Cristo se interpuso de forma inmediata "entre los vivos y los muertos" (1CBA 1099): entre Adán y Eva vivos, y Adán y Eva muertos una vez que pecaron. En ese sentido salvó a toda la humanidad, a la raza humana. Él fue el Cordero inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13:8). Ese es un hecho objetivo y universal. Toda la humanidad vive (la mayor parte sin saberlo y muchos más sin agradecerlo), gracias a la entrega inmediata de Cristo, planeada ya por la Divinidad desde tiempos eternos.
A pesar de ser la muerte la paga del pecado (Ellen White aclara que habría sido una muerte inmediata y eterna), la humanidad vive. Vemos vida por doquier. Vida miserable muchas veces, pero que significa una oportunidad para que cada uno elija la vida eterna (en Cristo), o la muerte en el pecado.
Los hechos que permiten que el mundo viva hoy pertenecen en gran parte al pasado. Dios, en Cristo, ha dado (devuelto) la vida a la raza humana pecadora, le ha dado (devuelto) la capacidad de elegir, y le ha dado un conocimiento del bien y del mal, una conciencia; le ha dado todo eso, que se resume en una palabra: gracia, junto con otro don que Dios ha dado también "a cada uno" (Romanos 12:3): la fe mediante la cual puede apropiarse del don eterno. En ese sentido objetivo se puede decir que Dios salvó a todos, en tiempo pasado.
Pero la Biblia es clara respecto a que la inmensa mayoría de la humanidad no será finalmente salva para vida eterna, ya que el carácter de amor de Dios requiere la libertad de elección individual (sin la cual no podría existir el amor). Así, el que Dios salvara a la raza humana no significa salvación universal para vida eterna, sino salvación eterna para quienes la reciban (2 Corintios 6:1).
Por otra parte, no ya en el pasado, sino en el presente; y no de una forma objetiva, sino subjetiva, individual, Dios está salvando (procurando salvar) a todos, revelándose a cada uno como su Creador y Salvador (Juan 1:9), y procurando llevarlo al arrepentimiento y la entrega. Todo eso ocurre en el presente (en nuestro presente).
También es correcto decir que Dios nos salvará (en tiempo futuro): "Este es nuestro Dios. Le hemos esperado y nos salvará" (Isaías 25:9).
En la Biblia se presenta la salvación en esos tres aspectos, en esos tres tiempos.
• Pasado: nos salvó de la condenación del pecado (en Cristo, a todos).
• Presente: nos salva del poder del pecado (a quienes creemos en Cristo).
• Futuro: nos salvará definitivamente de los efectos del pecado (en nuestra naturaleza caída) en la primera resurrección o bien en la traslación, a los que creyeron / creen.
Efesios 1:4-5: Dios nos escogió a todos los seres humanos para que fuéramos salvos, para que fuéramos santos y sin mancha. Es su voluntad que todos seamos adoptados como hijos suyos mediante Cristo. No está ahí hablando de nuestra fe (el aspecto presente, subjetivo), sino al "puro afecto de su voluntad"; no para alabanza de nuestra respuesta, de nuestra fe, sino "para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo [a todos] aceptos en el Amado". Ahí está hablando de su propósito, de su voluntad y deseo (esa es su predestinación). Es el aspecto objetivo, histórico, universal e incondicional, que no depende de nosotros por ser tan eterno como su Autor y Consumador.
Pero en versículos siguientes Pablo aborda en Efesios claramente nuestra respuesta personal, la que el Señor espera de nosotros: el aspecto presente, subjetivo. A ese aspecto se refiere sin duda Juan 17:3 y también Romanos 8:1, como tantos otros textos.
Al primer aspecto (objetivo, universal), se refieren textos como Juan 4:42, 1 Juan 4:14, 1 Timoteo 4:10, 2 Timoteo 1:9-10, Juan 6:33, Hechos 17:28, 1 Juan 2:2, Romanos 5:10, 2 Corintios 5:18-19, etc. Todos esos textos incluyen el aspecto universal, objetivo, que expresa la voluntad inequívoca e inquebrantable del Señor de que todos se salven. Pero ninguno de esos textos significa salvación universal para vida eterna.
Observa el comentario de Ellen White respecto a ser hechos "aceptos en el Amado":
"Las palabras dichas a Jesús a orillas del Jordán: 'Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento', abarcan a toda la humanidad. Dios habló a Jesús como a nuestro representante. No obstante todos nuestros pecados y debilidades, no somos desechados como inútiles. Él 'nos hizo aceptos en el Amado' [citando Efesios 1:6]" { DTG 87.3 }.
Se trata de un hecho universal y objetivo, soberano e independiente de nuestro conocimiento o aceptación. Es evidente que Ellen White captó la realidad del evangelio en su faceta objetiva, universal, previa a nuestra fe, conversión e incluso previa a nuestro nacimiento. Por ejemplo:
"'Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida' [citando Juan 6:55]. Esto es verdad acerca de nuestra naturaleza física. A la muerte de Cristo debemos aun esta vida terrenal. El pan que comemos ha sido comprado por su cuerpo quebrantado. El agua que bebemos ha sido comprada por su sangre derramada. Nadie, santo, o pecador, come su alimento diario sin ser nutrido por el cuerpo y la sangre de Cristo. La cruz del Calvario está estampada en cada pan. Está reflejada en cada manantial" { DTG 615.2 }.
Lo anterior es cierto aunque el "pecador" lo ignore o lo desprecie. Es un hecho que tiene vida propia.
Hay textos que demuestran que todo lo que Dios hizo en favor de la raza humana sólo se transformará en vida eterna efectiva con el consentimiento personal (Marcos 16:16; Juan 3:18-19). Pero la gran motivación para desear y apreciar ese gran don no está en el futuro ni en el presente, sino en el pasado.
El Decálogo, eso que Dios habló y escribió en piedra, no comienza con lo que nosotros hemos de hacer, sino con la comunicación divina de lo que Dios hizo por nosotros con anterioridad: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Éxodo 20:2). Comienza por el evangelio de lo que Dios ya hizo por nosotros.
La perspectiva cambia al comprender el evangelio objetivo. Cambia el paradigma que es común en el cristianismo: 'Si te entregas a Cristo, te salvará''. Es decir, si te entregas a Cristo, entonces él será tu Salvador. De alguna forma lo conviertes en tu Salvador al creer en él… Ese paradigma, al comprender el verdadero evangelio, cambia por este otro que está resumido en Isaías 44:22. Pasas de la mente del PARA, a la del PORQUE. No nos entregamos a Cristo PARA que nos salve, sino PORQUE su amor nos constriñe. Y no nos constriñe por el beneficio que pensamos obtener, sino por lo que él hizo ya por nosotros; de hecho, por todos: "Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados. Vuélvete a mí, PORQUE yo te redimí" (en pasado).
Cuando tengamos esa mentalidad no nos abrumará el recuento de lo que tenemos que entregar para seguir a Cristo, sino que nuestra mente se espaciará en lo que la Divinidad tuvo que entregar para salvarnos. No nos asustará el costo del discipulado, sino que nos motivará el costo que tuvo nuestra salvación para la Divinidad. Desde el punto de vista del evangelismo también tiene una consecuencia importante: podemos presentar a Cristo al pecador, no sólo como al que lo salvará si lo recibe, sino también como a quien es ya su Salvador, "el Salvador del mundo" (Juan 4:42), y lo ha venido siendo desde el nacimiento; de hecho, desde antes que naciera.
Respecto a las menciones de la predestinación en la Biblia, mi comentario es que no es lo mismo predestinar que predeterminar. Cuando los calvinistas hablan de "predestinación" en realidad se están refiriendo a "predeterminación". La predestinación es un propósito, mientras que la predeterminación es la negación de la libertad individual, y por consiguiente la negación del amor, que es el carácter de Dios.
Por ejemplo, cuando Dios creó a Lucifer tuvo el propósito de que fuera el querubín protector y también el principal en la música coral. Antes que lo creara ya le tenía preparados los instrumentos de música (Ezequiel 28:13). Así, Dios predestinó a Lucifer para que fuera el principal de los ángeles, el principal en la adoración mediante el canto, etc. Ese era el deseo y propósito eterno de Dios para él. Pero evidentemente, no lo predeterminó a que fuera todo eso. La propia rebelión posterior de Lucifer desmiente tal suposición.
Es interesante el comentario de Ellen White respecto a la predestinación en la Biblia:
"Hallamos una sola predestinación en la Palabra de Dios, de individuos y de un pueblo, a saber, que el hombre está predestinado a ser salvo. Muchos han mirado hacia el final, pensando que estaban seguramente predestinados [es decir, predeterminados] para gozar de la bienaventuranza celestial; pero esta no es la predestinación que revela la Biblia. El hombre está predestinado a ocuparse en su propia salvación con temor y temblor. Está predestinado a ponerse la armadura, para pelear la buena batalla de la fe. Está predestinado a usar los medios que Dios ha puesto a su alcance a fin de combatir contra toda mala concupiscencia mientras Satanás está jugando el juego de la vida por su alma. Está predestinado a velar y orar, para escudriñar las Escrituras, para evitar caer en la tentación. Está predestinado para tener fe constantemente. Está predestinado a ser obediente a toda palabra que sale de la boca de Dios, para que pueda ser no sólo oidor, sino hacedor de la Palabra. Esta es la predestinación bíblica" { TM 453.5 }.
En este artículo trato el tema desde otro punto de vista: https://www.libros1888.com/Pdfs/05-Atmosfera-de-gracia.pdf
Dicho artículo forma parte de una serie de diez que se puede descargar aquí: https://www.libros1888.com/NCR.htm
Desconocer el evangelio objetivo -lo que Dios hizo en favor de toda la humanidad al margen de nuestra implicación personal- nos impide salir de nuestra estrechez egocéntrica y ser liberados al contemplar la grandeza de la gracia de Dios en Cristo. Nos mantiene en una mente que no es muy distinta a la de los fariseos de los días de Jesús en la tierra, quienes: "No aceptaban la buena voluntad de Dios para con los hombres como algo separado de ellos. La relacionaban con el mérito propio de sus buenas obras" { DTG 244.3 } (concepto similar en { HAp 13.2 }).
Cuando entre el pueblo de Dios se ha comenzado a predicar esa faceta gloriosa del evangelio objetivo, que se puede resumir en esta expresión: 'Cristo crucificado', el enemigo se ha encargado de tergiversarla y hacerla aborrecible asociándola al concepto del universalismo, que en realidad es pura y burda predeterminación. Siempre ha sido así: cuando Dios envía una bendición a su pueblo, el enemigo presenta la falsificación de esa bendición para que la gente repudie lo genuino. Si rechazamos lo verdadero por temor a aceptar su perversión, el enemigo habrá logrado exactamente lo que buscaba. No lo permitamos. No neguemos a Dios su gloria. Honrémoslo en la hora de su juicio y por la eternidad. "El Cordero es digno" será el canto de los redimidos por siempre. Sea ya el nuestro ahora y aquí.
Luis Bueno, 21 agosto 2024