1888 y las fiestas judías La exposición del esqueleto del armario ASD de 1888 por Norman Bradley Según biografía del propio autor (autobiografía), Norman Bradley es adventista del séptimo día desde los 30 años de edad. Colportó durante once años y fue obrero bíblico por otros seis. Sus enfrentamientos con críticos del adventismo lo llevaron a estudiar profundamente la teología e historia adventistas, descubriendo, entre otras cosas, el mensaje de 1888. Ignoro si vive todavía. De ser así, tendría unos 90 años. Debemos respeto a los hermanos, especialmente si son colportores u obreros bíblicos, y por supuesto debemos respeto las canas (luce unas cuantas en el rostro amable que aparece en la foto de su página web). Pero el respeto no excluye la posibilidad de que Norman Bradley haya albergado/expresado ideas erróneas. No pongo en duda que el autor de ese artículo haya conocido hasta cierto punto, y se haya beneficiado de los tesoros contenidos en el mensaje de 1888. Intento comentar el documento, y no juzgar la integridad o sinceridad de quien lo escribió. Su discurso en ese documento me parece una ejemplo de la táctica del cebo-anzuelo. En ningún momento me parece una defensa del mensaje de 1888, ya que el objetivo perseguido no parece ser exaltar el mensaje de "Cristo, nuestra justicia", ni de darlo a conocer a la iglesia y al mundo tal como "el Señor ordenó", sino más bien utilizar esa verdad de 1888, y sobre todo la historia del rechazo por parte de los dirigentes de nuestra Iglesia, como una cuña para introducir la desviación legalista/judaizante/galacianista que propone en la última parte del artículo. El documento parece calculado para engañar: primero te comes el cebo (1888), y un instante después estás tragando el anzuelo (fiestas judías). El peor ataque contra el mensaje de la justicia de Cristo que constituyó el comienzo del fuerte pregón no es la oposición oficial, sino la multitud de asociaciones con las que Satanás ha intentado ensuciar el mensaje. Por ejemplo: • 1888 + "la iglesia adventista es Babilonia, dado que rechazó el mensaje: salid de ella, venid a nosotros y no olvidéis traer vuestros diezmos y ofrendas con vosotros" ("adventistas de la Reforma", o mente "reformista"). • 1888 + "Jesús es el Hijo literal de Dios (Padre), por lo tanto, tuvo un principio; el Espíritu Santo no es otro ser personal -la tercera persona de la Deidad- sino el mismo Hijo, o el mismo Padre, o los dos". • 1888 + misticismo católico medieval que lleva al ecumenismo papal, al espiritismo y al olvido de la verdad adventista (iglesia emergente "adventista": One Project, iCor, iFollow, etc). • 1888 + fanatismo dietético o sanitario sin base en la ciencia, en la Biblia ni en los escritos de Ellen White (Nimer Simeón, por poner un ejemplo). • 1888 + "Jesús volverá en el año 2031, o en cualquier otra fecha concreta". • 1888 + "hay que regresar a la dispensación ceremonial de las fiestas judías" (el caso comentado aquí). • 1888 + 144.000 literales y Victor Houteff (delirio Davidiano). • 1888 + un etcétera interminable desde la época del panteísmo, carne santa, no hay purificación del santuario, etc. A la vista de lo anterior no hay la más mínima duda de que el mensaje de 1888 molesta especialmente al enemigo. Es lógico, pues él sabe que cuando el pueblo de Dios lo acepte se acabará su "fiesta". El mensaje de 1888 ha sido y sigue siendo blanco de los ataques especiales de Satanás, que ha actuado al menos de tres maneras: 1/ Mediante el rechazo directo del mensaje ('es erróneo') o solapado ('ya lo hemos aceptado'), 2/ Distrayendo del mensaje mediante asuntos colaterales de importancia secundaria (ordenación de la mujer al pastorado, debate sobre la homosexualidad, adherencia al calendario papal de defensa de la ecología, el bienestar social, etc), y 3/ Asociando el mensaje a embajadores indignos de él, o a desviaciones doctrinales que lo desprestigian y ocultan bajo los escombros del error. Creo que el documento analizado cae dentro de esa tercera categoría: el enemigo se ha encargado de intentar mezclar el mensaje preciosísimo con diversas aberraciones, para que se perciba el mensaje como despreciable por asociación, lo que es un inmenso regalo para quienes se oponen a la justicia de Cristo y a la realidad de la historia de 1888, y para su gran enemigo: el diablo. Así pues, mi primera valoración es que asociar la herejía galacianista al preciosísimo mensaje es algo innecesario, sorprendente y lamentable. Lo es especialmente teniendo en cuenta que el Señor, en su gran misericordia, nos envió ese mensaje preciosísimo mediante los pastores Jones y Waggoner, precisamente para curar el legalismo en el que habíamos caído intentando defender la ley, lo que hacía impedía la lluvia tardía y la preparación para la última batalla. El análisis de la herejía en sí -la pretensión de que es necesario observar las fiestas judías- no es más favorable. Esa deriva judaizante está basada en desviaciones aberrantes de la verdad. Una de ellas es suponer que la medida de la verdad es la historia, lo antiguo. La pretensión de que lo que dijeron, escribieron o creyeron los pioneros tempranos, especialmente Jaime White, es la medida de la verdad. Naturalmente, no es así. La verdad sigue perteneciendo a Dios, y sigue estando expresada en la Biblia y el Espíritu de profecía. La verdad no emana del pueblo de Dios, como pretende la iglesia católico-romana o el artículo que comento, sino que emana de la revelación que Dios dio a su pueblo mediante los profetas y especialmente mediante su Hijo. Dicha verdad se va abriendo camino en la historia, en medio de la más o menos acertada comprensión de su pueblo. Los pioneros albergaron una notable cantidad de creencias erróneas, especialmente al inicio. Sí. La Iglesia adventista ha cambiado en (algunas de) sus creencias. Afortunadamente, y en consonancia con la luz que Dios le ha dado, ha cambiado; quizá no hasta donde debiera, pero ha cambiado. La luz del evangelio es progresiva, y ni el movimiento adventista ni la Iglesia adventista comenzaron sabiéndolo todo. ¡Aún no lo sabemos ahora! Dios nos convierte cambiándonos, y nos perfecciona cambiándonos. No debemos desarrollar alergia al cambio, sino alergia a apartarnos de la conducción de Dios, y a detenernos en el progreso. El adventismo histórico legalista reaccionario al cambio fue precisamente el que resistió el mensaje de la justicia de Cristo dado en 1888. ¿Qué sentido tiene asociar hoy el mensaje de 1888 con legalismo reaccionario? ¿Qué sentido tiene justificar el legalismo recurriendo al mensaje de 1888? Otra desviación aberrante está ejemplificada en este argumento que presenta el documento, y que evidencia una falta grave en la comprensión: 'Puesto que los adventistas no hemos desechado el Día de la expiación (que pertenece al sistema ceremonial simbólico), tampoco debiéramos desechar el resto de festividades judías'. Leído superficialmente, parece de una lógica incuestionable. Pero es completamente erróneo. Contrariamente a lo que asevera el artículo, los adventistas hemos desechado el Día de la expiación junto a las demás fiestas del calendario judío simbólico en tanto que símbolos vigentes, por considerar que pertenecen a la dispensación de las sombras. Anunciaban realidades que hoy están cumplidas o en proceso de cumplimiento. Esa es la razón por la que no celebramos cada año el Día de la expiación en el día décimo del mes séptimo. Y es la razón por la que tampoco celebramos la Pascua el día décimo del primer mes (de Abib, o Nisan). No ofrecemos sacrificios de animales, aunque creemos en el sacrificio del Cordero pascual, cumplido ya hace dos mil años (1 Cor 5:7), y creemos en el Día de la expiación, que viene siendo la verdad presente en nuestros días y desde 1844. Pero no estamos en el tipo, sino en el anti-tipo. No estamos en la sombra, sino en la sustancia. "En los días de los apóstoles, se presentaban como verdad las herejías más necias. La historia ha sido así, y se repetirá. Siempre habrá quienes, aunque aparentemente son concienzudos, se aferrarán de la sombra prefiriéndola a la sustancia. Toman el error en lugar de la verdad, porque el error está revestido de una nueva vestimenta que les parece que cubre algo maravilloso. Pero quítese la cubierta, y nada aparece dentro" (1 MS, 191). En el calendario israelita que Dios instituyó había un orden perfecto. Nunca sucedía que se estuviese celebrando una fiesta, y a la vez otra u otras fiestas (con excepción de la posible coincidencia con alguno de los "sábados de Jehová" del séptimo día: Lev 23:38 y 3). En el Nuevo Testamento se produce el cumplimiento -la realidad- de lo que simbolizaban esas fiestas, y hoy estamos precisamente en la realidad del Día de la expiación (desde 1844 y hasta que termine el tiempo de prueba). No podemos estar en el Día de la expiación y estar celebrando a la vez otra, u otras fiestas del calendario judío. Los que proponen guardar las fiestas judías demuestran no estar en el Día anti-típico de la expiación, sino en la dispensación judaica de los símbolos. Cayeron de la gracia, cayeron de la mentalidad del pueblo de Dios remanente. Y el lugar en el que cayeron es el legalismo estéril de los judíos que rechazaron a Cristo y que fueron una rémora en la iglesia cristiana del primer siglo (Gálatas; Hechos 15). Ellos también se habrían aplicado sin dudarlo (y quizá con jactancia) la etiqueta de "judíos mesiánicos". La pregunta es si se trata realmente de judíos mesiánicos, o de judaizantes con barniz mesiánico. Lo que propone el artículo coincide casi exactamente con la herejía contra la que tuvo que luchar Pablo en la apostasía judaizante de los gálatas: "Estoy asombrado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente… ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente crucificado?… Ahora, ya que conocéis a Dios o, más bien, que sois conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Temo que mi trabajo en vuestro medio haya sido en vano" (Gál 1:6, 3:1 y 4:9-10). No creo que Pablo tuviese ahora palabras distintas de las que dirigió a Tito: "Evita las cuestiones necias, como genealogías, contiendas y discusiones acerca de la Ley, porque son vanas y sin provecho" (3:9). "Mediante la historia y la profecía, la Palabra de Dios describe el prolongado conflicto entre la verdad y el error. Ese conflicto sigue en desarrollo. Las cosas que han acontecido, volverán a repetirse. Revivirán antiguas controversias, y continuamente surgirán teorías nuevas" (2 MS, 125). Luis Bueno (4/9/2016)