1888 Re-Examinado

Capítulo 7

Un examen más detenido de las confesiones

El misterio envuelve las confesiones posteriores a 1888 de aquellos que se opusieron al mensaje. Llegamos al tiempo de la lluvia tardía y del alto clamor, y entonces dejamos pasar nuestra oportunidad. Israel también llegó a los limites de su Tierra Prometida, y entonces retrocedió.

Arrepentimiento profundo y genuino es una virtud rara. No es de modo alguno imposible, a la luz del sacrificio de Cristo. Pero muchas confesiones son superficiales, como la de Esaú y dey rey Saúl. Ambos se reconocieron errados, y ambos derramaron lágrimas; ninguno de ellos encontró el arrepentimiento que restaura lo que estaba perdido.

La historia de Israel en Cades-Barnea y después ilustra la experiencia de este movimiento durante y después de la asamblea de Minneapolis. Israel cometió un error y después se "arrepintió", pero aquella generación nunca recuperó lo que había perdido.

Hay un principio envuelto en el tipo de arrepentimiento y confesión que no alcanza la gravedad del pecado:

"Ahora [Israel en Cades-Barnea] parecía arrepentirse sinceramente de su conducta pecaminosa; pero ellos se entristecieron debido al resultado de su impía actitud, no por causa de un sentido de su ingratitud y desobediencia... Dios probó su aparente sumisión, y comprobó que no era genuina... Ellos quedaron solamente aterrorizados en descubrir que habían cometido un error terrible, y los resultados del mismo se les demostrarían desastrosos. Sus corazones permanecieron inalterados...

"Aun cuando la confesión de ellos no partiese de un verdadero arrepentimiento, sirvió para vindicar la justicia de Dios en Su trato con ellos.

"El Señor aun opera de modo semejante para glorificar Su nombre al llevar los hombres a reconocer Su justicia... Y aun cuando el espíritu que inspiró el mal designio no sea radicalmente cambiado, confesiones son hechas que vindican la honra de Dios, y justifican a Sus fieles reprobadores, que fueron objeto de oposición y mala representación". (PP:391, 393).

La evidencia de una pluma inspirada indica que esa fue la naturaleza de las confesiones póst-1888 de los líderes destacados de mayor influencia que inicialmente habían rechazado el mensaje.

Pero opiniones contemporáneas ampliamente publicadas sostienen que la mayoría de los hermanos que se opusieron en Minneapolis rectificaron su error, hicieron confesiones humildes y profundas, se arrepintieron enteramente, y de ahí predicaron el mensaje de 1888 "con poder".

¿Qué demuestra la evidencia?

(1) Las confesiones fueron prácticamente extraídas por evidencia abrumadora, compelente. "La evidencia actual de Su operación os es revelada, y no estáis bajo obligación de creer", declaró Ellen White en 1890 (TM:466). La fe había casi enteramente dado lugar a la vista.

(2) Hay evidencia de que los confesores más preeminentes e influyentes actuaron contrariamente a sus confesiones más tarde.

(3) Hubo bien poca reconciliación abierta que condujo a una unión fraternal con A. T. Jones y E. J. Waggoner o aceptación del mensaje de ellos. (Fue después de las confesiones que Ellen White fue exilada en Australia y Waggoner en Gran-Bretaña). Aun en 1903 los Pastores G. I. Butler y J. N. Loughborough, en la asamblea de la Asociación General, representaron mal la verdadera posición de ellos delante de sus protestas verbales (ver capítulo 10).

(4) La cuestión en juego era la salvación personal de las almas de los ministros opositores. Pero no hay evidencia de que se hayan arrepentido de haber obstruido el derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía, o de suprimir la luz del alto clamor manteniéndola oculta "en gran medida" de la Iglesia y del mundo. Así, la consecuencia de la rebelión en Minneapolis, el indefinido retardamiento de la proclamación en ámbito mundial del mensaje del alto clamor, no podría ser evitada.

(5) Con excepción de W. W. Prescott, no hay evidencia de que ninguno de los confesores recuperó la esencia del mensaje de 1888 de modo suficiente como para proclamarlo bien. (Saulo de Tarso se arrepintió tan completamente que después siempre proclamó el evangelio con poder). Pease revela que cuando el siglo XIX se convirtió en XX, ninguno de aquellos que inicialmente rechazaron el mensaje de 1888 estaba en evidencia para proclamarlo eficazmente:

"Durante los años noventa el reavivamiento centralizado en esa gran doctrina era en gran parte obra de las mismas tres personas, la Sra. White, E. J. Waggoner y A. T. Jones. Es verdad que habían muchas voces que se armonizaban, pero ningún Elías se destacaba a la altura de 1900, listo para asumir el manto en caso de que algo le aconteciese a los tres principales campeones de la doctrina". (By Faith Alone [Por la fe solamente], p. 164).

Un examen de los mensajes impresos después de la confesión de esos "confesores" confirma esta declaración. Un verdadero arrepentimiento habría resultado en una multitud de poderosos mensajeros dominados por el evangelio, proclamando el "más precioso mensaje" de modo que habría reavivado integralmente la Iglesia e iluminado el mundo con gloria. Pero Ellen White tuvo que decir el 5 de Noviembre de 1892 que "nadie" de los rechazadores originales había recuperado lo que había perdido por su incredulidad inicial (Carta B2a, 1892). Esta declaración fue hecha después que aparecieron las confesiones más destacadas.

Posiciones Contemporáneas de las Confesiones Post-1888

Una declaración frecuentemente citada de un antiguo obrero forma la base para mucho del entendimiento actual de lo que aconteció después de Minneapolis.

"Luego en el inicio de la primavera de 1889, comenzaron a surgir rumores de que los que se posicionaron con la oposición en la asamblea comenzaban a ver la luz y luego fervorosas confesiones se siguieron. Dentro de dos o tres años la mayoría de los hombres del liderazgo que habían rehusado la luz por ocasión de la asamblea vinieron a público con claras confesiones". (C. McReynolds, "Experiencias de la Asamblea de la Asociación General de Minneapolis en 1888", Archivo D, 189, Patrimonio E. G. White. Cf. N. F. Pease, op. cit., pp. 142-143).

"Las confesiones mencionadas arriba eran, sin duda, en algunos casos, inspiradas por sobria reflexión después que los individuos envueltos hubieron estado bien lejos, retirados de la escena de controversia". (Pease, op. cit., p. 144).

Otra declaración, de Captains of Host [Capitanes de la hueste], apoya la idea de que las confesiones realmente revirtieron la oposición de 1888:

"Gradualmente se dio la inversión y la reunión en la unidad de la fe. Había tanto un poder cortante como curativo en los mensajes que [Ellen White] enviaba, llevando el mensaje de justificación y buena voluntad en Cristo, que en general atraían para sí a los hermanos antes alejados". (Spalding, op. cit., pp. 598-599).

Nuestra Seventh-day Adventist Encyclopedia [Enciclopedia adventista del séptimo día] presenta el mismo punto de vista:

"Malentendido, oposición y división nublan el registro de aquella asamblea [de 1888]. Sin embargo, muchos que estaban indecisos en aceptar ese nuevo énfasis en 1888 más tarde cambiaron de punto de vista. Algunos prosiguieron por un tiempo a oponerse a ella". (p. 1086).

Ninguna mención se hace en The Fruitage of Spiritual Gifts a las confesiones, una vez que el autor presume que en general el mensaje de 1888 fue inicialmente bien recibido en la propia asamblea de Minneapolis.

La posición predominante que tenemos hoy es que "poseímos" el mensaje de 1888 como segura posesión, sea porque nuestros antepasados lo aceptaron, o porque hubo subsecuentes confesiones y arrepentimiento. Y "nosotros" hemos, por lo tanto, estado proclamándolo poderosamente durante muchas décadas. Debemos inquirir si esa no sería una mentalidad del "rico soy, de nada tengo falta".

Hay Problemas Con Esta Posición

Si las confesiones de los opositores de Minneapolis cambiaron su real actitud de modo que podrían proclamar el mensaje eficazmente a nuestro pueblo y al mundo, algunas preguntas carecen de respuesta.

(1) ¿Dónde está la evidencia de que el mensaje y la luz de 1888 fueron recuperadas, y por los mismos hermanos arrepentidos proclamada a nuestro pueblo en forma clara y poderosa? ¿Dónde está la evidencia de que la oposición cesó en lugar de pasar a ser subterránea?

(2) ¿Por qué la "obra" no fue terminada luego después del tiempo de la confesión y arrepentimiento? La oposición en Minneapolis apagó el alto clamor; un arrepentimiento apropiado lógicamente lo restauraría.

(3) ¿Cómo explicar las persistentes y numerosas declaraciones de Ellen White aun en 1901 de que el mensaje era continuamente mal representado y objeto de oposición por el liderazgo? A continuación va una de ellas, indicando que la genuina reforma que se sigue al arrepentimiento no podría haber tenido lugar:

"Siento especial interés en los movimientos y decisiones que tendrán lugar en esta Asamblea [de 1901] concernientes a las cosas que deberían haber sido hechas años atrás, y especialmente diez años atrás, cuando estábamos reunidos en Asamblea. ... Los hermanos accedieron a la luz dada, pero ... la luz que fue dada no llevó a una acción a su respecto. Ella fue admitida, pero ningún cambio especial fue hecho para operar una condición de cosas de modo que el poder de Dios pudiese revelarse entre Su pueblo. Año tras año el mismo reconocimiento fue hecho. ... Es una maravilla para mi que hayamos alcanzado tanto progreso hoy. Es debido a la gran misericordia de Dios, no debido a nuestra justicia, que Su nombre no deba ser deshonrado en el mundo". (GCB 1901, p. 23; énfasis añadido).

Sus reales convicciones son reveladas en una declaración que hizo una semana después, apoyando la reorganización y una esperada reforma. "Muchos que han estado más o menos fuera de paso desde la asamblea de Minneapolis tendrán el paso corregido". (p. 205).

Uno de los más pungentes mensajes proféticos de Ellen White es su testimonio "Lo Que Podría Haber Sido" (5 de Enero de 1903; 8T:104-106). El bello arrepentimiento que nuestros historiadores declaran haber tenido lugar se revela solamente un sueño, en vez de "realidad".

El Testimonio de Nuestra Historia

Es de conocimiento común que Urias Smith fue uno de los más persistentes opositores del mensaje. Como editor de la Review and Herald y con su bien adquirido prestigio como autor destacado, él podía haber ejercido la más poderosa influencia por el mensaje. Su redacción incisiva y lógica apelaba a las mentes pensantes. Ese hermano capaz y amoroso blandía la más poderosa pluma en Battle Creek y podría haber ayudado a iluminar la tierra con la gloria de la verdad desarrollada en forma madura. El Espíritu Santo podía haber operado con el autor de Thoughts on Daniel and the Revelation [Pensamientos sobre Daniel y el Apocalipsis] si su corazón y mente aguda se hubiesen sumado a la feliz tarea.

Él prefirió no hacerlo. Consideraba el mensaje como meramente una "doctrina" enfatizada en exceso y mantenía que siempre la habíamos enseñado. Inmediatamente después de Minneapolis, él y W. W. Prescott trataron de silenciar A. T. Jones en Battle Creek. Ellen White menciona el incidente:

"El Pastor Urias Smith pensaba que sería mejor que [A. T. Jones] no fuese convidado a hablar, pues él tenía posiciones bastante fuertes. Y los arreglos fueron hechos para excluirlo de la escuela [de Battle Creek]." (Ms. 16, 1889).1

Esfuerzos para auxiliar Smith solamente agravaron su porfiadez. Por un largo tiempo, ninguna "sobria reflexión" lo llevó a cualquier punto de vista diverso.

En Marzo de 1890 Ellen White escribió en la Review:

"Traté de presentaros el mensaje como lo entendí, ¿pero por cuánto tiempo irán aquellos al frente de la Obra mantenerse alejados? ...

"Por casi dos años hemos estado instando las personas a erguirse y aceptar la luz y la verdad concerniente a la justicia de Cristo, y ellas no saben se venir y asumir esta preciosa verdad o no. ... Puedo hablar al oído, pero no puedo hablar al corazón. No nos levantaremos y saldremos de la posición de incredulidad?" (RH, 18 de Marzo de 1890).

Finalmente, después de estar "bajo obligación de creer" (TM:466), el Pastor Smith vagaba deplorablemente, en peligro de perderse:

"El hermano Smith está enredado por el enemigo y no puede en su presente condición darle a la trompeta el sonido cierto ... sin embargo ... está colocado en posiciones como instructor para moldear y formar las mentes de los estudiantes, cuando es hecho bien conocido que él no se coloca bajo la luz. No está actuando en la orden de Dios. Está sembrando simientes de incredulidad que brotan y producen frutos para que algunas almas los cojan. ... El Pastor Smith no recibirá la luz que Dios le ha dado para corregirlo, y no tiene un espíritu para corregir por confesión cualquier curso errado que haya seguido en el pasado. ... Me ha sido mostrado que como ahora se encuentra, Satanás preparó sus tentaciones para cerrarse en vuelta de su alma". (Carta a O. A. Olsen, 7 de Octubre de 1890).

"Tengo gran sufrimiento de corazón. Se que Satanás está buscando obtener el señorío sobre los hombres. ... Tales hombres, como el Pastor Smith endurecerán sus corazones, a menos que vean y sean convertidos. Hay aquellos que están mirando al Pastor Smith, pensando que un hombre que ha recibido tan grande luz será capaz de ver cuando el bien viene, y reconocerá la verdad. Mas me ha sido mostrado que en el carácter del Pastor Smith hay un orgullo y porfiadez que nunca fue plenamente traído en sujeción al Espíritu de Dios. Vez tras vez su experiencia religiosa ha sido maculada por su determinación de no confesar sus errores, sino que pasarlos por alto y olvidarlos. Los Hombres pueden acariciar este pecado hasta no haber más perdón para ellos" (Diario, 10 de Enero de 1890, Battle Creek).

Estas solemnes palabras contienen la evidencia del amor semejante al de Cristo que Ellen White tenía por su alma. A la luz de la eternidad, la verdad es más preciosa que el mismo engaño. En otras comunicaciones de parte de ella podemos ver cuán seria se había vuelto la situación:

"Los hombres en posiciones de responsabilidad han desilusionados a Jesús. Ellos han rehusado bendiciones preciosas, y han rehusado ser canales de luz. ... El conocimiento que deberían recibir de Dios ... lo rehúsan aceptar, y así se vuelven canales de tinieblas. El Espíritu de Dios es ofendido". (Ms. 13, 1889).

"Nuestros jóvenes reparan como los hombres más antiguos permanecen parados como estacas, y no se moverán para aceptar cualquier nueva luz que es introducida; se reirán y ridiculizarán lo que esos hombres dicen y lo que hacen como no teniendo importancia. ¿Quién lleva a carga [culpa] de esa risa y de ese desprecio? ... [Ellos] se interpusieron entre la luz que Dios concedió, a fin de que no vaya al pueblo que debe obtenerla". (Ms. 9, 1890).

"El diablo ha estado operando por un año para nublar esas ideas [el mensaje sobre la justicia de Cristo, de 1888]--la totalidad de ellas. ... ¿Por cuánto tiempo el pueblo en el centro de la Obra se mantendrá contra Dios? ¿Por cuánto tiempo los hombres aquí irán a sostenerlos para realizar esta obra? Salid de en medio del camino, hermanos. Sacad la mano de sobre el arca de Dios, y dejad al Espíritu de Dios entrar y operar con grandioso poder". (ídem).

La influencia negativa del redactor de la Review se expandió largamente. Ellen White lo tenía como responsable en gran medida:

"Habéis fortalecido las manos y mentes de hombres tales como Larson, Porter, Dan Jones, Eldridge y Morrison y Nicola y muchos más mediante ellos. Todos te citan, y el enemigo de la justicia observa eso con placer... Si tuvieres que recuperar la fe, ¿cómo puedes remover las impresiones de incredulidad que has sembrado en otras mentes? No trabajes tan duramente para cumplir la propia obra que Satanás realiza. Esta obra fue realizada en Minneapolis. Satanás triunfó". (Carta 59, 1890).

Cuando Ellen White trató de ayudarlo, él respondió "por escribirme una carta acusando al Pastor Jones de derribar los pilares de nuestra fe" (Carta 73, 1890; ver Nota Adicional, capítulo cuatro). Finalmente, después del cambio del nuevo año de 1891, él hizo la confesión a sus hermanos, y le pidió perdón a la Sra. White por su errónea actitud. Eso fue bueno. Él era un hombre honesto. Nuestra Seventh-Day Adventist Encyclopedia [Enciclopedia adventista del séptimo día] admite su oposición inicial al "nuevo énfasis sobre justificación por la fe", pero acredita su confesión como restaurando "completa armonía" (p. 1201). Mas no sería este el caso.

El Pastor Smith había previamente tenido experiencias bien semejantes. Su fe en la obra de Ellen White a veces no era muy fuerte. Y él propagaba su incredulidad. Sus cartas difícilmente podrían ejercer influencia contraria a llevar a D. M. Canright a cuestionar la inspiración de Ellen White 2. El más débil impulso enviará un hombre que se ahoga en lo hondo.

¿Fue el arrepentimiento del Pastor Smith a principios de 1891 completo y permanente? Bien podría haberlo sido. El Señor lo desearía. Hablando al escritorio de la Review and Herald, Ellen White declaró que "el Señor apagará las transgresiones de cuantos desde aquel tiempo se han arrepentido con sincero arrepentimiento".

Como Algo Salió de los Rieles

El regocijo por las confesiones debe ser situado en la perspectiva de la historia subsecuente. Como hemos visto, Ellen White más tarde declaró que había habido una influencia en el escritorio de la Review and Herald que tendía a decir: "Yo iré, Señor", pero no fue. Nadie puede cuestionar la sinceridad y bondad de los hermanos; apenas hacemos notar la realidad de capas más profundas de incredulidad de las cuales no estaban conscientes. "Los hermanos consintieron con la luz que Dios había dado, pero existían aquellos que estaban ligados a nuestras instituciones, especialmente al escritorio de la Review and Herald y [Asociación] General, que introducían elementos de incredulidad, de modo que la luz dada no era puesta en acción" (GCB 1901, p. 23; énfasis añadido).

Después de su confesión, ella lo incentivó a considerar las cosas según la luz correcta. Ella sabia que él no estaba dándole a la trompeta el sonido cierto en la Review. Más de un año después de su confesión, ella le escribió en un tono de advertencia y consejo, declarando de modo claro que él había vuelto a su postura anterior de oposición:

"Algunos de nuestros hermanos ... están llenos de celos y murmuraciones, y están siempre listos para demostrar exactamente en lo que discuerdan de los Pastores Jones y Waggoner. El mismo espíritu que fue manifiesto en el pasado, se manifiesta nuevamente en toda oportunidad; pero eso no deriva del impulso del Espíritu de Dios. ...

"Debiesen [los Pastores Jones o Waggoner] sucumbir a las tentaciones del enemigo, ... cuantos ... no entrarían en un engaño fatal debido a no estar bajo el control del Espíritu de Dios". (Carta S24, 1892; énfasis añadido).

El Pastor Smith parecía tener un erróneo sentido de la condición espiritual de la Iglesia. Como anteriormente (1882) él continuaba "pensando demasiado favorablemente del tiempo presente" (cf. 5T:80). No podemos condenarlo, pues él no tenía el discernimiento del don de profecía. No obstante, su optimismo irreal lo estableció como el Sr. Laodicea. Sus inocentes lectores entonces no sabían algo mejor; nosotros un siglo después sabemos algo mejor, ahora que la historia ha sostenido el Espíritu de Profecía, que tanto se oponía a su punto de vista. En un editorial del 14 de Marzo de 1892, él se expresó con indebido optimismo:

"La Causa ha avanzado con creciente rapidez, especialmente en estos últimos años. El objetivo aquí es ... llamar la atención al maravilloso ritmo creciente que la Causa de la verdad presente ha alcanzado ahora. Ella está siguiendo adelante por todas parte. Está creciendo en velocidad día tras día. Avanza con un poder que no puede ser detenido. En el nivel de progreso ahora desarrollado, debe en breve alcanzar su meta. Está acelerando sus pasos rumbo a su triunfo final". (RH, 14 de Marzo de 1892).

La mensajera del Señor no parecía tan contenta, pues estaba consciente de un serio obstáculo a la obra dentro de nuestras propias filas y el espectro visible al frente de un largo atraso. La historia ha comprobado que el editorial del Pastor Smith era un juicio superficial. Ellen White así lo declaró, entonces:

"La oposición en nuestras propias filas ha impuesto sobre los mensajeros del Señor una tarea laboriosa y probatoria, pues han tenido que enfrentar dificultades y obstáculos que no precisaban haber existido... Son elementos que actúan entre nosotros mismos los que han impedido el mensaje. ...

"La influencia que se desarrolló de resistencia a la luz y a la verdad en Minneapolis tendieron a dejar de ningún efecto la luz que Dios había dado. ...

"La obra está años atrasada. ¿Qué cuentas se le dará a Dios por ese retardamiento de la obra?" (GCB 1893, pp. 419).

Repetidamente, el desorientado editor seguía una línea de pensamiento diametralmente opuesta a la verdad presente -- a la de la justicia de Cristo sonando en el principio del alto clamor. De forma suficientemente dramática, su oposición era frecuentemente enfrentada de modo adecuado por artículos de Ellen White u otros que surgían como aparentes coincidencias. Para su crédito, él los publicaba. El control editorial era más relajado en aquellos días que ahora. Mas su mentalidad personal estaba fijada.

Aun en 1892, bastante después de la confesión del redactor, ella declara: "La primera posición que tomaste con respecto al mensaje y al mensajero te ha sido un continuo lazo y una piedra de tropiezo. ... Esa pérdida es aun tu pérdida" (Carta S24, 1892).

Lo encontramos escribiendo un editorial diciendo que el mensaje presente no es el comienzo del alto clamor; eso es algo aun futuro. Su punto de vista era el de determinismo soberano divino, virtualmente el del moderno calvinismo reformacionista. No podemos ni apresar ni retardar la venida del Señor:

"¿Sería la actitud apropiada ahora para el pueblo de Dios fijar la mente sobre esas bendiciones futuras y ese poder futuro, y renunciar a todo lo demás, haciendo de esas cosas el objetivo directo a ser especialmente buscado? Fijar la mente sobre lo que está para venir, y de ahí raciocinar. Ahora la Iglesia debe tener tales y tales obras poderosas, debe alcanzar tal y tal condición, y de ahí concluir que debe, en deterioro de deberes más próximos, buscar por medios especiales obtener aquel poder y aquellas realizaciones ahora -- ¿es ese el camino en que esas bendiciones deben ser aseguradas? . . .

"Todos esos otros desarrollos vendrán en el buen tiempo del Señor. Dios a su debido tiempo le concederá a Su pueblo el poder necesario. ... Él traerá el alto clamor del mensaje. ... Deja que las bendiciones futuras sean concedidas por Aquel de quien es la obra, para cuando y como mejor le aproveche". RH, 14 de Mayo de 1892).

El Pastor Smith aparentemente no tenía idea de que "el buen tiempo del Señor" ha sido y es siempre ahora, una vez que el séptimo ángel comenzó a sonar en 1844, "No habrá demora" (Apocalipsis 10:5). Solamente una semana después apareció un artículo de Ellen White que contradecía el espíritu de ese mal editorial. S. N. Haskell luego envió un fervoroso artículo para contradecir las palabras del tipo "paz y seguridad" del redactor (26 de Julio de 1892). Después el Presidente Olsen también se prevaleció de la oportunidad para reprender al redactor mediante las columnas de su publicación:

"Hace mucho tiempo hemos hablado sobre el alto clamor del mensaje del tercer ángel ... Bien, ¿es llegado el tiempo para que ese alto clamor sea oído? ... Ciertamente que si, hermanos. ... Entonces no os quedéis contemplando una ocasión más adelante, no la esperéis en algún lugar remoto; considerad que está aquí, y que eso significa alguna cosa". (RH, 8 de Noviembre de 1892).

Durante ese tiempo emocionante de gran oportunidad escatológica, el redactor de la Review continuaba sus homilías ultrapasadas de argumentos cuanto al domingo examinados y refutados. Hay algo de patético cuanto a la situación. En el propio tiempo del alto clamor, él se empeña en un estilo polémico y apologético delante de la cavilosa oposición irracional a la observancia de la verdad del sábado, algo que habría tenido más lugar treinta años antes. Podemos oír a los ángeles implorando, "Sr. Laodicea, ¡despierte!"

Con respecto a tal ceguera en reconocer la obra de Dios, Ellen White escribió:

"Muy frecuentemente el líder se ha erguido dudosamente, pareciendo decir: 'No nos apresemos tanto. Puede haber una equivocación. Precisamos ser cuidadosos para no despertar una falsa alarma'. La propia duda e incertidumbre de su parte está clamando: 'Paz y seguridad'. 'No os agitéis. No os alarméis. Se habla mucho más sobre esa cuestión de la Enmienda Religiosa que lo requerido. Esa agitación desaparecerá'. Así él virtualmente niega el mensaje enviado por Dios; y la advertencia que fue designada a despertar las iglesias deja de cumplir su cometido. La trompeta del vigía no da el sonido cierto, y el pueblo no se prepara para la batalla". (5T:715-716).

Esa política editorial y mentalidad llevan a una conclusión desfavorable. Urias Smith volvió a su postura anterior de oposición y ceguera descomprometida después que los efectos emocionales de su confesión se hubieron terminado.

Finalmente, en Diciembre Ellen White habló con bastante claridad:

"En la propia víspera de la crisis, no es tiempo de encontrarse con un corazón maligno de incredulidad, y alejamiento del Dios vivo. ...

"Entre aquellos que tienen corazón doble están los de la clase que se jacta de su gran precaución en recibir "nueva luz" como la denominan. Pero la falla de ellos en recibir la luz es provocada por su ceguera espiritual. ...

"Hay hombres en nuestra Causa que podrían ser de gran utilidad si se dispusiesen a aprender de Cristo, y a seguir de luz hacia mayor luz; pero debido a no quererlo, se vuelven obstáculos decisivos". (RH, 6 de Diciembre de 1892).

En la misma edición ocurre una admisión editorial medio coja de que podríamos haber retardado la obra, pero no de modo absolutamente serio. Citamos esta declaración porque su actitud de laissez faire calvinista es inmensamente popular entre muchos adventistas en estos últimos años del siglo 20, que dicen que el pueblo de Dios no puede ni apresurar ni retardar el retorno de Cristo:

"Como la situación podría haber sido cambiada si todos hubiesen trabajado más celosa y rápidamente en la Causa, no podemos decirlo. ...

"Pero no importa cuanto ha estado en nuestro poder el retardar la obra, no nos compete detener su progreso ni prevenir su conclusión final. Dentro de los limites de este tiempo cuando la obra del Señor debe ser hecha, ella será hecha". (ibíd., 6 de Diciembre de 1892).

En un editorial en la Review del 10 de Mayo, Smith se indispuso abiertamente contra E. J. Waggoner. En el mismo año él nuevamente se metió en abierta disputa con A. T. Jones a respecto de la "imagen de la bestia". Nuestro pueblo observaba esos conflictos. El hermano Foster de la Iglesia de Prahran, en Australia, le expresó su perplejidad a Ellen White. Ella narra el incidente:

"[Foster] vio en la Review el artículo del hermano A. T. Jones con respecto a la imagen de la bestia, y después uno del Pastor Smith presentando la posición opuesta. Él quedó perplejo y confundido. Había recibido mucha luz y confort en leer artículos de los hermanos Jones y Waggoner; pero allí estaba uno de los antiguos obreros, uno que había escrito muchos de los libros oficiales, y de quien habíamos creído haber sido enseñados por Dios, que parecían estar en conflicto con el hermano Jones. ¿Qué podría significar todo eso? Estaba el hermano Jones del lado errado? ¿Estaba el hermano Smith en error? ¿Quién estaba cierto? Él quedó confundido. ...

"Si antes de publicar el artículo del Pastor Jones... el Pastor Smith hubiese dialogado con él, declarando de modo objetivo que sus posiciones diferían de las del hermano Jones, y que si el artículo apareciese en la Review, él mismo precisaba presentar la posición opuesta, entonces la cuestión aparecería bajo una luz diferente de como ahora se da. Pero las actitudes tomadas en este caso fueron las mismas que se tomaron en Minneapolis. Los que se opusieron a los hermanos Jones y Waggoner no manifestaron cualquier disposición de encontrarse con ellos como hermanos... Sin embargo, ese ciego embate prosigue. ... Sabemos que el hermano Jones ha estado dando el mensaje para este tiempo, alimento en el tiempo apropiado al hambriento rebaño de Dios.

"La asamblea de Minneapolis fue la oportunidad aurea para que todos los presentes humillen sus corazones ante Dios, y acojan a Jesús como el gran Instructor; pero la postura tomada por algunos en aquella asamblea se comprobó ser su ruina. Desde entonces nunca más vieron con claridad, y nunca verán; pues persistentemente acarician el espíritu que allí prevaleció, un espíritu impío, crítico, denunciatorio. ... En el juicio serán inquiridos: "¿Quién requirió esto de vuestra mano, se levantarán contra el mensaje y os mensajeros que Yo le envié a Mi pueblo? ... ¿Por qué bloqueasteis el camino con vuestro espíritu perverso? Y posteriormente, cuando se acumuló evidencia sobre la evidencia, ¿por qué no humillasteis vuestros corazones ante Dios, y no os arrepentisteis de vuestro rechazo del mensaje de misericordia que Él os envió?" (Carta de 9 de Enero de 1893; énfasis añadido).

En la misma carta, Ellen White cita al ex-presidente de la Asociación General como compartiendo la pérdida del Pastor Smith. La cuestión no es la salvación de sus almas -- eso lo dejamos con Dios. El punto básico es la proclamación del mensaje del alto clamor:

"Si hombres tales como el Pastor Smith, Pastor Van Horn y Pastor Butler se mantengan a parte, no uniéndose con los elementos que Dios ve como esenciales para llevar adelante la obra en estos tiempos peligrosos, serán dejados para atrás. ... Esos hermanos han tenido toda la oportunidad de situarse en las filas que están marchando rumbo a la victoria; pero si se rehúsan, la obra avanzará sin ellos. ... Si rehúsan el mensaje, ... esos hermanos ... depararán la perdición eterna pues deben arrepentirse y ser salvos al final, nunca podrán recuperar lo que perdieron mediante su erróneo curso de acción (énfasis añadido)".

Conclusión

Eso de modo alguno significa que la obra de toda la vida de aquellos queridos hermanos fue un fracaso. La cuestión es que emplearon su influencia para rechazar el comienzo de la lluvia tardía y así contribuyeron para retardar la conclusión de la obra de Dios por largo tiempo.

El caso de ellos era difícil. Ellos eran sinceros, y buenos, y amorosos. Pero fueron falsamente animados por toda una onda de reavivamiento superficial que ocasionalmente se manifestaba por Battle Creek.

Aun después del cambio de siglo al aproximarse de su fin, el Pastor Smith hizo cuestión de demostrar que nunca cambió de opinión a respecto de las cuestiones relativas a 1888. Él era el notable prototipo de los adventistas ultraconservadores, pero no creyentes, de hoy en día.

Su entendimiento de las profecías de Daniel y Apocalipsis y de otras doctrinas estaba en armonía con el de los pioneros. Las condiciones mundiales en su tiempo eran un claro cumplimiento de la profecía. La obra de Dios podría haber sido rápidamente terminada entonces. Sus libros habían ganado millares de personas para la Iglesia y ayudado a establecer el adventismo alrededor del mundo. Si solamente él pudiese haber aceptado el "comienzo" de la lluvia tardía, podría haber tenido la alegría de ayudar de proclamarle el glorioso alto clamor al mundo.

Confiando de que entendía de justificación por la fe y de que siempre había creído en eso, él ofreció su contribución después de 1888 en su principal trabajo sobre el asunto, Looking Unto Jesus [Mirando a Jesús]. Indudablemente saludado por muchos oponentes de 1888 entonces como una obra prima, es obvio que le faltaban "los más preciosos" elementos del mensaje de 1888.

Hubo una confesión que A. T. Jones mencionó próximo del fin de su vida:

"Para hacerle justicia al hermano J. H. Morrison, debe ser dicho que él se exentó de toda ligación con aquel oposición, y se dedicó de cuerpo, alma y espíritu a la verdad y bendición de la justificación por la fe, en una de las más finas y nobles confesiones que jamás oí ". (Carta a C. E. Holmes, 22 de Mayo de 1921).

Jones posteriormente en la misma carta declaró que otros que a cambio de corazón de parte de ellos "era solamente aparente, nunca habiendo sido real, pues por todo el tiempo en la Comisión de la Asociación General y entre otros había un antagonismo secreto siempre llevado adelante".

Ninguna oposición es más difícil de tratar que la que se manifiesta subterráneamente. Las confesiones después de Minneapolis impelieron el espíritu de incredulidad por debajo de la superficie visible.

De ahí es que podemos sinceramente presumir que somos ricos como un pueblo con la "contribución" al adventismo hecha en 1888, y que de nada tenemos falta en la comprensión de la justificación por la fe, de modo que todo cuanto de que carecemos es más dinero y recursos tecnológicos para propagar el presente entendimiento de nuestras creencias.

Los síntomas de nuestra neurosis denominacional son evidentes; las causas yacen sepultadas en una profunda antipatía por la luz que brilló sobre nuestro camino en 1888, que reflejaba la verdadera Luz que ilumina todo hombre que viene al mundo. Una expiación final, una reconciliación final con Cristo, es nuestra única solución.

El propósito primario de este capítulo fue demostrar como las confesiones que se siguieron a Minneapolis cortaron las "ramas" pero dejaron las "raíces" de la incredulidad intactos (cf. TM 467). Al desarrollarse la investigación, un propósito secundario vino a la superficie. Es una consecuencia lógica del primero, siendo, sin embargo, de mucho mayor significado.

(1) En algunos serios ejemplos, nuestras posiciones oficiales presentes de justificación por la fe son idénticas a las de la oposición al mensaje de 1888. La enseñanza real de esta última es solamente ligeramente evidente en nuestras actuales exposiciones.

(2) Paralelamente a las concepciones equivocadas del mensaje hay la posición altamente optimista de la "velocidad" y "rapidez" con que la obra supuestamente avanza hoy, cuando en realidad está siendo retardada por nuestra profunda incredulidad de corazón. Los informes estadísticos nos engañan.

(3) La confusión concerniente a la justificación por la fe promueve una suerte de "continua" transgresión de principios que Dios confió a la Iglesia remanente para la administración de nuestra obra evangelística, de publicaciones, médica y educacional. "Ha habido un desvío del plan de Dios en muchas maneras ... y hemos estado progresando firmemente en los caminos de los gentiles, y no según el ejemplo de Jesucristo" (cf. GCB 1893, p. 459 y FE:221-230). Nuestra esperanza reposa en la misericordia y amor de Dios, y Su esperanza yace en la honestidad de las almas de Su profeso pueblo.

(4) La verdadera purificación del santuario celestial requiere una obra complementaria en nuestros corazones. Debe haber una purificación de raíces "subterráneas" ocultas de alienación de Cristo. La luz que pondrá en evidencia esta realidad y un medio de terapia espiritual adecuada para lidiar con eso, son más necesarios que cualquier montante de recursos tecnológicos para la propagación de nuestra "fe" actual.

En otras palabras, el poder necesario es luz, y la conclusión de la comisión evangélica será una consecuencia natural. Una verdadera comprensión de la historia de 1888 propicia un diagnóstico; una verdadera comprensión del evangelio de la cruz es la terapia.