En el undécimo capítulo concluye la discusión sobre el tema específico de Israel. En los anteriores tres capítulos hemos visto que los gentiles, si creen, comparten su suerte con los judíos. Y que éstos últimos pierden todo privilegio como pueblo de Dios, mediante su incredulidad. Nada podría mostrar con mayor claridad de lo que lo hacen esos capítulos, que todos los hombres son iguales ante Dios, y que sus promesas son para todo aquel que cree, al margen de las circunstancias de su nacimiento o afiliación territorial.
1 Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. 2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura? como hablando con Dios contra Israel dice: 3 Señor, a tus profetas han muerto, y tus altares han derruido; y yo he quedado solo, y procuran matarme. 4 Mas ¿qué le dice la divina respuesta? He dejado para mí siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. 5 Así también, aun en este tiempo han quedado reliquias por la elección de gracia. 6 Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra. 7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado: y los demás fueron endurecidos; 8 Como está escrito: Dióles Dios espíritu de remordimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy. 9 Y David dice: Séales vuelta su mesa en lazo, y en red, y en tropezadero, y en paga: 10 Sus ojos sean obscurecidos para que no vean, y agóbiales siempre el espinazo. 11 Digo pues: ¿Han tropezado para que cayesen? En ninguna manera; mas por el tropiezo de ellos vino la salud a los Gentiles, para que fuesen provocados a celos. 12 Y si la falta de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más el henchimiento de ellos? 13 Porque a vosotros hablo, Gentiles. Por cuanto pues, yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio honro, 14 Por si en alguna manera provocase a celos a mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos. 15 Porque si el extrañamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos? 16 Y si el primer fruto es santo, también lo es el todo, y si la raíz es santa, también lo son las ramas. 17 Que si algunas de las ramas fueron quebradas, y tú, siendo acebuche, has sido ingerido en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la grosura de la oliva; 18 No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Pues las ramas, dirás, fueron quebradas para que yo fuese ingerido. 20 Bien: por su incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme, 21 Que si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco no perdone. 22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.No abandonados.– El apóstol Pablo sabía que Dios no se había desentendido de su pueblo, los descendientes literales de Abraham, y la prueba de ello era que él mismo había sido aceptado por Dios. Si el Señor hubiese abandonado a los judíos, no habría habido esperanza para Pablo, puesto que él era "Hebreo de Hebreos". Así pues, leemos, "¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera". La razón que da para esa afirmación, es que "también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín".
¿Quiénes son los desechados? – Si bien Dios no había abandonado a su pueblo, éste se encontraba en una lamentable situación. El hecho de que Dios no los había abandonado no significaba que iban a ser salvos. Pablo señaló el peligro que incluso él mismo, tras haber predicado el evangelio, viniese a ser reprobado (1 Cor. 9:27). Eso, no obstante, dependía enteramente de él. El peligro no estaba de ninguna manera en que Dios decidiese desecharlo en contra de la voluntad de Pablo. Tenemos las palabras del Señor, "al que a mí viene, no lo echo fuera" (Juan 6:37). Y todos pueden venir a Él, "el que tiene sed, venga". Dios no desecha a nadie, pero si alguien lo rechaza completamente, puesto que Él no fuerza a nadie, no hay otra alternativa, excepto dejarlo a su propia elección.
"Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase; antes desechasteis todo consejo mío, y mi reprensión no quisisteis… comerán pues del fruto de su camino, y se hartarán de sus consejos. Porque el reposo de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder" (Prov. 1:24-32).
Dios extiende sus manos a un pueblo rebelde y contradictor (Rom. 10:21), y a ellos corresponde decidir si serán salvos. Dios acepta a todos. La pregunta clave es ¿lo aceptarán ellos a Él?
El remanente.– A partir de la ilustración de Elías podemos aprender más sobre la aceptación y el rechazo. Aparentemente todo Israel se había apartado del Señor, pero había siete mil hombres que no se habían doblegado a Baal. "Así también, aun en este tiempo han quedado reliquias por la elección de gracia". La gracia de Dios se manifiesta a todos los hombres, se extiende a todos. Los que aceptan la gracia son los elegidos, poco importa la nación o pueblo al que pertenezcan. Aunque el plan de la salvación abarca a todo el mundo, es triste pero cierto que sólo unos pocos de cada pueblo o generación lo aceptarán. "Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar, sólo un remanente será salvo".
El olivo.– Si bien hay expresiones particulares que son difíciles de comprender, en su conjunto, el capítulo undécimo es simple. Se representa al pueblo de Dios bajo la figura de un olivo, y la relación de todo hombre con Dios se ilustra mediante la figura del injerto. Antes de entrar en los detalles de la ilustración, conviene que nos detengamos a considerar la nación de Israel.
En el segundo capítulo de Efesios podemos ver que siendo gentiles, los Efesios estaban "excluidos de la ciudadanía de Israel… sin esperanza y sin Dios en el mundo". Es decir, los que están excluidos de la ciudadanía de Israel están sin Dios, –o bien– los que están sin Dios están excluidos de la ciudadanía de Israel.
Cristo es la única manifestación de Dios al hombre, y "a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron" (Juan 1:11). Por lo tanto, la nación judía –como pueblo– estaba sin Dios tanto como lo estaban los paganos, estando por lo tanto excluidos de la ciudadanía de Israel. En el mismo capítulo de Efesios leemos cómo Cristo vino para reconciliar tanto a judíos como a gentiles con Dios, lo que demuestra que ambos estaban separados de Él. Más adelante en el mismo capítulo, vemos que la ciudadanía de Israel consiste en ser "miembros de la familia de Dios", familia que está compuesta por santos: aquellos que están reconciliados con Dios. Sólo de ellos puede decirse que no son extranjeros ni están alejados de Israel.
Origen de Israel.– El nombre viene de aquella noche en la que Jacob luchó con el Señor, y por su fe obtuvo finalmente la bendición que buscaba. Nada podía conseguir apoyándose en su fortaleza física: un simple toque del Señor bastó para dejarlo completamente indefenso. Fue entonces cuando, en su estado de total impotencia, se entregó al Señor con una fe sencilla, y prevaleció, recibiendo el nombre de Israel: príncipe de Dios. Ese título se aplicó a todos sus descendientes, si bien de una forma estricta pertenece solamente a aquellos que ejerciesen una fe viviente en Dios. Es algo así como la denominación de "cristianos" que damos genéricamente a todos los que forman parte de la iglesia visible, sin detenernos a analizar si conocen o no realmente al Señor.
Todos necesitan ser injertados
Romanos 11:23-26
23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injeridos; que poderoso es Dios para volverlos a injerir. 24 Porque si tú eres cortado del natural acebuche [olivo silvestre], y contra natura fuiste injerido en la buena oliva [olivo], ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injeridos en su oliva? 25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles; 26 Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad.Una nación justa.– Se ha dicho mucho sobre la incredulidad de los hijos de Israel. No obstante, hubo épocas en las que como nación, ejercieron una fe notable. Un ejemplo: "Por fe cayeron los muros de Jericó con rodearlos siete días" (Heb. 11:30). Todo el ejército marchó trece veces alrededor de la ciudad sin murmurar, aparentemente sin propósito alguno. Esa fe demuestra que eran por entonces una nación justa, en estrecha unión con Dios, ya que "justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5:1). A la sazón, su nombre hacía verdaderamente justicia a su carácter: eran auténticos israelitas. Estaban caminando en "los pasos de la fe de nuestro padre Abraham".
Ramas cortadas.– Pero no guardaron la fe. "Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza" (Heb. 3:14). Ellos no hicieron eso, y vinieron a estar "sin Cristo", "excluidos de la ciudadanía de Israel" (Efe. 2:12). En Romanos 11:17 el apóstol dice "que si algunas de las ramas fueron quebradas", etc. Eso no significa que hubiese ramas que no fuesen entonces quebradas, ya que en el versículo 20 leemos que "por su incredulidad fueron quebradas", y "Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos" (versículo 32), por lo tanto, todas las ramas fueron quebradas. Nos encontramos, pues, con el pueblo de los que eran "muy amados por causa de los padres" (versículo 28), y que en cierto momento de la historia habían sido "hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gál. 3:26), reducido –a causa de su incredulidad– al mismo nivel de quienes nunca habían conocido a Dios.
Ramas injertadas.– Todas las ramas del olivo (Israel) fueron quebradas a causa de su incredulidad. Dios injertó ramas procedentes del olivo silvestre (los Gentiles) en el lugar de las primeras. Ese injerto era "contra natura" (versículo 24), puesto que era enteramente una obra de la gracia. De acuerdo con las leyes naturales, las ramas injertadas habrían llevado el fruto silvestre que les era propio, y el injerto hubiese carecido entonces de provecho (ver Gál. 5:19-21; Efe. 2:1,2). Pero la gracia obró un milagro, y las ramas que fueron injertadas, participaron de la naturaleza de la raíz. El fruto de las ramas injertadas ya no es el fruto natural, sino el fruto del Espíritu (Gál. 5:22,23).
La reunión.– Recordemos que Dios no desechó a su pueblo. Éste cayó por la incredulidad, pero "si no permanecen en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar". Es decir, el judío tiene una oportunidad tan favorable como el gentil, "porque no hay diferencia de Judío y de Griego" (Rom. 10:12). Cristo vino para "reconciliar por la cruz a ambos en un mismo cuerpo", y "por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efe. 2:16,18).
Un plan sin cambios.– No olvidemos que el injerto de los gentiles para ocupar el lugar del rebelde Israel, no implica cambio alguno en el plan de Dios. Estaba perfectamente incluido en la promesa original hecha a Abraham. "Sabéis por tanto, que los que son de fe, los tales son hijos de Abraham. Y viendo antes la Escritura que por la fe había de justificar a los Gentiles, evangelizó antes a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones" (Efe. 3:7,8).
En el principio, Dios creó a Adán, padre de la raza humana. Adán era el hijo de Dios (Luc. 3:38); por lo tanto, todos sus descendientes son pueblo de Dios por derecho. Dios no los abandonó por haber pecado. Su amor abarcaba el mundo entero (Juan 3:16), y ciertamente no vino a menos en los días de Abraham, Isaac y Jacob. La única ventaja de Israel es que ellos tenían el privilegio de llevar el glorioso evangelio a los gentiles, para quienes había sido provisto, tanto como para ellos mismos.
Los gentiles, visitados.– Desde el principio estaba establecido que los gentiles, tanto como los descendientes de Jacob, viniesen a constituir Israel. El concilio de Jerusalem así lo demuestra. Pedro expuso cómo le había sido divinamente encomendada la predicación del evangelio, de forma que ninguna diferencia hizo entre judíos y gentiles. Dijo entonces Santiago: "Simón ha contado cómo Dios primero visitó a los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre; y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y restauraré la habitación de David, que estaba caída; y repararé sus ruinas, y la volveré a levantar; para que el resto de los hombre busque al Señor, y todos los Gentiles, sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras" (Hech. 15:14-18; ver también Amós 9:11-15).
De lo anterior podemos concluir que "la habitación de David", o casa del rey David, sería restaurada mediante la predicación del evangelio a los gentiles, según los designios del Señor desde el principio del mundo. No hay necesidad de comentario alguno al respecto: se trata simplemente de creer esas Escrituras.
"La plenitud de los Gentiles".– "El endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles". "Haya entrado" ¿dónde? –Por supuesto, en Israel, ya que es entrando la plenitud de los gentiles como "todo Israel será salvo". ¿Cuándo entrará la plenitud de los gentiles?
Es el Señor mismo quien responde: "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin" (Mat. 24:14). Dios está visitando a los gentiles "para tomar de ellos pueblo para su nombre". Mediante ellos alcanzará Israel su plenitud. Tan pronto como esa obra de predicar el evangelio a los gentiles concluya, vendrá el fin. Entonces no se predicará más a nadie: no a los gentiles, puesto que habrán hecho ya su decisión final; y tampoco a los judíos, ya que entonces "todo Israel será salvo". No habrá ya más necesidad del evangelio. Éste cumplió ya su obra.
Acogida masiva de judíos
Romanos 11:27-36
27 Y este es mi pacto con ellos, cuando quitare sus pecados. 28 Así que, cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros: mas cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres. 29 Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios. 30 Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos; 31 Así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. 33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado? 36 Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por siglos. Amén.Todo mediante Cristo.– Presta cuidadosa atención a los versículos 25-27. Cuando haya entrado la plenitud de los gentiles, "todo Israel será salvo". Es solamente entrando la plenitud de los gentiles como todo Israel será salvo. Y eso constituirá el cumplimiento de la Escritura que dice, "Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad". Sólo mediante Cristo es posible que Israel sea reunido y salvo, e Israel lo constituyen todos los que son de Cristo, ya que "si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos" (Gál. 3:29).
Quitar los pecados.– De Sión vendrá el Libertador, que quitará la impiedad de Israel. Cristo es "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). "Él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Juan 2:2). Caifás, el sumo sacerdote, hablando por el Espíritu, "profetizó que Jesús había de morir por la nación: y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados" (Juan 11:51,52).
Así Pedro, hablando en el templo de Jerusalem, dijo: "Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, le envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad" (Hech. 3:25,26). La bendición de Abraham consiste en el perdón de los pecados mediante Cristo, y los integrantes de todas las naciones vienen a ser verdaderos israelitas mediante la remoción de la iniquidad.
Todo por la fe.– Es por la fe como Jacob vino a ser hecho Israel. Fue por la incredulidad como sus descendientes fueron arrancados del tronco de Israel. Es por la fe como los gentiles son injertados, y solamente por ella pueden mantenerse. Es por la fe como los judíos pueden volver a implantarse en el tronco primitivo.
La fe en Cristo es lo único que convierte a uno en israelita, y solamente la incredulidad lo excluye a uno de Israel. Así lo mostró Cristo cuando se maravilló por la fe del Centurión, y dijo: "Os aseguro que ni en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera" (Mat. 8:10-12).
Todos encerrados.– "Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos". "En prisión quedarán encerrados". Así, leemos en Gálatas 3:22 que "la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por medio de la fe en Jesucristo".
Y el versículo 23 explica que todos estábamos guardados por la ley, reservados para la fe que iba a ser revelada. Según Romanos 3:9, tanto judíos como gentiles, "todos están debajo de pecado".
Todos están igualmente prisioneros, sin ninguna esperanza de escapatoria de no ser por Cristo, el Libertador, el que proclama "libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel" (Isa. 61:1). Viene desde Sión como Libertador, trayendo la libertad de "la Jerusalem de arriba" (Gál. 4:26). Por lo tanto, todos los que acepten la libertad con la que Cristo hace libre, son los hijos de la Jerusalem de arriba, herederos de la Canaán celestial, ciudadanos del verdadero Israel.
Conocimiento maravilloso.– "Con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos" (Isa. 53:11). Y así, reedificará los muros de Jerusalem y libertará a sus hijos cautivos mediante el perdón de los pecados (Sal. 51:18). "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!"
Nadie pretenda, por lo tanto, cuestionar el plan de Dios, o rechazarlo por no ser capaz de comprenderlo, porque "¿quién fue su consejero?" "Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea la gloria por siglos. Amén."