La opinión vastamente popular de que el mensaje de 1888 fue aceptado un siglo atrás deriva de personas celosas, sinceras y de buena intención. La lealtad de ellas para con la Iglesia y su liderazgo pasado es elogiable, y ofrece evidencia de un entusiástico espíritu de equipo.
No obstante, esa posición está en conflicto directo con la historia, con numerosas declaraciones de Ellen White, y, lo que es más serio aun, con el testimonio del Testigo Verdadero que dio Su sangre por esta Iglesia. El mito de la aceptación insiste, después aun de un siglo de atraso, que somos "ricos y de nada tenemos falta" en la cuestión de aceptación y comprensión de la justificación por la fe. Nuestro Señor declara que somos "pobres". El conflicto en vista es serio, pues la condición espiritual de la iglesia mundial es afectada, así como Su honra.
En vista del hecho de que el testimonio de Ellen White es tan claro que el comienzo de la lluvia tardía y del alto clamor fue "en gran medida" rechazado, ¿cómo es posible que la vasta mayoría de nuestros ministros, educadores, y miembros por todo el mundo creía que fue aceptado por el liderazgo de aquella generación?
Parte del problema es una persistente confusión de pensamiento que parece casi proposital. Como pueblo nosotros de hecho aceptamos la "doctrina" protestante popular de justificación por la fe, tal como los protestantes profesan en ella creer. Por lo tanto, nuestros apologistas insisten en que esa "doctrina" no fue rechazada en 1888 o después de eso. Mas esa no es la verdad plena de nuestra historia. Nuestros hermanos "en gran medida" rechazaron de hecho el mensaje que era el comienzo de la lluvia tardía y del alto clamor. Ese hecho obvio explica la larga demora, y nada más puede explicarla. ¿Cuál es la fuente de esa confusión y entendimiento erróneo persistente y difundido? Sin duda es el juzgamiento humano de buenos hombres cuya mentalidad básica es comprensiblemente laodiceana.
Todos compartimos de esa misma mentalidad, por naturaleza. Es penoso para cualquiera de nosotros creer que el Testigo Verdadero dice, que la verdad de nuestra historia nos revela como "miserables y pobres", nuestra historia de 1888 en particular siendo una repetición de la historia de los judíos junto al Calvario. Esa historia apunta a nuestra gran necesidad: arrepentimiento denominacional. Esa convicción no bien acogida debe a cualquier costo ser reprimida con garantías de que somos "ricos y de nada" tenemos falta. De ahí el mito de la aceptación. Una fuente primaria de ese mito disfruta tan singular credibilidad que ha parecido imposible que alguien la cuestione.
En su The Lonely Years 1876-1891 [Los años solitarios: 1876-1891], Arthur L. White nos informa que "el concepto de que la Asociación General, y así la denominación, rechazó el mensaje de la justificación por la fe en 1888 carece de fundamento y no fue proyectado sino cuarenta años después de la asamblea de Minneapolis y trece años después de la muerte de Ellen White" (p. 396). El autor es nieto de Ellen White.
Ya hicimos notar como el rechazo del mensaje de 1888 fue claramente reconocido por Ellen White y sus contemporáneos de 1893 hasta 1901 (ver capítulo cuatro de este libro).
"Cuarenta años después de la asamblea de Minneapolis" nos llevaría para alrededor de 1928. Fue en esa época que Taylor G. Bunch del Pacific Union College [Colegio Unión del Pacífico] comparó públicamente nuestra historia de 1888 con la de Israel en Cades-Barnea al rechazar el informe de Caleb y Josué.
W. C. White, hijo de Ellen White, rebatió a Bunch asegurando que tal rechazo en 1888 no tuvo lugar. Él estuvo presente en aquella asamblea, declaró, y sabía de eso. Es apenas natural que transmitiese el mismo punto de vista de la aceptación a su hijo, Arthur L. White, que ha servido por tantos años como secretario de los Depositarios de Ellen G. White, y bajo cuya supervisión y endoso cerca de 1.500 páginas de libros a respecto de 1888 fueron publicados desde 1950.
Tanto el hijo como el nieto de Ellen White han con justicia disfrutado de gran estima en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ellos han sido plenamente sinceros en sus esfuerzos para educar varias generaciones de nuestro pueblo a creer que el mensaje de 1888 no fue rechazado. Atribuimos a ambos el mayor respecto que el lugar singular de ellos en nuestra historia comporta. Al mismo tiempo, debemos reconocer que Ellen White ejerció un ministerio aun más singular, la de una mensajera inspirada del Señor cuyo ministerio es una expresión del testimonio de Jesús, el Espíritu de Profecía. Su don profético la capacitó con discernimiento que penetraba bajo la superficie. Aun cuando mil testigos visuales con juicio no inspirado contradijesen la palabra de una profetisa inspirada, debemos confiar en esa palabra inspirada, pues un "así dice el Señor" está en ella implícito. El testimonio de Ellen White es tan claro y objetivo que el hombre común puede prontamente entenderlo. El futuro de esta Iglesia depende de esa cuestión de que la dirección profética sea debidamente establecida.
Una indicación de como la opinión de aceptación obtuvo crédito oficial se encuentra en una declaración hecha por W. C. White en un sermón en Lincoln, Nebraska, el 25 de Noviembre de 1905. Él está describiendo un incidente en Avondale, Australia, una década antes cuando W. W. Prescott estaba en visita. La correspondencia había llegado de América, y él y Prescott estaban leyendo para Ellen White cartas de un dirigente de la Asociación General en la distante Battle Creek. Las cartas hablaban de un supuesto gran progreso en la causa en América y de las maravillosas victorias espirituales con respecto a las cuestiones relativas a 1888. W. C. White recuerda así el incidente:
"Por años he sentido que era mi privilegio hacer todo cuanto pudiese para atraer la atención de Mamá a los aspectos más positivos de nuestra Obra. ... Yo raciocinaba que como el Señor escogió a Mamá para ser Su mensajera para la corrección de los errores en la Iglesia, y siendo que esas revelaciones sobrecargan su corazón casi a la muerte, por lo tanto no puede ser errado que yo reúna todas las palabras de ánimo, y todas las buenas noticias que le reconforten el corazón, y todo incidente que revele el poder de Cristo operando en la Iglesia, y eso hará manifiesta la mejor parte de la operación de hombres que están soportando pesadas cargas en la Obra del Señor; por lo tanto me empeñaré para llamar su atención al lado luminoso de las cosas. ...
"Bien, un día mientras estábamos viviendo en Cooranbong, Nueva Gales del Sur [Australia], recibimos cartas del presidente de la Asociación General, llenas de informes animadores, relatándonos las buenas reuniones campales, y como algunos de esos ejecutivos que habían sido reprobados por los Testimonies [Testimonios]1se estaban dirigiendo a los diversos estados y hablando en las campales, y que habían obtenido una nueva experiencia espiritual, y representaban una real ayuda en las reuniones...
"Nosotros [él y Prescott] nos alegramos mucho con la lectura de esas cartas. Realmente nos alegró mucho leer tales hechos y nos unimos en alabar al Señor por el buen informe. Imagine mi sorpresa cuando a la tarde del día siguiente Mamá me dijo que le había escrito a aquellos hombres de los cuales habíamos recibido los informes positivos, y entonces le leyó la crítica más contundente, la reprobación más profunda por introducir planes y principios errados en la Obra que ya había sido escrito a aquel grupo de hombres.2 Esa fue una gran lección para mi". (Spalding-Magan Collection, p. 470).
Ellen White registra el sufrimiento de su corazón, lo que lanza luz sobre ese incidente. No es de modo alguno una falta de respeto a la memoria de ellos hacer notar que ni W. C. White o W. W. Prescott disfrutaban del más amplio discernimiento que es divinamente concedido por el don de profecía. El don no es hereditario. Sería solamente natural para ellos, como lo sería para nosotros, creer de pronto en las cartas del presidente de la Asociación General conteniendo tan buenas noticias. El espíritu que dominaba la Iglesia era siempre positivo, con regocijo en el progreso y en las victorias.
Pero la actitud de corazón de todos los seres humanos está naturalmente en conflicto con "el testimo182 nio de Jesús", a menos que específicamente sea iluminado por el Espíritu Santo. Escribiéndole al presidente de la Asociación General, Ellen White describe como se sintió cuando su hijo y Prescott trataron de asegurarle que los luminosos informes de Battle Creek eran verdaderos:
"Querido hermano Olsen:
"En Octubre pasado te escribí una larga carta... El peso sobre mi ha sido muy grande, con respecto a ti mismo y a la obra en Battle Creek. Sentí que tenías amarrados los pies y las manos, y te estabas sometiendo pasivamente. Quedé tan perturbada que en una conversación con el hermano Prescott, le expuse mis sentimientos. Tanto él como W.C.W. trataron de disipar mis temores; presentaron todo en la luz más favorable posible. Pero en lugar de animarme, las palabras de ellos me alarmaron. Si esos hombres no pueden ver el resultado de las iniciativas, juzgo, cuán sin esperanza es la tarea de hacerlos ver en Battle Creek. El pensamiento golpeó mi corazón como un cuchillo. Yo declaré que no le enviaría la comunicación escrita al Pr. Olsen.
"... Por cerca de dos semanas permanecí en total debilidad. Era como una caña quebrada. No podía dejar mi cuarto, ni podía conversar con el hermano y hermana Prescott. No esperaba recuperarme... Pero ... mi fuerza gradualmente me volvió". (Carta, 25 de Mayo de 1896).
Debido a que el asunto de la lluvia tardía y del alto clamor es tan importante, es imperativo que la Iglesia y su liderazgo ahora depositen confianza plena en el testimonio inspirado del Espíritu de Profecía. Cuando el juicio humano se conflicta con el testimonio inspirado, no importa cuan prestigiados sean los agentes humanos, el Espíritu de Profecía debe tener clara precedencia.
Durante la mayor parte del siglo, nosotros como un pueblo nos hemos inclinado a fomentar ese prevaleciente falso optimismo. La consecuencia trágica es una difundida desconfianza del consejo del Testigo Verdadero. ¿No resultarían grandes bendiciones espirituales de un pleno reconocimiento de la verdad? Debidamente entendida, nuestra historia denominacional es un continuo comentario sobre las palabras de Cristo en Apocalipsis 3:14-21, y un llamado al arrepentimiento apropiado.
Aquel que controla el pasado controla el futuro. Tibieza y debilidad espiritual son la consecuencia de interpretar equivocadamente la historia.