El error de presumir que "nosotros" aceptamos el mensaje de 1888 parte de un error aun más profundo de incomprensión, o sea, cual fue realmente el mensaje.
El punto de vista endosado oficialmente de que fue aceptado debe también llevar en consideración que nada hubo de peculiarmente adventista a respecto de él. El mensaje es evaluado como "la doctrina de la justificación por la fe", o sea, l misma "doctrina" que los protestantes han creído por centenas de años. El trecho siguiente, de uno de nuestros estimados autores, un vice-presidente de la Asociación General, es típico de esa opinión ampliamente aceptada del mensaje:
"¿Algunos pueden indagar, lo que fue esa enseñanza de justificación por la fe que se volvió el alicerce del gran reavivamiento adventista de 1888, como enseñada y realzada por la Sra. White y otros? Se trataba de la misma doctrina que Lutero, Wesley, y muchos otros siervos de Dios habían estado enseñando". (L. H. Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts [Los frutos de los dones espirituales], p. 239).
Sería extremamente humillante confesar que "nosotros" rechazamos "la misma doctrina que Lutero, Wesley, y muchos otros siervos de Dios habían estado enseñando". Entonces, debemos decir que aceptamos "la doctrina" en 1888 y después eso.
Aun cuando otro escritor de autoridad admita que el mensaje de 1888 fuese "el tercer mensaje angélico en verdad", como Ellen White la caracterizó (RH, 1º de Abril de 1890), él confunde la cuestión insistiendo en que muchos líderes evangélicos no-adventistas también proclamaban "el mismo énfasis ... general", habiendo obtenido su mensaje "de la misma Fuente". Sin excepción, todos esos libros altamente recomendados de años recientes dejan implícito lógicamente que la "verdad" del mensaje del tercer ángel nada más es que la enseñanza protestante popular. Nadie toma una posición coherente de evaluar el mensaje de 1888 como Ellen White lo hizo, ni reconoce cualquier elemento singularmente adventista en él. Observen la insistencia de Froom:
"Hombres de fuera del movimiento adventista -- [tenían] la misma preocupación general y énfasis, y fueron suscitados por vuelta de la misma ocasión. ... El impulso manifiestamente vino de la misma Fuente. Y cuanto a la época, la Justificación por la Fe se centralizó en el año de 1888.
"Por ejemplo, las renombradas Asambleas Keswick de Gran-Bretaña fueron fundadas para 'promover la santidad práctica'. ... Cerca de cincuenta hombres podrían ser fácilmente alistados en las décadas finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX ... todos dando ese énfasis general". (Froom, Movement of Destiny, pp. 329-320; destaques del original).
La conclusión es lógica e irrefutable: debemos ir a esas fuentes para obtener la "doctrina" y aprender como enseñar justificación por la fe. Y hemos hecho eso, por décadas, a despecho del hecho de que la tendencia de ese punto de vista sobre justificación por la fe es antinomianista [contra la ley].
Podemos creer que esos líderes evangélicos eran hombres buenos, sinceros, viviendo a la altura de toda la luz que poseían. ¿Pero acaso proclamaban "el mensaje del tercer ángel en verdad", como Ellen White describía el mensaje de 1888? Nuestro autor admite que aun cuando ellos "no entendiesen nuestro mensaje específico", esto es, el sábado y el estado de los muertos y otras doctrinas "peculiares", no obstante proclamaban "la misma ... justificación por la fe" que el Señor nos concedió en 1888. Sin embargo, en contraste, Ellen White insiste que el mensaje de 1888 contiene un nutrimento espiritual peculiar que conduce a la "obediencia a todos los mandamientos de Dios" (TM:92).
La posición de esas autoridades lógicamente apoya el punto de vista de nuestros oponentes de que nada hay de especial cuanto al cierne del mensaje adventista del séptimo día. Eso incentiva su perspectiva de que aparte de cuánto de la "doctrina" evangélica podamos tomar prestado de los evangélicos, la esencia del adventismo del séptimo día es el legalismo. Ciertamente, pues, no tenemos cualquier mandato para llamar al mundo cristiano a juicio y arrepentimiento.
¿Cuál es la verdadera evaluación del mensaje de 1888? ¿Se trataba de la "misma doctrina" que los reformadores protestantes y los evangélicos del siglo XIX enseñaban, como nuestros autores insisten? O era una comprensión distinta y única del "evangelio eterno" en relación con nuestra doctrina especial del santuario? Nuestros autores endosados oficialmente ignoran todos cualquier relación especial con el santuario.
La verdad de eso es crucial para el entendimiento de nuestra identidad como un pueblo.
Si el mensaje de 1888 fue solamente la doctrina protestante histórica de justificación por la fe, enfrentamos algunos problemas serios:
(1) Supongamos que aceptemos que Ellen White esté correcta al decir repetidamente que el mensaje de 1888 fue objeto de resistencia y rechazo; se sigue, necesariamente, que el liderazgo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día rechazó la "misma doctrina" que Lutero y Wesley enseñaron concerniente a la justificación por la fe.
En otras palabras, el decir que el mensaje de 1888 era la "misma doctrina" que Lutero, Wesley ... habían estado enseñando" lógicamente requiere que nuestros antepasados de 1888 rechazaron la posición protestante histórica. ¡Tal rechazo seria tan desastroso cuanto el rechazo de Lutero por Roma, o el rechazo de Wesley, por la Iglesia de Inglaterra! Sería equivalente a una caída espiritual tan mala como la caída de Babilonia.
Pero eso no puede ser, pues destruiría la Iglesia. Así, nuestros autores son forzados a presumir que "nosotros" aceptamos el mensaje de 1888, y tuvimos un "gran ... reavivamiento".
(2) Nuevamente, si la opinión de que el mensaje de 1888 fue "la misma doctrina" de los reformadores, eso requeriría que "Lutero, Wesley, y muchos otros siervos de Dios" de los siglos XVI al XIX hubiesen predicado "el tercer mensaje angélico en verdad". Así, los adventistas del séptimo día no pueden lógicamente ver su identidad en los tres mensajes angélicos de Apocalipsis 14.
Algunos años atrás Louis R. Conradi, nuestro líder en Europa, siguió esa idea oficial a su final lógico y mantuvo que Lutero predicaba el tercer mensaje angélico en el siglo XVI. Conradi con el tiempo dejó la Iglesia. (Él había también sido un opositor del mensaje de la asamblea de 1888). Y hoy estamos perdiendo pastores, miembros y jóvenes por la misma razón básica -- nada ven en peculiar y atrayente en nuestro mensaje del evangelio porque esos puntos de vista endosados oficialmente dejan implícito que nada hay de singular al respecto.
¿Acaso nuestros historiadores de confianza pusieron sin querer en corto circuito el Movimiento Adventista que tiene un destino a cumplir? Si así fuese, un gran daño fue hecho, pues las ideas publicadas con autoridad desempeñan un gran impacto sobre la Iglesia mundial.
Reiteración de la Posición Sobre 1888
Otro punto de vista altamente endosado cuanto al mensaje de 1888 es que representó una mera "reiteración" de lo que los pioneros adventistas habían creído desde nuestros principios, una recuperación de un equilibrio homilético en la doctrina y predicación, temporariamente perdida entre 1844 y 1888. Ese punto de vista ha llegado a ser ampliamente acatado. Algunos pocos ejemplos son suficientes:
"Esta asamblea [de 1888] ... probó ser el inicio de una reiteración de esta gloriosa verdad, que resultó en un despertamiento espiritual entre nuestro pueblo". (M. E. Kern, RH, 3 de Agosto de 1950).
"El mayor acontecimiento de los años ochenta en la experiencia de los adventistas del séptimo día fue la recuperación, o la reiteración y nueva concientización, de su fe en la doctrina básica del cristianismo: "saber que un hombre no es justificado por las obras de la ley, sino que por la fe de Jesucristo" (A. W. Spalding, Captains of the Host [Capitanes de la Hueste], p. 583).
"Hubo aquellos que aceptaron el énfasis [de 1888] sobre justificación por la fe; en el otro extremo los que pensaban que ese énfasis amenazaba los 'antiguos marcos'...
"La reacción de la Iglesia durante los años noventa al nuevo énfasis sobre justificación ... fue mixta". (N. F. Pease, The Faith That Saves [La Fe que Salva], pp. 40, 45; 1969).
Si esta posición de "reiteración" (o "énfasis") está correcta, algunas indagaciones adicionales pueden ser suscitadas:
(1) ¿Cómo líderes concienzudos pudieron resistir, rechazar o aun negligenciar una reiteración de lo que ellos mismos siempre creyeron y habían predicado por veinte, treinta o cuarenta años antes? O si esa sesión de 1888 incluía una nueva generación de predicadores adventistas, ¿cómo podrían ellos rechazar una "gloriosa verdad" que sus antepasados inmediatos no habían estado predicando?
(2) Nuevamente, ¿cómo podríamos defendernos contra la acusación de que la Iglesia Adventista sufrió una caída moral semejante a la de Babilonia se aceptamos el punto de vista de que los hermanos en 1888 rechazaron la reiteración de la verdad que creían al comienzo del movimiento adventista? Cuando alguien está subiendo, y súbitamente vuelve atrás, eso es una "caída".
Deploramos los grupos desviados y las críticas descariñadas de los que injustamente dicen que la iglesia cayó como lo hizo Babilonia. No creemos en esto. Pero la versión oficial de nuestra historia sobre 1888 lógicamente admite ese desanimador punto de vista. Muchas mentes pensantes lo siguen hasta sus últimas conclusiones, como lo hizo Conradi. Mientras más descartamos las verdades de 1888, más evidente se hace que grupos desviados, fanatismo, apostasías, y tibia complacencia proliferan, debido a nuestro fracaso perdurable en reconocer esas realidades.
Este capítulo presentará evidencia de que el mensaje de 1888 no fue una mera reiteración de las doctrinas de Lutero y Wesley, ni aun de los pioneros adventistas. Ni fue una reedición de lo que los oradores de Keswick y líderes protestantes populares de la época enseñaban como "doctrina de la justificación por la fe". ¡Fue mucho mayor que eso! Se trató del "comienzo" de un concepto más maduro del "evangelio eterno" de lo que había sido claramente percibido por cualquier generación previa. Fue el "comienzo" del derramamiento final del Espíritu Santo como la lluvia tardía. Fue el anuncio inicial del mensaje del cuarto ángel de Apocalipsis 18. Debería ser una bendición sin precedentes desde el Pentecostés (cf. FCE 473; RH, 3 de Junio de 1890).
Eso no significa decir que los mensajeros de 1888 eran mayores que Pablo, Lutero, Wesley, o cualquier otro, ni que ellos eran estudiantes más brillantes e inteligentes. El mensaje que traían era simplemente el "tercer mensaje angélico en verdad", un entendimiento de justificación por la fe paralelo a la doctrina del "tiempo del fin" de la purificación del santuario celestial, donde el Sumo Sacerdote ministra en el Día de la Expiación antitípico en el Compartimiento Santísimo, siendo con el coherente (cf. EW 55, 56, 250-254, 260, 261). Él entró en esa última fase de Su obra en 1844. De ahí Él ministra la verdadera justificación por la fe a aquellos que Lo siguen por la fe. De ahí, hay algo peculiar a respecto de justificación por la fe a la luz del Día de la Expiación, y el mensaje de 1888 lo reconoce.
Si hubiese obtenido libre curso para plena y cordial aceptación y desarrollo teológico, el mensaje habría preparado una comunidad de cristianos para encontrar al Señor "sin mácula, ni arruga, ni cosa semejante, sino que santa y sin defecto", "sin contaminación ante el trono de Dios". Era la intención de Su Divino Autor madurar las "primicias para Dios y el Cordero". Si eso no es verdad, la credibilidad de toda la vida de Ellen White será afectada, así como nuestro respeto propio denominacional.
Además, el obvio e innegable rechazo de ese mensaje no constituyó una caída moral o espiritual de la Iglesia remanente envolviendo un repudio de la teología protestante. Fue, antes, la captura de su desarrollo espiritual ordenado, una pobre ceguera y falta de habilidad en reconocer la consumación escatológica del amor y llamado del Señor.
El rechazo de ese mensaje virtualmente eclipsó un entendimiento ético y práctico de la purificación del santuario celestial. Dejó solamente la capa exterior de la estructura doctrinal, tal como las pruebas cronológicas de los 2300 años, y el concepto mecánico del "juicio investigador" como era predicado por nosotros antes de 1888. Nuestro propio crecimiento retardado en entendimiento ha atraído la burla de nuestros oponentes evangélicos que hacen poco caso de esta verdad peculiar adventista como "embuste, burla y sin provecho". Es por eso que tantos de entre nuestra propia gente, especialmente nuestros jóvenes, ven la "doctrina" del santuario como entediante e irrelevante.
Lo Que Ellen White Veía en el Mensaje de 1888
Tan luego como escuchó un poco del mensaje del Dr. Waggoner en Minneapolis (por primera vez y por casualidad), ella reconoció ser la "preciosa luz" en armonía con lo que había estado "tratando de presentar" durante los 45 años anteriores. Ella no experimentó celo, sino que acogió bien a los mensajeros y su mensaje. Era un desarrollo adicional, en plena armonía con la luz pasada, pero nunca claramente predicado antes:
"Veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley de Dios tal como el Doctor la ha presentado delante de vosotros. Decís, muchos de entre vosotros, que es luz y verdad. Sin embargo, no la habéis presentado en su luz de ahí en adelante. ... Eso que fue presentado se armoniza perfectamente con la luz que Dios se ha complacido en darme durante todos los años de mi experiencia. Si nuestros hermanos ministrantes aceptasen la doctrina que ha sido presentada tan claramente ... el pueblo sería alimentado con su porción de alimento en el tiempo cierto". (Ms. 15, 1888; Olson, op. cit., pp. 284, 295).
Los propios hermanos en Minneapolis entendieron que el mensaje era una revelación de nueva luz, antes que una reiteración de lo que se había predicado anteriormente. Eso está implícito como sigue:
"¿Un hermano me preguntó si yo pensaba que había alguna nueva luz que deberíamos tener, o cualquiera nuevas verdades? ... Bien, ¿debemos parar de investigar las Escrituras porque tenemos la luz sobre la ley de Dios, y el testimonio de Su Espíritu? No, hermanos". (Ms. 9, 1888; Olson, pp. 292-293).
Así, el mensaje de 1888 fue algo que los hermanos no habían comprendido anteriormente. Hubo una falla en apreciar el cierne y veracidad del tercer mensaje angélico, aprendiendo solamente sus formas exteriores:
"Hay solamente algunos pocos, aun entre aquellos que reivindican creer, que entienden el tercer mensaje angélico; y sin embargo este es el mensaje para este tiempo. Es la verdad presente. Pero cuán pocos asumen este mensaje en su verdadero peso y lo presentan al pueblo en su poder. Con muchos tiene solamente pequeña fuerza. Me dijo mí guía: 'Hay mucha luz aun para brillar de la ley de Dios y del evangelio de la justificación. Este mensaje entendido en su verdadero carácter, y proclamado con el Espíritu, iluminará la tierra con su gloria'". (Ms 15, 1888; Olson, p. 296).
"La obra peculiar del tercer ángel no ha sido vista en su importancia. Dios intentó que Su pueblo estuviese bastante adelantado de la posición que ocupa hoy... No está en el ordenamiento de Dios que la luz sea ocultada de nuestro pueblo -- la misma verdad presente de que carece para este tiempo. Ni todos nuestros pastores que están dando el tercer mensaje angélico, realmente entienden lo que constituye ese mensaje". (5T:714-715).
Ellen White nunca, ni una vez siquiera, empleó la palabra "reiteración" o aun "énfasis" con respecto al mensaje de 1888. Claramente, ella parecía ser nueva luz, lo que contradecía ideas mantenidas por los hermanos, tal como los judíos imaginaban que Cristo contradecía a Moisés cuando de hecho Su mensaje cumplía Moisés. Su contexto es el mensaje y su recibimiento:
"Vemos que el Dios del cielo a veces comisiona hombres para enseñar lo que es considerado como contrario a las doctrinas establecidas. Debido a que los que antes fueron depositarios de la verdad se volvieron infieles a su sagrado legado, el Señor escogió otros que recibiesen los brillantes rayos del Sol de la justicia, y apoyasen las verdades que no estaban en armonía con las ideas de los líderes religiosos. ...
"Aun los adventistas del séptimo día están en peligro de cerrar los ojos a la verdad como es en Jesús, porque ella contradice algo que han asumido como verdad, pero que el Espíritu Santo enseña no ser verdad". (30 de Mayo de 1896; TM:69-70).
Había un principio que hacía una revelación anticipada de "nueva luz" necesaria en 1888. Eso es declarado en uno de los sermones de Ellen White en Minneapolis:
"El Señor necesita de hombres que sean ... actuados por el Espíritu Santo, que estén ciertamente recibiendo el maná recién venido del cielo. Sobre las mentes de esos, la palabra de Dios emite luz. ...
"Aquello que Dios le concede a Sus siervos para hablar hoy tal vez no hubiese sido verdad presente hace veinte años, pero es el mensaje de Dios para este tiempo". (Ms. 8a, 1888; Olson, pp. 273, 274).
Hubo una clara diferencia en su mente entre el mensaje de la justificación por la fe como fue presentada en 1888 y el "mensaje pasado" que el Señor presentó antes de 1888. Aun cuando no debiese haber contradicción, debe haber desarrollo adicional: "Deseamos el mensaje pasado y el nuevo mensaje". (RH, 18 de Marzo de 1890). (Pero los apelos de ella no son una licencia para el fanatismo o ideas nuevas irresponsablemente proclamadas).
En una serie de artículos de la Review al comienzo de 1890, Ellen White debatió la verdad de la purificación del santuario en conexión con el controvertido mensaje de la justificación por la fe de 1888. Cada verdad complementaba la otra. Hubo una desesperada necesidad por más profundo entendimiento del evangelio eterno con relación al Día de la Expiación:
"Estamos en el día de la expiación, y debemos operar en armonía con la obra de Cristo de purificación del santuario. ... Debemos ahora presentar ante las personas la obra que por la fe vemos realizando a nuestro gran Sumo-sacerdote en el santuario celestial". (RH, 21 de Enero de 1890).
"La obra mediadora de Cristo, los grandes y santos misterios de la redención, deben ser estudiados y comprendidos por el pueblo que reivindica tener luz superior a todos los otros pueblos sobre la superficie de la Tierra. Estuviese Jesús personalmente sobre la Tierra, Él se habría dirigido a un número mayor de los que reivindican creer en la verdad presente con las palabras con que Se dirigió a los fariseos: 'Erráis no conociendo las Escrituras, ni el poder de Dios'. ...
"Hay antiguas, y sin embargo nuevas verdades para ser aun añadidas a los tesoros de nuestro conocimiento. No comprendemos o ejercemos fe como deberíamos. ... No somos llamados para adorar y servir a Dios por el uso de medios empleados en años anteriores. Dios requiere ahora servicio más elevado que nunca antes. Requiere el desarrollo de los dones celestiales. Él nos ha puesto en una posición en que precisamos de cosas mejores y más elevadas que nunca antes se dio". (ibíd., 25 de Febrero de 1890).
"Hemos estado oyendo Su voz más distintamente en el mensaje que ha avanzado durante los últimos dos años. ... Hemos solamente comenzado a obtener un pequeño chispazo de lo que sea la fe". (ibíd., 11 de Marzo de 1890).
Es, pues, evidente que:
1. El mensaje de 1888 fue "luz" que los hermanos no habían visto ni presentado "hasta entonces".
2. Era nuestro "alimento en el tiempo cierto"--alimento para hoy, no el maná restaurado de ayer.
3. Ellen White oyera en Minneapolis por primera vez una exposición doctrinaria de lo que estuviera "tratando de presentar" todo el tiempo -- los incomparables encantos de Cristo a la luz de Su ministerio del Día de la Expiación. Ningún otro labio humano lo había predicado.
4. Ella reconoció en E. J. Waggoner un agente empleado por el Señor para una revelación avanzada de la verdad a Su pueblo y al mundo.
5. La "verdad" del tercer mensaje angélico no había sido comprendida por nuestros pastores porque ellos no habían avanzado en entendimiento como deberían haberlo hecho hace cuarenta y cuatro años después del inicio de la purificación del santuario. En vez de eso, luz adicional había sido omitida del pueblo.
6. Los hermanos en la época entendieron el apoyo de ella a Waggoner y Jones como una recomendación de la nueva luz que traían. No fue un llamado a su entendimiento original de las "doctrinas establecidas". Se oponía a la mera reiteración de antiguos entendimientos. ¿Caso los hermanos Butler, Smith y otros así lo entendiesen, no la habrían fuertemente defendido, en lugar de oponerse a ella, como lo hicieron?
7. Por lo tanto, lo que los hermanos rechazaron fue el llamado para "cambios bastante decisivos". Ellos no rehusaron retroceder; rehusaron avanzar. Así, trataron de permanecer parados -- algo bien difícil para cualquier ejército que está en marcha.
La Luz de 1888 y el Comienzo de la Luz Mayor
Ellen White frecuentemente hablaba de la certeza de que el Señor enviaría nueva luz solo cuando Su pueblo estuviese dispuesto a recibirla. El "solo cuando" es necesario apenas porque el nuevo vino debe tener nuevos odres, y eso significa una crucifixión del yo (cf. Mateo 9:16-17):
"Si por la gracia de Cristo Su pueblo se vuelve nuevos odres, Él los llenará con el nuevo vino. Dios concederá luz adicional, y antiguas verdades serán recuperadas y recolocadas en el edificio de la verdad; y donde quiera que los trabajadores vayan, triunfarán. Como embajadores de Dios, deben investigar las Escrituras para buscar las verdades que han estado ocultas bajo el escombro del error". (ibíd., 23 de Diciembre de 1890).
"Una gran obra debe ser hecha, y Dios ve que nuestros hermanos dirigentes tienen necesidad de luz mayor, para que puedan unirse armoniosamente con los mensajeros a quien Él enviará para realizar la obra que Él determina que realicen". (ibíd., 26 de Julio de 1892).
¿Puede haber alguna duda de que el mensaje de 1888 fue el comienzo del mensaje del cuarto ángel, que une su voz con la del tercer ángel? Ni The Fruitage of Spiritual Gifts [Los frutos de los dones espirituales] (Christian), o Captains of the Host [Capitanes de la hueste] (Spalding), o Through Crisis to Victory [A través de la crisis a la victoria] (Olson), o The Lonely Years [Los años solitarios] (A. L. White), ni la reciente "Declaración" del Patrimonio White inserido en Selected Messages [Mensajes Selectos], Vol. 3, (pp. 153-163), hace una única alusión a ese hecho. Lo mismo es verdad cuanto al artículo sobre la asamblea de 1888 en la edición de la primavera de 1985 de Adventist Heritage [Herencia adventista]. Nuestra Seventh-day Adventist Encyclopedia [Enciclopedia adventista del séptimo día] discute el mensaje de 1888 en varios artículos, pero nunca lo reconoce por lo que fue (pp. 634-635, 1086, 1201, 1385).
Esa omisión de verdad vital es impresionante. Se asemeja a la prontitud de los judíos para reconocer Jesús de Nazaret como un gran rabino, mientras dejan de verlo como el Mesías. Pero la lógica y la coherencia requieren esta maniobra especial por aquellos que insisten en decir que el mensaje de 1888 fue aceptado. Precisan virtualmente ignorar el hecho de que el mensaje fue el comienzo de la lluvia tardía y del alto clamor, o tendrán que explicar como una obra que debería haberse diseminado "como fuego en la paja seca" se ha arrastrado por casi un siglo, cuando podría haber iluminado el mundo hace mucho tiempo si "nuestros hermanos" lo hubiesen verdaderamente aceptado (Carta B2a, 1892; GCB 1893, p. 419).
Observen como Ellen White vio claramente el mensaje de 1888 a la luz de Apocalipsis 18:
"Varias personas me han escrito, indagando si el mensaje de la justificación por la fe [de 1888] es el mensaje del tercer ángel, y he respondido: "Es el mensaje del tercer ángel en verdad". El profeta declara: "Y después de eso vi otro ángel descendiendo del cielo, teniendo gran poder; y la tierra fue iluminada con su gloria". [Apocalipsis 18:1] (RH, 1º de Abril de 1890).
"El alto clamor del tercer ángel ya comenzó en la revelación de la justicia de Cristo... Este es el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra". (ibíd., 22 de Noviembre de 1892).
Si ese tremendo mensaje debe ser proclamado por los reavivalistas protestantes populares, no tenemos razón de existir como un pueblo especial.
La Luz Apagada del Alto Clamor
El Señor es misericordioso y longánimo, y listo para perdonar. Él restaura lo que se perdió bajo condición de arrepentimiento. Pero no podemos permitir que la confusión neutralice la parábola de 1888.
Si aquellos que se opusieron a la luz en Minneapolis más tarde se arrepintiesen verdaderamente y obtuviesen el perdón, ¿por qué no fue el propósito original del mensaje de 1888 cumplido? Es cierto que no hubo reavivamiento y reforma coherente en alcance y efecto con lo que vendría, caso la luz hubiese sido aceptada. El Señor no envió más luz fuera de aquel fatídico "comienzo". Podemos preguntar, ¿por qué?
En ninguna ocasión entre 1888 y 1901 el liderazgo responsable de la Iglesia manifestó un firme propósito de rectificar el trágico error de 1888. Duda, sospecha, desconfianza del mensaje y de los mensajeros prosiguieron aun por décadas.
Aun cuando esa tragedia haya pasado, no hay necesidad de concluir que el Señor retiró Sus bendiciones de Su pueblo. Lo que fue despreciado y rechazado fue la lluvia tardía, pero la lluvia temprana ha continuado a caer. Innumerables almas han sido conducidas al Señor durante el siglo pasado -- inclusive cada lector de este libro. Ninguna persona que tuvo parte en la historia de 1888 está viviendo hoy.
Dios no se olvidó de Su pueblo. Pero nuestra actitud ató Sus manos, haciendo imposible que Él enviase más derramamiento de lluvia tardía. Él no podría y no deseó lanzar Sus perlas más preciosas ante aquellos que no reverencian Su gracia más abundante. Por lo tanto, esas lluvias de la lluvia tardía cesaron después que el derramamiento inicial hubo sido persistentemente repudiado. Él no está más allá de la capacidad de ser ofendido.
En un sermón que despertó la reflexión, en lenguaje casi cifrada, Ellen White habló de como Elías fue alimentado por una viuda fuera de Israel porque los que se encontraban en Israel y que tenían luz no vivieron a la altura de ella. "Ellos eran el pueblo de más dura cerviz en el mundo, los más difíciles de impresionar con la verdad", dijo. El sirio Naamán fue purificado de la lepra mientras los israelitas leprosos permanecían contaminados. Cuando los habitantes de Nazaret se levantaron contra el Hijo de María, "algunos" estaban listos para aceptarlo como el Mesías, pero una influencia "los presionó" a apagar su convicción. Esas fueron ilustraciones de nuestra historia de 1888:
"Pero aquí una condición de incredulidad se levanta: ¿No es este el hijo de José? ... ¿Qué hicieron ellos en su locura? 'Se levantaron y Lo expulsaron de la ciudad'. Aquí deseo deciros cuán terrible cosa es cuando Dios concede luz, y ella impresiona el corazón y el espíritu... Dios fue aceptado en Nazaret por algunos; el testimonio aquí fue de que Él era Dios; pero una influencia contraria los presionó ... lo cual llevaría los corazones a no creer". (Ms. 8, 1888; Olson, pp. 263-264).
Esa "influencia contraria" es un factor significativo en nuestra historia de 1888. Dos días antes ella había advertido que los pasos de la incredulidad que se habían dado se comprobarían finales para aquella generación en lo referente a la luz adicional de la lluvia tardía:
"Estamos perdiendo muchas bendiciones que podríamos haber tenido en esta asamblea [Minneapolis], porque no avanzamos en nuestros pasos en la vida cristiana, como es nuestro deber presentado ante nosotros; y esa será una pérdida eterna". (ibíd., Olson, p. 257).
"Esa luz que debe llenar toda la Tierra con su gloria fue despreciada por algunos que reivindican creer en la verdad presente. ... Yo no se, pero algunos han hasta ahora ido demasiado lejos para volver y arrepentirse". (TM:89-90; 1896).
"Si esperáis que la luz venga en una manera que agrade a todos, esperareis en vano. Si esperáis por llamados más altos o mejores oportunidades, la luz será retirada, y seréis dejados en tinieblas". (5T:720).
Hablando de una reunión de líderes y ministros en 1890, Ellen White reveló el patético cuadro de Jesús siendo rechazado tal como la enamorada en Cantares de Salomón 5:2+ hizo con que su amado se alejase: "Cristo llamó a la puerta en busca de entrada pero no hubo lugar para acogerlo, la puerta no fue abierta y la luz de Su gloria, tan próxima, fue retirada" (Carta 73, 1890).
La Fuente de Incomprensión Reformacionista
Esfuerzos celosos por décadas para descartar el mensaje de 1888 como "nueva luz" tiende a desviar la atención favorable del mismo mensaje para los conceptos populares no-adventistas del protestantismo. Ese fue el caso por casi sesenta años, comenzando por vuelta de los años de la década de 1920. Christ Our Righteousness [Cristo, Justicia Nuestra], de A. G. Daniells en 1926 no percibió nada peculiar en el mensaje de 1888, sino que equivocadamente lo interpretó como estando "en perfecta armonía con la mejor enseñanza evangélica [no-adventista]" (Pease, By Faith Alone [Por la fe solamente], p. 189).
Esa larga tradición ha, indudablemente, lanzado los fundamentos del éxito de corrientes actuales de conceptos de justificación por la fe semejantes a los mantenidos por los teólogos calvinistas "reformacionistas". Si los no-adventistas poseen la verdad cuanto a la justificación por la fe, tenemos que necesariamente importar de ellos la verdad. Pero en el proceso de hacerlo, las verdades de 1888 han sido negligenciadas, y aun han sido opuestas.
Lo que se sigue tipifica esta posición ampliamente acatada. Ella confunde seriamente las posiciones reformacionistas con el mensaje de 1888. He aquí un ejemplo del venerable fundamento sobre el que reposa la fenomenal confusión de décadas recientes:
"La justificación por la fe [de 1888] no era nueva luz. Hay los que han mantenido la errónea idea de que el mensaje de la justicia de Cristo era una verdad desconocida al movimiento adventista hasta el tiempo de la asamblea de Minneapolis, pero el hecho es que nuestros pioneros la enseñaban desde el mismo principio de la Iglesia del advento. Cuando yo era un joven predicador, oí por diversas veces a nuestros veteranos, como J. G. Matteson y E. W. Farnsworth, declarar que justificación por la fe no era una nueva enseñanza en nuestra Iglesia". (Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts [Los frutos de los dones espirituales], pp. 225-226).
Es triste decir que algunos de esos "veteranos" no eran receptivos a la luz creciente de 1888. Esa insistencia en que el mensaje de 1888 no era nueva luz fue la insignia familiar de lao posición de esa época. No mucho después de la asamblea de Minneapolis, R. F. Cottrell escribió un artículo para la Review atacando el mensaje de 1888, preguntando: "¿Dónde está la Nueva Ruptura?" (RH, 22 de Abril de 1890). W. H. Littlejohn igualmente atacó el mensaje con un artículo el 16 de Enero de 1894, intitulado, "Justificación Por la Fe No es Nueva Doctrina". Ambos dejaron de reconocer lo que estaba aconteciendo en sus días -- la iniciación de la lluvia tardía.
Algunos autores han citado aisladamente declaraciones de Ellen White, distorsionándolas, en apoyo a la misma tesis de oposición--de que no se trataba de nueva luz. Pero ella no se contradice en ese importante punto. Examinemos las declaraciones empleadas en apoyo a la posición de "reiteración". Debemos concederles una justa atención:
"El Pr. E. J. Waggoner tuvo el privilegio [en Minneapolis] de la concesión de hablar claramente, presentando sus posiciones sobre justificación por la fe y la justicia de Cristo con relación a la ley. Eso no era nueva luz, sino que la antigua luz colocada donde debería estar en el tercer mensaje angélico... No era nueva luz para mi, pues me había venido de autoridad más elevada por los últimos cuarenta y cuatro años". (Ms. 24, 1888; 3MS:168; Olson, p. 48).
"Obreros en la causa de la verdad deberían presentar la justicia de Cristo, no como nueva luz, sino como preciosa luz que por un tiempo fue perdida de vista por el pueblo". (RH, 20 de Marzo de 1894; Olson, p. 49).
Esas declaraciones no dicen que el mensaje de 1888 en su plenitud no fue la nueva luz de la lluvia tardía y del alto clamor. En el contexto, la declaración de Ms. 24, de 1888 fue escrita para refutar el preconcepto de hermanos oponentes que despreciaban el mensaje como meramente una novedad de origen humana. Toda luz es eterna; ninguna es estrictamente "nueva". Pero era ciertamente nueva para nuestros hermanos en 1888 y para nuestras congregaciones. ¡Y Habría sido nueva para el mundo si la hubiesen proclamado!
Y sea lo que fuese la luz de 1888, nueva o antigua, es obvio que nadie más la había predicado entre nosotros durante aquellos "últimos cuarenta y cuatro años" (Ms. 5, 1889; MS. 15, 1888; Olson, p. 295). Más adelante, en el manuscrito de 1889, Ellen White declaró que el mensaje entero de 1888 se comprobaría realmente "nueva luz" si la comisión evangélica debiese ser terminada en aquella generación:
"Preguntas fueron hechas en aquella época: "Hermana White, ¿cree que el Señor tiene alguna nueva y aumentada luz para nosotros como un pueblo?" Yo respondía: "Ciertamente. No sólo pienso así, sino que puedo hablar con entendimiento. Se que hay preciosa verdad a sernos desdoblada si somos el pueblo que debe permanecer en pie en el día de la preparación de Dios". (3MS:174).
Los adventistas del séptimo día no deben cultivar la reputación de ser inventores de nuevas doctrinas, sino que reparadores de brecha, restauradores de veredas para en ellas habitar, descubridores de los antiguos caminos. Tal presentación desarmará el preconcepto, mientras la presentación de la verdad como algo inventado hace poco despertará oposición.
Pero eso no niega que el mensaje de 1888 fue una revelación avanzada para la iglesia. Aun cuando la convicción de Ellen White gradualmente se profundizase en el sentido de que se trataba del cumplimiento de la profecía de Apocalipsis 18, ella veía como se armonizaba con el concepto peculiar de la purificación del santuario celestial. Ese era el cerebro del mensaje.
Esta es una verdad que los sinceros amigos protestantes nunca comprendieron. ¿Podría una razón de eso ser que nosotros jamás la hicimos clara a ellos?
Es chocante para los judíos ortodoxos que han orado por la venida de su Mesías reconocer que Él vino hace mucho tiempo pero fue rechazado por sus antepasados. No es menos chocante para los adventistas del séptimo día que se mantienen orando por el derramamiento de la lluvia tardía reconocer que la bendición vino un siglo atrás, pero fue rechazada por sus antepasados.