Este manuscrito en su forma original fue preparado en 1950 para llamar la atención de la Comisión de la Asociación General. Era un apelo para "alimentar el rebaño de Dios" con los elementos nutritivos del mensaje de 1888. Desde entonces, la conciencia adventista ha luchado con la convicción de que hay difundida hambre espiritual. La comisión evangélica no está concluida, no obstante hayan mayores programas, actividades, y promociones a cada año que pasa.
Pocos días después del encerramiento de la asamblea de 1888, el 23 de Noviembre, Ellen White habló en la reunión estatal de Potterville, Michigan (A. L. White, The Lonely Years [Los años solitarios], p. 148). Sus tres sermones están registrados en la Review and Herald. En su sermón del 24 de Noviembre ella hace referencia seis veces a los judíos, extrayendo comparaciones con nosotros:
"¿Qué haría el Salvador si viniese a nosotros como lo hizo con los judíos? Él tendría que realizar una obra semejante de eliminación de la basura de la tradición y de la ceremonia. Los judíos quedaron grandemente perturbados cuando él realizó esa obra. ... La ceguera de los fariseos es una ilustración de como las personas que reivindican gran luz y conocimiento pueden entender tan mal e interpretar erróneamente la obra de Dios. Verdades gloriosas han sido sepultadas y ocultadas, y se han vuelto deslustradas y sin atractivos por el error y la superstición". (RH, 4 de Junio de 1889).
El artículo de la semana siguiente, 11 de Junio, nuevamente nos comparó cinco veces con los judíos, y se refirió más de veinte veces a la incredulidad contemporánea de los "hermanos que ministran":
"Hay muchos que se colocan en una posición semejante a la de los judíos del tiempo de Cristo, y no dan oídos a la palabra de la verdad, porque sus mentes están repletas de preconcepto; pero los que rehúsan la luz celestial serán rechazados por Dios tal como se dio con Su antiguo pueblo. ... ¿Por qué deben los ministros hacer la verdad impotente ante el pueblo en vista de carecer de vida y devoción espiritual, por no estar en ligación con Dios? ... Os habéis desviado tanto de Él que difícilmente oís el sonido de Su voz".
Nuevamente hablando en un contexto de 1888, ella declaró:
"Las pruebas de los hijos de Israel, y su actitud poco antes de la primera venida de Cristo, han sido presentadas ante mi vez tras vez para ilustrar la posición del pueblo de Dios en su experiencia antes de la segunda venida de Cristo--como el enemigo buscaba toda ocasión para cegar las mentes de los siervos de Dios, de modo que no fuesen capaz de discernir la preciosa verdad". (ibíd., 18 de Febrero de 1890).
"Toda línea que trazo a respecto de la condición del pueblo al tiempo de Cristo, cuanto a su actitud para con la Luz del mundo, en eso veo peligro de que tomemos la misma posición. ... Tendremos que enfrentar incredulidad de toda forma en el mundo, pero es cuando encontramos la incredulidad en aquellos que deberían ser líderes del pueblo [de Dios], que nuestras almas son heridas". (ibíd., 4 de Marzo de 1890).
El profundo discernimiento de un profeta, no compartido por casi todos sus contemporáneos percibía como el resultado final de 1888 era equivalente a la recrucifixión de Cristo. Los judíos mantienen que nunca crucificaron al Mesías, y encontramos difícil reconocer la extensión de lo que hicimos:
"Aquellos que resistieron al Espíritu de Dios en Minneapolis estaban aguardando una chance para viajar por el mismo terreno otra vez, porque el espíritu era el mismo... Todo el universo del cielo testimonió el tratamiento cruel de Jesucristo, representado por el Espíritu Santo. Hubiese Cristo estado ante ellos, lo habrían tratado de manera semejante a aquella en que los judíos trataron a Cristo". (Serie A, Nº 6, p. 20; 16 de Enero de 1896).
Confusión y perplejidad se elevan en una reciente declaración publicada, intitulada "En 1888, la dirección de la Iglesia Adventista dio una media vuelta en la pre-sesión ministerial de Minneapolis"M (inistry [Ministerio], Noviembre de 1984). La mensajera del Señor, hablando 14 años después de 1888, dijo lo opuesto: "Fui instruida de que la terrible experiencia de la Asamblea de Minneapolis es uno de los más tristes capítulos en la historia de los creyentes en la verdad presente" (Carta 179, 1902). Su inspirada evaluación es: "crueldad al Espíritu Santo", "tratamiento cruel de Jesucristo", que "en algún tiempo ... será visto en su verdadero peso y con toda la carga de ayes que ha resultado de eso" (GCB 1893, p. 184). Tal vez ese "algún tiempo" esté próximo.
La comparación de Ellen White con los judíos no es por acaso. Penetra el propio corazón del plan de salvación. La negación de Juan 3:16 está implícita en nuestra "insubordinación" porque está envuelto en eso el resistir a Cristo. Cuando eso es visto, vendrá un arrepentimiento correspondiente a la transgresión. La dificultad es que la transgresión aun no fue apreciada en su verdadera naturaleza. Aun no nos vimos como el Cielo nos ve.
Hay una nueva generación en escena ahora, y ningún miembro vivo de la Iglesia puede testificar de su experiencia en asistir a la sesión de 1888. Todo cuanto podemos aprender sobre ella ahora debe venir de registros escritos inspirados.
Desde 1950 un concentrado esfuerzo ha sido hecho para publicar libros que transmiten la idea de que 1888 fue una victoria para la Iglesia. Así, varios libros de autoridad, totalizando casi 1.500 páginas, tratan de establecer que "nosotros" aceptamos el mensaje de 1888. Dos fueron endosados por los presidentes de la Asociación General; un tercero fue escrito por un vice-presidente. La publicación de ellos atesta el profundo interés que 1888 representa para la conciencia adventista del séptimo día.
El Espíritu Santo ha dirigido a lo largo de todos estos años, y la verdad emergerá triunfante por sobre toda la confusión. La solución a nuestro problema no yace en criticar el liderazgo de la Iglesia o en debilitar su organización; yace en arrepentimiento y reconciliación con Cristo dentro de la organización de la Iglesia. No osamos negar o suprimir la verdad; plenamente revelada y comprendida por corazones honestos, la verdad vence el fanatismo, el legalismo, y un espíritu de crítica del tipo "soy más santo que tu". Puede solamente conducir a un arrepentimiento humilde, moldeado según Cristo, que operará una cura eficaz.
Volvámonos ahora a una breve revisión de esos acontecimientos.
1950
1888 Re-examined [1888 Reexaminado] (204 páginas mimeografiadas) no traía nombres de autores, no tenía página de título ni fecha. Su intención era simple--presentar evidencia de fuentes inspiradas (600 trechos de Ellen White) de que "nosotros" tomamos el rumbo errado en 1888, que la causa de Dios sufrió un serio golpe, que el verdadero progreso de la Causa requiere que aceptemos aquel mensaje y lo proclamemos al mundo, y que el arrepentimiento denominacional es apropiado en vista de nuestra historia y en respuesta al apelo de Cristo a Laodicea.
El apelo fue firme y oficialmente rechazado: "No creemos que [un arrepentimiento denominacional] esté en armonía con el plan y propósito de Dios". "No desearán imprimir sus puntos de vista tan críticos ni hacerlos circular en mayor escala" (carta de Defense Literature Committee [Comisión de Literatura de Defensa] de la Asociación General, 4 de Diciembre de 1951). La posición de la Asociación General era de que un arrepentimiento denominacional seria desnecesario e inapropiado en vista de nuestros grandes bautismos y en el programa de "doblar nuestra membresía" de los idos de 1950, y nuestra difundida prosperidad denominacional e institucional.
Los autores no se rebelarían contra la orientación de la Asociación General. Siempre sostuvieron firmemente el principio de organización y orden eclesiásticas. Pero no podían concienzudamente retractarse de sus convicciones básicas que creían estar basadas sobre el testimonio inspirado de Ellen White. Por lo tanto, apelaron cuanto a la cuestión a la próxima autoridad superior--el propio Señor en el juicio investigador y a la "disposición de Su providencia". Prosiguieron emprendiendo sus deberes misioneros en África (Carta a los escritorios de la Asociación General del 5 de Febrero de 1952).
Sin embargo, una copia del manuscrito de algún modo consiguió evadirse de los escritorios de la sede mundial. Mientras los autores estaban trabajando como misioneros en África, varios miembros laicos y ministros en América del Norte laboriosamente lo copiaron y lo reduplicaron. Sin la concordancia de los autores, fue vastamente distribuido en varios continentes.
1952
Una conferencia bíblica que marcó época fue realizada en la Iglesia de Sligo (Maryland) del 1 al 13 de Septiembre de 1952. Los estudios "representan el mejor pensamiento de parte de hombres sinceros, honestos, celosos, dedicados y leales", los líderes de la Iglesia, según D. E. Rebok en la Introducción del informe en dos volúmenes, Our Firm Foundation [Nuestro firme fundamento] (Review and Herald, 1953, Vol. Un, p. 13).
Cerca de la conclusión de la conferencia, el presidente de la Asociación General reconoció la verdad del retroceso en 1888, y entonces presentó una espantosa alegación:
"En gran medida la Iglesia dejó de edificar sobre el fundamento establecido en la Asociación General de 1888. Mucho fue perdido en consecuencia. Estamos años atrasados donde deberíamos haber estado en crecimiento espiritual. Mucho antes de eso deberíamos ya estar en la Tierra Prometida.
"Pero el mensaje de la justificación por la fe dado en la Asamblea de 1888 fue aquí repetido. Prácticamente cada orador desde el primer día ha dado un gran énfasis sobre esa doctrina de mayor importancia, y no hubo planes previamente arreglados de que así fuese. Fue algo espontáneo de parte de los oradores. Sin duda fueron impelidos por el Espíritu de Dios para hacerlo. Verdaderamente ese asunto ha, en esta conferencia (asociación), "superado todos los demás".
"Y esta gran verdad ha sido dada aquí en esta Conferencia Bíblica de 1952 con mucho mayor poder del que fue dado en la Conferencia de 1888 porque los que aquí hablaron tuvieron la ventaja de mucha luz adicional brillando a partir de centenas de pronunciamientos sobre este asunto en los escritos del espíritu de profecía, de que aquellos allá en aquella época no disponían. ...
"La pregunta no será más, '¿Cuál fue la actitud de nuestros obreros y pueblo para con el mensaje de justificación por la fe transmitido en 1888? ¿Qué hicieron a respecto de ella?' De aquí en adelante la gran pregunta debe ser: '¿Qué hicimos con la luz sobre justificación por la fe como fue proclamada en la Conferencia Bíblica de 1952?'" (W. H. Branson, Vol. Dos, pp. 616-617).
Él nuevamente realza esa misma reivindicación en sus consideraciones finales: "Hermanos, destaquemos en todas nuestras reuniones con nuestros obreros la gran importancia del mensaje que vino a la Conferencia de Minneapolis en 1888--el mensaje que ha sido repetido aquí en esas reuniones por todos los oradores en esta conferencia" (pp. 737-738).
Esa Conferencia Bíblica fue mantenida casi cuarenta años atrás. Se decía de todos los oradores que estaban en perfecta armonía con la "doctrina de la justificación por la fe", y se alegó que predicaban el mensaje más claro y poderosamente que lo que lo hicieron los mensajeros de 1888 al inicio de la lluvia tardía y del alto clamor.
Si eso fuese verdad, se sigue lógicamente que los mensajes de 1952 eran una manifestación "mucho mayor" de la lluvia tardía y del alto clamor de Apocalipsis 18 que lo que fue el mensaje de 1888. Además, los mensajes de 1952 fueron plenamente aceptados sin oposición, sea oficialmente en la Asociación General o en el campo mundial.
Si lo que estaba faltando trágicamente en 1888 fue tan abundantemente suplido en 1952, ¿no debería la tierra haber sido iluminada en aquella generación con la gloria del mensaje del alto clamor? Una aceptación semejante del mensaje de 1888 sesenta años antes habría preparado un pueblo en esa generación para terminar la comisión evangélica. ¿Habría la bendición venido en la generación de 1952?
Un cuidadoso estudio del informe de dos volúmenes pone un problema. Ninguno de los oradores reprodujo los motivos singulares o esenciales del mensaje de 1888. Los mensajes de Edward Heppenstall sobre los dos pactos estaban magníficamente en armonía con la posición de 1888, y varios otros oradores nada dijeron que lo contradijesen. Y no resta duda de que eran todos "hombres sinceros, honestos, celosos, dedicados, leales", y cada cual ofreció bien pensadas reflexiones.
Pero el problema es que la mayoría, si no todos, dieron evidencia de que estaban sinceramente desinformados cuanto al real contenido del mensaje de 1888. Nadie ofreció evidencia de que había dedicado un cuidadoso estudio a las fuentes originales de aquel "preciosísimo mensaje", que, lógicamente, estaban fuera de la prensa. Nadie aparentemente vio cualquier clara diferencia entre el mensaje de 1888 y la doctrina protestante popular de "justificación por la fe".
Es penosamente evidente que los mensajeros de 1888 que Ellen White endosó eran persona non grata en esa conferencia (ver, por ejemplo, Vol. Uno, p. 256). Era como se algún "plan pre-arquitectado" hubiese prohibido cualquier reconocimiento de ellos o del contenido de su mensaje singular. Los nutrimentos esenciales estaban ausentes en gran medida de los mensajes de 1952 y ellos podrían ejercer el poder espiritual del mensaje de 1888 para reavivamiento y reforma.
Sin duda, mucho bien derivó de la conferencia. Pero la lluvia tardía y el alto clamor no tuvieron otro "comienzo" en aquella ocasión.
Entre paréntesis, una distribución espontánea en larga escala de 1888 Re-examined prosiguió. En los idos de 1958 relevantes indagaciones dirigidas a la Asociación General por miembros de la Iglesia en el campo suscitaron otra reacción.
1958
Así, una nueva respuesta fue preparada por la Asociación General y hecha disponible a la Iglesia en Septiembre de 1958. Intitulada A Further Appraisal of the Manuscript "1888 Re-examined" [Evaluación adicional del manuscrito "1888 Re-examinado"], la cual se oponía vigorosamente contra el documento. Observaremos su conclusión [escrita después del comprometimiento de la IASD con el ecumenismo en el libro Questions on Doctrine]:
"Es evidente que los autores revelaron una considerable falta de profesionalismo tanto en investigación como en el empleo de hechos.1 Hay un padrón coherente por todo el manuscrito de emplear citas fuera de su real contexto. ... La tesis de "1888 Re-examinado" es una seria reflexión sobre la ética literaria de sus autores. ... Habiéndose demostrado culpados de distorsión de hechos y mala aplicación de declaraciones del Espíritu de Profecía, los autores de "1888 Re-examinado" produjeron un manuscrito que es perjudicial para la Iglesia, depreciativo a sus dirigentes y a los individuos mal-informados que puedan venir a leerlo". (pp. 47-49).
Cuando los autores leyeron A Further Appraisal, quedaron, como es obvio, profundamente preocupados. ¿Serían culpados de "emplear citas fuera de su real contexto", "distorsión de hechos", produciendo un "manuscrito que es perjudicial para la Iglesia"? Eso inspiró fervorosa oración, para un examen de corazón, y para un estudio adicional de las fuentes que Ellen White empleara y una búsqueda de otras.
En ese sentido, en Septiembre de 1958, mientras estaban aun de vacaciones n América, prepararon una réplica de 70 páginas, An Answer to "Further Appraisal" [Una Respuesta a la "Evaluación Adicional"], que trataba con cada punto levantado. Incapaces de realizar una investigación en el Cofre Fuerte de los Depositarios de Ellen White, ellos habían conseguido acceso a colecciones particulares de muchos documentos de Ellen White hasta entonces no publicados en las bibliotecas de pastores jubilados que habían conocido a Ellen White personalmente. Esa documentación recién descubierta en apoyo a sus tesis fue incluida en su Respuesta. El Appraisal fue retirado y no estuvo más disponible al campo.2
1962
Durante otros cuatro años, miembros de la Iglesia continuaron formulando serias preguntas. El Appraisal había dicho en 1958 que "se pensaba que el informe de siete años pasados [de la Comisión de Literatura de Defensa, de 1951] había encerrado la cuestión" (p. 3). Pero pareciera que la providencia no estaba dispuesta a darle un fin al interés por 1888. El Espíritu Santo debe mantenerlo vivo hasta que venga el arrepentimiento.
En 1962 fue publicado un libro sobre 1888 por N. F. Pease, By Faith Alone [Por la fe solamente]. El prefacio del presidente de la Asociación General declaraba:
"La asamblea de la Asociación General de 1888, y la discusión de justificación por la fe en aquel encuentro, ha sido variadamente comentado por un número de personas, especialmente en meses recientes. Hasta ha sido sugerido por unos pocos--de modo enteramente equivocado--que la Iglesia Adventista del Séptimo Día se desvió al dejar de asimilar esta gran enseñanza cristiana fundamental. Este libro pone la cuestión en platos limpios". (p. vii).
El Dr. Pease es un erudito muy competente y criterioso, y la Asociación General apreció su trabajo. Pero hay problemas con su libro debido a la falla en considerar toda la era 1888 de modo equilibrado:
(a) El libro casi deja completamente de reconocer el mensaje de 1888 por lo que es de hecho--el "comienzo" de la lluvia tardía y del alto clamor, un mensaje enviado para preparar un pueblo para la traslación.
(b) Repetidamente el mensaje de 1888 es referido como meramente "la doctrina de la justificación por la fe", equiparado a la enseñanza protestante popular. Llega a asegurar que los mensajeros de 1888 lo obtuvieron de las iglesias protestantes populares de aquellos días (pp. 138-139). Pero ellos decían que lo obtuvieron de la Biblia solamente (cf. GCB 1893, p. 359). Buscamos en vano en los escritos contemporáneos de los teólogos protestantes populares los elementos singulares que constituyen el mensaje de 1888.
(c) Eso suscita la pregunta: Si las iglesias protestantes del período alcanzado por los años 1800 poseían la esencia de nuestro mensaje de 1888, ¿cómo podría ser "el tercer mensaje angélico en verdad?" ¿Dónde está la singularidad de un evangelio adventista del séptimo día?
(d) La Iglesia Adventista del Séptimo Día es representada como volviéndose "más evangélica con el pasar de los años", disfrutando un "creciente énfasis sobre justificación por la fe durante los últimos cuarenta años" (Pease, pp. 227, 239, 240). Permanece la pregunta--¿qué tipo de "justificación por la fe" es ese? Es el protestantismo popular, o es el mensaje de 1888? [Es el protestantismo popular apóstata].
(e) El libro genera una anomalía. Es declarado que "nosotros preservamos para la denominación el énfasis espiritual del movimiento de reavivamiento de la década [de 1890]", sin embargo, extrañamente, "el reavivamiento de los años noventa se extinguió" (pp. 164, 177). Ocurre aquí una implicación desanimadora. Lógicamente ese punto de vista niega implícitamente la profecía de Apocalipsis 18:1-4. Cuando el mensaje del alto clamor es verdaderamente aceptado por el liderazgo de la Iglesia, nunca puede "extinguirse", sino que está proféticamente destinado a "iluminar la tierra con gloria". Esta es la más extraordinaria escena del futuro profético del mundo. El hecho de que el "reavivamiento" de los años de 1890 "se extinguió" es por si sólo la más clara evidencia de que el mensaje del alto clamor no fue verdaderamente aceptado por el liderazgo de la Iglesia. Eso precisa ser dejado claro, o enfrentaremos la terrible perspectiva de que todo reavivamiento genuino estará igualmente destinado a "extinguirse" aunque el mensaje sea aceptado. ¿Puede Apocalipsis 18:1-4 jamás venir a cumplirse?
Preguntas de miembros de la iglesia continuaron a surgir.
1966
Otro libro a respecto de 1888 apareció, por A. V. Olson, vice-presidente de la Asociación General. Su súbita muerte el 5 de Abril de 1963 dejó su manuscrito "virtualmente concluido" en las manos de la mesa administrativa de los Depositarios White, que publicaron su libro de 320 páginas bajo el título Through Crisis to Victory 1888-1901 [A través de crisis a la victoria 1888-1901].
Sincero y profundamente celoso, el autor nuevamente intentó combatir "conclusiones desorientadoras" concernientes a 1888. El prefacio declara al lector que "los trece años entre Minneapolis, 1888, y la asamblea de la Asociación General de 1901 fueron ... un período sobre el cual la Providencia podría proferir la palabra victoria" (p. 7). Pero nuevamente, hay serios problemas:
(a) Aquellos trece años no fueron señalados por victoria, sino que por destacada infidelidad en administración en la sede de la Iglesia. Hubo exigencias proféticas por reforma y reorganización y juicios de parte del Señor por fin, en los desastrosos incendios del Sanatorio de Battle Creek y de la Review and Herald Publishing Association. Eso ocurrió después de la fecha de la "victoria" de 1901. Las innumerables cartas de Ellen White de Australia durante ese período nada indican de "años de progreso", si la espiritualidad y fidelidad son importantes y el mensaje y experiencia de 1888 son el criterio.
(b) El libro trata de establecer una base legal para probar que el mensaje de 1888 no fue "oficialmente rechazado" en vista de que "ningún voto, de cualquier naturaleza, fue tomado por los delegados para aceptarlo o rechazarlo" (p. 36). Aun cuando sea verdad que no hay cualquier registro oficial de un voto negativo en Minneapolis, el hecho es que un voto fue tomado y el Bulletin de 1893 habla de él. Ellen White también lo confirma.
Varias referencias definidas a un voto de rechazo así ocurren:
"¿Qué fue lo que los hermanos en la temible posición en que permanecieron, rechazaron en Minneapolis? Rechazaron la lluvia tardía--el alto clamor del mensaje del tercer ángel". (p. 183).
"Algunos de aquellos ... se colocaron tan abiertamente contra él en aquella ocasión ["el encuentro de Minneapolis"], y votaron con manos erguidas contra él". (p. 244).
"Sea el credo trazado en escrita real, o sea idea de alguien más que desea pasar adelante por un voto en la Asociación General, no hace diferencia. ... Y hay personas aquí que se acuerdan de un tiempo-- cuatro años atrás; y de un lugar--Minneapolis--cuando tres esfuerzos directos fueron emprendidos para hacer con que una cosa tal como esa estuviese ligada al mensaje del tercer ángel, por un voto en una Asamblea de la Asociación General. Lo que alguien creía—establézcase eso como marcos, y entonces vótese para que tome posición por los marcos, sépase lo que esos marcos son o no; y de ahí vaya adelante y concuerde en observar los mandamientos de Dios, y una porción de otras cosas que irá hacer, y que debía ser pasado adelante como justificación por la fe". (p. 265).
Como hemos visto, la propia Ellen White menciona un voto de rechazo, pero su referencia a él está eliminada en la reciente publicación del Ms. 24, 1888 en el Libro Tres deS elected Messages [Mensajes Selectos] (p. 176). Su Ms. 15, 1888 (Olson, pp. 294-302) se preocupa en gran medida con el error de los hermanos en tratar de forzar un voto tal.
En desafío a la historia, hay por lo menos seis modernas negaciones de un voto siendo tomado: Testimonies to Ministers [Testimonios para ministros], prefacio por los Depositarios de los Escritos de Ellen White, p. xxiv; Through Crisis to Victory [A través de crisis a la victoria], p. 36; Movement of Destiny [Movimiento predestinado], pp. 233, 370; The Lonely Years [Los años solitarios], pp. 395-396; The Faith That Saves [La fe que salva], p. 41.
Sería razonable indagar por que, después de "tres esfuerzos directos" para obtener un voto de rechazo registrado, la tentativa falló. ¿Por qué nada fue registrado? La respuesta es clara del mismo Bulletin de 1893. Enteramente sola, Ellen White rehusó dejar que se incluyese el voto en las actas:
"No nos fue dicho en aquel tiempo que el ángel de Dios declarara: ¿"No deis este paso; no sabéis lo que es eso"? "No puedo tomar tiempo para deciros lo que está en eso, pero el ángel ha dicho, No lo hagáis". El papado estaba en eso. Era eso lo que el Señor estaba tratando de decirnos, llevarnos a comprender. ... ¿Hay alguien en esta casa que allí estaba en aquel tiempo que no puede ver ahora lo que fue aquí en aquella ocasión? (p. 265)".
Así, la única razón por la cual el voto no fue registrado es que Ellen White sabiamente lo prohibió. Claramente, los delegados trataban de pasar tal voto de rechazo. Habría pasado (aprobado) abrumadoramente porque ella declaró en Minneapolis que "generalmente el espíritu e influencia de los ministros que vinieron a esta asamblea es descartar la luz" (Carta B21, 1888); "nuestros hermanos que ministran ... están aquí solamente para eliminar el Espíritu de Dios del pueblo" (Ms. 9, 1888, Olson. p. 291); y "en esta asamblea, ... oposición, antes que investigación, es la orden del día" (Ms. 15, 1888, Olson, p. 301). Un tal voto registrado habría sido un virtual suicidio denominacional. ¡Gracias a Dios que ella nos salvó de nosotros mismos!
Pease reconoce la fuerza de la oposición casi total: "¡Es probablemente seguro decir que Waggoner y Jones no habrían tenido la menor chance sin el apoyo de ella!" (The Faith That Saves [La fe que salva], p. 41). Sin su apoyo directo para ellos, la sesión de la Asociación General habría votado oficialmente la condenación del mensaje.
(c) Olson minimiza el impacto de la oposición a 1888 refiriéndose a un mero número de "treinta y tres obreros ... envueltos en eso de una forma o de otra. ... Sugerir que hubo una conversación y oposición organizada no es correcto" (p. 84). Nuevamente tenemos un conflicto con lo que la mensajera inspirada afirmó en muchas declaraciones. Eso también contradice los informes de testigos visuales de C. C. McReynolds y R. T. Nash (ver capítulo 15).
(d) El libro concluye con un dilema doloroso y desanimador. El liderazgo y el ministerio son fieles, pero los laicos no: "Pastores y evangelistas adventistas han anunciado esta verdad vital de púlpitos de iglesia y plataformas públicas, con corazones incendiados por el amor por Cristo". Pero "para muchos miembros de la Iglesia el mensaje de justificación por la fe se ha vuelto una árida teoría. ..E. llos han negligenciado la luz. ... Ellos han fallado. ... Sus pobres almas están desnudas y destituidas. ... Ellos en breve serán rechazados por su Señor" (pp. 238-239; énfasis añadido). El fin lógico de esa tesis es el concepto católico romano de una jerarquía fiel y un laicado infiel.
Cuando "el ángel de la Iglesia", su liderazgo, responde al apelo de Cristo para los últimos días, el pueblo de Dios "se presentará voluntariamente ... en el día del ... poder [de Él]" (Salmo 110:3). Un ministerio fiel y un laicado infiel es una afrenta no solamente al pueblo de Dios hoy, sino que al de toda la historia sagrada, y no ofrece esperanza para el futuro sino un pueblo infiel siempre resistiendo a una jerarquía fiel. Eso no puede ser y no será.
1969
Luego Norval F. Pease publicó una complementación del By Faith Alone [Por la fe solamente], llamada The Faith That Saves [La fe que salva] (1969). Su principal preocupación nuevamente es 1888. Ocurren más problemas:
(a) Una vez más encontramos una evasión de cualquier reconocimiento del significado escatológico del mensaje de 1888 como el comienzo del alto clamor de Apocalipsis 18. En vez de eso, el autor lo representa como "la herencia común de los grupos protestantes", "antigua luz en su apropiado contexto", un mero "nuevo énfasis sobre justificación", "el mismo evangelio eterno por el cual los cristianos han sido salvos en todas las épocas" (pp. 25, 39, 45, 54). Parece no haber reconocimiento de una verdad singular que constituye el "tercer mensaje angélico en verdad", ningún concepto de su relación especial con la purificación del santuario.
(b) Nuevamente nos es dicho que "la delegación [de 1888] estaba dividida de tres maneras", quedando implícito que la oposición no era seria. Rebatiendo a los que declaran "que la 'denominación' rechazó el mensaje de justificación por la fe en 1888",3 el autor se escora en la presunción de que ningún voto registrado significa que "ninguna medida oficial fue tomada sobre el asunto", y que "la mayoría de aquellos que dejaron de ver la luz en 1888 se arrepintieron de su ceguera y le dio su entusiástico apoyo" (p. 41). La evidencia para ese "entusiástico apoyo" queda, sin embargo, faltando.
De nuevo nos recordada la carta lamentosa de Ellen White a su sobrino el 5 de Noviembre de 1892, bastante después que las confesiones de los principales líderes hubieron sido expresadas, declarando que "ninguno" de los rechazadores iniciales había "venido a la luz" y discernido el mensaje (Carta B2a, 1892). Pease en otra parte reconoce que al final de la década ningún "Eliseo" estaba predicando el mensaje efectivamente, excepto Jones, Waggoner, y Ellen White (By Faith Alone, p. 164). ¿Dónde estaba el supuesto apoyo de ellos?
(c) Tratando rebatir la sugestión de los presentes autores de que la Iglesia "republique los escritos de Waggoner y Jones de modo a que podamos tener el beneficio de la enseñanza de ellos", Pease declara que "nada había sido dicho por Waggoner y Jones que Ellen White no lo dijera 'mejor. ... Ellen White fue capaz de presentar ese mismo evangelio eterno con la belleza y claridad que ninguno de sus contemporáneos podría ser capaz de igualar" (p. 53).
Eso suscita una seria pregunta: ¿Por qué el Señor envió los mensajeros de 1888 si ellos no podían presentar el mensaje apropiadamente? ¿No habría Él sido más sabio en apuntar a Ellen White como el agente de la lluvia tardía y el heraldo del mensaje del alto clamor? La historia sagrada demuestra que el Señor siempre escoge mensajeros por una razón.
Ellen White nunca consideró el mensaje de Waggoner y Jones como superfluo; ella lo endosó casi 300 veces en lenguaje insuperable por el entusiasmo, y claramente los apoyó como especialmente "apuntados", "delegados", "credenciados" por el Señor para realizar una obra que ella no fue llamada a hacer.4
Los libros de los mensajeros de 1888 están basados en la Biblia solamente (ex.: Christ and His Righteousness [Cristo y Su justicia], The Gospel in Creation [El evangelio en la Creación], The Glad Tidings [Las buenas nuevas], The Consecrated Way to Christian Perfection [El camino consagrado para la perfección cristiana], que no emplean declaraciones de Ellen White). El mensaje de ellos era una bella demostración del poder inherente en un mensaje escriturístico puro de justificación por la fe. Denegrirlo de ese modo implica lógicamente en desconsiderar los endosos de Ellen White.
(d) Nuestro autor concluye con un endoso de los mensajes de la Asociación General de Milwaukee, de 1926, como más importantes que los de 1888. Ellos son una fuerte evidencia de que el mensaje de 1888 había sido aceptado, dice él:
"Es mi firme convicción que sería bueno dar menos énfasis a 1888 y más énfasis a 1926. De hecho, la Asamblea de la Asociación General de 1926 fue lo que 1888 debería haber sido, caso hubiese habido mayor unanimidad sobre el sentido del evangelio.
"Algunos han sugerido que la denominación debería dejar en registro de algún modo específico, reconociendo los errores de 1888. Ninguna evidencia más positiva de crecimiento y madurez espiritual podría ser presentada que los sermones de 1926 (p. 59)".
Pero, de hecho, ese punto de vista sumergiría a la Iglesia en confusión. Obsérvese lo que deja implícito: (1) Los mensajes de 1926 fueron mayores y más importantes que los de 1888; sin embargo (2) diferentemente de 1888, la "mayor unanimidad en el significado del evangelio" en 1926 significó que no hubo oposición como se dio en 1888; (3) más de 70 años se han arrastrado desde 1926 cuando Ellen White declara que si el mensaje de 1888 hubiese sido aceptado, la comisión evangélica podría haber sido completada dentro de pocos años [dos años] (GCB 1893, p. 419). (4) Ese entendimiento de 1926 nos diría por lo tanto que "mayor unanimidad" y aceptación del mensaje no trae conclusión de la comisión evangélica de éxito. ¿Podría algo ser más desanimador?
El hecho es que la justificación por la fe enseñada en los mensajes de 1926 como registrados en elG eneral Conference Bulletin de aquel año no son las verdades esenciales del mensaje de 1888. Lo mismo ocurrió más tarde en 1952. Aquellos mensajes fueron inspiradas por el entusiasmo de "vida victoriosa" de la Sunday School Times y otras doctrinas de destacados líderes protestantes de la época. Es por eso que ningún reavivamiento y reforma duraderos podría seguirse, sea a la asamblea de 1926 o a la conferencia de 1952.
Nos volveremos ahora a los acontecimientos más significativos de un siglo entero en la creciente preocupación sobre 1888.