1888 Re-Examinado

Capítulo 3

El alto clamor que vendrá de forma sorprendente

Por décadas, antes de 1888, la iglesia y su liderazgo anticipaban ansiosamente los "tiempos de refrigerio", cuando la largamente esperada lluvia tardía vendría. Esa era una expectación acariciada entre nosotros un siglo atrás, así como la largamente esperada venida del Mesías se daba entre los judíos en el tiempo de Juan el Bautista.

Sin embargo, pocos parecían reconocer que la lluvia tardía y el alto clamor serían primariamente una comprensión más clara del evangelio [o sea, vendrían con un mensaje]. Se esperaba que el alto clamor fuese un ruido mayor. Nos tomó de sorpresa el hecho de ser una iluminación mayor.

Esperábamos un inmenso abalo de la tierra con un mensaje de "¡Estad listos, sino. . .!" No estábamos preparados para la pequeña y suave voz de una revelación de gracia como la verdadera motivación del tercer mensaje angélico. El poder sobrenatural que esperábamos debe ser consecuencia de nuestra aceptación de aquella luz mayor del evangelio. Esa debe iluminar la tierra con gloria.

Hubo un terrible peligro de que los líderes judíos pudiesen rechazar su Mesías cuando viniese "súbitamente". Y hubo igual peligro de que los líderes responsables de nuestra iglesia despreciasen el alto clamor cuando comenzase. Ya en 1882 Ellen White había advertido de que podrían algún día ser incapaces de reconocer el verdadero Espíritu Santo:

"Muchos no podéis discernir la obra y presencia de Dios... Hay hombres entre nosotros en puestos de responsabilidad que sostienen que ... una fe tal como la de Pablo, Pedro, o Juan, está ... fuera de moda, siendo impracticable en nuestros días. Es considerada absurda, mística, e indigna de una mente inteligente". (5T:74,79).

Un falso optimismo prevalecía ("se que muchos piensan bastante favorablemente del tiempo actual"), y "en el poderoso zarandeo que va a tener lugar en breve", esos obreros del liderazgo podrían ser encontrados incompatibles con el liderazgo de un tiempo crítico.

"Aquellos que se han fiado en el intelecto, genio o talento, no podrán entonces permanecer a la cabeza del rebaño. Ellos no se adecuaron a la luz. Los que se han comprobado infieles no tendrán, entonces, la responsabilidad de las ovejas bajo sus cuidados. En la última y solemne obra, pocos grandes hombres estarán envueltos". (5T:80).

Ellen White había anticipado el tiempo en que el Señor asumiría el liderazgo y suscitaría instrumentalidades humanas en que pudiese confiar:

"Cuando tengamos hombres tan dedicados como Elías, y poseyendo la fe que él poseía, veremos que Dios se revelará a nosotros como lo hizo a los hombres santos del pasado. Cuando tengamos hombres que, aun cuando reconozcan sus deficiencias, pleiteen con Dios en fe ardorosa, como lo hizo Jacob, veremos los mismos resultados". (4T:402).

Específicamente, el presidente de la Asociación General en 1885 fue advertido de que a menos que él y algunos otros

"...se despertasen para un sentido de su deber, no reconocerán la obra de Dios cuando el alto clamor del tercer ángel sea oído. Cuando luz salga para iluminar la tierra, en vez de venir en auxilio del Señor, desearán amarrar Su obra a fin de ajustarse a sus ideas limitadas. Permítanme deciros que el Señor operará en esta última obra de un modo bastante fuera de lo común y de manera que será contraria a cualquier plan humano. ... Los obreros se sorprenderán con los medios simples que Él empleará para poner en andamiento y perfeccionar Su obra de justicia". (1º de Octubre de 1885; TM:300).

Esa carta fue dirigida tanto a G. I. Butler como a S. N. Haskell. Haskell atendió la advertencia y fue uno de los pocos que tuvieron el discernimiento de reconocer la cosa misteriosa que estaba aconteciendo ante sus ojos tres años después. Pero no Butler y muchos otros. El Señor sería forzado en 1888 a pasar por alto ministros experimentados a fin de emplear agentes más jóvenes o más desconocidos:

"El Señor frecuentemente actúa donde menos esperamos; Él nos sorprende por revelar Su poder mediante instrumentos de Su propia elección, mientras pasa por alto hombres a quienes hemos considerado aquellos mediante los cuales vendría la luz. ...

"Muchos rechazarán los propios mensajes que Dios envía a Su pueblo, si esos hermanos del liderazgo no las aceptan. ... Aun cuando todos nuestros hombres del liderazgo rehúsen la luz y la verdad, esa puerta permanecerá aun abierta. El Señor suscitará hombres que le darán al pueblo el mensaje para este tiempo". (OE:126, edición antigua).

Nuevamente, en 1882 nos fue dicho:

"Puede darse que bajo un exterior rudo y poco atractivo es que el brillo puro de un carácter cristiano genuino se revelará. ...

"Elías tomó a Eliseo del arado, y lanzó sobre él el manto de consagración. El llamado para esa grande y solemne obra fue presentado a los hombres de saber y posición; si esos hombres hubiesen sido pequeños a sus propios ojos, y hubiesen confiado enteramente en el Señor, Él los habría honrado con el porte de Su estandarte en triunfo para la victoria. ...

"Dios emprenderá una obra en nuestros días que solamente pocos pueden anticipar. Él suscitará y exaltará entre nosotros a aquellos que son enseñados antes por la unción de Su Espíritu, que por la instrucción externa de instituciones científicas". (5T:81-82).

Aquellos testimonios de 1882 revelan una inspirada previsión. ¡Era como si la pequeña señora escribiese la historia de 1888 anticipadamente!

La Divina Elección de Mensajeros

En aquel mismo año, 1882, E. J. Waggoner inició un curso de entrenamiento que estaba evidentemente bajo la guía especial del Espíritu Santo. Él estaba siendo preparado para ser el agente de una obra especial. Más tarde describió su experiencia:

"Inicié realmente mi estudio de la Biblia treinta años atrás [1882]. En aquel tiempo Cristo fue presentado delante de mis ojos "evidentemente crucificado" para mi. Yo estaba sentado un poco a parte del cuerpo de la congregación en una gran tienda durante una reunión campal en Healdsburg [California], en un sombrío sábado en la tarde. No tengo idea de cual era el tema del discurso. No tenía conocimiento de ninguna palabra ni texto. Todo cuanto permanece conmigo fue lo que yo vi. Súbitamente una luz brilló a mi alrededor, y la tienda me estaba mucho más brillantemente iluminada que si el sol del medio-día estuviese brillando, y vi a Cristo colgando en la cruz, crucificado por mí. En aquel momento tuve mi primer conocimiento positivo, que me vino como un diluvio avasallador, de que Dios me amaba, y que Cristo muriera por mí. Dios y yo éramos los únicos seres de que tenía conciencia en el universo. Sabía, entonces, por ver de modo real, que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo; yo era el mundo entero con todos sus pecados. Estoy cierto de que la experiencia de Pablo en el camino de Damasco no fue más real que la mía. ...

"Resolví inmediatamente que estudiaría la Biblia a la luz de aquella revelación, a fin de que pudiese ayudar a otros a ver la misma verdad. Siempre creí que toda parte de la Biblia precisa establecer, con mayor o menor nitidez, esa gloriosa revelación [Cristo crucificado]". (Carta, 16 de Mayo de 1916, escrita poco antes de su súbita muerte).

En aquellos mismos años anteriores a 1888 el Señor estaba preparando su colega. El mensaje de la verdad encontró A. T. Jones como un soldado del Ejército de los Estados Unidos. Aun cuando no fuese producto de escuelas, él estudiaba noche y día, reuniendo una gran cantidad de conocimiento bíblico e histórico. J. S. Washburn, que lo conoció personalmente, nos dijo que él era una persona humilde, celosa y de profundos sentimientos, cuyas oraciones eficaces daban testimonio de que conocía al Señor (entrevista del 4 de Junio de 1950).

El agudo intelecto del joven Jones se equilibraba con una fe cálida, simple e infantil. En los tiempos en que fue usado por Dios, él era poderoso en la predicación y en el ministerio personal. En los años inmediatamente siguientes a 1888, hubo significativas demostraciones del Espíritu de Dios operando por su intermedio, inclusive un ministerio especial en Washington en el Senado de los Estados Unidos para derrotar la ley dominical de Blair. De hecho, ese casi un siglo de libertad religiosa que los americanos disfrutan es un legado de los esfuerzos eficaces de Jones y Waggoner, no reconocidos y no honrados, al oponerse ellos a la intolerancia religiosa en sus días.

El Espíritu de Dios estaba verdaderamente preparando esos dos jóvenes para que sean los heraldos de la iglesia remanente y al propio mundo del "comienzo" del largamente esperado alto clamor:

"El Señor en Su gran misericordia envió un mensaje muy precioso a Su pueblo mediante los pastores Jones y Waggoner. Ese mensaje debía traer más destacadamente ante el mundo al Salvador elevado, el sacrificio por los pecados del mundo entero... Dios le dio a Sus mensajeros exactamente aquello de que carecía el pueblo". (1895; TM:91, 95).

Por ocho años después de 1888, Ellen White frecuentemente se refería a esos dos jóvenes caballeros como "los mensajeros del Señor", endosándolos en palabras nunca proferidas a nadie más. Hay entre 200 y 300 declaraciones entusiastas de parte de ella. En 1890 declaró:

"Suponed que eliminéis el testimonio que ha sido presentado durante estos últimos dos años, proclamando la justicia de Cristo, ¿a quién podríais apuntar como trayendo luz especial para el pueblo?" (RH, 18 de Marzo de 1890).

En 1888 ella había dicho:

"Dios está presentando a las mentes de hombres divinamente designados gemas preciosas de verdad, apropiada para nuestro tiempo". (MS. 8a, 1888, A. V. Olson, Through Crisis to Victory, p. 279; de aquí en adelante Olson).

"El mensaje que nos es dado por A. T. Jones y E. J. Waggoner es el mensaje de Dios a la iglesia laodiceana". (Carta S24, 1892).

Cuando ella primero oyó el mensaje de Waggoner, inmediatamente percibió su verdadero significado. Era una revelación especial para la iglesia y para el mundo:

"Se me ha dirigido la indagación sobre lo que yo pienso de esa luz que esos hombres están presentando. Yo se las he presentado a ustedes en los últimos cuarenta y cinco años -- las incomparables bellezas de Cristo. Es esto que he estado tratando de presentar ante vuestras mentes. Cuando el hermano Waggoner presentó esas ideas en Minneapolis, fue la primera enseñanza clara sobre ese asunto de cualquier labio humano que oí, excepto las conversaciones entre yo y mi esposo. Me digo a mí misma que es porque Dios me la ha presentado a mí en visión que yo la veo tan distintamente, y ellos no pueden verla porque no la tuvieron presentada a ellos como a mi lo ha sido, y cuando otro la presentó, toda fibra de mi corazón dijo amén". (Ms. 5, 1889).

En nuestra moderna terminología, ella percibió que el mensaje era una transmisión que aplicaría poder del motor hacia las ruedas. Por "cuarenta y cinco años" ella había estado haciendo girar el motor, pero el poder para completar la comisión evangélica no estaba pasando hacia adelante. Ahora percibía como el nuevo mensaje suplementando el antiguo realmente prepararía al pueblo de aquella generación para la venida del Señor. ¡No admira que estuviese tan feliz!

Como el Alto Clamor No Fue Reconocido

Ya en Abril de 1890, Ellen White, teniendo mayor entendimiento, aplicó el lenguaje de Apocalipsis 18 para el mensaje de 1888:

"Varios me han preguntado si el mensaje [de 1888] de justificación por la fe es el tercer mensaje angélico, y he respondido: 'Es el tercer mensaje angélico en verdad'. El profeta declara: 'Después de estas cosas vi descender del cielo otro ángel que tenía gran autoridad, y la tierra se iluminó con su gloria' [Apoc. 18:1]." (RH, 1º de Abril de 1890).

En 1892, ella estaba lista para declarar inequívocamente que el mensaje era realmente el inicio del largamente aguardado alto clamor:

"El alto clamor del tercer ángel ya se inició en la revelación de la justicia de Cristo, el Redentor que perdona el pecado. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra". (RH, 22 de Noviembre de 1892).

Observen que el "inicio" de la obra de ese ángel fue el mensaje, no su presumible aceptación por el liderazgo o el pueblo. Veremos más tarde como esa realidad engloba un poderoso significado en un tiempo de crisis.

El Pastor Butler, el oficial más responsable de la iglesia, se destacó en su oposición a la preciosa luz del alto clamor. Pocos otros eran espiritualmente capaces de transcender su influencia negativa. En su ciega oposición al alto clamor podemos ver el trágico cumplimiento de la advertencia inspirada que le fue enviada el 1º de Octubre de 1885 (cf. TM:300):

"Hay algunos que tienen un deseo de tomar una decisión de inmediato sobre cual es la posición correcta en el punto bajo discusión. Como sería del gusto del Pastor Butler, es recomendable que esta cuestión deba ser resuelta inmediatamente. ¿Pero están las mentes preparadas para tal decisión? Yo no podría sancionar tal curso... Ellos no están preparados para tomar decisiones seguras...

"No veo razón para los sentimientos agitados que se crearon en esta reunión [Minneapolis, 1888]. ... Los mensajes procedentes de su presidente en Battle Creek son calculados para agitaros a tomar una decidida posición; pero yo os advierto contra a hacerlo. ... Sentimientos excitados conducirán a malas decisiones". (Ms 15, 1888; Olson, p. 295).

"Nunca me olvidaré de la experiencia que tuvimos en Minneapolis, o de las cosas que me fueron entonces reveladas con respecto al espíritu que controlaba hombres, las palabras proferidas, las acciones practicadas en obediencia a los poderes del maligno... Ellos eran movidos en la reunión por otro espíritu, e ignoraban que Dios había enviado a esos jóvenes hombres... para presentarles un mensaje especial que trataron con ridículo y desprecio, dejando de reconocer que inteligencias celestiales estaban velando por ellas... Yo se que en aquel tiempo el Espíritu de Dios fue insultado ". (Carta 24, 1892).

Así el liderazgo de esta iglesia, ansiosamente esperando ser vindicada ante el mundo en el largamente esperado alto clamor, en verdad desdeñó el Espíritu de gracia y despreció las riquezas de Su bondad.

Dejemos claro que ese pecado de insultar el Espíritu Santo no prendió el cuerpo de la iglesia colectivamente en el pecado imperdonable. El pecado de los antiguos judíos contra el Espíritu Santo consistió en atribuirle a Su obra a Satanás (Marcos 3:22-30). No queremos decir que nuestros hermanos en general de la era de 1888 llegaron a ese punto, aun cuando algunos individuos puedan haberlo hecho. (¡Insultarlo ya fue suficientemente malo!). Ellen White continuó ministrando a esta iglesia hasta su muerte en 1915, así indicando su creencia de que el perdón es posible, y de que la solución a nuestro problema no es la desintegración o el abandono denominacional, sino el arrepentimiento denominacional y la reconciliación con el Espíritu Santo.

Las Llamadas "Fallas" de los Mensajeros no Disculpan el Rechazo del Mensaje de Ellos

El rechazo de la luz por aquellos que tienen responsabilidad delante de Dios es inexcusable. No es nuestra función en este tiempo final encontrar fallas; apenas podemos anotar los hechos. Los hermanos que se opusieron a la luz pensaban sinceramente que estaban haciendo lo cierto porque los agentes a quien el Señor empleó parecían equivocados. El Señor operó en un modo fuera de lo normal y sorpren21 dió a los hermanos. Ellen White describió lo que estaba ocurriendo, empleando el tiempo futuro para referirse a eventos presentes.

"En la manifestación del poder que ilumina la tierra con su gloria, ellos verán solamente algo que en su ceguera juzgan ser peligroso, algo que despertará sus temores y se colocarán en la oposición. En vista de que el Señor no actúa según sus expectativas e ideas, ellos se opondrán a la obra". (RH Extra, 23 de Diciembre de 1890).

Anteriormente, ella había señalado la dificultad que los hermanos estaban teniendo en sus propias almas. Podemos simpatizar con ellos, pues la prueba era bastante severa:

"Ahora deseo que seáis todos cautelosos con respecto a que posición tomáis, si os envolvieres en las nubes de la incredulidad por notar imperfecciones; vosotros veis una palabra o un pequeño punto, tal vez, que pueda venir a tener lugar, y los juzgáis [Jones y Waggoner] por eso... Lo que debéis observar es si Dios está operando con ellos, y entonces reconocer el Espíritu de Dios que es revelado en ellos. Y si escogéis resistir, estaréis actuando de la misma manera como los judíos actuaban". (Sermón, 9 de Marzo de 1890; MS. 2, 1890).

Hermanos más antiguos y experimentados estaban amedrentados ante la perspectiva de que Ellen White apoyase tan decididamente dos hombres comparativamente jóvenes y desconocidos contra prácticamente todo el conjunto de obreros. El Pastor A. G. Daniells más tarde declaró que ella tuvo que tomar posición "casi sola" contra casi toda la Asociación General (The Abiding Gift of Prophecy, p. 369). Robert W. Olson le relató al Concilio Anual en Rio de Enero en 1986 que ella fue "públicamente desafiada" en la asamblea de 1888 (Adventist Review, 30 de Octubre de 1986). Si estuviese en lo cierto, parecía que Dios había pasado por alto a los hermanos del liderazgo, y eso era desconcertante:

"Aquellos a quien Dios ha enviado con un mensaje son apenas hombres, ¿pero cuál es el carácter del mensaje que llevan? Osaréis darle las espaldas o depreciar las advertencias, en vista de que Dios no os consultó cuanto a lo que sería preferible?" (RH, 27 de Mayo de 1890).

"Dios... os dio la oportunidad de presentaros armados y equipados para el auxilio del Señor... ¿Pero acaso os alistasteis?... Os sentasteis quietos, y nada hicisteis. Dejasteis que la palabra del Señor cayese al piso sin ser oída; y ahora el Señor tomó hombres que eran niños cuando vosotros estabais en el frente de la batalla, y les dio el mensaje y la obra que no quisisteis asumir. . . ¿Criticareis? Diréis, "Ellos se están saliendo de su lugar?" Sin embargo no ocupasteis el lugar que ellos ahora son llamados a ocupar". (TM:413).

Siendo como es la naturaleza humana, los opositores buscarían algunos ganchos sobre los cuales colgar las dudas. El hecho de que los mensajeros del Señor eran "apenas" hombres parecía suplir la necesidad:

"Aquellos a quien Dios envió con un mensaje son apenas hombres... Algunos se han desviado del mensaje de la justicia de Cristo para criticar a los hombres". (RH, 27 de Diciembre de 1890).

Hablando "a aquellos en posiciones de responsabilidad", Ellen White preguntó: "¿Por cuánto tiempo odiareis y despresareis los mensajeros de la justicia de Dios?" (TM:96).

Uno de nuestros apreciados autores denominacionales trata de demostrar que la oposición de 1888 fue justificable. Observen como él realza las "faltas" de Jones y Waggoner y los culpa por haber causado el rechazo de su mensaje. Así, de hecho perpetua el preconcepto contra 1888 y atrasa nuestro reloj por cien años:

"No sólo era él [Jones] grosero por naturaleza, sino que cultivaba la singularidad de oratoria y maneras,... era a veces irritadizo, y propiciaba motivos para resentimiento...

"[Jones y Waggoner] al gritar, "Cristo es todo" ... daban evidencia de que no eran enteramente santificados... [Incorrectamente cita la Sra. White como apoyando la idea de que Jones y Waggoner contribuyeron con un espíritu de contienda para la "terrible experiencia durante la Asamblea de Minneapolis"].

"Ellos se apegaban casi exclusivamente a la fe como el factor en la salvación, ... no revelaban disposición para considerar el otro lado calmadamente... No estaban enteramente exentos de faltas en su propio concepto y arrogancia...

"Fallaban en revelar la humildad y amor que la justificación por la fe transmite... La enseñanza extremada de Jones y Waggoner es aun perceptible en las declaraciones místicas de aquellos que hacen la fe el todo, y a las obras nada.

"... [Ellos eran] canales imperfectos... Al recapitular la controversia, percibimos que fueron los rencores suscitados por las personalidades [de Jones y Waggoner], mucho más que las diferencias en creencia, los que provocaron la dificultad". (A. W. Spalding, Captains of the Host, pp. 591-602).

Ese es un análisis negativo de los hombres a quien la inspiración atribuyó el papel de "mensajeros del Señor". Siendo que ellos fueron "apenas hombres", es difícil entender por qué el Señor debería escoger para una obra tan especial hombres que eran notablemente "canales imperfectos", no-santificados (en comparación con otros), despertando "resentimiento" y "rencores", groseros y "místicos". El Señor aborrece un espíritu de justicia propia y contienda. Pero Jones y Waggoner no tenían tal espíritu en la época de 1888.

Aun cuando sea verdad que Ellen White reprendía a A. T. Jones por ser en algunas ocasiones "demasiado duro" sobre Urias Smith en la controversia anterior a la sesión sobre los diez cuernos, no obstante, defiende a ambos hermanos como "cristianos" y "caballeros". Y ella hizo más que sugerir que un número considerable de los hermanos de la oposición no evidenciaban tales "credenciales celestiales".

Disponemos de autores modernos que pintan a Jones y Waggoner en semejantes términos de descubierta de fallas, a ejemplo de sus oponentes en 1888. Pero los dos "mensajeros" disfrutaban del solidario endoso de Ellen White. Es verdad que después que la era de 1888 hubo terminado, ellos fallaron y perdieron el rumbo. Esa probablemente es la razón por la cual los escritores modernos desean culparlos por la tragedia de 1888. Pero juzgan mal los hechos.

Ellen White predijo que esa trágica consecuencia se daría caso la oposición al mensaje de ellos prosiguiese. Sin embargo, añadió, la falla posterior por parte de ellos de ningún modo invalidaría su mensaje y ministerio de 1888-1896, el período de su endoso (ver capítulo 10). Criticar esos "mensajeros" durante aquella época del "inicio" del alto clamor significa endosar las objeciones de sus oponentes contemporáneos. Lógicamente, eso justifica el rechazo de la bendición especial que procedió del cielo. Es impresionante como después de cien años aun nos sentimos compelidos a culpar los mensajeros especiales del Señor por las consecuencias de nuestra propia incredulidad.

Ellen White notablemente consideró Jones y Waggoner como revelando un genuino espíritu cristiano durante y después de la Asamblea de Minneapolis (testigos oculares substancian su juicio):

"El doctor Waggoner nos ha hablado de manera bien directa... De una cosa estoy cierta, como cristianos no tenéis el derecho de abrigar sentimientos de enemistad, falta de cortesía y preconcepto para con el Dr. Waggoner, que ha presentado sus puntos de vista de modo claro y de manera objetiva y directa, como debe actuar un cristiano... Creo ser él perfectamente honesto en sus posiciones, y respetaría sus sentimientos y confiaría en él como un hermano cristiano, en la medida en que no haya evidencia de que es indigno. El hecho de que él honestamente sustenta algunos puntos de vista escriturísticos que difieren de los vuestros e míos no es razón para que debamos tratarlo como un ofensor, como un hombre peligroso, y hacerlo objeto de crítica injusta". (Ms 15, 1888; Olson, p. 294).

Un joven pastor que vino a la asamblea de Minneapolis con una mente llena de preconceptos contra él dejó en registro sus impresiones del espíritu que Waggoner demostraba:

"Teniendo decididamente inclinación a favor del Pastor Butler, y contra E. J. Waggoner, fui a la reunión con una mente predispuesta. ...

"Con lápiz y cuaderno de anotaciones en la mano yo oía en busca de herejías y estaba listo para encontrar fallas y hallar defectos en cualquier cosa que fuese presentada. A medida que el Pastor Waggoner comenzó, parecía muy diferente de aquello que yo estaba buscando. Al final de su segunda lección yo estaba listo para reconocer que él iba a ser preciso y su metodología no revelaba cualquier espíritu de controversia, ni mencionó cualquier oposición que yo estaba anticipando. Muy en breve su manera, y el puro evangelio que estaba proponiendo cambiaron materialmente mi mente y actitud, y pasé a ser un atento oyente en busca de la Verdad... Al final de la cuarta o quinta lección del Pastor Waggoner yo era un pecador arrepentido y sumiso...

"... Después que el Pastor Waggoner hubo concluido sus once estudios, la influencia de ellos había en grande medida eliminado de muchos el espíritu de debate..." (C. McReynolds, "Experiences While at the General Conference in Minneapolis, Minn., in 1888" [Experiencia Mientras Estaba en la Asamblea de la Asociación General de Minneapolis, Minn., en 1888]. E. G. White Estate, D File, 189).

Ellen White hasta defendió la metodología osada y el espíritu aparentemente iconoclasta de los jóvenes mensajeros:

"Hombres saldrán en el espíritu y poder de Elías para preparar el camino para el segundo advento del Señor Jesucristo. Es su obra el hacer las cosas tortuosas rectas. Algunas cosas precisan ser derribadas; algunas cosas deben ser edificadas". (Ms. 15, 1888; Olson, p. 300).

"Que ningún alma se queje de los siervos de Dios que a ellos fueron con un mensaje enviado por el cielo. No busquéis más fallas en ellos, diciendo: "Ellos son demasiado positivos; ellos hablan de modo muy vigoroso". Ellos pueden hablar con vigor; ¿pero no sería necesario? Dios hará con que los oídos de los oyentes reverberen si no le dan atención a Su voz o a Su mensaje. ...

"Pastores, no deshonréis a vuestro Dios y agravéis Su Santo Espíritu lanzando reflejos sobre los caminos y maneras de los hombres que Él escogió. Dios sabe que nadie, a no ser hombres ardorosos, firmes, determinados, de fuertes sentimientos considerarán esta obra como siendo de importancia vital, y aplicarán tal firmeza y decisión a sus testimonios que despedazarán las barreras de Satanás". (TM:410, 412-413).

Un historiador moderno describe el grosero y supuestamente inculto A. T. Jones como "un hombre alto y flaco, con maneras saltitantes y posturas y gestos rudos" (Spalding, op. cit., p. 591). Ellen White tenía una opinión muy diferente de él:

"Hay obreros cristianos que no recibieron una educación superior porque les fue imposible obtener tal ventaja; pero Dios ha ofrecido evidencia de que los ha escogido... Él los ha hecho co-obreros eficientes consigo mismo. Ellos tienen un espíritu listo para aprender; sienten su dependencia de Dios, y el Espíritu Santo está con ellos para ayudar en sus debilidades... Se oye en su voz el eco de la voz de Cristo.

"Es evidente que él camina con Dios, que ha estado con Jesús y aprendido de Él. Ha traído la verdad al santuario interior del alma; es para él una realidad viva, y presenta la verdad en la demostración del Espíritu y de poder. Las personas oyen el alegre sonido. Dios habla a sus corazones mediante el hombre consagrado a Su servicio... Él se vuelve realmente elocuente. Es fervoroso y sincero, y amado por aquellos por quien trabaja... Sus defectos serán perdonados y olvidados. Sus oyentes no se quedarán cansados y desilusionados, sino que agradecerán a Dios por el mensaje de gracia a ellos enviada por medio de su siervo.

"Ellos [los oponentes] pueden sostener el átomo objetable bajo lentes de aumento de su imaginación hasta que el átomo se vuelva como un mundo, y apague de su vista la preciosa luz del cielo... ¿Por qué llevar tanto en cuenta aquello que pueda pareceros tan objetable en el mensajero, y descartar todas las evidencias que Dios ha ofrecido para equilibrar la mente con respecto a la verdad?" ("Cristian Education". 1893, citado en FE:242-243; RH, 18 de Abril de 1893).

La propia Ellen White, con toda su respetable experiencia y edad, y consciente de su exaltada posición como mensajera especial del Señor, juzgó una honra apoyar la obra de Jones y Waggoner:

"He viajado de un lugar a otro, asistiendo a reuniones donde el mensaje de la justicia de Cristo fue predicado. Consideré un privilegio permanecer al lado de mis hermanos, y dar mi testimonio con el mensaje para el tiempo". (RH, 18 de Marzo de 1890).

La Verdadera Razón Por la Cual el Mensaje fue Rechazado

Al releer hoy las inspiradas mensajes enviadas durante años después de 1888, instando por la aceptación del mensaje, no podemos comprender -- leyendo sobre la superficie -- por qué podría haber cualquier falla en hacerlo. Hemos, por lo tanto, cometido el error de asumir que nuestros hermanos realmente llegaron a aceptarlo de corazón.

No debemos pasar por alto un hecho importante. ¿Cómo podría alguien aceptar el mensaje que Dios envió y "odiar y despreciar" los mensajeros que empleó? Ellos eran "apenas hombres", muy positivos y osados, y desafortunadamente para el prestigio y paz de los hermanos, estaban en lo correcto. Eso hizo con que las agencias escogidas por el Señor de liberación se volviesen objeto de tropiezo y una piedra de ofensa debido a la prevaleciente incredulidad. Aquello que el Señor intentó como un aroma de vida para vida se volvió un aroma de muerte para muerte. Aquello que Él envió para la terminación de Su obra se volvió el inicio de un largo atraso.

Aceptar el mensaje era demasiada humillación. Las implicaciones eran de que Dios estaba de algún modo descontento con la condición espiritual de aquellos que eran los "canales apropiados" para la luz especial del cielo. Observen el análisis de Ellen White cuanto al cierne del problema:

"Si los rayos de luz que brillaron en Minneapolis hubiesen podido ejercer su poder convincente sobre aquellos que tomaron posición contra la luz, si todos hubiesen renunciado a sus caminos y sometido su voluntad a Espíritu de Dios en aquel tiempo, habrían recibido las más ricas bendiciones, habrían chasqueado al enemigo, y permanecido como hombres fieles, verdaderos a sus convicciones. Ellos habrían tenido una rica experiencia; pero el yo declaró: "No". El yo no estaba dispuesto a ser afectado; el yo luchó por el predominio, y todas aquellas almas serán nuevamente probadas en los puntos en que fallaron entonces... El yo y la pasión desarrollaron características odiosas". (Carta 19, 1892).

"Algunos han estado cultivando odio contra los hombres a quien Dios ha comisionado para llevar un mensaje especial al mundo. Ellos comenzaron esa obra satánica en Minneapolis. Posteriormente, cuando vieron y sintieron demostración del Espíritu Santo testificando que el mensaje era de Dios, lo odiaron aun más, porque era un testimonio contra ellos". (TM:78, 80; 1895).

"El Espíritu Santo, de tiempos en tiempos, revelará la verdad mediante sus propios agentes; y ningún hombre, ni aun un sacerdote o gobernante, tiene el derecho de decir, no den publicidad a vuestras opiniones, porque no creo en ellas. Ese maravilloso "yo" puede tratar de rebajar la enseñanza del Espíritu Santo". (TM:70; 1896).

"Ellos [los oponentes] no oían, ni querían entender. ¿Por qué?-- Para no convertirse y tener que reconocer que todas sus ideas no estaban correctas. Para eso ellos eran demasiado orgullosos como para hacerlo, y así persistieron en rechazar el consejo de Dios y la luz y evidencia que habían sido dadas... . Ese es el terreno sobre el cual algunos de nuestros hermanos del liderazgo están ahora recorriendo". (Ms. 25, 1890).

Como en todas las eras pasadas, un análisis de la verdad de un profeta fue deshonrada y desacatada. Pero para nosotros hoy, hay buenas nuevas en enfrentar la realidad.

Podemos afirmar nuestros pies sobre la roca sólida solamente se estamos dispuestos a enfrentar la verdad plena. Es llegado el tiempo para hacer eso y nadie podrá retardar el reloj.

¿Dónde Estaban los "Algunos"?

Observen la expresión, "algunos de nuestros hermanos del liderazgo" rechazaron "el consejo de Dios". ¿Es posible conocer la verdad de cuál es la proporción implícita de esos "algunos"?

Seis años después Ellen White identificó aquellos que rechazaron el mensaje con una designación genérica. Los "algunos" constituían el cuerpo principal de nuestros hermanos del liderazgo y eran los más influyentes: "La luz que debe iluminar la tierra entera con su gloria fue resistida, y por la acción de nuestros hermanos ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo". (Carta 96, 1896; 1MS:235; énfasis añadido). Sin excepción ella consistentemente identifica aquellos de entre "nuestros propios hermanos" que rechazaron como "muchos" y los que aceptaron como "pocos" (ver capítulo 4).

La parábola de 1888 lanza luz sobre nuestra posición hoy:

"Los judíos rehusaron recibir a Cristo porque Él no vino según sus expectativas. ...

"Ese es el peligro a que la iglesia ahora se expone--que las invenciones de los hombres señalen el camino preciso para que el Espíritu Santo venga. Aun cuando no se preocupen en reconocerlo, algunos ya han hecho eso. Y debido a que el Espíritu debe venir, no para el loor de hombres o para establecer sus erróneas teorías, sino que para reprobar el mundo del pecado, y de la justicia, y del juicio, muchos se alejan de Él". (TM:64-65; 1896).

Obviamente, el mensaje de 1888 fue mucho más que una mera reiteración de una doctrina negligenciada. Los delegados a la Asamblea llegaron inesperadamente a enfrentar a Cristo cara a cara cuando se enfrentaron cara a cara a Su mensaje. "¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios en lanzar la gloria del hombre en el polvo" (COR:104). El enfrentamiento envolvía la humillación de sus almas hasta ese polvo, y no estaban preparados para eso. Ellos se resentían de contrición, y lágrimas descendían por la mejilla.

En suma, podemos ver como el amor de Cristo que derrite corazones y el orgullo del clero profesional son incompatibles. Ellos estaban montados sobre el éxito, y la humildad de corazón se les volvió una piedra de tropiezo.

¿Podría este ser aun nuestro problema hoy?