En la sección del libro 'Cristo y su justicia' que Waggoner titula '¿Es Cristo un ser creado?', emplea estas palabras: "unigénito" (only begotten) o "engendrado" (begotten) y "salido". Especifica categóricamente que no significa en ningún caso "creado". Rechaza esa idea como siendo el error de los errores. Es bíblicamente consistente, como intento señalar en los textos que seguirán. Waggoner no explicó ni intentó explicar el significado de "engendrado", "salido" o "unigénito" (en contraste con creado), como tampoco lo hace la Biblia. Probablemente es así, debido a que no se nos puede explicar, o más bien a que no lo podemos entender, lo mismo que tantos asuntos referidos a la divinidad y a la eternidad.
Esta es la sección donde habla de Cristo como "engendrado":
"Las Escrituras declaran que Cristo es "el unigénito Hijo de Dios". Es "unigénito" -o engendrado-; no creado. En referencia a cuándo, no nos corresponde a nosotros el inquirir, ni podrían nuestras mentes comprenderlo aun si se nos explicara. El profeta Miqueas nos dice todo cuanto podemos saber acerca de ello en estas palabras: "Tú Belén Efrata, pequeña entre los millares de Judá, de ti saldrá el que será Señor en Israel. Sus orígenes son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2). Hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios, del seno del Padre (Juan 8:42; 1:18), pero fue tan atrás en los días de la eternidad que para el entendimiento finito significa sin comienzo" (E.J. Waggoner, Cristo y su justicia, 22).
Compárese lo anterior con esto otro, escrito por Ellen White:
"'De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito'. -No Hijo por creación tal como lo fueron los ángeles, ni Hijo por adopción tal como lo es el pecador perdonado, sino un Hijo engendrado en la misma imagen de la Persona del Padre, y en todo el brillo de su majestad y gloria, alguien igual a Dios en autoridad, dignidad y divina perfección. En él moraba toda la plenitud de la Divinidad corporalmente" (Ellen White, Signs of the Times, 30 mayo 1895, par. 3)
{"God so loved the world, that he gave his only-begotten Son,"-not a son by creation, as were the angels, nor a son by adoption, as is the forgiven sinner, but a Son begotten in the express image of the Father's person, and in all the brightness of his majesty and glory, one equal with God in authority, dignity, and divine perfection. In him dwelt all the fullness of the Godhead bodily}.
1. "Unigénito": Juan 3:16 y 18; 1 Juan 4:9
2. "Salido" de Dios: Juan 8:42 (RV 1909, 1960, 1995)
Si vuestro padre fuera Dios, entonces me amaríais, porque yo de Dios he salido y he venido, pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
"Salido":
Es una palabra distinta a "venido":
3. "Engendrado": Prov 8:1 y 12, 24-25 (RV 1909, 1960, 1995)
En el primer volumen de Mensajes selectos, leemos:
"El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad como una persona distinta, y sin embargo era uno con el Padre. Era la excelsa gloria del cielo. Era el Comandante de las inteligencias celestiales, y el homenaje de adoración de los ángeles era recibido por él con todo derecho. Esto no era robar a Dios. Declara: 'Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada; no había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo'. Proverbios 8:22-27" (1 MS, 291.1).
"Nota a pie de página: El género femenino de este pasaje bíblico se debe a que la sabiduría habla como si fuera una persona. La Hna. White la identifica con Cristo. -Nota del traductor" (esta es la nota que aparece en el CD de los escritos de Ellen White, ahí no soy yo el traductor).
En Patriarcas y profetas, página 12 y 15 (14 en el CD), Ellen White emplea "unigénito", que se traduce "engendrado" (only begotten) en relación con Dios Hijo, y el contexto no se refiere a su encarnación, sino "al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad".
"Y el Hijo de Dios, hablando de sí mismo, declara: 'Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve la primacía, [...] cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo. Yo era su delicia cada día y me recreaba delante de él en todo tiempo'. Proverbios 8:22-30" (PP, 12.2).
Entre los versículos citados (22-30), se encuentran el 24 y 25, que contienen la palabra "engendrado". Recuérdese que es una personificación del "Hijo de Dios, hablando de sí mismo":
"Fui engendrada antes que los abismos, antes que existieran las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fueran formados, antes que los collados, ya había sido yo engendrada" (Prov 8:24-25).
También aparece en Heb 1:5 y en Sal 2:7:
Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: "Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy".
"Engendré"
Pablo parecería aplicar "engendrado", del Salmo 2:7, a la resurrección de Cristo.
"Os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios nos ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: 'Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy'" (Hechos 13:33).
Pero es más que probable que por esa promesa que "Dios nos ha cumplido a nosotros, sus hijos" se esté refiriendo a su venida a esta tierra y a su vida entera en ella, no sólo a su resurrección (ver Hechos 3:22 y 7:37). Sería equivalente a esa "otra vez" citada en Hebreos 1:6, cuando introduce al prototokos en la tierra.
La impresión que da la Biblia -y también el Espíritu de profecía- es que "engendrado" puede hacer referencia a la encarnación de Cristo, y / o a algún otro momento precedente en el que Cristo "salió" del Padre, signifique eso lo que signifique. Hebreos 1:6, tras haber presentado al Hijo como "engendrado hoy" en el versículo precedente, añade: "Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios".
En todo caso, "engendrado" no es una palabra inapropiada para aplicarla a Dios Hijo, puesto que la Biblia lo hace. Y también lo hace Ellen White en la cita que sigue, claramente sin relación con la encarnación -ni la resurrección- de Cristo, sino con su "origen" (tal como en Proverbios 8 y en 1 MS, 291.1), previo a la creación de nuestro mundo:
"Ante los habitantes del cielo reunidos, el Rey declaró que ninguno, excepto Cristo, el Hijo unigénito [en inglés: only begotten: "único engendrado"] de Dios, podía penetrar en la plenitud de sus designios y que a este le estaba encomendada la ejecución de los grandes propósitos de su voluntad. El Hijo de Dios había ejecutado la voluntad del Padre en la creación de todas las huestes del cielo, y a él, así como a Dios, debían ellas tributar homenaje y lealtad. Cristo había de ejercer aún el poder divino en la creación de la tierra y sus habitantes" (PP, 14.2).
Es evidente que no podemos extrapolar lo que significa exactamente la palabra "engendrado" en términos humanos (implica un comienzo). Pero lo mismo sucede con la palabra "hijo". En ambos casos hemos de comprender que la Inspiración nos da ilustraciones, ejemplos, para que comprendamos lo que nos es dado comprender sobre la Divinidad en sus tres Personas. Una cosa es clara: el concepto de Divinidad lleva implícito el de eternidad (en sus tres Personas). Dios, quien creó el espacio, la materia y el tiempo tal como los conocemos, es anterior a los tres y no depende de ellos.
"Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).
Lo que "no se veía" no era materia-energía preexistente tal como la ciencia entiende, sino "la palabra de Dios". Y como hemos visto en PP, 14.2, esa palabra la pronunció precisamente Dios Hijo.
"En la creación de la tierra, nada debió Dios a la materia preexistente. "Él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió" Salmos 33:9. Todas las cosas, materiales o espirituales, surgieron ante el Señor Jehová cuando él habló, y fueron creadas para su propio designio. Los cielos y todo su ejército, la tierra y todo lo que hay en ella, surgieron a la existencia por el aliento de su boca (MC 322.7).
Se debe destacar que cuando Waggoner hizo esas declaraciones relativas a Dios Hijo negando categóricamente que Cristo fuera un ser creado, fue:
1. En contra de un contexto arriano o semiarriano entre nuestros pioneros (James White, Uriah Smith, JH Waggoner -su padre- y un largo etcétera entre los primeros adventistas).
2. Sin el beneficio de disponer del grueso de las citas más explícitas de Ellen White, como esta: "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG, 489.2). Ellen White escribió El Deseado entre 1890 y 1898.
3. Por lo tanto, en lo que respecta a la naturaleza divina de Cristo, Waggoner fue pionero en la articulación de una verdad que hoy reconocemos en el adventismo: la eterna y plena deidad de Cristo.
Reproduzco las páginas 292 a 303 del libro El retorno de la lluvia tardía (Ron Duffield), que tiene que ver con la divinidad de Cristo en los escritos de E.J. Waggoner:
Antes de prestar atención a los puntos de vista de Jones y Waggoner sobre la divinidad de Cristo, hemos de comprender cuál era la posición de gran parte de los fundadores de la Iglesia hasta aquel tiempo. Dos de los principales fundadores de la Iglesia adventista del séptimo día, Joseph Bates y James White, eran previamente miembros de Christian Connexion, que rechazaba la doctrina de la trinidad. James White era un pastor ordenado en aquella Iglesia. Cuando él y Bates se unieron al movimiento adventista, continuaron manteniendo su postura anti-trinitaria que habían tomado de la Iglesia Christian Connexion. Pero James White y Joseph Bates no eran los únicos: "Otros adventistas prominentes que hablaron contra la trinidad, fueron: J. N. Loughborough, R. F. Cottrell, J. N. Andrews, y Uriah Smith" (Gerhard Pfandl, "The Doctrine of the Trinity Among Adventists", Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 1999, 1). Muchos de esos hombres mantenían posiciones arrianas o semiarrianas sobre Cristo. Estas son las definiciones clásicas de dichos conceptos:
Arrianismo: Enseñanza aparecida en Alejandría en el siglo cuarto D.C. Su nombre deriva de su representante más prominente: Arrio, un presbítero de Alejandría. Negaba que Jesucristo fuese de la misma substancia (en griego: homoousios) que el Padre, y reducía al Hijo al rango de criatura, si bien existiendo antes que el mundo. El arrianismo se condenó en el concilio de Nicea (325 D.C.).
Semiarrianismo: Sobre la naturaleza de Cristo, los semiarrianos intentaron buscar un compromiso entre la posición ortodoxa y la arriana. Rechazaron la postura arriana según la cual Cristo habría sido creado y poseería una naturaleza diferente a la de Dios (anomoisos -distinta), pero tampoco aceptaron el credo salido de Nicea, que afirmaba que Cristo era "de una substancia (homoousios) con el Padre". Los semiarrianos sostenían que Cristo es similar (homoios) al Padre, o de una substancia similar (homoiousios), pero estando subordinado a él (Gerhard Pfandl, "The Doctrine of the Trinity Among Adventists", Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 1999, 1).
Uriah Smith es quizá uno de los defensores más conocidos de una postura arriana sobre Cristo. En 1865, por ejemplo, escribió que Cristo fue "el primer ser creado, remontándose su existencia a mucho más atrás que cualquier otro ser o cosa creada" (Uriah Smith, Thoughts on Revelation, Battle Creek, MI: Review and Herald, 1865, 59). Si bien las ideas de Smith y las de muchos otros fundadores se irían moviendo hacia una comprensión más ortodoxa de la Deidad en la década tardía de 1890, la suya fue una postura prominente en su tiempo y en el entorno en el que se movió Waggoner.
Poco después de su vislumbre de la cruz de Cristo de 1882, Waggoner comenzó a valorar el significado de comprender a Cristo como siendo Uno igual a Dios. Comprendió que una apreciación correcta de Cristo tenía importancia crucial, no sólo en la comprensión sobre la Deidad, sino también en la comprensión del plan de la salvación y de la justicia de Cristo que el hombre ha de obtener por la fe:
"Considerar a Cristo continua e inteligentemente tal como él es, lo transformará a uno en un cristiano perfecto, puesto que 'contemplando somos transformados' … Ese 'levantar' a Jesús, si bien hace referencia primariamente a su crucifixión, abarca más que el mero hecho histórico; significa que Cristo debe ser 'levantado' por todos los que crean en él como el Redentor crucificado, cuya gracia y gloria son capaces de suplir toda necesidad humana. Significa que debe ser 'levantado' en toda su inmensa hermosura y poder como 'Dios con nosotros', para que su atractivo divino pueda entonces llevarnos a él (Juan 12:32) … Nuestro objetivo en esta investigación es establecer la posición de legítima igualdad entre Cristo y el Padre, a fin de que se pueda apreciar mejor su poder para redimir" (E.J. Waggoner, Cristo y su justicia, 5 y 19).
Ellen White expresó pensamientos similares en relación con una comprensión correcta de la divinidad de Cristo. En el volumen 4 de Spirit of Prophecy (1884), expandido posteriormente como El conflicto de los siglos (edición de 1888), Ellen White refirió los peligros de negar la divinidad de Cristo, así como sus efectos en la comprensión del plan de la salvación:
"Otro error peligroso es la doctrina que niega la divinidad de Cristo, pretendiendo que no tenía existencia antes de su venida a este mundo … No es posible sostenerla sin tergiversar de la forma más injustificada las Escrituras. No solamente rebaja las concepciones del hombre sobre la obra de la redención, sino que socava la fe en la Biblia como revelación de Dios … Nadie que sostenga ese error puede tener una verdadera concepción del carácter o la misión de Cristo, o del gran plan de Dios para la redención del hombre" (CS Ed 1888, 524).
En 1884 y 1885 Waggoner mencionó en varios de sus artículos en Signs of the Times la posición exaltada de Cristo por ser Dios. Urgió a reconocer que Cristo merece igual reverencia, y que comparte los atributos del Padre -incluida la posesión de la vida en él mismo-, y que se lo denomina con toda justicia "Señor". Puesto que tanto se ha hablado de la posición de Waggoner sobre Cristo, veamos algunas de sus declaraciones al respecto:
"Si hay solamente uno bueno, que es Dios, y Cristo es bueno, entonces Cristo ha de ser Dios. Y eso concuerda con lo que el profeta dijo de Cristo: "Porque un niño nos ha nacido, hijo nos ha sido dado, y el principado sobre su hombro. Se llamará su nombre 'Admirable consejero', 'Dios fuerte', 'Padre eterno', 'Príncipe de paz'" Isa 9:6 … El Padre y el Hijo son uno. Juan 10:30. Ambos son dignos de adoración … No se nos llama a que expliquemos el misterio de la divinidad, ni se espera que lo comprendamos, pero Cristo nos ha aclarado que él y el Padre son uno … Esa unidad, por consiguiente, es la de dos individuos distintos que tienen los mismos pensamientos, los mismos propósitos y los mismos atributos. El Padre y el Hijo fueron uno al crear la tierra, y uno al trazar y llevar a cabo el plan de la salvación" (E.J. Waggoner, "An Important Question", Signs of the Times, 19 junio 1884, 377).
"Sólo Dios posee la inmortalidad … Solamente Dios posee ese atributo. 'Pero', dirá alguien: '¿No es acaso Cristo inmortal? ¿Y no leemos acerca de los ángeles que no pueden morir?' Sí, y en Juan 5:26 leemos las palabras de Cristo: 'Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo'. Por lo tanto, Cristo, siendo el unigénito Hijo de Dios, participa de sus atributos y posee vida en sí mismo. Por lo tanto, tiene la capacidad de impartir vida a otros" (E.J. Waggoner, "Immortality", Signs of the Times, 4 septiembre 1884, 538).
"En nuestra investigación subsiguiente de este tema veremos cómo el término 'Señor' se aplica tanto al Padre como al Hijo, y aunque lo veamos en algunos lugares aplicado específicamente a uno de ellos, el acto atribuido a uno de ellos es también el del otro … Aprendemos de Juan 5:23 'que todos honren al Hijo como honran al Padre'. En consecuencia, allá donde veamos que el Padre dispone que se realice un acto, podemos saber que su realización honra igualmente al Hijo, y la negligencia en llevarlo a cabo es tanto un insulto al Hijo como al Padre. La desobediencia al Padre deshonra a Cristo" (E.J. Waggoner, "The Lord's Day", Signs of the Times, 27 noviembre 1884, 713).
"¿Qué aprendemos de ese versículo? [se cita Juan 3:16]. Que el amor de Dios por el mundo fue tan grande como para llevarlo a dar su Hijo en rescate. Podemos juzgar algo del amor de Dios por su Hijo, al recordar que Cristo era el resplandor de la gloria del Padre, 'la imagen misma de su sustancia', era 'heredero de todo', aquel por quien fueron creados todos los mundos (Heb 1:2-3); y que 'en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad'. Col 2:9. Dios es infinito en todos sus atributos, por consiguiente, su amor hacia su Hijo fue infinito. Y puesto que dio a su Hijo al mundo, sabemos cuán grande fue su amor por el mundo: fue infinito" (E.J. Waggoner, "Which is Evangelical?", Signs of the Times, 12 noviembre 1885, 681).
No es sorprendente que Waggoner incluyera esos mismos conceptos en sus presentaciones de la justicia por la fe en Minneapolis. En un artículo en Review anterior a la asamblea de 1888, incluyó la "divinidad de Cristo" como uno de los "temas propuestos para consideración" ("The General Conference Institute", Review and Herald, 16 octubre 1888, 684). El interés de Waggoner por ese asunto fue creciente, y era un tema habitual en sus charlas o escritos. W.C. White registró una de las presentaciones de Waggoner en la que declaró abiertamente: "Creemos en la divinidad de Cristo. Fue él quien creó todas las cosas en el cielo y en la tierra" (W.C. White, "Notes Made at the Minneapolis Meetings 1888, 15 octubre 1888; en Manuscripts and Memories, 421).
Waggoner continuó proclamando la divinidad de Cristo en los años siguientes al congreso de Minneapolis. En una serie en seis partes que escribió en Signs se refirió específicamente a la divinidad de Cristo en respuesta a un libro que los metodistas habían escrito sobre el asunto del sábado. Antes de responder a las cuestiones planteadas acerca del sábado, Waggoner se refirió a "una línea de pensamiento sugerida por una frase en el prefacio. Hablando de quienes observan el séptimo día como el sábado … el doctor [M. C. Briggs] dice: 'Uno solamente lamenta … su … negación de la divinidad de Cristo'". Waggoner dedicó seis artículos enteros -que citaremos sólo en parte- a demostrar la falsedad de tal acusación:
"Pero cuando el Doctor [M.C. Briggs] afirma que los adventistas del séptimo día niegan la divinidad de Cristo, sabemos que escribe irresponsablemente. Estamos totalmente persuadidos de que él sabe que no es así; pero sea como fuere, la acusación ha sido formulada tan a menudo por quienes se supone que conocían el tema del que estaban hablando, que muchos han llegado a creerla; y para beneficio de ellos, tanto como para el de quienes puedan estar pensando ahora en el asunto, nos proponemos aclarar la verdad. No tenemos una particular teoría que defender, de forma que en lugar de expresar propuestas, citaremos simplemente de la palabra de Dios y aceptaremos lo que dice … Juan 1:1 … De ahí aprendemos que Cristo es Dios. Ese solo texto, si es que no dispusiéramos de otro, bastaría para establecer la divinidad de Cristo, puesto que el término 'divinidad' significa 'naturaleza o esencia de Dios'. Creemos en la divinidad de Cristo debido a que la Biblia afirma que Cristo es Dios … El autor de la epístola a los hebreos, refiriéndose a la superioridad de Cristo respecto a los ángeles, dice que es debida a que 'heredó más excelente nombre que ellos'. Heb 1:4. ¿Cuál es el nombre que tiene por herencia? 'Dios poderoso'. Como unigénito Hijo de Dios, posee ese nombre por derecho" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 25 marzo 1889, 182).
"Así, ¿qué quiso decir al preguntar 'por qué me llamas bueno; no hay bueno más que uno, que es Dios?' Quería impresionar en la mente del joven el hecho de que aquel a quien se estaba dirigiendo como Maestro no era un simple hombre como otro más entre los rabinos, sino que era Dios. Reclamaba para sí la bondad absoluta, y puesto que no hay nadie bueno fuera de Dios, se identificó a sí mismo como Dios. Y podemos relacionar eso con la declaración del apóstol Pablo: 'En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad'. Col 2:9 … 'El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime … Entonces dije: "¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos". Isa 6:1-5. No podríamos saber a quién se refiere el texto si no es porque el propio Salvador, en Juan 12:40-41 citó las palabras de Isaías en el versículo 10 de ese mismo capítulo, aplicándoselas a sí mismo. En dichos versículos encontramos, no sólo la prueba de que los autores inspirados llamaban a Jesús el divino Hijo de Dios, sino de que el propio Jesús afirmaba ser Dios" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 1 abril 1889, 196).
"Como Hijo de Dios que es, ha de participar de la naturaleza de Dios. "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo". Juan 5:26. Se imparte vida e inmortalidad a los fieles seguidores de Dios, pero sólo Cristo comparte con el Padre el poder para impartir vida. Tiene "vida en sí mismo", es decir, es capaz de perpetuar su propia existencia … Que Cristo es divino, lo muestra el hecho de que recibió adoración. Los ángeles siempre han rehusado recibir adoración, pero leemos del Padre que "cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: 'Adórenlo todos los ángeles de Dios'". Heb 1:6 … Si Cristo no fuera Dios, entonces se trataría de idolatría. … No importa cuál sea la posición de la criatura, trátese de un animal, de un hombre o de un ángel, adorarlo está estrictamente prohibido. Sólo Dios puede ser adorado, y dado que Cristo puede ser adorado, Cristo es Dios. Tal afirma la Escritura verdadera … Al discutir la perfecta igualdad del Padre y el Hijo, y el hecho de que Cristo es Dios en su propia naturaleza. … Es de la substancia del Padre, de forma que es Dios en la misma naturaleza; y puesto que eso es así, "al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud. Col 1:19" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 8 abril 1889, 214).
"Observamos algunas de las obras que Cristo efectúa como Dios, y en ello encontraremos una prueba adicional de su divinidad … La primera forma en que Dios se nos revela en demanda de ser honrado, es como Creador … Ahora, puesto que todos deben honrar a Cristo de la forma en que honran al Padre, se deduce que el Hijo ha de recibir honra como Creador; por lo tanto, y de acuerdo a lo dicho por Pablo en Romanos, la creación visible es prueba de la "eterna potencia y divinidad" de Cristo … Col 1:15-17 … A partir de las palabras: "El primogénito de toda criatura", algunos han argumentado que el propio Cristo es un ser creado. Pero esa no es sólo una conclusión precipitada, sino directamente opuesta al propio texto. … En Él tuvo sus orígenes la creación, tal como se lee en Apoc 3:14. La creación existía en Él en embrión, por así decirlo; "porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud". Col 1:19. Ningún lenguaje podría describir más perfectamente la prexistencia y el poder creador de Cristo, que el empleado en Colosenses 1:15-17 … Nadie diga, por lo tanto, que al exaltar a Cristo corremos el peligro de rebajar nuestras ideas acerca de Dios. Es imposible tal cosa, pues cuanto más exaltadas sean las ideas que tenemos acerca de Cristo, más lo serán las que tengamos sobre el Padre" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 15 abril 1889, 230).
Puesto que todos deben honrar al Hijo como honran al Padre, deben honrarlo no sólo como Creador sino también como Dador de la ley … Sólo el poder que crea las leyes puede proveer para su ejecución. Vamos ahora a demostrar que fue Cristo quien dio la ley, tanto como da su justicia … Cristo fue el dirigente de los hijos de Israel desde Egipto a Canaán … En 1 Cor 10:9 Pablo especifica claramente contra quién estaban murmurando. Dice: 'Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes'. Por consiguiente, fue Cristo quien, con nombre de Dios, estaba dirigiendo a Israel, y fue contra él que murmuraron. Heb 3:5-11 enseña muy claramente eso mismo. Basta con leerlo de forma cuidadosa para apercibirnos de que es Cristo aquel contra cuya voz el Espíritu Santo nos advierte a no rechazar tal como hicieron los padres, quienes lo tentaron durante cuarenta años en el desierto … Puesto que Cristo era el dirigente del antiguo Israel desde Egipto a Canaán, se deduce que Cristo era el Ángel del Señor que apareció a Moisés en la zarza ardiente, y dijo: 'Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro…' Éxodo 3:6-8. Si alguien objetara a esa conclusión tan lógica, debido a que quien habla se presenta como 'YO SOY EL QUE SOY', como el que existe por él mismo -Jehová-, bastará con recordarle que el Padre ha dado al Hijo que tenga vida por sí mismo (Juan 5:26), que Cristo afirmó eso mismo acerca de él cuando proclamó: 'Antes que Abraham fuese, YO SOY' (Juan 8:58), supuesta blasfemia por la que los judíos procuraron apedrearlo; y el profeta le llama Jehová en el siguiente pasaje: 'Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual lo llamarán: "Jehová, justicia nuestra". Jer 23:5-6 … Éxodo 20:1-3. Esa escritura identifica positivamente al dirigente de los hijos de Israel desde Egipto como al Dador de la ley en Sinaí. Si alguien aduce que en la transacción no podemos separar al Padre del Hijo, respondemos que eso es precisamente lo que queremos destacar: Al Padre y al Hijo no se los puede separar en ninguna transacción, pues son uno. Pero de igual forma en que el Hijo es aquel mediante el cual todas las cosas fueron creadas, también es él quien declaró al pueblo la ley de Jehová. Por lo tanto, él es el Verbo divino. El Hijo declara la voluntad del Padre, que coincide con su propia voluntad" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 22 abril 1889, 247).
"Así, hemos demostrado de forma general y de forma particular que Cristo es el Dador de la ley para toda la raza humana. Por lo tanto, debemos honrarlo como Creador, como Dador de la ley, y, por último, como Redentor. Y en ello llegamos a la parte más animadora y reconfortante de todo lo precedente … Nuestro Redentor es nuestro Dios. ¡Qué seguridad nos da eso de la fidelidad de las "preciosas y grandísimas promesas" del evangelio! Los habitantes de este pequeño planeta quebrantaron la gran ley del universo, y el Dador de la ley se dio a sí mismo para redimir a esos rebeldes … Y si el Dador de la ley se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de la transgresión de su propia ley, ¿qué mayor seguridad podríamos pedir de que va a salvar hasta lo sumo a todo el que viene a él?" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 9 mayo 1889, 262).
En 1890, Waggoner expandió esos artículos y los publicó en forma de libro en Cristo y su justicia. A lo largo de varios capítulos, lo mismo que en sus artículos de 1889, trató específicamente de la divinidad de Cristo. Su propósito explícito era claro: "Nuestra intención en esta investigación es establecer la posición de Cristo en igualdad de pleno derecho con el Padre, a fin de que su poder para redimir pueda ser mejor apreciado" (página 19). Destacaremos aquí sólo unos pocos párrafos:
"A Cristo se le otorga la más alta prerrogativa: la de juzgar. Ha de recibir el mismo honor debido a Dios, por la razón de que es Dios. El discípulo amado da este testimonio: 'En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios'. Juan 1:1. El versículo 14 demuestra que ese Verbo divino no es otro que Jesucristo: 'El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre'" (página 9).
"A Cristo se lo llama Dios en muchos lugares de la Biblia. Dice el salmista: 'El Dios de dioses, Jehová, ha hablado y ha convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone … Los cielos declararán su justicia, porque Dios es el juez'. Sal 50:1-6. Se puede saber que el pasaje se refiere a Cristo: 1) por el hecho ya mencionado de que todo el juicio le ha sido encomendado al Hijo, y 2) por el hecho de que es en la segunda venida de Cristo cuando envía a sus ángeles para reunir a sus escogidos desde los cuatro vientos. Mat 24:31" (página 11).
"Cuando venga, lo hará como el "Dios fuerte" … Esas no son meramente las palabras de Isaías, sino las del Espíritu de Dios … Ese nombre no le fue dado a Cristo en razón de algún gran logro, sino que le pertenece por derecho de herencia. Hablando del poder y la grandeza de Cristo, el escritor de Hebreos afirma que es hecho tanto mejor que los ángeles, por cuanto 'heredó más excelente nombre que ellos'. Heb 1:4 … Cristo es la 'imagen expresa' de la persona del Padre. Heb 1:3. Como Hijo del Dios que existe por sí mismo, tiene por naturaleza todos los atributos de la Deidad" (página 11-12).
"Y finalmente tenemos las palabras inspiradas del apóstol Pablo refiriéndose a Jesucristo: 'Al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud'. Col 1:19. En el siguiente capítulo se nos da a conocer en qué consiste esa plenitud que habita en Cristo: 'En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad'. Col 2:9. Ese es el testimonio más absoluto e inequívoco del hecho de que Cristo posee por naturaleza todos los atributos de la Divinidad. La divinidad de Cristo vendrá a ser un hecho prominente a medida que procedamos a considerar a Cristo como el Creador" (página 15).
"Heb 1:8-10. Aquí encontramos al Padre dirigiéndose al Hijo como Dios, y diciéndole: 'Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos'. Cuando el propio Padre atribuye ese honor a su Hijo, ¿quién es el hombre para negarlo? Con esto podemos cerrar el testimonio directo concerniente a la divinidad de Cristo, y al hecho de que es el Creador de todas las cosas" (página 18).
"¿Es Cristo un Ser creado? Antes de pasar a algunas de las lecciones prácticas que se deben aprender a partir de esas verdades, hemos de prestar atención por un momento a una opinión que sostienen en total sinceridad muchos que de forma alguna quisieran deshonrar a Cristo, pero que mediante esa opinión, de hecho, niegan su divinidad. Consiste en la idea de que Cristo es un ser creado que por voluntad divina fue elevado a su actual posición encumbrada. Nadie que albergue una idea tal puede tener un concepto adecuado de la exaltada posición que realmente ocupa Cristo. Esa postura se construye sobre una comprensión defectuosa de un solo texto: Apocalipsis 3:14 … Así, la afirmación de qué él es el principio o cabeza de la creación de Dios, significa que en él tuvo la creación su principio; que, como él mismo asevera, él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último" (página 21).
"Cristo 'está en el seno del Padre', siendo por naturaleza de la misma substancia de Dios y teniendo vida en él mismo. Se lo llama con propiedad Jehová, el que existe por sí mismo, y así aparece en Jeremías 23:5-6, donde se dice que el Renuevo justo, que hará juicio y justicia en la tierra, será conocido así: Jehová-tsidekenu, que es JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA" (página 23-24).28
Es posible que algún lector opine que hemos sido demasiado exhaustivos al presentar los conceptos de Waggoner sobre la divinidad de Cristo, pero dado que se lo ha acusado de ser arriano y de creer que "Cristo fue un ser creado", hemos querido dejar ese tema absolutamente claro. No es preciso mayor comentario. Los escritos de Waggoner hablan por sí mismos.
Respuesta de Ellen White
En una carta escrita a Jones y Waggoner un año y medio antes del encuentro de Minneapolis, Ellen White expresó la necesidad que tenía la iglesia de reconocer la gran humillación de Cristo al comprender, no sólo la profundidad hasta la que llegó -en semejanza de carne de pecado-, sino también la altura desde la que descendió -la posición de Dios Creador-. En los tres años que siguieron, expresaría vez tras vez esas ideas en el contexto del mensaje preciosísimo que entonces estaba siendo dado:
"'Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús'. Llenad vuestra mente con la gran humillación de Jesús, y contemplad entonces su carácter divino, su majestad y gloria de lo Alto, y su despojarse de ellos para vestir su divinidad con humanidad. Entonces podemos apreciar una negación del yo, un sacrificio de sí mismo que maravilló a los ángeles … Mirad entonces más allá del disfraz, y ¿a quién vemos? -Vemos a la Divinidad, vemos al eterno Hijo de Dios, tan poderoso, tan infinitamente dotado con todos los recursos del poder, y se encontró en la condición como hombre" (Ellen G. White a E.J. Waggoner y A.T. Jones, Carta 37, 18 febrero 1887; en The Ellen G. White 1888 Materials, 28-29).
"Cristo condescendió en tomar la naturaleza humana, pero los poderes atrofiados del hombre fueron incapaces, debido a la ignorancia, de comprender o distinguir lo divino. A Jesús no se lo eximió de la necesidad de definir y defender su naturaleza divina, debido a que las mentes de los hombres eran de tal forma humanas, que no podían distinguir lo divino más allá de la asunción de humanidad. Para dar vida a sus lecciones se vio obligado, cuando tales impresiones eran un obstáculo para su utilidad, a referirse a su carácter misterioso y divino, llevando las mentes de ellos a una línea de pensamiento favorable al poder transformador de la verdad" (Ellen G. White, Manuscrito 16, "The Discernment of Truth", enero 1889; en The Ellen G. White 1888 Materials, 260).
"Necesitamos que venga ahora sobre nosotros un poder y nos estimule a la diligencia y a la fe ferviente. Entonces, bautizados con el Espíritu Santo, tendremos a Cristo formado en nosotros, la esperanza de gloria. Entonces revelaremos a Cristo como al divino objeto de nuestra fe y amor. Hablaremos de Cristo, oraremos a Cristo y acerca de Cristo. Alabaremos su santo nombre. Presentaremos ante la gente sus milagros, su negación del yo, el sacrificio de sí mismo, sus sufrimientos, su crucifixión, su resurrección y su ascensión triunfante. Esos son los temas inspiradores del evangelio para despertar amor y un celo intenso en todo corazón" (Ellen G. White, Manuscrito 27, "Counsel to Ministers", enero 1889; en The Ellen G. White 1888 Materials, 432).
"Las doctrinas populares de este tiempo no pueden representar correctamente a Jesús. Nuestro Salvador representaba al Padre. Él despejó las densas tinieblas del trono de Dios, la sombra infernal que Satanás había arrojado para ocultar a Dios de la vista y el conocimiento. Cristo revela el trono de Dios y revela al mundo al Padre como luz y amor. El hecho de que vistiera su divinidad con humanidad evidencia con claridad ese amor en una luz que la humanidad puede comprender … ¿por qué no aferrarnos por la fe a la naturaleza divina? Es nuestro privilegio. Se hará cualquier cosa en favor de aquel que cree" (Ellen G. White, Manuscrito 10, "The Excellence of Christ", octubre 1889; en The Ellen G. White 1888 Materials, 448-449).
"En Cristo se combinaban la divinidad y la humanidad. La divinidad no se degradó en la humanidad; la divinidad conservó su lugar, pero la humanidad, estando unida a la divinidad, resistió la más fiera prueba de la tentación en el desierto. … El hombre puede ser hecho participante de la naturaleza divina; no hay ni una sola alma viviente que no pueda evocar la ayuda del Cielo en la tentación y la prueba. Cristo vino a revelar la fuente de su poder, a fin de que el hombre no se apoyara jamás en sus capacidades humanas desprovisto de ayuda" (Ellen G. White, "Charla matinal, 29 enero 1890", Review and Herald, 18 febrero 1890, 97; en The Ellen G. White 1888 Materials, 533).
Cuando Ellen White oyó la proclamación del mensaje de Cristo, no pudo más que alegrarse. En 1890, hablando del corazón mismo del mensaje que Jones y Waggoner estaban compartiendo, Ellen White afirmó que "se ha presentado al pueblo de Dios el mensaje que lleva las credenciales divinas … se ha presentado con encanto y belleza la plenitud de la Deidad en Jesucristo" (Ellen G. White, "Living Chanels of Light", Review and Herald, 27 mayo 1890, 321; en The Ellen G. White 1888 Materials, 673). Varios años después, resumiendo el mensaje de 1888 que envió el Señor, escribió acerca de ese mismo tema como siendo una de las partes esenciales de aquel precioso mensaje:
"En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones … Muchos habían perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres, impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu" (Ellen G. White a O.A. Olsen, Carta 57, 1 mayo 1895, en The Ellen G. White 1888 Materials, 1336).
El Hijo unigénito
A medida que Waggoner avanzaba más allá de la comprensión común de la Iglesia sobre la naturaleza divina de Cristo -por entonces todavía sosteniendo puntos de vista arrianos y semiarrianos-, hubo unas pocas ocasiones en las que expresó sus pensamientos en términos menos avanzados que en años posteriores, cuando las declaraciones clarificadoras de Ellen White jugarían un papel más importante. Una tal declaración de parte de Waggoner se encuentra en la serie que escribió en 1889 para Signs, y la otra en su expansión del mismo tema en forma de libro, en Christ and His Righteousness, publicado a principios de 1890. Waggoner nunca reiteró en esos términos tales puntos de vista sobre la existencia de Cristo en libros o artículos posteriores:
"Algunos tienen dificultad en reconciliar la declaración de Cristo de Juan 14:28: 'Mi Padre mayor es que yo', con la idea de que él es Dios, y es digno de adoración. Algunos consideran aisladamente ese texto como si fuera suficiente para derribar la idea de la divinidad de Cristo; pero de ser así, lo único que probaría es una contradicción en la Biblia e incluso en las palabras de Cristo, ya que se afirma de la forma más positiva, tal como hemos visto, que Cristo es divino. Hay dos hechos que son ampliamente suficientes para explicar la afirmación de Cristo registrada en Juan 14:28. Uno es que Cristo es el Hijo de Dios. Si bien ambos son de la misma naturaleza, el Padre lo antecede en el tiempo. Es también mayor por no haber tenido principio, mientras que la personalidad de Cristo tuvo un principio. La declaración es también enfáticamente verdadera al considerar la posición que Cristo había asumido. 'Se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres'. Fil 2:7. 'Fue hecho un poco menor que los ángeles … a causa del padecimiento de la muerte'. Heb 2:9. A fin de redimir al hombre, tenía que descender hasta donde este estaba. No depuso su divinidad, pero depuso su gloria y veló su divinidad con humanidad. Por lo tanto, su declaración 'mi Padre mayor es que yo', es perfectamente consistente con la afirmación hecha por él mismo, y también por todos los que escribieron sobre él, al propósito de que era y es Dios" (E.J. Waggoner, "The Divinity of Christ", Signs of the Times, 8 abril 1889, 214. A partir de esos artículos se hicieron otros escritos, que se imprimieron en Bible Echo de Australia el 1 de octubre de 1889 y en Present Truth de Inglaterra el 18 de diciembre de 1890, pero Waggoner nunca escribió esas ideas en nuevos artículos o libros).
"Las Escrituras declaran que Cristo es "el unigénito Hijo de Dios". Es "unigénito" -o engendrado-; no creado. En referencia a cuándo, no nos corresponde a nosotros el inquirir, ni podrían nuestras mentes comprenderlo aun si se nos explicara. El profeta Miqueas nos dice todo cuanto podemos saber acerca de ello en estas palabras: 'Tú Belén Efrata, pequeña entre los millares de Judá, de ti saldrá el que será Señor en Israel. Sus orígenes son desde el principio, desde los días de la eternidad' (Miqueas 5:2). Hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios, del seno del Padre (Juan 8:42; 1:18), pero fue tan atrás en los días de la eternidad que para el entendimiento finito significa sin comienzo" (E.J. Waggoner, Cristo y su justicia, 22).
Ninguna de esas dos declaraciones mereció un reproche de parte de Ellen White. ¿Y por qué debería merecerlo? Según la definición clásica, Waggoner no estaba expresando conceptos arrianos ni semiarrianos.
Eric Webster observa apropiadamente: "Para Waggoner, Cristo fue divino y preexistente, pero -al menos según su postura en 1889- no totalmente eterno. Sólo en ese sentido Waggoner mostró afinidad con la posición semiarriana … Waggoner tiene un elevado concepto de la deidad de Cristo. Aporta evidencia bíblica del hecho de que Cristo es Dios … Para Waggoner, Cristo no fue un ser creado, sino engendrado por el Padre. Hace una clara distinción entre ser creado y ser engendrado … Afirma que Cristo es 'de la misma substancia y naturaleza de Dios', y que 'posee inmortalidad por derecho propio, pudiéndola conceder a otros'" (Crosscurrents in Adventist Christology, 177-179, original sin cursivas).
Waggoner había avanzado ya en los conceptos sobre la Deidad más allá de lo que muchos de los fundadores de la Iglesia habían hecho, y lo hizo sin la ayuda de las declaraciones clarificadoras que sólo posteriormente escribiría Ellen White. Obsérvese el reconocimiento de ese hecho por parte de autores contemporáneos:
"Por consiguiente, la de Waggoner fue la primera tentativa competente de abordar la visión más amplia de Cristo en la plenitud de la divinidad, como base y provisión suficiente para la justicia por la fe en favor nuestro. Desafortunadamente para el Dr. Waggoner, por aquel tiempo Ellen White todavía no había hecho la mayor parte de sus declaraciones más categóricas sobre la prexistencia y completa deidad de Cristo. En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente" (LeRoy E. Froom, Movement of Destiny, 296).
"La cuestión de la divinidad de Jesús estaba en la agenda del congreso de 1888. En aquella ocasión … Ellet J. Waggoner refutó los últimos argumentos semiarrianos que aún persistían en la Iglesia, y en definitiva puso el fundamento bíblico necesario para establecer la plena y completa divinidad de Jesucristo … Ambos [Jones y Waggoner] dejaron su impronta en la historia de la Iglesia adventista con sus presentaciones sobre la justificación por la fe. Para Waggoner, ese tema sólo se podía entender a través de las gafas de la cristología … Por aquel tiempo diversos líderes de la Iglesia albergaban conceptos semiarrianos o adopcionistas sobre la naturaleza divina de Cristo; de ahí la importancia de la cuestión suscitada por Waggoner cuando abordó el problema: '¿Es Cristo Dios?' La insistencia de Waggoner en que Cristo era por naturaleza de la misma substancia de Dios y poseía vida por sí mismo, fue sin duda una novedad ante los ojos de algunos de los delegados en el congreso de Minneapolis. Su posición sobre la naturaleza divina de Cristo fue probablemente parte del motivo para la oposición a su mensaje de justificación por la fe, de parte de muchos de los delegados. La contribución de Waggoner en ese particular, así como en lo relativo a la naturaleza humana de Cristo, fue decisiva. Froom lo reconoce sin dudar: 'En 1888 Waggoner fue pionero, sin el beneficio de las muchas declaraciones que hizo [Ellen White] posteriormente, no sólo acerca de la eterna prexistencia de Cristo, sino de su existencia propia individual y de su infinitud, igualdad y omnipotencia'. La propia Ellen White lo expresó así tras haber oído a Waggoner: 'La plenitud de la divinidad en Jesucristo ha quedado establecida entre nosotros con gracia y belleza'. Para ella, eso demostraba que Dios estaba obrando en medio de ellos. La interpretación de Waggoner era, en su mayor parte, la demostración teológica de lo que ella siempre había creído y afirmado en sus escritos hasta aquel momento" (J.R. Zurcher, Touched With Our Feelings, 34-37).
Hacia la primavera de 1890, Waggoner parece haber avanzado incluso más en relación a sus conceptos precedentes, al afirmar:
"A través de la mediación y expiación de Jesucristo, siendo Dios desde la eternidad, se encarnó, y mediante su muerte en la cruz se convirtió en el sacrificio por el pecado, hizo expiación por él, y habiendo resucitado de la tumba, ascendió al cielo, donde se sentó a la diestra del Padre para hacer intercesión por su pueblo. El completo carácter y valor de una religión tal consiste en que es, tal como pretende ser, un plan sobrenatural para la salvación del pecado" (E.J. Waggoner, "A Movement to Unite Church and State", American Sentinel, 27 marzo 1890, 100).
Pasarían otros ocho años antes que Ellen White hiciese su célebre declaración: "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra. 'El que tiene al Hijo, tiene la vida'. 1 Juan 5:12. La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna" (El Deseado, 489.2). Qué lamentable es que algunos hayan tergiversado hoy completamente a Waggoner en ese tema.
Nota 44 del libro El retorno de la lluvia tardía, de Ron Duffield, páginas 322-323:
Woodrow Whidden ha llegado muy lejos malinterpretando a Waggoner sobre el tema de la divinidad de Cristo. Afirma:
"No se cuestiona el apoyo manifiesto de Ellen White a Jones y Waggoner. El asunto clave, no obstante, parece ser si ese vigoroso apoyo significó apoyo total para cada una de las posiciones teológicas de ellos. Por ejemplo: ¿apoyó [Ellen White] su posición de que Cristo fue un ser creado (arrianismo)?" (Woodrow Whidden, Ellen White on Salvation, 90).
Whidden llevó esa misma posición al Primacy of the Gospel Committee (un comité constituido por Robert Folkenberg en 1994, mientras era presidente de la Asociación General, con el propósito de profundizar en la doctrina de la justicia por la fe):
"Al iniciarse nuestro comité, el Dr. Whidden intentaba forzarme [Robert Wieland] a que confesara que E.J. Waggoner fue arriano. Arriano es quien no cree que Cristo sea eterno, divino; [cree que] fue creado. Respondí: 'No puedo afirmar tal cosa'. [Whidden dijo]: 'Hermano Wieland, todos creen eso'. [Wieland dijo] 'Siento no poder estar de acuerdo con eso'. [Whidden] me presionó con fuerza: '¿Está queriendo decir que es usted el único aquí que va a afirmar que Waggoner no fue arriano?' Dije: 'No puedo estar de acuerdo con eso''" (Robert J. Wieland, "Third Angel's Message & Corporate Repentance", 24 marzo 1996).
George Knight tergiversa asimismo la historia al intentar forzar a Waggoner a una postura arriana -bajo una etiqueta semiarriana-:
"No todo lo que Waggoner, Jones y Prescott enseñaron sobre Jesús era diáfano, incluso en el período inmediatamente posterior a Minneapolis … en Christ and His Righteousness (1890) [Waggoner] expresó visiones semiarrianas de Cristo al escribir que 'hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios'. Ese semiarrianismo que enseñaba que Cristo no era igual a Dios, había sido prominente en la teología adventista desde sus comienzos en la década de 1840. El que Waggoner enseñara tales puntos de vista a finales de la década de 1880 y principios de la de 1890, no obstante, no los convirtió en verdad. Ellen White y la mayoría de la Iglesia rechazaría ambos puntos de vista junto a otros, durante la década de 1890" (George Knight, From 1888 to Apostasy, 132-133, original sin cursivas).
Pero Waggoner no dijo ni en una sola ocasión que Cristo no fuera igual a Dios.
Por último, David McMahon tergiversa también a Waggoner al afirmar:
"Waggoner intentó confesar valientemente la divinidad de Cristo. Negó que Cristo fuera un ser creado. Dijo que Cristo es Dios, tanto Creador como Dador de la ley … sin embargo, Waggoner siguió siendo arriano en el sentido clásico" (Ellet Joseph Waggoner: The Myth and the Man, 102, original sin cursivas).
¿Por qué ese esfuerzo combinado, esa agenda para tergiversar a Waggoner sobre la divinidad de Cristo? En sus críticas biográficas que a menudo bordean el cinismo, Knight y Whidden calumnian a Jones y Waggoner al mismo tiempo que promueven su propia teología afín a la de Desmond Ford: una teología que busca promover el punto de vista evangélico sobre la naturaleza humana de Cristo que ha popularizado Questions on Doctrine (Preguntas sobre doctrina) y el propio Desmond Ford.
El asunto, por lo tanto, no es realmente la divinidad de Cristo. Knight y Whidden crean un falso conflicto sobre la divinidad de Cristo, para pasar a continuación a la naturaleza humana de Cristo. Ese es un ejemplo de la táctica del cebo-anzuelo que es tan antigua como el propio pecado. Esta es su implicación: si Waggoner fue nada menos que un arriano en sus puntos de vista acerca de la naturaleza divina de Cristo -Jesús fue un dios creado-, ¿qué credibilidad se le puede dar en sus puntos de vista sobre la naturaleza humana de Cristo? Pero ese planteamiento sólo se puede sustentar violentando los hechos históricos.
Luis Bueno, 8 octubre 2018