El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 1 Me siento muy feliz de estar aquí de nuevo y compartir con vosotros estas maravillosas nuevas de la salvación. Durante estas reuniones nos centraremos en la obra del Espíritu Santo en el plan de la salvación. Cuando Jesús dio a los discípulos la gran comisión de ir por todo el mundo haciendo discípulos, dijo (en Mat. 8:19): Bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ¿Por qué? ¿Por qué estos tres? Porque los tres miembros de la Deidad están implicados en nuestra salvación. El Padre ha tomado la posición de director en el plan de la salvación. En Juan 3:17, Jesús dijo a Nicodemo: el Padre me ha enviado, no para condenar al mundo sino para que el mundo pueda ser salvo. Y en Juan 6:38, dijo Jesús: He venido, no para hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre Otro texto más: Gálatas 4:5 y 6: Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley Así que el Padre es el director. Hemos leído que Dios (Padre) envió a su Hijo. El Hijo es el Salvador. Cuando los ángeles informaron a José y María sobre el próximo nacimiento de Jesús (está en Mateo 1:21), el ángel les dijo: Lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados Y cuando los ángeles anunciaron el nacimiento de Jesús (está en Lucas 2:11): Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo, el Señor. El versículo 10 habla de las Buenas Nuevas, y en primera de Timoteo 4:10, Pablo afirma que Jesús es Salvador de todos los hombres Por lo tanto, el Hijo es el Salvador del mundo. Ahora, ¿qué decir sobre el Espíritu Santo?, ¿cuál es el papel del Espíritu Santo en nuestra salvación? El Espíritu Santo es el comunicador, es el encargado de hacer el Evangelio una realidad en nuestra experiencia. No es el co-Redentor. Sólo tenemos un Redentor, que es Jesucristo. El Espíritu Santo nos dirige hacia Jesucristo y aquello que Jesús obtuvo por nosotros, el Espíritu Santo lo transforma en algo real en cada uno de nosotros, en el presente. Juan 16:8: convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio Efectúa su obra en el corazón del creyente, que consiste en hacer real en nuestra experiencia aquello que Cristo hizo ya por nosotros. Efectúa también una obra en la vida de la iglesia. Estudiaremos todo esto, pero en este estudio introductorio quiero que contemplemos el Espíritu Santo en tanto en cuanto Persona. No es una influencia; es una persona. Es la tercera persona de la divinidad, y quisiera que hoy tengamos un encuentro con él. Mañana lo estudiaremos en su misión de cara al mundo. Nos detendremos en la obra del Espíritu Santo de cara al mundo a través de nosotros, y luego veremos su obra en nosotros y en la iglesia. Espero que podáis ver que juega un importantísimo papel en el plan de la salvación. Hay algunos cristianos que niegan la personalidad del Espíritu Santo, su cualidad personal. Dicen que es meramente un poder, algo así como una influencia... pero sabemos que es una Persona. Os recordaré algunos textos, que podréis leer en casa: Romanos 8:27, donde Pablo habla de la mente del Espíritu Santo: Y el que sondea los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, y él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios Romanos 15:30, donde Pablo habla del amor del Espíritu Santo: Pero os ruego hermanos, por el Señor nuestro Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios Hechos 8:29, donde el Espíritu Santo habló así a Felipe: "Llégate, y júntate a ese carro" El Espíritu Santo siempre ha estado activo. Ya lo estuvo en la creación, pero lo vamos a observar en su papel en la obra de la redención. ¿Qué papel jugó el Espíritu Santo en la obra de la redención? Primeramente el nacimiento de Cristo: Antes de que Cristo pudiera salvarnos, Dios tenía que cualificar legalmente a Cristo para que pudiera hacerlo. ¿Cómo? Tomó la naturaleza divina de Cristo, y tomó la vida corporativa que nosotros recibimos de Adán, y unió ambas cosas: la naturaleza divina de Cristo, con la humanidad. Las unió en la matriz de Maria. ¿Quién lo hizo? El Espíritu Santo. Cristo nació del Espíritu Santo; el Espíritu Santo es el agente que unió la divinidad de Cristo con la humanidad de nuestra raza. Así que Cristo --el eterno Hijo de Dios-- y nosotros, vinimos a ser uno; y Cristo vino a ser constituido en el postrer Adán. Esto lo cualificó para ser nuestro Salvador. Os quiero dar doce declaraciones referentes a la actividad del Espíritu Santo en el plan de la redención, y quisiera que leáis conmigo estos versículos. El primero está en segunda de Pedro 1:21 Porque ninguna profecía vino jamás por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo Así, antes que Cristo viniera a este mundo, ya fue profetizada su venida a través del Espíritu Santo. Esta es la razón por la cual Cristo --tras haber resucitado-- encontró a aquellos dos discípulos camino de Emaús confundidos, porque se decían: 'pensábamos que era el Mesías, pero ahora está muerto'. Y Jesús, comenzando desde Moisés y los profetas, les mostró que el Espíritu Santo había inspirado a estos profetas a que hablaran sobre Él precisamente, así que el Espíritu Santo es quien trajo esta divina vida de Jesús a la matriz de Maria, en la encarnación. Lucas 1:35: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra Sin el Espíritu Santo, Cristo no habría podido conquistar el pecado. Fue gracias a la influencia del Espíritu Santo por lo que Cristo pudo vencer al pecado. Fue el poder del Espíritu Santo el que mantuvo a Cristo sin pecar. En Lucas 4:14 vemos a Jesús después de las tentaciones en el desierto: Y Jesús volvió a Galilea lleno del poder del Espíritu Es decir, después de estas tres terribles tentaciones en el desierto, Jesús volvió en el poder del Espíritu, y en los versículos 18 y 19 Jesús cita el libro de Isaías: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ungió para dar buenas nuevas a los pobres, me envió a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; a dar libertad a los oprimidos, y a predicar el año favorable del Señor Todo esto lo hizo Jesús en el poder del Espíritu. En cuarto lugar --y ya lo hemos mencionado--, Juan 16:7 y 8, donde Jesús dice a los discípulos: Sin embargo, os digo la verdad: Os conviene que me vaya, porque si no me fuera, el Ayudador no vendría a vosotros. Pero al irme, os lo enviaré. Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio Y esto lo estudiaremos mañana por la mañana. El quinto punto: El Espíritu Santo es el que invita a los que están hambrientos de salvación a aceptar a Cristo. Apocalipsis 22:17: El Espíritu y la esposa dicen: "¡Ven!" Y el que oiga, también diga: "¡Ven!" Y el que tenga sed y quiera, venga y tome del agua de la vida de balde. Es el Espíritu Santo quien hace esta invitación a cada uno. Digámoslo de esta forma: no es nuestra misión la ganancia de almas; no lo encontraréis en la Biblia. Esa es la obra del Espíritu Santo. Nuestra obra es testificar. Es la obra del Espíritu Santo el convencer, el traer convicción. Nunca digáis ni penséis: 'he ganado tantas almas', porque jamás habéis ganado ni una sola alma; esa es la obra del Espíritu Santo. A él sea toda la gloria. En Europa es muy difícil lograr bautismos, pero en África, donde he estado trabajando como misionero durante 20 años, se bautizan cientos y miles de personas. Ahora bien, hay una gran diferencia entre bautizar y convertir. Lo puedo decir por experiencia. Cuando veía que se bautizaban a miles, me ponía en guardia, me hacia sospechar que algo no iba bien. No siempre coinciden el bautismo y la conversión. Os explicaré una experiencia. Un día vino un evangelista al África, a una zona en que es muy fácil bautizar a las personas. Se trata de una zona de Kenia en donde hay dos grandes ciudades. En una de estas bautizó a 1.030 personas en tres semanas. Un año después fui allí, a esta iglesia, y pregunté al pastor: '¿Cuantos de aquellos 1.030 están todavía en la iglesia?' Me dijo: '54'. El pastor, a quien yo mismo había instruido en su época de estudiante, me explicó: 'La mayor parte de ellos dejaron de asistir a la iglesia al siguiente sábado de haberse bautizado'. Así es que cuando oímos hablar de bautismos en masa, especialmente en África, no penséis que siempre es oro todo lo que reluce, y que todo es obra del Espíritu Santo. No necesariamente. Habéis oído hablar de Ruanda. Éramos la denominación protestante más numerosa en Ruanda. Uno de cada seis ruandeses era adventista, hasta que tuvo lugar el genocidio y unos miembros mataron a otros. Es lamentable decirlo: pastores mataron a sus miembros y miembros a sus pastores, debido a que había dos tribus que estaban enfrentadas. ¿Sabéis? Cuando uno se hace cristiano no existen las tribus. Desaparecen. Somos uno en Cristo. Pero a menos que estemos convertidos, a menos que el Espíritu Santo nos controle, podéis hacer las cosas más terribles mientras que os creéis cristianos. Así pues, recordad especialmente que la obra de ganar almas no es vuestra obra ni la mía: es la obra del Espíritu Santo. Punto sexto: Es el Espíritu Santo el que nos comunica la vida de Cristo. En Juan 3:3-8 lo podéis encontrar. Un gran dirigente del judaísmo llamado Nicodemo, fariseo, miembro del Sanedrín --la posición más elevada que se podía ocupar en el judaísmo--, vino a Jesús de noche. Intentaba ganar su salvación guardando la ley, y Jesús le dijo: Te aseguro: El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios Era como decirle: 'Poco importa lo bueno que te creas o seas'. Expliquemos lo que esto quiere decir. Cuando naces en este mundo --y poco importa dónde sea--, naces con la vida de Adán, con la que procede de Adán. Hechos 17:26 así lo afirma: De uno solo hizo todo el linaje de los hombres Vosotros recibís una vida que ya ha pecado en Adán. Segundo: cuando nacéis, recibís una vida que ya está condenada a muerte (Rom. 5:18). Según dice Pablo, ¿cuántos mueren en Adán? (1 Cor. 15:22) "Todos". Así, como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también por la justicia de uno solo, vino a todos los hombres la justificación que da vida Porque así como en Adán todos mueren... Tal es la vida que recibimos cuando nacemos en este mundo. Recibimos una vida condenada a morir, porque recibimos una vida que esta bajo la maldición de la ley. Cuando Cristo murió hace más de 2.000 años, no había venido a cambiar la sentencia de muerte, sino a cumplirla. Dicho de otro modo: hemos de morir; no podemos escapar a eso. Y no estoy hablando de la primera muerte: la muerte de viejo o de enfermo, sino que me refiero a la muerte que es la paga del pecado, la maldición de la ley. Segunda de Corintios 5:14 y 15: Porque el amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, luego todos han muerto. ¿Cuántos? ¿Qué dice vuestra Biblia? "Todos". ¿Entendéis esto? Cuando Cristo murió en la cruz, no fue su vida divina la que murió; no fue su divinidad, sino que fue su vida humana la que murió, y esa vida humana era nuestra vida, la que el Espíritu Santo había unido con su divinidad. Os hago esta pregunta: ¿Por cuánto tiempo murió esta vida humana en Cristo Jesús? ¿Cuántos días? ¿Dos días?, ¿Tres? Alguien dice que fue por la eternidad. Es verdad. Tiene razón. En caso contrario, la ley no habría quedado satisfecha, pero Dios nos amó de tal forma que tomó la vida divina de su Hijo y nos la dio, y Jesús resucitó, no con la vieja vida de Adán sino con la nueva vida. Segunda de Corintios 5:17: Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Las cosas viejas pasaron, todo es nuevo En Juan 3:16 leemos: Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único ¡No dice que nos lo prestó! ¿Qué significa que nos dio a su Hijo? (1 Juan 5:11). Aquí el apóstol Juan explica lo que quiere decir: Este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Este es el don de Dios a la humanidad. Por descontado, no podéis disfrutar ningún don si lo rehusáis, si lo rechazáis. ¿Es posible rechazar el don de Dios? Pues sí, pero ¿qué pasa si no lo rechazáis, y qué pasa si lo hacéis? Aquí esta, en el versículo siguiente (el 12): El que tiene al Hijo, tiene la vida ¿Qué tipo de vida? En el versículo 11 está claro que se trata de la vida eterna. El que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida Uno de nuestros estudios durante estos días será sobre el pecado contra el Espíritu Santo. Muchos están confundidos en cuanto a este pecado. Es el pecado imperdonable, y hemos de estudiarlo. El séptimo punto: Es el Espíritu Santo el que nos guía a toda verdad. Cuando estuve en Beirut, en el Líbano, en 1970, alguien me presentó a un gran predicador chino. Leí todos sus libros y contenían muchas cosas buenas, pero algunas eran erróneas. Cuando oís a alguien, incluyéndome a mí, pensad que sólo existe una vara de medida para la verdad, y esa vara no es ninguna persona ni grupo de personas, sino que es la Biblia. Id siempre a la Biblia para saber si es verdad aquello que oís, sea quien sea el que os lo diga. Esta es la razón por la cual os predicaré sobre la Biblia. No creáis nada de lo que yo os diga; creed todo lo que este libro os diga. Antes de hacerme adventista había sido un gran creyente en la iglesia católica romana. Mi padre resultó tremendamente afectado por mi conversión al adventismo. Él tiene un hermano --mi tío-- que es un sacerdote jesuita. Mi padre le dijo a mi tío: 'Te voy a pagar el viaje para que vayas a Uganda --donde yo estaba sirviendo ya como misionero--, y quiero que lo conviertas de nuevo a la madre iglesia' (refiriéndose a la iglesia católica). Así que vino mi tío, el sacerdote jesuita. Por supuesto, vino con sus hábitos de sacerdote jesuita. Se alojó en mi casa, y mis compañeros en la misión adventista me dijeron sorprendidos: '¿Qué hace aquí un jesuita?' Y yo les dije: '¡Es mi tío! ¡No lo voy a echar por ser jesuita! Y venía a convertirme de nuevo al catolicismo, a la iglesia romana, así que le dije: 'Antes de que comencemos a discutir de teología, tenemos que ponernos de acuerdo en un punto'. Me dijo él: '¿Qué punto?'. Y yo le dije: 'Hemos de acordar que la única regla de la verdad será la Biblia, la Palabra de Dios. Y yo estaré muy feliz en emplear tu Biblia si así lo prefieres' (él había traído su Biblia católica). Él accedió, y en ese mismo momento supe que mi triunfo estaba asegurado. El plan era que estuviese dos semanas para discutir conmigo, para convencerme... Sólo estuvimos cuatro días. Me dijo: 'Mejor lo dejamos aquí'. Yo le dije '¿Por qué? Habíamos acordado dos semanas'. Me dijo: 'Porque si continúo un día más me vas a convertir en adventista'. El Espíritu Santo le estaba llevando a convicción, y él estaba luchando. Se llenó de terror al comprender la verdad. Le dije: '¿Dónde está el impedimento en que te hagas adventista?, ¡Adelante!' Me respondió: 'No. Nací católico y quiero morir católico'. 'Bien --le dije--, es tu elección'. Pero volvió y le dijo a mi padre: Ni se te ocurra hacerle volver a la iglesia católica en contra de su conciencia. Su conciencia está anclada en la Palabra de Dios, al fin y al cabo también cree en Jesucristo, así que no te preocupes. Perdió la batalla en el momento en que dependí de la Biblia. No importa lo elevada que sea la posición de la persona. Id a la Escritura: es la única medida de la verdad. En vida de la hermana White había muchos problemas teológicos en los que estaban implicados nuestros hermanos. Se debatían y acudían a ella para que les auxiliara en la solución de estos dilemas: el "continuo" en Daniel, los 144.000... La hermana White siempre les decía: 'Id a las Escrituras. Que sea la Biblia la que decida lo que es verdad'. Y cuando Jones y Waggoner predicaron el mensaje de 1888 y algunos de los hermanos se les opusieron, ella les dijo: 'No tenéis derecho a condenarlos, a menos que podáis probar por las Escrituras que están equivocados'. Así que sed estudiosos de la Biblia y permitid que el Espíritu Santo os conduzca a toda la verdad. El punto octavo (muy importante): Es el Espíritu Santo el medio de nuestra santificación. Cuando me hice adventista, hice muchas y maravillosas promesas a Jesús: no beberé nunca más ninguna bebida alcohólica, nunca más fumaré... Muchas promesas, pero ¿sabéis?, una cosa es hacer la promesa y otra es cumplirla. Lo intenté. Lo procuré, y fracasé. Lo volví a procurar y volví a fracasar. Y esto que os digo ocurría incluso siendo ya pastor. Durante años lo intenté a base de prometer, hasta que llegué a estar tan desanimado que estuve a punto de abandonar el ministerio y hasta el cristianismo. Pero gracias a Dios porque me llevó al Evangelio, y me mostró que es Cristo en nosotros, por el poder del Espíritu Santo, el que hace que podamos vivir vidas santas. Segunda de Tesalonicenses 2:13: Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya elegido desde el principio para salvación, mediante la obra santificadora del Espíritu y la fe en la verdad La obra santificadora del Espíritu. Veis que es el Espíritu Santo el que hace posible para vosotros y para mí el vivir vidas santas. Os diré por qué: Cuando os convertís, cuando os hacéis cristianos, no hay ningún cambio en vuestra carne. Vuestra naturaleza humana es todavía pecaminosa. Hasta que aparezca Cristo en su segunda venida, vosotros y yo no tenemos poder para vencer la carne por nosotros mismos. Sólo el Espíritu nos puede librar del poder de la "ley del pecado que está en nuestros miembros". Buscad Romanos 8:2. Ved aquí lo que dice Pablo: Porque mediante Cristo Jesús, la ley del Espíritu que da vida, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte Y en el versículo 3 explica cómo lo hace (el versículo 2 está expresado en tiempo pasado) ¿Cómo es que el Espíritu de vida en Cristo me ha librado de la ley del pecado y de la muerte? Porque lo que era imposible a la Ley, por cuanto era débil por la carne La ley no tiene poder para producir justicia en una carne enferma, pecaminosa, como la nuestra. Pues bien, lo que dice el versículo 3 es que aquello que era imposible a la ley, Dios lo hizo posible. ¿Cómo? De esta forma: Dios, al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado En carne como la nuestra, y a causa del pecado. Y como sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la carne ¿Para qué? Versículo 4: Para que la justicia que quiere la Ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Así, es el Espíritu Santo el que produce la santificación. Hay una declaración muy importante. Lo dije antes: el Espíritu Santo no es un co-redentor, lo que quiere decir que cuando el Espíritu Santo produce justicia en vosotros, eso no es meritorio. No hay merito redentor ninguno. Esa justicia que se produce en vosotros fue ganada ya en Cristo. No os hace contribuir a vuestra redención. Lo que hace es demostrar al mundo lo que es ya cierto de vosotros en Cristo. En otras palabras: la obra del Espíritu Santo es reproducir la justicia de Cristo en nosotros. Esto no añade a nuestra salvación, no es meritorio por nuestra parte, no es una ayuda para nuestra salvación, sino que prueba que ya hemos sido salvos en Cristo. Así que hemos de tener esto presente: solo hay un Salvador, que es Jesucristo el Señor. Punto noveno --y enlaza con el anterior--: La obra del Espíritu Santo consiste en reproducir la vida de Cristo en nosotros. Quiero explicar algo que hemos de entender, y entraremos en más detalles luego, o en alguna otra ocasión. Una cosa es ser nacido del Espíritu, y otra cosa es ser controlado por el Espíritu --o estar bajo el control del Espíritu--. ¿Por qué? Porque el creyente tiene dos naturalezas: tiene la antigua naturaleza --el viejo hombre-- y una nueva naturaleza. Y no es imposible que un cristiano que haya nacido del Espíritu Santo ande posteriormente en la carne. La obra del Espíritu Santo es reproducir la vida de Cristo en nosotros, de forma que el mundo no nos vea a nosotros, sino que vea a Cristo en nosotros. Segunda de Corintios 3:17 y 18: Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. ¿Libertad de qué? De la carne. Por tanto, nosotros todos [se refiere aquí a los creyentes] al contemplar con el rostro descubierto, como en un espejo, la gloria del Señor, nos vamos transformando a su misma imagen, con la creciente gloria que viene del Señor, que es el Espíritu ¿Sabéis amigos? El pecado no solamente nos ha robado la vida, sino que también nos ha robado la gloria de Dios, porque en Romanos 3:23, Pablo dice: Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios El Espíritu restaura esa gloria. Tal es su obra: reproducir la vida de Cristo. Dos puntos más. El décimo, que otro día estudiaremos en mayor detalle: Es el Espíritu Santo quien nos otorga los dones (espirituales), de forma que podamos obrar como cuerpo de Cristo. Primera de Corintios 12:7-11: A cada uno le es dada manifestación del Espíritu para el bien común. A uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, don de sanidad por el mismo Espíritu; a otro, operación de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas, las efectúa uno y el mismo Espíritu, y reparte a cada uno en particular como él quiere. Toda clase de dones para edificar la iglesia en Cristo, para que juntos podamos reflejar a Cristo, y cuando la gente vea esto, diga: ahora sabemos que el Evangelio es el poder de Dios para salvación para todo aquel que cree (Rom. 1:16) Estoy retirado, pero aún sigo llevando una iglesia en Washington. En esa iglesia hay una representación de 43 o 44 nacionalidades distintas, de todas las partes del mundo. Un día teníamos un programa. Mi iglesia está muy cerca de la zona donde están las embajadas, y siempre invitamos al personal de las embajadas y a los embajadores para nuestras sesiones en la iglesia: Rumania, Sudáfrica, Australia, Francia... suelen venir de todos los lugares, y ven la unidad de la iglesia. El embajador de Sudáfrica me dijo: 'Hemos estado intentando que se produzca la unidad en Sudáfrica durante años y años, y fracasamos. ¿Cómo lo han logrado ustedes aquí?' Le dije: 'No lo hemos logrado nosotros: es el Evangelio el que lo logró'. Y él me dijo: '¿Por qué no lo logró en Sudáfrica?' Me sorprendió su pregunta. '¿A qué se refiere?' --le dije. Me contestó: 'Yo fui adventista. Dejé de ir a la iglesia porque en Sudáfrica los adventistas se pelean entre ellos'. Entonces le dije: '¡Eso sólo pude suceder si no han comprendido el Evangelio!' ¿Sabéis? El embajador de Sudáfrica asiste ahora a mi iglesia, y es ahora un fiel adventista. En cierta ocasión buscamos un local alquilado, tomé veinte de los miembros de la iglesia de la que procedo, y edificamos otra iglesia. Los que nos observaron tuvieron la ocasión de comprobar que éramos diferentes. El Evangelio hace eso mediante el poder del Espíritu Santo: nos otorga dones para la edificación de la iglesia. Equipa a la iglesia con poder para testificar. Este es el punto undécimo. Efesios 4:11-13: Él mismo dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros; a fin de perfeccionar a los santos para desempeñar su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo Todo esto es la obra del Espíritu Santo, quien otorga los dones. Y el punto duodécimo y último: El Espíritu Santo da al creyente poder para testificar. Podéis pensar: 'Es que soy muy tímido', o 'No tengo conocimientos teológicos', y el Espíritu Santo os dice: 'No me importa lo débil que tú seas'. Hechos 1:8. Jesús dijo a los discípulos: Pero recibiréis el poder, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra Y también en Francia. En todo el mundo. En el sitio en donde te encuentres. Así que la obra del Espíritu Santo es hacer una realidad en nuestra experiencia personal aquello que ya es cierto de nosotros en Jesucristo. No es que añada a la obra de Cristo. No. La obra de Cristo es perfecta y completa. El Espíritu Santo hace real la obra de Cristo en nosotros. Así que el Evangelio resulta una experiencia, y cuando el Evangelio se experimenta, es el poder más grande que hay en todo el mundo. Esta es mi oración para vosotros: que permitáis que el Espíritu Santo os emplee para cumplir la misión que Dios os ha encomendado. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 2 Os voy a relatar algo que sucedió hace un mes aproximadamente. Prediqué en una iglesia en Nueva York, me llevaron al lugar de las dos torres que cayeron y me sorprendió mucho que el arquitecto, que es japonés, había edificado las torres con la directiva explícita de que fuesen capaces de resistir el impacto de un avión. Tenían 110 pisos. Desde la parte superior todos los otros edificios se veían pequeños. El más alto de los edificios que las rodeaban tenía 50 pisos, pero hoy todo cuanto queda es dos grandes agujeros de las dimensiones de un campo de fútbol. ¿Sabéis? Lo que el hombre edifica no es nunca indestructible, y desde el once de septiembre el mundo no es el mismo. Creo que la venida del Señor se acerca, pero tenemos una obra que hacer y quiero compartir esta preocupación con vosotros. Ayer consideramos el Espíritu Santo de forma general; vimos la parte que juega en el plan de la redención; vimos que el Padre es el director del plan de la salvación; vimos que Jesucristo es el Salvador, y vimos también que la obra del Espíritu Santo es comunicar a la raza humana la salvación completa y perfecta lograda en Cristo. Así pues, cuando llegamos a experimentar lo que es el poder del Evangelio, hemos de depender del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el que lo hace real en nuestra experiencia personal, y hoy vamos a prestar una atención más centrada en ese aspecto. Quiero comenzar con la misión del Espíritu Santo hacia el mundo. ¿Cuál es esa misión? Cuando Jesús dio la gran comisión a sus discípulos, les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura Pero Jesús sabía que los discípulos carecían del poder para poder realizarlo, así que les dijo: Recibiréis el poder, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra Y hoy hemos de depender del Espíritu Santo para poder terminar la obra. Pero el Espíritu Santo trabaja a través nuestro, de forma que mi primer objetivo hoy es considerar la misión del Espíritu Santo de cara al mundo. Ved en Juan 16:8 lo que Jesús dijo a los discípulos: Cuando él venga... Se refiere al Consolador, al Espíritu Santo. Convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio Así que el mundo tiene que ser convencido de tres cosas: (1) de pecado, (2) de justicia y (3) de juicio. Estudiemos más en detalle estas tres cosas. Primeramente convencer al mundo de pecado. Os pregunto: ¿Qué es el pecado? Veamos cómo definió Jesús el pecado (Vers. 9): De pecado, porque no creen en mí Algunas veces tenemos un conocimiento demasiado limitado de lo que constituye el pecado. En el Antiguo Testamento, que estaba escrito en hebreo, hay doce palabras diferentes que se traducen como "pecado" en nuestras Biblias. En el Nuevo Testamento, que se escribió en griego, hay cinco palabras diferentes que traducimos siempre como pecado. Combinando el Antiguo con el Nuevo Testamentos, resultan siete categorías de pecado. De todas estas categorías de pecado, Jesús nos salva de seis. Pero hay un tipo de pecado que es el pecado imperdonable de la incredulidad, y este es el pecado del cual el mundo necesita especialmente ser convencido. Lo que está diciendo aquí Jesús es que el pecado que privará a la persona de la salvación, es el pecado de la incredulidad. No hemos de confundir el verbo creer con el sustantivo incrédulo. Creer o no creer es un verbo, expresa una acción; la palabra incrédulo define la condición de una persona. Digámoslo de esta forma: no todos los incrédulos se han instaldo definitivamente en la incredulidad. Cometer el pecado de la incredulidad es rechazar a Jesús de forma deliberada, persistente y final. Cuando se instaló definitivamente esa incredulidad, podemos hablar del pecado imperdonable. Jesús nos dice aquí que el Espíritu Santo ha de convencer a las personas de que están perdidas, no porque sean malas, sino porque están sin Cristo. Si estáis sin Cristo, ¡no hay salvación posible! Digámoslo de esta otra forma: Hay algunos que os dirán: 'No necesito hacerme cristiano. Soy tan bueno como tú que eres cristiano; soy honrado en los negocios, ayudo a los necesitados, hago buenas obras...' Pero no importa lo bueno que seas: si estas sin Cristo, estás sin esperanza. No hay cielo para ti, porque hay una sola forma de ir al cielo: Jesucristo. Un día tenia que predicar en un seminario de Nairobi, en Kenia. Nairobi tiene un problema: es muy difícil encontrar aparcamiento para un coche. Después de buscarlo durante media hora, y no encontrarlo, vi una zona de la calle donde estaba prohibido aparcar, pero había un coche aparcado. Era el coche de un embajador, y me dije: 'Según Pablo, nosotros los cristianos, somos embajadores', así que aparqué el coche detrás de aquel otro que lucía la bandera diplomática, y fui a la reunión. Cuando regresé había un policía sentado encima del capó de mi coche, esperándome. Le vi a la distancia. Entonces me dije: 'Mejor voy a esperar' ¡No quería pagar la multa! Pero por toda apariencia ese guardia tenía la paciencia de los santos, así que finalmente tuve que ir al coche. Cuando llegué allí se puso en pie y me dijo: ¿Es este su coche? 'Sí', --le contesté. Me dijo: Usted ha transgredido la ley, y le voy a poner una multa. El coche del embajador todavía estaba allí, así que le dije: '¿Le va a poner también una multa a este otro coche?' Me dijo: 'A él no'. Le pregunté: '¿Por qué no?' Me respondió: 'Porque él tiene inmunidad diplomática: es el coche de un embajador'. Le dije entonces al policía: 'Ha de saber que también yo soy embajador'. Mi coche, un Peugeot muy viejo, estaba lleno de abolladuras y ciertamente parecía cualquier cosa, excepto el coche de un embajador, pero aún así el policía fue a la parte posterior del coche para examinar la placa de la matrícula. Me dijo: 'Si usted es embajador, ¿por qué tiene una placa de matrícula sin distintivo diplomático?' Le respondí: 'Es porque mi embajada no pertenece a este mundo'. Él vio entonces la Biblia en mis manos y exclamó: '¡Ah, es usted un reverendo!' Le dije: 'No: soy un pecador como usted, salvado por la gracia, pero soy pastor'. Se acercó mucho a mí y me dijo: 'Si me hace un gran favor, le perdonaré por haber aparcado aquí'. Así que le dije: ¿Qué puedo hacer por usted? Me dijo: '¿Podríamos entrar en su coche?' Le dije: 'Sí'. Y esto es lo que me dijo angustiado: 'Yo soy católico romano. He cometido un pecado mortal. Si muero, me estaré quemando en el infierno por toda la eternidad, pero tengo miedo de explicarle a mi sacerdote lo que cometí, porque él tiene un alto concepto de mí. Pero usted no me conoce, así es que puedo confesarle a usted mi pecado y usted me lo perdona, porque como usted es sacerdote me lo puede perdonar'. Os confieso que sentí tentaciones de decirle aquello de ego te absolvo... pero tenía mejor conocimiento del Evangelio que ese, y le dije: 'Hay un solo Hombre que tiene el derecho legal de perdonarlo, porque él murió por sus pecados. Ese hombre es Jesucristo'. Y le llevé a 1ª de Timoteo 2:5, donde dice: Hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre Él me dijo: '¿Puedo acudir directamente a Cristo?' Le respondí: 'Sí. Él es el único Hombre que tiene derecho a perdonarle'. Su semblante cambió. Rebosante de felicidad, me dijo: 'No es sólo que le perdonaré por haber aparcado aquí, sino que estoy encargado de esta área y cada vez que usted venga aquí, puede aparcar con toda tranquilidad'. Sí hermanos. Somos embajadores, y el Espíritu Santo obra a través nuestro para testificar del Evangelio. La primera cosa que hemos de decir a la gente es que están perdidos. No porque han trasgredido la ley, sino porque están sin Cristo. Os daré algún texto al respecto: Marcos 16:15 y 16. Observad la gran comisión que Jesús dio a sus discípulos: Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura ¿Qué es el Evangelio? No son buenos consejos, sino Buenas Nuevas. Lo analizaremos más adelante. El que crea y sea bautizado, será salvo Pero hay un "pero"... Pero el que no crea, será condenado Así, ¿por qué será condenado el que sea condenado? Porque haber rechazado el don de Jesucristo. "El que no crea, será condenado". Juan 3:16. Lo conocéis bien: Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna Pero leamos ahora los dos versículos que siguen: Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él ¿Por qué? ¿Cuál fue la razón por la cual Dios envió a su hijo al mundo? Para salvar ¿a quién? Al mundo. ¿Quién es el mundo? Todos. El que cree en él, no es condenado. Pero el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el Nombre del único Hijo de Dios. Lo que dice Jesús aquí es que no hay condenación para los que creen en Cristo. Pero si no creéis, si rechazáis el don de la salvación en Cristo, entonces ya estáis condenados. ¿Por qué "ya"? Hemos nacido ya condenados en Adán; pero ahora estamos condenados, no por culpa de lo que hizo Adán, sino porque hemos rechazado el don de Dios en Jesucristo. En Juan 3:36 encontramos un dialogo que Jesús mantuvo con Nicodemo: El que cree en el Hijo tiene la vida eterna. Pero el que rehúsa obedecer al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él Así que no nos perdemos por el hecho de ser pecadores, puesto que todos nacimos pecadores, y Dios no nos culpa por la forma en que nacimos. Pero nos culpará si rechazamos el don de Jesucristo que él nos ha dado. Ved ahora Juan 17:4. Quiero que prestéis atención a la oración que elevó Jesús. Jesús oraba al Padre. Jesús estaba ante la cruz, y dijo a su Padre: Yo te he glorificado en la tierra. He acabado la obra que me encargaste Lo habéis oído. Jesús en la cruz acabó la obra que Dios le había asignado. En otras palabras: en la cruz, Jesús salvó a la raza humana. Veamos lo que dice Juan 19:30. ¿Recordáis lo que hicieron los judíos a Cristo? Lo crucificaron, y él exclamó antes de morir: ¡Consumado está! ¿Qué es lo que fue consumado? Nuestra salvación, así que no hay excusa para que nadie se pierda. Estas son las Buenas Nuevas, y el Espíritu Santo convence al mundo de que si rechazáis esta obra consumada, entonces no hay forma ninguna en la que podáis ir al cielo. Esto es lo primero: el Espíritu Santo ha de convencer al mundo de pecado. Vamos ahora al segundo punto. Volvemos a Juan 16:8 donde leemos: Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio ¿Qué significa convencer de justicia? ¿Qué quiso decir Jesús? Ved el versículo 10: De justicia porque voy al Padre, y no me veréis más ¿Qué tiene que ver el que Jesús vaya al Padre, con la justicia? Os voy a preguntar esto: ¿Quién envió a Jesús a este mundo? El Padre. ¿Para qué? ¿Lo envió para hacer turismo? No. No vino para visitar los monumentos de esta tierra. ¿Por qué vino Jesús? ¿Por qué envió el Padre a su Hijo Jesús? Para salvarnos. Para redimir la raza humana. Cuando Dios comienza una obra, no se detiene hasta haberla terminado. Vedlo en Juan 16:28: Salí del Padre, y he venido al mundo. Otra vez dejo el mundo, y vuelvo al Padre ¿Por qué dijo Jesús: "regreso al Padre"? Porque su obra de redención estaba completa, estaba acabada. Consumado está ¿Cuántos días dedicó Jesús a crear este mundo? Seis. ¿Qué hizo el día séptimo? Reposó. ¿Por qué? ¿Estaba cansado? No. ¿Necesitaba un descanso?, ¿estaba fatigado? No. Descansó porque su obra estaba completa, acabada. Era perfecta. En la cruz, el mismo Jesús, en un sexto día, acabó nuestra redención. Fue perfecta, completa. No le podéis añadir nada. ¡No la podéis mejorar! ¿Qué día fue, el día que murió en la cruz? También un sexto día, viernes. ¿Qué hizo el sábado? Reposó en la tumba. ¿Por qué? Porque su obra era completa. Este es el significado del sábado: señala la obra completa de la redención en Jesucristo. El primer día de la semana Jesús resucitó de los muertos. ¿Quién fue la primera persona que lo vio? María. ¿Sabéis lo que hizo María? Se aferró a él, le sujetó fuertemente. --'No te dejaré partir'. Y Jesús le dijo: 'No me retengas, María, porque todavía no he ido al Padre'. ¿Qué estaba diciendo Jesús? 'Tengo que ir al Padre para saber si mi obra ha sido completa y perfecta'. Y fue al Padre. ¿Y sabéis lo que hizo el Padre? Vedlo en Mateo 28:18 porque Jesús regresó --como sabéis--, volvió a los discípulos: Jesús se acercó a ellos, y les dijo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra ¿Qué significa esto? 'El Padre ha aceptado mi sacrificio. Me ha dado la autoridad plena para llevar a las personas al cielo y para que aquellos que están ya en el cielo, Moisés, Elías y Enoc puedan permanecer allí, porque he hecho una obra, y esta obra tiene la aprobación del Padre'. Y entonces añadió: Por tanto, id y haced discípulos en todas las naciones ¿Qué significa eso? Su regreso al Padre es la prueba de que su obra fue completa, perfecta, consumada. Si su obra no hubiese sido completa, el Padre le habría dicho: 'No. Regresa y termina la obra'. Pero no le dijo eso. El Padre le dio potestad, autoridad, para tomarte a ti, para tomarme a mí, para tomar a todo el que lo desee y llevarlo al cielo --a todo el que acepte el Don. Esto es lo que significa "voy al Padre". Significa que esa justicia que él ha obrado para nosotros, es una justicia perfecta, completa. Esas son las Buenas Nuevas, así que cuando predicamos el Evangelio, no hemos de decirle a la gente: "Si crees en Jesús, confiesas tus pecados y te arrepientes, entonces Dios te pondrá en Cristo y te salvará". Esto no son propiamente Buenas Nuevas, sino más bien buenos consejos. Las Buenas Nuevas son otra cosa: "Mientras tú estabas desvalido, mientras eras impío, mientras eras un pecador, mientras que eras y eres enemigo de Dios, Dios te ama y te amó de tal forma que te puso en Cristo, te redimió, te cambió tu estatus de la condenación a la justificación, y Dios te dice: 'En mi Hijo amado te doy todo esto como un don'". La fe es aceptar ese don. La fe es decir a Dios: 'Gracias Señor, por tu maravilloso don de la salvación en Jesucristo'. La fe no nos salva. No es nuestra salvadora. La fe es aceptar lo que nuestro Salvador hizo ya hace 2.000 años en nuestro favor. Un día me dijo un africano en Uganda: '¿Es usted salvo?' Yo le respondí: 'Salvo ¿de qué?'. Me dijo: '¿Es usted salvo del pecado?' Entonces yo le pregunté lo mismo: '¿Es usted salvo?' Y levantando los brazos me dijo: 'Alabado sea el Señor, ¡fui salvo hace tres meses!' Le dije: '¿Cómo? ¿Hace tres meses?' Me dijo: 'Creí en Jesucristo hace tres meses'. Le dije: 'Joven, tengo que corregirte: no fuiste salvo hace tres meses. ¡Al menos hace 2.000 años que fuiste salvo! Otra cosa es que aceptaras tu salvación hace tres meses'. En ninguna parte encontramos en la Biblia que seamos salvos gracias a nuestra fe. La Biblia tiene dos expresiones: ¿Somos salvos gracias a la fe, o por medio de la fe? La fe es solamente el canal o el instrumento por medio del cual recibimos una salvación que ha sido ya obtenida para nosotros hace 2.000 años, así que el Espíritu Santo ha de convencer al mundo de que en Jesucristo, Dios ha obtenido ya en favor de la raza humana salvación plena y completa: una perfecta justicia. Así pues, sin Cristo no hay salvación, pero con Cristo tenemos salvación plena y completa, y esto nos lleva al tercer punto: Juan 16:8, donde dice: Y cuando él venga convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio Convencerá al mundo "de juicio". Leed ahora el versículo 11: Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ahora ya está condenado ¿Qué significa esto? ¿Qué tiene que ver? ¿Quién es el príncipe de este mundo? --Satanás. Expliquémoslo: Cuando Dios creó este mundo ¿a quien otorgó el dominio de este mundo? A la raza humana en Adán. Pero cuando Adán pecó, este dominio lo pasó a Satanás. Lucas 4:5 y 6. Prestad atención a la segunda tentación de Jesús en el desierto: El diablo lo llevó a una altura. En un momento le mostró todos los reinos de la tierra ¿Cuántos reinos debió mostrarle el diablo a Cristo? Todos. ¿Y qué dijo el diablo? Versículo 6: Y el diablo le dijo: A ti te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me han sido entregados, y a quien quiero los doy Satanás especifica que le fueron entregados a él. Jesús no negó eso. El propio Jesús se refirió repetidas veces al diablo como al Príncipe de este mundo. Lo que el diablo estaba diciendo a Jesús es: '¡No hace falta que mueras en la cruz para redimir al mundo! Este mundo me pertenece. Yo te lo puedo dar'. Eso es lo que el diablo quería de Jesús: que lo adorase. Juan 12:31: Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será echado fuera ¿Quién es el príncipe de este mundo? --Satanás. ¿Cuándo fue echado fuera? ¿Qué quiere decir Jesús al decir: "ahora"? "Ahora" es la fecha de este mundo. Versículos 32 y 33: Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí. Esto dijo para dar a entender de qué muerte había de morir Queridos amigos, en la cruz Jesús nos llevó, nos redimió: redimió al mundo. Satanás ya no es más el príncipe de este mundo, el poseedor legal del mundo. Fuimos comprados por la preciosa sangre de Cristo, pero debido a que Dios nos creó con libre albedrío, con libertad de elección, tenemos el privilegio de aceptar o rechazar esta nueva compra, y Jesús dice: '¿Creéis en mí? Si es así, habéis pasado de muerte a vida'. Juan 5:24. Es Jesús quien habla: Os aseguro: El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que pasó de muerte a vida Esta palabra que dice aquí: "condenado", es lo contrario de pasar de muerte a vida. Así, ¿de qué convence el Espíritu Santo al mundo? De que si vosotros deliberadamente, persistentemente y de forma final rechazáis este don --la salvación en Cristo--, entonces os tendréis que ver junto a Satanás en el lago de fuego. Os quiero recordar un texto que ha confundido a muchos. Se trata de Hebreos 10:26. Muchos adventistas están algo desconcertados con este texto y no lo pueden comprender, pero es el privilegio de todos entenderlo, cuando se lee en su contexto. Porque si voluntariamente seguimos pecando después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados "Si voluntariamente seguimos pecando"... Muchos adventistas automáticamente decimos: 'Si transgredimos la ley voluntariamente, ya no hay esperanza ninguna de redención'. Pero no es esto lo que el texto quiere decir. En el capitulo 9 y 10 de Hebreos, el escritor, Pablo, establece el contraste entre los sacrificios levíticos y el sacrificio de Cristo, y dice esto: 'Los sacrificios de animales no pueden limpiarnos de nuestros pecados. Sólo el sacrificio de Cristo ha quitado nuestros pecados'. Leed Hebreos 10:14: Porque con una sola ofrenda, Cristo llevó a la perfección para siempre a los santificados Y en el versículo 26 dice: Porque si voluntariamente seguimos pecando Es decir, si rechazamos el Evangelio, si deliberadamente rechazamos el sacrificio de Cristo en la cruz, entonces no queda ningún otro sacrificio que pueda quitar nuestros pecados. ¿Qué queda entonces? Versículo 27: Sino una horrenda espera del juicio y del furor del fuego, que ha de devorar a los adversarios Versículo 28: El que rechaza la Ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere sin compasión Así que si transgredís la ley de Moisés, decía Pablo, se os apedrea hasta la muerte, pero ved ahora el 29: ¿Cuánto mayor castigo merecerá el que pisotea al Hijo de Dios, tiene por impura la sangre del pacto en la que fue santificado, y afrenta al Espíritu de gracia? Veis amigos: si pecáis contra la ley de Dios, hay esperanza de perdón porque Cristo murió por vuestros pecados; pero si pecáis contra la gracia, si deliberadamente rechazáis a Cristo, ¿quién os va a salvar? No hay esperanza, solamente una horrenda esperanza de juicio. Hebreos 2:1-4. Ved lo que dijo Pablo a los creyentes judíos del Nuevo Testamento: Por tanto, con más diligencia debemos atender a lo que hemos oído, para no desviarnos En otras palabras, tenemos que prestar mucha más atención al mensaje del Evangelio Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿como escaparemos nosotros... Escaparemos ¿A qué? --Al juicio de condenación. ¿como escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primero por el Señor, y fue confirmada para nosotros por los que oyeron. Y Dios apoyó el testimonio de ellos con señales, prodigios, diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad Así pues, hay tres cosas de las cuales las personas en el mundo están en necesidad de ser convencidas. (1) Si están sin Cristo, están sin esperanza: es el pecado de la incredulidad. (2) En Jesucristo, Dios ha obtenido una justicia que nos cualifica perfectamente, plenamente, para el cielo. Ahora y en el juicio, en Jesucristo Dios ha obtenido a favor nuestro una salvación, una justicia que nos cualifica plenamente para el cielo ahora y en el juicio. Este es el segundo punto. (3) Si rechazáis ese don, no hay ninguna forma en la que podáis ser salvos. Habréis de morir con el diablo. No porque seáis pecadores, sino porque habéis rechazado el don. Cuando Jesús venga dividirá a la raza humana solamente en dos grupos. No hay tres grupos ni cuatro. Los dos grupos son los creyentes y los incrédulos: las cabras y las ovejas. Aquellos que edificaron su casa sobre la roca y los que lo hicieron sobre la arena de la justicia propia. Al venir Jesús pondrá en una parte las ovejas y en otra las cabras. Oíd los que dice a las ovejas, aquellas que pone a su derecha. Mateo 25:34 y siguientes: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino preparado para vosotros ¿Desde cuándo? ¿Cuándo fue preparado para nosotros? desde la fundación del mundo Así que nuestras buenas obras, nuestras buenas cosas no tienen mérito alguno ni parte en esto, porque aún no existíamos en "la fundación del mundo". En Efesios 1:4 leemos que Dios nos eligió en Cristo Dios nos eligió en él desde antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos y sin culpa ante él en amor Esto es lo que Cristo dice a las "ovejas" (a los creyentes): Heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo Ved ahora en Mateo 25:41 lo que dice a los incrédulos: Entonces dirá a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado... ¿Para quién? ¿Qué dice vuestra Biblia? ¿Para quién estaba preparado? ¿Preparado para nosotros? ¿Fue preparado para los hombres? Para el diablo y sus ángeles ¡No está preparado para los hombres¡ Pero los hombres que rechazan el don, debido a que han elegido ponerse de la parte de Satanás, tienen que morir con él. El mundo tiene que oír esto. Tiene que saberlo. Dios os ha llamado a vosotros y a mí para ser embajadores suyos, para predicar estas tres cosas al mundo, y el Espíritu Santo convencerá a quienes os oigan. Esta es mi oración: En el nombre de Jesús, que cooperéis con el Espíritu Santo para presentar este Evangelio eterno, esta Buena Nueva, y que lo podáis hacer en todo el mundo. Que Dios os bendiga. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 3 Estamos estudiando el Espíritu Santo. Ahora veremos lo fundamental: cuando Adán pecó, afectó en varias formas a toda la raza humana. Una forma en la que la afectó fue esta: cuando Adán pecó, el Espíritu Santo dejó de morar en Adán, y éste murió espiritualmente. No físicamente, pero sí espiritualmente: aquel día murió. Una de las razones por las que Cristo vino a este mundo es para renovar el don del Espíritu Santo a la raza humana. Quiero que observéis dos versículos: Efesios 2:5: Aun cuando estábamos muertos en pecados, nos dio vida junto con Cristo Cuando la divinidad de Cristo y nuestra humanidad se juntaron en la matriz de María, fuimos vivificados espiritualmente en Cristo, y fue aquí cuando por vez primera fue restaurado el Espíritu Santo a la raza humana. El segundo texto, Tito 3:5: Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavado regenerador y renovador del Espíritu Santo Así pues, el Espíritu Santo fue restaurado primeramente a la raza humana en Cristo. ¿En qué momento se hace esa verdad personalmente nuestra? Cuando obedecemos al Evangelio. Pero, ¿qué significa obedecer al Evangelio? Para comprender esto, hemos de comprender lo que ocurrió en la cruz. Lo citamos ayer; hoy lo repetiremos. En la cruz, nuestra vida humana --la vida que recibimos de Adán-- murió para siempre a fin de satisfacer las demandas de la ley. A cambio, Dios dio a la raza humana la vida eterna de Cristo. A esto lo llamamos el maravilloso intercambio. Esta es la razón por la cual, antes de la cruz, a Cristo se lo llama "el unigénito del Padre", mientras que después de la cruz se lo llama "el primogénito". Unigénito significa alguien muy especial, único. Antes de la cruz, Dios tenía un Hijo único. Después de la cruz, a Jesús se lo llama primogénito, que significa el primero. ¿Qué significa este matiz, esta distinción? Si yo os presentara a mi hijo y os dijera: 'Es mi hijo único' ¿Qué implica? ¿Cuántos hijos más tengo? Ningún otro. Pero si os digo: 'Este es mi primogénito' ¿Qué pensáis? ¿Tengo otros hijos además de este? Ciertamente tengo otros, puesto que éste es el primero. Antes de la cruz Dios tenía sólo un Hijo; un único Hijo. Pero debido a que Jesús puso su vida por nosotros y compartió su vida con nosotros, ahora Dios tiene muchos hijos e hijas, de los cuales Cristo es el primogénito. Es por esto que en 1 Juan 3:1, el apóstol exclama: ¡Mirad qué gran amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios! En Hebreos 2:11 Pablo dice de Jesús: No se avergüenza de llamarlos hermanos Porque compartimos su misma vida. Ahora, ¿qué significa obedecer al Evangelio? Es muy importante que lo entendáis. La Ley y el Evangelio no son lo mismo. Por lo tanto, obedecer la Ley no es lo mismo que obedecer al Evangelio. Obedecer al Evangelio es aceptar de todo corazón nuestra muerte en Cristo, y a cambio aceptar la vida de Cristo. En otras palabras: la persona que experimentó la verdadera conversión, dirá como dijo Pablo: Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí Dicho de otro modo: cuando aceptamos a Cristo, decimos adiós a la antigua vida, y aceptamos la nueva. En el momento en que hacemos esto, el Espíritu Santo viene y mora en nosotros, y esto es en lo que consiste el bautismo del Espíritu Santo. Pero hay aquí un problema: el pastor que nos bautiza no puede leer nuestro corazón. Puede escuchar nuestras palabras, pero algunas veces lo que decimos no es lo que tenemos dentro del corazón. Os pondré un ejemplo: Fui enviado a Etiopía como misionero y me asignaron un joven para ser mi asociado en este trabajo. Yo pensé que era un hombre convertido, porque decía "sí" a todo. No le pagaba la iglesia, sino que era una señorita en Suecia la que le pagaba para que él pudiera esparcir la obra entre los musulmanes. Así pues lo tomé y lo llevé en mi coche al pueblo donde él trabajaría, a nueve kilómetros de distancia. Fuimos a visitar al jefe del pueblo: 'Queremos abrir aquí una escuela, y este hombre será el maestro'. Aquella población carecía de escuela, así que el jefe se alegró muchísimo y nos dijo: 'Os daré un edificio'. Y le dije: '¡Gracias! Pero quiero ser sincero con usted: este hombre empleará la Biblia' (recordad que era un poblado musulmán). Y él dijo: 'Bueno, está bien. Con tal que tengamos una escuela, no me importa que se use la Biblia'. Así es que volví a casa con este joven y le dije: 'No empieces con Cristo. Son musulmanes. Empieza con Abrahán primeramente, porque es el padre de los árabes tanto como lo es de los judíos. Empieza con Abrahán y gradualmente ve hacia Jesús. Mañana por la mañana trae al jefe a esta población... El joven no quería ir en autobús, para no pagar "al mundo". Decía: 'Soy joven. Iré andando'. Le dije: 'No te has de preocupar por el dinero del transporte: la iglesia lo pagará'. Pero insistió: 'Prefiero ir a pie'. El siguiente día vino a mi casa con dolores en todas partes. Estaba muy cansado de aquellos nueve kilómetros, y le recordé que debiera haber empleado el autobús, pero nuevamente me dijo: 'No. El autobús es una cosa del mundo. ¿Por qué no me compra una bicicleta?' La "carne" es muy lista, muy astuta. Le dije: 'No tengo presupuesto. No tengo dinero para comprarte la bicicleta'. Le pregunté: '¿Cómo fue la reunión?' Me dijo: 'Muy bien'. '¿Cuántos vinieron a la escuela?' --le pregunté. Me respondió: 'Cincuenta'. Y le dije: '¿Predicaste sobre Abrahán?'. Me dijo: 'Sí'. El siguiente día vino todavía más dolorido. '¡Me tiene que comprar una bicicleta!' Le dije: 'Hablaremos en otra ocasión de eso. ¿Cómo fue la reunión?' Me respondió: 'Todavía mejor. Esta vez acudieron 70 personas'. Le dije: '¿De verdad?' Me dijo: 'Sí. También asistió el jefe. Le pregunté: '¿Sobre qué predicaste?' Me respondió: 'He predicado sobre Jesucristo'. Le pregunté: '¿Y cómo ha reaccionado el jefe?' Me respondió: 'Diciendo "Amén"'. Me pareció demasiado bueno, así que al tercer día fui personalmente a ver cómo iban aquellas reuniones. Llegué al edificio que nos había cedido el jefe y no había nadie, así es que fui al jefe y le dije: '¿Dónde está mi asociado?' Me respondió: 'No sé'. Le pregunté: '¿No ha estado aquí?' Me respondió: 'No. La última vez que lo vi es cuando usted lo trajo, cuando vinieron juntos'. Es decir, ni siquiera había ido allí. Me había estado mintiendo, así que cuando regresó al día siguiente todavía más dolorido, él no sabía que yo había ido allí. Esto era el miércoles antes de la reunión. Se trataba de una reunión de oración, y me dijo: 'Me voy a levantar ante la reunión y a dar testimonio, porque hoy había 150 personas reunidas allí, y el jefe se convirtió a Cristo'. Le dije: 'No, no. Hoy no hay testimonio. Mañana no vayas allí. Ven a mi despacho'. Él pensaba que yo le iba a decir: '¡Buen trabajo! Ahora sí que te compro la bicicleta...' Pero en lugar de eso, le dije: '¿Qué habría de hacer con alguien que miente?' Me respondió: 'Hay que disciplinarlo. ¿Quién está mintiendo?' (como dispuesto a aplicar la disciplina). Le dije: 'Pues, tú'. Dijo: '¡Cómo! ¿Yo?'. Le dije: 'Sí. ¡No has estado nunca en la escuela!' Y me dijo: 'Sí. He estado allí todos los días'. Entonces le expliqué cómo había estado allí, y había estado hablando con el jefe. Me respondió: 'Es que hacía mucho calor, y no fuimos a la escuela sino que fuimos bajo las copas de los árboles, a la sombra, y seguramente no se pudo entender bien con el jefe porque él habla mal el inglés'. Le dije: 'Bien. Veamos lo que dice la Biblia. Tomemos dos o tres testigos: el primer anciano y el diácono'. Y me dijo: 'No, no'. Le pregunté: '¿Por qué no?' Me dijo: 'No tenemos que dar a nuestros miembros la impresión de que estamos en desacuerdo'. No quería, así que le llevé yo mismo y vinieron de aquella área aquellos que hablaban el mismo lenguaje e interrogaron al jefe en su propia lengua, quien confirmó lo mismo que ya me había manifestado a mí. Regresé, y el domingo decidí ir a verlo para despedirlo. Fui a su casa y no estaba allí, pero tenía una hija de tres años, a la que pregunté: '¿Dónde puedo ver a papá?' Me dijo: 'En la iglesia'. Yo no comprendía nada. Exclamé: '¡Acabo de salir de la iglesia y no está allí! Me dijo: 'No, no. Está en la otra iglesia'. Le pregunté: '¿Qué otra?' No me lo podía creer. Parecía imposible, pero era cierto: Había estado "trabajando" para dos denominaciones al mismo tiempo, sin que ninguna de ellas supiera que también trabajaba para la otra: para la Iglesia Adventista los sábados, y los domingos para la Iglesia Luterana. Así tenía dos sueldos... y posiblemente la ansiada bicicleta. Fui a la Iglesia Luterana. Fui a la clase. Abrí la puerta y ¡allí estaba! No se alegró mucho al verme por allí. Informé de la situación a los dirigentes de aquella Iglesia Luterana. Naturalmente, lo despedimos como obrero de la misión, y también lo hicieron los luteranos. Entonces él me puso un juicio, me acusó judicialmente. Mintió también al juez, pero no pudo evitar que éste lo descubriera. Expliqué al juez que había mentido, que todos pensaban que era un buen pastor, así que el juez me dijo: 'Puedo ver que ha mentido, pero usted sabe que en Etiopía es muy difícil encontrar trabajo. ¿Por qué no lo emplea como vigilante, como guarda?' Le dije: 'En la iglesia de Dios, hasta el vigilante tiene que ser un hijo de Dios. Pero si a usted le da pena y lamenta que se quede sin trabajo, su gobierno tiene mucho más dinero que mi iglesia. ¿Por qué no lo emplea su gobierno?' Me respondió: 'Mi gobierno no da empleo a los mentirosos'. Le dije: 'Tampoco la Iglesia Adventista'. Pero externamente era un excelente actor, ¡y decía "sí" a todo! Solamente el Espíritu Santo puede leer nuestro corazón. Cuando Jesús, en Marcos 16:15, dijo Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo No estaba refiriéndose al bautismo visible que administra el pastor. No sólo a esa señal exterior, sino también y especialmente al bautismo del Espíritu Santo. 1 Corintios 12:13. No todos los que se bautizan de manos de un pastor reciben igualmente el bautismo del Espíritu Santo. Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, siervos o libres. Y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu Cuando obedecemos al Evangelio de todo corazón, cuando aceptamos a Cristo plenamente como a nuestro Salvador personal, el Espíritu Santo hace morada en nosotros, y venimos a ser cristianos nacidos de nuevo. Quiero ser muy claro en esto. Leed en Romanos 6:17 y veréis lo que el Evangelio requiere de nosotros: Pero gracias a Dios, que aunque fuisteis esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquel modelo de enseñanza al cual estáis entregados La fe es la obediencia de corazón al Evangelio. Fe es decir: 'Acepto mi muerte en Cristo, a cambio de su vida'. Y cuando esto sucede, el Espíritu Santo hace morada en nosotros y experimentamos el nuevo nacimiento. Somos entonces una nueva criatura. Todas las cosas son hechas nuevas, las cosas viejas pasaron. Por nuestra fe, por nuestra obediencia --la obediencia de la fe--, comienza ahora una nueva obra, comienza un nuevo camino. Os haré una pregunta: Cuándo nacen los niños, ¿tienen dos piernas? --Sí. ¿Pueden caminar? --No. Cuando empiezan a aprender a caminar, ¿se caen alguna vez? --Sí. Así que cuando recibimos el Espíritu Santo y comenzamos a caminar --al principio-- nos caemos, aún teniendo dos piernas. No porque queramos caernos, sino porque estamos aprendiendo una nueva vida, una nueva forma de vivir. Como cristianos tenemos dos naturalezas, tenemos dos vidas: la primera es la naturaleza que nos viene de Adán. Por la fe le hemos dicho adiós, pero todavía está ahí. Le llamamos la carne, y la carne no se convierte. No se va hasta que venga Jesús en su segunda venida, cuando esto corruptible sea hecho incorruptible. Sigue estando ahí. Solamente está muerta por la fe. En realidad solamente está muerta en Cristo, por la obediencia de la fe, y la fe ve con el ojo espiritual. Lo vemos por la fe, pero no lo vemos "por la vista". Tenemos dos naturalezas: la carne y el espíritu. Y estas dos naturalezas están la una en contra de la otra. La carne quiere hacer el pecado, y el espíritu quiere producir la justicia de Cristo en nosotros. Aquí esta la batalla que describe Gálatas 5:17. Pero ni la carne ni el espíritu pueden cumplir sus deseos sin el consentimiento de nuestra mente, así es que el campo de batalla está en nuestra mente. Hay una especie de guerra civil dentro de nosotros. Leed Gálatas 5:16 y 17. Pablo hace esta afirmación, dirigida a los creyentes: Digo pues: Vivid según el Espíritu, y no satisfaréis los deseos malos de la carne. Porque la carne desea contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne. Los dos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais Solamente si caminamos bajo el Espíritu venceremos a la carne. Si procuráis vencer a la carne en vuestra propia fuerza, os encontrareis invariablemente con el fracaso, porque la carne es más fuerte que vuestras promesas y que vuestra fuerza humana. Pedemos decir que hay dos clases de "cristianos". Los dos nacieron de nuevo, pero unos caminan en la carne y los otros caminan en el Espíritu. Ambos nacieron de nuevo, pero aquellos que caminan en la carne son unos malos testigos de Jesús; traen desgracia a la causa de Dios. Os daré un ejemplo: Sabéis que la iglesia de Corinto era una iglesia carnal. Antes de que os de los versículos, quiero recordaros el contexto histórico de esta iglesia. La iglesia de Corinto fue una iglesia que se convirtió bajo la obra del apóstol Pablo. Él fue el evangelista que medió en la conversión de los corintios. Diez años después les escribió esta carta. No es una carta agradable de leer para ellos, porque esos cristianos no habían crecido espiritualmente. Oíd esto, empezando por 1 Corintios 3:1: Así, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo Dicho de otra forma: 'Cuando vine a vosotros primeramente y os convertisteis a Cristo, no os pude alimentar con la vianda firme, con el alimento sólido, porque erais bebés en Cristo; por lo tanto, os di a beber leche'. Versículo 2: Os di a beber leche, y no alimento sólido ¿Habéis intentado alguna vez alimentar a un bebe de tres meses con alimento sólido? No es lo apropiado. Se supone que lo habéis de alimentar con leche, porque el bebé no tiene la capacidad de asimilar el alimento sólido. Pero ved la siguiente frase del versículo 2: Porque aún no podíais soportarlo, ni aun podéis ahora Seguís sin poder asimilar este alimento sólido. En diez años no habéis crecido espiritualmente. Seguís siendo bebés, y tengo que seguir dándoos leche. Versículo 3: Porque todavía sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales y andáis a lo humano? ¿Cuál era la prueba de que eran carnales? Que había celos. Había luchas, disputas, contiendas. Había desacuerdos. ¿Sabéis sobre qué estaban disputando? Vedlo en el versículo 4: Cuando uno dice: "Yo soy de Pablo", y el otro: "Yo de Apolo", ¿no procedéis a lo humano? Y en el versículo 5 añade: ¿Qué es Apolo? ¿Y qué es Pablo? Siervos por los cuales habéis creído, y eso según ha concedido el Señor a cada uno Así que cesad de discutir en cuanto a individuos. 'Yo soy de Sequeira, yo de Standish, yo de éste, yo de aquel... Eso es carnalidad. Eso es ser carnales. Todos debemos ser de Cristo. La naturaleza carnal es consubstancial con la disputa en la iglesia. La iglesia de Corinto era carnal. Algunos dirían: 'Quizá es que no estaban verdaderamente convertidos'. Pero ved el versículo 16: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? ¿Eran cristianos nacidos de nuevo? Pues sí, pero estaban caminando en la carne, así que eran unos pésimos testigos de Cristo. Si seguís leyendo veréis que esta iglesia tenía muchos problemas. Unos llevaban a juicio a otros. Había inmoralidad sexual, y Pablo les escribe reprendiéndolos. Capítulo 6:9 y 10: ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios Versículo 11: Eso erais algunos. Pero habéis sido lavados En el original está claramente expresado en tiempo pasado Habéis sido santificados, habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios En mi Biblia está en presente, pero en el original está expresado en tiempo pasado. 'Sí. En otro tiempo fuisteis una banda de pecadores, pero ahora que habéis aceptado el Evangelio, ahora que habéis sido limpiados, ahora que habéis sido lavados, santificados, justificados, dejad de comportaros como erais antes. Comportaos como cristianos. Es decir: andad en el espíritu'. Recordad, pues, que la iglesia de Corintio era una iglesia problemática. Había mucho desacuerdo, y cierto día escribieron una carta a Pablo haciéndole algunas preguntas. Desafortunadamente no tenemos esa carta, pero tenemos la respuesta de Pablo. Y una de las preguntas que le hacían se refiere sin duda al Espíritu Santo. Empieza en el capítulo 12. Ved cómo empieza: Acerca de los dones espirituales... Está respondiendo a una pregunta que se le había formulado, relativa a los dones espirituales No quiero, hermanos, que estéis en ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, erais llevados a los ídolos mudos Pero ahora estáis convertidos --dice--, y a cada uno de vosotros el Espíritu Santo ha dado dones. Versículo 4: Sin embargo, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo Versículo 5: Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo Entonces añade: Algunos de vosotros pensáis que vuestro don es superior a los dones que tienen otros, y Pablo dice: 'No. No hay tal cosa. Todos los dones son importantes'. Versículo 12: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo Y el versículo 13 dice: Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, siervos o libres. Y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu Versículos 14 y siguientes: Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si el pie dijera: "Como no soy mano, no soy del cuerpo". ¿Por eso no sería del cuerpo? Y si la oreja dijera: "Como no soy ojo, no soy del cuerpo". Por eso, ¿no sería del cuerpo? Cada miembro, cada parte, es importante por igual. Cada uno necesita al otro. Demos un ejemplo: Supongamos que mi estómago siente hambre. Digamos que no he podido desayunar, y siento hambre. Mi estómago lo nota. ¿Qué hace el estomago? Envía un mensaje al cerebro, que despierta la alarma del hambre. El cerebro dice a los pies, 'Lleva este cuerpo a la despensa'. Las piernas dicen: 'No. ¡Yo no tengo hambre! Si el estómago tiene hambre, que se vaya él a la despensa'. ¿Qué sucedería? Qué grave problema, ¿verdad? No; las piernas obedecen al cerebro y llevan al cuerpo a la despensa. Entonces el cerebro dicta a los brazos: 'Abre la despensa'. Que os parece si la mano dijera: 'Como no soy yo quien tiene hambre, sino el estómago, que él abra la despensa'. ¿Puede el estómago abrir la despensa? --No puede. ¿Necesita las manos? --Sí. No hay miembro en el cuerpo que no sea importante. Cuando era joven, jugaba a fútbol en la escuela. En aquellos días no teníamos dinero para calzado: jugábamos descalzos. Un día, mientras jugaba descalzo, en lugar de darle un puntapié a la pelota, encontré una piedra y me arranqué la uña del dedo gordo. Me hacía bastante daño, y aún lo recuerdo. Rápidamente el dedo informó al cerebro de la lesión que había sufrido. El cerebro mandó a las manos: 'Id a ayudar al pie'. ¿Qué sucedería si las manos dijesen: 'No, que el pie está muy polvoriento. No me apetece ayudarle. Que se las arregle como pueda...' --No. La iglesia de Corintio tenía problemas en cuanto a los dones espirituales. Cuando leáis sobre los dones espirituales en Corinto, recordad el contexto: Pablo intentaba corregir esta situación desafortunada en la iglesia. En el capítulo 13, Pablo se refiere al don supremo del Espíritu Santo, por encima de todos los dones para todo creyente. ¿Sabéis cuál es el don supremo? El amor. Versículo 4 y siguientes: la palabra que usa el original es "ágape". Si este amor es el que nos controla, estamos bajo su influencia, pues: El amor es sufrido, es benigno. El amor no siente envidia. El amor no es jactancioso, no se engríe, no es rudo, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se alegra de la injusticia, sino que se alegra de la verdad. Todo lo sufre. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta El amor "ágape" nunca falla, nunca deja de ser. ¿Os podéis imaginar una iglesia controlada por el amor "ágape" en la que no existan los celos, en la que no exista la crítica, en la que no exista la disputa? Id ahora a Juan 13:35. Jesús afirma: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, 'En que guardáis el sábado'... ¿Dijo eso Jesús? --No. En esto conocerán todos que sois mis discípulos si os amáis unos a otros Si os amáis de la misma forma en que Cristo nos ama. Así que la iglesia de Corinto era una iglesia problemática, y uno de los problemas era el hablar en lenguas. Volved a 1 Corintios 14. Ved cómo empieza: Seguid el amor, y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en alguna lengua, no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie lo entiende, aunque en su espíritu hable misterios. Pero el que profetiza, habla a los hombres para edificar, exhortar y consolar. El que habla en otra lengua, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia No es que Pablo esté contra el don de las lenguas, sino que está en contra del beneficio personal, del egoísmo. ¿Qué significa aquí con esto de "lenguas"? Tenéis que tener presente que la iglesia de Corinto era una iglesia cosmopolita. Estaba formada por muchos. Muchas naciones estaban allí representadas, como sucede con la iglesia que yo llevo en Washington: hay 42 nacionalidades: de Europa, de Oriente Medio, del Lejano Oriente, de China, Corea, Sudamérica... ¿Qué sucedería si todos hablaran en lenguas diferentes en la iglesia? Los brasileños en portugués. ¿Quién los comprendería? --Sólo los brasileños. Si los franceses hablaran sólo en su idioma, ¿quién los comprendería? --Sólo los que hablan en francés. Así pasaba en Corinto. Cada uno quería hablar en su propia lengua, y en la iglesia reinaba la confusión. Leed todo el capítulo 14 cuando podáis. Veréis que lo que Pablo quiere decir, es: 'Cuando habléis a la iglesia, hablad en una lengua que todo el mundo entienda, que todos comprendan'. Pero quiero que veáis un versículo muy importante, el versículo 22. Esta es la conclusión de Pablo: Así, las lenguas sirven de señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos Así que las lenguas no deberían emplearse en la iglesia para los creyentes: es una señal para los incrédulos. ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir aquí Pablo? Expliquémoslo: En el Pentecostés vino el Espíritu Santo y hablaron en lenguas. ¿Correcto? En plural, en varias lenguas. Los que venían allí a oír venían de muchos países distintos, pero cada uno oía a los discípulos en su propia lengua. Había quince lenguas o quizás más. No estaban hablando como los pentecostales de hoy, sino que hablaban de forma que cada uno lo entendía en su propia lengua. No se trataba de una jerga incomprensible. Era perfectamente comprensible. Es como si yo os hablara en francés. Los franceses me entenderíais, ¿verdad? Lo que pasa es no he aprendido nunca a hablar en francés. Si os pudiera hablar en francés, ¿qué estaría demostrando? Que hay algún poder sobrenatural que me estaría controlando. Esto es lo que sucedió en Pentecostés. Cada uno oía al predicador hablando en su propia lengua, y decían: '¿Pero cómo son estos capaces de hablar en nuestra lengua si no han estudiado, si vienen de Galilea? ¡Son pescadores!' Así que Dios empleó las lenguas como un elemento impactante, además de como una necesidad. Lo empleó para atraer a la gente, y predicaron el Evangelio de forma que todos lo entendieran. Hay otro problema: los discípulos no creían que los gentiles pudieran ser salvos. Así, ¿qué tuvo que hacer Dios para mostrar a los discípulos que los gentiles podían ser salvos igualmente? Concedió el don de lenguas también a los gentiles. La concesión del don de lenguas era la demostración que Dios daba de que también ellos estaban bajo el control de un poder sobrenatural. Versículo 22: Así, las lenguas sirven de señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes Así que la iglesia no es el lugar parta emplear las lenguas. Es la profecía, la predicación, lo que edifica la iglesia. Cuando leáis esto de las lenguas en 1 Corintios 14, recordad el contexto al que se refiere. Se trataba de la iglesia de Corinto, una iglesia carnal, una iglesia con problemas, que estaba dando un empleo inadecuado al don de lenguas, y Pablo está corrigiendo eso. Ahora os explicaré algo: Cuando os convertís, el Espíritu Santo hace morada en vosotros. Se trata del nuevo nacimiento. No tenéis que confundir esto con el hecho de que el Espíritu Santo os controle. Es posible --tal cual os he mostrado-- que aún habiendo nacido de nuevo por el Espíritu Santo, y habiendo morado en vosotros el Espíritu Santo, sin embargo --como Corinto-- decidáis caminar en la carne. Pero cuando el Espíritu Santo os controla al cien por cien, entonces estáis llenos del Espíritu Santo. Estáis bautizados con el Espíritu Santo. Esto es lo que Dios espera y quiere de nosotros. Quiere que su iglesia esté controlada al cien por cien por el Espíritu Santo. Entonces el Espíritu Santo reproducirá la vida de Cristo. Y esta es nuestra meta, ese es nuestro objetivo. Tenemos que aprender diariamente a caminar en el Espíritu. ¿Es fácil? --Pues no. Requiere una lucha. Tenemos que disciplinarnos. Cada día nos tenemos que decir: 'No yo, sino Cristo'. Hemos de permitir que el Espíritu Santo guíe nuestra mente, y sólo entonces podemos vencer a la carne, porque veis que la carne tiene en ella misma la ley del pecado. La palabra ley significa una fuerza constante. La ley de la gravedad, por ejemplo. ¿Es que la ley de la gravedad está haciendo que esta Biblia tienda a caer hacia abajo? [sosteniendo una Biblia con el brazo extendido]. --Sí. Está haciendo fuerza hacia abajo. ¿Por qué no cae? Porque aunque actúe la ley de la gravedad, la estoy sujetando aquí arriba. ¿Estoy desafiando la ley de la gravedad? --Sí. La estoy desafiando. ¿Qué estoy empleando para desafiarla? Mi propia fuerza, la fuerza de mis músculos. Ahora bien, tened en cuenta que eso es una fuerza, pero no es una ley. ¿Qué quiero decir con esto? A veces es fuerte y a veces es muy débil. ¡No es constante! La ley sí lo es. Siempre actúa. Pero la fuerza a veces actúa, y a veces no. ¿Veis la diferencia? ¿Podré estar aguantando esta Biblia así por siempre? --No, ¿verdad que no? Ya estoy notando cómo me falla la fuerza, y la Biblia finalmente acabaría cayendo. Predominaría la ley de la gravedad, que no se cansa nunca. La voluntad humana, el poder de elección, es una fuerza pero no es una ley. Mi voluntad a veces es fuerte, y a veces muy débil. ¿También la vuestra? Por lo tanto, podemos desafiar la ley del pecado, pero no la podemos vencer. Dado que no puedo oponerme a la ley del pecado con mi fuerza, necesito otra ley para hacerle frente: la ley del Espíritu. La ley del Espíritu y la ley del pecado, ambas son dos principios constantes. ¿Dónde se encontraron? En Jesús, cuando él tomó nuestra naturaleza. Y la ley del Espíritu venció a la ley del pecado. En cada momento, porque la ley del Espíritu es más fuerte que la ley del pecado. Eso es lo que dice Romanos 8: La ley del Espíritu venció a la ley de la carne. La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, nos ha librado de la ley del pecado (Romanos 8:2). La ley del Espíritu habita en nosotros, y cuando aprendamos a caminar en el Espíritu, someterá a la carne, la vencerá. Esto es lo que Pablo clarificó cuando dijo: "Andad en el Espíritu y no satisfaréis los deseos de la carne". Esta debiera ser nuestra meta. Tenemos que aprender a caminar en el Espíritu. En eso consiste el crecimiento cristiano. Cuando un bebé aprende a andar, se cae muchas veces, pero las piernas van cogiendo fuerza, el cerebro aprende a coordinar y cada vez cae menos. Decidme: ¿Qué os parece si vuestros hijos, a los diez años, continuaran cayéndose al andar, a cada minuto? ¿Qué os parece si debierais seguir alimentándolos con papilla y con leche, a la edad de diez años? --No estaríais muy contentos. No ha de ser nuestra preocupación el ir al cielo. El cielo ya es nuestro por el amor de Cristo. En Cristo, ya sea que seáis un bebé, que tengáis diez años --hablo en el sentido espiritual--, o que seáis adultos, el cielo es nuestro por lo que Cristo hizo, por lo que él nos dio. El deseo que debemos albergar, que nuestro corazón debe albergar, es el vivir para la gloria de Cristo. Y si morimos en este proceso antes de que él venga, es simplemente un sueño momentáneo. Mis amigos, los cristianos nunca mueren. Sólo descansan, sólo duermen, y cuando Cristo venga resucitarán para pasar la eternidad con nuestro Salvador. Tal es el poder del Evangelio. Es mi oración que aprendáis a caminar en el Espíritu, para que el mundo ya nunca más pueda veros a vosotros, sino a Cristo viviendo en vosotros, la esperanza de gloria, como dice Colosenses 1:27. Esta es mi oración en el nombre de Jesús. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 4 A fin de que el Espíritu Santo nos pueda emplear plena y completamente, es muy importante que todo cristiano comprenda claramente el mensaje de la cruz, porque la cruz está en el corazón mismo del mensaje del Evangelio. Hoy tendremos cuatro estudios más sobre la cruz, que tienen como fin el que Dios nos pueda emplear para predicar. Que nos pueda emplear plenamente. Primeramente veamos, a la luz del gran conflicto, lo que Satanás hizo a Cristo en la cruz. Después veremos la cruz como el poder de Dios para salvación. En tercer lugar contemplaremos el sacrificio supremo de Cristo. Y por último, cuál es el significado de la resurrección de Jesús para nosotros, los creyentes. Estos son los cuatro estudios importantes que necesitamos hacer, para poder comprender cuál es la obra del Espíritu Santo en nosotros. Os quiero leer una cita de la hermana White en la página 331 de Obreros Evangélicos: El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades. A fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis al Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la Cruz del Calvario Así pues, vamos a comenzar con el tema de Satanás en la cruz. Abrid vuestras Biblias por el capítulo ocho de Juan. Jesús está hablando aquí a los dirigentes judíos. Recordad que reclamaban para sí la condición de hijos de Dios. Según ellos, Dios les había concedido sus oráculos, pero ved lo que Jesús les dice (vers. 44): Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él ha sido homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de lo que él mismo es; porque es mentiroso y padre de mentira Imaginad cómo os sentiríais si Jesús viniera aquí hoy, y nos dijera a nosotros --que pretendemos ser la iglesia remanente--: 'Sois hijos del diablo. Satanás es vuestro padre'. ¿Es posible ser cristianos, o pretender ser cristianos, y sin embargo ser súbditos del diablo? Esta es la razón por la cual hemos de mirar al diablo a la luz de la cruz. Jesús dijo del diablo: Él ha sido homicida desde el principio ¿A qué se refería Jesús con esta expresión: "desde el principio"? El principio... ¿de qué? Hemos de responder a esta pregunta, y hemos de recordar lo que significa la palabra 'homicidio' a los ojos de Dios. Jesús dijo: 'Sí odiáis a alguien, ya habéis matado en vuestro corazón: se trata de homicidio' --en realidad asesinato--. Así, pues: ¿Cuándo se convirtió Satanás en un homicida? "Desde el principio". ¿A qué "principio" se refiere? Ezequiel 28:14 y 15. Aquí hay una descripción de Lucifer, tal como Dios lo creó: Fuiste ungido querubín grande, protector. Yo te puse en el santo monte de Dios. Allí estabas, en medio de piedras de fuego andabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad Así pues, Dios creó a Lucifer perfecto, pero un día entró en su corazón la maldad, la iniquidad. ¿Cuál fue esa iniquidad? Isaías 14:12 y siguientes (hablando de Lucifer): ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo del alba! Fuiste echado por tierra, tú que abatías a las naciones. Tú que decías en tu corazón... Observad: No lo dijo con sus palabras, sino en su corazón. Veis que Dios está muy atento al corazón. ¿Qué dijo Lucifer para sí? Subiré al cielo, en lo alto, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, en el Monte de la Reunión, al lado norte me sentaré. Sobre las altas nubes subiré, y seré semejante al Altísimo Veis que está hablando en primera persona: yo subiré, yo haré esto, yo, yo, y yo... Pero Dios había creado a Lucifer perfecto, a su imagen, a la imagen de Dios, y Dios es amor, es ágape, y el ágape no está centrado en el "yo". 1 Corintios 13:5 dice: El amor es sufrido, es benigno. El amor no siente envidia. El amor no es jactancioso, no se engríe, no es rudo, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor Lucifer deseó el lugar de Dios, quiso ocupar el lugar de Jesucristo y comenzó a odiarlo. Desde ese "principio" fue ya un asesino, un homicida. Físicamente no mató a Cristo, pero se quiso deshacer de él a fin de ocupar su lugar. No sabemos qué les dijo a los demás ángeles. Desde luego, no les debió decir que quería deshacerse de Cristo. Eso habría sido una locura; lo habría desenmascarado. Les dijo mentiras, no sabemos qué mentiras. Cuando llega el tiempo de las elecciones políticas en los Estados Unidos, los políticos nos dicen: 'Escogedme a mí, y no aumentaré los impuestos'. Pero una vez ha sido escogido, adivinad lo que hace... sube los impuestos. No sabemos qué mentiras pudo decir Lucifer al resto de los ángeles, pero lo que les dijo debió ser bastante convincente, al menos para una tercera parte de los ángeles que fueron los que lo aceptaron. Muy astuto, muy sagaz debió ser, y Lucifer vino a convertirse en Satanás. Declaró la guerra a Cristo. Esa guerra está descrita en Apocalipsis 12:7-9: Y hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron al dragón, y el dragón y sus ángeles combatieron; pero éstos no prevalecieron, ni se halló más lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera ese gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, que engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él Recordad que Miguel es uno de los nombres de Jesús. Observad esta escena: Satanás y sus ángeles perdiendo la batalla, mirando a todo el universo y viendo esta tierra recién creada; esta tierra que Cristo había creado con solamente dos personas: Adán y Eva. Imaginad a Satanás diciéndose a sí mismo: 'Si logro conquistar esta tierra, la podré desarrollar bajo mi sistema; no el sistema del amor ágape, sino el sistema de la exaltación del yo'. Así que vino a esta tierra disfrazado de serpiente, y engañó a Eva. Después de haberla engañado, la empleó para conseguir a Adán, y una vez que tuvo a Adán, tuvo a todo el mundo. Decidme ahora: Cuando Eva tomó el fruto prohibido y lo llevó a Adán, ¿sabía él que era el fruto prohibido? --Sí. Lo sabia. ¿Podía salvar a Eva comiéndolo? --No. No podía. ¿Sabia que comiéndolo moriría? --Ciertamente. Entonces, ¿por qué lo comió? ¿Era un loco? ¿Era un insensato? Sabemos que no. Pero entonces, ¿por qué lo comió? Os diré por qué. Porque su naturaleza era el amor. Amaba a Eva más que a sí mismo, y eligió morir con Eva. Pero en el momento en que comió este fruto su naturaleza cambió, de forma que cuando Dios vino a visitarlos al atardecer, Adán acusó a Dios por haberle dado una mujer imperfecta. Esto es lo que sucedió a su naturaleza. Pero Satanás prevaleció. Tomó este mundo. Esta es la razón por la que Jesús oyó de labios de Satanás, en las tentaciones en el desierto: 'Este mundo me ha sido dado, y a quien quiero lo doy', y Jesús no le discutió a Satanás esta afirmación (Lucas 4:5 y 6). Satanás vino a convertirse en el príncipe de este mundo. Hasta el propio Jesús se refirió a Satanás como al príncipe de este mundo. Por ejemplo, en Juan 14:30: Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo; pero no tiene nada en mí Satanás desarrolló este mundo, no bajo el principio del ágape (del amor), sino bajo el principio de la exaltación del yo. Si echáis una ojeada al mundo hoy, en su mismo centro está enraizado el principio del yo. Todo está impregnado por ese principio. Por ejemplo: Veréis una bella dama junto a un coche maravilloso, y la dama fumando un cigarrillo. ¿Cuál es la tentación? Si fumas como esta dama, serás guapa como ella y tendrás un coche lujoso como ella. Cuando llegué a América por primera vez, los miembros de mi iglesia me llevaron a ver un partido de básquet. Me dijeron: 'Ha de conocer las costumbres americanas', porque en el lugar del que procedo no se juega al básquet --se juega al fútbol. Así, fui con ellos y me encontré con dos universidades enfrentadas una contra la otra: la universidad de Idaho y la de Wyoming. Después de un tiempo, uno de los equipos hizo una cesta. Yo no había visto nunca eso, y se me ocurrió aplaudir. Todos, a mi alrededor, me miraron contrariados. Les dije: '¿Qué sucede?' Me dijeron: '¿No sabe que estamos de parte del otro equipo?' Les dije: 'Yo no estoy de parte de ninguno. Estoy disfrutando del juego...' En los deportes, en la economía, en la educación, en cualquier campo, lo primero es el "yo". El yo va por delante: yo soy mejor que los demás, nosotros somos mejores que ellos. Cierto día pregunté a uno de mis estudiantes: '¿Por qué has venido a este seminario?' Me respondió: 'Porque quiero una buena educación'. Le seguí preguntando: '¿Para qué quieres una buena educación?' Me dijo: 'Para conseguir un buen trabajo'. Continué preguntándole: '¿Por qué quieres un buen trabajo?' Me dijo: 'Para ganar mucho dinero'. '¿Para qué quieres mucho dinero?' --'Para comprar todas las cosas que deseo'. Este relato pertenece a un seminario cristiano, y demuestra que nos hemos convertido en víctimas del yo. Hace poco estaba visitando el hogar de una familia en la que había una niña de tres años. Era su cumpleaños, así que le dije: '¿Qué edad tienes?' No me habló. Me mostró con la mano tres dedos. Le dije: 'El año que viene, ¿tendrás dos años?' Me replicó contrariada: 'No. ¡Tendré cuatro años! Si cumple los cuarenta es más que probable que se quisiera quitar años, pero eso no le interesaba ahora para nada. Satanás desarrolló este mundo bajo el principio del "yo". El "yo" está en el centro mismo del problema del pecado. Hacemos muchas cosas religiosas encomiables, muchas buenas obras, a fin de honrarnos a nosotros mismos. Si hacéis muchos deberes religiosos para exaltar el "yo", a los ojos de Dios eso es pecado, porque Dios mira el corazón. Él conoce la motivación por la que hacemos lo que hacemos. En cada asamblea de la Asociación General hay competiciones entre dos divisiones: la de África del Este y la de Latinoamérica. ¿Cuál de las dos tiene más bautismos? Europa no cuenta, pero África del Este y Latinoamérica compiten en eso. Se ha vuelto algo así como un partido de fútbol, y eso no es el Evangelio. No debiera existir el yo en el cristianismo, sino la negación del yo. El Diablo ha desarrollado este mundo según el principio de la moral del "yo". Un día, el diablo oyó cierta música: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". Su gran enemigo, Jesucristo, había venido a este mundo --su mundo-- para venir a ser nuestro Salvador, y el diablo se dijo: 'No voy a esperar hasta que Jesús se vuelva un hombre adulto. Lo mataré mientras es todavía un bebé'. Así, ¿qué hizo Satanás? Fue a Herodes el Grande, que era uno de sus agentes, y le dijo: 'Quiero que envíes un ejercito a Belén, y que mates a todos los bebés menores de dos años'. ¿Por qué? Porque uno de ellos es Jesucristo. ¿Tuvo éxito? --No. ¿Por qué? Porque Dios protegió a su Hijo. La Biblia nos informa de muchas veces en que Satanás intentó asesinar a Jesús empleando a los judíos. Pero no lo logró, y habéis de saber por qué. Os daré dos ejemplos: (1) Juan 7:29 y 30: Yo lo conozco, porque de él procedo, y él me envió Está hablando del Padre. ¿Qué hicieron los judíos? Entonces procuraron prenderlo Es decir, procuraron matarlo. Pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora (2) Juan 8:20: Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo. Y nadie lo prendió, porque aún no había llegado su hora Esto es muy importante, amigos. ¿Por qué? En nuestros días el Espíritu Santo os ha de usar. Os va a emplear, y el diablo intentará haceros daño, intentará destruiros --hablo por experiencia propia--, pero quiero que sepáis que nadie os puede tocar si vuestra hora no ha llegado. Os daré un ejemplo: Yo era presidente del seminario en Uganda. Había una gran tormenta que incluía rayos y truenos, y uno de los rayos cayó en el transformador y fundió los fusibles, quedando todo el campus sin energía eléctrica. La única forma en que podíamos arreglar aquello era enviar a alguien hasta la estación de energía, la central eléctrica, sacar los fusibles y sustituirlos por otros nuevos. Pero había un problema: entre nuestro seminario y la central eléctrica estaba el campamento de los soldados de Idi Amín. Siempre estaban ebrios, y no dudaban en disparar a las personas, así es que nadie se atrevía a ir. Les dije: 'Iré yo'. Alguien me dijo: '¿Por qué tiene que arriesgar su vida?' Le respondí: 'No. No estoy arriesgando mi vida. Ya he muerto en Cristo'. Cogí al preceptor, ya que necesitaba a alguien que me tradujera, y fuimos en mi vehículo. Como hacía mucho calor, teníamos las ventanas abiertas, y cuando nos acercamos al campamento militar de los soldados de Idi Amín oímos los clic de los fusiles. El preceptor me dijo: '¡Acelere! Quizá podamos pasar rápidamente antes que nos disparen'. Yo le dije: 'No. Estos soldados tienen armas automáticas. No les cuesta nada apretar el gatillo, y quién sabe la cantidad de balas por segundo que pueden disparar...' Así es que me paré. Se acercaron al coche tres soldados totalmente borrachos. Abrieron la puerta y nos sacaron a la fuerza. Me dijo el comandante: '¿Por qué no se ha parado en el punto de control?' El asunto es que no había tal punto de control; no había barrera ni señal alguna. ¿Quién podía saber donde estaba ese punto de control? El preceptor les explicó en el lenguaje propio de aquella zona de Uganda cuál era nuestra misión. Pero esos soldados no venían de esa área; venían del área bajo la influencia de Idi Amín, al norte, y hablaban idioma swahili, que es la lengua que yo hablo. Oí al comandante decir a uno de los soldados: 'Dispara. Mátalos' Mientras el soldado más próximo dirigía hacia mí el fusil, tuve el tiempo justo para encomendar la situación a Dios y pedirle que actuara. Sin darme cuenta de lo que hacía, en un gesto no premeditado, agarré rápidamente el fusil, desviándolo de mi cabeza y grité en swahili a los soldados: '¡Pónganse en guardia!' Pensaron que yo era oficial, así que me saludaron y se pusieron firmes, y comenzaron a pedirme disculpas. Les dije: '¡Quiero que estéis aquí firmes, hasta que regrese!' Me dijeron: 'Sí señor. A sus órdenes'. Así que nos metimos en el coche. El preceptor se había quedado sin habla, y se había quedado boquiabierto... Cuando se recuperó me preguntó: '¿Por qué les ha dicho eso?' Le respondí: 'No lo sé. ¿No sabe que Jesús prometió que cuando os encontréis en esas situaciones, el Espíritu Santo hablará por vosotros?' Fuimos a la central eléctrica y sustituimos los fusibles. Cuando regresamos, los soldados estaban aún haciendo lo mejor que podían para aguantarse de pie, para mantenerse firmes. Al pasar me saludaron otra vez, y les devolví el saludo. Pudimos llegar sin mayor novedad: mi hora todavía no había llegado. Lo que quiero decir es esto: Nadie os puede tocar, si en la providencia de Dios vuestra hora todavía no ha llegado, debido a que el Espíritu Santo controla la situación. Y si llegó vuestra hora, quiere decir que es tiempo para vosotros de que paséis al descanso, hasta la venida de Jesús. El Padre protegió a Jesús en sus 33 años de vida, porque su hora todavía no había llegado. Jesús tenía una misión, y su misión era salvarnos. Tenía que vivir una vida perfecta desde el nacimiento hasta su edad adulta, que en aquel tiempo y lugar era los 30 años. Lucas 22 se refiere al Getsemaní. Jesús ora a su Padre. Se está enfrentando a la cruz. Mientras estaba allí, vino una turba airada, una multitud encolerizada, y lo tomaron prisionero. Prestad atención a lo que Jesús les dijo (vers. 53): Cada día estuve con vosotros en el templo, y no extendisteis la mano contra mí ¿Por qué? Porque su hora aún no había llegado. Pero en Getsemaní Jesús les dice: Pero ésta es vuestra hora, en que reinan las tinieblas ¿Cuál es este poder de las tinieblas, para que reinen en ese momento? ¿Quién ostenta el poder de la tinieblas? --Satanás. Lo que está diciendo Jesús es esto: 'Dios ha quitado ahora su protección de mí, para permitir que Satanás me haga aquello que él deseó hacerme ya "desde el principio"'. Recordad que Satanás quería desembarazarse de Cristo en el cielo. Pero aunque ese era el designio de su corazón, nadie lo conocía --excepto Dios, por supuesto--. ¿Cómo podía Dios mostrar a todo el universo que Satanás es un asesino, un homicida de Dios? Permitiéndole llevar a la práctica lo que albergaba su corazón. Cuando Satanás oyó esas palabras, se dijo: 'No solamente te voy a matar, sino que voy a aplicarte la más horrible muerte que el hombre haya podido inventar: la crucifixión'. Así que cuando los judíos clamaron a Pilato: '¡Crucifícale!' ¿La voluntad de quién estaban cumpliendo? La voluntad de Lucifer convertido en Satanás. Y Jesús dijo (Juan 8:44): Él ha sido homicida desde el principio 'Y os empleará a vosotros, judíos, para llevar a cabo sus designios'. En la cruz, Satanás rebeló qué es lo que había en su corazón: el homicidio. Rebeló que era un homicida, un asesino de Cristo. Necesitamos saber eso, porque Satanás es un embustero; vendrá con todo tipo de mentiras, pero habéis de recordar que es un asesino, un homicida de nuestro Señor Jesucristo. Esta es la razón por la que, si es que a los ángeles del cielo y a los mundos no caídos les quedaba alguna simpatía hacia Satanás, desapareció radicalmente ante la escena de la cruz. En el corazón de todo el universo quedó aclarado que Satanás es el asesino de Dios. Hay cierta lección que hemos de aprender de esta experiencia. Si vuestra hora no ha llegado, nadie os podrá hacer daño. Satanás no os puede tocar, si en la providencia de Dios no ha llegado vuestra hora. He pasado por muchas experiencias. En Etiopía, bajo el régimen comunista, escribí un libro contra el comunismo. Eso puede significar la sentencia de muerte en un país marxista. Les habría encantado matarme y lo intentaron, pero no había llegado mi hora. Dios quiere emplearos, el Espíritu Santo os quiere guiar. Y cuando esto sucede, Satanás se encoleriza. Intentará destruiros, no os quepa duda ninguna, pero no puede si vuestra hora no ha llegado y os mantenéis en el camino del Señor. ¿Lo creéis? Es vuestro privilegio el saber que Dios está al control. Segundo punto: En los últimos días, cuando el pueblo de Dios refleje a Cristo plenamente, cuando el carácter de Cristo sea plenamente reproducido en la iglesia, Satanás hará algo que las Naciones Unidas nunca han sido capaces de conseguir: unirá al mundo contra nosotros. ¿Cómo lo sé? Porque ya lo consiguió en la cruz. Había dos naciones: los romanos y los judíos. Se odiaban a muerte unos y otros, pero en la cruz Satanás los unió, de forma que los propios judíos dijeron (Juan 19:15): No tenemos más rey que César 'No reconocemos a otro rey, excepto a César'. Y ahora leed Apocalipsis 13:3 y 4: Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Y toda la tierra se maravilló, y siguió a la bestia. Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: "¿Quién es como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?" Recordad: "adoraron al dragón". ¿Quién es el dragón? --Satanás. Satanás unirá al mundo contra el pueblo de Dios, y dirá: '¡Destruidlos!' El mundo estará bien dispuesto a hacerlo. Estaremos escondidos en los montes, el fin estará muy cerca y oiremos acercarse a las personas para matarnos. No sé si nos temblarán las piernas, pero Dios impedirá sus propósitos. Habrá un gran terremoto, y veremos a Jesús viniendo. Los que estaban dispuestos a matarnos, huirán a las cuevas de las que nosotros hemos salido y dirán a las peñas: 'Caed sobre nosotros y cubridnos de la visión de Cristo'. Os explicaré algo: Hay una parte de Etiopía en la que está la iglesia ortodoxa, y allí no permiten a ninguna otra denominación entrar. Sólo tenemos unos pocos miembros en toda la conferencia: 430 miembros y nueve pastores. Esa es toda la federación, así es que dije al presidente: '¿Por qué no hacemos una campaña misionera?' Me respondió: 'No. Es imposible. Allí está la Iglesia Ortodoxa, y no nos dejará'. Le dije: '¡Cómo! ¡Nosotros somos una iglesia legal en Etiopía!' Así que para demostrarle que estaba equivocado, decidí llevar a cabo allí una campaña evangelística, en el centro mismo del cuartel general de la Iglesia Ortodoxa. El lugar se llama Ghonda. Tomé a cuatro de mis estudiantes de teología, a los nueve pastores, fui al gobernador y alquilé la sala de actos de una escuela para desarrollar allí un esfuerzo evangelístico. El domingo por la mañana decoramos la entrada, y dejé a los estudiantes para que vigilaran aquello mientras iba a casa a comer. Antes de terminar vinieron gritando, presas del pánico. Les pregunté qué sucedía. Había venido una compañía de soldados en un camión, y había destruido todo el decorado. Habían intentado golpear a los estudiantes, y estos escaparon. Habían destruido todo lo que habíamos hecho. Les pregunté: --'Quién ha enviado a estos soldados?' --'No lo sabemos', me dijeron. Fui al gobernador y le pregunté: '¿Envió usted a estos soldados? Me respondió: 'No. No fui yo. Fue el jefe de la Iglesia Ortodoxa. Yo no sabía que ustedes no tenían el permiso de él. En esta ciudad él tiene más poder que yo, así es que tiene que ir y pedirle permiso a él antes que nada'. Me preparó una entrevista con ese jefe "espiritual", así que fui a verle y me tuvo al sol durante dos horas esperando, sin ningún tipo de explicación. Después me hizo pasar a su palacio donde él estaba en un precioso trono, separado de mí por una gran alfombra. Me dijo: '¿Qué está usted haciendo aquí?' Le respondí: 'Estoy aquí para predicar a Jesucristo'. Me dijo: 'Aquí soy yo el dirigente religioso de esta zona. No necesitamos su ayuda, así es que dé media vuelta y váyase. ¡Desaparezca! Le dije: 'Si hago eso, entonces estaré desobedeciendo a mi jefe'. Me preguntó: '¿Quién es su jefe?' Le dije: 'Jesucristo, quien dijo: Id a todo el mundo y predicad el Evangelio'. No olvidaré lo que me dijo: 'Si no desaparece, habrá derramamiento de sangre'. Le dije: 'Busque algún otro a quien atemorizar, porque yo me voy a quedar aquí'. Así es que fui al gobernador y le dije: 'No me da permiso...' El gobernador me dijo: 'Pues entonces yo tengo que quitarle también mi permiso para emplear la sala. El único lugar en el que puede hacer una campaña evangelística es en su iglesia. El problema es que la iglesia estaba a tres kilómetros del pueblo. Allí la gente no tiene coche. Van andando. Además, la iglesia es muy pequeña. Sólo hay doce miembros, de los cuales seis son el pastor y su familia. El pastor me dijo: '¡Ya te lo advertí!... ' Le dije: 'Espera. Todavía no hemos terminado'. Me dijo: '¡No va a acudir nadie!' Le dije: 'Espera y veamos'. El domingo siguiente preparamos la entrada y la sala. Esa tarde pusieron en un coche un altavoz, y el coche se paseó por todo el pueblo, diciendo: 'Todo el que asista a esa reunión, será excomulgado'. El pastor me volvió a decir: '¿Ves? No va a venir nadie'. Pero --¿sabéis?-- acudieron setenta personas. Eran todos estudiantes universitarios que decidieron desafiar al jefe. Se llenó toda la iglesia. Después de tres semanas de predicaciones, los setenta entregaron su corazón a Jesús. Unos pocos días antes del final, aquel jefe envió una multitud encolerizada, armada con palos y piedras, para matarnos y quemar la iglesia. Pero el padre de uno de aquellos 70 estudiantes era el jefe de policía, y las cosas evolucionaron de tal modo que vinieron varios camiones llenos de policías armados para protegernos. Se pusieron a la entrada de nuestra iglesia y le dijeron a la multitud que se acercaba: 'Si dais un paso más, abriremos fuego'. Nuestra hora, pues, no había llegado. Dios nos protege. En el tiempo de angustia Satanás enviará al mundo contra nosotros. No tenéis nada que temer. Si el Espíritu Santo está con nosotros, nadie puede estar contra nosotros, si es que no ha llegado nuestra hora. Es mi oración que no tengáis jamás ninguna simpatía hacia Satanás. Es un asesino de Jesús. Lo reveló así en la cruz. Satanás reveló qué es lo que había en su corazón. No debemos tener nada con él, hemos de desechar hasta la última partícula de simpatía por el autor del pecado. Esta es mi oración. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 5 Iniciamos el segundo estudio sobre la cruz. En este estudio vamos a contemplar la cruz como poder de Dios para salvación. Comencemos por leer 1 Corintios 1:17 y 18, donde el apóstol Pablo dice: Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para no anular la eficacia de la cruz de Cristo. Porque el mensaje de la cruz es locura para los que se están perdiendo; pero para los que estamos siendo salvos, es poder de Dios Al estudiar esto hemos de ser conscientes de un problema que se suscitó durante la Reforma, en el siglo XVI, en los días de Lutero, Calvino, etc. Los reformadores presentaron la doctrina de la sustitución, que afirma que Jesús murió en lugar de la raza humana. La doctrina no es que estuviese equivocada en sí misma, pero tenía una debilidad y los teólogos católico-romanos vieron esa debilidad, así es que en la contrarreforma los eruditos católicos acusaron fundadamente a los reformadores --o al evangelio de la reforma protestante--. Les acusaron de presentar lo que ellos estigmatizaron como siendo una ficción legal. ¿Qué querían decir con esto? Os leeré una declaración del "libro de la ley", en la Biblia. El "libro de la ley" esta formado por los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, lo que los judíos llaman la Tora y nosotros el Pentateuco. Observad una de las leyes que Dios dio a Israel (Deuteronomio 24:16): Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres. Cada uno morirá por su pecado Esta ley se repite muchas veces. Recordad Ezequiel 18:20: El que peque, ése morirá También en el Nuevo Testamento. No basta que cualquiera muera por el pecado de uno, sino que el alma que pecare, esa es la que ha de morir. ¿Qué dice esta ley? Dice simplemente que no se puede transferir la culpa ni el castigo de un culpable a otro inocente. Eso es ilegal. Es contrario a la ética. Por ejemplo: Si cometo un crimen y se me sentencia a muerte, si la ley me condena a muerte y mi hermano va al juez y le dice: 'Mire. ¿Sabe qué? Estoy dispuesto a morir en lugar de Jack Sequeira'. ¿Qué os parece que le dirá el juez? ¿Permitirá la ley que muera uno que no es el culpable? --No. Todo el mundo comprende que no sería ético. Pero los reformadores habían enseñado así: 'Jesús murió en nuestro lugar. Él era inocente. Nosotros somos culpables, y él murió en lugar nuestro'. Esta era la enseñanza de los reformadores, y los eruditos católicos de la contrarreforma les acusaron de presentar una ficción legal, una trampa legal, un arreglo contrario a la justicia. Hoy los eruditos del Islam acusan a la iglesia cristiana de enseñar una ficción legal --por motivos parecidos--. Por ejemplo, en 1991 un buque mercante americano fue de Nueva York a África. La noche del desembarco, seis marineros americanos fueron a un club nocturno y se emborracharon. Se enzarzaron en una pelea y uno de estos marineros acuchilló y mató a una mujer africana. La policía apresó al asesino y lo encarceló. Su madre, que era pentecostal y vivía en Nueva York, pidió a la iglesia que orara por su hijo que había sido apresado en África en esas circunstancias, porque en África lo que iban a hacer era aplicarle sin demora la pena capital. Pero además hizo otra cosa: fue al senador de Nueva York y le pidió que mediara a fin de evitar la ejecución de la pena capital a su hijo apresado en África. En ese momento América estaba ayudando económicamente a ese país. Había un trato de favor, y el senador empleó sus influencias de forma que a resultas de ello este marinero quedó libre y la madre muy contenta. Pero la gente de Kenia no podía estar más indignada, y el ministro de justicia (musulmán) en Nairobi se levantó y dijo esto: 'Kenia ha perdido todo sentido de la justicia, pero no es culpa del gobierno keniata sino que la culpa la tiene la iglesia cristiana. La iglesia cristiana es la que nos ha enseñado que podemos cometer cualquier crimen que nos apetezca y confesarlo sobre una persona inocente que murió en una cruz, llamado Jesucristo, y podemos ser libres de ese crimen. Ninguna ley permitiría una cosa así, por lo tanto la cristiandad es la religión menos ética del mundo'. Amigos, necesitamos afrontar ese problema, porque no se trata de una acusación banal. ¿Es que Dios acaso practicó la ficción legal cuando dio a su Hijo unigénito para que muriera por nosotros? La respuesta es, por supuesto, que no. ¿Cómo solucionamos el problema? Es simple. Antes de que Cristo pudiera salvarnos, Dios tenía que cualificar legalmente a Cristo para ser nuestro salvador. ¿Cómo lo hizo? Lo he explicado ya, pero lo repetiré: (1) tomó su Hijo, (2) tomó a la raza humana y los juntó de forma que los dos, su Hijo y nosotros, vinimos a ser uno. Leed los dos últimos versículos del primer capítulo de 1 Corintios, donde Pablo habla del poder de la cruz: De él viene que vosotros estéis en Cristo Jesús Hay tres personas en este versículo: (1) "él", que es el Padre; (2) "vosotros", que en griego está en su forma plural: la raza humana a la cual pertenecemos; (3) y "Cristo Jesús". Lo que Pablo dice es que Dios nos tomó y nos puso en Cristo. Quien nos fue hecho por Dios sabiduría Sabiduría es sofia en griego: conocimiento especial. Justificación, santificación y redención En el versículo 31 repite lo que escribe el Antiguo Testamento: Para que, como está escrito: "El que se gloria, gloríese en el Señor" (citando Jeremías 9:23) Expliquemos esto en lenguaje llano: Veis este papel que tengo en mi mano. Este papel nos representa a todos nosotros. Esta Biblia representa a Jesucristo. Jesucristo es la Palabra de Dios. Pues bien, cojo este papel que somos nosotros, y lo coloco dentro de la Biblia. ¿Qué ha sucedido ahora? Los dos han venido a ser uno. Esto es lo que sucedió en la encarnación: la Palabra, el Verbo, se hizo carne. Jesucristo, el Hijo de Dios, y la raza humana, eran ahora uno; se unieron y Jesús vino con esto a ser constituido en el "postrer Adán", porque Adán significa raza humana, humanidad. ¿Dónde está el papel ahora? En la Biblia. Imaginad que tengo un hijo que está viviendo temporalmente en China, así es que le envío esta Biblia a mi hijo: la envuelvo en papel de embalaje, voy a la oficina de correos y se la envío por correo. Decidme ahora: este papel que está dentro de la Biblia, ¿va también a China? --Sí. Pero yo he enviado la Biblia... ¿Por qué va el papel? ¿Por qué llega el papel a China también? Porque está en la Biblia. ¿Va realmente a China? --Sí. No es ficción legal. Es real, es un hecho histórico. Pero como sabéis, China es un país comunista y no podéis exportar alegremente Biblias a China, así es que cuando llega a la aduana, el servicio de inspecciones abre el embalaje y ve la inscripción 'Santa Biblia', y dice: 'No, esto no puede llegarle a nadie que habite en China'. Queman la Biblia, la echan al fuego. ¿Qué le sucede al papel que está dentro? --Se quema también, ¿no os parece? ¿Es eso real, o es ficción? --Es real. No es ficción legal. No es mi imaginación, sino algo que tiene realidad. Vayamos ahora de la ilustración al hecho: Dios nos puso "en Cristo" en la encarnación del Hijo de Dios. Jesús, en su humanidad, obedeció la ley perfectamente, en pensamiento, palabra y obra. ¿Dónde estabais vosotros cuando él estaba obedeciendo? --En Cristo. ¿Quién os puso allí? --Dios. Esta obediencia suya no puede cancelar nuestros pecados, así es que después de haber obedecido perfectamente la ley, le quedaba por satisfacer una gran demanda, una gran exigencia de la ley. ¿Qué exige la ley? --'Obedece y vivirás'. Pero esa obediencia no puede cancelar nuestros pecados porque la ley dice también: --'Si desobedeces, has de morir'. Así que Jesús nos llevó a la cruz "en él", y cuando él murió, ¿quién murió? --Todos. Toda la raza humana. Esto es lo que hemos leído en 2 Corintios 5:14: Si uno murió por todos, luego todos han muerto Esta es "la verdad, tal cual es en Cristo". Esta es la Buena Nueva. Esta verdad es el poder de Dios para salvación. ¿En qué sentido es la cruz el poder de Dios para salvación? Primeramente, nuestra muerte "en Cristo" es esencial para la justificación. ¿Qué es justificación? Es un término legal. Está tomado del vocabulario judicial. Veamos cuál es la definición bíblica de justificación: Deuteronomio 25:1 --el libro de la ley, la Tora--: Cuando haya pleito entre algunos, irán ante los jueces para que los juzgues. Ellos absolverán [original: justificarán] al justo y condenarán al culpable Es un tema legal, es un tema judicial. En una corte judicial, en un tribunal, el justo resulta justificado (queda demostrada su justicia) y el injusto resulta condenado. Aquí esta el problema: vamos ahora a Romanos 4:5: Al que obra, no se le cuenta el salario como favor, sino como deuda. En cambio, al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia "Impío" significa injusto, malvado. Dios justifica, no a los justos, sino a los impíos. ¿Cómo puede Dios justificar --que quiere decir declarar justo-- al injusto, siendo que su ley lo condena? Veamos la respuesta en Romanos 6:3: ¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús (Observad que no se trata del bautismo como mera forma externa, sino que es el bautismo "en Cristo Jesús") Hemos sido bautizados en su muerte? ¿Por qué? Porque habéis obedecido al Evangelio: habéis aceptado vuestra muerte "en Cristo". ¿Qué hacemos con los muertos? ¿Qué hacéis con los muertos en Francia? ¿Qué se hace con los muertos en todos los lugares? --Se los entierra, ¿verdad? Eso es lo que hace el pastor al bautizaros. Vedlo en el versículo 4: Porque fuimos sepultados junto con él para muerte por medio del bautismo El pastor os sumerge en el agua, os entierra simbólicamente: el bautismo es vuestro funeral. ¿Os deja el pastor dentro del agua? --No, ¿verdad? Aunque quisiera, no podría. ¿Por qué? Porque Jesús resucitó: no a la antigua vida, sino a la nueva vida. Leamos nuevamente el versículo 4: Porque fuimos sepultados junto con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en nueva vida Dicho de otro modo: el bautismo es una confesión pública de nuestra fe, de nuestra obediencia al Evangelio. Como he dicho, obedecer al Evangelio es aceptar nuestra muerte en Cristo a cambio de recibir su vida. Leed ahora el versículo 7: Porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado La palabra "justificado" se emplea aquí de una forma distinta. Aquí 'justificado' no significa 'demostrado justo'. Ved esta otra ilustración para entenderlo: Imaginad que mientras estoy aquí en Francia, robo un banco. Me llevo del banco 10.000 €, pero me descubren y me atrapa la policía, llevándome a juicio. Se me juzga, y el juez me sentencia a diez años en la cárcel, un año por cada 1.000 € que robé. Así es que voy a la cárcel, paso en ella diez años y después de los diez años, salgo libre. Salgo justificado. La policía no puede volver a perseguirme por aquel robo. ¿Por qué no? La razón no es que no robé el banco. ¡Sí que lo robé! La razón es que ya pagué el precio: quedo justificado. Ahora bien, la ley de Dios no nos mete en la cárcel. Según la ley de Dios, ¿cuál es la paga del pecado? --La muerte; la muerte definitiva; la muerte segunda. Cuando aceptáis vuestra muerte en Cristo, la ley ya no os puede condenar nunca más. ¿Por qué? Porque la muerte de Cristo satisface la ley, ya que vosotros estabais en Cristo cuando Cristo murió, y por la fe obedecéis al Evangelio (aceptáis vuestra muerte en él). Veámoslo de otra forma: La ley de Dios, como nuestras leyes penales, tiene dominio sobre nosotros solamente si estamos vivos. Cuando aceptáis por la fe vuestra muerte en Cristo, la ley queda satisfecha. Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1) Así pues, nuestra muerte en Cristo es esencial para nuestra justificación. Ved lo que dice Romanos 6:8: Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él ¿Comprendéis? En este mundo comenzáis con la vida, pero debido a que esta vida está condenada, termináis con la muerte. El Evangelio es el proceso contrario: empezáis con la muerte y termináis con la vida. Demos un ejemplo: En Romanos 5:20, en la última parte del versículo, Pablo dice: Y donde se agrandó el pecado, tanto más sobreabundó la gracia ¿Qué significa? Significa esto: 'No importa cuán profundamente os hayáis hundido en el pozo del pecado, la gracia es capaz de salvar al peor de los pecadores'. ¿Por qué? Porque Cristo murió por los pecados de todo el mundo. Murió por los pecados de Hitler, por los de Idi Amin. Toda persona podría ser salva si aceptara su muerte en Cristo. Pero esta declaración del versículo 20 encierra un peligro. En ese sentido, el Evangelio no solamente son 'buenas nuevas' sino que también son 'peligrosas nuevas', ya que puedo tomar esta declaración y pervertirla así: 'Pablo, lo que dices tú es que cuanto más peque, mejor oportunidad daré a la gracia de salvarme o de actuar. Cuanto más peque, mejor para que la gracia actúe y cubra mis pecados, así que puedo decir, ¡Alabado sea Dios, continuemos en pecado para que la gracia abunde y me cubra los pecados!' Un teólogo alemán, que murió bajo el régimen de Hitler a la edad de 39 años, Dietrich Van Hoffer, reconoció esa perversión y le dio el nombre de "gracia barata". Algunos me acusan de estar predicando la "gracia barata". --Pero no es así. Nunca he predicado la gracia barata. No sé cómo se puede deducir algo así. En Romanos 6, Pablo reconoce este peligro, y él mismo plantea la pregunta en el versículo 1: ¿Qué diremos, pues? ¿Perseveraremos en pecado para que abunde la gracia? La respuesta esta en el versículo 2: ¡De ninguna manera! ¿Por qué? ¿Porque prometemos a Dios ser buenos? Ved cuál es la razón: Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? No sé como hacéis aquí. La costumbre en América --costumbre un poco extraña-- es que cuando muere alguien, lo llevamos a un lugar especial en el que dan al muerto un aspecto formidable. Lo visten y lo arreglan. En el funeral, después que el pastor ha pronunciado unas palabras, abren el ataúd y exponen al fallecido para que todos puedan darle la despedida póstuma. Imaginad que voy al funeral de un alcohólico que murió como consecuencia de los efectos de la bebida. Antes de ir a ese funeral me he preparado, haciendo acopio de un licor. Cuando me acerco al ataúd, saco la botella de licor y le digo al alcohólico fallecido: 'Ten. ¿Por qué no te das un buen trago de este licor? ¡Sé que te encanta...!' ¿Qué pensáis? ¿Se la beberá? --No ¿Por qué? Es alcohólico, pero no se la bebe. ¿Por qué? Naturalmente, porque está muerto. Y Pablo, lo que dice aquí es: 'Si estáis muertos al pecado, ¿como podéis decir que esté bien seguir en el pecado? Estáis contradiciendo vuestra obediencia al evangelio'. Así que nuestra muerte en Cristo no abre la puerta a "la gracia barata", porque en Cristo estamos muertos al pecado. Así que a ninguno se le ocurra la perversión de decir que como estamos libres de la condenación de la ley, podemos continuar pecando. No, puesto que habéis muerto al pecado. Esta es la única forma en que podéis experimentar la justificación legalmente. Ahora bien, cuando moristeis en Cristo sucedió otra cosa. Romanos 6:14 es un versículo difícil para muchos adventistas: Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia En 1 Corintios 15:56, Pablo afirma: El aguijón de la muerte es el pecado En otras palabras: lo que nos mata es el pecado. Pero luego sigue diciendo: Y el poder del pecado es la Ley La autoridad para matarnos la tiene el pecado, a través de la ley. Pero, si no estamos bajo la ley, la ley no nos puede matar. ¿Son buenas nuevas? --Sí, lo son. ¿Son peligrosas? --También. Romanos 6:15: Pues, ¿qué? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia? ¿Qué responde? ¡De ninguna manera! Porque ahora pertenecemos a Cristo, y Cristo es el autor de la justicia, no del pecado. Así que vosotros y yo, mediante la cruz de Cristo, ya no estamos bajo la ley, sino la bajo la gracia. La palabra "gracia" se emplea en dos formas en el Nuevo Testamento. El significado primario de "gracia" es la disposición amante y misericordiosa de Dios, su ágape hacia nosotros, que le llevó a dar a su Hijo --Jesús-- para ser nuestro Salvador. La Biblia enseña que somos salvos por la gracia. Veamos algunos textos: Efesios 1:7: En él ¿Quién es "él"? --Cristo. Por lo tanto, "en Cristo"... Tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados según la riqueza de su gracia En el capítulo 2, versículo 8: Porque por gracia habéis sido salvados por la fe Y esa salvación es nuestra por la fe. Este es el significado primario de "gracia". Somos salvos por gracia, por la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Pero la gracia tiene también un segundo significado: es el poder de Dios puesto a nuestra disposición, al alcance de nosotros que hemos creído. Es el poder de Dios traído al creyente mediante la morada del Espíritu Santo, de forma que podamos cumplir el propósito de Dios en nuestra vida. Os daré dos ejemplos: 1 Corintios 15:9 y 10. Ved lo que Pablo afirma sobre sí mismo: Porque yo soy el menor de los apóstoles, indigno de ser llamado apóstol, porque perseguía la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano conmigo. Antes trabajé más que todos ellos ¿Quiénes son "ellos"? --Los otros apóstoles. Esto es lo que Pablo dice: 'ni siquiera merezco ser llamado apóstol, pero por la gracia de Dios, soy apóstol'. Antes trabajé más que todos ellos; ¿No parece que se esté jactando? Sí lo parece. Pero no es así. Leed la frase que sigue: Pero no yo 'No me concedáis el crédito a mí' Sino la gracia de Dios que está conmigo Esto es lo que podemos hacer por la gracia de Dios: podemos obrar para su gloria. Buscad ahora 2 Corintios 12:7. Leemos: Y para que la grandeza de las revelaciones no me exalte desmedidamente Es decir, para que no me enorgullezca. Me fue dada una espina en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetea, para que no me enaltezca sobremanera Pablo no explica en que consistió esta espina. Se lo podremos preguntar cuando lleguemos al cielo, quizá, si es que queda memoria de las espinas en la carne, pero todo lo que Pablo dice es que viniendo de Satanás, era permitida por Dios para mantenerlo humilde, para evitar que se exaltara, y Pablo oró varias veces: Tres veces rogué al Señor que quite ese aguijón de mí ¿Cuál fue la respuesta del Señor a esta oración de Pablo? Versículo 9: Y me dijo: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad" Así que la palabra "gracia" es aquí el poder de Dios puesto a disposición de nosotros que somos débiles, y la respuesta de Pablo está en el versículo 10: Por eso, por causa de Cristo, me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte Así que primeramente, cuando aceptamos nuestra muerte en Cristo, quedamos justificados ante la ley. ¿Por qué? Porque hemos pagado la paga del pecado en Cristo. En segundo lugar, debido a que hemos muerto en Cristo, estamos bajo la gracia y ya no más bajo la ley. En tercer lugar, debido a que hemos muerto a la antigua vida y ha tomado posesión la nueva vida, podemos experimentar la santificación: "Cristo en vosotros la esperanza de gloria" (Colosenses 1:27). Por eso, por causa de Cristo, "me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias". Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Corintios 12:10) Y no se trata de ficción legal. Esta es la razón por la cual cuando predicamos la doctrina de la sustitución, no debemos enseñar que en la cruz murió un hombre en lugar de todo el resto de los hombres. Lo que debemos enseñar es que todos los hombres murieron en un hombre. Esta es la verdadera sustitución: no ficción, y este es el significado del poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Este es el mensaje de 1888: es diferente del mensaje que están predicando otros cristianos. Ellos enseñan que un hombre murió en lugar todos los hombres, y la iglesia católica y los musulmanes lo llaman ficción legal con razón. Pero el verdadero Evangelio se basa en que todos los hombres murieron en ese Hombre. No es ficción legal, no es un subterfugio, sino que es poder de la cruz para salvarnos de la condenación de la ley, del poder del pecado, y que nos coloca bajo la gracia de forma que podemos gozarnos en la cruz de Cristo. Así que Pablo dirá en Gálatas 6:14: Pero lejos esté por mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo Entre la iglesia y el mundo, entre estos dos está la cruz de Cristo, y la cruz de Cristo no permite que nada del mundo entre dentro de su iglesia. No tenemos nada que imitar de la ideas del mundo; no tenemos que imitar ni importar su música, ni nada de su sistema. La iglesia pertenece al reino de los cielos. Somos el cuerpo de Cristo, y Cristo es la cabeza. Ese es el motivo por el que la Biblia dice: No améis al mundo, ni lo que hay en el mundo (1 Juan 2:15) Porque no pertenecen al Evangelio, porque entre el mundo y la iglesia está la cruz de Cristo, y no permite que nada del mundo contamine y penetre en la iglesia. Este es el poder de la cruz. Es mi oración que conozcamos esta verdad, y la verdad os hará libres. Que Dios os bendiga para que podáis experimentar este poder del evangelio. Voy a terminar. Hablé de esto en 1991, pero algunos de vosotros no estabais aquí. Oíd esto: Romanos 7 explica cómo y por qué Dios nos ha liberado de la ley, y nos ha puesto bajo la gracia. Versículo 1: Acaso, ¿no sabéis, hermanos --pues hablo con los que conocen la Ley--. Recordad: aproximadamente la mitad en la iglesia romana eran judíos, y ahora Pablo se está refiriendo a los judíos, "a los que conocéis la ley", y para el judío la ley es mucho más que los Diez Mandamientos: la ley es la Tora, el oráculo sagrado, los cinco primeros libros de la Biblia. [¿No sabéis...] que la Ley rige al hombre entre tanto que vive? Nacemos bajo la ley, y porque somos pecadores, la ley nos condena. Pero ahora emplea una ilustración. Recordad: está hablando a los judíos. No a nuestra mente occidental. Tenemos que pensar como los judíos. Hemos de traducirlo desde su lenguaje. Esta es la ilustración, tomada del libro de la ley. Versículo 2: Una mujer casada está sujeta por ley a su esposo, mientras él vive Decidme: según la ley de Dios, cuando dos personas se casan, ¿por cuánto tiempo se han casado? Hasta que uno de los dos muera. Hasta que la muerte los separe. La mujer está casada con su marido hasta que muere el marido, o muere ella misma. Pero si el esposo muere, ella queda libre de la ley del esposo Versículo 3: Así, si en vida del esposo, se uniera a otro hombre, se llamaría adúltera. Pero si su esposo muere, queda libre de la ley, de tal manera que no será adúltera si se casa con otro Recordad que esto es la ilustración. No esta aquí hablando del matrimonio, sino que está empleando el matrimonio como una ilustración. Hay una mujer casada con un hombre, pero esta mujer ha encontrado a otro hombre y se quiere casar con él. El problema es que legalmente no puede hacerlo si no muere su marido, y cada día se dice: '¡Oh! Cómo me gustaría que se muriera...' Así que un día piensa: 'Quizá le pueda ayudar a morir', y le pone arsénico en la comida. ¿Se muere, el marido? [Algunos en la congregación: 'Sí'] ¿Sí? ¡No se muere! Estáis equivocados. ¡No habéis comprendido la ilustración! Vamos a explicarlo: ¿A quién representa este marido que no hay forma de hacerlo morir? Recordad el versículo 1: no es Adán, sino la ley. La ley tiene dominio: es la que domina. El marido tiene dominio. En Génesis 3:16 dice que debido al pecado el marido tendrá dominio sobre la mujer. Ansiarás a tu esposo, y él te dominará No era lo previsto en la Creación, pero la entrada del pecado hizo necesaria esta subordinación. Pablo dice: 'La ley os domina'. Estamos bajo el dominio del pecado. El primer marido es la ley. La mujer somos nosotros. Y ¿quién es el segundo marido? --Jesucristo. Pero no nos podemos casar con Cristo hasta que no se anule nuestro matrimonio con el primer marido (la ley), y esta es mi pregunta: ¿Puede morir la ley? --Nunca, aunque le echéis arsénico a toneladas. Mateo 5:18: Mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra, ni un punto de la Ley perecerán ¿Qué pasa? ¿Qué hay de malo en este primer matrimonio? ¿Qué falla? ¿Es que el marido es un mal marido? --No. No es eso. Versículo 12: Así, la Ley es santa, y el Mandamiento santo, justo y bueno Pero hay dos problemas. Primeramente, el marido no puede simpatizar con las debilidades de su mujer. La ley le exige la obediencia perfecta, pero ella no puede alcanzarla. Es débil, y él no sabe cómo simpatizar con ella, no sabe cómo ayudarla. Pero el segundo hombre, Jesucristo, ¿puede simpatizar con nuestras debilidades? --Sí. ¿Por qué? Porque él tomó nuestra naturaleza y comprende nuestra lucha. ¿Nos puede ayudar a ser buenos? --Sí. Así que nos queremos casar con este segundo marido. La mujer, que somos nosotros, quiere que muera el primer marido (la ley). Le gustaría, pero al primer marido no hay forma de matarlo... ¿Cómo podemos solucionar el problema? Nosotros no podemos. ¿Puede Dios solucionarlo? --Sí, él puede. Dice: 'No es la ley, sino tú quien va a morir'. Dice la mujer: '¿Cómo?'. Permíteme que te tome a mí mismo y te lleve a la cruz, y allí mueras en mí. Esto anula el primer matrimonio. 'Entonces yo te resucito con una nueva vida, y a continuación puedes ser mi esposa'. Versículo 4: Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo ¿Quién muere aquí? ¿La ley, o nosotros? ¿Lo veis? Este es el gran error, la gran equivocación del dispensacionalismo protestante. Creen que es la ley la que fue crucificada en la cruz. La Biblia no enseña eso. Vedlo en el versículo 4: Así también vosotros, hermanos míos "Vosotros", no la ley, Habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios Este es el poder de la cruz, así que sabed que nunca más estáis casados con la ley. No estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13) Que Dios os bendiga. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 6 El estudio de esta tarde versa sobre la cruz. Para mí es el más importante. Es singular del adventismo. Es el mensaje que transformó a los discípulos, quienes habiendo sido codiciosos, pasaron a ser el tipo de hombres capaces de revolucionar el mundo en el sentido más positivo (Hechos 17:6), como deseo que suceda con cada uno de vosotros. Lo llamo "el sacrificio supremo de Cristo". Es el mensaje que el diablo de ninguna forma quiere que comprendáis, de forma que ha rodeado esta verdad de tinieblas, pero hoy es nuestro privilegio el comprender esta verdad. Es mi oración que el Espíritu Santo abra vuestros ojos. Comenzaré recordando una afirmación de Pablo. En Romanos 5:7 leemos: En verdad, apenas hay quien muere por un justo. Con todo, puede ser que alguno osara morir por el bueno Este versículo describe cuál es el amor humano. Dice aquí Pablo: 'El amor humano sólo es capaz de sacrificarse hasta la muerte por alguien que sea bueno para él. Incluso eso es algo más bien insólito en este mundo. Jesús mismo dijo: Nadie tiene mayor amor que éste, que uno dé su vida por sus amigos (Juan 15:13) Eso es el amor humano en su máxima expresión. "Nadie tiene mayor amor que éste". Pero en el versículo 8 Pablo continua razonando así: En contraste con el amor humano... Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros ¿Qué estuvo Jesús dispuesto a abandonar voluntariamente, a fin de salvarnos? Esta tarde quisiera que lo estudiáramos. Hay dos formas en las que Satanás ha intentado ocultar esta verdad: (1) La primera es convenciendo a la iglesia cristiana en los inicios de su historia, induciéndola a que creyera que el hombre tiene alma inmortal. Si creéis que el hombre tiene un alma inmortal, entonces estáis obligados a aceptar la definición griega de la muerte, no la definición bíblica. Vuestro concepto de muerte es entonces distinto. ¿Cómo definen los griegos la muerte? Al menos, los griegos del Nuevo Testamento, dicen: 'La muerte es la separación del cuerpo y del alma --que según ellos es inmortal--. Pero esa no es para nada la noción bíblica de la muerte. Para la Biblia, la muerte --la paga del pecado-- es adiós a la vida para siempre. Hace muchos años, un afamado teólogo protestante Suizo --Óscar Cullman-- escribió un libro en el cual comparó la muerte de Sócrates con la muerte de Cristo. Cuando estaba muriendo Sócrates, se hizo un banquete. ¿Incomprensible? --No. Es lógico, pues para él se trataba de una liberación: finalmente su alma podía quedar libre de la cárcel del cuerpo. Esa es la idea griega. Cuando Cristo se enfrentó a la muerte, por contraste, su frente sudaba gotas de sangre (en el Getsemaní). Era una agonía. No era ningún banquete. No era ninguna fiesta. (2) En segundo lugar, para comprender el sacrificio supremo, lo hemos de observar con ojos "judíos". El diablo ha logrado que la cristiandad vea la cruz con una visión "romana", pero necesitamos entenderla tal como la entendía un judío, porque recordad que no fueron los romanos los que pidieron la crucifixión de Jesús: fueron los judíos. Teniendo esto presente, ved en Juan 19. A fin de satisfacer a los judíos, Pilato hizo azotar a Jesús. Leemos en el versículo 5: Y Jesús salió fuera llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Pilato les dijo: "¡Aquí está el hombre!" Esa es una forma de decir: '¿No es ya esto suficiente?' (después de haber sido azotado). Vemos en el versículo 6 lo que respondieron los dirigentes judíos: Cuando los principales sacerdotes y los servidores lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!" Pilato respondió: "Tomadlo vosotros, y crucificadlo, porque yo no hallo delito en él" Recordad, Pilato representa a Roma, y los romanos empleaban la crucifixión para crucificar a los esclavos que huían de sus dueños y a los peores criminales, especialmente a los criminales políticos. Los judíos no practicaban la crucifixión. Siendo que la aborrecían, ¿por qué gritaron "Crucifícale"? Tenían una razón, pero tenían que darle a Pilato el pretexto para crucificarlo; le tenían que proporcionar su razón. Versículo 7: Respondieron los judíos: "Nosotros tenemos Ley" No era la ley romana. "Según nuestra Ley" (la judía) "Debe morir, porque se hizo Hijo de Dios" Por lo tanto, le estaban acusando del pecado de blasfemia. Era un hombre, pero pretendía ser el Hijo de Dios. Eso era blasfemia, y de acuerdo con la ley judía merecía la muerte. Quiero que observéis esta ley. Está en Levítico 24:16. Prestad atención a lo que dice vuestra Biblia, ya que la mía podría estar equivocada... "El que blasfeme el nombre del Eterno, ha de ser muerto. Toda la congregación lo"... [crucificará] --No. No dice eso. No dice "lo crucificará". ¿Qué dice vuestra Biblia? Lo apedreará Si la ley dice que se debía apedrear, ¿por qué los judíos pidieron crucificarlo? ¿Acaso no conocían esta ley? Sí la conocían, porque intentaron apedrear en diversas ocasiones a Jesús. Por ejemplo, Juan 10:30. Ved lo que intentaron hacer cuando Jesús dijo esto: "Yo y el Padre somos uno" ¿Qué hicieron entonces los judíos? Vedlo en el versículo 31: Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlo ¿Qué significa "volvieron a tomar piedras"? Significa que no era la primera vez que habían intentado apedrearlo. Ya lo habían procurado anteriormente. ¿Por qué, pues, ese interés en crucificarlo? Tenían una razón, y también encontramos esa razón en el libro de la Ley: Deuteronomio 21:22 y 23: Si alguno comete algún pecado digno de muerte [la blasfemia lo es] y es muerto colgado de un madero, no se dejará su cuerpo por la noche en el madero. Sin falta lo enterrarás el mismo día, porque un hombre colgado es maldición de Dios. Así no contaminarás tu tierra, que el Eterno tu Dios te da en herencia Expliquemos esto: los judíos en general no creían en un alma inmortal (esa era la idea griega). La esperanza del judío, en lo que respecta a la salvación, era la resurrección. Por ejemplo, cuando Lázaro murió, Jesús tardó cuatro días en llegar. Y Marta dijo a Jesús: 'Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto' (Juan 11:21) Jesús le dijo: Tu hermano resucitará (Juan 11:23) Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (Juan 11:24) Esto era lo que creían los judíos. Jesús le dijo : Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11:25) Y lo demostró, como sabéis, porque resucitó a Lázaro. Pero si un judío era sentenciado a muerte colgando de un madero, esto implicaba la condenación irrevocable de Dios. No había esperanza de resurrección. Es lo que en el Nuevo Testamento se llama la muerte segunda. En los días de Jesús, la crucifixión era sinónimo de colgar en un madero. Os daré algunos ejemplos: Hechos 5:30. Cuando los discípulos predicaron el Evangelio a sus compañeros cristianos, muy rara vez empleaban la palabra "cruz"; usaban la palabra "madero". Este versículo es uno de esos casos. Habían capturado al apóstol Pedro y a los apóstoles, y les habían prohibido predicar a Cristo, y esta es la respuesta de los discípulos (versículo 29): Pedro y los apóstoles respondieron: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo en un madero Encontráis la misma declaración en Hechos 10:39: Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo Jesús en Judea y en Jerusalén; a quien mataron, colgándolo en un madero Encontráis algo similar en Hechos 13:29: Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, lo quitaron del madero, y lo pusieron en el sepulcro También en 1 Pedro 2:24. Ved lo que escribió Pedro aquí, y recordad que colgar de un madero equivale a la maldición de Dios: Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero ¿Por qué emplea la palabra "madero"? Porque es la maldición de Dios --aunque en realidad no fue un madero, sino realmente una cruz--. Cristo llevó la maldición de nuestros pecados en su cuerpo, sobre el madero, para que nosotros podamos morir a los pecados y vivir a la justicia. Volvamos al tema. ¿Por qué los judíos clamaron a Pilato: "Crucifícale"? Tenían una razón. En más de una ocasión Jesús había dicho: 'matadme, y al tercer día resucitaré'. Por ejemplo, en Juan 2 encontráis una descripción de la purificación del templo que hizo Jesús de los cambiadores y los mercaderes, y en el versículo 16 veis lo que dijo (es Jesús quien habla a los mercaderes y a los cambistas): Quitad esto de aquí, y no hagáis un mercado de la casa de mi Padre Y entonces los judíos le preguntaron (versículo 18): ¿Qué señal nos das de tu autoridad para hacer esto? En otras palabras: '¿Qué evidencia nos proporcionas de que eres el Mesías, y de que puedes llamar "Padre" a Dios?' ¿Qué señales dio Jesús? (versículo 19): Jesús respondió: 'Destruid este templo, y en tres días lo levantaré' ¿Estaba hablando de edificios? Le dijeron (versículo 20): En 46 años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días? Ciertamente no estaba hablando de edificaciones, sino del templo de su cuerpo. Los judíos no querían de ninguna forma que Jesús resucitara de entre los muertos. ¿Cómo podían evitarlo? De dos formas: (1) primeramente, crucificándolo. ¿Por qué? Porque esa era la maldición de Dios. Si Dios lo maldecía, no habría resurrección y podrían demostrar su pretensión de que era un embustero. (2) Segundo, podían sellar la tumba y custodiarla con vigilantes romanos de forma que nadie pudiera robar su cuerpo y pretender después que había resucitado. Mediante esas dos medidas pensaron que podrían demostrar que Jesús no era el Mesías. ¿Resucitó Jesús de entre los muertos? --Sí, lo hizo. Fue la mayor prueba, la mayor señal que Dios dio a la nación judía de que Jesús era el Mesías, y cuando la nación judía lo rechazó después de haber resucitado, estaba cometiendo el pecado imperdonable, y Jesús dijo: Vuestra casa os queda desierta (Mat. 23:38) Pero os hago esta pregunta: ¿Maldijo Dios --Padre-- a su Hijo en la cruz? ¿Sí o no? Algunos decís "no" y otros decís "sí". Leeré algunos versículos de Isaías 53 (versículo 4): Sin embargo, él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores. Y nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido No por los romanos, no por los judíos, sino por Dios. Versículo 8: Fue arrestado y juzgado injustamente, sin que nadie pensara en su linaje. Fue cortado de la tierra de los vivientes. Por la rebelión de mi pueblo le dieron muerte Observad la frase, "cortado de la tierra de los vivientes". ¿Qué significa esta expresión? Significa que quedó privado de la esperanza de la resurrección. Versículo 10: Con todo, el Eterno quiso quebrantarlo mediante el sufrimiento. Y como puso su vida en sacrificio por el pecado ¿Cuál fue el padecimiento al que Dios lo sometió? El padecimiento de la segunda muerte. Como dice Hebreos 2:9: Experimentase la muerte en beneficio de todos Versículo 11: Después de tanta aflicción verá la luz, y quedará satisfecho. Con su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y llevará las iniquidades de ellos Si estuvierais intentando ganar vuestra salvación a base de guardar la ley, os quisiera leer el versículo 10 de Gálatas 3: Porque todos los que dependen de las obras de la Ley están bajo maldición Esta expresión, "obras de la ley", consiste en emplear la ley como método de salvación. Si intentáis salvaros guardando la ley, estáis bajo maldición. ¿Por qué? Esto es lo que dice el libro de la ley: Porque escrito está: "Maldito todo el que no permanece en todo lo que está escrito en el Libro de la Ley" La ley exige la obediencia perfecta y continua. Si fracasáis en un punto, la ley os maldice hasta la muerte, os condena; y amigos: todos nosotros --sin excepción alguna-- hemos trasgredido la ley. Estaba cierto día en una reunión campestre en Washington y un hombre joven, que se oponía a mí, me dijo: 'No he pecado ni una sola vez en los dos últimos años'. Su mujer estaba sentada cerca de él. Yo no le discutí su pretensión, pero dije a su esposa: 'Debe ser algo maravilloso el vivir con un hombre que no ha pecado en dos años'. Ella no me respondió. Es como si temiera la reacción de su marido. Pero sonrió... Recomendé a ese hermano un texto (1 Juan 1:8): Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros Todos nosotros estamos bajo la condenación de la ley. Tal es nuestra condición, pero aquí están las Buenas Nuevas. Versículo 13: Cristo nos redimió de la maldición de la Ley Ved el tiempo verbal en que está escrito: ¿Dice Pablo que Cristo nos redimirá? ¿Es eso lo que dice el versículo? ¿Dice eso vuestra Biblia? Leemos: Cristo nos redimió de la maldición de la Ley ¿Cómo lo hizo? ¿Acaso clavando la ley en la cruz? ¿Fue así cómo lo hizo? --No. Fue al hacerse maldición por nosotros ¿Quién lo hizo maldición por nosotros? --El Padre. Pablo cita ahora Deuteronomio 21: porque escrito está: "Maldito todo el que es colgado de un madero" Prestad cuidadosa atención a este asunto. Es fundamental para comprender el mensaje de salvación: Cuando Cristo vino a este mundo para salvarnos, tenía que dejar algo. Tenía que abandonar el uso independiente de su divinidad. Lo podéis leer en Filipenses 2:6 y 7: Quien, aunque era de condición divina, no quiso aferrarse a su igualdad con Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomó la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres Abandonó el empleo independiente de su divinidad, se puso a sí mismo en las manos del Padre y se volvió totalmente dependiente de Dios. Esta es la razón por la cual, cuando estuvo en esta tierra, dijo: De mí mismo nada puedo hacer En Juan 5:30 encontrareis esto, y en Juan 14:10 leemos: Las palabras que os hablo, no las hablo de mí mismo; sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras Se hizo totalmente dependiente de Dios, y dependía especialmente del Padre para su resurrección. Pero algo terrible sucedió en la cruz. ¿Recordáis lo que clamó en la cruz? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46) Es como si le dijera: 'Padre: ¿no comprendes?, ¡dependo de ti para resucitar!' Pero el Padre no le contestaba. No hubo respuesta, y ahora toda esperanza de resurrección desapareció de la conciencia de Jesús. El diablo lo sabía y vino a Jesús. Lo encontraréis en Lucas 23:35-39. Vino el diablo, no una vez, sino tres veces, empleando agentes humanos. Primeramente el pueblo (versículo 35): El pueblo estaba mirando, y los gobernantes se burlaban de él. Decían: "A otros salvó. Sálvese a sí, si es el Cristo, el elegido de Dios" Luego los soldados (versículo 37): y le decían: "Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo" Y en el versículo 39 es el ladrón a su izquierda: Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Cristo? Pues, sálvate a ti mismo, y sálvanos a nosotros" Decidme: ¿Podía Jesús salvarse a sí mismo? ¿Sí o no? Si decís que no, entonces no había tentación alguna. Si decís que sí, había ahí una terrible tentación: podía hacerlo, pero no debía. Aquí está el problema: no se podía salvar a sí mismo y a la vez salvar al mundo. Ese era el problema, (1) o bien moría él --no por tres días: eso no es sacrificio para un Dios que habita la eternidad--, es decir, o bien moría para siempre de forma que el mundo ocupara su lugar en el cielo, (2) o bien se salvaba a sí mismo y dejaba que el mundo se perdiera para siempre. Esta es la elección a la que tuvo que enfrentarse. ¿Quién moriría? ¿Quién pagaría la paga del pecado? ¿Él, o ellos? Y Jesús hizo la elección: eligió morir --no por tres días--; eligió morir para siempre a fin de que nosotros podamos vivir en lugar de él para siempre. Este es el sacrificio supremo. En otras palabras, esto es lo que Cristo dijo en la cruz. Recordad que no estaba salvando a santos; estaba salvando a pecadores: 'Te quiero más que a mí mismo'. Este es el amor ágape de Dios. 'Os quiero más que a mí, y debido a esto, estoy dispuesto a decir adiós al cielo para siempre, a fin de que vosotros podáis vivir en mi lugar'. Este es el sacrificio que Jesús hizo en la cruz. ¡Qué terrible sacrificio! Y eso es lo que los discípulos vieron, y lo que los trasformó completamente. En el aposento alto los discípulos habían estado peleándose para saber quién seria el mejor, el primero; y ahora veían a su Maestro, a su Señor, a Jesús, poniéndolos a ellos primero, y disponiéndose a morir en su lugar, no la primera muerte, sino la muerte definitiva. Veamos un texto: 2 Timoteo 1:8 y 9. Esta es una de las últimas cartas que Pablo escribió antes de ser ejecutado como mártir por Cristo. Está escribiendo al joven Timoteo, y le dice desde la cárcel: Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo. Antes participa de los sufrimientos del evangelio por el poder de Dios, quien nos salvó ¿Dice aquí que nos salvará? ¿Es eso lo que dice? ¿Está en futuro, en presente o en pasado? --Nos salvó. Eso es lo que está escrito. Nos salvó y nos llamó con santo llamado Amigos, la vida cristiana son los frutos de la salvación. No es la forma de salvarse, sino los frutos de haber sido salvo. Volvemos a leer 2 Timoteo 1:8. Pablo escribió desde aquella prisión romana: No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo. Antes participa de los sufrimientos del evangelio por el poder de Dios, quien nos salvó Son Buenas Nuevas. Nos salvó. Sí, es cierto que no estamos aún en el cielo, pero en Cristo somos ya salvos. De hecho, en Efesios 2:6 leemos: Y con él nos resucitó y nos sentó en el cielo con Cristo Jesús Y los frutos de esta salvación son la vida santa. Nos salvó y nos llamó con santo llamado, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y su gracia, que nos dio en Cristo Jesús ¿A quién los dio? A nosotros ¿Cómo nos fue dado? En Cristo Jesús ¿Cuándo? Antes de que empezara el tiempo Este es el Evangelio eterno. Se nos dio desde la eternidad, por eso se le llama el Evangelio Eterno, pero ¿Dónde se nos dio en Cristo? Versículo 10: Que se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo Dios planeó nuestra salvación en Cristo desde la eternidad, antes de que comenzara el tiempo, pero este plan se convirtió en una realidad cuando Cristo vino a este mundo: Que se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo Ved la última parte del versículo 10: Quien abolió la muerte ¿Qué significa abolir? Significa quitar, destruir. Quitó la muerte. ¿Cuál fue la muerte que quitó Cristo? ¿Qué muerte quitó Cristo: la primera, o la segunda? La segunda. Si fuese la primera muerte, los cristianos no moriríamos la primera muerte. Sin embargo, no moriremos nunca la segunda muerte debido a que Cristo la murió por nosotros. Hizo dos cosas: Quien abolió la muerte, y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio Tomó nuestra vida condenada, la destruyó para siempre y a cambio nos dio la vida inmortal de su Hijo. Este es el supremo don de Dios, pero este don le costó a Jesús la cruz. Tuvo que sufrir la segunda muerte por todos, por vosotros y por mí. Mi pregunta es: ¿Cómo debiera afectarnos esto? 2 Corintios 5:14 y 15 Porque el amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, luego todos han muerto. Y por todos murió Y "todos" significa toda la raza humana. Para que los que viven Y aceptan este don, Ya no vivan para sí No vivan más para el yo, para sí, Sino para aquel que murió, y resucitó por ellos Así pues, la vida cristiana, que consiste en "no yo, sino Cristo", es el fruto de la salvación. Se produce cuando contemplamos la cruz. Si miráis a la cruz no volveréis a ser nunca los mismos. ¿Cuánto estuvo dispuesto Jesús a dejar? ¿Qué estuvo dispuesto a dejar? ¿Hasta dónde estuvo dispuesto Jesús a llegar para salvarnos? Estuvo dispuesto a entregar su vida para siempre debido al gran amor que tiene, a que nos amó y nos ama más que a sí mismo. A menudo enseñamos que la ley es una revelación del carácter de Dios. Cuando el joven rico vino a Jesús y le dijo: Maestro, ¿cuál es el mayor Mandamiento de la Ley? (Mateo 22:36) ¿Cuál es el primero? Jesús respondió: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente (Mateo 22:37) Este es el primer y más grande mandamiento: poner primero a Dios. Ahora decidme: ¿Se puso Dios a sí mismo en primer lugar? ¿Se dijo Jesús cada mañana a sí mismo: 'Tengo que amarme a mí mismo'? --No. Dios desea que lo pongamos a él primero. ¿Qué hay en cuanto a él? ¿Nos puso a nosotros primero? En la cruz, Cristo te responde: --Sí, te amo más que a mí. Esta es la maravillosa cualidad del Dios al que adoramos, un Dios de amor; no un Dios al que haya que tener miedo, sino un Dios que nos ama incondicionalmente con un amor eterno, y debido a esto vosotros y yo podemos enfrentarnos al futuro. Nunca habrá un tiempo en el que Dios deje de amarnos. Esto nos da esperanza, nos da paz, nos da gozo, y estaremos más que dispuestos, estaremos deseosos de ponerlo a él en primer lugar. Lo amamos porque él nos amó primero y dio a su Hijo para salvarnos. Es mi oración que cuando entréis en este sábado de reposo os gocéis en un Dios de amor que estuvo dispuesto a dejar el cielo para siempre, para que nosotros podamos vivir por siempre en su lugar. Que esta idea nos trasforme como hizo con los discípulos. Esta es mi oración. En nombre de Jesús, Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 7 Estoy contento de estar aquí. Quiero compartir con vosotros una profunda preocupación. Quiero empezar con 1844. Según El Conflicto de los Siglos, el juicio investigador, "1844", es la doctrina sobre la que está edificada nuestra iglesia. Pero hace unos años esta doctrina fue muy cuestionada por parte de teólogos no adventistas. Fue muy atacada, y el desafío era doble: de una parte nos desafiaban diciendo que no podíamos probar 1844 por la Biblia. En segundo lugar: si no lo podíamos probar, entonces no teníamos razón de existir como iglesia. Lo triste es que más recientemente ha venido la misma acusación, pero no de teólogos de otras denominaciones, sino de algunos de nuestros propios teólogos. Hace unos meses, en este mismo año, hubo una gran reunión en Lomalinda. El predicador era el principal contribuyente al comentario de Daniel en nuestro 'Comentario Bíblico Adventista' (vol. IV). Se trataba de Raymond F. Cottrell. Dijo: 'No podemos probar "1844" por la Biblia, así es que mejor abandonemos esa doctrina'. Pero quisiera que veáis 1844 desde un punto de vista diferente. Observad tres cosas: (1) Primeramente, el gran chasco de 1844 es un hecho histórico. Nadie puede negarlo, ni siquiera los escépticos. (2) En segundo lugar, este gran chasco no tomó a Dios por sorpresa. No fue imprevisto para Dios. Él sabía que iba a suceder. ¿Cómo podemos comprobarlo? Porque lo profetizó. Está en Apocalipsis 10:8-10. Cuando leáis esto, tened presente que la única Biblia que existía al alcance de Juan cuando él escribió Apocalipsis, era el Antiguo Testamento. La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: "Ve, toma el librito abierto de mano del ángel" El único libro que estaba sellado en el Antiguo Testamento, como sabéis, es el libro de Daniel. El ángel Gabriel había dicho a Daniel: Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará (Daniel 12:4) Con esto el ángel no estaba queriendo decir que muchos irían de aquí para allá en aviones, que el saber científico se multiplicaría, etc. Eso sería ignorar el contexto. Lo que Gabriel está diciendo aquí es que muchos recorrerían con atención y discernimiento el libro de Daniel, que el conocimiento del libro de Daniel aumentaría, y esto es exactamente lo que pasó en la mitad del siglo XIX. Antes de esa época el libro había estado sellado. Nadie entendía nada. Se habían escrito muy pocos comentarios sobre el libro de Daniel. Era un libro que los teólogos evitaban. Pero William Miller llegó a la conclusión, leyendo este libro, de que Cristo volvería el 22 de octubre de 1844. Recordad que la iglesia cristiana había esperado durante 1800 años la venida de Jesús; ésta era precisamente la bendita esperanza para todo cristiano, así es que cuando los milleritas proclamaron la segunda venida de Cristo, eso encendió un fuego... fue muy dulce en la boca, pero cuando llegó esa fecha y Jesús no vino, resultó muy amargo en el vientre. Y es justamente lo que la profecía había previsto (Apocalipsis 10:8-10): La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: "Ve, toma el librito abierto de mano del ángel que está sobre el mar y sobre la tierra". Fui al ángel, y le pedí que me diese el librito. Y él me dijo: "Toma, cómelo. Será dulce como la miel en tu boca, pero amargará tu estómago". Entonces tomé el librito de mano del ángel, y lo comí. Y en mi boca fue dulce como la miel, pero después que lo comí, fue amargo en mi estómago Se trata de una perfecta descripción del gran chasco de 1844. Ningún otro evento en la historia de la iglesia encaja con esa profecía. Nadie ha dado una explicación alternativa, un hecho histórico que encaje con esta profecía, si no es el gran chasco de 1844. (3) Quiero que leáis el versículo 11. Este es el tercer punto, que consiste en que Dios permitió este gran chasco con un propósito: Y él me dijo: "Es necesario que otra vez profetices a muchos pueblos y naciones, lenguas y reyes" A partir del gran chasco de 1844, Dios suscitó al movimiento adventista con una misión. ¿Cuál era esa misión? La palabra "profetizar", significa proclamar. ¿Qué quiere Dios que proclamemos a todo pueblo, nación, lengua y reino? La respuesta la encontramos en el capítulo 14: Se trata del evangelio eterno. Apocalipsis 14:6: Entonces vi a otro ángel que volaba por el cielo, con el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo Lo que llamamos el mensaje de los tres ángeles, es el cumplimiento de una profecía que Jesús hizo referente a su segunda venida. Esta profecía la encontramos en Mateo 24:14: Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo... ...incluyendo a toda nación y tribu, lengua y pueblo.... ...por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin En otras palabras: el evangelio eterno es la restauración del evangelio en su pureza, tal como lo predicaron los apóstoles. Es la plenitud del evangelio. Ha de ser predicado "otra vez", tal como hemos leído en Apocalipsis 10:11, a modo de llamamiento final de Dios al mundo, antes de que venga el fin. ¿Cuál es, pues, este evangelio eterno? Para contestar esa pregunta hemos de comprender primeramente aquello que NO es el evangelio. Hoy, en la iglesia cristiana, se predican al menos tres "evangelios". (1) El evangelio, según la iglesia Católica Romana, está basado más en el razonamiento humano que en la palabra de Dios. Así es como ellos razonan: 'Dios es un Dios santo. No puede llevar pecadores al cielo a menos que primero los haya hecho justos. ¿Cómo lo hace? Da a la iglesia la autoridad para infundir gracia en los miembros mediante los sacramentos. Hay siete sacramentos, como sabéis --según la teología católica-- y esta gracia que resulta infundida o comunicada, convierte en justos a los creyentes. Ahora bien, la mayor parte de ellos mueren antes de llegar a ese estado de santidad, así que tienen que ir al purgatorio previamente para purificarse. Solamente entonces pueden ir al cielo'. Lo anterior es cualquier cosa, excepto buenas nuevas. Si Pablo estuviese hoy vivo, lo señalaría inmediatamente como una perversión del evangelio. Entonces, a partir de la Reforma del siglo XVI, se desarrollaran otros dos puntos de vista sobre el evangelio. (2) El punto de vista más popular es el conocido como Calvinismo. Juan Calvino tenía la mente propia de un jurista. Así es como razonó: 'Dios es soberano, lo que significa que cualquier cosa que él decida, sucede. De forma que si Dios decide que todos los hombres sean salvos, inexorablemente todos lo serán, porque él es soberano'. Pero la Biblia es muy clara, e insiste en que muchos perecerán. Así pues, tuvo que llegar a la conclusión de que Dios no había elegido a todos los hombres para que fuesen salvos, y propuso la doctrina de la doble predestinación, según la cual Dios ha elegido a algunos para que sean salvos, y al resto para que se pierdan. Según esa enseñanza, cuando Cristo vino a este mundo hace dos mil años, no vino a salvar al mundo, a salvar la raza humana, sino que vino a salvar solamente a aquellos a quienes Dios había predestinado para que se salvaran. A esto lo llamó una "expiación limitada". En armonía con ello, cuando el calvinista da testimonio del evangelio a un individuo, no puede decirle en plena convicción 'Cristo murió por ti personalmente' porque evidentemente no sabe quiénes son los elegidos. Predican buenas nuevas, pero limitadas. No son buenas nuevas para todo el mundo. Esto es el calvinismo. Durante la época de Calvino hubo otro reformador, esta vez de Holanda, llamado Arminio. Arminio y Calvino estaban en desacuerdo, tenían puntos de vista encontrados. Arminio se enfrentó a Calvino y proclamó: 'No. Eso no es cierto, dado que Cristo murió por los pecados de todo el mundo'. Calvino, como buen abogado, le replicó: 'Si Jesús pagó la paga de los pecados de todo el mundo, y al fin del mundo se castiga a los malos por sus pecados, se está castigando a los pecadores dos veces: una vez en Cristo, y otra vez en el pecador que finalmente se pierde. Los mismos pecados son castigados en Cristo, y luego son vueltos a castigar en el pecador que se pierde. Con ello Dios resultaría ser un Dios injusto'. Es en este punto donde Arminio tomó una postura equivocada, y propuso la idea de que Jesús no salvó a nadie en la cruz: sólo hizo provisión para que se pudieran salvar. Según eso, tenemos que hacer algo a fin de que esa provisión se convierta en realidad: tenemos que creer en Cristo, tenemos que arrepentirnos (que incluye abandonar la vida de pecado), tenemos que confesar todos nuestros pecados, y entonces y solamente entonces, Dios puede ponernos en Cristo, y la provisión se convierte en una realidad. Desafortunadamente muchos adventistas se adhieren a ese razonamiento de Arminio. Históricamente somos arminianos. Eso trae un problema, que ilustraré con mi propia experiencia. Como os dije, fui educado en el catolicismo, en un ambiente muy católico, y no sentía paz ni esperanza de salvación. A veces hasta castigaba mi cuerpo esperando que eso me ayudara a llegar al cielo, y cuando llegaba al confesionario no estaba seguro de recordar todos mis pecados, así es que por si acaso añadía algunos a la confesión. Luego me hice adventista y creí en Jesús. Me aparté de una vida de pecado, confesé todos mis pecados y ahora esperaba poder llegar al cielo. Al bautizarme, hice toda clase de promesas. Pero --¿sabéis?-- una cosa es prometer, y otra cosa es cumplir la promesa. Encontré que habiendo hecho maravillosas promesas --y era muy sincero--, no podía cumplirlas, así es que comencé a caer. Confesaba mis pecados. Caía de nuevo. Volvía a confesar, y seguía así, hasta que me di cuenta de algo: '¡No era en nada diferente a los católicos romanos!' No conocía la paz. Cinco años después de haber comenzado el ministerio como pastor, me estaba sucediendo lo mismo: no tenía paz. Si alguien me hubiera preguntado: 'Si te mueres hoy, ¿irás al cielo?', habría respondido: 'Me encantaría... pero no estoy seguro...' ¿Cómo podía dar testimonio del evangelio sin tener la seguridad de la salvación? Así que para mí el evangelio arminiano no fueron muy buenas nuevas, sino que más bien eran buenos consejos. El evangelio católico es un evangelio pervertido. El evangelio calvinista son buenas nuevas limitadas, inciertas para el individuo, y el evangelio arminiano son buenos consejos y no buenas nuevas. Ahora bien, el evangelio eterno no es ninguna de esas tres cosas. El evangelio eterno son buenas nuevas tan increíbles, que una vez ha sido proclamado en el poder del Espíritu Santo, y una vez que la tierra resulta iluminada por la gloria de Dios, se convertirá en inexcusable para nadie el perderse, y entonces vendrá el fin porque todo ser humano que ha alcanzado la edad de la responsabilidad tendrá que tomar una decisión: o bien por Cristo, o bien contra él. Entonces vendrá el fin. Dios suscitó a la Iglesia Adventista para proclamar ese evangelio eterno. Esa es mi preocupación. Sí, todas las demás doctrinas que han de ser restauradas son importantes: el reposo del sábado, el estado de los muertos, etc. Pero el Evangelio eterno tiene una importancia primordial. Es prioritario, porque Dios no quiere que nadie perezca sino que todos procedan al arrepentimiento. Él quiere dar a todo ser humano una oportunidad de oír estas maravillosas Buenas Nuevas. El diablo lo sabe. Sabe por qué suscitó Dios el movimiento adventista, de forma que desde el mismo principio intentó desviarnos de nuestra elevada vocación, de nuestro llamamiento santo. Desafortunadamente tuvo cierto éxito en los años en que nuestra iglesia se estaba estableciendo, a mitad del siglo XIX. La iglesia cristiana estaba introduciendo por entonces una nueva doctrina. No era realmente nueva porque ya los padres de la iglesia, en los primeros siglos, la habían rechazado cuando se había intentado introducir (en el siglo III). Pero esta vez fue aceptada a mitad del siglo XIX. Esta doctrina es la conocida como el dispensacionalismo. La popularizaron varios teólogos, entre ellos Scoffield. Esa doctrina enseña que en diferentes períodos de la historia de la iglesia, Dios empleó métodos diferentes de salvación, y desde Moisés hasta Cristo se trataba de la dispensación del Antiguo Pacto. Según esta doctrina, Dios puso a la raza humana bajo la ley, y la ley dice: 'Obedece y vivirás. Si desobedeces, has de morir'. Según ellos, este método fracasó debido a la pecaminosidad del hombre, así que vino Cristo y desechó el Antiguo Pacto, clavando la ley en la cruz --según la enseñanza dispensacionalista--. Introdujo entonces el Nuevo Pacto, que es la salvación por la gracia. Esto ha venido a ser muy popular e infiltra en la actualidad a la práctica totalidad del cristianismo protestante. Nuestros pioneros tenían que luchar en contra de esta doctrina, y en esas situaciones siempre está la tentación de caer en el extremo contrario, de forma que en oposición a la enseñanza dispensacionalista, predicamos la ley, la ley, la ley, de forma que nos encontramos con dos extremos. Os daré alguna información histórica para que entendáis cuál es la dirección que estábamos tomando como denominación: Desde agosto hasta septiembre de 1874, Uriah Smith publicó una serie de artículos en la Review and Herald. Este era el título de los artículos: 'Doctrinas principales de la Review', que equivalía a decir: 'doctrinas principales de la Iglesia Adventista'. No había una sola mención, ni siquiera una sola, a la justificación por la fe. Tres años después, en 1877, Uriah Smith y James White (marido de Elena White), dirigieron una serie de reuniones instruyendo a los pastores para la evangelización. Se lo denominó 'Instituto Bíblico', y lo que predicaron quedó registrado. Lo podéis leer en los archivos oficiales del White Estate. Pues bien, no hay ni una sola mención de la justificación por la fe. Un año después, en 1878, Uriah Smith, que era el editor de la Review --uno de nuestros pioneros, como sabéis--, publico un libro de 360 paginas. El libro se titulaba 'Sinopsis de la verdad presente'. No mencionaba para nada la justificación por la fe, como si no existiera una enseñanza o doctrina tal. Debido a lo anterior, Dios intentó corregirnos en 1888, y la hermana White intentó convencer a nuestro pueblo de que habíamos de movernos en la dirección de la justicia de Cristo y la justificación por la fe. Ahora voy a leer citas de Elena White: Review and Herald, 25 marzo 1890: Nuestras iglesias están agonizando por falta de enseñanza acerca del tema de la justificación por la fe en Cristo, y verdades semejantes Review and Herald, 11 marzo 1890 (unos dos años después de Minneapolis): Durante casi dos años hemos estado urgiendo al pueblo a venir y aceptar la luz y la verdad relativa a la justicia de Cristo y el pueblo no sabe si venir y tomar esta preciosa verdad y aferrarse a ella... Os encontrareis con aquellos que os dirán: no tenéis que caer en la excitación acerca de la justificación por la fe y no tenéis que darle tanta importancia sino que habéis de predicar la ley... Como pueblo hemos predicado la ley hasta resultar tan secos, tan áridos, como las montañas de Gilboa, donde no hay lluvia ni rocío. Debemos predicar a Cristo en la ley y tiene que haber savia y alimento en la predicación a fin de que sea nutritivo para el famélico rebaño de Dios En el libro 'Obreros Evangélicos', en las páginas 15 y 16, escribió: Los religionistas [se refiere a los dispensacionalistas] generalmente han divorciado la ley y el Evangelio, en tanto que nosotros [los Adventistas del Séptimo Día], por otra parte, casi hemos hecho lo mismo desde otro punto de vista. No hemos mantenido ante la gente la justicia de Cristo y el pleno significado de su gran plan de redención Este era el problema al que nos enfrentábamos: había quien se oponía a este mensaje de la justicia de Cristo, y después de tres, cuatro, cinco años de lucha, llegamos a este compromiso: 'Nuestra salvación es en parte por la gracia y en parte guardando la ley. Tengo que hacer lo mejor que puedo, y Jesús pondrá el resto allí donde yo no llegue'. El problema es el siguiente: En ninguna parte de la Biblia encontraréis una enseñanza como esa. La Biblia enseña: No yo, sino la gracia de Dios que está conmigo (1 Corintios 15:10) Confeccionamos una mezcla de la verdad con el error, y fue en esa época cuando empezamos a enviar misioneros desde América a todo el mundo: a Suiza, a Francia, a toda África, a Alemania, a Oriente Lejano... y el resultado es un pueblo que se siente inseguro de su salvación. Pero esto no es a lo que Dios nos llamó. Los adventistas debiéramos ser los más felices de todo el mundo, por saber en quién hemos creído. Pienso, amigos, que ha llegado el tiempo de que permitamos que Dios restaure otra vez el evangelio, esas maravillosas buenas nuevas de salvación, y quisiera compartir con vosotros este Evangelio, pero antes os he de exponer un problema. He encontrado este problema allá donde he ido, y he viajado por todo el mundo. Digámoslo de esta forma: La Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, describe dos dimensiones de la salvación. De una parte, describe la salvación que ya ha sido conseguida en Cristo: en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. De otra parte la Biblia también describe la salvación que es experimentada por aquellos que aceptan a Cristo. La primera es una vedad objetiva y la segunda es una experiencia subjetiva. Estas dos dimensiones están relacionadas: lo que experimentamos está siempre basado en lo que Cristo cumplió y logró. Pero son distintas, y es la incapacidad para reconocer esta distinción lo que ha causado el problema. Digámoslo de esta forma: más del noventa por ciento de la predicación que se suele oír en nuestros púlpitos, así como nuestro material publicado, se refiere a lo subjetivo, a nuestra experiencia espiritual. Sucede que nuestra gente lo toma, y piensa que eso es el evangelio. Pero eso no es el evangelio: eso son los frutos del evangelio. Es el resultado de la aplicación del evangelio. El evangelio es Cristo, y Cristo crucificado. Os daré un ejemplo: En cierta ocasión me encontraba predicando en una de las iglesias más grandes de nuestra denominación en Norte América --una iglesia que tiene unos 3500 miembros--. Les hice esta pregunta: 'Si en un esfuerzo evangelístico predico la segunda venida de Cristo, ¿he predicado el evangelio?' Todas las manos se levantaron diciendo: 'Sí'. La respuesta, sin embargo, es que NO. La segunda venida de Cristo no es el evangelio. La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza del evangelio. Les pregunté: '¿Estáis seguros de que la segunda venida de Cristo son buenas nuevas?' Y dijeron todos: 'Sí'. Les pregunté entonces: 'El evangelio, ¿son buenas nuevas para todos?' Respondieron: 'Sí'. (Así lo afirma, por ejemplo, Lucas 2:10 y 14) Ahora otra pregunta: 'La segunda venida de Cristo, ¿es una buena nueva para todos?' No lo es. ¡Sólo es una buena nueva para los creyentes! Para los impíos es el día de la ira, de la destrucción. No son muy buenas nuevas para la gran mayoría de habitantes del mundo. Algunos pedirán a las peñas que caigan sobre ellos... Sin embargo, el evangelio son buenas nuevas para todos. Quiero señalaros diferencias entre (a) el evangelio, que son los hechos objetivos de la salvación, (b) y la experiencia subjetiva o aplicación del evangelio. Porque habéis de conocer esa distinción, de otra forma estaréis confundidos y os sentiréis privados del gozo de la salvación. Primero: el evangelio es universal. Incluye a la totalidad de la raza humana. Hay muchos versículos en el Nuevo Testamento que podríamos calificar de textos universales. Juan 3:16: Porque tanto amó Dios al mundo No 'a los elegidos', ni 'a los que creen', sino "al mundo" Que dio a su Hijo único Quisiera daros dos textos. Hay muchos más, pero consideraremos solamente dos: 1 Timoteo 2:5-7: Porque hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, que se dio a sí mismo en rescate por todos. Este testimonio fue dado a su debido tiempo. De esto fui constituido predicador y apóstol --digo verdad, no miento--, y maestro de los gentiles en la fe y la verdad Es decir, el evangelio incluye también a los "gentiles". Incluye a todos, a toda la raza humana. El otro texto está en Tito 2:11. Leed atentamente: Porque la gracia de Dios que trae salvación, se manifestó a todos los hombres "Que trae salvación", en el original esta escrito en pasado: 'trajo salvación', o 'salvó'. ¿Significa esto que todos los hombres serán finalmente salvos? --No significa eso. Se trata de una verdad objetiva. Algunos me acusan de enseñar que todos los hombres se van a salvar. Nunca he ensañado una cosa así. Deducen eso porque son incapaces de distinguir entre lo que es subjetivo y lo que es objetivo. En Jesucristo, Dios ha redimido a toda la raza humana, y este es su don a los hombres (la Biblia habla de don, no de oferta). Pero como todo don, no lo podéis disfrutar si lo rechazáis. Así que la aplicación del evangelio no es para toda la raza humana sino que se aplica solamente a los creyentes, a aquellos que lo quieren aceptar. Jesús dijo (Marcos 16:15 y 16): Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, será salvo. Pero el que no crea, será condenado Juan 3:16: Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él... Así que lo subjetivo es la aplicación al individuo. Pero no hay excusa para que nadie se pierda. Nadie podrá culpar a Dios de su perdición, porque Dios ha redimido a toda la raza humana. Esta es, pues, la primera distinción: El evangelio son objetivamente buenas nuevas para todos; mientras que subjetivamente requieren nuestra aceptación. Segunda distinción: el evangelio son buenas nuevas incondicionales. ¿Qué significa esto? Que Jesús no esperó a que nosotros fuésemos buenos antes de morir por nosotros. Nos salvó sabiendo que éramos pecadores. Ved Romanos 5:6-10. En el versículo 6, Pablo nos dice dos cosas: Primero, que estábamos desvalidos, que éramos incapaces de salvarnos, que estábamos sin fuerza; y segundo: que Cristo murió por los impíos (malvados). Porque cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos En el versículo 7 describe el amor humano. El amor humano es un amor limitado. Es condicional. Sólo podéis morir por alguien que consideréis bueno, e incluso eso --dice Pablo--, es un fenómeno más bien extraño y excepcional. En verdad, apenas hay quien muere por un justo. Con todo, puede ser que alguno osara morir por el bueno Ved el versículo 8: Dios, por contraste con el amor humano, demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores [no habíamos cambiado aún], Cristo murió por nosotros Estas son Buenas Nuevas incondicionales, y en el versículo 10 va un paso más allá: Porque si cuando éramos enemigos ¿Quiénes eran "enemigos"? ¡Nosotros! ¡Éramos aún enemigos de Dios!, y estando en esa condición, Fuimos reconciliados... Pero observad bien que no dice que seremos reconciliados, sino que "fuimos", en pasado. ...con Dios por la muerte de su Hijo Amigos, el evangelio son buenas nuevas incondicionales. No dice: 'Primero cree, primero intenta ser bueno...' No dice eso. Jesús no esperó a ver si creíamos, para dar su vida por nosotros. En Efesios 2:5 y 6, Pablo afirma: Aun cuando estábamos muertos en pecados, nos dio vida junto con Cristo Nos puso en Cristo, y Cristo nos redimió por gracia. Por gracia habéis sido salvos Eso es el evangelio. ¿Significa que hemos experimentado incondicionalmente la salvación? --No. La experiencia de la salvación es condicional. Si he de experimentar la justificación, tengo que creer, y Romanos 5:1 dice: Así, habiendo sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios Para experimentar la santificación tengo que aprender a caminar en el Espíritu. Para experimentar la glorificación, mi fe tiene que perseverar hasta el fin. La Biblia no enseña que "una vez salvos, siempre salvos". Si bien es cierto que el evangelio son buenas nuevas incondicionales, experimentar el evangelio es condicional a nuestra respuesta. Tercer punto: el evangelio es una obra completa, terminada. No le podéis añadir nada. No lo podéis mejorar. En la cruz, Jesús dijo: ¡Consumado está! (Juan 19:30) Leemos en Hebreos 10:14: Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados Es una obra completa. Cuando Cristo oró a su Padre, dijo (Juan 17:4): He acabado la obra que me encargaste En Colosenses 2:10, dice Pablo: Y vosotros estáis completos en él En él estáis cumplidos. Significa que en Cristo somos perfectos en obediencia. En Cristo somos perfectos en justicia y somos perfectos en naturaleza. Él nos redimió en todo respecto. Cristo llevó al cielo una humanidad glorificada, perfecta, y en él estamos incluso sentados en lugares celestiales. "En Cristo". Esto lo encontraréis en Efesios 2:6: Y con él nos resucitó y nos sentó en el cielo con Cristo Jesús Pero por contraste, en el terreno de lo subjetivo, no hemos experimentado esta salvación completamente. No hasta que llegue la segunda venida de Jesús. Así pues, la experiencia cristiana es un proceso en progresión. Observad bien esto (Romanos 8:24 y 25). Pablo nos dice que somos salvos en esperanza. Pero estamos esperando la redención del cuerpo, así que hemos de ser pacientes hasta entonces: Porque fuimos salvos en esperanza; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque, ¿quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia esperamos También 2 Pedro 1:2-8: Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos fue dado por su divino poder, por el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y virtud. Por ese medio nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguemos a participar de la naturaleza divina, y nos libremos de la corrupción que está en el mundo por causa de los malos deseos. Por esa razón, poned la mayor diligencia en agregar a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas virtudes están en vosotros, y abundan, no os dejarán ociosos, ni sin fruto en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo Vayamos al punto cuarto: el evangelio es meritorio. En otras palabras: lo que Cristo hizo hace dos mil años nos cualifica a nosotros --creyentes-- para el cielo, ahora y en el juicio. Jesús dijo: El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que pasó de muerte a vida (Juan 5:24) El original lo expresa en pasado: de condenación a justificación. Romanos 10:4: Porque la finalidad de la Ley es conducirnos a Cristo, para justificar a todo el que cree El evangelio, para todo aquel que cree, es una obra meritoria, completa y acabada en Cristo. ¿Qué diremos del aspecto subjetivo del evangelio? Nada de lo que nosotros podemos hacer es meritorio. Es sólo la demostración en nosotros de la perfecta obra de Dios en Cristo. Da testimonio al mundo de aquello que ya es cierto de nosotros, en Cristo. Hebreos 13:20 y 21: El Dios de paz... por la sangre del testamento eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo Jesús dijo (Juan 13:34 y 35): Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros, así como yo os he amado. Que os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros Tito 3:8: Palabra fiel es ésta. En estas cosas insiste con firmeza, para que los que creen en Dios, procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres Así, quienes nos rodean pueden ver que el evangelio no es una teoría, sino que es poder de Dios. Si vuestro conocimiento del evangelio --los hechos objetivos: la encarnación, vida y muerte de Jesús-- es incompleto, vuestra experiencia --subjetiva-- será igualmente incompleta. Si vuestro conocimiento del evangelio es incorrecto, vuestra experiencia también lo será. No puede haber un edificio mejor que el fundamento sobre el que se sustenta. Pablo dice en 1 Corintios 3:11: Porque nadie puede poner otro fundamento fuera del que está puesto, que es Jesucristo Sobre este fundamento edificamos nuestra experiencia cristiana. Esta es la razón por la cual debemos restaurar el evangelio, a fin de que la experiencia pueda ser completa. Esta es mi oración en el nombre de Jesús. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 8 ¡Buenas tardes! Espero no chasquearos. Probablemente esperabais encontrar a mi esposo, pero la Biblia dice que los dos serán hechos uno. Así que aquí estoy. Por si os puede interesar, os diré algo sobre mí: He sido instructora bíblica en Inglaterra, profesora en África durante 18 años --en el campo misionero--, y durante 35 años esposa de pastor. Con esto quiero decir simplemente que Dios me ha empleado de diferentes maneras. Espero no aburriros, porque ciertamente Dios pude emplear hasta los vasos más frágiles. Para comenzar os quiero decir que lo que voy a presentar es el extracto de una serie de conferencias que doy a las obreras bíblicas retiradas, a veces también a las iglesias. Generalmente me toma cinco conferencias. Hoy lo condensaré en una. Intentaré daros lo importante, porque quiero que tengáis en vuestro corazón algo que os motive a estudiar. Para comenzar emplearé una cita de la hermana White en el Ministerio de Curación, p. 374: El alfarero toma arcilla, y la modela según su voluntad. La amasa y la trabaja. La despedaza y la vuelve a amasar. La humedece, y luego la seca. La deja después descansar por algún tiempo sin tocarla. Cuando ya está bien maleable, reanuda su trabajo para hacer de ella una vasija. Le da forma, la compone y la alisa en el torno. La pone a secar al sol y la cuece en el horno. Así llega a ser una vasija útil. Así también el gran Artífice desea amoldarnos y formarnos. Y así como la arcilla está en manos del alfarero, nosotros también estamos en las manos divinas. No debemos intentar hacer la obra del alfarero. Sólo nos corresponde someternos a que el divino Artífice nos forme Hoy vamos a considerar algo en relación con lo que he leído. Creo que de alguna forma todos estáis familiarizados con estas labores ancestrales del alfarero. Cuando pensamos en arcilla, pensamos en un material fácil de obtener. Lo encontráis en la propia tierra. Hay arcillas de muchos colores, y allá donde vayáis encontrareis arcilla. Es moldeable. Está compuesta por el sedimento que arrastran las lluvias, permitiendo que los fragmentos del sustrato desciendan en forma de partículas. En su viaje, estas partículas recorren diversos accidentes geográficos, se van purificando y adquieren una determinada forma y tamaño, sedimentan y se acumulan de forma que en el valle es posible encontrar la arcilla. En Génesis 2:7, al principio de la Biblia, encontramos algo con lo que estamos familiarizados: Dios tomó tierra, y con sus propias manos dio forma al hombre. Entonces Dios el Eterno modeló al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente Este es el relato histórico que nosotros creemos como cristianos, pero os explicaré otra "historia". Cuando estábamos en África, en Etiopía, explicaban otro relato a propósito del origen del hombre: ...Un día, Dios se sentía muy solo, y dijo: 'Necesito hacer un amigo'. Así es que tomó arcilla, la moldeó, hizo un hombre y lo puso en el horno. Como estaba muy ocupado haciendo alguna otra cosa, se olvidó, y al regresar al horno resultó que aquel hombre estaba cocido en demasía, y muy oscuro. Los etíopes dicen que esa es la razón por la que existen los negros en África. Entonces volvió a hacer otro hombre de arcilla y lo puso en el horno. Por temor a que le volviera a suceder lo mismo, sacó al hombre del horno demasiado pronto, y de ahí salieron los blancos. Decidió volver a amasar la arcilla por tercera vez, e hizo otro hombre, lo puso en el horno y lo dejó cocer. Esta vez salió perfectamente, y ese es el origen de los etíopes... Desde luego, no es más que una historieta que sólo ellos se creen. Cuando miramos alrededor y vemos la infinita variedad del color de la piel de unos y otros, haremos bien en recordar que encontramos igualmente arcilla de muchos colores, y en todo el mundo. Ayer fui a comprar. Una de las hermanas me invitó a que la acompañara y encontramos algo único, algo singular. Mi marido habría dicho que no, que no necesitaba nada, pero encontré una cosa. Encontré algo muy bonito (mostrando una vasija de barro) '¿Os gusta?' Aquí leo: "Vichy". Ahora tendré un recuerdo de aquí. Os diré por qué me gusta tanto: Es como la gente. Los alfareros emplean una terminología por analogía con el hombre. A esta parte le llaman boca; a esta, labio; a esta, cuello; a esta, cuerpo; y a esta otra, pie. Así que cuando decimos que somos como vasos de alfarero, los propios alfareros están de acuerdo. Esta vasija la encuentro bonita. Me la llevaré a casa, la pondré en la cocina, y cuando la vea, oraré por vosotros. La cuestión es: ¿Creo en mi Creador? ¿Confío en él? ¿Le confío mi vida? Preguntaos esto. Los jarrones me hacen recordar Isaías 64:8: Sin embargo, oh Eterno, tú eres nuestro Padre. Nosotros lodo, y tú el que nos formaste. Así, obra de tus manos somos todos Lo que nos dice este versículo es que Dios es el Alfarero y nosotros la arcilla. Cuando pensamos en arcilla que es de muchos colores y está en todo lugar, preguntémonos esto: ¿Amo yo a los hijos de Dios, vengan de donde vengan, y sean de donde sean? Mantened siempre en vuestro corazón que todos somos hijos de Dios. Cuando el alfarero toma la arcilla, tiene que pasar por un cierto proceso antes de ser adecuada para hacer una vasija. Una de las cosas más importantes es la preparación de la masa. En Hechos 17:26 leemos: De uno solo hizo todo el linaje de los hombres, para que habitaran en toda la tierra. Y les ha fijado el orden de las estaciones, y los límites de su residencia El versículo 28 dice: Porque en él vivimos, y nos movemos, y existimos En la terminología del alfarero se emplea el término amasar. Es como la masa del pan: le da vueltas y la amasa, la comprime, la golpea, intenta eliminar las burbujas de aire para que no haya imperfecciones ni puntos débiles. También si hay alguna escoria o impureza, la desecha, ya que en caso contrario la vasija explotaría al ser llevada al horno. Algunas veces, en nuestra vida existe algo así como impurezas. Algunas personas os resultan insoportables. ¿Os ha pasado alguna vez? Vivimos en África durante años, y se cree que los misioneros son muy buenos. Pero no... Somos seres humanos. Encontré una vez a una hermana que me irritaba de tal forma, que cuando iba a ayudarle, no podía evitar transpirar copiosamente. Todo lo que ella hacía, me irritaba invariablemente, y oré mucho por mí y por ella. Tuvimos una semana de oración en una escuela en Etiopía. El predicador que tenía las reuniones era un amigo de la juventud --de Newbold--, y le pedí: ¿Puedes ayudarme con esta hermana que para mí representa un gran problema? En realidad no era un problema sólo para mí, sino para muchas otras personas más. Me dijo: 'Esta es mi ayuda: Lee el Camino a Cristo'. Le respondí: '¡Ya lo he leído!' Me dijo: 'Léelo otra vez'. Así lo hice, y dado que se trataba de una reunión de oración y que habría una Cena del Señor al final de las reuniones, me dije: 'He orado todos los días por aquella hermana. Si puedo llegar al punto en que al final de la semana le lave los pies, entonces podré saber que todo está bien'. Así que el sábado le pedí si podía lavarle los pies. Me respondió que sí, así es que lo hice y ¿sabéis?, en mi país después de este servicio de la comunión nos solemos besar. Se lo propuse, y ella me dijo: 'Me parece muy buena idea'. Lo hicimos, y además fue a besar a todas las demás hermanas. Yo pensaba, '¿cómo está haciendo esto esta hermana?' Al volver a casa recapacité: 'Dios no la ha cambiado a ella...' Me di cuenta de que no era ella la que tenía que cambiar, sino yo... Dios la puso en mi camino para mostrarme algo que yo desconocía de mí misma, así es que pedí a Dios que viniera a mi corazón y me cambiara. Poco después nos trasladamos de país. Estando ya en el nuevo destino, cierto día regresaba mi esposo del trabajo, y me dijo: '¿Sabes qué ha discutido hoy el comité? Tenemos nuevos misioneros que llegan'. Le dije: '¡Qué bien!' Me dijo: 'Espera, que te diré quién viene... ¿Podéis adivinar quién era? Así es que volvió a mi vida nuevamente esta hermana, y me dije: 'No es casualidad. Tiene que ser por alguna razón. La primera vez no funcionó, pero ahora he de depender de Dios y poner mi vida en sus manos, y pedirle que me cambie'. Y lo hizo. Ahora me la encuentro, y ya no me hace sudar más. Hemos llegado a ser amigas. Dios puede cambiarnos, nos puede liberar de todas estas impurezas. Mi pregunta es: ¿Habéis sentido la mano de Dios tocar vuestra vida? ¿Qué impurezas hay en vosotros que tienen que ser extirpadas? ¿Estáis dispuestos a que él lo haga? El siguiente paso después de haber preparado la masa, es esparcirla y aplanarla, convirtiéndola en una especie de pizza. Entonces hay que lanzarla al centro y centrarla en el torno. Hay que asegurarse que se ajusta al centro con un contacto franco y perfectamente equilibrada, ya que en caso contrario se produce una vibración anómala, y una vez ha comenzado a vibrar, ya nunca más obtendréis un vaso simétrico. En ese caso, el alfarero tiene que aplastarla completamente y empezar de nuevo a levantarla por su centro, a partir de la placa del torno. A esto que explico podemos llamarlo el "centraje". En Filipenses 2:5 leemos: Haya en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús Cristo ha de ser el centro de la vida cristiana. No podemos estar desviados del centro, ni tampoco podemos estar centrados en nosotros mismos, sino que hemos de estar centrados en Cristo. Pienso en las bailarinas cuando hacen esas piruetas en las que giran rápidamente sobre su eje. Tienen que mantener siempre la vista fija en un punto el máximo tiempo posible en cada giro ya que de otra forma sería muy fácil que se marearan y perdieran el equilibrio. La bailarina fija su vista en un punto, y cada vez que gira, en cada giro vuelve a prestar atención al mismo punto. Mantiene una referencia, mantiene su vista enfocada en un solo punto, y siempre el mismo. Para los cristianos, Cristo es ese punto. Él nos mantiene equilibrados, impide que caigamos presa del vértigo. ¿Está nuestra vida bien equilibrada? ¿Está bien enfocada en Cristo? Después de ese paso del centraje, cuando el alfarero da forma a la vasija, algunas veces tiene en su mente la idea del tipo de vasija que quiere lograr, pero también puede ser que se vaya sorprendiendo de la forma que adquiere, sin tener una idea previa. Sea como fuere, no suele haber dos vasijas iguales: cada una es un poco distinta de las otras, es individualmente peculiar. Es importante saber que Cristo, nuestro Creador, sabía de nosotros, nos tenía en su mente antes de hacernos. Ya nos conocía. En el Salmo 139:15 y 16, leemos: No fueron encubiertos de ti mis huesos, aun cuando en oculto fui formado, y tejido en lo más profundo de la tierra. Tus ojos velan mi embrión, todo eso estaba escrito en tu libro, habías señalado los días de mi vida, cuando aún no existía ninguno de ellos Dios nos conoció antes de que naciéramos. Cuando comprendí esto siendo jovencita, significó mucho para mí. Me hice adventista cuando tenía 17 años. Cierto día iba en bicicleta por la calle, vi el anuncio de unas reuniones y decidí ir. Asistí, y eso transformó mi vida y por ello doy gracias a Dios. También doy gracias a Dios por mi traductora. Es adventista recién bautizada, según me ha comentado, y quizás algunas de estas cosas sean muy nuevas para ella, pero le agradezco su ayuda. Cuando mi madre estaba embarazada sufrió un accidente, y nací prematuramente. Mi madre había de tener gemelos, pero no lo sabía. Su padre no era un buen marido. Le pegaba. Ese fue el motivo por el que perdió a un bebé. Mi madre no sabía que dentro de su vientre quedaba aún otro bebé, pero Dios sí lo sabía. Para mí es muy difícil responder a esta pregunta. ¿Por qué Dios permitió que yo viviera, y mi hermana gemela no? Sabéis que los gemelos tienen una relación muy especial entre ellos. Espero que en cielo encontraré esas respuestas, pero como persona siempre he tenido la impresión de que me falta algo, porque los gemelos tienen una relación muy especial. Quizá los hombres no vais a entender mucho lo que ahora os quiero contar: Una vez estaba en mi iglesia, en Washington. No olvidéis que soy mujer, y esposa de pastor. Estaba allí, saludando a las personas en la entrada, y llegó una hermana de mi iglesia, se me quedó mirando, y me dijo muy contrariada: '¡Oh, no! ¡Me vuelvo a casa!' Le rogué: 'No. No vuelva a casa'. El problema es que casualmente nos habíamos puesto ¡el mismo vestido! Entonces le expliqué cómo había perdido a mi hermana gemela, y le dije: 'Hoy tú serás mi hermana gemela. Nos sentaremos juntas, lo haremos todo juntas'. Así es que nos sentamos una al lado de la otra, comimos juntas... Y me dijo: 'Gracias. Siempre que me vista así, me acordaré de ti'. No hay ni una sola circunstancia adversa en esta vida que Dios no pueda manejar, y trasformarla para bien. Otro paso en la preparación de la masa es la hidratación. Es muy necesario, porque sin agua la masa se volvería seca y se agrietaría. De la misma forma, en la vida del cristiano necesitamos el Espíritu Santo para que venga a nuestras vidas y nos "ablande". El Espíritu Santo viene y nos habla, y no os olvidéis que a veces nos habla en el "silbo apacible". Puedo recordar cómo cierto día sentí como si una voz me dijera casi imperceptiblemente: 'Telefonea a María. Telefonea a María'. Y yo misma me decía: '¿Por qué tendría que telefonearle? Pero lo hice. La llamé. No estaba allí. Entonces recordé cuáles eran sus amigos y les llamé para saber dónde podía estar, y cuando la encontré por fin, me dijo: 'No te imaginas cuánto te necesito, precisamente ahora. Justamente me acaban de dar la noticia de que han arrestado a mi hijo'. Su hijo estaba con un grupo de jóvenes cuando alguien fue asesinado, y pusieron a su hijo en prisión como sospechoso. Allí podía pasar años. Era su hijo único. Oramos juntas. Esto nos acercó mucho como hermanas. Pueden suceder cosas en nuestra vida que hagan necesario que alguien nos ayude, y que estemos juntos. Si oís ese silbo apacible diciéndoos que hagáis algo, prestadle atención. Otra cuestión en cuanto a las vasijas: Cuando me hice adventista, oí esto de que hay que bautizarse sumergiéndose en el agua completamente: el bautismo por inmersión. Para la mayoría es un día esperado con impaciencia. Cuando mi pastor me explicó que esta era la forma en la que solían hacerlo, yo le dije: '¿No hay otra forma en que pudiera hacerlo? Me contestó negativamente. Le sugerí: 'He visto en la iglesia de Inglaterra que les echan un poquito de agua en la frente a los niños, y...' Él me dijo: --'No. No es posible, porque cuando Jesús fue bautizado, se sumergió y salió del agua. Todo él fue sumergido'. Entonces dije al pastor: 'Quizá venga a la iglesia, pero no me bautizaré...' Cuando era niña tuve un problema con los ojos, y durante un cierto tiempo no pude ver. Una señora me cuidaba, y me sumergía en una de aquellas bañeras antiguas echándome agua por encima, y esto me aterrorizaba hasta convertirse en una fobia. Hasta el día de hoy, me ducho, pero no me baño porque conservo ese pánico irracional. Así que le dije al pastor: 'No puedo bautizarme sin sumergirme. ¿Hay alguna solución para mi caso?' Me contestó: 'Sí. Hay una promesa. Lee Isaías 43'. Comencé entonces a comprender el valor de las promesas que Dios nos hace. Isa. 43:2: Cuando pases por el agua, yo seré contigo; y los ríos no te anegarán Cada mañana, antes del día previsto para mi bautismo, mi pastor me telefoneaba y me repetía este versículo, esta promesa, y me animó y acudí a la iglesia. Teníamos el baptisterio en el suelo, y en Inglaterra se hace algo muy bonito en los bautismos: se rodea el baptisterio de flores blancas. Pues bien, un 26 de mayo fui a la iglesia y me dije: 'Sólo tengo 17 años, pero estoy contenta porque alguien me ha conducido a Cristo, y tengo esta promesa de que él estará conmigo'. Así que entré en el agua. Miré a la cara al pastor. Me sumergió, y cuando me levanté estaba rodeada de aquellas flores blancas, y además todos los miembros de la iglesia entonaban un himno, y me sentí en el cielo. Fue el día más maravilloso de mi vida. Doy gracias a Dios por sus promesas. Después de haber dado forma a la vasija, hay que dejarla reposar. La vasija guardará su forma, pero sucede algo. Su tamaño se reducirá ligeramente debido al secado y a la evaporación. Se produce un proceso de contracción. La forma no varía; permanece. Pero disminuye el tamaño, y esto me recuerda la experiencia de Juan el Bautista. En Juan 3:30, leemos las palabras de Juan: Él tiene que crecer, y yo menguar Si somos verdaderamente cristianos, esto ha de ser una idea prominente en nuestra vida. Os pregunto ahora: ¿Es Cristo lo primero para vosotros? ¿Está Cristo obrando en vuestra vida? Cuando hablamos del reposo de la masa antes de entrar al horno, también recordamos el sábado, un tiempo especial que ponemos a parte para él. Si miráis la parte inferior de una vasija, veréis que suele haber una marca: es la marca que pone el alfarero. Si es un buen alfarero, su nombre suma al valor de la vasija. Después del amasado, y después de haberla reposado y marcado, hay que darle el barnizado. En Isaías 1:18 leemos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana En Juan 1:7 leemos: Pero si andamos en la luz, como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado A los creyentes, la sangre de Jesús nos limpia de todo pecado. Cubre cualquier defecto. ¿Recordáis la historia de Rut y Booz? Booz dormía, y Noemí dijo a Rut --su nuera--: 'Ve con él'. Y se acercó a donde estaba él dormido. En este momento ella era una viuda y según la costumbre Booz no era el pariente más próximo, pero hizo una cosa: cubrirla con su ropa. Era como decir: 'Eres mía. Te protejo. Estás bajo mi protección'. Esto es lo que Jesús hace con nosotros: nos cubre con su sangre, nos dice: 'Eres mío'. ¿Estás deseoso de que te cubra el manto de su justicia, o tienes algún otro plan para ti mismo y quieres que te cubra alguna otra cosa? Finalmente hay que introducir la vasija en el horno de fuego, y en Isaías 43:2 leemos: Cuando pases por el fuego, no te quemarás Cuando empecé a estudiar esto encontré algo muy interesante. Tengo una colección de vasijas y piezas de porcelana, ya que cuando viajo me hacen regalos, y así he ido acumulando una buena colección, y tengo muchas clases diferentes de alfarería. Pero no sabía que cuando el fuego está muy alto es cuando se obtiene la mejor porcelana. Así que recordad que cuanto más intenso el fuego, mayor calidad tiene la porcelana. Cuando paséis por una época de dificultades, no os preguntéis, '¿Por qué?' Antes bien creed que Dios os está refinando, y que os está llevando a un nivel superior, que quiere convertiros en una vasija para uso noble. Si queréis ser una vasija útil, tengo un secreto para vosotros. En el libro 'El Camino a Cristo', en la pagina 70 (sería muy positivo si lo pudierais memorizar) dice así: Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti" Si eleváis esta oración de todo corazón, os maravillaréis de la forma en la que Dios puede obrar. A veces, en mis viajes, encuentro a personas de lo más inesperadas. Había en un tren una mujer hindú al lado de la cual me senté. Compartimos la comida. Yo acababa de venir de una sesión de la Conferencia General y tenía en el bolsillo unas cintas de cassette de música hindú, y le dije: 'Oiga esto'. La mujer lo oyó y empezó a llorar. Le pregunté: '¿Por qué llora?' Me dijo: '¿Es posible? ¡Estoy oyendo una canción en mi propia lengua! ¿Sabéis? En la India hay más de 200 idiomas distintos, pero justamente esta era su lengua. ¿Pensáis que fue una casualidad? Yo no sabía lo que decía el canto que estaba escuchando, pero ella me dijo: '¿Cómo puede Dios quererme, siendo que mi marido no me quiere?' Y me contó una historia muy triste. Le dije: 'Dios te quiere'. Durante mucho tiempo nos estuvimos comunicando por teléfono. Doy gracias a Dios por ese cassette, y por haber hecho que me sentara a su lado. En el avión a San Francisco, viniendo de Corea, por alguna razón mi marido y yo no nos pudimos sentar juntos. No lo había visto durante varias semanas, y no me sentía feliz por no tenerlo a mi lado. Él estaba en una fila de asientos, y yo estaba detrás. De vez en cuando lo tocaba para estar segura de que aún estaba allí. Había una pareja entre los dos que me observaba, y les dije: 'Es que es mi marido'. En cierto momento quedó vacante la silla a mi lado. Mientras pensaba en avisar a mi marido, vino un anciano y se sentó a mi lado. Me dije: '¡Vaya mala suerte!' Al sentarse, me susurró: 'Quisiera decirle algo: tengo pánico a los vuelos en avión'. Le dije: 'Confíe. Pondré mi mano aquí, y cuando tenga miedo, sujétese de mi mano y oraré por usted, y estará a salvo. Mi marido, que está allí sentado, tiene que predicar aún mucho, y Dios no va a permitir que este avión ponga fin al ministerio de mi esposo'. A veces, angustiado, se aferraba a mi mano, y me dije: 'Ahora sé por qué Dios ha permitido que esté aquí sentada'. Si mi marido hubiese estado a mi lado, no habría habido forma en la que hubiese podido darle la mano a ese hombre que tenía pánico, ni le hubiese podido hablar de Dios. Dios sabe por qué nos pone en cierto sitios. Aún hay muchas historias que os podría contar, pero el tiempo se acaba. Habéis de dar cada día vuestra vida a Dios. Para mi oración voy a emplear el libro 'Palabras de Vida del Gran Maestro' p. 125. Quiero que penséis en esto en forma personal, cada uno de vosotros: Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, mantenlo puro, porque yo no puedo mantenerlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y desemejante a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 9 Cuando Jesús vino a este mundo, hace 2.000 años, vino para ser el evangelio eterno. Antes de venir, el evangelio eterno era solamente una promesa. Pero por el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Cristo, el evangelio eterno vino a ser una realidad: no ya más una promesa, sino una realidad. Dios escogió al apóstol Pablo para explicar este evangelio. Esa es la razón por la cual casi la mitad del Nuevo Testamento está constituido por las epístolas de Pablo. En este estudio quisiera comentar brevemente un pasaje en el que Pablo explica este evangelio eterno, y en la siguiente reunión prestaremos atención a la forma en la que el Espíritu Santo hace de ello una realidad en nosotros. Buscad en vuestra Biblia Efesios 2:1-10, y vamos a estudiar juntos estos versículos donde Pablo resume el evangelio eterno. En los tres primeros versículos del capítulo 2, Pablo trata del problema del pecado universal: Allí donde Pablo explica el evangelio, siempre comienza explicando el pecado. ¿Por qué? Por dos razones: Primeramente, para destruir toda confianza en el yo. He aquí el problema: el yo está siempre al acecho. En segundo lugar, el evangelio es la solución de Dios al problema del pecado. En los versículos 1 y 2, Pablo emplea el pronombre "vosotros"; en el versículo 3, "nosotros". ¿Por qué? Porque los dos primeros versículos van dirigidos a los gentiles, pero el tercer versículo incluye también a sus compañeros, a los judíos. Leámoslos: Vosotros, estabais muertos en vuestros delitos y pecados. En ellos anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia Si observáis con detenimiento estos dos versículos, Pablo dice a los gentiles que son pecadores. No solamente por naturaleza --eso es lo que dice el versículo 1--, sino también por lo que hacen; es decir, por su conducta. Nuestra naturaleza es pecaminosa, y lo que hacemos es pecar. ¿Quién convirtió nuestra naturaleza en pecaminosa? En Romanos 5:19 Pablo dice: Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos Podemos afirmar que nuestra naturaleza es pecaminosa. ¿Habéis visto alguna vez un manzano que de naranjas? ¿Lo puede hacer? --No: es imposible. El manzano solamente es capaz de producir manzanas. Pablo dice que nuestra naturaleza es pecaminosa, y que lo que hacemos es pecado. La iglesia de Éfeso estaba constituida por judíos y gentiles. Cuando Pablo escribía sus cartas, las enviaba mediante un mensajero. El mensajero, puesto en pie, leía la carta a toda la iglesia. Al leer los dos primeros versículos del capítulo 2, Pablo pudo imaginar a los judíos asintiendo, diciendo: 'Sí, ¡que razón tiene Pablo! Estos gentiles, son todos pecadores...'. Entonces leería el versículo 3, en el que Pablo afirma que '¡los judíos somos igual de impíos!' Entre ellos todos nosotros también vivimos en otro tiempo al impulso de los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, igual que los demás Pablo dice: 'No solamente los gentiles: nosotros también somos igual de pecadores. Igual que ellos por naturaleza, y por lo que hacemos: por naturaleza y por conducta. Es decir: no hay ninguna diferencia entre el judío y el gentil. Ambos necesitamos un salvador'. En los primeros tres versículos Pablo pinta un cuadro mas bien deprimente de lo que es la condición del hombre. No lo hace para desanimarnos, pero quiere que sepamos que no nos podemos salvar a nosotros mismos, ni siquiera en una pequeñísima proporción, sino que ha de ser al cien por cien Cristo, y esta es la razón por la que empieza con el problema del pecado. En Romanos, que trata en mayor detalle el evangelio, dedica desde el 1:18 hasta el capítulo 3, para tratar el problema del pecado. Aquí, en Efesios, lo hace de forma más sumaria. En primer lugar, somos pecadores desde la cabeza hasta los pies. No hay en nosotros nada bueno. Este es el problema del pecado. Ved el versículo 4. A pesar de ser lo que somos, Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó... ¿No es una cosa maravillosa que Dios ame a los pecadores? En el versículo 4, Pablo explica por qué nos salvó Dios. En los versículos 5 y 6, nos explica cómo nos salva, de qué forma. ¿Por qué nos salvó Dios en Jesús? Porque nos ama; no porque lo merezcamos. La palabra que empleó Pablo para el amor de Dios no tiene un equivalente exacto en la mayor parte de los lenguajes actuales. En francés, inglés, alemán, portugués o español, no tenemos equivalente. Es un problema porque dado que no tenemos equivalente, empleamos la misma palabra amor, tanto aplicada al amor divino, como lo hacemos también con el amor humano. Pero Pablo no empleó la misma palabra, sino que empleó el sustantivo ágape. Esta palabra aparece aproximadamente 87 veces en el Nuevo Testamento. No me refiero al verbo, sino al sustantivo (el verbo puede tener un significado distinto). El sustantivo ágape no es sólo diferente, sino opuesto al amor del hombre. Esta es la razón por la cual nunca hemos de procurar comprender el amor de Dios proyectando ideas a partir del amor humano. En el momento en que hacemos esto, pervertimos el evangelio. ¿Por qué? Porque el amor humano es recíproco: yo te amo a ti porque tú me amas a mí. Si me odias, entonces dejaré de amarte. Cuando proyectamos este tipo de amor humano al sublime amor de Dios, decimos a nuestros hijos: 'Si amas a Dios, él te amará y te llevará al cielo'. Así que intentan amar a Dios, pero no lo logran. Intentan ser buenos, sin conseguirlo. Se hacen adolescentes. ¿Sabéis lo que sucede cuando los niños se hacen adolescentes? Se abren sus ojos: ven a los padres pelearse, ven a los profesores pelearse y a veces ven a los pastores pelearse, y se dicen a sí mismos: 'Si estos señores mayores --porque para ellos todo lo que no es adolescente es muy mayor-- no lo han logrado, ¿como voy a lograrlo yo? Hace tiempo, la división de Norteamérica gastó mucho dinero --casi 50.000 €-- investigando por qué nuestros jóvenes están abandonando la iglesia en gran medida. Pagaron a una compañía para hacer una investigación. Encuestaron a 12.000 niños y jóvenes en todo Norte América y Canadá. El 82% de estos jóvenes dijeron no tener ninguna seguridad de su salvación. Les preguntaron: '¿Por qué?' ¿Sabéis lo que respondieron?: 'Porque nuestra conducta no alcanza a la altura de lo que Dios pide'. Tengo algo que deciros: aunque vivieseis tanto tiempo como Matusalén, nunca seréis lo suficientemente buenos como para ser salvos por lo que hacéis. ¿Lo sabíais? No somos salvos porque somos buenos, sino que somos salvos porque Dios nos ama; porque el amor de Dios es incondicional. El amor humano es condicional, es variable. En Estados Unidos cuando dos personas se casan suele ser porque 'se han enamorado'. Un joven se enamora de una joven, y le dice: 'Te amaré hasta la muerte. ¿Te quieres casar conmigo?' Entonces ella también promete lo mismo, y se casan. Pero aquí va esta pregunta: Si unos se casan con otras porque se aman, ¿por qué la tasa de divorcios en América es del 52%, y en nuestra propia iglesia del 49%? Porque el amor humano es variable. Un hombre y una mujer estaban a punto de divorciarse, y dije a la esposa: 'Usted prometió que estaría con él en lo bueno y en lo malo, en la dificultad y en la prosperidad, hasta que la muerte les separe...' Me dijo ella: '¡Es mucho peor de lo que pensaba!' Pero el amor de Dios es incondicional. Nunca llegará un momento en el que Dios deje de amaros. ¿Lo sabíais? Porque su amor es ágape. Os leeré un pasaje para que lo memoricéis. Conservad la cita de Efesios, y leed ahora en Romanos 8:35. Ved la pregunta que hace Pablo: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia? ¿Persecución o hambre? ¿Desnudez, peligro o espada? ¿Por qué hace esta pregunta? Os explicaré: Cuando todo parece ir bien, nuestra fe y nuestros sentimientos corren paralelos; pero cuando enfrentáis un problema, si perdéis vuestro trabajo, si padecéis una enfermedad terrible o mortal, ¿sabéis lo que sucede? Vuestra fe en Cristo y vuestros sentimientos se separan; ya no están en armonía. Vuestros sentimientos os dirán: 'Dios ya no te ama'. Vuestra fe os dice: 'Dios siempre te amará'. Os diré mi experiencia: un año después de que llegáramos a Etiopía tuvo lugar la revolución comunista, y el nuevo gobierno comunista anunció por radio: 'Ya no hay más lugar para Dios en la Etiopía socialista y científica; no queda ningún sitio para Dios'. Así es que me senté y leí a Carl Marx, "el Capital", "el manifiesto comunista". Descubrí que había estado en Francia, también en Inglaterra, y en la revolución industrial del siglo XVII. Leí a Carl Marx, y escribí un libro que se llama 'Cristianismo contra marxismo'. En un país comunista eso es el pecado imperdonable... Cinco años después, cuando mi familia fue trasferida a Kenia, necesitábamos un visado en Etiopía y fuimos a la oficina de inmigración. Nos sentamos mi esposa y yo en un banco, y un oficial examinaba nuestros pasaportes. Teníamos ciudadanía americana. El oficial tenía ante sí un libro negro muy grande. Iba mirando página tras página, y después de media hora me impacienté y fui hacia él. Le dije: '¿Qué está mirando en ese libro? Quizá pueda ayudarle'. Me respondió: 'En este libro tenemos escritos todos los nombres de aquellos que se han opuesto al sistema marxista en este país: los antirrevolucionarios'. Al oír eso me estremecí, ya que había publicado un libro contra el comunismo y había hablado públicamente en contra del comunismo, así es que pregunté al oficial de inmigración: '¿Qué va a hacerme si encuentra mi nombre escrito en este libro?' Fue muy sarcástico. Me dijo: 'No se preocupe: tenemos métodos especiales para la gente así'. Ya sabía lo que eso significaba: un "paseo" por el bosque, y un disparo. Etiopía está plagada de hienas. Esos animales tienen unas mandíbulas muy poderosas, de forma que cuando un grupo de hienas devora su presa se lo comen todo, trituran hasta el último hueso, y desaparece todo rastro del asesinado. Nadie os puede encontrar. Quedáis repartidos en los estómagos de la jauría. No pude oír eso sin que me temblaran las piernas... Mi mujer me susurró: 'Voy a volver a casa sin ti. ¡Viuda!' Estuvo dos horas más mirando aquel libro, y durante esas dos horas mi fe en Cristo y mis sentimientos iban por caminos bien distintos. Mis sentimientos me decían que nunca saldría vivo de aquel país. Me decían: 'Dios ya no me protege más, porque no oí el consejo del presidente de la Unión cuando me dijo que quemase aquel libro antes de publicarlo'. Mis sentimientos eran todos de lo más negro y negativo, pero mi fe me recordaba las palabras de Jesús: "Con amor eterno te he amado". Mi fe me recordaba sus palabras: "Nunca te abandonaré". Mi fe me recordaba: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Me aferré a la fe, y al final de esas dos horas el oficial cerró el libro, tomó el pasaporte y puso el sello. Mi esposa cree que Dios puso su mano para tapar mi nombre --que seguramente estaba en aquel libro--. Yo he pensado que quizá escribieron mi nombre equivocadamente. Sea de una u otra forma, mi hora todavía no había llegado. Necesitamos comprender el amor de Dios. Romanos 8:35: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Quiero que observéis la respuesta: ¿Tribulación o angustia? ¿Persecución o hambre? ¿Desnudez, peligro o espada? Versículos 37-39: Pero Dios, que nos ama, nos ayuda a salir más que vencedores en todo. Por eso estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro ¿No es maravilloso? Nunca llegará un momento en el que Dios deje de amarnos. ¿Por qué os digo esto? Es parte fundamental del evangelio eterno. En el futuro próximo la iglesia cristiana tendrá que afrontar la gran tribulación. Lo podéis llamar el tiempo de angustia. ¿Sabéis cuál será el problema en el tiempo de angustia? Hay todo tipo de especulaciones en nuestra iglesia, pero Isaías nos dice cuál será. En el capítulo 54, versículos del 5 al 8, leemos: Porque tu esposo es tu Creador, el Eterno Todopoderoso es su nombre. El Santo de Israel es tu Redentor; el Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó el Eterno, como a esposa de su juventud que había sido rechazada --dice tu Dios--. Por un breve momento te dejé, pero con gran compasión te volveré a recibir. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento, pero con bondad eterna tendré compasión de ti, --dice tu Redentor, el Eterno Lo que dice Isaías es que en el tiempo de angustia nos sentiremos abandonados por Dios. Nos sentiremos tal como se sintió Jesús en la cruz, y el diablo vendrá a nosotros y nos dirá: '¿Por qué sigues siendo leal a Dios? ¿No te das cuenta de que te ha abandonado?' Pero sabremos por la fe que él nunca nos abandonará. ¿Por qué? Porque su amor es eterno, invariable. La única forma en la que vosotros y yo podemos afrontar el tiempo de angustia es estando enraizados y fundados en el amor ágape de Dios. Volvamos, pues, a Efesios 2. ¿Por qué nos salvó Dios? No porque seamos buenos, sino porque él nos ama incondicionalmente, con un amor eterno. Permitidme que os haga la pregunta: ¿Seremos todavía pecadores después del final del tiempo de gracia? Fijaos bien que no estoy preguntando si seguiremos pecando después del tiempo de gracia. No es esa la pregunta, sino: ¿seguiremos siendo pecadores? --Sí: seguiremos siéndolo. Aunque no estemos pecando, seguiremos siendo pecadores por naturaleza. Sentiremos que somos pecadores. Decidme: cuando tenéis el estomago vacío, ¿qué sentís? --Hambre. Así que, si vuestra naturaleza es pecaminosa, ¿qué sentiréis? --¡Os sentiréis todavía pecadores!, y el diablo sacará partido de esto; jugará con vuestros sentimientos. Os dirá: 'Dios ya no te ama, porque aún eres un pecador'. Recordad: el diablo es embustero, es mentiroso. Nunca llegará un momento en el que Dios os deje de amar, porque él os ha salvado. Mientras estábamos muertos en pecado, mientras éramos débiles, mientras que éramos todavía pecadores; cuando aún éramos flacos, siendo enemigos, nos salvó. Romanos 5:6-10: Porque cuando aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. En verdad, apenas hay quien muere por un justo. Con todo, puede ser que alguno osara morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Así, siendo que hemos sido justificados por su sangre, con más razón ahora, seremos salvos de la ira. Porque si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida Efesios 2:4 nos dice por qué nos salvó (porque nos ama): Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó Pero el hecho de que Dios nos ama incondicionalmente no es suficiente para salvarnos, porque Dios es un Dios santo, es un Dios recto: no puede salvarnos simplemente excusando nuestros pecados, así que en el capítulo 2 de Efesios, versículos 5 y 6, Pablo explica cómo nos salva (el versículo 4 explica por qué nos salvó) Aún estando nosotros muertos en pecados Es una repetición del versículo 1: Aún estando nosotros muertos en pecado, ¿qué hizo Dios?: Nos dio vida juntamente con Cristo Y añade: Por gracia sois salvos Observad que Pablo no dice que seréis salvos, sino que sois salvos. Y es por su gracia, por la vida y la muerte de Cristo. En el versículo 6 dice: Juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús Quiero que observéis que hay una palabra que emplea varias veces: "juntamente". ¿Qué significa "juntamente"? Dios os juntó y me juntó --juntó a toda la raza humana-- con su hijo Jesucristo, y Cristo y nosotros vinimos a estar juntos, este es el significado de "juntamente". Él y nosotros vinimos a ser uno, y cuando él obedeció la ley perfectamente, nosotros estuvimos juntamente con él. Cuando él murió en la cruz, estuvimos juntamente con él. Cuando él resucitó de los muertos, estuvimos juntamente con él. Y cuando él ascendió al cielo, nos llevó juntamente, nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. Este es el evangelio eterno, estas son las buenas nuevas. Amén. Recordad: no sois víctimas del comunismo. Cuando fui a Rumania, cuando la gente cantaba había rostros muy serios, no había amenes, como si no estuviesen disfrutando de la música. Cuando predicaba, encontraba rostros muy serios. ¿Por qué? Porque en el comunismo existe el temor a expresar los sentimientos, así es que les dije: 'Ya no estáis en un país comunista, ya sois libres. ¡Podéis decir amén!' ¿Os estáis gozando en Cristo? Está bien decir amén, es saludable (pero no lo digáis fuera de lugar, como sucede en algunas iglesias en los Estados Unidos). Así que al ponernos "en Cristo" por medio de su vida, muerte, resurrección y ascensión, Dios nos redimió, nos salvó, nos reconcilió. Pero ¿cuándo experimentaréis esta salvación completa? Versículo 7: Para mostrar en los siglos venideros la abundante riqueza de su gracia, en su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús Os quiero señalar algo: todos los verbos en el versículo 5 y 6 están en tiempo pasado; es un tiempo histórico, "aorista". Por gracia fuisteis salvos. Pero el verbo, en el versículo 7, está en futuro. "En los siglos venideros" es cuando podremos mostrar las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Entonces experimentaremos la plenitud de la salvación en Cristo; no la experimentaremos antes de que venga Jesús. ¿Qué sucederá cuando él venga? Que esto corruptible será transformado en incorruptible, y él nos tomará y nos llevará al cielo. Cuándo Dios creó a Adán, antes de la caída, lo creó perfecto: era el número tres. Dios está en primer lugar; los ángeles estaban por debajo, en segundo lugar; y el hombre fue creado un poco menor que los ángeles --como sabéis--, así es que era el tercero. Cuando Adán pecó, descendió aún más, hasta el mismo fondo del pozo. Cristo vino hasta donde estamos nosotros, y esa es la razón por la cual la humanidad de Cristo tiene que ser nuestra misma humanidad necesitada de redención. Si Cristo hubiera venido con la naturaleza humana de Adán antes de la caída, habría habido un tremendo abismo entre él y nosotros. Vino allí donde estábamos nosotros. Eso no es decir que Cristo tenía una naturaleza pecaminosa, porque si decimos esto, quien nos oiga creerá que convertimos a Cristo en un pecador. Lo correcto es decir [tal como escribió E. White], que él tomó sobre su naturaleza impecable nuestra naturaleza pecaminosa [MM 181]. Cuando el Nuevo Testamento habla de la humanidad de Cristo, emplea una palabra muy importante. Os diré cuál es: "hecho", "fue hecho carne" (Juan 1:14), "fue hecho bajo la ley" (Gál. 4:4 y 5), "fue hecho pecado" (2 Cor. 5:21). Fue "hecho" lo que nosotros somos, en cuanto a naturaleza. No podemos decir que él fue un pecador. Su naturaleza divina era impecable, y esa naturaleza divina le pertenece. Pero él tomó nuestra naturaleza pecaminosa. Nosotros pecamos "en Adán", él tomó esta naturaleza para redimirla, y por su vida, muerte y resurrección, nos redimió. El diablo empleó esta naturaleza para tentarlo. Fue tentado como nosotros, pero la tentación no es pecado. Si él hubiera cedido a la tentación, entonces habría sido un pecador. Pero jamás cedió ni en pensamiento, palabra o hecho. Conquistó a la carne y la crucificó en la cruz, y dejó nuestros pecados en la tumba para siempre, resucitando de los muertos con un cuerpo glorificado que vosotros no tenéis ni tendréis hasta que venga Jesús en la segunda venida. Es un maravilloso cuerpo, que puede atravesar las paredes sin ningún problema, puede elevarse por encima de la atmósfera y mucho más allá, con o sin oxígeno, y no precisa de cápsula espacial alguna. No lo tenemos, ni lo tendremos, hasta que Jesús regrese por segunda vez y nos lleve, no allí donde estaba Adán antes de la caída, sino hasta donde él está, a la diestra del Padre. Así que en Cristo Jesús, ya no estamos en tercer lugar, sino que somos uno con él. En cierto sentido estamos en primer lugar, incluso por encima de los ángeles. Así que nadie puede quejarse de la caída de Adán, porque nuestro estado posterior es mejor aún que el que tuvimos antes de la caída. Esta es la razón por la cual la expresión favorita de Pablo es "mucho más", o "más todavía". ¿Qué significa "más todavía"? Es mucho mejor nuestro estado posterior en Cristo, que el que hubo en Adán. Este es el evangelio eterno. Pero ahora, ¿cómo pueden estas buenas nuevas hacerse mías? ¿Tengo acaso que hacer un peregrinaje a tierra santa como hacen los musulmanes? ¿Tenemos acaso que ir a Jerusalem? --No. Nuestra santidad está en Cristo ¿Cómo puede ser hecha mía esta santidad? ¿Qué tengo que hacer para poseer y gozarme en esa salvación? ¿Tengo que dar ofrendas? ¿Tengo que pagar al predicador o al traductor? --No. Pablo nos dice cómo puede ser mía, cómo puede ser vuestra, en los versículos 8 y 9 de Efesios 2: Porque por gracia habéis sido salvados por la fe. Y esto no proviene de vosotros, sino que es el don de Dios Se refiere a la gracia, que es el don de Dios. Así que somos salvos por la gracia solamente, y lo experimentamos sólo por la fe. No por obras, para que nadie se gloríe ¿Qué es la fe? Hay tres cosas que habéis de saber. Hay tres elementos necesarios para que se de la fe. Jesús dijo (Juan 8:32): Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres Y en Romanos 10:17 leemos: Así, la fe viene por el oír Esta es la razón por la que es necesario predicar el evangelio. Primero, pues, tenemos que oír el evangelio --y espero que lo estéis oyendo hoy--. En segundo lugar, habéis de creer lo que oís. ¿Qué es creer? Es un asentimiento mental a lo que oímos. Os daré un ejemplo: En 1961 fui a colportar a Suecia para financiar mis estudios de teología en Newbold College. La población a la que fui estaba 240 Km al sur del círculo Ártico, y tenía una peculiaridad: el sol estaba en el firmamento 24 horas al día. No se ponía durante seis semanas. Los adventistas que hay allí saben que el sábado comienza cuando el sol alcanza su posición más baja, aún sin "ponerse". El primer viernes, a media "noche", fotografié el sol con el reloj para que se viera que a medianoche hay sol. Cuando volví a Nairobi --en África-- les enseñé la foto a algunos africanos que siempre han vivido en el ecuador, latitud en donde todos los días del año se pone el sol a las 6 y media, sin ninguna variación estacional. Un hombre joven protestó: '¿A quién cree que va a engañar con esa foto?' Le pregunté: '¿No crees lo que te explico?' Me respondió: 'Claro que no'. Le dije: '¡Así es que me estás llamando embustero! Me dijo: '¡Pues sí!' Si hubiese tenido dinero, le habría pagado el viaje; lo habría llevado a esa ciudad en junio, y habría visto el sol a medianoche. Entonces habría "creído" sin duda, pero ¡demasiado tarde como para considerarlo fe! ¿Recordáis? Cuando Jesús resucitó de los muertos, los discípulos dijeron a otro discípulo: '¡Ha resucitado!' Y él replicó: '¡Imposible! No creeré si no pongo mis dedos en sus llagas para asegurarme'. ¿Recordáis su nombre? --Tomás, el dídimo. Jesús apareció entonces ante él: Pon tu dedo aquí, y mira mis manos. Acerca tu mano, y ponla en mi costado (Juan 20:28) Tomas cayó arrodillado y exclamó: "¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28) ¿Recordáis lo que Jesús le dijo? Porque me has visto, Tomás, creíste. ¡Dichosos los que no vieron y creyeron! Tener fe implica oír el evangelio, creer el evangelio, pero hay aún otra cosa más, y muy importante: obedecer al evangelio. ¿Qué significa? Ya lo expliqué, pero lo repetiré: aceptar de todo corazón lo que Dios hizo contigo en Cristo. ¿Aceptas su vida como tu vida? ¿Aceptas su muerte como la tuya propia? ¿Aceptas su entierro como el tuyo? Si es así, puedes decir con Pablo: Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gál. 2:20) Esto es justificación por la fe. Efesios 2 no termina en el versículo 9. Muchos cristianos terminan aquí, pero no podemos olvidar el versículo 10: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios de antemano preparó para que anduviésemos en ellas ¿Veis, mis hermanos?, Cristo no nos salvó solamente de la muerte a la vida, o solamente de la condenación a la justificación, sino que también nos salvó de una vida de pecado a una vida de buenas obras. Estas buenas obras no nos salvan: el versículo 9 lo dice claramente: No por obras, para que nadie se gloríe Pero estas obras testifican que hemos sido salvos, y esto es en esencia el evangelio eterno. Esta es mi oración: que conozcáis esta verdad, que creáis esta verdad, que obedezcáis esta verdad, y que revolucionéis Europa con el evangelio. Esta es mi oración en Cristo. Amén El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 10 Quisiera deciros algo a propósito del sábado. Hemos estado predicando el sábado desde hace ya más de 150 años, sin embargo hemos causado un impacto muy limitado en el mundo cristiano, y nos hemos de preguntar por qué. La Biblia aborda el sábado desde dos puntos de vista diferentes: desde el punto de vista de la ley, y desde el punto de vista de la redención. Desgraciadamente --como iglesia-- nos hemos limitado casi exclusivamente al punto de vista de la ley, lo que ha facilitado que se nos acuse de legalismo. Es importante que prestemos atención al punto de vista de la redención, al hablar del sábado. Recordaremos algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento: Éxodo 31:12 y 13: Además, el Eterno dijo a Moisés: "Di a los israelitas: Guardad mis sábados, porque el sábado es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que Yo Soy el Eterno que os santifico Observad que el sábado fue dado como señal de que es Dios quien nos santifica. Versículo 16: Guardarán, pues, el sábado los israelitas, celebrándolo de generación en generación, por pacto perpetuo En otras palabras, como pacto eterno --y es lo mismo que el evangelio eterno--. En Deuteronomio 5, Moisés repite los Diez Mandamientos, y al llegar al sábado, ved lo que dice (versículo 15): Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto, y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido Los judíos eran esclavos en Egipto; no se podían librar a ellos mismos. Dios los libró con brazo poderoso. Por eso el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el sábado Esto tiene que ver con la redención. De hecho, en 1 Corintios 10, Pablo emplea el éxodo como un tipo o símbolo de la redención. El sábado tiene un sentido redentor. Hagamos un resumen de Hebreos 4. En el capítulo 3:12-15, Pablo explica por qué los judíos que fueron librados de Egipto no llegaron nunca a la tierra prometida, sino que murieron en el desierto. ¿Qué pecado cometieron? Os leeré algunos textos. Hebreos 3:12: Mirad, hermanos, Está escribiendo a los judíos del Nuevo Testamento Que en ninguno de vosotros haya un corazón malo e incrédulo que lo aparte del Dios vivo Y esto es lo que hicieron los judíos del éxodo. Empezando en el versículo 17: ¿Con quiénes estuvo Dios enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Cuál fue su pecado? Vedlo en los versículos 18 y 19: ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que desobedecieron? Y no pudieron entrar debido a su incredulidad Este es el pecado imperdonable --la incredulidad. Basándose en ese hecho, esto es lo que dice Pablo (capítulo 4): Siendo que la promesa de entrar en su reposo, permanece aún, cuidad que ninguno de vosotros parezca rezagado. Porque también a nosotros, como a ellos, se nos anunció el evangelio Ellos son los judíos del éxodo y nosotros los creyentes del Nuevo Testamento. Dice: Pero la Palabra que oyeron no les aprovechó, porque no se unieron por la fe a los que oyeron Versículo 3: Porque los que hemos creído entramos en el reposo Sólo aquellos que creen entran en el reposo, y en el versículo 4, relaciona este reposo con el sábado: Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: "Dios reposó de todas sus obras en el séptimo día" Y en el versículo 9 leemos esto, que va dirigido a los "judíos" (creyentes) del Nuevo Testamento: Por tanto, queda un reposo sabático para el pueblo de Dios Esta palabra --reposo--, en griego es sabatismos: observancia sabática, o reposo del sábado. ¿No guardaban el sábado los judíos? --Sí, siguen guardando el día, el día del sábado, pero guardar el sábado no salva a nadie: es el Señor del sábado el que salva. Guardar el día, y rechazar al Señor del sábado no salva a nadie. Los judíos guardan el día del sábado a fin de ganar su salvación, pero oíd el versículo 10. Esta es la razón por la que guardamos el sábado: Porque el que ha entrado en su reposo, también descansa de sus obras, como Dios de las suyas Nuestro reposo sabático no tiene merito alguno; no es meritorio. Es para recordar que estamos reposando en la obra completa de Dios. Digámoslo de esta forma: En primer lugar, el sábado pertenece a Dios. No pertenece a los judíos; no pertenece a los adventistas: pertenece a Dios. La Biblia lo expresa muy claramente: El séptimo día es sábado para Jehová tu Dios (Éxodo 20:10) Dios dijo: Guardaréis mis sábados (Éxodo 31:13) En Isaías 58:13 y 14, Dios llama al sábado "mi día santo": Si retiras tu pie de pisotear el sábado, de hacer tu voluntad en mi día santo, y si al sábado llamas delicia, santo, glorioso del Eterno, y lo veneras, no siguiendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando palabras vanas, "entonces te deleitarás en el Señor, y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te sustentaré con la herencia de Jacob tu padre"; porque la boca del Eterno lo ha dicho Y en el Nuevo Testamento, en Mateo, en Marcos, en Lucas, dijo: El Hijo del Hombre es Señor del sábado (Mateo 12:8, Marcos 2:28, Lucas 6:5) Hagamos una pregunta: ¿Quién creó este mundo? Según aclara el Nuevo Testamento, Jesucristo. --Sí, muchos textos lo afirman: en Juan 3, en Efesios, en Hechos... Jesús es el creador. ¿Cuánto tiempo le tomó crear este mundo? --Seis días. ¿Qué hizo en el séptimo día? --Descansó. ¿Por qué? No porque estuviera cansado: él no necesita descansar (Isaías 40:28). Hay dos grandes razones por las que reposó el sábado. Primeramente, porque lo que él había creado... era bueno en gran manera (Génesis 1:31) ¡Era perfecto! En segundo lugar, porque su obra era completa, acabada. El cielo y la tierra fueron terminados: no podemos añadirle nada a la creación, no podemos mejorarla; era una cosa completa y perfectamente acabada. El sábado, por lo tanto, señala a Dios, que acabó nuestra creación. Pero observad esto cuidadosamente: ¿Cuál de los seis días creó Dios a la humanidad en Adán? --El sexto. ¿Al principio, o al final del sexto día? --Al final, ya que en ese mismo sexto día también hizo a los cuadrúpedos, a los animales terrestres. Así pues, ¿qué hicieron Adán y Eva el primer día completo de su vida? (observad que para Adán y Eva no era su séptimo día: era el primer día completo, aunque para Dios era el séptimo día): --Reposaron. Adán y Eva comenzaron reposando. Escuchad con atención: el sábado fue hecho para el hombre. Lo dice Jesús. ¿Por qué? Jesús dedicó seis días a la creación de este mundo, un mundo perfecto, y dio el dominio de este mundo a Adán y a Eva. Así que cuando Adán reposó en el sábado de Dios, entró en el reposo de Dios. Aceptó lo que Dios le dio, y en los siguientes seis días disfrutó de la creación. Cuando observamos el sábado desde el punto de vista de Dios, desde el punto de vista de Jesucristo el Creador, primero obra y después reposa, y reposa porque la obra es (1) perfecta y (2) completa. Cuando observamos el sábado desde el punto de vista del hombre, no empezamos obrando sino que empezamos reposando en la obra de Cristo, y sólo después podemos gozar lo que él ha hecho por nosotros. Pero desgraciadamente hemos arruinado la creación de Dios, y el mundo hoy dista mucho de ser perfecto. Nada hay perfecto hoy en el mundo. Así que Jesús tuvo que tomar una decisión: '¿Destruiré este mundo y empezaré otro nuevo, o lo redimiré?' Y Jesús eligió redimirlo. Jesús, que nos creó, que creó este mundo que nosotros estamos arruinando, vino a este mundo a redimirnos, y cierto día clamó: ¡Consumado está! (Juan 19:30) ¿Qué se consumó? --Nuestra redención, ¿Qué día fue? --El sexto día; y además fue al final del sexto día. ¿Qué hizo en el sábado? Reposó en la tumba. ¿Por qué? Porque su obra estaba acabada, completa. Y era perfecta. Jesús restauró así el sábado, y le dio ahora un significado redentor, así que hoy el sábado lo observamos porque reposamos en su redención. Hoy guardamos el sábado bajo el nuevo pacto, y un día Jesús vendrá y creará un cielo nuevo y una nueva tierra. ¿Qué haremos entonces cada sábado? Isaías 66:23: De mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar ante mí Iremos a adorarlo, así que el sábado señala (1) a una creación perfecta --que nosotros arruinamos--; (2) señala a una redención perfecta; y (3) señala a una restauración perfecta. Esta es la razón por la que guardamos el sábado, y cuando proclamáis esto a un cristiano de otra denominación, no lo podrá rebatir. Habrá de admitir que el sábado es muy importante en su relación con el evangelio eterno. Tengo varias ilustraciones. Daremos sólo una por la brevedad del tiempo. Cuando Idí Amín Dadá tomó el poder en Uganda, su objetivo fue destruir la iglesia cristiana, ya que él era musulmán. Hizo un anuncio: 'En cinco años convertiré a Uganda en un país musulmán'. No sabía con quién estaba luchando. Lo primero que hizo fue prohibir 27 denominaciones, incluyendo la Adventista. Durante ocho años nuestras iglesias fueron cerradas y nuestra gente se reunía y adoraba en las casas. Parece terrible, lo sé, pero ¿sabéis?, durante estos ocho años bautizamos a más personas que durante los ocho años anteriores, así que la persecución es a veces una bendición. Los bautizábamos en bañeras, en ríos, a media noche cuando no nos podían ver. Una vez estábamos llevando a unos estudiantes a bautizarse al lago Victoria, y un soldado de Idí Amín Dadá nos vio, así es que preguntó al pastor: '¿Qué está haciendo con estos jóvenes?' Dios puso maravillosas palabras en la boca de esta pastor. No dijo: 'Voy a bautizarlos en Cristo', sino que dijo: 'Voy a enterrarlos'. Al soldado le pareció muy bien y los dejo ir. "Voy a enterrarlos". Era verdad, no era ninguna exageración. Después que fui exiliado, el primer ministro del nuevo gobierno de Uganda fue un adventista. Se levantó la prohibición, y recibí una llamada telefónica de los estudiantes de la universidad del gobierno, que me dijeron: Durante ocho años no hemos podido orar, ni adorar. ¿Puede venir y hacer una semana de oración?. Les dije: '¡Claro que puedo!' Hicimos la publicidad. Los estudiantes adventistas eran treinta, pero vinieron otros 150 cristianos no adventistas a la reunión de oración, porque también habían sido privados de poder reunirse y adorar. Les prediqué el evangelio. Hacia el final aparté un tiempo para preguntas y respuestas, y se levantó una señorita y me preguntó: '¿Es usted pastor adventista?'. Le respondí: 'Sí. La publicidad no lo oculta'. Me dijo: 'Sí, lo se. De ahí mi pregunta: '¿Por qué no ha predicado sobre el sábado?' Antes de que pudiera responder, añadió: 'Yo sé por qué'. Le dije: '¿Lo sabe? ¡Diga por qué!' Me dijo: 'Porque tiene miedo de predicarnos el sábado a nosotros, que somos estudiantes universitarios'. Le dije: 'Joven, tiene razón: temo predicar sobre el sábado, pero no porque sea universitaria sino porque si lo hago, no podrá dormir hasta que no cambie y empiece a guardarlo'. Y me dijo: 'Le desafío a que lo intente'. Y tres estudiantes más que eran pentecostales me dijeron: 'Sí. Le desafiamos: nos añadimos al desafío'. Les dije: 'Bien, pues mañana os predicaré sobre el sábado'. Y les prediqué, no desde el punto de vista de la ley, sino desde el punto de vista de la redención. Cuando terminé, la joven vino a mí y me dijo: 'Me arrepiento de haberle desafiado. ¿Sabe quién soy?'. Le dije: '¿Quién es? Me respondió: 'Mi padre es el arzobispo de la iglesia anglicana. ¿Cómo puedo cambiar, tras haber comprendido esa verdad?'. Le dije : 'Ahora es su problema: ya le avisé, y ya he predicado'. No tenemos nada que temer, hermanos, en cuanto al sábado. No tenemos absolutamente nada que temer de la defensa de ninguna doctrina, pero la tenemos que predicar a la luz del evangelio. Todas nuestras doctrinas deben ser predicadas en el contexto del evangelio eterno, y entonces nadie podrá acusarnos de ser legalistas. En segundo lugar, todas nuestras doctrinas deben ser presentadas y defendidas mediante la Palabra de Dios, que es en la que se basan. Nadie podrá entonces acusarnos con verdad de ser una secta. Es mi oración que guardéis el sábado por la razón correcta, no porque queréis ser salvos obedeciendo la Ley, sino porque estáis descansando, reposando, en la obra perfecta y completa del Salvador, de Jesús. Oremos: Padre celestial, te damos gracias de que no nos abandonaste en el terrible pozo del pecado en el que caímos, sino que enviaste a Jesús, quien nos había creado, para redimirnos. Te agradecemos que al redimirnos y al terminar la obra de la redención en el sexto día de la semana, Jesús restauró el reposo del sábado y le diste un significado redentor. Ayúdanos a predicar este mensaje centrándolo en Cristo, nuestra justicia. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén. El Evangelio del Espíritu Santo Tema nº 11 Todas las cosas buenas se acaban. Esta es la última reunión y me gustaría tener una sesión de preguntas y respuestas, pero el tiempo disponible es limitado y Jesús prometió que el Espíritu Santo nos llevará a toda la verdad, así que dedicad tiempo en casa a estudiar la Palabra de Dios. El objetivo último del Espíritu Santo es nuestra semejanza con Cristo, y ha llegado el momento cuando el cuarto ángel tiene que llenar de poder a los tres ángeles, por así decirlo, de forma que toda la tierra será llena con la gloria de Jesús, y el Espíritu Santo lo va a llevar a cabo a través vuestro y a través mío. En este estudio final quiero hablar de la obra de purificación del Espíritu Santo. Tiene dos aspectos. Los podemos ver desde el punto de vista negativo, o positivo. Veamos dos versículos al propósito: 2 Corintios 4:10: Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo De una parte, la vida vieja tiene que experimentar cada día la muerte, la muerte al viejo hombre, de forma que la vida de Cristo pueda ser revelada en nosotros cada vez más plenamente. También lo podéis ver en Filipenses 3:9 y 10: Ser hallado en él, no en mi propia justicia, que viene por la Ley, sino en la que es por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios por la fe. A fin de conocer a Cristo, conocer la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte Os quiero señalar un versículo muy importante, que muestra lo que es capaz de hacer el Espíritu Santo. Algunos enseñan hoy que es imposible vencer completamente al pecado. Leamos Romanos 8:11: Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús habita en vosotros, el que levantó a Cristo Jesús de entre los muertos, vivificará también vuestro cuerpo mortal, por medio de su Espíritu que habita en vosotros Analicemos el texto: ¿Qué fue lo que mató a Cristo? --Nuestros pecados. No fue la cruz --observad bien esto-- sino nuestros pecados, porque el crucificado tarda entre 3 y 7 días en morir. Esta es la razón por la que Pilato se sorprendió cuando José de Arimatea le refirió que Jesús estaba ya muerto el viernes por la noche. De hecho, no se lo creyó hasta que lo preguntó al centurión: --¿Es cierto? Solamente cuando el centurión ratificó el hecho, Pilato dijo a José de Arimatea: --Sí. Puedes enterrarlo en tu campo. Son nuestros pecados los que lo pusieron en la tumba, los que lo mataron. ¿Cuántos de nuestros pecados? --Todos ellos; todos los pecados del mundo, y cada pecado que estéis cometiendo, que hayáis cometido o que cometáis vosotros o cualquier otro; todos los pecados del mundo, pero aquí va mi pregunta: Cuando os mata el pecado, ¿por cuánto tiempo lo hace? ¿Qué tipo de muerte os ocasiona? ¿Es una muerte temporal? Cuando el pecado mata a alguien, ¿por cuánto tiempo lo mata? --Por la eternidad: la paga del pecado es la muerte, pero la muerte eterna: la segunda muerte. Así es que nuestros pecados llevaron a la tumba a Cristo, pero aquí esta la pregunta: ¿Lo pusieron en la tumba eternamente? --No: resucitó de los muertos, y lo que Pablo dice en el versículo es: el hecho de que el Espíritu fue capaz de resucitar a Cristo demuestra que el Espíritu Santo tiene mayor poder que la suma de todos los pecados del mundo. Nuestros pecados pudieron matar a Jesucristo, pero no pudieron retenerlo en la tumba. El Espíritu Santo venció a la tumba. Jesús venció, y recordad que la tumba --la muerte--, es el poder último del pecado. Como dice 1 Corintios 15:56, el aguijón de la muerte es el pecado. Ese mismo Espíritu que venció todos nuestros pecados en Cristo --según dice Pablo--, ¿dónde ha de morar hoy? ¿Qué dice Romanos 8:11? Ha de morar en nosotros los creyentes, y Dios es el mismo ayer y hoy y por los siglos, en él no hay mudanza ni sombra de variación, así es que ¿puede, o no, el Espíritu Santo daros la victoria sobre vuestra carne? --Puede. ¿Cuál es la prueba? --La resurrección de Cristo. Pablo dice: 'Quiero experimentar ese poder'. Pero a fin de que ese poder pueda ser experimentado, hay una obra que hacer (la parte negativa): la carne ha de morir, a fin de que el Espíritu pueda resucitarnos a la vida nueva. Ahora quiero aclarar esto que ya mencioné ayer y que hoy repetiré: la mayor batalla que vosotros y yo hemos de pelear, es la batalla del yo. Ved cuál es el problema. Leemos Isaías 53, primera parte del versículo 6: Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se desvió por su camino Este seguir el camino de cada uno, es el corazón del pecado. Filipenses 2:21: Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús ¿Cuántos buscan lo suyo propio? ¡Lo dice el versículo! ¡Todos! No buscan las cosas de Cristo; ese es el problema. Esta es la razón por la cual la antigua vida --el viejo hombre-- ha de morir cada día: es lo mismo que someter la antigua vida a la muerte de la cruz. Con Cristo estoy crucificado (Gálatas 2:20) Podemos decir esto con Pablo, pero eso sólo se puede hacer por la fe, porque el viejo hombre todavía esta vivo. Es sólo por la fe como podemos ponerlo en práctica cada día, y Dios nos ayuda. ¿Cómo? Aquí viene la obra de purificación del Espíritu Santo. Ved en Hebreos 12 cómo lo hace Dios. Tal como mencionamos ya, es un proceso doloroso. Versículos 5 al 11: Y ya habéis olvidado la exhortación que como a hijos os dirige el Señor, al decir: "Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él. Porque el Señor reprende al que ama, y azota a todo el que recibe por hijo." Soportad las pruebas como disciplina, pues Dios os trata como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Si os dejara sin disciplina, de la cual todos participan, seríais bastardos, y no hijos. Por otra parte, nuestros padres terrenales nos disciplinaron, y los respetábamos. ¡Con cuánta más razón debiéramos someternos al Padre de los espíritus, y vivir! Nuestros padres nos disciplinaban por pocos días, como a ellos les parecía. Pero Dios nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Es verdad que al presente, ninguna disciplina parece ser motivo de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella son ejercitados A veces pasamos por tiempos difíciles, a veces atravesamos tiempos dolorosos y preguntamos a Dios: --¿Por qué? Nunca tenéis que preguntarle a Dios '¿Por qué estoy pasando por esto?' Más bien tenéis que preguntarle: '¿Qué estas intentando enseñarme con esta experiencia?' En Romanos 8:28, Pablo dice: Sabemos que todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios, de los que han sido llamados según su propósito Esta es la obra de refinamiento del Espíritu Santo. A través de esta experiencia, Dios pone el yo en la tumba, crucifica el yo de forma que la vida de Cristo remplace la vida del yo. ¿Cuál debiera ser nuestra actitud al respecto? Vedla en Romanos 12:1: Así, hermanos, os ruego por la misericordia de Dios, que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto razonable. Y no os conforméis a este mundo Hacemos aquí una pausa. ¿Qué quiere decir Pablo con esta expresión: "Y no os conforméis a este mundo"? El mundo está dirigido por tres fuerzas principales, que son: Los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la soberbia de la vida (1 Juan 2:15 y 16) Estos son los tres motores del mundo, y Pablo dice: --No os conforméis con esos tres principios corruptos. En Romanos 12:2 leemos: Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que podáis comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta En sentido espiritual --no estamos analizando la composición del ser humano--, la Biblia habla del "espíritu", refiriéndose al "hombre interior" y el "cuerpo", que es el hombre exterior o envoltura. Para que el espíritu pueda brillar a través del cuerpo, ha de crucificar cada día el yo. La batalla se libra en la mente. Se trata de una obra diaria. Nunca os licenciaréis; nunca acabaréis la carrera. No es como ir al seminario, en que un día acabáis el curso. Aquí continuáis hasta que muráis, o hasta que Cristo venga. ¿Sabéis cuál es la última carta que escribió Pablo antes de morir? Hay dos cartas que escribió en la cárcel de Roma antes de ser ejecutado, Filipenses y 2 Timoteo. En 2 Timoteo, Pablo dice a Timoteo: 'Guarda el Evangelio. Habrá falsos maestros, hasta incluso dentro de la iglesia. Intentarán pervertir el evangelio. Timoteo, te encargo que guardes este evangelio, que lo protejas, que lo custodies. No permitas que nadie lo pervierta, porque yo estoy a punto de morir'. Y en Filipenses --recordad que está a punto de morir--, ha alcanzado el final de su vida. Durante al menos 30 años ha sido un siervo del Señor; ha sufrido muchas cosas, varios naufragios, varios azotes, aprisionamiento, y nunca se quejó. Lo aceptó como la obra que Dios hacía para refinarlo. Ved ahora lo que dice en el capítulo 3, versículo 12: No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fui también alcanzado por Cristo Jesús Aquí está el gran apóstol Pablo diciendo que no considera que haya alcanzado la meta, sino que sigue procurando alcanzar aquello para lo cual ya fue alcanzado por Cristo. Versículo 13: Hermanos, no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago, olvido lo que queda atrás, me extiendo a lo que está delante, y prosigo a la meta, al premio al que Dios me ha llamado desde el cielo en Cristo Jesús Esta tiene que ser nuestra actitud, así que allí donde Dios nos coloque --no sé en qué lugar os puede colocar a cada uno--, nunca os quejéis: aceptadlo como el proceso de refinamiento de Dios para vosotros. Cuando mi esposa y yo fuimos deportados de Uganda por Idí Amín, lo perdimos todo. Nos congelaron la cuenta bancaria, nos quitaron todas nuestras propiedades, todo nuestro equipo, nuestros objetos necesarios, los utensilios de cocina... todo lo que se nos permitió llevar era una pequeñísima maleta que no pesaría más de 20 Kg. Lo perdimos todo, y habría sido muy fácil empezar a quejarse, ¿no os parece? Habíamos estado sirviendo a Dios, éramos misioneros y habríamos podido decirle a Dios: 'Señor, ¿por qué?' Estábamos nosotros dos, y otro doctor y su esposa. Los cuatro fuimos deportados. El doctor me dijo: '¿Qué vas a hacer con tus pertenencias?' Le dije: '¿Qué quieres decir? No nos permiten llevarlas'. Me dijo: 'Lo sé, pero puedes sobornar a los soldados y decirles que pongan tus pertenencias en el avión'. Él lo hizo así. Puso todas las pertenencias en 16 cajas y sobornó a los soldados. Estos se prestaron gustosos a poner su equipaje en el avión a cambio del dinero entregado. Yo le dije: 'No puedo hacer eso. Estas cosas pertenecen a Dios, porque yo pertenezco a Dios. Simplemente pongo mis pertenencias en sus manos'. Él me dijo: '¡Estás loco!' Le dije: 'Ya sé que te parezco un insensato' Todos lo que estábamos en el avión éramos deportados por Idí Amín. Lo habíamos perdido todo. Muchos lloraban, muchos maldecían, excepto dos de nosotros. Una señorita le dijo a mi esposa: ¿Por qué no estáis llorando ni os quejáis? ¡Lo habéis perdido todo! Mi esposa le dijo: 'Sí. Lo hemos perdido todo, pero nuestra fe la hemos puesto en Dios. Estamos en sus manos'. La señorita dijo: 'Está loca'. Fuimos enviados a Etiopía. El doctor que había puesto todas sus pertenencias en 16 cajas sólo recibió 3 de las 16. Cuando abrió esas tres tuvo una buena sorpresa: los soldados habían abierto las 16 cajas, juntaron todos los papeles empleados para envolver los objetos y los metieron en aquellas 3 cajas en lugar de los objetos sustraídos. Se quedó sin nada. Cuando me fui, le dije al que ocupó mi lugar en Uganda: 'Cuando me vaya, no dé mis pertenencias al ayuntamiento; déselas a los adventistas pobres en la misión'. Y me fui. Ese hombre no tuvo corazón para dar mis cosas, así que tomó todas mis pertenencias y las puso en un gran contenedor, fue a la aduana y les dijo: 'Quiero enviar este contenedor a Etiopía'. Y en la oficina de aduanas, que era musulmana, le dijeron: '¿A quién pertenece todo esto? ¿Pertenece a uno de estos hombres que fueron deportados por Idí Amín?' Y dijo: 'Sí. Era nuestro pastor'. Y los musulmanes se dijeron: 'Si digo que no, quizá Alá me castigue'. Así es que firmaron el documento de autorización, y un día recibí una llamada telefónica de la estación de tren en la que me decían: 'Venga y recoja una mercancía suya que ha llegado'. Pregunté con sorpresa: '¿Qué mercancía?' Pensé que sería una cajita o unos libros que alguien me enviaba, así que fui a la estación de tren y me llevaron al exterior, al anden y vi aquel enorme contenedor. Aquello no cabía en mi coche, así es que tuve que alquilar un camión y traerlo a casa. Cuando lo abrí vi que todo estaba allí. Dios había probado nuestra fe. Llamé al doctor, y al explicarle el asunto me dijo: 'Que gran suerte tuviste'... Le dije: 'No. No es cuestión de suerte. Tú dependiste de la carne, de ti mismo, y ahora no tienes nada. Yo dependí de Dios, y lo tengo todo'. Pero, ¿qué pasó con el automóvil que tenía en Kenia? El departamento de gobierno me dijo: 'Queremos comprarle ese coche'. Les habían dado permiso para pagarme en dólares, ya que la moneda de Uganda no valía nada. Me dijeron: 'No será usted quien decida el precio, sino que es el mecánico del gobierno quien decidirá lo que vale'. Así fue. Había tenido durante cinco años aquel coche, y el dinero que me dieron era tres mil dólares más de lo que yo había pagado por comprarlo. Tenemos un Dios maravilloso. Así es que cuando afronto el futuro hoy, miro mis experiencias del pasado y sé que en el tiempo de angustia, si lo pierdo todo, puedo seguir confiando en Dios. Dios nos hará pasar a cada uno de nosotros por experiencias como estas. No hemos de lamentarnos porque Dios haya permitido tal o cual desgracia. Recordad: todas las cosas, no sólo las buenas, sino: Todas las cosas obran para el bien de los que aman a Dios (Romanos 8:28) No lo comprenderemos en este tiempo, pero después producirá el fruto apacible de justicia. Ahora quisiera ir a un punto distinto. Hay hoy una enseñanza en la iglesia cristiana, según la cual, antes de que venga el tiempo de angustia todos los cristianos serán raptados al cielo. Es la doctrina del rapto secreto, muy popular en el mundo evangélico. Dicen que las promesas que Dios hizo a Israel se cumplirán en ese tiempo del fin. Pero, ¿qué dijo Jesús a Israel? Vuestra casa quedará desolada (Lucas 13:35) Así que quiero mostraros rápidamente que "Israel", a los ojos de Dios, es el pueblo de Dios. Ya no es más el Israel del Oriente Medio, sino el pueblo de Dios. Vedlo en Romanos 9. Antes de leeros el texto os he de explicar algo. Dios dio a Israel tres padres: Abrahán, Isaac, y Jacob. Estos son de alguna forma los tres padres terrenales de Israel. Los judíos creían que siendo descendientes carnales de esos tres padres asegurabais vuestra pertenencia a Israel, porque Dios había dicho a estos tres padres: 'Todos vuestros hijos irán al cielo'. Así que Jesús dijo a esta nación judía: Vuestra casa quedará desolada (Lucas 13:35) Y los judíos respondieron: Si nos perdemos, entonces Dios ha fallado en cumplir su promesa. Romanos 9:6: No es que la Palabra de Dios haya fallado, sino que no todos los que descienden de Israel son israelitas Así es que veis que emplea dos veces la palabra Israel e israelitas. La primera --"Israel"-- es la nación; la segunda --"israelitas"--, se refiere a Jacob. Recordad que a Jacob se le cambió el nombre. Se le llamó Israel. Versículo 7: Ni por ser descendientes de Abrahán, son todos hijos. Sino que: "En Isaac te será llamada descendencia" Ved el versículo 8: Esto quiere decir, que no los hijos según la carne son los hijos de Dios, sino los hijos de la promesa son contados como descendientes ¿Por qué Dios dio a Israel estos tres padres? Porque cada uno de ellos representa al pueblo de Dios. Estos tres padres representan tres cualidades que vosotros y yo hemos de poseer. Abrahán representa la fe. Vedlo en Romanos 4:16-18. En Gálatas 3, Pablo dice claramente que si tenéis la fe de Abrahán, sois hijos de Dios (ver Gálatas 3:6 y 9). Para ser, pues, un hijo de Abrahán, hay que tener la fe de Abrahán. Segundo punto: Isaac. ¿Qué tiene de especial Isaac? ¿Qué hizo? --Nada especial, pero su nacimiento fue un milagro. Dios vino a Abrahán y le prometió un hijo. ¿Qué edad tenía Abrahán cuando se le hizo la promesa? --75 años (Génesis 12:4). Cuando Dios cumplió su promesa, Abrahán tenía 100 años; es decir, pasaron 25 años. ¿Por qué esperó Dios 25 años? Os diré el porqué: para que toda posibilidad de conseguirlo de forma natural --humanamente-- quedara descartada. Para que se viera que era imposible para Abrahán producir ese hijo prometido a través de Sara. ¿Por qué? Porque había pasado ya la edad de engendrar, la edad fértil, y Dios dijo a Abrahán: '¿Crees que todavía te puedo dar un hijo?' Abrahán le dijo: 'Sí. Tú puedes hacer lo imposible'. En Gálatas 4:21 hasta el final --leedlo cuando podáis-- Pablo toma los dos hijos de Abrahán: Ismael e Isaac. Ismael es el hijo de la carne, e Isaac nacido de arriba, y dice: 'Estos dos son los dos pactos'. Los emplea como una ilustración. Ismael representa el legalismo. Isaac representa a Dios cumpliendo su promesa. Y en el versículo 28, Pablo declara: Así, hermanos, como Isaac, nosotros somos hijos de la promesa "Nosotros" significa los cristianos, los creyentes. Abrahán representa la fe; Isaac representa el nuevo nacimiento. ¿Recordáis lo que dijo Jesús a Nicodemo?: 'A menos que nazcas de arriba, a menos que nazcas del Espíritu, no puedes entrar en el reino de los cielos'. ¿Qué hay en cuanto a Jacob? ¿Qué significa Jacob? Significa "engañador". ¡Vaya nombre para un hijo de Dios! ¿Qué problema tenía Jacob? Dios había prometido a Rebeca que Jacob, que era el más joven de sus hijos gemelos, tendría la primogenitura. Esto va en contra de la ley de Moisés sobre la primogenitura, que dice que el primero es el primogénito. Sin embargo, se la daría a Jacob. Pero ¿qué hizo Jacob? Intentó ganarla, conseguirla. ¿Qué hizo cuando nació? Cogió el tobillo de su hermano, como diciéndole: '¿No te das cuenta que se supone que he de nacer yo primero?' ¿Tuvo éxito? --No. Nació primero Esaú. Un día llegó Esaú a casa sin haber cazado nada, desfallecido por el hambre, y olió la comida preparada. Entonces Jacob se dijo: 'Esta es mi ocasión', y dijo a Esaú: 'te puedo dar el plato de comida, pero a cambio de la primogenitura'. Es decir, intentó hacer algo que Dios había prometido ya, lo mismo que a veces nos esforzamos por vivir la vida cristiana siendo que Dios ya ha prometido hacerlo en nosotros. Esaú dijo: '¿Para qué me sirve la primogenitura si me estoy muriendo de hambre?' Así es que le respondió: 'Bien. Te doy la primogenitura'. Después de haber comido aquel plato dijo a Jacob: 'Era una broma'. Jacob no pudo hacer nada entonces, porque Esaú era el fuerte. Isaac estaba a punto de morir, y quería bendecir a su hijo mayor, Esaú, con la primogenitura. Ya sabéis lo que sucedió: Rebeca y Jacob se confabularon, cogieron una piel de oveja para engañar al pobre Isaac que era ya ciego debido a la edad, y entonces Isaac bendijo a Jacob pensando que era Esaú. Cuando Esaú volvió, se enfadó sobremanera y le dijo: 'Te voy a matar, Jacob'. Y Jacob huyó. Estuvo veinte años huido, hasta que un día dijo: 'Voy a regresar. Espero que Esaú me haya perdonado'. Pero al acercarse a casa fue presa del pánico, y ¿qué hizo? Envió dones, envió regalos --algo no muy distinto del soborno-- para ver si podía comprarlo. Envió dos grupos, y uno de los siervos regresó y dijo a Jacob: 'Tu hermano se está acercando. Viene por ti'. Jacob preguntó: '¿Viene solo?' Le respondieron: 'No. Viene con 400 hombres'. Jacob quedó aterrorizado y dividió su gente en tres partes. La parte menos importante de su familia la puso en una sección; su auténtica familia en otra, y cruzó el río y pasó al otro lado, pensando: 'Si Esaú viene de una parte y ataca una sección, ¿qué hacen las mujeres cuando son atacadas? ¡Gritan! Entonces podremos escapar y huir. Serán como una alarma, y nosotros podremos escapar'. Así es que oró, confesó y se puso a dormir, y a medianoche alguien le tocó, y lo primero que pensó es: 'Es Esaú que viene a matarme'. Era muy oscuro. No podía ver al enemigo con el que estaba luchando, hasta que empezó a amanecer. Sólo entonces se dio cuenta de que no era Esaú, sino el Ángel del Señor. ¿Qué hizo el ángel del Señor con Jacob? Le dislocó la cadera. Muy doloroso, pero Jacob no se echó las manos a su cadera, sino que las aferró al ángel. Aún estando en agonía, Jacob se asió del Ángel cuando comprendió quien era, y le dijo: No te dejaré, si no me bendices (Génesis 32:26) Y el ángel le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?" Él respondió: "Jacob" Y él le dijo: "No te llamarán más Jacob, sino Israel (luchador con Dios), porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido" (Génesis 32:27 y 28) Así pues, ¿qué representa Israel o Jacob? --La perseverancia de nuestra fe resistiendo hasta el mismo fin, a pesar de las circunstancias adversas. Esta es la razón por la que en Jeremías 30:7 se nos habla del tiempo de angustia: Tiempo de angustia para Jacob... Durante este tiempo de angustia sentiremos como si nuestra cadera estuviese dislocada, pero nos aferraremos al señor Jesús. Hemos experimentado el proceso de refinamiento del Espíritu Santo, su purificación, y nos aferraremos a Cristo aunque nos sintamos pecadores. Aunque nos sintamos como abandonados por Dios no le dejaremos ir, no nos soltaremos de él, y Cristo dirá: 'Habéis prevalecido: aquí está la paciencia de los santos. Venid, heredad el reino preparado para vosotros. Quiero que estéis conmigo'. Así pues, sea donde sea que Dios os lleve, recordad esto: nada os puede suceder sin el permiso de Dios. Si Dios lo permite es para purificarnos, para prepararnos para la crisis final, y para que la tierra sea iluminada a través vuestro con la gloria de Dios. Mi oración es que estéis dispuestos a experimentar el proceso de purificación del Espíritu Santo, y cuando Cristo venga estéis allí y nos veamos. Allí no habrá barreras de idioma. Quizá hablaremos todos suahili, el idioma que hablamos en Kenia. Quizá hebreo. ¿Quién sabe? ¡El lenguaje celestial! En todo caso, espero que nos veamos todos, ya que Dios nos ha dado un maravilloso mensaje y sobretodo un maravilloso Salvador que es capaz de salvar hasta lo sumo a todo aquel que en él cree. Oremos: Padre amante, te damos gracias por este maravilloso mensaje de Cristo nuestra justicia. Te damos gracias por habernos injertado en Israel, aunque éramos gentiles. Que nuestra fe pueda ser la fe de Abrahán. Queremos experimentar el poder del Espíritu Santo en nosotros, y sobretodo haz que nuestra fe persista y venza hasta el fin. Que crezca en conocimiento, en gracia, hasta que Cristo sea formado en nosotros de forma que cuando venga lo estemos ya reflejando completamente. Este es nuestro anhelo, y te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.