1888 Re-Examinado

Apéndice D

¿Cuál es el futuro de la iglesia adventista del séptimo día?

"El Señor Jesucristo siempre tendrá un pueblo escogido para servirlo. Cuando el pueblo judío rechazó a Cristo, el Príncipe de la Vida, Él retiró de ellos el reino de Dios y lo transfirió a los gentiles. Dios continuará trabajando de ese modo con todo ramo de Su obra. Cuando una iglesia se demuestra infiel a la obra del Señor, sea cual sea su posición, aun cuando sea elevado y sagrado su llamado, el Señor no puede más actuar con ella. Otros entonces son escogidos para llevar importantes responsabilidades. Pero, se estos a su vez no purifican sus vidas de toda acción errada, si no establecen principios santos y puros en todos sus limites, entonces el Señor los afligirá y humillará dolorosamente y, a no ser que se arrepientan, los removerá de su lugar y los hará un oprobrio". E.G.White, Mirando a lo Alto:125, 1983.

Es verdad que la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha retardado la proclamación al mundo del evangelio eterno en su pureza.1 Todos compartimos de la responsabilidad por ese fracaso. Hay envolvimiento colectivo. Ellen White frecuentemente comparaba nuestras fallas con las del antiguo Israel cuando cada generación compartía de la culpa de sus padres en vista de que no solamente compartían de la misma naturaleza humana caída, sino que ejercían la misma incredulidad.2 Hay muchas evidencias trágicas de nuestros deslices, desobediencia al Espíritu de Profecía, y aun apostasía. Nuestra historia del siglo pasado desde 1888 es clara.

¿Significa eso que el Señor rechazó esta iglesia o su liderazgo? ¿O si Él ya no lo hizo, lo hará en el futuro? ¿Estaría la denominada Iglesia Adventista del Séptimo Día señalada para el fracaso? ¿Cuando los que deciden seguir a Cristo protestan contra lo que creen ser apostasía o acciones erradas en la Iglesia y se ven bajo oposición, deben concluir que la situación es sin esperanza? ¿Deben retirar su apoyo y la condición de miembro de la Iglesia?

Nos es dicho en el libro Hechos de los Apóstoles, p. 11, que "almas fieles" siempre han constituido la verdadera iglesia. ¿Un nuevo grupo o confederación independiente constituida de "almas fieles" podría completar la comisión evangélica dejando la Iglesia Adventista del Séptimo día organizada atrás y deshacerse en apostasía terminal?

Si comparamos la Iglesia con un navío, ¿estaría destinada a hundirse como el Titanic? ¿O podría ser tomada de asalto por una tripulación amotinada? ¿Deberían "almas fieles" abandonar el navío y saltar al agua fría por su iniciativa? ¿No habrá algún "navío" en los últimos días, con cada antiguo pasajero nadando individualmente o agarrándose a pedazos de la naufragada embarcación? ¿O cada pasajero se volverá un miembro de la tripulación y, bajo el liderazgo de Cristo como Capitán, navegarán un navío de velas bien ajustadas al puerto?

Ellen White comparó la Iglesia Adventista del Séptimo Día a una "noble embarcación que transporta el pueblo de Dios", y declaró que llegaría "con seguridad al puerto".3 ¿Cuál es la verdadera Iglesia? Es la Iglesia organizada aun el cumplimiento de la profecía de Apocalipsis 12 del "restante de su simiente [de la mujer], que guarda los mandamientos de Dios, y el testimonio de Jesucristo" (vs. 17)? ¿O sería el verdadero "remanente" meramente un grupo difuso, no coheso, desorganizado, de "almas fieles"? Estas preguntas alcanzan la misma razón para nuestra existencia como un pueblo por 150 años.

Ninguna persona inteligente osaría decir que una ligación nominal con la Iglesia organizada puede garantizar la salvación personal de alguien. Lógicamente no. Esta no es la cuestión. La cuestión importante es si el pertenecer a la Iglesia como miembro y apoyarla son deberes válidos que el Señor requiere de las "almas fieles". ¿Cuál es la "mente de Cristo" con respecto a la Iglesia Adventista del Séptimo Día? Si pudiéramos determinar la respuesta a esa pregunta, podríamos saber cuál debe ser nuestra "mentalidad" sobre ella.

Hay directrices en las Escrituras que son de auxilio, así como numerosas declaraciones de Ellen White:

(1) La intención de Dios siempre ha sido que Su pueblo sobre la Tierra sea una "familia" visible, denominada, organizada. La razón de eso es para que sean Sus testigos, agentes ganadores de almas en el mundo. La "simiente" de Abraham fue el antiguo equivalente de la Iglesia. El Señor le dijo: "En ti serán benditas todas las familias de la Tierra. ... Le daré a tu descendencia esta tierra". "Estableceré Mi alianza entre Yo y tú y tu descendencia en el transcurso de sus generaciones ... y de tu descendencia". "Mi alianza ... la estableceré con Isaac" (Gén. 12:3, 7; 17:7,21).

(2) Dios nunca cambió esa alianza y no puede cambiarla. En el transcurso de todos los siglos de las apostasías del antiguo Israel y Judá, el Señor permaneció fiel a Su promesa. En los días de Elías y del apóstata rey Acab y su impía esposa Jezabel, Israel era aun Israel. En el punto más bajo de la historia de Judá, al tiempo de Jeremías, cuando el Señor los entregó al cautiverio bajo Babilonia, eran aun el pueblo denominado del Señor. Nunca se volvió Babilonia, aun cuando estuviese bajo el cautiverio en Babilonia. Solamente aquellos que rehusaron retornar al final del Cautiverio perdieron su lugar en la historia. La alianza aun se extendía a aquellos que retuvieron su identidad denominada, y mediante ellos el Mesías finalmente vino.

(3) Eso no equivale a decir que la incredulidad carnal de Abraham hizo con que cualquier individuo fuese un heredero de la alianza. La promesa siempre fue la de que "en Isaac será llamada tu descendencia". "Los de la fe es que son hijos de Abraham" (Rom. 9:7; Gál. 3:7). El verdadero Israel siempre fue constituido por aquellos que tenían la fe de Abraham. Pero siempre deberían ser un pueblo denominado, identificable, según el plan de Dios, de modo que pudiese funcionar eficientemente para evangelizar el mundo. Hasta la sierva de la esposa de Naamán preservó ese relacionamiento fiel en su esclavitud y ganó almas.4

(4) La Iglesia Cristiana primitiva de los apóstoles no fue un apéndice o desdoblamiento de Israel.E ra el verdadero Israel. Eso se daba porque sus miembros conservaban la fe de Abraham.5 Desde el mismo inicio, cuando Jesús llamó a os primeros discípulos, Su Iglesia era una corporación organizada, denominada.6 A lo largo de los años de Su ministerio terrestre era organizada bien junto con Él como su Cabeza.

El Nuevo Testamento indica que en los tiempos apostólicos la Iglesia también era altamente organizada y denominada, con apóstoles, ancianos, maestros, evangelistas, diáconos, diaconisas y otros con diversos dones, todos operando en un inter-relacionamiento disciplinado bajo la dirección del Espíritu Santo.7 Cuando Saulo de Tarso fue convertido, el Señor lo trajo a la inmediata comunión con Su Iglesia organizada.8 "Almas fieles" verdaderamente constituían la Iglesia primitiva, pero aquella Iglesia de modo alguno era desorganizada. Hay numerosos ejemplos de su rígida disciplina. Cuando utilizada para dejar implícito que la Iglesia organizada no puede ser la verdadera, la declaración de HAp:11, sobre "almas fieles", ha sido distorsionada de su contexto.

(5) Los registros del cuidado de Dios sobre "la mujer [que] huyó para el desierto ... mil doscientos y sesenta días" indican que nuevamente esa perseguida Iglesia durante la Edad Media siguió los padrones neotestamentarios de organización y disciplina.9 Los verdaderos creyentes siempre operaron como un cuerpo, aun cuando los detalles precisos de los métodos de organización variasen.

(6) En los días pioneros de los adventistas del séptimo día, batallas fueron trabadas sobre organización, con anarquistas fanáticos rebelándose contra la disciplina apropiada dentro de la corporación.10 El Espíritu Santo impuso Su innegable sello de aprobación sobre la necesidad de orden. Nuestros pioneros vieron la Iglesia Adventista del Séptimo Día denominada en su estado organizado como cumplimiento de Apocalipsis 12:17 y 14:12. Ellos la vieron como divinamente designada para operar eficientemente a fin de proclamar el mensaje al mundo y preparar un pueblo para la venida del Señor.11

Cualquier movimiento que el Espíritu Santo dirija debe ser organizado y disciplinado, porque "Dios no es Dios de confusión".12 El establecimiento de más de un siglo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día entre tantas culturas diferentes es claramente obra del Espíritu Santo. No existe ningún otro movimiento de amplitud mundial o corporación de creyentes que pueda aun remotamente ser identificado como cumplimiento de Apocalipsis 14:6-12. Ellen White nunca dudó de nuestra identificación histórica.13

Aquí está una corporación ya en existencia soberbiamente moldeada por el Señor para cumplir la tarea de proclamación del "evangelio eterno". Ningún movimiento independiente o desviado puede posiblemente crecer dentro del tiempo de vida de alguien para volverse un instrumento tan potencialmente eficiente de ganar almas. Los verdaderos adventistas del séptimo día están más preocupados con la honra y vindicación de Cristo que con su propia recompensa personal. Piensan primariamente en términos de realización de Su comisión evangélica para el mundo, antes que en su propia seguridad. Para ellos, el amor propio dio lugar a una experiencia de ser crucificados con Cristo. Están "debajo de la gracia", que es una nueva motivación impuesta por una apreciación de Su sacrificio, en lugar de estar "debajo de la ley", su motivación anterior de preocupación espiritual centralizada en el yo.

Soportan la misma prueba que Moisés soportó. Cuando Dios se dispuso a abandonar a Su pueblo organizado de Israel y hacer prosperar a Moisés como el líder de sus sucesores desvinculados, Moisés prefirió tener su nombre borrado del libro de la vida a ver la honra de Dios así comprometida.14 El "zarandeo" en los últimos días separará del pueblo de Dios todos aquellos cuya motivación más profunda sea mera preocupación con la propia seguridad.

(7) Una motivación "debajo de la ley" de preocupación consigo deriva de la falla en apreciar la justificación por la fe. Eso ha envenenado la aplicación de nuestros principios de organización eclesiástica. James y Ellen White instaban por el reconocimiento de Cristo como el verdadero Líder de la Iglesia:

"En ocasión alguna durante Su ministerio público Cristo da a entender que cualquiera de Sus discípulos debiese ser designado como líder de los demás. ... Y no hay sugestión de que los apóstolos de Cristo designasen uno de ellos sobre otro como líder... Cristo, por lo tanto, es el líder de Su pueblo en todas las épocas... Cristo conducirá a Su pueblo, si desea ser conducido". (James White, RH de 1 de Diciembre de 1874).

"No era el designio de Dios que cualquier sistema de organización existiese en la Iglesia Cristiana que removiese el liderazgo de Cristo.

"El ministro que se lanza en cualquier Comisión de Asociación en busca de la dirección, se retira de las manos de Cristo. Que Dios conserve a nuestra organización y el modo de disciplina eclesiástica en su forma original". (ibíd. 4 de Enero de 1881).

Sin embargo, reconocer a Cristo como Cabeza de la Iglesia que dirige su organización requiere sumisión del corazón a Él; eso se vuelve imposible cuando el evangelio de la justificación por la fe no es claramente comprendido. La motivación de "debajo de la ley" suplanta la motivación de "debajo de la gracia", y líderes y pueblo sufren. "Poder dominante" es ejercido, y ministros y pueblo aprenden a mirar a los hombres falibles en busca de liderazgo, siguiendo sus dictámenes y alabándolos. Un sutil culto a Baal promueve el amor del yo mientras profesan devoción a Cristo. (La práctica común de funcionarios de asociación designen a su presidente como "el jefe" es ejemplo de una directa violación del consejo de Cristo en Mateo 20:25-28). La motivación de "debajo de la ley" puede penetrar tan profundamente la Iglesia que personas sinceras juzgan casi imposible concebir cualquier otro tipo de liderazgo eficaz.15

(8) Una importante verdad que nos auxiliará a entender la mente de Cristo para con la Iglesia Adventista del Séptimo Día es nuestra historia relativa a 1888. A despecho de décadas de tibieza en su interior, el Señor envió el "comienzo" de la lluvia tardía por intermedio de delegados a una asamblea de la Asociación General. Él honró este pueblo con la "revelación de la justicia de Cristo" en ese "mensaje muy precioso" destinado a iluminar la tierra con gloria.

(9) La reorganización de 1901 tenía la intención de traer reavivamiento y reforma y un retorno al liderazgo de Cristo operando mediante aquellos que creían en Su palabra: "Todos sois hermanos". pero el reavivamiento espiritual no tuvo lugar. Fue solamente un sueño, un "lo que podría haber sido". El padrón de 1888 de incredulidad no fue revertido.16

La asamblea de la Asociación General de 1903 fue vista por algunos como un paso hacia atrás. La actitud de Jones y Waggoner para con la constitución revisada fue considerada en el capítulo 10 de este libro. Algunos pocos se unieron en sus convicciones:

"Cualquier hombre que ya leyó esas historias [Neander, Mosheim] no podrá llegar a ninguna otra conclusión sino la de que los principios que están para ser introducidos mediante esta propuesta constitución [1903] ... son los mismos principios, e introducidos precisamente de la misma manera, como se dio centenas de años atrás cuando el Papado fue creado. ... En el momento en que la votáis estaréis retrocediendo para donde estuvisteis dos años atrás y antes de eso". (P. T. Morgan, GCB 1903, p. 150).

"Hermanos, la cosa a hacer es volver a donde estuvimos dos años atrás en la cuestión de reorganización, y asumirla, y llevarla adelante, y darle una chance porque aquellos que han ocupado posiciones de responsabilidad han admitido que no la adoptaron tal como aparecía por no creer que fuese posible. Yo creo que es posible". (E. A. Sutherland, ibíd. pp. 168, 169).

(10) Si creyese que la revisión de 1903 fuese un error, Ellen White no se habría a ella opuesto públicamente, aun cuando algunas de sus declaraciones posteriores puedan ser aplicadas como siendo una desaprobación. Sin embargo, el hecho importante a ser observado es que ella no retiró su apoyo de la iglesia organizada siguiéndose a 1903, teniendo, antes, a ella permanecido fiel y leal hasta su muerte en 1915. Eso se dio a despecho del hecho de que estaba profundamente desilusionada con los resultados espirituales de la asamblea de 1901.17 El Señor prosiguió a lo largo de todos aquellos años a honrar esta Iglesia con el ministerio de Su mensajera.

La solución a nuestro problema no consiste en destruir o alterar el sistema mecánico de nuestra organización constitucional, sino en encontrar arrepentimiento y reconciliación con Cristo dentro de ella. Todo es fútil a menos que el hacha sea lanzado a la raíz del árbol. Debilidades o errores en organización serán rectificados casi que de la noche para el día cuando el Espíritu Santo tenga éxito en conducirnos al arrepentimiento.

(11) Literalmente, millones de personas pueden testificar de que la única agencia que los condujo a un conocimiento del evangelio eterno de Apocalipsis 14 es la Iglesia Adventista del Séptimo Día, a despecho de sus fallas. La mejor esperanza de una proclamación final de éxito del último mensaje al mundo es una arrepentida Iglesia Adventista del Séptimo Día que no solamente proclama el mensaje con claridad de cristal, sino que demuestra fuera de cuestionamiento que ella funciona. Esa era la convicción de Ellen White; en medio a la era de incredulidad de 1888 ella tenía esperanza por la reforma:

"Dios está al frente de la Obra y Él pondrá todo en orden. Si cuestiones requirieren ajuste en la dirección del trabajo, Dios cuidará de eso y operará para arreglar todo error... Dios conducirá la noble embarcación al puerto seguro". (2MS:390; 1892).

"Aun cuando haya males existiendo en la Iglesia y habrá hasta el fin del mundo, la Iglesia en estos días finales debe ser la luz del mundo que está contaminado e desmoralizado por el pecado. La Iglesia, débil y defectuosa, careciendo de reprobación, advertencia y aconsejamiento, es el único objeto sobre la Tierra a que Cristo dedica Su supremo interés... Que seamos todos cuidadosos para no levantar un clamor contra el único pueblo que está cumpliendo la descripción dada del pueblo remanente que guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús, que está exaltando el padrón de justicia en estos últimos días. Dios tiene un pueblo distinto, una Iglesia sobre la Tierra, que no viene en segundo lugar para ninguna otra, antes es superior a todas en su facilidad para enseñar la verdad, vindicar las leyes de Dios... Que todos nos unamos con esos agentes escogidos". (TM:49, 57-58; 1893).

"Cuando alguien se está apartando del cuerpo organizado del pueblo de Dios observador de los mandamientos, cuando comienza a pesar la Iglesia en sus balanzas humanas y comienza a pronunciar juicio contra ella, podéis saber entonces que Dios no lo está conduciendo". (3MS:18; 1893). "La victoria acompañará el mensaje del tercer ángel. Tal como el Capitán del ejército del Señor derribó los muros de Jericó, así el pueblo observador de los mandamientos de Dios alcanzará triunfo y todos los elementos opositores serán derrotados". (TM:410; 1898).

"Nunca quedé más atónita en mi vida que con la manera a que llegaron las cosas en esta asamblea [de 1901]. Este no es nuestro trabajo. Dios ha traído a la luz... Deseo que todos os acordéis de esto, y deseo que también os acordéis que Dios declaró que curará las heridas de Su pueblo". (GCB 1901, pp. 463-464).

Si han sido esas "heridas" curadas en 1901 o después de eso, podemos animarnos con la garantía de que "Él las curará". Después de 1901 y 1903 Ellen White emitió algunas de las más contundentes declaraciones de su vida identificando esta Iglesia organizada como la verdadera, y asegurando su triunfo final en el ministerio cuando el arrepentimiento penetre la corporación:

"No podemos desviarnos del fundamento que Dios estableció. No podemos ahora [1905, no habla sobre el futuro. Énfasis del Editor] entrar en cualquier nueva organización; pues eso significaría apostasía de la verdad". (Ms. 129, 1905).

"Soy instruida a decirle a los adventistas del séptimo día alrededor del mundo que Dios nos llamó como un pueblo para ser un tesoro peculiar para Él. Él designó que Su Iglesia sobre la tierra permanezca perfectamente unida en el Espíritu y consejo del Señor de los ejércitos hasta el tiempo del fin". (2MS:397; 1908).

"El temor de Dios, el sentido de Su bondad, circularán mediante toda institución [adventista del séptimo día]. Una atmosfera de paz ha de prevalecer en todo departamento. Cada palabra dicha, toda obra realizada, tendrá una influencia que corresponde a la influencia del cielo. ... Entonces la obra seguirá adelante con solidez y doble fuerza. Una nueva eficiencia será concedida a los obreros en toda línea. ... La Tierra será iluminada con la gloria de Dios, y nos tocará testimoniar la breve venida, en poder y gloria, de nuestro Señor y Salvador". (MM:184-185; 1902).

"Soy animada y bendecida al reconocer que el Dios de Israel está aun guiando a Su pueblo y que Él continuará a estar con él, hasta el fin". (comentarios a la asamblea de la Asociación General de 1913; Lugar Santo:437-438).

Ella claramente definió el "pueblo de Dios" como "esta denominación". W. C. White escribió lo siguiente pocas semanas antes de su muerte:

"Le relaté a la [Sra. Lida Scott] como Mamá consideraba la experiencia de la Iglesia remanente, y su positiva enseñanza de que Dios no permitiría que esta denominación apostatase tan enteramente que viniese a existir otra Iglesia". (Carta, 23 de Mayo de 1915).

Un hospital es un local donde personas enfermas pueden recibir tratamiento médico a fin de ser restauradas a la salud. La vida del paciente es de suprema importancia. La Iglesia que debe volverse la Novia de Cristo está enferma; ella carece de cura. Lealtad a Cristo requerirá lealtad a Su futura Novia, una cooperación integral para asegurarle la cura.

Nosotros que hemos servido como misioneros en África, hemos visto como la lealtad a Cristo (o su falta) opera en los corazones humanos. Funcionarios "cristianos de arroz" inconscientemente demuestran su verdadero espíritu al hablar de la Iglesia como "vosotros" o "ellos". No podrían revelar menos interés por su honra o prosperidad. Pero los verdaderos creyentes en Cristo manifiestan una unidad corporativa con la Iglesia, hablando de ella instintivamente como "nosotros". Están más preocupados por su honra como representando a Cristo que por su propia recompensa personal.

(12) ¿Cuál es el significado de las promesas de Dios ser condicionales? ¿Deberíamos tomar una actitud de esperar para ver y retener nuestra lealtad y apoyo hasta que tengamos evidencia de que la Iglesia ha cumplido las condiciones? La declaración siguiente destaca las condiciones:

"Estamos lejos de donde deberíamos estar si nuestra experiencia cristiana se armonizase con la luz y oportunidades dadas a nosotros. ... Si hubiésemos caminado en la luz que nos fue concedida, ... nuestra vereda habría brillado más y más. ...

"En las balanzas del santuario, la Iglesia Adventista del Séptimo Día debe ser pesada. Ella será juz188 gada por los privilegios y ventajas de que disponía... Si las bendiciones conferidas no la califican para realizar el trabajo que le fue confiado, sobre ella será pronunciada la sentencia, 'Encontrada en falta'". (8T:247).

Todas las promesas de Dios hechas al antiguo Israel no fueron menos condicionales. Generación tras generación fue "encontrada en falta" y murieron como fracasos. La historia de Cades-Barnea fue repetida muchas veces, cuando una generación entera, excepto dos individuos, tuvieron que perecer en el desierto. No obstante, el Dios observador del pacto permaneció fiel a Israel cuando este le fue desleal. Él siempre trató nuevamente con una nueva generación. Nunca ordenó que otro pueblo tomase el lugar de la "simiente de Abraham".

El hecho de que el antiguo Israel haya fallado repetidas veces como ha fallado la Iglesia en tiempos modernos no significa necesariamente que el padrón de desliz y apostasía continuará para siempre. Las fallas colectivas del pueblo de Dios han siempre envuelto el santuario celestial en contaminación; Satanás ha tenido ocasión de atribuir a Dios la responsabilidad por el fracaso de Su pueblo.

El fundamento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es una creencia en las buenas nuevas de Daniel 8:14, "Y el santuario será purificado". Entonces esa constante nube de fracaso que ha flotado sobre el Israel de Dios será levantada; y el nombre de Dios será reivindicado en la medida en que Su pueblo demuestre que Su plan de salvación es un éxito; el sacrificio de Cristo será, entonces, reivindicado. Una actitud cínica que declare: "Suponga que la Iglesia falle y que las condiciones no sean cumplidas" es lo mismo que decir: "Suponga que el santuario no será purificado". ¡La honra de Dios requiere que él sea purificado!

Esta es la última cuestión en el gran conflicto. Tenemos el privilegio de colocarnos en absoluta lealtad a Cristo y a Su futura Esposa.

El testimonio citado arriba es intitulado "¿Seremos Encontrados en Falta?" Ellen White respondió a su propia indagación al concluir el capítulo:

"Cuando la purificación tenga lugar en nuestras filas, no descansaremos más y tendremos paz. ... A menos que la Iglesia, que está ahora siendo leudada con su propia apostasía, se arrepienta y se convierta, comerá del fruto de su propia hechura, hasta que se aborrezca a si misma. Cuando ella resiste al mal y escoge el bien, cuando ella busca a Dios con toda la humildad, y alcanza su alto clamor en Cristo, permaneciendo sobre la plataforma de la verdad eterna, ... será curada. Ella aparecerá en su simplicidad y pureza dadas por Dios, separada de embarazos terrenales, revelando que la verdad la volvió verdaderamente libre. Entonces sus miembros serán verdaderamente escogidos de Dios, Sus representantes.

"Es llegado el tiempo para que una reforma integral tenga lugar. Cuando esa reforma comience, el espíritu de oración operará en todo creyente, y eliminará de la Iglesia el espíritu de discordia y lucha. ... No habrá confusión, porque todos estarán en armonía con la mente del Espíritu... Todos orarán comprensiblemente la oración que Cristo le enseñó a Sus siervos: `Venga Tu reino, hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo'". (ibíd., pp. 250-251).

Nuestro deber ahora es remover todo embarazo dentro de la Iglesia que ha impedido que "plena reforma tenga lugar", y aprender a orar la oración del Señor.