En lugar de los refrigerantes aguaceros de la lluvia tardía preparando un pueblo para el retorno de Cristo, el cambio de siglo introdujo una de las mayores casi-tragedias que la Iglesia ya enfrentó. Solamente la intervención personal de la humilde mensajera del Señor salvó el buen navío de naufragar como se dio con el Titanic pocos años antes.
El "iceberg" fue la sutil herejía del panteísmo por algunos de los líderes más altamente respetados del adventismo que fueron tan sordos a las advertencias del peligro inminente como lo fue el capitán de la triste embarcación de Cunard.
Cuando le pareció a Ellen White que nadie haría nada para resolver la crisis traída por las enseñanzas herejes del Dr. Kellogg, le fue dado un sueño inspirado:
"Una embarcación estaba sobre las aguas, en una fuerte neblina. Súbitamente el vigía gritó, "iceberg bien adelante". Allí, apareciendo bien encima del navío, estaba un gigantesco iceberg. Una voz autoritaria exclamó: "¡Idle al encuentro!" No hubo un momento para dudar. Era ocasión para acción instantánea. El piloto aplicó fuerza total, y el hombre al timón maniobró el navío directamente en el rumbo del iceberg. Con un fuerte impacto alcanzó el hielo. Se dio un tremendo choque, y el iceberg se partió en muchos pedazos, desplomándose con un sonido semejante al del trueno sobre el convés del navío. Los pasajeros fueron violentamente abalados por la fuerza de la colisión, pero ninguna vida se perdió. La embarcación quedó dañada, pero no más allá de la posibilidad de reparación. Ella salió del episodio, temblando de popa a proa, como una criatura viviente. Después avanzó adelante en su camino". (Special Testimonies [Testimonios especiales], Serie B, 1904, Nº 2, pp. 55-56).
El navío era la Iglesia Adventista del Séptimo Día. La "voz" de autoridad era el testimonio de Jesús. El navío fue dañado, pero no más allá de la posibilidad de reparación. En la secuencia de la colisión tres preciosos obreros en la Causa de Dios que eran especialmente queridos por Ellen White dejaron su posición-- Jones, Waggoner y el Dr. Kellogg. Si el iceberg hubiese sido visto antes y la embarcación fuese dirigida contornándolo, la Iglesia habría evitado esa pérdida.
Varios factores de este relato merecen especial atención:
(1) Muchos de nuestros ministros y médicos no pudieron discernir la naturaleza de la crisis panteística cuando ella se manifestó sobre ellos. Estaban como en una neblina. Sentimientos panteísticos eran la cosa de "moda", el símbolo chic de la teología progresista. Había una hechizante belleza a respecto de ella. Las ideas elevadas disfrutaban de amplia promoción, virtualmente sin protestas. "Que aquellos que hemos juzgado firmes en la fe hayan dejado de discernir la influencia mortífera y engañosa de esa ciencia del mal debería alarmarnos como nada más nos ha alarmado" (ibíd., Serie B, Nº 7, p. 37).
(2) La propia Ellen White puede no haber reconocido el error sutil sin discernimiento no común. No obstante, ella esperaba que sus hermanos y hermanas también estuviesen en íntimo contacto con el Espíritu Santo a punto de ser capaces de discernirlo:
"Este es un tiempo en que el poder engañador de Satanás debe ser ejercido, no solamente sobre las mentes de aquellos que son jóvenes y sin experiencia, sino sobre la mente de hombres y mujeres de mayor madurez y vasta experiencia. Los hombres en posiciones de responsabilidad están en peligro de cambiar de líder". (ibíd., Serie B, Nº 2, p. 48; 1904).
"Oí una voz diciendo: "¿Dónde están los vigías que deberían permanecer sobre los muros de Sión? ¿Están adormecidos? Ese fundamento fue edificado por el Obrero Maestro, y resistirá a temporales y tormentas. ¿Permitirán que ese hombre [Kellogg] presente doctrinas que niegan la experiencia pasada del pueblo de Dios? Es llegado el tiempo para una acción decisiva". (ibíd., p. 54).
En verdad, para ser justo, la historia coloca más culpa en la ceguera de los vigías responsables sobre los muros de Sión que dejaron de discernir el peligro, que sobre el desorientado médico que enseñaba la herejía.1 Nos apresuramos en condenarlo y nos regocijamos en el libramiento propiciado por el don de profecía. Pero la lección es perturbadora: las repetidas advertencias dadas desde 1888 fallaron en despertar a la mayoría de nuestro pueblo.
Así, la crisis panteísta revela la naturaleza arraigada de la incredulidad post-Minneapolis en la prontitud con que muchos cayeron en engaños cerca de una década después. Aquellos que defienden haber habido arrepentimiento para la ceguera de 1888 encuentran difícil explicar la subsecuente ceguera del panteísmo.
(3) Desafortunadamente, la prueba del panteísmo no podría ser la final. Las repetidas advertencias concernientes al recibimiento de 1888 debía haber habilitado a nuestros hermanos a dirigir por su propia iniciativa al buen navío con seguridad a través de las peligrosas aguas del panteísmo. Pero una intervención personal y de emergencia de Ellen White se hizo necesaria, o el navío habría naufragado.
Satanás debe, por lo tanto, tener permiso de tentarnos nuevamente, de esta vez cuando el agente vivo no se haga más presente. Debe ser una prueba suprema cuanto a si alcanzamos la madurez o si, como niños, aun carecemos de la dirección personal de una gobernanta. Así descubrimos que la crisis panteísta fue solamente un "alfa" y una prueba "omega" debe seguirse. Puede estar más próxima ahora de lo que pensamos:
"Nuestro pueblo precisa comprender las razones de nuestra fe y de nuestras experiencias pasadas. ¡Cuan triste es que tantos de ellos aparentemente depositaron confianza ilimitada en hombres que presentan teorías tendientes a desarraigar nuestras experiencias pasadas y remover los antiguos marcos! Aquellos que pueden tan fácilmente ser llevados por un falso espíritu revelan que han estado siguiendo al capitán errado por algún tiempo, hace tanto tiempo que no disciernen que se están desviando de la fe, o que no están edificando sobre el verdadero fundamento...
"Algunos de los sentimientos ahora expresados son el alfa de algunas de las ideas más fanáticas que podrían ser presentadas. Enseñanzas semejantes a aquellas que tuvimos que enfrentar luego después de 1844 están siendo enseñados por algunos que ocupan importantes posiciones en la Obra de Dios". (Southern Watchman, 5 de Abril de 1904).
"'Living Temple' [El templo viviente] contiene el alfa de esas teorías. Yo sabia que el omega se seguiría poco después, y temblé por nuestro pueblo". (Special Testimonies, Serie B, Nº 2, p. 53).
"No os engañéis: muchos se desviarán de la fe, dando oído a espíritus seductores y doctrinas de demonios. Tenemos ahora ante nosotros el alfa de este peligro. El omega será de naturaleza extremamente sorprendente". (1MS:197; 1904).
"Se seguirá el omega, y será recibido por aquellos que no están dispuestos a dar oídos a la advertencia que Dios ha dado". (ibíd., p. 200; Special Testimonies, Serie B, Nº 2, p. 50; 1904).
Es interesante que no encontremos a Ellen White expresando cualesquiera advertencias contra The Glad Tidings [Las buenas nuevas] de E. J. Waggoner. El 11 de Abril de 1901, él expresamente negó que sus ideas fuesen de carácter panteísta. (GCB 1901, p. 223). La teología rebuscada puede sostenerlo en esa alegación. Sus sermones durante la asamblea de 1901 eran ardorosos y poderosos. Fue después de eso que Ellen White recomendó que él fuese convidado a enseñar en Berrien Springs, para su propio beneficio y el de sus estudiantes. Él precisaba de una comunión más íntima con hermanos capaces que había conocido cuando estaba virtualmente sólo en Gran-Bretaña.
En la edición del 29 de Enero de 1982 de la revista The Criterion [El criterio] (L. L. U. -- Universidad de Loma Linda), el Dr. Jack Provonsha declara lo siguiente de Kellogg, cuyo panteísmo era mucho más pronunciado que el de Waggonner: "En términos del significado técnico de panteísmo, [Kellogg] no era un panteísta". Pero Kellogg estaba errado en su concepción de la naturaleza de Dios. Ellen White aparentemente simpatizaba con la motivación evangélica de Waggonner, y por esa razón puede haberse abstenido de criticarlo. Ella discernió que el rumbo tomado por Kellogg podría destruir el fundamento espiritual de la Iglesia.
Esa crisis fue permitida como una prueba para nuestra fe y para servir de lección a las generaciones futuras:
"Dios ha permitido que la presentación de la conjugación del bien y del mal en "Living Temple" [Templo viviente] ocurra para revelar el peligro que nos amenaza. El trabajo que han sido tan ingeniosamente llevado adelante, Él permitió a fin de que ciertos acontecimientos puedan consumarse, y que pueda ser visto lo que un hombre puede hacer... Dios ha permitido que la actual crisis abra los ojos de aquellos que desean conocer la verdad. Él desea que Su pueblo entienda a que extensión la sofisticación y perspicacia del enemigo puede conducir". (ibíd., Nº, p. 36).
Así, la crisis del "Living Temple" no podría señalar el fin de los esfuerzos de Satanás en desviar, cautivar y confundir y trastornar el pueblo del Advento. El peligro de apostasía sutil e interior en nuestro medio está aun presente, más que nunca antes: "Una cosa debe en breve ser reconocida--la gran apostasía, que se está desarrollando y aumentando y tomando cuerpo, y continuará a hacerlo hasta que el Señor descienda del cielo con un clamor" (ibíd., pp. 56-57).
(4) Las presentaciones populares de la historia post-1888 como una grande victoria cancelan la lección objetiva inherente a la apostasía de Kellogg. Aquello que Dios permitió para "revelar el peligro que nos amenaza"' a fin de que pudiésemos entender "a que extensión la sofisticación y perspicacia del enemigo puede conducir" es desfigurado como una victoria para la sabiduría de los hombres y evidencia del cuidado aprobador e indulgente de Dios. El punto crucial de la experiencia es sepultado por la declaración de que el "omega" fue un evento del pasado distante:
"Hay dos fases de la lucha--primera, los errores panteísticos, y en segundo lugar, la cuestión de la posesión y control. El Espíritu de Profecía los llamó el alfa y omega de las cuestiones. El panteísmo, la "doctrina de demonios", es llamado de Alfa, y del omega fue declarado tratarse de eventos [sic] "de naturaleza bastante asustadora".
"Algunos han alegado que el término omega se refiere a alguna gran dificultad futura o apostasía y han a veces hecho una errónea aplicación de él a ese o aquel ramo de las operaciones denominacionales. ... En años pasados, el entendimiento de esos términos era que el Alfa serían los errores mencionados arriba y el omega la división y rebelión que privaron la Iglesia de su institución de salud más antigua. Esa fue en verdad una ocurrencia asustadora que pocos esperaban. A largo plazo, sin embargo, solamente pocos de entre nuestros miembros nos dejaron". (L. H. Christian, The Fruitage of Spiritual Gifts [Los frutos de los dones espirituales], p. 292).
Si fuese verdad que la pérdida del Sanatorio de Battle Creek fue el omega, podemos descansar asegurados de que las mayores pruebas y peligros al movimiento adventista tuvieron lugar ochenta años atrás. Con todo el repertorio de tentaciones engañosas de Satanás ya agotadas en el pasado remoto, no tenemos que prepararnos para nada especial en el futuro.2
¿Dónde Yace la Verdad Sobre el "Omega"?
En una reciente edición de Spectrum [Gama], Vol. 12, Nº 2, el Dr. Robert Jonhston refuerza la idea de Christian, citando D. E. Robinson como apoyo. Sin embargo, no ofrece evidencia de Ellen White para su punto de vista. Ella nunca, en tiempo alguno, en la década luego a seguir dio a entender que la pérdida de la institución de Battle Creek fuese el omega. Ella nunca dice que se trata de "eventos". Johnston debilita su argumento admitiendo que alfa y omega son "partes de un continuo simple y directo". Se así fuese, la última debe ser de naturaleza idéntica a la de la primera--no tratándose de "eventos", sino que de "doctrinas de demonios" sutilmente disfrazadas como pretensa verdad.Conclusión
La verdad genuina es siempre buena nueva. Ellen White oraba, según aquellos que a veces la oían: "Señor, muéstrame lo peor de mi caso". Es también una oración saludable para orar: "Señor, muestranos la verdad de nuestra historia, la verdad de nuestra presente condición espiritual". La verdad de nuestra historia pasada ofrece incalculable esperanza y confianza para el futuro, si apenas la reconocemos por lo que es.