1888 Re-Examinado

Capítulo 10

Por qué Jones y Waggoner perdieron el rumbo

Uno de los grandes misterios en la historia adventista del séptimo día es el fracaso posterior de A. T. Jones y E. J. Waggoner. El entendimiento acostumbrado de tal fracaso es de que las tendencias básicas en esa dirección existen en el carácter desde el inicio de la ligación de una persona con la Iglesia. Tal es el pensamiento expresado por el apóstol Juan:

"Ellos salieron de nuestro medio, pero no eran de los nuestros; porque, si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros; sin embargo, ellos se fueron para que quedase manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros". (1 Juan 2:19).

Este principio parece haberse aplicado al caso de D. M. Canright. Mucho antes de haberlo dejado a él, espiritualmente hablando, no era "de los nuestros". Él reprimía sus dudas íntimas de tiempos en tiempos con confesiones abyectas, pero las dudas nunca eran erradicadas. La historia en detalle es narrada en Testimonies [Testimonios] (Vol. 5, pp. 516-20, 571-3, 621-28).

Una seria cuestión prevalece hoy con respecto a Jones y Waggoner. ¿Eran ellos cristianos genuinos aun en Minneapolis? ¿Cómo pudieron haber sido verdaderos en aquella época para después perder el rumbo? El The Fruitage of Spiritual Gifts [Los frutos de los dones espirituales] expresa el punto de vista popular de que ellos eran radicales, extremados, estando en error aun en Minneapolis, esperando solamente por una oportunidad para salir fuera de la pista:

"[Al tiempo de la Asamblea de Minneapolis] algunos estaban fuertemente inclinados a tomar posiciones radicales, como si fuese una señal de fuerza ser extremado. Aun la Sra. White ... parecía tener un sentimiento de que los dos hombres que eran tan destacados en la época podrían más tarde ser desviados por sus posiciones extremadas". (p. 232).

Sin embargo, un juicio inspirado declara que ellos eran correctos y verdaderos al tiempo de la asamblea de Minneapolis:

"El Señor en Su gran misericordia envió un mensaje muy precioso a Su pueblo mediante los pastores Waggoner y Jones. ...

"Dios le concedió Sus mensajeros exactamente aquello que el pueblo necesita". (TM:91, 95).

"Dios está presentando a las mentes de los hombres divinamente designados gemas preciosas de verdad, apropiadas para nuestro tiempo". (Ms 8a, 1888; Olson, p. 279).

"Dios había enviado esos jóvenes para traer un mensaje especial". (Ms. S24, 1892).

¿Cómo podrían tales palabras ser escritas sobre hombres que eran "radicales" o "extremados"?

El hecho de que Jones y Waggoner por fin fallaron no significa que "no eran de los nuestros". Pero el fracaso posterior de ellos es interpretado de molde a lanzar una sombra sobre el mensaje que transmitieron en 1888, quedando implícito que el mensaje es el que los hizo desviarse del camino.

Esa es la principal razón por la cual algunos dicen que temen estudiar ese mensaje. Así, hasta nuestros días, la oposición levantada en Minneapolis es sutilmente justificada, y el mensaje y mensajeros enviados por los cielos son sutilmente despreciados. Tal fue la idea peligrosa que Ellen White declaró que se desarrollaría entre nosotros caso ellos más tarde perdiesen el rumbo.

Una Providencia Misteriosa

Nos enfrentamos aquí con un problema singular. Dos fenómenos son evidentes: (a) Una mente-maestra de iniquidad se regocija en ese rechazo aparentemente conclusivo del mensaje. (b) El propio Señor misteriosamente permite que esa tragedia sea una piedra de tropiezo a todos los que desean alguna razón para rechazar la realidad del mensaje de la lluvia tardía.

La pregunta especialmente difícil es ¿por qué debería Dios escoger como mensajeros especiales aquellos que más tarde se volverían desviados de la fe? ¿Por qué permitiría Él que los portadores de Su mensaje tan duramente contestado se perdiesen cuando la apostasía de ellos apenas confirmaría la oposición a él? Algo profundamente significativo está envuelto en esa historia paradojal. Los pasos de Dios pueden ser misteriosos, pero eso no es razón para que descuidadamente dejemos de entender su extraña providencia.

Suponer que el Señor cometió un error estratégico al escoger a Jones y Waggoner es impensable, pues Él nunca erra en Su consejo. Suponer que hizo que hombres lo alabaran contra su propia voluntad es también impensable, pues es evidente que ambos eran cristianos sinceros, celosos, de mente humilde cuando usados por el Señor. Ellos no fueron "movidos por ganancia, [y] se precipitaron en el error de Balaán" por amor "al premio de la injusticia" (Judas 11; 2 Pedro 2:15), ni había indicio de deshonestidad evidente en el ministerio de ellos.

La evidencia inspirada sugiere una respuesta a nuestras preguntas, e indica que:

(1) Jones y Waggoner no fueron "desviados" por cualesquiera "puntos de vista extremados" concernientes a la justicia de Cristo, sino que fueron alejados por la persistente e irrazonable oposición de los hermanos a los cuales Dios envió para ser iluminados.

(2) Ellen White reconoció la seriedad de la oposición a ellos personalmente y a su mensaje, y atribuyó la culpa final por el ulterior fracaso de los dos "en gran medida" a los hermanos oponentes.

(3) El Señor permitió que el triste episodio tuviese lugar como una prueba a los hermanos oponentes; y la derrocada de los mensajeros de 1888 tuvo el efecto de confirmar el "nosotros" en un estado de virtual incredulidad. Fue un ejemplo de lo que Pablo llama "la operación del error", que Dios "manda" (permite) "para dar crédito a la mentira, a fin de ser juzgados todos cuantos no dieron crédito a la verdad"; antes, al contrario, se deleitaron con la injusticia" (2 Tes. 2:11-12).

Parece hasta que Dios es un tipo de Caballero que aparentemente sale de Su camino para propiciarnos ganchos en que colgar nuestras dudas, si las deseamos. Él no desea que cualquiera de nosotros reciba la lluvia tardía a menos que nos hayamos plenamente comprometido de corazón con Él y Su verdad. De algún modo Su carácter de celos está aquí envuelto. Quien quiera que retroceda de la bendición por la mínima disculpa tiene amplia oportunidad para hacerlo. Pero, oh, ¡cómo esa puede ser una bondad severa!

(4) Los resultados prácticos del juicio investigador requerirán que la iglesia remanente, antes de la ocasión de la victoria final, llegue a ver la verdad del mensaje y su historia y reconozca la obra de Jones y Waggoner de 1888-1896 en su verdadero valor, el "comienzo" de la lluvia tardía y del alto clamor.

La Naturaleza Profundamente Arraigada de la Oposición

Criticar a los mensajeros imponía sobre ellos una carga mucho más pesada de levar que lo que la oposición normal.

"Sea cual sea el curso que el mensajero siga, será objetable a los opositores de la verdad; y ellos capitalizarán sobre cada defecto en maneras, costumbres, o carácter de sus abogados". (RH, 18 de Octubre de 1892).

"Algunos de nuestros hermanos ... llenos de celos y malos sentimientos, ... están siempre listos para mostrar en exactamente lo que difieren de los pastores Jones o Waggoner". (Carta S24, 1892).

Los dos hombres hablaban positiva y vigorosamente. Agudas percepciones de la verdad frecuentemente llevan a los que son "simplemente hombres" a hablar de esa manera. Pero eso era ofensivo a la naturaleza humana que estaba buscando disculpas para rechazar el mensaje:

"Que ningún alma se queje de los siervos de Dios que vinieron a ellos con un mensaje enviado del cielo. No encuentren más fallas en ellos, diciendo: "Ellos son demasiado positivos; hablan muy vigorosamente". Ellos pueden hablar vigorosamente; pero, ¿no es eso necesario? ...

"Ministros, no deshonréis vuestro Dios y ofendáis Su Espíritu Santo, por lanzar reflexiones sobre los medios y maneras de los hombres que Él escogió. ... Él ve el temperamento de los hombres que escogió. Él sabe que nadie, sino hombres celosos, firmes, determinados, de fuertes sentimientos verán esa obra en su importancia vital, y aplicarán esa firmeza y decisión en su testimonio a fin de romper las barreras de Satanás". (TM:410-413).

El propio Señor había revestido Sus mensajeros especiales con evidencias de autoridad, "credenciales celestiales". Ellos perdieron de vista el yo en su amor por Cristo y Su mensaje especial. El yo aun no crucificado en otros fue afectado:

"Si los rayos de luz que brillaron en Minneapolis fuesen permitidos ejercer su poder convincente sobre los que tomaron posición contra la luz, ... habrían recibido las más ricas bendiciones, desilusionados por el enemigo, y permanecido como hombres fieles, leales a sus convicciones. Ellos habrían tenido una rica experiencia; pero el yo dijo: No. El yo no debía ser rehusado; el yo luchó por el señorío". (Carta O 19, 1892).

Así, el principio subyacente a ese rechazo de la verdad es lo que los judíos demostraron en su rechazo de Cristo. Caifás consideró a Cristo como su rival; él sintió celo personal de Él (DTG:704). Entremezclado con ese celo de Aquel que parecía un mero hombre, Caifás estaba expresando la enemistad del corazón natural contra Dios y Su justicia. Semejantemente, en Minneapolis, la personalidad de Jones y Waggoner se volvieron la piedra de tropiezo visible y consciente para el invisible e inconsciente rechazo de Cristo, la Palabra. Esto es evidente, como sigue:

"Hombres profesando santidad han despreciado a Cristo en la persona de Sus mensajeros. Semejantemente a los judíos, ellos rechazan el mensaje de Dios. Los judíos preguntaban a respecto de Cristo: "¿Quién es este? ¿No es el hijo de José?" Él no era el Cristo que los judíos buscaban. Así, hoy las agencias que Dios envía no son lo que los hombres han buscado". (FEC:472).

La Carga Personal Que Jones y Waggoner Soportaban

Pocos han apreciado el efecto que la oposición inevitablemente tuvo sobre los jóvenes mensajeros. Ellos sabían que el mensaje de la justicia de Cristo era de Dios. Sabían que habían sido designados por el Espíritu de Dios para hablar osadamente en su defensa. Y no podían estar ciegos al hecho obvio de que una resistencia bastante determinada a aquel mensaje era la reacción del liderazgo de la única Iglesia remanente verdadera que debe triunfar por fin.

Ellos sabían que el mensaje era el comienzo del alto clamor, que debía propagarse como "fuego en la paja seca". Sabían que había llegado el tiempo para la conclusión de la obra, cuando inteligencias celestiales estaban observando con profundo interés el desarrollar de los acontecimientos. Sabían además que estaban viviendo en el tiempo de la purificación del santuario cuando, como nunca, la incredulidad y fallas de la antigua Jerusalén no deberían ser más repetidas. Nunca un punto más culminante se había dado; nunca los cielos concedieron mayores evidencias en la vindicación de un mensaje especial.

Pero, para su gran sorpresa, nunca la historia había registrado una más vergonzosa falla humana en prevalecerse de una oportunidad de carácter celestial. Les parecía a los jóvenes mensajeros como siendo el final y completo fracaso del pueblo de Dios en creer y entrar en Su reposo. ¿Qué es lo que posiblemente podría venir adelante?

Lutero no pasó por más duro revés, en comparación. Cuando fue perseguido por Roma, todo cuanto tenía que hacer era leer las profecías de Daniel y Apocalipsis y reconocer al papado como el pequeño cuerno y la bestia. Eso lo hacía sentirse bien, aun al punto de reunir ánimo para quemar la bula papal. Pero Jones y Waggoner no pudieron encontrar confort para su corazón. La profecía no indicaba una octava iglesia para suceder a Laodicea. La posibilidad de que el pueblo de Dios atrasase Su programa por un siglo o más parecía fuera de la comprensión de ellos.

Debe ser dicho para su crédito que Jones y Waggoner no renunciaron a la fe en el Dios de Israel. Ellos nunca se volvieron infieles o agnósticos o ateos. Nunca renunciaron al sábado o a su dedicación de toda la vida a Cristo. En el clima de hoy de asistencia a la Iglesia ellos serían aun miembros en condición regular. El pecado de ellos fue que perdieron la fe en la corporación de la Iglesia y su liderazgo. Ellos no confiaron en el arrepentimiento denominacional. Llegaron a dudar de la naturaleza humana; de ahí se explica la amargura y fracasos de su propia naturaleza humana. El enemigo nos presionará severamente para repetir el fracaso de ellos. ¡Pero no tenemos que someternos!

Los pequeños arbustos en el valle, inclinándose bajo los vientos del zefir que ocasionalmente agitan su tranquilo ambiente, harían bien en abstenerse de comentarios críticos cuando los portentosos carvallos en el tope de la montaña deseaban bajo la furia abrumadora de la tempestad. Permitamos que Dios hable cuando declara verdaderamente que no hubo disculpa para el fracaso de Jones y Waggoner; seamos calmados en el hablar, cuando reconocemos que "nosotros" en gran proporción fuimos la causa de eso.

C. S. Lewis nada sabia de nuestra experiencia de 1888, pero hizo un comentario profundo en sus Reflexiones en los Salmos:

"Tal como el resultado natural de lanzar un fósforo encendido en una pila de rebarbas de madera es producir un incendio, ... así el resultado natural de engañar un hombre, o "mantenerlo por debajo" o negligenciarlo es despertar resentimiento; esto es, imponer sobre él la tentación de volverse lo que los salmistas eran cuando escribieron los pasajes condenatorias. Él puede tener éxito en resistir la tentación; o no. ... Si ese pecado lo corrompe enteramente, en cierto sentido lo he degenerado o seducido. Yo fui el tentador". (p. 24).

Ellen White sintió agudamente el peso que ellos llevaban. En 1892 le escribió al presidente de la Asociación General con respecto a ellos:

"Me gustaría que todos viesen que el mismo espíritu que rehusó aceptar a Cristo, la luz que dispersaría la oscuridad moral, está lejos de ser extinguida en esta época. ...

"Algunos pueden decir, 'Yo no odio a mi hermano; yo no soy tan malo así'. Pero cuán poco comprenden su propio corazón. Pueden juzgar que tienen celo por Dios en sus sentimientos contra su hermano si sus ideas parecen, de cualquier modo, entrar en conflicto con las de ellos; sentimientos son traídos a la superficie que no tienen cualquier relación con el amor. ... Ellos podrían estar en condición de punta de espadas con sus hermanos, como también no, pero aun estar trayéndole un mensaje de Dios al pueblo. ...

"Ellos ... [creen] que están ciertos en su amargura o sentimiento contra sus hermanos. ¿Irá el mensajero del Señor soportar la presión que le es antepuesta? Si así fuese, es porque Dios lo insta en Su fuerza, y vindica la verdad de que es enviado de Dios. ...

"¿Deberán los mensajeros del Señor, después de posicionarse valerosamente por la verdad por un tiempo, caer bajo tentación y deshonrar a Aquel que les dio su obra, será eso prueba de que el mensaje no es verdadero? No ... El pecado de parte del mensajero de Dios causaría el regocijo de Satanás, y aquellos que han rechazado el mensaje y el mensajero triunfarían; pero eso no llevaría absolutamente a inocentar a los hombres que son culpados de rechazar el mensaje de Dios...

"Tengo profunda tristeza de corazón porque he visto cuán prontamente una palabra o acción de los pastores Jones o Waggoner es criticada. Cuán prontamente muchas mentes pasan por alto todo el bien hecho por ellos en los pocos años pasados, y no ven evidencia de que Dios está operando a través de esas instrumentalidades. Ellos cazan algo para condenar, y la actitud de ellos para con esos hermanos que están celosamente empeñados en realizar una buena obra muestra que sentimientos de enemistad y amargura están en el corazón". (Carta O19, 1892).

Por vuelta de la misma época ella le escribió a Urias Smith indicando que ellos (Jones y Waggoner) podrían no ser lo suficientemente fuertes como para soportar la tensión y presión levantada contra ellos:

"Es bien posible que los pastores Jones o Waggoner sean dominados por las tentaciones del enemigo; pero si o fueren, eso no probaría que no disponían de cualquier mensaje de Dios, o que la obra que habían realizado fue toda un equívoco. Caso eso se de, cuantos tomarían esa posición y entrarían en un engaño fatal a causa de no estar bajo el control del Espíritu de Dios. ... Esa es la misma posición que muchos tomarían si cualquiera de esos hombres debiese caer, y yo oro para que esos hombres sobre los cuales Dios colocó la carga de una obra solemne, puedan ser capaces de darle a la trompeta el sonido cierto, y honren a Dios en cada etapa, y que su camino a cada paso pueda ser más y más brillante hasta el fin del tiempo". (Carta S24, 1892; énfasis añadido).

Esa información lanza mucha luz sobre la tragedia de Jones y Waggoner:

(1) Ellos sufrieron definido odio de los hermanos. Hermanos estaban ansiosamente criticando "una palabra o acción", cazando cosas para condenar. Había una actitud subjetiva de enemistad, amargura y sospecha hasta en 1892, después que las confesiones habían sido hechas.

(2) Los hermanos opositores ingenuamente pensaban que la actitud de ellos era de celo por Dios, sin embargo era "exactamente el mismo espíritu que rehusó aceptar a Cristo".

(3) La oposición se hizo una tentación muy difícil y dominante para con los jóvenes mensajeros.

(4) El resultado trágico confirmó a los hermanos oponentes en su rechazo del mensaje.

(5) El hecho de que los mensajeros perdiesen su rumbo fue un "triunfo" para los hermanos opositores, y, es triste decirlo, para Satanás. Ese acontecimiento, por lo tanto, se volvió evidencia conclusiva de que los hermanos oponentes no se habían arrepentido verdaderamente del pecado de Minneapolis. El "triunfo" de ellos constituiría su "engaño fatal".

Así, el fracaso de los mensajeros tendería a confirmar en impenitencia a los líderes, pastores, administradores y académicos adventistas del séptimo día. Hasta el presente, el fracaso final de los mensajeros es frecuentemente citado como evidencia de que el mensaje de 1888 debe ser de algún modo peligroso. Ese fue exactamente el propósito de Satanás, y cumple exactamente la predicción de Ellen White.

(6) El éxito de las oraciones de Ellen White de que los dos hermanos soportasen la prueba dependería de la actitud que los hermanos opositores tomasen de 1892 en adelante.

Pocos meses después, ella les escribió a los delegados de la Asociación General en asamblea sobre la verdadera causa del posible tropiezo de los mensajeros:

"No es la inspiración del cielo que lleva alguien a ser sospechoso, buscando una oportunidad y ansiosamente valiéndose de ella para probar que aquellos hermanos que difieren de nosotros en algunas interpretaciones de las Escrituras no están firmes en la fe. Hay peligro de que esa actitud produzca los mismos resultados presumidos; y en gran medida la culpa recaerá sobre los que están buscando el mal. ...

"La oposición en nuestras propias filas ha impuesto sobre los mensajeros del Señor una tarea laboriosa y probatoria para el alma; pues ellos han tenido que enfrentar dificultades y obstáculos que no precisaban haber existido. ... El amor y la confianza constituyen una fuerza moral que habría unido nuestras iglesias, y asegurado armonía de acción; pero la frialdad y desconfianza ha causado desunión, la cual nos ha agotado las fuerzas". (Carta, 6 de Enero de 1893; GCB 1893, pp. 419-421).

Fue esa "tarea laboriosa y probatoria para el alma", "sospechosa", "caza a algo para condenar", "dureza de algunos y oposición de otros", valiéndose de átomos para probar que no estaban "afirmados en la fe" que produjeron los "mismos resultados" predichos--el fracaso de ellos. La palabra apropiada, honesta e inspirada para la oposición era "persecución":

"Debemos ser el último pueblo sobre la tierra a acatar en el más ínfimo grado el espíritu de persecución contra aquellos que están llevando el mensaje de Dios al mundo. Ese es el aspecto más terrible de falta de semejanza con Cristo que se ha manifestado entre nosotros desde el encuentro de Minneapolis". (GCB 1893, p. 184).

Sin embargo, el sufrimiento de la persecución no era disculpa para que Jones y Waggoner perdiesen el rumbo.

¿Cuál Fue el Problema de A. T. Jones?

Una carta aislada de Ellen White a Jones en 1893 es con frecuencia citada como evidencia de que su mensaje era extremado. Fuera de contexto, esa carta deja en algunas mentes la impresión de que su mensaje de justificación por la fe era desequilibrado. Pero la carta debe ser leída en el contexto.

Ellen White nunca publicó la carta durante su tiempo de vida. Si ella hubiese creído que el mensaje de Jones fuese extremado o desequilibrado, no habría dudado en publicarla en sus Testimonies.

Escribiendo desde la distante Australia, ella le dice a Jones que había oído algo en su "sueño". Ella no lo había leído en ninguna publicación. Jones tenía una tendencia, cuando sometido a persistente oposición, de exagerar su caso, y la carta cortaba la tendencia en la base. Él sacó ventaja de su consejo, que aceptó con humildad. La carta declaraba que sus puntos de vista a respecto de justificación por la fe eran correctos, pues "consideras en realidad esos asuntos como yo lo hago", y cita sus posiciones como "nuestra posición":

"En mi sueño estuviste presentando el asunto de la fe y de la justicia imputada de Cristo por la fe. Repetiste varias veces que las obras de nada valen, que no había condiciones. La cuestión fue presentada de molde a dejar a algunas mentes confundidas. ... Declaras esa cuestión de un modo muy vigoroso... Se lo que quieres decir, pero dejas una impresión errada sobre muchas mentes...

"En verdad consideras asuntos como yo lo hago, sin embargo dejas esos asuntos, a través de tus expresiones, confusos en las mentes. ... Esas declaraciones vigorosas con respecto a las obras nunca dejan nuestra posición más fuerte. Las expresiones debilitan nuestra posición, pues hay muchos que te considerarán un extremista, y perderán las ricas lecciones que tienes para ellos sobre los mismos asuntos que no conocen... No coloques ninguna piedrecilla para que un alma que sea débil en la fe tropiece, con presentaciones o expresiones exageradas. ... Acuérdate que hay algunos cuyos ojos están intensamente fijados sobre ti, esperando que ultrapases la marca, tropieces y caigas". (Carta 44, 1893, 9 de Abril; 1MS:377-379).

Una cuidadosa búsqueda en los voluminosos escritos y sermones de Jones dejan de producir ni siquiera un solo ejemplo de que haya dicho que las "obras de nada valen", o algo de naturaleza semejantemente extrema sobre el asunto. Esperaríamos encontrar algún ejemplo de una declaración insensata sobre fe y obras en sus veinte y cuatro sermones en la asamblea de 1893 que se encerró poco antes que ella hubiese escrito esa carta; sino que encontramos apenas lo opuesto--vigorosas expresiones indicando un equilibrio apropiado entre fe y obras, sosteniendo a las obras como no solamente necesarias, sino como frutos de genuina fe en Cristo.

Al final de la asamblea de 1893, Jones fue desviado por la influencia de Prescott a la fanática presunción de que el alto clamor no podría ser impedido. Eso preparó el terreno para el fanatismo de Anna Rice Phillips.

La carta de Ellen White vino a tiempo para incentivarlo a ser cuidadoso, y él fue cauteloso. Su endoso por demás entusiástico a su ministerio fue escrito después de su carta del 9 de Abril de 1893, porque él humildemente se arrepintió de su temporario resbalón.1

Ningún Pecado es Jamás Excusable

Fue un pecado de impaciencia de mente o mal temperamento del corazón que finalmente encerraron el ministerio de Jones y Waggoner. Pero la experiencia de Moisés en los límites de Canaán ilustra lo que se dio con ellos. Su pecado fue igualmente inexcusable y tuvo que morir a causa de él, un pecado de impaciencia con Israel. Pasional e impacientemente él los llamó de "rebeldes", un hecho verdadero, aun cuando su espíritu no lo fuese:

"Así el pueblo tuvo ocasión de cuestionar si su actitud pasada había estado bajo la dirección de Dios, y a disculpar sus propios pecados. Moisés, tanto cuanto ellos, había ofendido a Dios. Las acciones de él, decían, habían desde el inicio sido abiertas a crítica y censura. Ahora habían encontrado el pretexto que deseaban para rechazar todas las reprobaciones que Dios les había mandado mediante Su siervo". (PP:417).

No hubiesen Jones y Waggoner cubierto sus nombres con desgracia, nosotros de una generación posterior probablemente les atribuiríamos casi que un respeto idólatra. "Muchos que se han indispuesto a dar oídos a los consejos de Moisés mientras él estaba con ellos, habrían estado en peligro de cometer idolatría sobre su cuerpo sin vida, caso conociesen el local de su sepultura" (ibíd., pp. 477-478). La verdad y lógica de la posición de Jones y Waggoner eran tan abrumadoras que no mucho después de 1888 muchos comenzaron a reconocerlo. Pero la lluvia tardía tuvo que ser postergada hasta una futura generación. Ahora los mensajeros deben estar secretamente "sepultados"--esto es, toda ocasión para idolatría debe ser removida por parte de las generaciones no nacidas que aun deberán venir. Que mejor método de "sepultamiento" que permitir que los mensajeros pierdan su rumbo en desgracia?

Es frecuentemente dicho que sus numerosos compromisos de hablar después de 1888 indican aceptación oficial de su mensaje. Pero esa es una deducción equivocada. Varios factores precisan ser observados: (1) miembros laicos y ancianos locales (que acogían el mensaje) tenían más fuerza en conseguir compromisos de oradores que actualmente; (2) la influencia de Ellen White virtualmente requería la atención que recibieron de audiencias durante las sesiones de la Asociación General; (3) sus compromisos para hablar cuando su mensaje no era bien acogido, a muchos líderes les imponía una pesada carga emocional. Un ejemplo de eso es la prevaleciente actitud en la asamblea de 1893 como evidenciado en el Bulletin.

No obstante, muchos que habían rechazado el mensaje de ellos cuando estaban correctos, ansiosamente los siguieron cuando estaban abalados en la fe. Eso hizo el problema mayor. En 1912 un ex-presidente de la Asociación General escribió a respecto de ellos:

"Cuando el mensaje de justificación por la fe comenzó a ser predicado en esta denominación,2 el enemigo se puso profundamente agitado, e hizo un gran esfuerzo para detener su difusión. Al fallar en eso, cambió su plan de oposición para un método que prometía mayor éxito. Ese plan fue prender la mente de las personas con los instrumentos que el Señor había llamado a proclamar el mensaje, al punto que esos hombres ser considerados oráculos de Dios, y la fe de las personas se volvería centralizada en ellos, en lugar de serlo en Jesucristo, el autor del mensaje. Fue percibido por el enemigo que el loor y la adulación de las personas inflarían el ego de esos hombres tanto que ellos llegarían a sentir que sus opiniones y juicios deberían prevalecer en todas las cuestiones pertinentes tanto a las Escrituras, como a la administración de la obra del Señor sobre la tierra". (G. A. Irwin, RH, 4 de Julio de 1912).

Ellen White insistía en que la persecución despiadada que sufrieron fue la causap rimaria del tropiezo de ellos. Eso los separaba del amor y confianza de sus hermanos, de la cual necesitaban. El daño causado por la adulación insensata se volvió secundario.

Considerando la naturaleza del mensaje que llevaban, esa doble causa podría solamente perjudicar sus facultades espirituales. Si ellos pudiesen haber recibido mayor luz de modo a soportar hasta que viniese la victoria, habrían enfrentado al mundo en la fuerza que aquellos que deben finalizar la obra de Dios sobre a tierra deben poseer. Pero luz y poder adicionales tenían que ser eliminados después del rechazo del mensaje. Waggoner había estado exilado en Inglaterra, y ambos tenían que actuar sin la ayuda de Ellen White. Ellos conocieron solamente el "comienzo" de la luz de la lluvia tardía, y eso no fue suficiente para la perfecta santificación, aun a corazones honestos. (¡No es suficiente para nosotros hoy!)

Cómo Hombres Buenos Pueden Perder Su Rumbo

Nuestra historia ofrece evidencia adicional de como "aquellos que ... rechazaron el mensaje y el mensajero triunfarían" (Carta O19, 1892). El presidente de la Asociación General en 1888, G. I. Butler, fue uno de los principales rechazadores iniciales. Él era un buen hombre con un vigoroso y másculo don de liderazgo ejecutivo, pero el problema con que tenía de lidiar no tenía precedentes. ¡Ningún expresidente había sido confrontado por el comienzo de la lluvia tardía y alto clamor! Ellen White trató de ayudarlo:

"Te refieres a tu posición como Presidente de la Asociación General, como si eso justificase tus actitudes. . No tienes el derecho de herir los sentimientos de tus hermanos. Les hablas de una manera que no puedo sancionar. ... Llamas a los hermanos Jones y Waggoner de pollitos". (Carta 21, 1888).

Dada la enfermedad de su esposa, el Pastor Butler se retiró por algunos años después de 1888 para una hacienda solitaria en Florida. Finalmente él confesó sus actitudes erradas y volvió a posiciones de alta responsabilidad. El Señor aceptó sus labores posteriores, como fue el caso con Urias Smith. Pero la oportunidad áurea de proclamar la lluvia tardía y el mensaje del alto clamor fue conclusivamente perdido para ambos.

Un ejemplo patético de como la oposición de Butler finalmente "obtuvo la supremacía" (frase de A. T. Jones) es encontrada en el Bulletin de la Asociación General de 1903. Durante esa asamblea Jones y Waggoner permanecieron con una minoría que se sentía constreñida por su conciencia en oponerse a la revisión de la constitución de 1901. En su punto de vista, la revisión de 1903 era un paso atrás de los principios de reforma de 1901. El estar ciertos o errados en su convicción no nos dice nada respecto a discutir a estas alturas, pero ellos indudablemente eran sinceros en mantenerlas. Al arrastrarse el debate, "voces" pedían que el "Pastor Butler" hablase.

Siete veces él salió del asunto para declarar como amaba a los "queridos" hermanos Jones y Waggoner; pero el Bulletin revela que continuó representando mal la real posición de ellos aun ante sus intervenciones de protesta verbal. Después él los colocó en ridículo público (pp. 145-164).

Ellos habían dicho en la asamblea que "el pueblo de Dios debe estar bajo Él, y solamente Él. Hay un Pastor, y Él tiene un rebaño", y que primariamente "la comisión debe pertenecer a Jesucristo, y servir a Cristo, e dejar al otro hombre solo, y dejarlo predicar el evangelio que Cristo concede". El hermano Butler interpretó eso como siendo una opinión por la abolición de toda organización, e injustamente comparó la posición de ellos a los fanáticos anarquistas contra los cuales se habían batidos los pioneros:

"Esos caros hermanos no conocen las dificultades que teníamos antes de la organización. ...

"Ahora, me parece que si algunas de esas cosas son llevadas adelante según algunos de los buenos hermanos han hablado, traería por fin un resultado, si plenamente cumplido, apenas el mismo estado de desorganización en que iniciamos, en primer lugar. ... No deseo decir nada ahora para herir los sentimientos del hermano Jones, pues amo mucho al hermano Jones". (GCB 1903, pp. 146-163).

En la asamblea de 1901 Ellen White había enfáticamente advertido contra el "poder imperial en nuestras filas para controlar ese o aquel ramo de la obra" (GCB 1901, pp. 25-26). Esa fue la principal razón por la cual por años ella estuviera apelando por reorganización y reforma. La tendencia de restringir los obreros había sido un aspecto notable de la presidencia anterior del Pastor Butler (cf. TM:297-300). Fue especialmente preeminente en la era 1886-1888. Sus reprensiones a él son ahora bien conocidas. En 1903 ella declaró: "El poder imperial anteriormente revelado en la Asociación General de Battle Creek no debe perpetuarse" (8T:233). Sin embargo, el Pastor Butler públicamente contradijo esas declaraciones, negando que fuese ni siquiera posible que cualquier "poder imperial" ocurriese en la presidencia de la Asociación General:

"Perdonareis uno de los veteranos, que ha estado en la Obra por tantos años, y que ha tenido la presidencia de la Asociación General por trece mandatos, por decir que no consigue ver que algo de un poder imperial pueda ser allí indicado. No creo que pueda. ... Yo tengo trece mandatos. ... Yo lamentaría mucho en creer que hubiese cualquier poder imperial en eso. ... Aun cuando yo esté al frente del trabajo por trece mandatos, nunca fui reprobado por cualquiera de esas cosas, cuanto pueda acordarme". (GCB 1903, p. 163).

¡Nosotros humanos tenemos una tendencia a olvidarnos!

Envuelto en el espíritu de discusión, el Pastor J. N. Loughborough hizo un discurso dando respaldo al del Pastor Butler. Él también habló desdeñosamente de las convicciones minoritarias de Waggoner y Jones.

Ellos de hecho no se habían opuesto a los verdaderos principios de organización en su posición en 1903, aun cuando puedan haber tenido alguna responsabilidad por el estado a que llegamos al final del siglo veinte cuando es tan difícil para hombres y mujeres en comisiones permanecer solos por Cristo contra una fuerte presión de grupo y el temor de ser dispensados.

Pero el pensamiento de comisiones primero de todo someterse a Cristo y celosamente buscar la dirección del Señor, y acordarse que somos todos hermanos, parecía para algunos una razón extraña para temer tanto a Butler cuanto a Loughborough. Loughborough añadió:

"Esos hermanos dicen que no se proponen desmontar la organización. Bien, no juzgo que tengan eso en mente, pero me parece que, al final de cuentas, usted llega al punto de no tener ninguna constitución u orden enteramente. 'Al final de cuentas', ellos decían en los días primitivos, 'somos todos hermanos. Si buscamos al Señor, Él nos guiará'". (p. 164).

¿Era ese un cuchillo enterrado en sus espaldas? Jones y Waggoner podrían ser perdonados por juzgar que lo fuese. Antes, patéticamente Jones se irguió en ese punto para hacerle un apelo a los delegados. Eso puede haber marcado una herida que nunca fue curada:

"Me gustaría hacer un pedido ahora a toda la delegación y a todas las personas que leen el "Bulletin". Cuando esos discursos sean impresos, por favor consideren el de los hermanos Waggoner y [P. T.] Magan y después el mío; léanlos con bastante atención, y si pueden encontrar cualquier cosa en uno de ellos que se choque con la organización sea en el sentido que sea, marquen eso y nos lo envíen a fin de que podamos arrepentirnos de lo mismo". (ídem).

El desafío de Jones quedó entonces en pie y permanece hasta hoy. Él y Waggoner habían hecho un apelo para una sumisión a Cristo y al Espíritu Santo, que juzgaban que estaba en armonía con el mensaje de 1888, una sumisión que haría posible la dirección del Señor en la conclusión de Su obra en todo el mundo. Ellos no se oponían a la organización; lo que deseaban ver era la organización sumisa a Cristo para la conclusión de la comisión evangélica. Deseaban que Cristo fuese reconocido como el verdadero Cabeza de la Iglesia, en el control de su organización.

Ellos fueron mal comprendidos y mal representados. Butler tuvo la última palabra; él "triunfó", para usar la expresión de Ellen White. Algo lo llevó a él y a Loughborough a ignorar los protestos de ellos y suplantar sus apelos por justicia. ¿Qué puede explicar eso, excepto un resentimiento persistente de 15 años?

La humillante derrota de Jones y Waggoner en 1903 fue probablemente el comienzo de su final amargura humana. "Queridos hermanos Jones y Waggoner" sería más que humano si ellos no se sintiesen haber sufrido el insulto culminante después de quince años de oposición. ¿Podrían pasar sin sentir el dolor?

El apelo de ellos por sumisión primaria a Cristo por sobre la subserviencia al control humano estaba en armonía con los frecuentes apelos de Ellen White y con la Escritura, pero lógicamente eso sólo podría ser hecho con seguridad si el Espíritu Santo encontrase una acogida uniforme entre nosotros.

La continua actitud de convicción del Pastor Butler es encontrada en una carta al Dr. Kellogg un año después. Él deja claro que nunca se arrepintió de su ceguera cuanto a 1888. Él debe aun culpar a Waggoner por males que perturbaban la Causa, y considera su derrocada una bendición:

"Mantengo precisamente la misma opinión que siempre tuve desde que llegué a ser un estudiante de la Biblia. ... La última hornada que vino a dirigir las cosas después que yo hube salido del oficio [de presidente de la Asociación General] remodeló las cosas bastante. El Pastor Waggoner fue un espíritu dominante en esos cambios. Él parece haberse remodelado a sí mismo de un predicador a un doctor. Tal vez eso sea tan bueno para él como para todos los interesados. Le deseo que se salga bien de todas maneras". (Carta, 9 de Septiembre de 1904).

¡Llegando exactamente en este tiempo, se puede imaginar como tal carta podría haber ayudado al Dr. Kellogg!

Hay los que acusan a Jones de codiciar el oficio de presidente de la Asociación General. Eso puede ser verdad o no. Los libros del cielo pueden registrar motivos del corazón mejor que lo que podemos hacer con nuestra limitada visión de sombras indefinidas del pasado. Sin duda su mejor juicio lo convencieron de que él no estaba tallado para la administración, o para redactar la Review and Herald. Sus "credenciales celestiales" habían sido para un trabajo diverso--proclamar el evangelio del alto clamor para la iglesia y para el mundo. Eso era suficiente para que cualquier hombre lo haga por sí. Cuando esa misión falló, él perdió su apego a la paciencia de los santos.

El Espíritu de 1888 y la Tragedia Kellog

Ellen White nos cuenta que el Dr. Kellog era verdaderamente convertido durante una reunión de Minneapolis (GCB 1903, p. 86). El endoso de ella a su carácter y sincera dedicación son abundantes. Aquí está uno de los últimos:

"Dios le concedió al Dr. Kellog el éxito que él ha tenido. ... Dios no endosa los esfuerzos presentados por diferentes personas para que hagan la obra del Dr. Kellog la más difícil posible. ... Aquellos que rechazan [la luz sobre la reforma de la salud] rechazan a Dios. Uno y otro que sabían mejor dijeron que todo vino del Dr. Kellogg, y le hicieron la guerra. Eso ejerció una mala influencia sobre el doctor. Él vistió la capa de la irritación y de la retribución". (GCB 1903, p. 86).

Una carta al Pastor Butler, presidente de la Asociación General en 1888, indica que la apostasía final de Kellogg fue "en larga extensión" nuestra responsabilidad. Seguramente, no era de la voluntad de Dios:

"A veces será visto que nuestros hermanos y hermanas no han sido inspirados por el Espíritu de Cristo en su manera de tratar al Dr. Kellogg. Se que vuestras opiniones sobre el doctor no son correctas. Vuestra actitud para con él no obtendrá la aprobación de Dios. ... Podéis seguir un rumbo que debilitará tanto su confianza en sus hermanos que ellos no podrán ayudarlo cuando y donde precisa ser ayudado. ...

"El Dr. Kellogg ha realizado un trabajo que ningún hombre que conozco entre nosotros ha tenido calificaciones para cumplir. Él ha necesitado de la simpatía y confianza de sus hermanos. ... Ellos deberían mantener una actitud que habría ganado y retenido su confianza. ... Pero, en vez de eso, ha habido un espíritu de sospecha y crítica.

"Si el doctor falla en cumplir su deber y ser un supervisor al final, aquellos hermanos que han fallado en su búsqueda de sabiduría y discernimiento para ayudar al hombre cuando y donde él carecía de su auxilio, serán en gran extensión responsables. ... Sus hermanos a veces sienten que Dios está empleando al doctor para realizar una obra que ningún otro está calificado para cumplir. Pero entonces ellos enfrentan un flujo tan fuerte de informes en su contra que quedan perplejos. Parcialmente los aceptan, y deciden que el Dr. Kellogg debe realmente ser hipócrita y deshonesto. ... ¿Cómo debe el doctor sentirse al ser siempre visto con sospecha? ... ¿Debe eso siempre ser así? ... Cristo pagó el precio de la redención por su alma y el diablo hará lo máximo para arruinarla. Que ninguno de nosotros lo ayude en ese trabajo". (Carta B21, 1888).

"Aquellos que están bien en el centro de la obra abrigaron sus propios deseos de modo a deshonrar a Dios. ... El Dr. Kellogg no fue sostenido en la obra de la reforma de salud. ... [Él] asumió el trabajo que no realizaron. El espíritu de crítica revelado en esa obra desde el comienzo ha sido muy injusto, y había vuelto su trabajo duro. ... Es un hecho que nuestros ministros son muy lentos en volverse reformadores de salud. ... Eso llevó al Dr. Kellogg a perder la confianza en ellos". (Ms. 13, 1901, Diario, Enero de 1898).

El "maná" de 1888 había sido rechazado, y ahora comenzaba a producir lo que el antiguo maná en Israel causaba cuando no era comido fresco. Él se descomponía. El alimento altamente nutritivo se echa a perder más rápidamente que el alimento desvitalizado. "Nosotros" perdimos tres hombres destacados y bien-dotados que por algún tiempo dieron evidencia de ser verdaderamente ordenados por el cielo. El maná descompuesto se volvió desagradable para ser manoseado, y el relato es triste.

Conclusión

Las últimas palabras que el Dr. Waggoner escribió antes de su súbita muerte el 28 de Mayo de 1916 son esas sentencias finales de una carta a M. C. Wilcox: "Yo no cuestiono, sino que libremente reconozco, la superior bondad de los hermanos en la denominación. Yo sería desleal para con Dios si no reconociese la luz que Él me concedió; nunca podría haber entendido por que me fue concedida, excepto sobre la base de que Sus dones son concedidos, no según méritos, sino de acuerdo con la necesidad".

Si él será salvo o perdido al final no es para nuestra especulación. Pero si aquellos fueron sus últimos pensamientos, y Dios en Su infinita sabiduría y misericordia encuentra alguna manera de salvarlo, es cierto que Waggoner se declarará indigno. ¿Podría alguno de nosotros que nos salvamos declararnos de otro modo?

Una de as últimas cartas que tenemos de Jones antes de su muerte revela un espíritu humilde de completa confianza en el mensaje adventista del séptimo día y en el ministerio de Ellen White (12 de Mayo de 1921). El enfermero que lo cuidó en Battle Creek en su enfermedad final nos dijo personalmente que tiene certeza que Jones murió como un genuino cristiano.

Una apropiada y autorizada reimpresión de sus mensajes durante el tiempo de su fidelidad, editados con endoso de total apoyo, propiciaría para esta generación una renovada visión del puro evangelio. Y después de haber reunido los fragmentos de lo que resta para que nada sea perdido, entonces podríamos con confianza presentar nuestra petición al trono de la gracia para darnos hoy el pan que nos es conveniente, alimento del tiempo cierto.

Tan ciertamente como hay un Dios viviente, la oración no quedaría sin respuesta.