1888 Re-Examinado

Apéndice E

Breve análisis de las publicaciones de 1987-1988

En la providencia de Dios, el año 1988 fue designado como el del Centenario de la Asamblea de la Asociación General en Minneapolis. Lo que antes era virtualmente un asunto desconocido o tabú, ahora se volvió tópico familiar de conversación por todo el mundo. Gracias a Dios por ese despertado interés. Grandes números de entre nuestro pueblo no quedarán satisfechos hasta que hayan descubierto la plena verdad.

Desde la primera impresión de este libro en Agosto de 1987, diversas significativas publicaciones fueron lanzadas como parte de la "Celebración" del Centenario de 1988:

(1) The Ellen G. White 1888 Materials [Los materiales de Ellen G. White de 1888] (Depositarios de Ellen G. White, 1987). Al dar a luz esa vasta colección de 1.812 páginas en pleno contexto, los Depositarios de Ellen G. White merecen encomios. Ellos obviamente no tienen intención de retener nada significativo. Ellen White tiene finalmente el permiso de hablar sin impedimentos sobre esas cuestiones. Hubiese esto sido publicado décadas atrás, mucha de la actual confusión concerniente a 1888 estaría ahora resuelta. Una vez que el Espíritu Santo siempre ha confirmado el "testimonio" de Ellen White, esta publicación debe probar en Su providencia ser un paso gigantesco rumbo al último reavivamiento y reforma.

La lectura de esos documentos deja una sensación de satisfacción como cuando se ha disfrutado de una comida completa. El lector no queda con dudas persistentes ni indagaciones no satisfechas a respecto de lo que podría estar en la penumbra sin ser visto dentro de los limites de esa o de aquella elipse, pues no hay elipses.

La verdad es aquí revelada de que el liderazgo de esta Iglesia de hecho "en gran medida" rechazó el comienzo de la lluvia tardía y del alto clamor al mismo tiempo en que grandilocuentemente profesando aceptar la "justificación por la fe". Además, las "confesiones" posteriores a Minneapolis son vistas como no revertiendo de modo alguno la tragedia. Y los endosos ilimitados del contenido doctrinario del mensaje se revelan bien más numerosos y enfáticos que cualquier persona aparentemente ya haya antes percibido. Tales endosos múltiplos en esas 1.812 páginas pueden tal vez aproximarse de la mayor parte de un millar.

Es una solemne experiencia leer esos documentos no revisados, muchas veces fotocopiados de originales mal dactilografiados con enmiendas de propio puño. ¿Cómo podía esa pequeña señora posicionarse casi sola contra casi toda el liderazgo de su Iglesia, escribiendo ese vasto montante de correspondencia sin decir por lo menos algo en el calor de la controversia que se demostraría embarazoso un siglo después? Ella emerge de esa saga de 1888 vindicada tanto en sus posiciones como en el espíritu que demostró. Nada que ya fue publicado por los Depositarios de Ellen White le concede tal crédito como esta ingeniosa exposición de su profundo celo.

Ella nunca expresa cualquier crítica de la teología de justificación por la fe de Jones y Waggoner desde 1888, pasando por 1895 y entrando en 1896. Aquellos que en nuestro Centenario denigren el mensaje de 1888 toman por base exclusivamente una sentencia que parece tener carácter crítico, pero es posible que la tuerzan de su contexto y puedan hasta citarla equivocadamente también. En esa sentencia solitaria estenográficamente registrada en 1888 ella declara: "Algunas interpretaciones de las Escrituras hechas por el Dr. Waggoner yo no considero como correctas" (Ms 15, 1888).

El estenógrafo podría no registrar el énfasis que Ellen White le dio a ese "yo", mas está claro en su contexto inmediato que ella no encuentra falta en su mensaje doctrinario. Antes, se dispone a renunciar a sus opiniones personales en busca de mayor luz a ser recibida por medio de Waggoner: "Yo tendría humildad de mente, y me dispondría a ser instruida como un niño. El Señor se ha complacido en concederme gran luz, sin embargo yo se que Él dirige otras mentes, y les abre los misterios de Su Palabra, y deseo recibir cada rayo de luz que Dios me envíe, desde que pueda venir por medio del más humilde de Sus siervos [una obvia referencia a Waggoner]. ... Algunas interpretaciones de las Escrituras hechas por el Dr. Waggoner yo no considero correctas. Pero ... veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo con relación a la ley como el doctor la ha expuesto a nosotros. ... Eso que ha sido presentado se armoniza perfectamente con la luz que Dios se ha complacido en concederme durante todos los años de mi experiencia. Si nuestros hermanos ministrantes aceptasen la doctrina que ha sido presentada tan claramente. ... sus preconceptos no tendrían un poder controlador. ... Oremos como lo hizo David: "Abre mis ojos" (Ms. 15, 1888, énfasis añadidos).

Por una década Ellen White expresa solamente reconocimiento coherente, muchas veces jubiloso, de que el Espíritu Santo daba endoso al mensaje doctrinario de Waggoner y Jones, mientras la oposición irrazonable que sufrían los aislaba y a veces los conducía a expresiones insensatas, tal como el antiguo Israel llevó Moisés a pronunciar palabras y actos contundentes. Su famosa carta del 9 de Abril de 1893 a Jones inequívocamente elogia a su teología mientras lo advierte contra ser presionado a usar expresiones extremadas para defenderla.

Aun cuando los mensajeros de 1888 fuesen humanos, como todos somos, no hay aquí ningún vestigio de parte de Ellen White de que revelasen falta de espíritu cristiano con relación a sus hermanos durante esos años pioneros, ninguna evidencia de que rudeza o un espíritu abrasivo de parte de ellos de esa justa causa para que sus hermanos se les opusiesen de ese modo. Esos cuatro volúmenes parecen dejar claro que nuestras críticas publicadas hace una centena de años de Jones y Waggoner perpetúan la incredulidad de 1888. Eso es fenomenal--después de un siglo de nuestra historia, a la semejanza del continuo rechazo de los judíos a Cristo y Sus apóstoles después de casi 2.000 años de la historia de ellos.

Pero la "introducción" de la verdad "concede luz". Con la publicación de esos cuatro volúmenes finalmente nos volvemos a la pista correcta, y podemos esperar que el Señor comience a operar de ahí en adelante. Cualquier erudito dudará ahora en publicar interpretaciones incorrectas del testimonio de Ellen White sobre 1888, pues el más humilde laico puede conferir las fuentes por sí mismo.

(2) Manuscripts and Memories of Minneapolis 1888 [Manuscritos y recuerdos de Minneapolis 1888] (Pacific Press, 1988). Esa colección adicional de 591 páginas incluye documentos de otros contemporáneos de Jones y Waggoner. Revelan que muchos de los "hermanos" dejan un registro de ceguera espiritual y resistencia al Espíritu Santo en un tiempo de oportunidad escatológica sin precedentes. Todos eran hombres trabajadores, consagrados a la causa de la Iglesia, profesando creer en el evangelio, mientras con pocas excepciones revelan una insensibilidad con la actual dirección y enseñanza del Espíritu Santo en la "verdad del evangelio". Y los más preeminentes de entre ellos estaban absorbidos en declarada oposición a Ellen White.

Fuera de eso, en esos documentos ningún de aquellos que confesaron rechazo del mensaje de 1888 cita como excusa que la personalidad de Jones o Waggoner los motivó a rechazarlo. Siendo la naturaleza humana tendiente a la auto-justificación, exploraría una falla significativa de parte de ellos si hubiese sido preeminente.

Dos hermanos que expresan crítica a la personalidad de Jones en 1888 aguardan hasta 42 años después para hacerlo, pero uno de ellos (W. C. White) en 1889 extrañamente contradice su testimonio negativo de 1930 con una posición opuesta de cálida recomendación. En 1931 A. T. Robinson recuerda los agudos comentarios de Jones en Minneapolis a Urias Smith concernientes a los "diez cuernos", pero en la época parece no haber impresionado Ellen White lo suficiente como para mencionarlo en sus diarios de informes extensos de la historia de Minneapolis, ni en cualquiera de los demás en esa colección lo hace.

Ese incidente aislado aparentemente causó poca impresión en 1888 contra el paño de fondo de un endoso firme e inequívoco del Espíritu Santo. O el lapso de tiempo cubrió la imagen de Jones posterior a 1903 arriba de los recuerdos anteriores de Robinson, o el espíritu de Jones en esa observación no era tan severo como él presumia.1

Hay algo de patético en la lectura de esa vasta correspondencia de líderes de la Iglesia que conducen negocios como acostumbradamente en un tiempo en que ahora sabemos haber sido uno de oportunidad escatológica sin precedentes.

(3) From 1888 to Apostasy--The Case of A. T. Jones [De 1888 para la apostasía--el caso de A. T. Jones], por George R. Knight (Review and Herald, 1987). Ese volumen especial de la "Serie Centenaria de 1888" parece ser un esfuerzo transparente para desacreditar tanto a Jones cuanto el mensaje que el Señor le dio para esta Iglesia. El libro ofrece claro reconocimiento de que el mensaje fue rechazado en Minneapolis y después de eso, un paso en el rumbo de la realidad; pero confunde el cuadro por presentar un Dios juguetón que emprendió una pobre elección de un mensajero y Su ingenua profetisa que era ultra-entusiasmada con el mensaje y mensajero.

Sacando provecho de cada posible defecto, real o imaginario, en la personalidad y ministerio de Jones y frecuentemente imputando motivos malignos gratuitamente, el autor lo describe como un hombre de "boca liviana y discurso áspero", que empleaba "lenguaje sensacionalista" con "actitudes pomposas", "auto-confiante", "egoísta", un hombre que "nunca dominó el arte de la ... bondad cristiana", que tenía una "personalidad abrasiva y exhibicionista". Desde que se irguió de las aguas bautismales en Walla Walla, el joven Jones es dominado por su "perenne problema de extremismo". ¿Por qué el Señor escogería tal hombre de manera especial?

El mensaje evangélico de Jones es descartada como conteniendo una "mezcla de error"; queda, de ese modo, implícito claramente que es peligroso aceptarlo. Específicamente, son atribuidas las pesadas responsabilidades de haber dado origen tanto a las herejías de la "carne santa" como del panteísmo del cambio de siglo.

Muchos lectores que no tienen condiciones de conferir las fuentes originales concluirán que nada de lo que diga un personaje tan quijotesco como Jones merece, cualquier seria consideración hoy. Esta parece ser la tesis del libro.

Pero si alguien investiga los relatos contemporáneos de Ellen White sobre el carácter y mensaje de Jones, un problema se revela. Ella lo describe como aquel que "lleva la Palabra del Señor", "el mensajero delegado de Cristo", "un hombre a quien Dios comisionó ... [con] la demostración del Espíritu Santo", un "siervo escogido" ... a quien Dios está utilizando". Él es uno de los únicos dos ministros adventistas del séptimo día en la historia sobre quien ella atribuye la posesión de "credenciales celestiales". 2 ¿No parece extraño que tal difamación de Jones sea publicada y endosada en nuestra Celebración del Centenario? ¿Acaso las naciones o iglesias vilipendian acostumbradamente los principales personajes que celebran en centenarios?

Nuestro autor endosa la errónea concepción popular de que el mensaje de 1888 por si sólo está perdido. Pero el entusiástico endoso de Ellen White, tanto del mensaje de Jones como de la manera de su presentación, continua por casi una década siguiéndose a 1888, lo que indica que el "mensaje" era más de lo que las presentaciones supuestamente perdidas en Minneapolis. Años más tarde ella declara en el tiempo presente: "El mensaje que nos fue dado por A. T. Jones ... es un mensaje de Dios a la Iglesia de Laodicea". "Dios lo ha sostenido ... le ha dado preciosa luz". [Carta S24, 1892; Carta 51a, 1895).

Durante esta década ella hasta habla con entusiasmo de la personalidad de Jones y su manera de hablar, contradiciendo directamente la impresión de rispidez: él "presenta [el mensaje] con belleza y amor", "con luz y gracia y poder". Oyéndolo, las personas "veían la verdad, bondad, misericordia y amor de Dios como nunca la habían apreciado antes". Ella considera "un privilegio estar al lado de [Jones] y dar mi testimonio con el mensaje para este tiempo" (Review and Herald, 27 de Mayo de 1890; 12 de Febrero de 1889; 18 de Marzo de 1890; Carta, 9 de Enero de 1893). Es difícil compatibilizar esas palabras con la imagen de "empatía", personalidad "ríspida" que nuestros autores del Centenario le atribuyen. ¿No consideraría ella una situación embarazosa "ponerse al lado" de un hombre de esos?

Sin embargo, ese libro no crea su visión destructiva de Jones a partir de la imaginación moderna. Hay realmente fuentes históricas críticas de él. Él tenía enemigos en su tiempo que lo acusaban de "ser un fanático, extremista, y entusiasta", los cuales "criticaban y depreciaban, y hasta lanzaban al ridículo el mensajero mediante quien el Señor ha operado con poder" [cf. Testimonies to Ministers, p. 97). Pero esos eran oponentes incrédulos luchando contra la dirección del Espíritu Santo. ¿Por qué el juicio de ellos seria superior al de Ellen White?

El endoso de Jones por el Señor es demasiado serio, pues ella declara que aquellos que "acusan y critican [Jones] ... acusan y critican al Señor que lo envió". Los oponentes serán "indagados en el juicio, '¿quién requirió esto de vuestras manos, erguirse contra el mensaje y el mensajero que Yo envié a Mi pueblo con luz, con gracia, y poder?'" (Ibíd., p. 466; Carta, 9 de Enero de 1893).

La acusación de que Jones virtualmente dio origen al fanatismo de la "carne santa" reposa literalmente sobre una palabra que él empleó en un editorial de 1898, que termina siendo una cita directa del apóstol Pablo. El contexto del editorial del 22 de Noviembre es la reforma de salud, nada teniendo que ver con "carne santa". Igualmente, la acusación de que Jones enseñaba o creía en el panteísmo reposa en los presupuestos o preconceptos de otros. Ninguna sentencia es citada de él como evidencia objetiva de que creyese o enseñase el panteísmo.

Este puede parecer un detalle sin importancia, sin embargo la integridad del "preciosísimo mensaje" que el Señor envió a este pueblo es la cuestión que está bajo el cedazo de la crítica. Si ese mensaje condujo a sus creyentes al panteísmo, Ellen White debe estar seriamente equivocada porque el mensaje era muy peligroso, no "preciosísimo". En el caso de Jones, sin embargo, él no condujo al panteísmo, probando así que no podría haber sido un hecho para llevar Waggoner al panteísmo. Lo que llevó al problema del panteísmo (o pan-enteísmo) fue el clima de rechazo del mensaje de ellos de 1888, no su aceptación.

Knight, sin embargo, justifica su acusación sugiriendo una nueva definición de panteísmo. Su verdadera definición es la de un "Dios" impersonal viviendo en pastos y árboles. Para Knight, la peligrosa fuente del panteísmo es el concepto de un Dios personal en íntima comunión con nosotros, resaltado en 1888, ligando la experiencia de justificación por la fe en el corazón del creyente con "la doctrina del santuario celestial y su purificación". "La concepción del poder de Cristo en lo íntimo ... inherente al mensaje de 1888 . cuando llevada a extremo ... fácilmente ultrapasa los limites para caer en el panteísmo".

Pero esa imaginosa definición crea problemas insuperables, pues sugiere lógicamente que el autor de Hebreo fue también un panteísta, así como Ellen White. Y Jesús también lleva la concepción para más allá de los limites, asegurando a Sus seguidores que el Espíritu Santo, Su Representante, no solamente "habita en vosotros para siempre", sino que "estará en vosotros". Aquello que prueba demasiado nada prueba.

Existe, de hecho, evidencia de que en cierto período de su vida Jones se volvió ríspido y conflictivo. Él perdió su apego a la gracia de la mansedumbre para volverse un amargo crítico de sus exhermanos. Mas eso fue más de toda una década después de Minneapolis. Hay "dos" Jones: (a) el "siervo de Dios" de 1888-1903 que en general honraba su comisión y justificaba sus "credenciales ce193 lestiales", aun cuando a veces revelando debilidades humanas; y (b) el Jones post 1903 que perdió el rumbo trágicamente. Opositores modernos de Jones confunden los dos. Y los años realmente críticos fueron 1888-1893, pues la oposición había endurecido tanto por esa ocasión que nuestra larga jornada se volvió inevitable después de 1893. El registro de Jones durante aquellos años pioneros parece claro.

La literatura del Centenario sobre Jones deja de dar atención a un ingrediente que falta en el fascinante relato. Durante aquellos años pioneros de su fidelidad, él sufrió severa "persecución" "anticristiana", para tomar emprestado frases de Ellen White (General Conference Bulletin [Boletín de la Asociación General] 1893, p. 184). Su impacto acumulativo desequilibró y afectó sus facultades espirituales. El Señor no podría haber cometido un error en escogerlo para su papel singular-- proclamando "el comienzo" del mensaje del alto clamor. Ni erró Ellen White en apoyarlo. "En gran medida" su falla posterior es la consecuencia de "nuestro" desamorable rechazo de su mensaje, que Ellen White frecuentemente asemejaba al espíritu de los antiguos judíos en rechazar a Cristo.

La falla de Jones, así, tuvo algo que ver con la consecuencia de lo que ella dijera cuanto a nuestros hermanos insultar el Espíritu Santo. Cuando Él venga en la forma de la bendición de la lluvia tardía y sea "insultado", en ese sentido único tiene que partir. La bendición de la lluvia tardía precisa ser removida en el propio tiempo cuando es desesperadamente necesitada. Sin embargo, el fermento del tiempo no puede ser detenido; la historia precisa proseguir, y de ahí todos los tipos de cosas más se desenvuelven. Esa es nuestra historia denominacional.

Knight insiste en que Ellen White no se preocupaba con aspectos doctrinarios o teológicos del mensaje de Jones y Waggoner. Sus propios escritos, sin embargo, demuestran una profunda preocupación por los mismos. Ella insta la Iglesia a "comenzar a vivir la vida cristiana de atención a los otros ahora", pero sin el beneficio del "preciosísimo mensaje" que el Señor envió y que solamente puede hacer tal reforma una realidad. Así, su posición [de Knight] lógicamente hace retardar el reloj de la reforma y deturpa una centena de años de historia.

En tiempos pre-Minneapolis Ellen White frecuentemente instaba la Iglesia a comenzar a vivir "la vida cristiana de atención a los otros ahora". Pero ella se quejaba de que sus exhortaciones eran en gran medida ineficaces. Cuando el mensaje de Jones y Waggoner vinieron, ella se regocijó porque vio como podía transformar los imperativos adventistas en capacitadoras alegrías. La posición de Knight lógicamente reitera la oposición a 1888, prendiéndose a los imperativos legalistas populares mientras denegriendo el capacitador evangelio dado por Dios, implícito en el verdadero mensaje de 1888 por si mismo.

(4) La Adventist Review [Revista adventista] del 7 de Enero de 1988, en la "Edición del Centenario" honra, por un lado, el mensaje de 1888 mientras, por otro, lo deprecia al decir que "Jones y Waggoner tenían el error mezclado con su mensaje". En otras palabras, ¡temen el mensaje de ellos! De modo significativo, la edición entera no les permite decir una palabra, volviéndolos virtualmentep ersona non grata aun más eficientemente que lo que hizo el editor de la Review un siglo antes. Las cuestiones singulares esenciales del mensaje de ellos no encuentran lugar en esa edición. Sin embargo, Lutero, Paul Tournier, y hasta Urias Smith, el más destacado oponente del mensaje de ellos, tienen permiso para hablar.

(5) Ministry, International Journal for Clergy [Ministerio, revista internacional para el clero], Febrero de 1988, Edición Especial Sobre Justificación Por la Fe. Los principales puntos como establecidos por los diversos escritores pueden ser brevemente resumidos en itálico. Nuestros comentarios que los acompañan no tienen la intención de ser críticos o descubridores de faltas. Es una bendición que esta revista haya sido publicada, pues ha conducido muchas mentes inquiridoras al estudio de esas cuestiones. Esos comentarios son ofrecidos en vista de la brevedad del tiempo mientras el Señor aun comisiona los cuatro ángeles a retener los cuatro vientos un poco más:

(a) "La Asamblea de 1888 fue marcada por abierta rebelión contra Ellen White de parte de un vasto número de nuestros pastores. Ella llegó aun a preguntarse a cierta altura si Dios no debería despertar otro movimiento, sin embargo, su confianza en la dirección de Dios de Su Iglesia fue restaurada. La mayoría de los delegados, "los ministros en general", "casi todos", se opusieron al comienzo del glorioso mensaje del alto clamor". (cf. pp. 4, 6).

Este primer artículo es un desvío radical de décadas de insistencia de parte del liderazgo sobre un punto de vista opuesto--de que casi todos los delegados de 1888 aceptaron el mensaje. Es motivo de regocijo que la verdad de la historia de 1888 esté siendo ahora reconocida, y el Señor, en la plenitud del tiempo, puede añadir Sus bendiciones a eso. De todo corazón concordamos con la seguridad esperanzosa de ese artículo de que al final la verdad triunfará y de que la Iglesia aun responderá a la dirección del Señor. El conocimiento de la verdad de nuestra historia debe preparar la Iglesia para el arrepentimiento y reconciliación con el Espíritu Santo.

(b) "Realmente no sabemos lo que fue el mensaje de 1888 porque las presentaciones de Jones y Waggoner en Minneapolis no fueron registradas taquigráficamente. Tenemos que confiar en los sermones y escritos de Ellen White y en lo que los expositores modernos presumen ser el mensaje". (cf. pp 15-16, 23-33).

El mensaje de Jones y Waggoner no se limitó a las presentaciones en Minneapolis, supuestamente sin registro. Los endosos de Ellen White se relacionan con las presentaciones de ellos en andamiento hasta 1896, y aun después. Por ejemplo, su famosa declaración de que el mensaje es "preciosísimo" no hace mención que sea a Minneapolis o 1888, sino que es fechada en 1896. (L. E. Froom declara que la viuda de Waggoner le dijo que ella de hecho registró las presentaciones de su marido de 1888 en taquigrafía, y que él adaptó y expandió el material para sus editoriales de 1889 de Signs [Señales], su libro de 1890 Christ and His Righteousness [Cristo y Su justicia], y The Glad Tidings [Las buenas nuevas].

Los libros de Ellen White, como Steps to Christ [Camino a Cristo] y Desire of Ages [El deseado de todas las gentes] son maravillosos. No obstante, ella nunca reivindicó que sus escritos volviesen el mensaje de Jones y Waggoner de 1888 ultrapasado. Ni jamás reivindicó que sus libros presentaban el mensaje de la lluvia tardía o del alto clamor, a despecho de haber alegado eso con relación al mensaje de 1888. Millones de ejemplares de Steps han sido vastamente circulados, y sin embargo la lluvia tardía aun no ocurrió. ¿Por qué? Otro milenio de recibimiento de la lluvia temprana no llevará el grano a la cosecha, porque la lluvia tardía es esencial. ¿Es sabio depreciar el mensaje que Ellen White declaró que señalaba su comienzo?

(c) "El mensaje de justificación por la fe como presentado por Jones y Waggoner contenía error. Él llevó a las herejías de la "carne santa" y panteísmo. Ellen White criticó el mensaje de ellos y lo encontró en falta". (cf. p. 13, 61).

Todo escritor que retrata el mensaje como siendo erróneo se apega a aquella sentencia aislada y excepcional de Ellen White--"Algunas interpretaciones de las Escrituras dadas por el Dr. Waggoner yo no considero como correctas" (Ms. 15, 1888). Torcer eso de su contexto niega literalmente centenas de otras declaraciones que expresan endoso indiscutible. Solamente una metodología viciada puede interpretarlo como crítica de la teología de Waggoner cuando ella declara en la misma página: "Lo que ha sido presentado se armoniza perfectamente con la luz que Dios se ha complacido en concederme". Pocos días después ella añade: "Cuando yo ... había oído por primera vez los puntos de vista del Pastor E. J. Waggoner,... declaré que había oído preciosas verdades proferidas a las que yo podría responder de todo corazón". "Cada fibra de mi corazón dijo amén" (Ms 24, 1888; Ms. 5, 1889). Si ponemos el "yo" en itálico, como ella bien podría haberlo destacado en el Ms. 15 de la sentencia so195 bre 1888, toda contradicción es removida. Ella declara que está lista para intercambiar opiniones personales preconcebidas por luz mayor.

La prueba final del mensaje singular de Jones y Waggoner es el testimonio de las Escrituras. Aquí la evidencia es también sólida.

(d) "Una parcela significativa de la culpa por el rechazo, por parte del liderazgo de la Iglesia, del mensaje entre 1888 y 1896 reposa con Jones y Waggoner, que eran básicamente hombres no convertidos en aquella época, "orgullosos, porfiados". Ellos revelaban un espíritu no santificado al presentar su mensaje de justificación por la fe". (cf. pp. 11, 13, 61).

Ninguna evidencia de parte de Ellen White da respaldo a esas negras alegaciones. Tampoco las encontramos en la correspondencia recientemente publicada de contemporáneos de 1888 a 1896. Es difícil entender como el Señor escogería dos mensajeros para una obra especial en 1888 si ellos en ese tiempo fuesen no-convertidos, ríspidos, insoportables, arrogantes, orgullosos, porfiados, creadores de problemas, etc.3

(e) "Diversos escritores sugieren que la experiencia personal y la simpatía son más importantes que la verdad. Otro confronta eso declarando que la verdadera experiencia no puede tener lugar sin comprenderse la verdadera doctrina. Pero el énfasis de ese Ministry es que no precisamos de la doctrina o de las enseñanzas teológicas del mensaje de 1888 por si misma y que es desorientador dar serio crédito a ellos".(cf. pp. 16, 61).

La justificación por la fe bíblica declara que el "evangelio es el poder de Dios para la salvación". Hay en ella una "verdad del evangelio" doctrinaria que contradice la falsedad de "otro evangelio". "La verdad os volverá libres". El error doctrinario corrompe y paraliza el evangelio, aun cuando presentado en pequeña cantidad. Una "experiencia" correcta en la época de las cuestiones finales será imposible sin la plena verdad del evangelio que comunica un conocimiento salvador como su aspecto intrínseco.

(f) "No hay diferencia entre "fe de la traslación" y "fe de la resurrección". Los que enfrentan el tiempo de angustia final no vencerán ni reflejarán el carácter de Cristo de modo más significativo que los que vivieron en eras pasadas". (cf. p. 42).

Eso parece ser una contradicción de lo que se sigue: "Los que están viviendo sobre la tierra cuando la intercesión de Cristo cese en el santuario celestial deben permanecer a la vista de un Dios santo sin un mediador. ... Debe haber una obra especial de purificación, de remoción del pecado, entre el pueblo de Dios sobre la Tierra" (The Great Controversy [El gran conflicto], p. 425; ver también p. 623). Desde los inicios del Movimiento Adventista nuestro pueblo ha reconocido la naturaleza singular de la fe madura de aquellos que están listos para recepcionar a Cristo en Su retorno; si eso no estuviese claramente apoyado por muchas declaraciones de la Biblia y del Espíritu de Profecía, debería ser descartado como el Ministry recomienda. Pero el apoyo inspirado es voluminoso.

(g) "Lo que decimos es menos importante que el modo por el cual lo decimos. En otras palabras, la verdadera doctrina parece menos importante que una personalidad agradable". (cf. p. 61). Llevada a su conclusión lógica, esa posición podría dar crédito a la marca de la bestia en lugar del sello de Dios, desde que el proponente demuestre lo que parece ser un espíritu más agradable y simpático. "Muchos hombres de refinado intelecto y maneras agradables ... son meros instrumentos pulidos en las manos de Satanás" (Great Controversy, p. 509). El Nuevo Testamento enseña que mientras la verdad como ella es en Jesús siempre hará al creyente semejante a Cristo en espíritu, también hará a alguien agresivo por la verdad en un sentido santificado; y los mensajeros de 1888 notablemente lo demostraron.

(h) "La apostasía de Jones y Waggoner es una advertencia para que no confiemos en su mensaje. En otras palabras, no puede ser "preciosísimo" si condujo a la derrota final de ellos". (cf. pp. 13, 61).

Eso no se armoniza con las diversas declaraciones de Ellen White de que el fracaso o apostasía de los mensajeros de modo alguno invalidará el mensaje de ellos, sino que aquellos que así piensan estarán bajo un "engaño fatal" (Carta S24, 1892).

(i) "Ser un reformador es una mala idea porque es peligroso. Generalmente los reformadores gozan de bajo concepto". (cf. p. 62).

Ser un "reformador" fanático y auto-designado es indiscutiblemente peligroso; pero cooperar con el Espíritu Santo en reforma no puede ser peligroso. La Iglesia precisa desesperadamente de un genuino reavivamiento y reforma, y puede no ser seguro esperar que otra generación la efectúe.

(j) "La teología y predicación adventista son más cristocéntricas hoy que antes de 1888. Eso indica elogiable progreso espiritual desde 1888". (cf. p. 62).

Eso puede bien ser verdad, pero si así es o no dependerá más del juicio de Cristo que del nuestro. ¿Su mensaje en Apocalipsis 3:14-17 es aun aplicable? Ciertamente los elementos esenciales del mensaje de 1888 aun están siendo objeto de oposición y han sido aun silenciado cien años después, y el mundanismo y tibieza abundan. Eso no sería verdadero si el puro evangelio fuese claramente proclamado, pues es "el poder de Dios para la salvación". Cuidadoso análisis de motivos puede revelar que hay mucho más legalismo aun implícito en nuestra enseñanza actual que lo que nos damos cuenta.

(k) "El mensaje de 1888 fue bien aceptado en la década que se siguió a Minneapolis, y el nuevo presidente de la Asociación General, O. A. Olsen (no A. V. Olson) lo apoyó 'entusiastamente'". (cf. p. 62).

Esa afirmativa es refutada por los testimonios de Ellen White de 1896 que representan a Olsen actuando "tal como Aarón" al someterse débilmente a la influencia dominadora de oponentes determinados del mensaje. Ver sus claras declaraciones citadas en este libro, en el capítulo 15.

(l) "La oración de Daniel en el capítulo 9 no expresa arrepentimiento colectivo, sino que intercesión, ni apoya la idea de que una generación puede arrepentirse por los pecados de una anterior. La idea de arrepentimiento colectivo es también confundida en esa revista, presumiéndose que significa una acción formal de la Asociación General en asamblea, reconociendo el error de un siglo atrás, y lamentando el hecho de modo 'oficial'". (cf. pp. 34-36; 7- 8).

Algo más precisa de estudio--la realidad de la culpa que el mundo todo comparte por la muerte del Hijo de Dios (Testimonies to Ministers [Testimonios para ministros], p. 38; Desire of Ages [El deseado de todas las gentes], p. 745; Romanos 3:19). ¿Deberían solamente los antiguos judíos y romanos arrepentirse por ese pecado? El Calvario resume la culpa colectiva del mundo--culpa por los pecados que podemos no haber cometido personalmente, pero que cometeríamos, no fuese por la gracia de Dios debido a nuestra enemistad humana natural contra Él (Romanos 8:7). Esa culpa es compartida por todo ser humano, a parte de un arrepentimiento específico. El Ministry debe también reconocer la experiencia de Cristo de arrepentimiento colectivo en favor del mundo, como Su bautismo lo demuestra (In Heavenly Places [En los lugares celestiales], p. 252; Review and Herald, 21 de Enero de 1873; General Conference Bulletin, 1901, p. 36). El arrepentimiento colectivo bíblico es personal, arrepentimiento individual por los pecados de otros como si fuesen los nuestros mismos, como lo serían no fuese por la gracia de Cristo. Todos precisamos de la justicia de Cristo imputada 100%. La confusión en reconocer la verdadera profundidad del arrepentimiento colectivo frustra el mensaje de la justicia de Cristo, dejando implícito que no precisamos de su completa imputación.

Ningún ministro o erudito responsable, cuanto sepamos, jamás fue tan ingenuo como para recomendar un voto formal por una Asociación General en asamblea, o aun por una comisión, como un método de enderezar el error de 1888. "Confesión colectiva" se ha revelado siempre un término inapropiado. "Arrepentimiento colectivo" es el término apropiado, y gracias a Dios ha sido ahora reconocido como digno de serio estudio.

(m) "Dios ha pre-determinado el tiempo para la segunda venida de Cristo. De ese modo, para evitar un "cuadro distorsionado" debemos desconsiderar declaraciones inspiradas que dicen que la hemos retardado por nuestra incredulidad o que podemos apresurarla por arrepentimiento y verdadera fe. Se presume que Cristo retardó Su venida, pero se seguiría lógicamente que es "impío" sugerir que la hemos retardado". (cf. pp. 41-45).

Eso es lo opuesto de lo que Cristo declara en Su parábola. Esa tesis se concentra en dos declaraciones aisladas de Ellen White, ambas aplicadas equivocadamente y una realmente citada de modo errado. Aun cuando sea verdad que el retorno de Cristo ha sido retardado, no fue Él quien lo retardó, sino que nosotros:

(i) "Como las estrellas en el vasto circuito de su camino designado, los propósitos de Dios no conocen prisa ni atraso" (Desire of Ages [El deseado de todas las gentes], p. 32). En este punto Ellen White discute la primera venida de Cristo, no Su segunda venida. Noten el contexto: "La hora de la venida de Cristo había sido determinada. Cuando el gran reloj del tiempo señaló aquel momento, Jesús nació en Belén". El autor presume que en vista de haber habido un tiempo pre-determinado para la primera venida de nuestro Señor, debe haber la misma cosa para la segunda. El primero fue establecido por las profecías de tiempo de Daniel; el segundo queda en una categoría diversa: "En los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a sonar" no habrá más kronos (Apocalipsis 10:7,6). En otras palabras, desde 1844 no hay más tiempo pre-determinado, predestinado.

(ii) "La aparente demora no lo es así en realidad, pues en la ocasión designada, nuestro Señor vendrá" (Carta 38, 1888). Nuestro autor posteriormente cita de forma errada esto como " Su 'tiempo designado'", cuando el Señor mismo explica lo que es el "tiempo designado"--no pre-determinismo, sino "cuando el grano esté maduro" inmediatamente será aplicada la hoz. "Es ya venida la ora de segar, porque ya la siembra de la tierra está madura" (Marcos 4:39; Apocalipsis 14:15). Nuestro autor no hace referencia a esos dos pasajes bíblicas fundamentales, sino que virtualmente lleva a Ellen White a contradecir ambos. Él aun comenta que "Ellen White realmente dijo que Cristo retardó Su venida", pero la hace emplear el lenguaje del siervo infiel de la parábola. En realidadn osotros es que la retardamos.

Esta tesis introduce un elemento de calvinismo en el pensamiento adventista, descartando la realidad del evento de 1888 en relación con el tiempo del segundo advento. La infinita presciencia del Padre no permite un hilo de pre-determinismo calvinista.

(n) "'La Dinámica de la Salvación' es recomendada como una declaración de justificación por la fe tan completa y eficaz que virtualmente hace desnecesaria la publicación del propio mensaje de 1888. Aquí hay evidencia de que el liderazgo entiende, cree y predica el mensaje. El prefacio deplora el hecho de que algunos acusan al liderazgo de la Iglesia hoy de mantener las posiciones sobre justificación por la fe de aquellos que se oponían al mensaje de 1888 un siglo atrás". (cf. pp. 22-28).

(i) Es evidente que eso se volvió una cuestión sensible y cargada emocionalmente. Es verdad que los autores presentes han de hecho tomado la posición por años de que nuestra "justificación por la fe" popular de hoy es en gran medida una combinación de aquella de las iglesias observadoras del domingo y de aquello que enseñaban los que se oponían al mensaje de 1888 un siglo atrás.

(ii) Los autores presentes deben confesar que creían que la evidencia indica que nuestra larga jornada por el desierto por un siglo y la tibieza de la Iglesia en escala mundial son evidencias concretas del rechazo del mensaje de 1888 dejando nuestro pueblo carente de él. Nosotros no deseamos antagonizar nuestros hermanos; apenas queremos ser honestos en declarar nuestras convicciones según la conciencia lo requiere, y declararla en un espíritu de amor y lealtad cristianas.

(iii) Esa cuestión es tan vitalmente importante que la Iglesia mundial debe considerarla cándidamente. Si nuestra posición está equivocada, la Iglesia mundial debe rechazarla decididamente. Si estamos en lo correcto, nada podría ser más importante para establecer el lado de la verdad. Precisamos honestamente analizar el mensaje de 1888 en los escritos existentes, y comparar con él nuestras presentaciones contemporáneas del evangelio. Las posiciones predominantes de la Iglesia pueden ser analizadas en sus motivos en las publicaciones denominacionales. Descubriremos que los mensajeros de 1888 emprendieron un total cambio en el entendimiento doctrinario y práctico que supera el calvinismo y el arminianismo, yendo mucho más adelante de ambos. Esta fue la razón para la década de entusiasmo de Ellen White por el mensaje de ellos. Un mensaje que más claramente recupera las verdades plenas del evangelio que lo que realizaron los reformadores del siglo XVI o nuestros propios exegetas de hoy deben iluminar la tierra con gloria.

(iv) Las reivindicaciones hechas para este documento son semejantes a las del presidente de la Asociación General de 1952 en la Conferencia Bíblica de Sligo. Él alegó que el mensaje presentado allí superó el mensaje de 1888. Es fútil que el Ministry reivindique que nuestros eruditos hagan lo mismo hoy, y es igualmente fútil para estos autores presentes mantener que no lo hacen. Que la Iglesia mundial considere la evidencia objetiva comparando los dos.

(v) Lo que se sigue son algunos de los conceptos singulares de 1888: justificación legal y la eficacia de lo que es por la fe; las gloriosas buenas nuevas de los dos pactos; el portentoso poder de Cristo para salvar del pecado que perdura; Su proximidad en asumir nuestra naturaleza humana pecaminosa; la iniciativa del Espíritu Santo en salvar los perdidos; la iniciativa del Buen Pastor en buscar Sus ovejas perdidas; la posibilidad de vencer todo pecado tal como Cristo venció en nuestro beneficio; la certeza de una generación final que refleje la perfección del carácter de Cristo; la relación práctica de la purificación del santuario celestial con la purificación de los corazones humanos; la motivación de preocupación con la honra de Cristo que trasciende la búsqueda centralizada en el yo de recompensa o de evitar la punición; la realidad de los perdidos tomar la iniciativa de perderse; y la verdad de que el sacrificio de Cristo realizó mucho más que hacer una mera provisión que nada hace a menos que hagamos alguna cosa--Él dio Su sangre por el mundo, por lo tanto el mundo le debe su vida presente. El mensaje de 1888 alcanzó las profundidades de la expiación en una manera que debe aun captar la atención del mundo.

Con la excepción de unos pocos breves extractos, un escritor cita de Waggoner sin que ninguna de las declaraciones de endoso por Ellen White tenga permiso de hablar en el Ministry. La revista de 64 páginas es dedicada a 1888, y sin embargo el lector no ve indicio alguno del auténtico mensaje, propiamente dicho, tal como "el Señor en Su gran misericordia" lo envió. Indudablemente la razón es que los editores saben que todo elemento singular de ese mensaje es controvertido hoy, de modo que el propio mensaje de 1888 se ha vuelto ahora la piedra de tropiezo y la roca de ofensa a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, como Cristo se volvió para los antiguos judíos.

(6) Perfect in Christ [Perfectos en Cristo], por Helmut Ott (Review and Herald, 1987) es recomendado en la Adventist Review del 7 de Enero de 1988, p. 21. "Enfoca dos temas de la asamblea de 1888: la obra de Cristo hoy en asegurar salvación a aquellos que Lo aceptan, y la justicia todo-suficiente de Cristo imputada a la humanidad mediante la fe".

De hecho, la tesis básica de ese libro está en directa contradicción con el mensaje de la justicia de Cristo de 1888. Sin embargo, el autor manipuló tan expertamente las Escrituras y declaraciones de Ellen White que los editores de la Review presumieron que el manuscrito enseñaba una justificación por la fe válida.

La idea básica es que nuestro poderoso Salvador es tan débil que nunca capacita los "creyentes a desarrollar perfecta justicia o alcanzar madurez espiritual" o demostrar Su justicia "en la historia de su vida personal". El persistente pecado e injusticia práctica es convenientemente cubierto por la substitución legal de la perfecta justicia de Cristo. El autor crea un hombre de paja que puede ridiculizar con el uso de su propio verbo rebajador: "Los creyentes en la verdad" no "alcanzan ... perfecta justicia ... en la historia personal de sus vidas".

La verdadera cuestión, sin embargo, no es si los creyentes alcanzarán un carácter semejante al de Cristo, sino si mediante la fe en Él demostrarán tal carácter "en la historia personal de sus vidas". Las Escrituras abrumadoramente dicen que lo harán.

El ejemplar pierde de vista el concepto de justificación por la fe de 1888. La declaración legal de justificación que es resultante del sacrificio de Cristo se aplica al "mundo todo", a "todos los hombres" (Romanos 3:23-24; 5:18; 2 Corintios 5:19; 1 Juan 1:29, etc.) pero aquellos que respondan a las Buenas Nuevas, que creen, experimentan la justificación por la fe, y son así hechos verdaderamente obedientes a todos los mandamientos de Dios. La instrumentalidad que opera ese milagro es la "fe que opera por el amor". Así el pueblo de Dios demostrará "en la historia personal de sus vidas" una verdadera obediencia.

El personal de los Depositarios de Ellen White preparó a principio de 1988 un "Análisis" del libro de Ott que concluye ser incomprensible haber podido ser publicado por una editora adventista del séptimo día. El análisis demuestra que tal libro deja "de ningún efecto el testimonio del Espíritu de Dios" como presentado en los escritos de Ellen White, y que los argumentos utilizados son respaldados por el mismo uso distorsionado e interpretaciones falsas de las declaraciones de Ellen White que caracterizaban la investigación de Desmond Ford (20 de Enero de 1988).

(7) Grace on Trial [Gracia en juicio], por Robert J. Wieland es el manuscrito de un libro solicitado en 1987 por los editores de la Pacific Press que planeaban lanzar la obra en el mercado para las reuniones campales de 1988. Fue debidamente sometido a los editores de acuerdo con los procedimientos denominacionales normales. Después del examen del manuscrito, los editores votaron por su publicación y procedieron a las providencia para que eso ocurra. Cuando estaba en las etapas iniciales del proceso de producción, la Asociación General intervino y los obligó a rechazarlo.

Caso hubiese sido publicado por la Pacific Press, habría sido el primer libro de la Serie del Centenario que permitiría a los mensajeros de 1888 presentar su mensaje con sus propias palabras. (8) What Every Adventist Should Know about 1888 [Lo que todo adventista debiera saber sobre 1888], por Arnold V. Wallenkampf (Review and Herald, 1988) es un marco en nuestra historia denominacional. Una versión expandida de cuatro artículos no publicados que el Dr. Wallenkampf escribió en 1979, ese libro contradice totalmente la tesis "rico-de-nada-tengo-falta" de las principales obras sobre 1888 que han sido publicadas con apoyo oficial a lo largo de los últimos cuarenta años. El autor deja abundantemente claro que el mensaje gracioso fue objeto de resistencia y rechazado por la "mayoría de los ministros en la asamblea [de 1888]", y que la resistencia prosiguió "con el pasar de los años". Él declara que hemos estado en un "estado de rebelión contra Dios". Los dirigentes adventistas del séptimo día "trataron cruelmente" el Espíritu Santo con "palabras duras ... dirigidas al propio Cristo". Nuestra verdadera historia es una "trama", "traición y crucifixión de Jesús" que "choca la imaginación". Precisamos aprender a "no seguir líderes ciegamente". "Si la mayoría de los delegados de la asamblea de Minneapolis no hubiesen seguido a sus líderes en rechazar el mensaje de 1888, Ellen White no habría dejado implícito que Cristo fue figuradamente crucificado en aquella asamblea".

Fuera de eso, él hace notar que el arrepentimiento de los más influyentes oponentes del mensaje "no fue de todo el corazón ni completa". "Una imperceptible marea montante de oposición se estaba irguiendo contra él" en la década que se siguió a Minneapolis. "En 1899 la justicia de la Iglesia se había vuelto nauseante para nuestro Salvador". El exilio de Ellen White para Australia tuvo relación con la incredulidad de 1888: "Fue en gran medida el malestar entre ciertos líderes influyentes para con ella y sus mensajes que inspiraron el plan que la llevó a Australia en 1891". La situación poco mejoró por 1901: "Aparentemente, de 1902 a 1904 la Iglesia estaba en peligro de resbalar al mismo estado que había existido antes de la asamblea de Minneapolis". Ellen White no creía que "la mayoría de los adventistas del séptimo día había aceptado el mensaje de 1888 como una experiencia personal antes de su muerte en 1915". En 1926 A. G. Daniells "creía que la Iglesia Adventista aun estaba aguardando la experiencia que Dios había esperado introducir en Minneapolis".

Según Wallenkampf, creíamos la trágica incredulidad hoy por "hacer creer" que el rechazo inicial se transformó posteriormente en "entusiasta aceptación". "Si no presentamos de modo claro la historia de la asamblea de la Asociación General y su consecuencia, nosotros como denominación perpetuamos el pecado cometido en Minneapolis en 1888. Al hacerlo, nos unimos a nuestros antepasados espirituales y virtualmente crucificamos a Cristo de nuevo en la persona del Espíritu Santo".

Un dirigente de la Asociación General está por fin hablando abiertamente: "Cabe a nosotros como pueblo confesar que por largo tiempo hemos en gran medida pasado por alto el virtual rechazo del mensaje de 1888. ... Dios desea que todos Sus seguidores sean veraces y honestos". "Nuestra presente responsabilidad es contar la verdad sobre la asamblea de Minneapolis de 1888 y lo que se siguió a ella. No hay virtud en decir que todo ha estado bien cuando así no es". Esas son palabras de él, no nuestras.

Amén!

¡Que el Espíritu Santo en gran misericordia nos capacite a todos a ser honestos en este año del Centenario! Él puede conceder reavivamiento, reforma, y arrepentimiento si nosotros simplemente decimos la verdad plena y paramos de reprimirla o negarla. Eso traerá reconciliación con Cristo y ha de curar nuestras alienaciones internas. Ciertamente 1000 años es tiempo suficiente para enfrentar la realidad del llamado de Cristo al "ángel de la iglesia de Laodicea" para el arrepentimiento. (Wallenkampf reconoce que ese "ángel" es el liderazgo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y que nuestras décadas de negación han producido tibieza en escala mundial y letargo en la Iglesia). La evidencia es ahora clara de que Cristo ya esperó demasiado. Él no puede soportar para siempre Su náusea. Ocurre un definido progreso en el año del Centenario de 1988. El enfoque de atención denominacional a 1888, su historia y su mensaje, aun a través de información equivocada, puede ser bendecido por el Señor para el despertamiento de muchas mentes. Especialmente los jóvenes que están siendo confundidos por el adventismo contemporáneo quedarán intrigados por el nuevo candor. Y el Espíritu Santo permite hasta la publicación de falsedades para ser superadas por más profundas delineaciones de verdad. (Wallenkampf ataca la idea de arrepentimiento colectivo pero da clara evidencia de que sinceramente no la comprende. El difundido ridículo cuanto a arrepentimiento colectivo y denominacional en 1988 será superado por el Espíritu Santo para despertar muchas mentes serias llevándolas a ponderar más profundamente sobre el llamado de Cristo en Apocalipsis 3:19. Es abominable para los líderes adventistas acumular desprecio sobre Su llamado).

Es de se esperar que esta generación llegue a reconocer nuestra verdadera necesidad espiritual como un pueblo, y experimente un hambre y sed por la justificación (por la fe) que el Señor en Su gran misericordia trató de darnos. El arrepentimiento no puede ser operado por nosotros mismos o aun forzado por la publicación de la abrumadora evidencia documental. Permanece un precioso don de Dios. Esperamos y oramos para que Él graciosamente lo conceda a esta generación.