Resurrección de Moisés

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Luis Bueno

El último discurso de Moisés

"Sabía que era la última vez que les iba a dirigir la palabra" (HR 175).

Moisés, por disposición divina, escribió (HR 174)

• Leyes e instrucciones: "Este libro de la ley" (Deut 29:21; 30:10 y 31:26).

• Los milagros y prodigios realizados por Dios.

• Las rebeliones de Israel: "Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová, tu Dios, en el desierto; desde el día en que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová" (Deut 9:7).

• Incluyendo las rebeliones de sus padres:

"Moisés les presentó fielmente todos sus errores y las transgresiones de sus padres" (PP 496).

"Se le ordenó entonces reunir a los hijos de Israel antes de su muerte para informarles acerca de todas las peregrinaciones de la hueste hebrea desde su partida de Egipto, y todas las grandes transgresiones de sus padres, que les habían acarreado los juicios de Dios, y habían obligado al Señor a decirles que no entrarían en la tierra prometida..." { HR 174.1; SR.170.1 }.

• Su propio pecado personal y el de su hermano Aarón.

Moisés se encargó de preservar el legado sagrado

Los que creemos en la inspiración divina debemos también creer en la preservación divina de su legado:

"Puso el libro en manos de hombres que ejercían cargos sagrados y les solicitó que, para salvaguardarlo, lo pusieran al lado del arca, donde el cuidado de Dios se ejercía continuamente. Había que preservar ese libro de Moisés para que los jueces de Israel pudieran referirse a él en todos los casos en que fuera necesario. La gente que está sometida al error a menudo interpreta los requerimientos de Dios de manera que se ajusten a su propio caso; por eso se guardó el libro de Moisés en un lugar sumamente sagrado, para que se recurriera a él en lo futuro" { HR 175.4; SR.171.4 } (176).

La importancia para nosotros

"Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros que vivimos en estos tiempos finales" (1 Cor 10:11).

Israel no podía comprender su presente -¿por qué estaban aún en el desierto cuarenta años después de salir de Egipto?-, su misión en el presente, ni tampoco su futuro, a menos que rexaminara su propia historia y la de sus padres: su historia "denominacional", a la luz de la inspiración profética. Lo mismo sucede con el Israel moderno.

Jesús dijo a sus contemporáneos: "Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?" (Juan 5:46-47).

El pecado de Moisés (Núm 20:1-13)

"Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin en el primer mes, y acampó el pueblo en Cades. Allí murió María, y allí fue sepultada" (Núm 20:1).

Era el año 40 desde salida de Egipto. María tenía unos 132 años cuando murió. Cuatro meses más tarde moriría Aarón, con 123 años (Núm 33:38-39). Poco después Moisés, con 120.

"Porque no había agua para la congregación, se juntaron contra Moisés y Aarón. Y el pueblo se quejó contra Moisés" (Núm 20:2-3).

Al principio de su peregrinación habían murmurado por idéntico motivo. No es difícil comprender la desazón de Moisés al comprobar que la situación espiritual del pueblo no parecía mejor cuarenta años después (Éxodo 17, episodio de Masa y Meriba, las aguas de la rencilla).

"Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová" (Núm 20: 3)

Lamentaban no haber sido participantes de la suerte (y sublevación) de Coré, Datán y Abiram…

Justo antes de llegar a Cades, el arroyo de agua viva se había "secado". El Señor quería probar la fe de Israel antes de poseer la tierra. Había dispuesto que se pusieran en marcha hacia Canaán atravesando la tierra de Moab:

"Bastante habéis rodeado este monte: volveos al norte. Dile al pueblo: Cuando paséis por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros... Compraréis de ellos por dinero los alimentos y comeréis; también compraréis de ellos el agua y beberéis" (Deut 2:3-6).

Es decir, todo estaba previsto y arreglado. Debían haberse alegrado porque el agua cesara de manar, pero no hicieron así, sino que murmuraron. Su falta de fe hizo que en lugar de verse entrando a poseer la tierra prometida, se vieran muriendo de sed y de hambre en el desierto.

Moisés y Aarón intercedieron a la puerta del tabernáculo del testimonio, y Dios indicó a Moisés que tomara la vara y hablara a la roca, pero en lugar de hacer así, la golpeó de nuevo como en el episodio de Éxodo 17. Esta fue la respuesta divina:

"Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no entraréis con esta congregación en la tierra que les he dado" (Núm 20:12).

"Vaciló la fe de ambos en el cumplimiento de las promesas de Dios" (PP 441).

Moisés, el hombre más manso de la tierra (Núm 12:3) perdió la paciencia junto a su hermano, se dejó llevar de la pasión, actuó acaloradamente y acusó a los israelitas de rebeldes. Aun siendo cierto que eran rebeldes (Núm 17:10), Dios sabía que acusarlos no iba a contribuir a su restauración.

"Lo irritaron en las aguas de Meriba; le fue mal a Moisés por causa de ellos, porque hicieron rebelar a su espíritu y habló precipitadamente con sus labios" (Sal 106:32-33).

Según leemos en Santiago 1:20, "la ira del hombre no obra la justicia de Dios".

Quizá aun más importante: "Se habían arrogado un poder que sólo pertenece a Dios" (PP 442). "¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?" (Núm 20:10).

Cristo, representado en el agua de vida y en la roca

Moisés y Aarón habían malogrado la lección que Dios quería enseñar.

Cristo murió una sola vez (Heb 9:28). En el Calvario la Roca fue herida, golpeada mortalmente. Pero Cristo no necesita morir de nuevo cuando nos arrepentimos y clamamos por perdón. Sólo necesitamos hablarle. Por eso al principio (Éxodo 17) el mandato consistió en herir la Roca, pero esta segunda vez, sólo en hablarle.

El pueblo había sido el tentador, y lo sabía (PP 503). Había sido el medio por el cual Satanás había logrado hacer caer a Moisés y Aarón. No obstante, "por intensa que sea la presión ejercida sobre el alma, la transgresión es siempre un acto nuestro" (PP 446).

En el caso de que esa transgresión "se la hubiera pasado por alto como cosa sin importancia, se habría creado la impresión de que bajo una gran provocación la incredulidad y la impaciencia podían excusarse entre aquellos que ocupaban elevados cargos de responsabilidad" (PP 444).

Otra lección

En ocasiones empleamos formas objetables de evangelizar, bien sea por el propio contenido del mensaje, o bien por la metodología. No obstante, habiendo obtenido un aparente éxito respecto a los resultados, llegamos a la conclusión de que lo hicimos bien ("bien está lo que bien acaba"). Pero quizá Dios no vea las cosas de esa manera. Es posible que en lugar de diez interesados en el mensaje se hubieran podido interesar cien. El episodio que estudiamos nos debiera hacer reflexionar.

A pesar de la incredulidad / desobediencia de Moisés y Aarón, se produjo el resultado previsto: Dios hizo manar agua de la roca. Ese episodio nos muestra que Dios en ocasiones puede bendecirnos, no porque le hayamos sido fieles, sino a pesar de nuestra infidelidad y debido a que él es fiel.

Arrepentimiento de Moisés

"Su contrición fue inmediata y de todo corazón. El Señor aceptó su arrepentimiento" (PP 443).

¿En qué consiste el arrepentimiento? Arrepentimiento NO equivale a remordimiento NI equivale a confesión, si bien incluye a ambos.

Esaú lamentó con lágrimas haber perdido su primogenitura. Balaam se sintió compungido al verse amenazado por la espada del ángel, y Judas confesó haber derramado sangre inocente. Los tres sintieron remordimiento, pero ninguno de los tres experimentó el verdadero arrepentimiento.

"El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo" (CC 23).

"El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia" (Prov 28:13).

En la cumbre del Pisga

Tal como Dios hizo con Ellen White -la mensajera del Señor para el pueblo remanente- antes de su muerte, Dios dio a Moisés no sólo la instrucción necesaria para poseer la tierra prometida (el mapa de ruta), sino también una visión de la propia tierra prometida y de la posesión definitiva de ella por parte del pueblo de Dios.

En aquella cumbre solitaria, el amado siervo de Dios que había caído, pero al que Dios había levantado, "sentía que si tan solo se pudiera borrar esa transgresión, ya no rehuiría la muerte. Se le aseguró que todo lo que Dios pedía era arrepentimiento y fe en el sacrificio prometido, y nuevamente Moisés confesó su pecado e imploró perdón en el nombre de Jesús" { PP 450.2; PP.472.2 } (506).

"Moisés se había arrepentido humildemente de ese único error… su nombre permanecía en los libros del cielo sin mácula alguna" (HR 178).

Esa misma seguridad se nos da a nosotros si somos celosos en nuestro arrepentimiento (Apoc 3:19).

La visión

No consistió meramente en lo que hoy sería posible divisar a través de un telescopio. En 'La Historia de los Patriarcas y Profetas' tenemos una vislumbre de lo que a Moisés se le mostró en visión.

Dios mostró a Moisés:

• La tierra prometida en su belleza, cuando Israel la poseyera definitivamente. A Moisés le pareció estar contemplando un segundo Edén.

• La triste historia de Israel tras poseer la tierra, con su apostasía y el castigo resultante.

• Las tribus dispersas, el pueblo cautivo en Babilonia y la bella ciudad y el templo destruidos.

• El restablecimiento de Jerusalén bajo Ciro.

• Su nueva recaída en la apostasía y la dominación romana.

• La llegada a este mundo del Salvador con el que él había hablado "cara a cara".

• Moisés contempló atónito cómo su pueblo "ensalzaba" la ley de Dios mientras que perseguía hasta la muerte al Autor de la ley, al que la proclamó en Sinaí.

• Moisés vio el rechazo por parte de Dios de aquel pueblo por el cual había estado dispuesto a que su nombre fuera borrado del libro de la vida. Escuchó con lágrimas las palabras de Jesús sobre Jerusalén: "Vuestra casa os es dejada desierta" (Mat 23:38).

• Siguió al Salvador al Getsemaní y al Calvario. Comprendió más plenamente el significado de aquella serpiente que el Señor le había mandado levantar en el desierto sobre un mástil, en el episodio de las serpientes ardientes.

• Allí mismo se le reveló que él sería uno de los que servirían al Salvador en su entrada triunfal en el Cielo, tras su muerte, resurrección y ascensión (PP 508).

• Moisés vio que las promesas del pacto se cumplirían en la incontable simiente de Abraham que seguiría por la fe al Señor, de entre todas las familias de la tierra.

• Vio luego a la mayor parte de los profesos seguidores de Cristo, declarando abolida la ley por cuya transgresión dio su vida sobre la cruz.

• Con alegría vio que la ley de Dios seguía siendo honrada por un pequeño grupo de fieles. ¡Nos vio a nosotros! ¿Quizá nos esté viendo también ahora?

• Vio la segunda venida de Cristo en gloria y a los muertos en Cristo resucitar para recibir la vida eterna junto a los santos vivos trasladados sin ver muerte.

• Vio una tierra nueva e infinitamente más bella que todo lo que su imaginación pudiera llegar a alcanzar en la Canaán de sus días.

Entonces se desvaneció la visión y Moisés volvió a contemplar a la distancia la Canaán terrenal. Satisfecho tras aquella tremenda visión, "se reclinó a descansar como un guerrero cansado. Lo asaltó el sueño, pero era el sueño de la muerte" (HR 177).

Moisés tuvo el singular honor de ser enterrado por ángeles en algún lugar indeterminado del valle de Moab, para proteger al pueblo de la previsible idolatría.

Resurrección de Moisés

¿Cuánto tardó en producirse? Disponemos de información que permite una respuesta concreta a esa pregunta.

"Miguel, o sea Cristo, y los ángeles que sepultaron a Moisés, descendieron del cielo después que permaneció en la tumba por un breve tiempo" (HR 177, traducción corregida: no es "algún tiempo", sino "a short time").

¿Cuán breve fue aquel "tiempo"?

"Moisés pasó por la muerte, pero el Hijo de Dios descendió del cielo y lo resucitó antes que su cuerpo viera corrupción" { 2SP 330.1; escrito alrededor de 1877 }.

En la historia sagrada -que es la historia eterna- Moisés destaca por el privilegio de ser un tipo o figura de Cristo, no sólo por haber sido fiel a su casa (Hebreos 3:1-6) y por haber sido "profeta" tal como el propio Cristo (Deut 18:15; Hechos 7:37), sino que también es figura de Cristo en su muerte y resurrección (sin que su cuerpo viera corrupción, Sal 16:10; Hechos 2:27 y 31).

¿Qué importancia tiene para nosotros?

Hasta entonces "nunca había sido quebrantado el poder de la tumba, y él [Satanás] reclamaba a todos los que estaban en ella como cautivos suyos que nunca serían liberados de su lóbrega prisión. Por primera vez Cristo iba a dar vida a uno de los muertos… La resurrección quedó asegurada para siempre. Satanás fue despojado de su presa; los justos muertos volverían a vivir" { PP 454.4 - 455.1 } (511-512).

Si hemos de pasar por la muerte, tú y yo volveremos a vivir por el mismo poder por el que Cristo resucitó de los muertos y por el que él resucitó a Moisés; por el mismo poder por el que Cristo nos guarda del pecado, siendo entonces Moisés un tipo o figura de nuestro caso, algo así como nuestro patrón.

Si por el contrario estamos vivos cuando regrese el Señor, tal como deseamos y esperamos, nuestro representante será Elías (también Enoc) quien estuvo junto al resucitado Moisés llevando gloria divina del Padre a Cristo en el monte de la transfiguración, trayéndole ánimo para el terrible combate que le esperaba, haciéndole ver que a su regreso a esta tierra tendría un ejército de trasladados y resucitados como fruto de la aflicción de su alma y del cumplimiento final de su glorioso pacto eterno junto al Padre.

Luis Bueno, 25 diciembre 2021