En mis casi 30 años de interés en el mensaje e historia de 1888 he podido observar dos posiciones mayoritarias respecto a ese mensaje, entre dirigentes y laicos de las diversas iglesias que he conocido.
La primera consiste en que el mensaje de 1888 es muy peligroso y se lo debe evitar. Es falsa, pero al menos es sincera. La segunda es más sutil, y consiste en que es un mensaje tan bien aceptado por la iglesia en su conjunto, que se lo puede evitar (en sus fuentes primarias).
En cualquier caso, la conclusión es que no hay necesidad alguna de conocer personalmente el mensaje de 1888 en las palabras de sus propios mensajeros.
Siempre me ha llamado la atención esa estrategia que ha empleado en innumerables ocasiones a lo largo de la historia el enemigo de la verdad. Parte de mi sorpresa se debe al éxito que hasta ahora ha tenido en su esfuerzo por apartar a las personas del conocimiento directo y personal del mensaje de 1888.
En las pocas ocasiones en que el mensaje llegó a alguna congregación, lo hizo en medio de la oposición y el prejuicio. Al presentar el mensaje que se dio en Minneapolis, se despertó casi siempre el "espíritu de Minneapolis" (amargura contra el mensajero). No parece una buena señal de que ese mensaje haya sido aceptado, o esté siendo aceptado en nuestros días.
Ante la necesidad de evaluar si realmente nuestra iglesia ha aceptado el mensaje de 1888 o no lo ha hecho (y si lo ha aceptado, en qué medida) cabe decir que lo lógico, el procedimiento natural para decidirlo, es leer la literatura de Jones y Waggoner y comparar su contenido con la comprensión doctrinal presente, o quizá aun mejor: comparar cuál es nuestra predicación habitual hoy, y cuál fue la de "los mensajeros delegados" que el Señor escogió. Naturalmente, eso requiere una vez más leerlos. No se trata de leer lo que otros dicen acerca de ellos o de su mensaje, sino de lo que Felipe dijo a Natanael: "Ven y ve". Ve por ti mismo.
Pero el enemigo ha tenido éxito en que la literatura de Jones y Waggoner permanezca oculta. No sólo eso: ha logrado que muchos piensen que tal literatura es inexistente o inasequible.
La verdad es que muy probablemente, después de la propia Ellen White, Jones y Waggoner son los teólogos adventistas que más literatura han producido. Y está asequible. Incluso en castellano.
A la luz de la sobreabundante literatura existente, se hace inevitable una pregunta: el hecho de que en las librerías de iglesia, de forma oficial, no exista ninguna literatura de Jones o Waggoner, ninguna fuente primaria del mensaje tal como lo expresaron los mensajeros, ¿habla en favor de que el mensaje haya sido aceptado, o bien habla en favor de lo contrario?
A lo largo de años he ido comprobando como algunos por aquí y por allá se atrevían a abordar públicamente el tema de "1888". En muchos casos, para mí fue evidente que no conocían el mensaje tal como lo presentaron los mensajeros que el Señor escogió para llevarlo al mundo y a la iglesia. Al ser preguntados, reconocieron que no habían leído ni un solo libro (completo) de Jones o de Waggoner. ¡Pero se sentían cualificados para hablar acerca del mensaje de 1888! Y no sólo se sentían cualificados para hablar del mensaje, sino para evaluar si se lo ha aceptado o no.
Tristemente, no sólo no habían leído ningún libro de los mensajeros de 1888, sino que no manifestaron mayor interés en hacerlo una vez que les hice saber que esa literatura está disponible.
Personalmente me alegra que se hable de un mensaje que el enemigo durante décadas ha hecho todo esfuerzo posible para que se mantenga ignorado o despreciado, y me anima observar esfuerzos por difundir el mensaje de 1888 a nivel de iglesias e incluso de Uniones, pero lo cierto es que cuando uno habla de algo que no conoce de primera mano, lo único que puede hacer es repetir las opiniones de otro. En tal caso, sólo un milagro podría evitar que se presente el mensaje desde la ignorancia y el prejuicio, lo cual es lamentable en vista de lo fácil que es disponer de tal literatura. En el mejor caso, se trataría de una visión parcial de algo que es de importancia vital. Sobre ningún otro tema escribió tanto Ellen White como sobre 1888, como es posible leer en las más de 1800 páginas de The Ellen G. White 1888 Materials, libro que está disponible en Amazon para quienes leen inglés. Ver traducción al castellano lista para descarga, aquí.
Sería aquí bueno preguntarse qué posibilidad de aceptar a Cristo habría tenido un israelita, si se hubiera conformado con la opinión de "la iglesia" oficial en relación a la enseñanza y figura de Jesús, sin ir directamente a él a escucharlo y conocerlo. Desgraciadamente, esa fue la elección de muchos en los días de Jesús, lo mismo que en nuestros días.
El Señor me ha mostrado que en nuestros días estamos en la misma situación de peligro en la que estuvieron en los días de Cristo. El Señor está hablando mediante sus mensajeros delegados, pero se manifiesta la misma incredulidad (The Ellen G. White 1888 Materials, 398).
En nuestros esfuerzos misioneros para evangelizar el mundo es demasiado frecuente que las personas impresionadas favorablemente por algún testimonio o predicación cambien de opinión y no quieran volver a escucharnos tras haber consultado a su sacerdote o guía espiritual. Ese proceder parece digno de la Edad Media o de dos siglos atrás, sin embargo no es extraño verlo reproducido en el seno de nuestra iglesia respecto al mensaje de 1888. Y es sorprendente, teniendo en cuenta que la nuestra es una iglesia comprometida con la verdad por encima de todo, y se trata de una iglesia que no define la verdad en términos de mayorías o de autoridad humana, sino de revelación inspirada, reconociendo que la verdad es Cristo, y que rechazar la verdad en cualquiera de sus fases significa rechazar a Cristo.
Leemos en Jeremías 17:5-6:
Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo.
¿Qué logra el hombre al confiar en el brazo humano?
su corazón se aparta de Jehová.
¿Cuál ha de ser la inevitable consecuencia?
no verá cuando viene el bien.
Esa es una descripción ajustada de nuestra historia en Minneapolis. Nuestros hermanos dirigentes confiaron en el hombre, en ellos mismos: los más jóvenes en los más veteranos, en lugar de confiar en Dios. Como consecuencia, llegó el bien (el mensaje de 1888, un mensaje de traslación) y no lo vieron. No lo vieron por lo que era: el comienzo de la lluvia tardía y fuerte pregón descritos en Apocalipsis 18. Muchos que hablan del mensaje de 1888 siguen hoy sin ver eso, sin darle importancia o incluso negándolo. Y en ese "muchos" están incluidos teólogos influyentes.
El mensaje que Ellen White calificó de precioso, contemporáneos de ella lo percibieron como peligroso, o bien afirmaron que carecía de valor, ya que "siempre lo habían creído". Esa fue la postura de G. Butler y U. Smith. ¡Cómo ahora!
Pero el texto dice más respecto a cuál es el bien que no vieron:
no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada
No vieron, no recibieron, la lluvia tardía / fuerte pregón, y quedaron en el desierto, en la sequía. Es ahí donde seguimos estando hoy, pero el Señor quiere darnos "la lluvia".
¿Hemos aprendido la lección?
La inspiración dice del mensaje de 1888 (TM, 91-92):
En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo mediante los pastores Waggoner y Jones … Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu.
Es relativamente fácil saber si hemos aceptado o no el mensaje que el Señor nos dio en su gran misericordia mediante los pastores Waggoner y Jones: si estamos hablando acerca de su aceptación, es porque no lo hemos recibido aún, ya que de haberlo hecho estaríamos en la Canaán celestial y probablemente hablaríamos de otra cosa. Dios no iba a derramar su Espíritu Santo en la lluvia tardía para que siguiéramos año tras año y siglo tras siglo en este mundo hasta hoy.
Reconocer ese gran problema no es causa de desánimo, sino al contrario: el reconocimiento del problema es el primer paso para resolverlo. "Arrepiéntete", es el mensaje de amor que el Testigo fiel de Apocalipsis 3 nos da a nosotros (no sólo el mensaje que nosotros hemos de dar al mundo).
El hecho fundamental que se debe reconocer es que el mensaje de Minneapolis vino asociado al derramamiento del Espíritu Santo y el fuerte pregón, por lo tanto, significaba traslación: esa traslación que estamos esperando todavía hoy.
Cuando Ellen White contempló escenas futuras de una iglesia unida y triunfante (tras el zarandeo), preguntó la causa de aquel cambio tan positivo y sorprendente, y se le respondió (PE, 271):
Es la lluvia tardía; el refrigerio de la presencia del Señor; el potente pregón del tercer ángel.
Obsérvense los elementos y la secuencia:
"Lluvia tardía" (derramamiento final del Espíritu Santo), también conocida como el "refrigerio", y el "potente pregón" (fuerte pregón o fuerte clamor).
¿Tuvo eso su cumplimiento? Ciertamente lo tuvo; al menos, su "comienzo".
Ellen White escribió en 1892 (1 MS, 425):
El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra
Escribiendo el 17 de octubre de 1893, en el punto álgido de la presentación del mensaje de 1888, Ellen White se expresó así (TM, 23):
¿Cómo es que esos panfletos que denuncian a la Iglesia adventista como Babilonia fueron esparcidos por todas partes, en el tiempo mismo en que la iglesia estaba recibiendo el derramamiento del Espíritu de Dios? ¿Cómo es que los hombres pueden estar tan engañados como para imaginar que el fuerte clamor consiste en llamar a los hijos de Dios a que abandonen la comunión de la iglesia que está gozando de un tiempo de refrigerio?
El comienzo del derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía, el refrigerio, el fuerte pregón, es lo que rechazamos en 1888 y siguientes años. Iban indisolublemente asociados a un mensaje. ¿Hemos recuperado ambos? Uno y otro son inseparables.
La inspiración nos presenta un cuadro mucho más profundo de lo que solemos pensar acerca de 1888. Escribiendo en 1896, Ellen White afirmó (1 MS, 276):
La falta de voluntad para renunciar a opiniones preconcebidas y aceptar esta verdad [la ley en Gálatas siendo principalmente la ley moral, ver página precedente] fue la principal base de la oposición manifestada en Minneapolis contra el mensaje del Señor expuesto por los hermanos E.J. Waggoner y A.T. Jones. Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu Santo que Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido mantenida lejos del mundo por el proceder de nuestros propios hermanos.
No fue un asunto de simpatías o antipatías personales, sino de aceptar o rechazar la verdad. Y la verdad que se rechazó significó resistir la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria. No al 100%, pero sí "en gran medida".
Ninguna presentación de "1888" que falle en reconocer que ese mensaje iba asociado a la lluvia tardía y el fuerte pregón es una presentación veraz. Y nadie que reconozca esa asociación se atreverá a pretender que ya aceptamos ese mensaje en el pasado, o que hoy lo estemos aceptando, puesto que sabemos que la tierra no está siendo hoy alumbrada por la gloria del conocimiento de Dios en Cristo.
De forma correspondiente, no puede ser adecuado ningún llamado a orar por el derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía que ignore cuándo rechazamos su comienzo y en relación con qué mensaje.
Finalizo con el ruego encarecido de que cada uno examine el mensaje por sí mismo, no por lo que otros dicen que es o deja de ser. Animo a todos a acudir a las fuentes primarias.
Historiadores y teólogos han distorsionado tanto el mensaje como la historia, o lo han despojado de los aspectos vitales que le son consustanciales, para afirmar después que lo que queda del mensaje de 1888 fue una simple repetición del mensaje de Lutero (quien no supo nada sobre el ministerio de Cristo en el lugar santísimo del santuario celestial, de la lluvia tardía, del fuerte pregón ni de la preparación para la segunda venida de Cristo). Aun otros han asociado el mensaje de 1888 a ideas fanáticas, como la fijación de fechas para la venida de Jesús, la negación de la eternidad de Jesús o la negación del Espíritu Santo como un Ser personal. El maestro del engaño ha encontrado en esto último la trampa perfecta para mantener en la incredulidad a los enemigos del mensaje y mensajeros de 1888 entonces y ahora.
Nadie debiera permitir que la comprensión de otra persona suplante su conciencia respecto al mensaje de la justicia de Cristo, pues es un asunto de vida o muerte (eterna), y aun más importante: es un asunto de dar gloria a Dios o de deshonrarlo ante el mundo y el universo en el conflicto de los siglos.
Conocer directa y personalmente las fuentes originales hace la diferencia entre afrontar la verdad de nuestra situación presente, o bien seguir viviendo en la ensoñación de que conocemos y hemos aceptado el mensaje que el Señor envió a su iglesia remanente en preparación para su venida. Es la diferencia entre aceptar el testimonio del Testigo fiel, o bien las opiniones propias y las de otros respecto a nuestra situación.
El mensaje para la iglesia laodicense revela nuestra condición como pueblo (Ellen White, Comentario bíblico adventista vol. 7, 972).
Ha estado resonando el mensaje a Laodicea. Tomad este mensaje en todas sus fases y propagadlo a la gente doquiera la Providencia abra el camino. La justificación por la fe y la justicia de Cristo son los temas que deben presentarse a un mundo que perece (Ellen White, Comentario bíblico adventista vol. 7, 975, escrito en 1892).
El mensaje que nos han dado A.T. Jones y E.J. Waggoner es el mensaje de Dios a la iglesia laodicense, y ay de quien profese creer la verdad, pero no refleje a otros los rayos que Dios ha dado (The Ellen G. White 1888 Material, 1052).
El sitio http://www.libros1888.com está dedicado a que cada uno pueda hacer su sincera evaluación personal mediante la lectura de las fuentes primarias, pudiendo así conocer el mensaje tal como los propios "mensajeros delegados" lo presentaron.
Algunos han estado cultivando odio contra los hombres a quienes Dios ha comisionado para presentar un mensaje especial al mundo (TM, 79-80).
Cristo ha registrado todas las palabras duras, orgullosas y burlonas pronunciadas contra sus siervos, como si hubieran sido pronunciadas contra sí mismo…
Al pueblo de Dios se le han enviado mensajes que llevan las credenciales divinas. Se ha presentado la gloria, la majestad, la justicia de Cristo, que está lleno de bondad y de verdad. Se nos ha presentado la plenitud de la divinidad en Jesucristo con encanto y belleza, a fin de atraer a todos aquellos cuyos corazones no se han cerrado por el prejuicio. Sabemos que Dios ha obrado entre nosotros. Hay almas que se han convertido del pecado a la justicia. Hemos visto revivir la fe en los corazones de quienes manifestaron contrición (The Ellen G. White 1888 Materials, 673).
Este mensaje, tal como ha sido presentado, debe ir a toda iglesia que pretenda creer la verdad... Queremos ver quién ha presentado al mundo las credenciales divinas (RH, 18 marzo 1890).
Al rechazar a los mensajeros delegados de Cristo, rechazáis a Cristo (The Ellen G. White 1888 Materials, 1342, escrito en 1895).
En la página que sigue sugiero la lectura de estas FUENTES PRIMARIAS:
• Cristo y su justicia (E.J. Waggoner).
• Lecciones sobre la fe (E.J. Waggoner, A.T. Jones).
• El Camino consagrado (A.T. Jones).
• Las buenas nuevas en Gálatas (E.J. Waggoner).
• Carta a los Romanos (E.J. Waggoner).
• El pacto eterno (E.J. Waggoner).
• Predicaciones de A.T. Jones en Asamblea de la Asociación General de 1893.
• Predicaciones de A.T. Jones en Asamblea de la Asociación General de 1895.
• Predicaciones de A.T. Jones en Asamblea de la Asociación General de 1897.
Luis Bueno, 1 febrero 2020