Cuando se acumulan los problemas y las incertidumbres en el mundo, en nuestra iglesia y en nuestras propias familias, haremos bien en seguir el consejo del Señor, consistente en tener presente la meta, en elevarnos por encima del aquí y ahora, y contemplar por la fe el sol que brilla encima de las nubes y la niebla: pensar en el Cielo y la eternidad.
• El pecado se habrá terminado. "No se levantará dos veces" (Nahum 1:9).
• No porque Dios haya retirado la libertad de elección a sus criaturas inteligentes.
• Sino porque todo el universo estará "vacunado" contra el pecado.
• En el conflicto de los siglos, Dios no sólo vencerá, sino que convencerá.
• El carácter de Dios será mejor conocido tras la incursión del pecado, el despliegue de la gracia y la resolución del conflicto.
• Nosotros, los redimidos, seremos "misioneros" en el Cielo. Nuestra experiencia y nuestro testimonio será de valor para los seres que jamás conocieron la rebelión, el pecado y la miseria en ellos mismos.
• Cristo, y lo que hizo Cristo en nosotros, revelará el carácter de Dios ante el universo de una forma especial.
• Así, todos conocerán el carácter de Dios y nadie volverá a pecar.
• Pero todos conservarán la libertad de elección que Dios les dio.
• La libertad es imprescindible en un universo regido por el principio del amor, emanado del carácter de Dios.
• El plan de salvación no sólo logró eliminar el pecado.
• También logró un estado de inmunización permanente contra el pecado.
• Esa inmunización contra la rebelión está basada en un mejor conocimiento de Dios.
• Ese conocimiento estará en continua evolución, puesto que Dios es infinito. Será un estudio / descubrimiento constante que no tendrá fin.
• Nunca se agotará el caudal de conocimiento emanado del carácter de Dios.
• A medida que lo conozcamos mejor, aumentará continuamente nuestra reverencia, nuestra alabanza y agradecimiento a nuestro Creador, Redentor y Sustentador.
• La eternidad no podrá agotar jamás ese conocimiento en continuo progreso.
Solemos pensar que a partir de la segunda venida de Cristo se resolverán de forma instantánea todas las incógnitas, preguntas y perplejidades para las que aquí no teníamos respuesta. En cierto modo es verdad: no habrá ya ninguna tentación a la incredulidad.
Pero los grandes temas de la redención serán continuo objeto de estudio, y algunos aspectos cruciales jamás serán plenamente comprendidos, lo que permitirá que estemos continuamente avanzando en el conocimiento del amor redentor de Dios.
El Espíritu de profecía tiene algo que decir al respecto de los temas en cuyo estudio avanzaremos por la eternidad sin agotarlos nunca:
La Palabra de Dios, como el carácter de su divino Autor, presenta misterios que nunca podrán ser plenamente comprendidos por seres finitos. La entrada del pecado en el mundo, la encarnación de Cristo, la regeneración, la resurrección y otros muchos asuntos que se presentan en la Sagrada Escritura son misterios demasiado profundos para que la mente humana los explique, o siquiera los entienda plenamente (CC 106.2).
La familia humana, redimida por el ejemplo del Enviado de Dios; el unigénito del Padre, nunca podrá comprender plenamente el terrible conflicto animado por el poder engañoso y el encubierto odio mortal de Satanás contra nuestro Señor mientras él vivió en la tierra (CT 229.2; CTr.227.2).
Los que enseñan el mensaje más solemne que se haya dado alguna vez al mundo deben disciplinar su mente para comprender su significado. El tema de la redención soportará el estudio más concentrado, y sus profundidades no serán nunca plenamente exploradas. No temáis que pueda agotarse el tema maravilloso. Id a la fuente por vosotros mismos, a fin de llenaros de refrigerio. Bebed a grandes sorbos del pozo de la salvación, para que Jesús sea en vosotros una fuente de agua, que brote para vida eterna (CM 514.2).
Toda su vida Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre (DTG 701.1).
Muchos de los que profesan ser cristianos se entusiasman por empresas mundanales y se interesan por diversiones nuevas y excitantes, mientras que su corazón parece helado ante la causa de Dios. He aquí, pobre formalista, un tema que tiene suficiente importancia para excitarte. Entraña intereses eternos. Es un pecado permanecer sereno y desapasionado ante él. Las escenas del Calvario despiertan la más profunda emoción. Tendrás disculpa si manifiestas entusiasmo por este tema. Que Cristo, tan excelso e inocente, hubiese de sufrir una muerte tan dolorosa y soportar el peso de los pecados del mundo, es algo que nuestros pensamientos e imaginaciones no podrán nunca comprender plenamente (1 JT 229.2; 2 TI 192.1).
Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan sólo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aún queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente (2 JT 337.1; 5 TI 691.2).
Esos grandes temas que serán objeto de estudio inagotable por la eternidad, y que harán imposible el resurgimiento del pecado, necesariamente han de ser asuntos que propicien la victoria contra el pecado aquí, de esta parte de la eternidad. Haremos bien en prestarles atención ahora, y en mostrarlos a quienes luchan contra el pecado a nuestro alrededor. De esa forma nos iniciamos aquí en esa escuela que ha de seguir por la eternidad bajo la dirección del propio Maestro de maestros, el que nos amó con un amor más fuerte que la muerte.
Mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día, porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente (Isa 52:6).
Luis Bueno, 16 nov 2020