El lector se halla ante la versión en castellano de The Cross of Christ, cuyo autor es el pastor Jack Sequeira.
Al recorrer estas páginas, uno cree encontrarse, más que ante un libro, ante una vibrante predicación que, saliendo directamente del corazón, impacta con fuerza en el corazón del oyente.
De acuerdo con ello, ha parecido adecuado primar en la traducción la frescura y espontaneidad. Se ha procurado que tenga un carácter dinámico, huyendo de la rígida transliteración, que incidentalmente habría producido en el lector impresiones ajenas al propósito del autor. El traductor no se ha cuidado de sofocar el entusiasmo que sin duda lo habría embargado, de haber tenido el privilegio de compartir el micrófono con el predicador, y el auditorio con el lector.
Más que nunca, ha parecido necesario abstenerse de expresar el mensaje, "en sabiduría de palabras", a fin de que "no sea hecha vana la cruz de Cristo".
El primer capítulo nos sitúa en el escenario del Gran Conflicto. Al avanzar en la lectura, uno se encuentra casi sin darse cuenta con el aliento contenido y la cabeza inclinada en reverencia y humildad, perdiéndose de vista ante la inmensidad de ese amor gigantesco, de la revelación de la grandeza de la gracia, brotando a raudales en la Cruz. Sólo hacia el capítulo cuarto comienza uno a levantar la cabeza. Los restos de Confucio, de Buda y de Mahoma yacen en sus tumbas respectivas, pero la de Cristo está vacía. ¡Resucitó! Venció a la muerte y ascendió a la diestra del Padre, donde vive siempre para interceder por ti y por mí. ¡Qué poderoso y amante Salvador tenemos!
Es nuestro deseo que La Cruz de Cristo una nuestras mentes y corazones en la alabanza y gloria de su Nombre, "porque ha llegado la hora de su juicio".
L.B. 10/4/99