Judaísmo mesiánico Hay hermanos que están siendo seducidos por el movimiento de los judíos mesiánicos. Algunos de ellos sienten haber sido engañados durante años por la que ahora perciben como una falsa profetisa (Ellen White). Si Pablo pudiera estar entre nosotros hoy, quizá exclamaría: '¡Insensatos!, ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente crucificado?' Percibo el movimiento de los judíos mesiánicos como un sincretismo entre el judaísmo y el cristianismo. El problema es que se trata de la asociación de dos residuos: (1) el concepto de judaísmo como nación escogida, ya rechazado por Dios desde hace veinte siglos y (2) el cristianismo apóstata, caído de forma irreversible desde hace unos 170 años (mensaje del segundo ángel). Se hace difícil imaginar a un adventista seducido por esa mezcla, después de haber conocido el mensaje de los tres ángeles y después de haber comprendido nuestro llamado profético. Parecería que asociando el judaísmo al cristianismo, quedaría compensado o solucionado el divorcio que hace el cristianismo popular entre el evangelio y la ley, pero por desgracia no es así. A la falsa doctrina evangélica de la fe muerta (sin obras), se le añade el legalismo judío, y el resultado es una fe igualmente muerta, aunque "adornada" con galacianismo. El fallo real del cristianismo popular no es exactamente el desprecio a la ley, sino el desprecio a Cristo (la ley es el carácter de Cristo: despreciarla implica necesariamente despreciar a Cristo), y esa deficiencia respecto a Cristo no puede ser suplida por el legalismo judío, aunque pueda ser maquillada por él. No hay atajos que lleven al evangelio eterno. Dios ha concedido esa comprensión a su iglesia remanente, a la que suscitó según un llamado profético. Defectuosa como pueda ser la iglesia remanente en su experiencia -por no estar a la altura de sus privilegios-, lo cierto es que el Señor le ha dado el conocimiento de la verdad en su pureza: el evangelio en relación con la ley -en Cristo- de forma paralela y consistente con la verdad de la purificación del santuario, un mensaje de traslación. No estoy diciendo que la iglesia remanente esté aceptando maravillosamente ese mensaje, pues entonces su experiencia sería otra y Cristo ya habría regresado; estoy diciendo que el Señor ha confiado ese mensaje a su iglesia remanente, y carece de sentido ir a buscarlo en otra parte. A algunos les seduce el valor que dan los judíos mesiánicos al 'Día de la expiación'. Parece muy adventista, pero desgraciadamente, a ese Día le dan el mismo valor que a todas las demás fiestas del sistema simbólico, lo que delata que no están en realidad viviendo en el Día de la expiación, sino en la dispensación de los símbolos. No se han dado cuenta de que el Nuevo Testamento es el cumplimiento del sistema de los símbolos del Antiguo Testamento, y por lo tanto no comprenden que estamos en el gran Día real de la expiación desde 1844. ¿Cómo podemos saber eso? Porque celebran al mismo tiempo las demás fiestas del calendario judío. En el calendario judío había un orden perfecto: nunca sucedía que estuvieran celebrando una fiesta, y a la vez otra. Si estamos en el Día real de la expiación, no podemos estar al mismo tiempo en el día de las cabañas, ni de las trompetas, etc. Tienen a Cristo en persona a su disposición, pero prefieren seguir aferrados a la "sombra" de Cristo según la representación del evangelio en símbolos del Antiguo Testamento. Tienen la realidad, pero prefieren el tipo. Siguen celebrando la Pascua, pero no la Cena del Señor. No son los odres nuevos donde Dios pueda echar su vino nuevo. "El entendimiento de ellos se embotó, porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo sin descorrer, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos" (2 Cor 3:14-15). Parece una cosa buena que quienes rechazaron a Cristo entonces lo acepten ahora. El problema es que en buena parte siguen aceptándolo sólo como al libertador de su pueblo, es decir, como lo "aceptaban" los judíos en su entrada triunfal en Jerusalén, o como los discípulos antes de su chasco. Todos ellos soñaban con un pueblo judío liberado de la esclavitud romana y restaurado a la supremacía temporal. En realidad, gran parte de los judíos llamados mesiánicos no anhelan el reino de Dios. Su deseo no es "venga tu reino", sino "venga nuestro reino: el reino judío". Aunque no lo crucifican, siguen esperando al Mesías equivocado. Uno de los dejes que los delata es la insistencia en referirse a Jesús por su nombre hebreo, algo que el Nuevo Testamento no hace. Es un caso de impugnación global de todo el Nuevo Testamento, y otra versión de la salvación por las obras; en este caso "salvación por la pronunciación", un moderno shibolet (Jueces 12:6). Los judíos mesiánicos no aceptan la teología del reemplazo. No aceptan que el pueblo de Dios no es hoy el pueblo judío, sino los verdaderos creyentes en Cristo en todo el mundo (la iglesia). Ese es un error de base que distorsiona su visión de todas las cosas. En la historia, Babilonia era local y literal, y lo mismo sucedía con el pueblo de Dios. Actualmente, Babilonia no es literal ni local (ya no existe desde hace siglos); por lo tanto, tampoco el pueblo de Dios puede ser literal ni local. Cuando toda la profecía está confundida, la experiencia resultante ha de estar igualmente confundida. Los judíos mesiánicos que he conocido esperan aún la reconstrucción del templo en Jerusalén como culminación del cumplimiento de las profecías apocalípticas. Pertenecen claramente a la interpretación futurista, que fue introducida como parte de la contra-Reforma por el jesuita español Alberto Ribera para evitar que se identificara al papado con el anticristo, y corromper así el protestantismo. Tienen la mayor parte de las características del futurismo, como la teología "del pacto" (así la llaman), que consiste en que hasta el tiempo de Jesús, los hombres se salvaban obedeciendo la ley, y a partir de entonces creyendo (por la gracia mediante la fe). Es decir: son dispensacionalistas. Pretenden que hay dos métodos de salvación en dos períodos históricos diferentes, y en uno de los dos la salvación fue posible sin Cristo. Eso es contrario a la luz que Dios dio a Waggoner sobre los pactos (cuya corrección confirmó el Señor a Ellen White en visión). Confunden el concepto de "Israel" actual, confunden el concepto de Babilonia actual, confunden el orden y el significado de los acontecimientos del tiempo del fin y confunden la comprensión de la salvación. Según alguna literatura que he consultado, al menos algunos de los grupos acogen a los "gentiles" entre ellos con la condición de que se circunciden. Es decir, arrastran el legalismo judío. Junto a eso acogen el falso evangelio y el falso cristo propio del protestantismo caído: una combinación siniestra. El suyo no es el evangelio eterno, no lleva al mensaje de la hora de su juicio y no puede proteger de la marca de la bestia, pues tiene la escatología confundida. Por consiguiente, no puede iluminar toda la tierra con la gloria de Dios (lluvia tardía/fuerte pregón). Algunos hermanos expresan su decepción con la actual Iglesia adventista del séptimo día debido a la incursión del misticismo-ecumenismo de la iglesia emergente. Aducen que no sólo es que los centinelas no hayan sabido dar la voz de alarma, sino que son ellos mismos quienes han traído el misticismo oriental junto al romanismo medieval (y ambos significan espiritismo). No se puede dudar de que eso es muy triste, pero el judaísmo tiene también su propia versión mística, esotérica (la cábala y el jasidismo/hasidismo). Si se trata del acercamiento a Roma, el moderno judaísmo tiene unos vínculos increíbles con el Vaticano. En septiembre del 2014 Simon Peres propuso una institución de Religiones Unidas (al estilo de Naciones Unidas) bajo el liderazgo del papa Francisco. Los judíos mesiánicos son compañeros de viaje del jesuita Alberto Ribera, quien desarrolló su comprensión futurista / dispensacionalista a partir del mismo error que ellos: el de pensar que el pueblo judío sigue siendo el pueblo de Dios, así como el protagonista principal de las profecías apocalípticas. Es sencillamente increíble que un adventista se sienta seducido por el judaísmo mesiánico tras sentirse decepcionado por el acercamiento de algunos sectores de nuestra iglesia a Roma. El judaísmo está claramente en el camino de Roma. Para ver positivamente ese movimiento habríamos de descartar la Biblia, el Espíritu de profecía, los escritos de Jones y Waggoner, y especialmente la fe en Cristo. Personalmente prefiero seguir siendo relativamente incomprendido por algunos en el pueblo remanente, y absolutamente incomprendido en el mundo, tal como ha sucedido a tantos creyentes que a lo largo de la historia siguieron fieles al llamado del "Espíritu y la esposa" por más que su pueblo albergara focos de apostasía, especialmente entre algunos de sus dirigentes. Es cierto que los judíos mesiánicos tienen muchas cosas parecidas a la fe adventista. ¡Pero sólo son parecidas! Es bueno recordar que los que crucificaron a Jesús guardaban el sábado comenzando el viernes al ponerse el sol, celebraban el Día de la expiación, devolvían el diezmo, oraban, cantaban salmos, no comían carnes inmundas, etc. Y también es bueno recordar que los que siguieron crucificando a Cristo -en sus discípulos- por 1260 años, profesaban una religión con muchas cosas parecidas a la verdadera, entre ellas la profesión de aceptar a Cristo. Y es bueno recordar que quienes rechazaron el mensaje de traslación que el Señor nos trajo en 1888 y años siguientes mediante los pastores Jones y Waggoner no fueron adventistas emergentes ni liberales, sino adventistas "históricos" que se comportaron "como los judíos" (esa es una expresión que Ellen White usó con frecuencia para referirse a los dirigentes que desdeñaron aquel mensaje). Es triste pensar que haya queridos hermanos que se sientan seducidos por ese cúmulo de herejías viejas y nuevas contra las que hemos sido repetidamente advertidos. Ojalá recapaciten y vuelvan a la sana interpretación profética historicista y al mensaje de la justicia por la fe que se nos dio en 1888. El mensaje de los tres ángeles y el Espíritu de profecía han de ser para nosotros como un ancla, como un fundamento inamovible. La mejor defensa contra el error consiste en conocer bien la verdad. Nuestra actitud ante los judíos mesiánicos ha de ser la que cita Jeremías 15:19: "Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos". Luis Bueno, 6 junio 2016