Gén. 15:6: "Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia"
¿Qué fue lo que creyó Abraham? ¿Creyó que Dios existe? ¿Creyó que Dios lo perdonaba, que estaba salvo? Todo lo anterior es cierto, pero ¿cuál fue el tema concreto allí?
Gén. 15:7-8: "Jehová le dijo: -Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos para darte a heredar esta tierra. Abram respondió: -Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?"
El asunto era una herencia (más tarde veremos cómo esa herencia lleva implícito el perdón y la salvación).
Dios se había aparecido en visión a Abraham, y le había dicho:
Gén. 15:1: "No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa [será] muy grande"
A lo que Abraham respondió:
Gén. 15:2-3: "Señor Jehová, ¿qué me darás, si no me has dado hijos y el mayordomo [hijo, primogénito, heredero] de mi casa es ese Eliezer, el damasceno? Dijo también Abram: -Como no me has dado prole, mi heredero será un esclavo nacido en mi casa"
Dios le dijo entonces:
Gén. 15:4: "No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede"
Veis que el asunto es primariamente una herencia.
Gén 15:5: "Entonces lo llevó fuera y le dijo: -Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. Y añadió: -Así será tu descendencia"
Esa fue la promesa que Dios le hizo, y es la promesa que Abraham creyó.
Observad que lo que Abraham creyó, la fe que tuvo, no consistió primariamente en creer que Dios le iría perdonando todos los pecados que cometiera, de forma que finalmente se salvaría.
La fe de Abraham consistió en creer que Dios era poderoso para cumplir lo que había prometido, eso precisamente que humanamente le parecía (a él y a cualquiera) imposible, eso que su experiencia pasada no le permitía contemplar como una posibilidad.
Rom. 4:20-22: "Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por eso, también su fe le fue contada por justicia"
¿Cuál era la única evidencia que tenía Abraham por entonces? Sólo la palabra de Dios. Nada más. Y Abraham la creyó.
¿Qué nos enseña eso sobre la fe de la que habla la Biblia? ¿En qué consiste? Veámoslo en un episodio referido por Mateo:
Mat. 8:5-10: "Al entrar Jesús en Capernaum, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: -Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Jesús le dijo: -Yo iré y lo sanaré. Respondió el centurión y dijo: -Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este: "Ve", y va; y al otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: -De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe"
El centurión romano tenía un concepto adecuado de lo que representaba Cristo, ya que se sintió indigno de recibirlo en su casa, pero más aún: su fe le permitió estar seguro de que no era necesario que Cristo fuera a sanar a su criado enfermo; bastaría con que pronunciara "la palabra", y su siervo sanaría. El centurión supo que la palabra de Dios no es como la palabra del hombre, y la recibió, la pidió, honrándola y manifestando fe en que la palabra de Jesús obraría el milagro. Los tesalonicenses manifestaron una fe similar, lo que hizo que Pablo diera gracias a Dios sin cesar por ellos:
1 Tes. 2:13: "Damos gracias a Dios sin cesar, porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes"
Ese es el motivo por el que cuando Dios nos declara justos, nos hace justos (nos da la justicia de Cristo), de la misma forma en que, cuando declaró "sea la luz", fue la luz, y que cuando declaró: "quiero; sé sano" el cojo anduvo y el ciego vio. No fue algo imaginario o judicial ("para mí es como si estuvieras curado; yo no te veo paralítico, te veo curado"). Necesitamos esa clase de fe.
Juan 15:3: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado"
No hay duda de que la fe del centurión era auténtica. Así lo afirmó Cristo. No se puede hablar de fe allí donde falta la Palabra, o la confianza en la Palabra de Dios, ya que:
Rom. 10:17: "La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios"
Fe no es sinónimo de estar muy seguro de algo (la superstición y la presunción también pueden exhibir esa seguridad). La fe es confiar en que la palabra de Dios es poderosa para hacer lo que la propia palabra dice, y confiar solamente en ella para su cumplimiento. La fe elije creer que el poder de la palabra lo hará, en lugar de conformarse con lo que humanamente parece factible.
Esa fue la fe de Abraham. ¿Se escribió todo eso sólo para Abraham, o se escribió también para cada uno de nosotros?
Rom. 4:23-24: "Su fe le fue contada por justicia. Pero no sólo con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación"
Esa fue también la fe de Jesús. Según Heb. 12:2, él es el "autor y consumador de la fe", y según Rom. 12:3, Dios reparte a cada uno una "medida de fe". Cuando decidimos ejercitar esa fe que Jesús creó y puso a prueba en sus días en esta tierra, somos hechos hijos de Dios, lo mismo que Abraham. Y esa justicia obtenida al margen de la ley, se manifestará tal como lo hizo en el caso de Abraham, "testificada por la Ley y por los Profetas" (Rom. 3:21):
Gén. 26:5: "Oyó Abraham mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes"
Vivir de esa forma -guardando la ley de amor- es tan imposible para la carne, como engendrar un hijo en la condición de Abraham y Sara. Pero nuestra decisión de creer permite a Dios obrar el milagro.
1 Tes. 5:23-24: "Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará"
Volvamos a la herencia. ¿Se trata sólo de la herencia de Abraham? ¿Nos concierne también a nosotros? ¿Qué tenemos que ver con ella?
Gén. 15:5: "Entonces lo llevó fuera y le dijo: -Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. Y añadió: -Así será tu descendencia"
¿Quién puede ser esa "descendencia"?
1) Gál. 3:16: "A Abraham fueron hechas las promesas, y a su descendencia. No dice: 'a los descendientes', como si hablara de muchos, sino como de uno: 'a tu descendencia', la cual es Cristo'"
2) Gál. 3:29: "Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa"
Leemos en Gál. 3:26: "Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús", y en Gál. 4:6-7:
"Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: '¡Abba, Padre!'. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo".
A todos los que hemos creído en Cristo, él nos ha hecho "herederos de Dios", y nos ha dado como arras -como anticipo de la herencia- el Espíritu Santo, que habita en nuestro corazón y hace que sintamos el deseo de alabar al Señor.
Efe. 1:13-14: "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria"
¿Habéis meditado en lo que significa ser "herederos de Dios por medio de Cristo"? ¿Podéis imaginar una herencia mejor, más inmensa que esa?
Oración
1) Pedir al Padre que todos los presentes puedan saber que al aceptar su Palabra, al aceptar a Cristo, al ejercer fe en él, son hechos herederos de Dios.
2) Pedir al Padre que nos dé una comprensión de lo que significa el inmenso honor de ser herederos de él, y el privilegio de vivir como tales.
3) Pedir al Padre que su Espíritu Santo ponga en el corazón de cada uno una alabanza; todo ello en el nombre de Jesús.
Gén. 15:7: "Jehová le dijo: -Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos para darte a heredar esta tierra"
¿En qué consiste realmente la herencia, esa herencia que es la nuestra? ¿Qué significa "heredar esta tierra" en Gén. 15:7?
Primariamente consistía en heredar la tierra de Canaán (en el tipo):
Gén. 15:16: "Tus descendientes volverán acá en la cuarta generación, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la maldad del amorreo [cananeo]"
Dos versículos más adelante vemos que en realidad comprende mucho más que la morada de los cananeos, o Palestina:
Gén. 15:18: "Aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: -A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates"
Si miráis un mapa, veréis que desde el Nilo hasta el Éufrates hay un gran territorio. Son tierras situadas en una latitud algo más al sur que España (buen clima, casi ecuatorial), tienen salida al mediterráneo oriental, al mar caspio, al mar rojo y al negro, y también el arábigo y al océano índico. Allí se concentraba la civilización en los días de Abraham; por allí había estado el Edén.
¿Es esa la herencia que Dios prometió a Abraham: (1) a Cristo, su "Descendiente", y (2) a nosotros, sus "descendientes"? En la época de David o de Salomón, el pueblo de Dios se extendió más o menos por ese territorio…
Rom. 4:13: "La promesa de que sería heredero del mundo, fue dada a Abraham o a su descendencia, no por la ley sino por la justicia de la fe"
¡Se trata del mundo! La herencia de Cristo no es nada menor que los nuevos cielos y la nueva tierra restaurada. Eso es lo que se prometió a Abraham y "a su descendencia", a los hijos herederos de Dios, a todos nosotros.
¿Se refería quizá la promesa a la tierra que Abraham pisó, a la tierra que "poseyó"? Cuando a Abraham se le hizo la promesa que hemos leído en Génesis 15, habitaba en tierra de Canaán:
Gén. 13:12: "Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura"
Según el relato de Esteban, Dios había dicho a Abraham:
Hechos 7:3-5: "'Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te mostraré'. Entonces salió de la tierra de los caldeos [Babilonia] y habitó en Harán; y de allí, cuando murió su padre, Dios lo trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. No le dio herencia en ella ni aun para asentar un pie, pero prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque él aún no tenía hijo"
La herencia prometida va más allá de lo que podían pisar los pies de Abraham, Isaac, Jacob, David o Salomón. La fértil tierra de Canaán, al ser tomada por Israel, no era más que un tipo del gran cumplimiento de esa promesa que abarca todas las promesas.
Veamos algo muy importante en relación con esa herencia:
Gén. 17:8: "Te daré a ti y a tu descendencia después de ti la tierra en que habitas, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos"
La palabra traducida por "perpetua" es OLAM, que la mayor parte de las veces se traduce en la Biblia como "eterno" o "eterna" (como sustantivo, se aplica incluso a Dios: "el Eterno").
¿Cómo podía Dios darle a Abraham la tierra en "heredad eterna", sin darle la vida eterna para que poseyera esa tierra por la eternidad? ¿Comprendéis lo que incluye la promesa que Dios nos hace? ¡Es la vida eterna, para poseer esa heredad eterna!
Veamos más sobre la naturaleza de la herencia que Dios nos promete:
2 Ped. 3:13: "Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia"
¿Podríamos morar en un cielo y una tierra nueva en los que mora la justicia, siendo injustos? Por lo tanto, ¿qué nos da Dios junto con la promesa? -Su justicia, la perfecta justicia de Cristo. Va incluida en su promesa. Y pasará el cielo y la tierra antes que Dios deje de cumplir todas y cada una de sus promesas.
Es imposible imaginar todo lo que Dios nos da en su promesa, todo lo que nos da en el don de Cristo. Sólo podemos ver un pálido reflejo de esa realidad.
¿Qué es lo que Dios espera de nosotros en respuesta?
Gén. 17:9: "Dijo de nuevo Dios a Abraham: -En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti de generación en generación"
"Mi pacto" eran las promesas que Dios había hecho a Abraham (Gál. 3:16-18), y guardar ese pacto era persistir en creerlas, en creer en el poder para obrar que tiene la palabra de Dios.
Gén 15:6: "Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia"
Cuando os parezca difícil alcanzar esa fe, dejad de mirar hacia vosotros, y mirad al que creó los cielos y la tierra, al que estuvo en esta tierra cuando habían pasado cuatro mil años de pecado, y habiendo sido tentado en todo como nosotros, no pecó jamás. Confiad en el Todopoderoso que nos comprende. Confiad en sus promesas y dad una respuesta positiva al interrogante que hizo Jesús refiriéndose al tiempo de su venida, el que ahora estamos viviendo:
Luc. 18:8: "Cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?"
Que la encuentre en vuestro corazón, en el corazón de cada uno de los que estamos aquí. Que no encuentre la duda, sino la certeza, ya que:
2 Cor. 1:20: "Todas las promesas de Dios son en él [Cristo] 'sí', y en él 'Amén'"
Resumen: En Cristo, en virtud de su sacrificio y su mediación, Dios nos ha hecho sus herederos con él (al hacernos sus hijos por la fe). Dios nos promete los cielos nuevos y la tierra nueva; nos promete la vida eterna y también la perfecta justicia de Jesús, que incluye el perdón y su promesa de escribir su ley de amor en nuestras mentes y corazones, tal como expresa el pacto eterno que Dios hizo con Abraham. Os invito a meditar en él, en este vídeo de 4 minutos, según palabras de Jeremías. Se titula "Pacto eterno" (Brit Olam) y está cantado en hebreo por un grupo de Israel.
(Wscuela sabática 4 noviembre 2017)
Luis Bueno