendo. ¿Cuál sería su decisión? ¿Ratificaría su compromiso con esa "carrera"?
"Entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí" (Heb 10:5-7).
En esa voluntad, en su entrega hasta el equivalente de la muerte segunda de la que nos libra, somos santificados. Tal fue la carrera de Cristo. Obtuvo el título en el Getsemaní y en el Calvario.
Si no os resulta demasiado humillante el pensamiento de aprender de un niño, en la entrega y decisiones que hizo Jesús desde su tierna infancia tenéis el mejor ejemplo e inspiración para la toma de decisiones. En Cristo están encerrados los inmensos tesoros del amor redentor de Dios, del que nunca terminaremos de aprender por las edades eternas.
Luis Bueno, 9/4/2019