La Asamblea de la Asociación General de 1893, Parte II
El rechazo de la luz de 1888 abrió el camino para que falsas ideas entrasen bajo el disfraz de justificación por la fe. De hecho, si nos volvemos de lo genuino, nada puede impedir que acatemos lo falsificado.
Antes de presentar la evidencia de tales concepciones erradas, Jones le recordó a la asamblea de 1893 el rechazo de la luz en Minneapolis, y de ahí en delante durante cuatro años. Después le mostró como la mente dedicada al yo se vuelve la mente de Satanás. Él analizó su desarrollo a través del paganismo hasta las sutilezas del romanismo. Hay dos tipos de justificación por la fe -- una verdadera y una falsificada:
"Hemos descubierto ... que cuando el cristianismo vino al mundo esa misma mente carnal atrapó una falsificación de aquella y se cubrió -- la misma mente carnal -- con una forma de cristianismo, y la llamó de justificación por la fe cuando era enteramente justificación por las obras, -- la misma mente carnal. Eso es el papado, el misterio de la iniquidad". (GCB, 1893, p. 342).
A seguir él analizó el desarrollo de la mente del yo en el espiritismo moderno, demostrando como ese engaño exaltaría el mismo amor del yo. Él hasta parecía tener el embrión de una concepción del espiritualismo como un falso Espíritu Santo, una idea avanzada para su tiempo pero obvia en nuestros días de carismatismo:
"Aun cuando más próximo estamos de la segunda venida del Salvador, más plenamente el espiritismo estará profesando a Cristo... El propio Satanás ... viene como Cristo; él es recibido como Cristo. Así, pues, el pueblo de Dios debe estar bien familiarizado con el Salvador de que ninguna profesión del nombre de Cristo será recibida o aceptada donde no sea la cosa natural, genuina". (loc. cit.).
Solamente dejándose la mente del yo ser crucificada con Cristo, haciendo posible una permanencia de la mente de Cristo, podría la iglesia remanente reconocer tal engaño tan monstruoso y, sin embargo, sutil:
"Entonces, aun cuando esas personas citen las palabras de Cristo, es todo un engaño. Ustedes saben que [El Gran Conflicto] nos habla que cuando el propio Satanás viene con palabras graciosas que el Salvador profirió, él las proferirá con mucho del mismo tono, y las transmitirá a aquellos que no tienen la mente de Cristo. Hermanos, no hay salvación para nosotros, no hay seguridad para nosotros, no hay remedio para nosotros en absoluto, sino el tener la mente de Cristo". (ibíd., p. 343).
La mente del yo siendo crucificada "con Cristo" de modo alguno reduce el respeto propio, sino que lo fortalece mediante la unión con Cristo. Había una concepción errada de justificación por la fe ya evidente en 1893, después del rechazo "en gran medida" de la genuina (cf. 1MS:234-235). Verdaderamente, es un principio que "los que en alguna medida fueron cegados por el enemigo ... estarán inclinados a aceptar una falsedad" (Special Testimonies [Testimonios especiales], Serie A., pp. 41-42; énfasis añadido). Jones desenmascaró la falsedad:
"Algunos de esos hermanos, desde la asamblea de Minneapolis, que yo mismo he oído decir "amén" a la predicación, a declaraciones que eran enteramente paganas, y no sabían que no se trataba de la justicia de Cristo. Algunos de esos que se posicionaron tan abiertamente contra eso en aquella época, y votaron con manos levantadas contra ella 1, ... desde aquel tiempo he oído decir "amén" a declaraciones que eran abierta y decididamente papales como la misma iglesia papal puede declararlas. Eso yo lo presentaré aquí en una de estas lecciones, y llamaré vuestra atención a la declaración de la Iglesia Católica y su doctrina de justificación por la fe. ... Dice alguien: "Yo pensé que creían en justificación por las obras". Ellos lo hacen y no creen en nada más; pero lo transmiten bajo el nombre de justificación por la fe. Y no son las únicas personas en el mundo que hacen así". (GCB 1893, p. 244).
"Poseo aquí un libro intitulado 'Creencia Católica'. ...
"Que usted puede tener las dos cosas -- la verdad de la justificación por la fe, y la falsedad de ella -- lado a lado; leeré lo que esto declara, y después ... Steps do Christ [Camino a Cristo]... Deseo que vean lo que es la idea Católica Romana de justificación por la fe, porque he deparado con eso entre profesos adventistas del séptimo día en los últimos cuatro años... Esas ... mismas expresiones que están en este libro católico, cuanto a lo que es justificación por la fe y como obtenerla, son exactamente como ciertas exposiciones que profesos adventistas del séptimo día me han hecho de lo que es la justificación por la fe...
"Esta es justificación por la fe. Esa otra cosa es justificación por las obras. Esta es de Cristo; aquella es del diablo. Una es la doctrina de justificación por la fe de Cristo; la otra es la doctrina de justificación por la fe del diablo". (ibíd., pp. 261-262).
Jones veía que la esencia del romanismo es la adoración propia -- asuma la forma que sea. Cualquier enseñanza extraña de justificación por la fe, aunque sea ostensivamente por un agente adventista del séptimo día, que exalta la mente pecaminosa del yo, es en realidad un ramo que crece del romanismo y espiritismo:
"Esa es justificación por la fe; esa es una fe que opera, gracias al Señor, -- no una fe que cree en algo muy distante, que mantiene la verdad de Dios en el patio exterior, y de ahí busca por sus propios esfuerzos compensar la deficiencia. No, sino la fe que ... por si misma está operando; ella trae en si un divino poder...2
"Eso es lo suficiente para mostrar que la doctrina papal de justificación por la fe es la doctrina de Satanás; es simplemente la mente natural dependiendo del yo, operando mediante el yo, exaltando el yo; y de ahí cubriendo todo con una profesión de creencia ... pero no teniendo ningún poder de Dios". (ibíd., pp. 265-266).
Un engaño aun más sutil fue expuesto. El The Christian's Secret of a Happy Life [El secreto del cristiano para una vida feliz], de Hannah Withall Smith, era un libro inmensamente popular con fecha de derecho (copyright) de 1888. Él presentaba virtualmente un concepto desprovisto de la cruz de justificación por la fe, arrepentimiento o contrición, sin cualquier concepto claro de la expiación sobre la cruz, ni de un Salvador personal que está próximo, como Él es presentado en el mensaje de 1888. Su justificación por la fe es una filosofía de "verdades que subyacen todas las teologías ... [y] se ajustan a todo credo. ... Es de esa religión absoluta que mi libro busca tratar" (Prefacio de la edición de 1888).
Fenelon, un místico católico romano de la corte de Luis XIV de Francia, que gastó las energías de su vida buscando convertir protestantes de vuelta a Roma3. El residuo de la fe desvitalizada de Smith fue denominado "confianza en Cristo". Una vez ocurra la "sumisión", el alma debe asumir que está "salvada", y cualquier convicción enviada por la verdadera advertencia del Espíritu Santo en contrario debe ser instantáneamente repelida por una repetida afirmación psicológica de que todo está bien.
Algunos de entre nuestro pueblo habían estado leyendo el libro de Smith y equivocadamente presumían que contenía la esencia de nuestro mensaje de 1888. Estaban declarando que Jones y Waggoner obtuvieron su luz de eso. Jones sintió el peligro fatal y trató de corregir las cosas:
"He visto esa misma cosa operando de otro modo. Existe ese libro sobre el cual muchos realzan bastante, The Christian's Secret of a Happy Life. . . Deseo que todos ustedes entiendan que hay más del secreto del cristiano de una vida feliz en la Biblia que en diez millares de volúmenes de ese libro...
"Oí cierta vez ... que obtuve mi luz de ese libro. Hay el Libro del cual obtuve mi secreto del cristiano para una vida feliz [irguiendo la Biblia] y este es el único lugar. Y la tuve antes de jamás haber visto el otro libro, o haber sabido que él existía". (GCB 1893, pp. 358-359).
Prescott presentó una serie de sermones sobre "La Promesa del Espíritu Santo". Reconocía que un serio engaño había sido cometido en Minneapolis cuatro años antes. Él había asistido a aquella asamblea con preconcepto en favor de Urias Smith y Butler y contra A. T. Jones y su mensaje. Después la asamblea de Minneapolis, había hasta tratado de impedir que Jones hablara en el Tabernáculo de Battle Creek. Él había más tarde privadamente confesado haber tomado una posición errada en compañía de la mayoría de los hermanos 4. Sin embargo, en sus largos estudios durante la asamblea de 1893 él no dio cualquier indicación de que estuviera del lado errado, o de que tal confesión habría sido necesaria.
Aun cuando Jones expresase el principio de la culpa corporativa, hablando del mensaje que "nosotros allí rechazamos" (pp. 165, 183) aun siendo uno de los mensajeros, Prescott se colocó como si fuese alguien que siempre había estado del lado cierto. Una confesión honesta y humilde de su parte habría hecho maravillas para abrir el camino para la operación del Espíritu de Dios en la sesión de 1893, pero eso nunca fue expresado.
En vez de eso, él se identificó destacadamente con Jones como alguien que compartía su comisión divina especial. Tal vez Jones ingenuamente lo convidó para ayudar, pues sin duda se sentía solo defendiendo el mensaje de 1888 con Ellen White y Waggoner, ambos exilados en el exterior.
Los sermones de Prescott precedían a los de Jones cada noche. Cuando Jones estaba hablando él tenía la osadía de interrumpirlo para introducir ideas o citas, o aun exhortaciones a la audiencia. Con un espíritu menos manso y de menor apelo, él vehemente y severamente requería que los hermanos se arreglasen.
Es penoso observar cierta soberbia de maneras y impaciencia de apelo. La diferencia sutil de temperamento difícilmente daría cierto en la cicatrización de heridas. Su espíritu se contrastaba en gran medida con el de Jones cuyo sentido de arrepentimiento colectivo 5 lo capacitaba para compartir la culpa del rechazo del mensaje. Los sermones de Prescott no dan evidencia de esa humildad. Observen como un espíritu jerárquico, extraño el mensaje de 1888 se desarrolló:
"Ahora el solemne pensamiento que me viene a la mente es de que [Dios] está quedando impaciente, y no esperará mucho más por ti ni por mi. Deseo que vean eso claramente. ... Nuevamente digo, estoy extremamente ansioso con esa situación. ... No digo a nadie, pero algo precisa ser hecho, algo diferente debe venir a nosotros, en comparación con lo que ha venido en esta Asamblea aun, lo que es seguro...
"Es por eso que nosotros [!] os instamos a aceptar la justificación, porque el Espíritu allí está. ¿No lo ves?" (GCB 1893, pp. 386-387).
El hecho de que Prescott tan extrovertidamente se hizo colega especial de Jones habría naturalmente de confundir las mentes de los delegados y de la congregación a pensar que ese era el espíritu del movimiento de reavivamiento de 1888, cuando no lo era:
"No hay nada que mi alma ansíe más que ver el bautismo del Espíritu reposando sobre los cultos de Dios en este tiempo. ... Debemos tener experiencias como las de remover ojos y cortar fuera manos derechas. Todos los que desean esa experiencia quieren estar listos para dar todo, aun la propia vida, a Dios. (Murmuraciones de "amén"). Y debemos recordarnos de que es más fácil decir "amén" que hacer lo que Dios dice.
"... ¿Cuál, entonces, es nuestro deber en este tiempo? Es salir y proclamar el mensaje del ALTO clamor al mundo...
"Señor por mucho tiempo he estado esperando para concedernos Su Espíritu. Él mismo ahora impacientemente está esperando que pueda concederlo a nosotros...
"Ahora una obra que será mayor que en el Pentecostés comenzó, y hay aquellos aquí que la verán. Es aquí, es ahora que debemos adecuarnos para la obra". (ibíd., pp. 38-39; énfasis del original).
Prescott no sentía el sublime concepto de la motivación de 1888 -- que la verdadera fe neotestamentaria "opera por amor". El impacto de sus mensajes de 1893 revertía a la motivación egocéntrica de obras, "debemos hacer esto o aquello". En un espíritu casi frenético él argumentaba con la congregación para hacer algo, actuar, trabajar (hemos oído la repetición de eso ahora por más de un siglo). En contraste, Jones apela a la congregación para creer en algo – en el evangelio; y asegura que la verdadera fe producirá todas las obras y acciones que terminarán la obra de Dios.
Al leer los sermones de Jones, no se encuentra ejemplo de severidad o grosería. Mas Prescott deja una impresión bien diversa:
"Digo que si jamás hubo un grupo carente, es este. ...
"Ahora estoy perfectamente consciente de que estoy hablando con gran claridad. ... Si no hacemos de esta una cuestión de fervorosa oración, digo que simplemente significará muerte para usted y para mi. ... No sirve seguir por este camino más, y mi consejo es el de mayor solemnidad para todos cuantos no pueden salir ahora imbuidos con el poder de lo alto y llevar esta luz del cielo, y realizar la obra que Dios tiene que realizar ahora, permaneced en casa...
"Ahora yo se que esto es muy severo. Pero os digo, hermanos, algo debe venirnos, algo debe dominarnos. ...
"La cuestión es, ¿qué haremos al respecto? ¿Qué usted y yo haremos a respecto de eso aquí mismo, ahora, en esta Asamblea?... ¿Nuevamente yo digo, lo que iremos hacer a respecto de eso? (ibíd., p. 67).
"Los siervos de Dios bajo este mensaje saldrán con los semblantes iluminados con un santo gozo y santa consagración. Deseo ver esos hermanos saliendo de esa manera; deseo ver sus semblantes iluminadas como la de Esteban cuando estaba en el concilio". (ibíd., p. 389).
"Ahora digo con toda sinceridad que podríamos igualmente decidir aquí y ahora, antes de dar cualquier paso adicional, enfrentar la muerte ... A menos que permanezcamos exactamente en esa posición en este momento, y digamos que renunciaremos a amigos, casas, y que nada nos separará del amor de Dios que está en Cristo nuestro Señor, podríamos también parar ahora". (ibíd., p. 241).
Esta triste secuencia de lamentables declaraciones revela como un espíritu imperioso, fanático comenzó a desarrollarse en lo que era extraño al mensaje de 1888. Pero su "nosotros" daba la impresión errada.
Prescott más tarde humilló su corazón en arrepentimiento por el fanatismo que se siguió al encerramiento de esa asamblea, y posteriormente a esa contrición él presentó buenos mensajes en Australia en 1895. Pero esas presentaciones de 1893 trajeron confusión e impidieron cualquier posibilidad de una contrita aceptación del mensaje. Oponentes, como Smith y Butler, naturalmente estarían listos para citar ese fanatismo como un ejemplo -- del tipo "bien que yo les dije". (Hasta nuestros días, fanáticos y reformadores por cuenta propia llevan muchos sinceros miembros de la iglesia a tener preconcepto contra el mensaje de 1888. Donde quiera que el Señor opere, el enemigo busca introducir fanáticos y "Elías" auto-designados para causar confusión). Tres días antes que esa reunión comenzase, Ellen White había hecho la advertencia a través de la Review and Herald:
"Satanás está operando con todo su poder insinuante y engañoso... Cuando el enemigo vea que el Señor está bendiciendo a Su pueblo, y preparándolo para discernir sus engaños, él operará con su poder dominante para introducir fanatismo, por un lado, y frío formalismo, por otro...
"Velad incesantemente ... por el primer paso de avance que Satanás pueda dar entre nosotros. ...
"Hay peligros a ser observados a la derecha y a la izquierda. ... Algunos no irán a usar correctamente la doctrina de la justificación ... [para ser conducidos] a caminos erróneos". (RH, 24 de Enero de 1893).
En sus sermones sobre el Espíritu Santo, Prescott predicaba una extraña doctrina sin el principio de la cruz, sin ideas claras de lo que es el arrepentimiento, de un modo contradictorio y confuso. Su vehemencia tenía la apariencia de fervor. Él mismo estaba apoyando proyectos al mismo tiempo en que eran opuestos por el Espíritu de Profecía, aun cuando indudablemente inconsciente de tan señalada disparidad 6.
Él igualmente, como sería natural, estaría inconsciente de la disparidad entre su doctrina del recibimiento del Espíritu Santo y la verdad. Unos pocos ejemplos de esa confusión ilustrarán lo que aconteció. Afortunadamente, el Boletín de 1893 ha sido republicado de modo que los lectores interesados puedan más fácilmente ver por si mismos la evidencia en ellos:
"¿Qué tenemos que hacer? ... Es comenzar a confesar nuestra pecaminosidad a Dios con humildad de alma, con profunda contrición ante Dios para ser celosos y arrepentidos. Ahora, este es el único mensaje que puedo traerles esta noche. Es tan solamente eso. ...
Eso parece sonar bien, alcanzando bien la meta. Pero el problema comienza a aparecer cuando él prosigue:
"Supongan que yo diga que nada vemos para confesar, en absoluto. Eso no afecta la cuestión de modo alguno. Cuando Dios nos envía palabra de que somos pecadores, tócanos decir que así somos, puedan verlo o no. Esa debería ser nuestra experiencia". (GCB 1893, p. 65).
En parte alguna las Escrituras nos dicen que Dios desea una confesión verbal con palabras que el corazón no siente. Eso se aproxima más del islamismo que del genuino cristianismo". Los labios pueden expresar una pobreza de alma que el corazón no reconoce". (PVGM:159). Jones reconocía que había peligro en tales ideas. Con el evidente propósito de responder a Prescott él posteriormente declaró:
"Si el Señor debe remover nuestros pecados sin nuestro conocimiento, ¿qué bien nos haría eso? Sería simplemente transformarnos en máquinas. Él no se propone a hacer eso; consecuentemente, desea que vosotros y yo sepamos cuando nuestros pecados se van, para que podamos saber cuando Su justicia viene. ...
"Somos siempre instrumentos inteligentes. ... Seremos usados por el Señor según nuestra propia elección viva". (GCB 1893, pp. 404-405).
Un Esfuerzo Para Resolver el Impase
Prescott no expresó oposición abierta a Jones, y es cierto que no hubo intención consciente de eso. ¿Pero tendría él de hecho superado su oposición inicial al mensaje de Jones? La evidencia en sus voluminosos mensajes difícilmente indicarían eso.
Ciertamente la "ofensa de la cruz" no había cesado. El Espíritu de Dios estaba trayendo convicción de pecado a muchos corazones, y Prescott tratara de encontrar alguna manera de recibir el Espíritu Santo que fuese aceptable para corazones perturbados y aun evitar una penosa convicción de pecado.
Las personas sabían muy bien que la responsabilidad por el rechazo del inicio de la lluvia tardía estaba sobre la asamblea como una nube. El resultado concreto de los estudios de Prescott fueron confusión, un bloqueo de las ondas espirituales que perturbaron aun a Jones.
Prescott era indiscutiblemente contra el pecado, pero parecía no tener clara noción de cual era la raíz del pecado que perturbaba la congregación. La verdad presente de aceptar la lluvia tardía y proclamar el alto clamor era su peso del alma. Pero como lidiar con el corriente impedimento, la culpa que estaba sobre ellos durante los cuatro años pasados, parecía confundir su entendimiento.
Algo de su perplejidad puede haber sido el resultado de entender la verdadera cuestión, pero temiendo decirlo claramente debido a la presencia imponente de los preconceptuosos hermanos dirigentes. Aun el profeta Jeremías se habría "confundido" caso hubiese permitido que los líderes de Judá lo intimidasen (1:17). Cuando un orador se siente forzado a contornar una cuestión, él inevitablemente comunica confusión.
Finalmente, cerca de diez días antes del encerramiento de la asamblea, Prescott comenzó a desarrollar un nuevo método de recibir el Espíritu Santo. Tiene gran semejanza con las ideas expresadas en The Christian's Secret of a Happy Life. Lo que era necesario era simplemente un "acto de fe" en presumir que se está poseyendo el don del derramamiento final del Espíritu Santo, el arrepentimiento específico por el pecado de 1888 siendo pasado por alto. Parecía haber un sentimiento de desesperación:
"Me siento libre para decir que comencé a sentirme seriamente ansioso cuanto a nuestra obra ahora... Ahora por casi cuatro semanas ... hemos considerado lo que impidió nuestro recibimiento de un derramamiento del Espíritu de Dios. ... Desde entonces he sentido que hay casi una reacción de eso, y que esta obra parece avanzar muy bien con nosotros ahora. Deseo decir por mi mismo que no estaré absolutamente satisfecho si esta Asamblea pasa sin un mayor derramamiento del Espíritu de Dios que lo que hemos ya experimentado. ...
"Estoy extremamente ansioso cuanto a esta situación; porque el tiempo está pasando, y los días se pasan libremente unos después de otros. ...
"Algo diferente de todo cuanto se pasó en esta Asamblea precisa llegarnos, con certeza. ...
"Tenemos solamente cerca de diez días para el fin de la Asamblea". (GCB 1893, pp. 384, 386, 389).
Ahora comienza un argumento nebuloso y dudoso que llevaba la audiencia a entender que podría recibir el don de la lluvia tardía por simplemente presumir y reivindicar que la experimentaron. No debemos sentir que tenemos el poder del Espíritu Santo, precisamos saber que lo tenemos. Tal admisión consciente no incluirá el verdadero auto-conocimiento ni una consciencia de la profundidad de nuestro pecado, lo que podría ser peligroso y podría desanimarnos:
"Observo que muchos aquí le han pedido de tiempos en tiempos al Señor para revelarles como Él mismo os ve; y supongo que es una petición que el Señor encontró por bien no nos atender. Y no creo que debamos pedirle para que lo haga. Ahora podéis ver cual será el posible efecto cuando Él comienza a mostrarnos a nosotros mismos; comenzar a cuestionar inmediatamente si el Señor nos ama o no, y si el Señor puede salvarnos o no. ... No tenía cualquier idea de mi carácter.
"Bien, el Señor probablemente no comenzó a mostrarnos a nosotros mismos como nos ve; yo no supongo que tengamos cualquier idea, o cualquier concepción en absoluto, de la manera como nos presentamos a la vista de Dios". (ibíd., p. 445).
Así fue ignorada la verdadera función de la ley, y la congregación se vio llevada a la confusión. Los frecuentes apelos de Ellen White por honestidad en enfrentar la realidad interior fueron contornados.
El orador parafraseaba o repetía algunas ideas que Jones había presentado, pero les daba una sutil distorsión para ayudar su argumentación de que en lugar de llevar la curativa convicción del pecado, el Confortador la removía. La nube sobre la Asamblea precisaba ser erguida de algún modo, por cualquier medio posible. Debemos ahora presumir que sin una necesidad para el arrepentimiento, Dios puede perdonar el pecado que ha causado la confusión. Ahora precisamos solamente reclamar que nuestros pecados se fueron. Aquí aparece el débito de Hannah Withall Smith:
"Manteneos diciendo lo que Él dice: No podéis errar después. Si no lo entendiereis, y no podéis ver luz en eso, manteneos diciendo lo que Él dice". (ibíd., p. 447).
Tal vez la mejor manera de revisar esta línea de raciocinio sea citar de él lo siguiente:
"Ahora [el Espíritu] nos convence de la justicia de Dios en Cristo -- la justicia de Cristo. Y Él nos convence de que hay una cosa maravillosamente deseable para tener, y entonces prosigue y declara que podemos tenerla, y de ahí que Él nos convence de que la tenemos, si Lo seguimos. ...
"El propósito no es, yo os convenceré de que sois un pecador, y entonces os convenceré de que estáis condenados. No, la operación del Espíritu es convencernos de que esa condenación fue removida". (ibíd., pp. 448-449; énfasis del original).
El problema como lo veía no era la liberación personal del pecado, sino el erguir la nube que estaba sobre la sesión debido al rechazo de la lluvia tardía. Aquí estaba una curita, una aspirina para nuestra profunda herida.
Su teoría podría solamente confundir. La trompeta no estaba dando un sonido cierto, y el pecado de Minneapolis nunca fue directamente enfrentado y debidamente tratado. Se presumía que el sentimiento de culpa debía ser de origen satánico y precisaba ser vigorosamente repelido.
Así se cumplió el testimonio de 1890 de que el tope de 1888 seria cortado y las raíces dejadas intactas (TM:467). Si cualquier verdadera convicción debiese introducirnos en corazones cuyas raíces aun allí estuviesen, la convicción debía ser considerada una obra del diablo.
Eso, lógicamente, seria el resultado lógico de una doctrina que enseñaba (1) que una confesión verbal generalizada de pecado inconsciente y no reconocido era suficiente sin que los pecados sean traídos a la consciencia; (2) que era errado orar por verdadero auto-conocimiento; y (3) que la verdadera obra del Espíritu Santo no es traer una convicción de pecado, sino la de remover tal convicción--directamente contrario a la enseñanza de Cristo en Juan 16:8-9.
Un cuarto punto se seguiría lógicamente en cualquier mente pensante: cualquier duda de que la persona ahora tiene el Espíritu Santo en el poder de la lluvia tardía seria una falta de fe en Dios. La persona, así, debía presumir que la habría recibido. Esa es la idea que ahora estaba desarrollada:
"Deseo sentir en mi experiencia que el Salvador está conmigo tal como lo estuvo con Sus discípulos.... No deseo pensar en Él como estando simplemente allí, deseo pensar en Él como estando aquí. ... No simplemente, yo Lo deseo, sino que yo Lo tengo". (ibíd., p. 385).
Jones más tarde descartó tales presuposiciones:
"De ese modo, el hombre que reivindica creer en Jesús, y reivindica la justicia de Dios que le sobreviene al creyente en Jesús, está presentando una reivindicación suficiente ... ? (Congregación: 'No'.) ... Bien, ¿cómo lo sabéis? 'Lo siento en mi corazón; siento en mi corazón, y lo he sentido por varios años'. Bien, esa no es evidencia de modo alguno; pues 'el corazón es engañoso, más que todas las cosas'". (ibíd., p. 414).
Pero Prescott insistía en el punto que había desarrollado:
"El punto al que quiero llegar es, ¿qué la impide [la lluvia tardía] ahora? Lo que precisamos buscar es la justicia de Cristo ... He estado pensando a respecto de eso muchas veces de este modo: Si tuviésemos que suspender cualquier cuestionamiento cuanto a uno y otro, ... y simplemente nos sentásemos aquí como un niño, ... podríamos obtenerla...
"Hermanos, ¿qué nos impedirá de aceptarla ahora de esa forma? Nada. Entonces alabemos al Señor y digamos, yo ahora la poseo". (ibíd., pp. 388-389, énfasis en el original).
Así fue desarrollada la doctrina popular que había sido predicada por varias generaciones de adventistas desde 1893: recibimos el derramamiento de la lluvia tardía por simplemente presumir y reivindicar que la tenemos, sin conocimiento o arrepentimiento de haberla rechazado. Pero ella no fue recibida así.
Jones Confundido
Jones sentía el letargo que estaba nublando corazones, y no sabía que hacer. Se quedó prácticamente solo, excepto cuanto a su colega auto-designado, cuyos esfuerzos solamente creaban confusión y posiblemente mala voluntad. Él expresa su aprehensión:
"Hermanos, estamos en una temerosa posición aquí en esta Asamblea. Es simplemente terrible. Yo lo dije una vez antes, pero reconozco eso esta noche más que entonces lo hice. No puedo evitarlo, hermanos... Ningún alma de entre nosotros jamás puede soñar que resultados temibles están sobre los días que aquí se van". (ibíd., 346).
Durante sus dos últimos o tres estudios, lo encontramos evidenciando desconfort al citar Prescott. Cansado y perplejo, él parecía volverse a él y hacer retumbar sus confusos pensamientos.
Ambos dejaron de reconocer una realidad fundamental: la lluvia tardía precisa ser retirada y el moderno Israel debe volver a errar en el desierto "muchos años más" (Ev:696). Ambos presumieron que nada podría impedir la conclusión de la obra de Dios en su generación. Por lo tanto, presumieron que deben seguir adelante a despecho de oposición y rechazo. La idea de Prescott era esencialmente la del calvinismo popular -- el despertador divino había sonado ahora y era imposible para Su soberana voluntad ser impedida por la incredulidad de Su pueblo. Ahora encontramos a Jones repitiendo las exigencias extremas de Prescott:
"Digo nuevamente que el mensaje que se nos dio allí es el mensaje para vosotros y para mi, para que lo llevemos de esta asamblea. Y quien quiera que no lleve este mensaje consigo de esta asamblea mejor es que no vaya. ... Mejor seria que ese ministro no saliese de su lugar como un ministro" (ibíd., p. 495).
En breve él estaba haciendo proposiciones insensatas y formulando preguntas que mejor sería haber sido dejadas a un lado:
"¿Os ha dado Él la luz del conocimiento de Su gloria? (Congregación: "Si".) ¿Realmente? (Congregación: "Si") ...
"Entonces ese Espíritu ha venido a aquellos que pueden mirar el rostro de Jesucristo".
Pocos minutos después, "por permiso del orador, el Prof. Prescott leyó lo siguiente: 'Levantad los ojos por la fe, y la luz de la gloria de Dios brillará sobre vosotros'". Jones prosiguió:
"Ahora, con la fuerza acumulada de un ejercicio de cuatro años, Dios lo presenta a Su pueblo. La proposición nuevamente es: 'Levántate, resplandece, porque la luz es venida, y la gloria del Señor se levantó sobre ti'. ¿Quién lo hará? ¿Quién lo hará? (Numerosas voces: 'Yo lo haré'). ¡Muy bien! ¿Por cuánto tiempo lo haréis? (Voces: 'Siempre') ...
"Entonces, 'Levántate, y resplandece, porque la luz es venida, y la gloria del Señor se levantó sobre ti". (ibíd., pp. 496-497).
Si la lluvia tardía debiese realmente salir con poder, se seguiría que grandes cambios tendrían lugar en la iglesia. Ahora encontramos Jones, apoyado por Prescott, haciendo profecías desafortunadas que nunca aun se cumplieron. Algún día sus palabras deben cumplirse, pero no tuvieron cumplimiento en aquella generación:
"He aquí la más bendita promesa que, según me consta, ya fue dada a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. 'Pues de aquí en adelante no vendrá a ti el incircunciso y el impuro'. Gracias al Señor, Él nos ha librado de aquí en adelante de personas no convertidas; de personas traídas a la iglesia para operar su propia injusticia, y para crear división en la iglesia. Todas las pruebas de la Iglesia desaparecieron, gracias al Señor; todos los habladores y perturbadores se fueron. ...
"'No más vendrá a ti el incircunciso y el impuro'. ...
"No hay lugar en la Iglesia Adventista del Séptimo Día para hipócritas. Si el corazón no es sincero, es el lugar más peligroso en que el hombre jamás pudo encontrarse. ...
"Hermanos, este es el mensaje para ahora ... y aquel que no la puede llevar no debía ir. Oh, no vayáis... Que nadie vaya sin la consciencia de aquella presencia íntima--el poder del Espíritu de Dios. (ibíd., p. 461).
Prescott entusiastamente predijo la manifestación de los dones del Espíritu, obviamente extendiendo el don de profecía a otros más allá del auténtico agente que se encontraba en Australia:
"Pero ahora en el encerramiento de la obra de Dios, ... los dones reaparecerán en la iglesia. Y Dios no pretende, como me parece, que esos dones estén limitados a apenas una persona aquí, o tal vez otra allí, y que sea algo raro que cualquier don especial sea manifestado en alguna iglesia. ... Dones de cura; operación de milagros; profecías; interpretación de lenguas; -- todas esas cosas serán manifestadas nuevamente en la iglesia". (ibíd., p. 461).
¿Vinieron esos maravillosos dones? Hubo profecías de cierto tipo después de esa sesión, y tanto Prescott como Jones fueron engañados por las desafortunadas alegaciones de una tal Anna Rice Phillips. El fanatismo fue inevitable, pues el alto clamor del mensaje del tercer ángel no se manifestó después de la asamblea de 1893.
Tan entusiasmado estaba Prescott que predijo que algunos saldrían ahora literalmente para levantar a los muertos:
"Deseo deciros que hay personas justo aquí en esta casa que pasarán por esas mismas experiencias; serán retiradas de la prisión por el ángel del Señor para ir y proclamar el mensaje; curarán los enfermos, y levantarán también a los muertos. Ahora eso ocurrirá justo en este mensaje... Precisamos creer en estas cosas tan simplemente como un niñito cree en ellas". (ibíd., p. 386).
El tiempo y la historia han revelado que esas predicciones son falsas, ciertamente en lo que concierne a la Iglesia como corporación. ¿El presupuesto de que se habían ahora apropiado de la lluvia tardía del Espíritu Santo tendría mayor peso de verdad?
Las Predicciones de Apostasía de Prescott
Prescott no estaba tan cierto de su doctrina en aquella asamblea, e hizo una serie de extrañas, pero significativas referencias a dejarse engañar por un falso Cristo:
"Ahora, le digo a aquellos que han estado en el ministerio, y que han estado enseñando Cristo a las personas y hoy en la noche no pueden decir la diferencia entre la voz de Cristo y la voz del diablo, es tiempo para que paremos y aprendamos la voz de Dios. ... Pero aun preguntáis: '¿Cómo conocerán Su voz?' No os puedo decir...
"Iremos tan ciertamente, vosotros y yo, a despecho de toda la luz que hemos tenido bajo esta obra, ser desviados. El hecho es que cambiaremos líderes y no lo sabemos, a menos que tengamos el Espíritu de Dios con nosotros. ... Iremos a indisponernos contra esta obra, contra el poder de Dios" (ibíd., p. 108).
Él parecía no conocer un medio claro de reconocer la verdad del error, excepto por el que llamó de "el Espíritu". Lo que él no dejó claro fue como distinguir "el Espirito de la verdad" del "espíritu del error":
"La promesa fue de que el espíritu de verdad vendría,--el Espíritu de verdad, -- EL ESPIRITO DE VERDAD...
"Habrá todo viento de doctrina soplando, todo esfuerzo hecho para introducir -- no de un modo abierto, sino que en una manera disfrazada, en una manera que no reconoceremos de nuestra propia sabiduría -- principios... para engañar si posible . ... El esfuerzo será hecho para introducirlas como verdad, y ocultarla bajo la vestimenta de verdad ... e inducirnos a hacer concesiones con el error sin saberlo". (ibíd., p. 459, énfasis del original).
Hablando una vez de aquellos con "ojos cegados entre nosotros", él declaró: "¿Quién sabe si eso significa yo o no?" (p. 237). Finalmente él le dijo a la asamblea que la cuestión que los esperaba era ser trasladados o engañados por los ardides de Satanás:
"No puedo alejarme de la idea de que esta es una ocasión extremamente crítica con nosotros personalmente. ... Me parece que exactamente ahora estamos haciendo elecciones que determinarán si proseguiremos con esta obra mediante el alto clamor para ser trasladados, o si seremos engañados por los ardides de Satanás y ser dejados afuera, en tinieblas". (ibíd., p. 386).
Ellos no fueron trasladados; de eso estamos ciertos. ¿Habrían, entonces, sido "engañados por los ardides de Satanás?"
La década que se siguió a esa conferencia fue sombría. El fuego destruyó la sede de la iglesia en Battle Creek como un divino juicio. El panteísmo afectaba líderes destacados. Y más de diez décadas se desarrollaron sin que hayamos recibido la graciosa bendición que los Cielos trataron de concedernos en 1888.
Conclusión
La sesión de la Asociación General de 1893 señaló el próximo fin de la era 1888. El Señor retiró la posibilidad de la lluvia tardía, así como del alto clamor. Los hermanos de la época así lo reconocieron, y la historia lo ha demostrado. Un falso entusiasmo llenó el encerramiento de la Asamblea de 1893. Y Jones fue engañado.
Un mes después (9 de Abril) Ellen White le escribió de Australia, advirtiéndole contra declaraciones extremadas concernientes a la fe y las obras. No fueron hechas durante la asamblea, ni registradas en el Bulletin. Ella no las había leído, sino que las oyó "en mi sueño". Por exilar a Ellen White y Waggoner, la oposición virtualmente aseguró la falla conclusiva del mensaje de 1888, porque los métodos del dragón se comprobaron demasiado astutos y determinados para que el aislado Jones los enfrentase solo 7.
Él había hecho lo mejor que pudo. Celosamente y en humildad había instado con los hermanos para aceptar la luz, asegurando que Dios concedería la experiencia del alto clamor para Su gloria. Pero eso no se daría a menos que experimentasen un genuino arrepentimiento cuanto a 1888, lo que no vino a suceder.
Leemos que Caleb y Josué también estaban excesivamente entusiasmados cuanto a la conquista de Canaán, diciéndole a Israel: "El Señor está con nosotros: no os temáis"; después, la rebelión de Israel hizo imposible que el Señor estuviese con ellos en aquel programa (Números 14:9).
Poco antes del término de la asamblea de 1893, Ellen White había advertido al presidente de la Asociación General con respecto a la cuestión de Minneapolis:
"Si Satanás puede impresionar la mente y despertar las pasiones de aquellos que reivindican creer en la verdad a ... comprometerse con el lado errado, él ha establecido sus planes para conducirlos en una larga jornada". (Carta O 19, 1892; énfasis añadido).
Ella más tarde reconoció que la "larga jornada" había comenzado porque los propósitos de Dios tenían que ser alterados:
"Podemos tener que permanecer aquí en este mundo debido a la insubordinación por muchos más años, como ocurrió con los hijos de Israel. ... Pero si todos ahora solamente viesen y confesasen y se arrepintiesen de su propio curso de acción al apartarse de la verdad de Dios para seguir planes humanos, entonces el Señor perdonaría." (Ms. 184, 1901; Ev:696).
Aquellos que confiadamente presumen que la asamblea de 1893 señaló "la mayor victoria" del mensaje de la justicia de Cristo no pueden responder por el camino desviado de esos "muchos más años" que ahora se han extendido por más de un siglo. Es una extraña manera para darse el alto clamor, cuando debería haber salido como fuego en la paja seca.
El líder de la confusión de 1893 más tarde siguió un rumbo misterioso. G. B. Starr así se expresó a A. G. Daniells:
"Ciertamente sabe que el Profesor Prescott por alguna razón no definida nunca fue un líder confiable. En Inglaterra él se chocaba con Waggoner en muchos puntos, y en el falso profetizar de Anna Phillips mostró falta de juicio ... Él escribió sobre panteísmo y lo enseñó antes y de un modo tan decidido cuanto el Doctor Kellog. Esas no son las pisadas de un líder seguro. Este no erra tan frecuente y constantemente". (Carta, 29 de Agosto de 1919).
En la Asamblea de la Asociación General de 1950, el recién elegido presidente empleó la misma doctrina enseñada por Prescott en 1893. Él convenció a la vasta congregación en San Francisco de que podrían recibir el final derramamiento del Espíritu Santo en la lluvia tardía por simplementpe resumir y reivindicar que la poseían. Ningún arrepentimiento por el rechazo del "inicio" de la lluvia tardía era necesario, ninguna lección de nuestra historia debía ser aprendida, ninguna comprensión de aquel "mensaje muy precioso" que el Señor nos envió era necesaria (cf. RH, GC Report, 17 de Julio de 1950, pp. 113-117, sermón de sábado, 15 de Julio).
Con bien pocas excepciones, la congregación entera actuaba como ovejas ciegamente siguiendo un pastor que reiteraba la misma doctrina que Prescott enseñara en 1893. Nuevamente, no hubo recibimiento de la lluvia tardía. Eso fue más de 40 años atrás.
La mayor parte de los dirigentes de 1950 están ahora en su descanso, como también se diera con nuestros dirigentes de 1893. Somos forzados a indagar -- ¿acaso 1950 representó un progreso significativo con relación a 1893? Sería de buen gusto observar que muy probablemente pocos, se alguno de nuestros líderes de 1950, en la época sabían lo que ocurrió en la asamblea de 1893. ¡Tenemos todo a temer del futuro si nos olvidamos de la manera en que el Señor nos ha conducido en el pasado!
Después de la asamblea de 1893, Ellen White fue despertada como nunca antes, declarando: "Cambiaremos de líderes y no lo sabremos". Su preocupación parecía ser de que el enemigo operaría ahora dentro de la iglesia. Los nuevos Canrights de ahí en adelante realizarían un trabajo "interno":
"El fanatismo aparecerá justo en nuestro medio. Engaños ocurrirán, y de tal carácter que si fuese posible irían a engañar a los propios escogidos. Si señaladas incoherencias y declaraciones engañosas fuesen evidenciadas en esas manifestaciones, las palabras de los labios del Gran Maestro no se harían necesarias. ...
"El Espíritu Santo de Dios solamente puede crear un entusiasmo saludable". (2MS:16; 1894).
El curso de la asamblea de 1893 revela la posibilidad de alguien predicar a respecto del Espíritu Santo sin entenderlo o reconocerlo, o aun resistiéndolo.
Sería bueno si orásemos: "Señor, ¿seré yo?"