Vimos en el capítulo precedente que el reposo prometido es el reposo de Dios, el reposo en el que entró Adán cuando el Señor le hizo reposar en el delicioso jardín.
El pecado produce agotamiento. Adán tenía labores que realizar en el jardín del Edén, a pesar de lo cual gozó de un perfecto reposo todo el tiempo que estuvo allí, hasta que pecó. Si jamás hubiera pecado, el cansancio no se habría conocido nunca en la tierra. El trabajo no forma parte de la maldición, pero sí el cansancio. "Por cuanto... comiste del árbol de que te mandé diciendo: ‘No comerás de él’, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida, espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra" (Gén. 3:17-19).
Guardando el reposo
Hasta entonces habían disfrutado de perfecto reposo, incluso mientras obraban. ¿Por qué? –Porque su obra consistía simplemente en "guardar" esa perfecta obra que Dios les había preparado y encomendado para que anduviera en ella. Adán no tenía que crear. Si hubiera tenido que hacerlo, aunque fuese solamente una flor o una simple hoja, se habría agotado hasta la muerte, sin haberlo conseguido. Pero Dios hizo la obra y puso a Adán en posesión de ella, dándole las instrucciones para que la guardara, y esa fue su ocupación por tanto tiempo como guardó la fe.Aún queda algo del Edén
Esa nueva y perfecta creación ha desaparecido, pero persiste un remanente. La prueba de que las obras estaban terminadas y el reposo preparado desde la fundación del mundo, es que "reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día" (Heb. 4:4). El sábado del Señor –el séptimo día-, es una porción del Edén que subsiste en medio de la maldición; es una parte del reposo de la tierra nueva que puentea el abismo desde el Edén perdido hasta el Edén restaurado. Porque el sábado completó la semana de la creación, y fue la prueba de que la obra estaba completa, era el sello de una creación nueva y perfecta. Ahora es necesaria una nueva creación, y ha de ser llevada a cabo por el mismo poder que en el principio. Todas las cosas fueron creadas en Cristo, y "si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2 Cor. 5:17); y el sello de la perfección es el mismo en ambos casos. El sábado, por lo tanto, es el sello de la perfección, de la perfecta justicia.Significado del sello
Pero es necesario comprender que el reposo del sábado no consiste meramente en abstenerse de la labor manual desde la puesta del sol del viernes hasta la del sábado: esa no es más que la señal del reposo, y como sucede con todas las demás señales, es un fraude en el caso de que falte aquello de lo que es señal. El verdadero reposo del sábado consiste en el reconocimiento pleno y continuo de Dios como Creador y Sustentador de todas las cosas, Aquel en quien vivimos, nos movemos y somos (Hech. 17:28), él es nuestra vida y nuestra justicia. Guardar el sábado no es un deber obligado, necesario para obtener el favor de Dios, sino que es guardar la fe mediante la cual se nos atribuye la justicia.Un don al hombre
No olvidemos que el sábado no es ninguna carga que Dios impone a las personas (¿quién podría concebir el reposo como una carga?), sino una bendición que les ofrece; significa quitar las cargas. "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mat. 11:28). Lejos de imponerlo a nadie, Dios declara que es imposible participar del reposo del sábado sin creer. A aquel que dice: ‘No creo que el guardar el sábado sea para mí una necesidad’, el Señor le replica: ‘No lo puedes guardar; no entrarás en mi reposo; no tienes parte en él’. Es imposible que alguien pueda guardar el sábado del Señor sin fe, puesto que "el justo vivirá por la fe" (Heb. 10:38). El sábado es el reposo de Dios, el reposo de Dios es la perfección, y ésta puede ser obtenida solamente mediante una fe perfecta. "Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren" (Juan 4:24). Su reposo, por consiguiente, es un reposo espiritual, de forma que un reposo meramente físico sin reposo espiritual no es en absoluto observancia del sábado. Sólo los que son espirituales pueden guardar verdaderamente el sábado del Señor. Por tanto tiempo como Adán fue dirigido por el Espíritu, gozó de un perfecto reposo, tanto del cuerpo como del alma; pero tan pronto como pecó, perdió el reposo. Aunque la maldición pronunciada sobre la tierra produce fatiga del cuerpo, el sábado sigue existiendo desde el Edén, la prenda y sello del reposo espiritual. La abstención de todo nuestro trabajo y placer en el séptimo día –de todo lo que realizamos para nuestro provecho personal-, es sencillamente el reconocimiento de Dios como Creador y Sustentador de todas las cosas, como Aquel por cuyo poder vivimos; pero ese reposo visible no es más que una farsa si es que no lo reconocemos real y plenamente como tal, y nos encomendamos totalmente a su cuidado.El día bendito y el hombre bendito
Mantén presente que si bien el día de sábado es el séptimo día de la semana, el reposo que simboliza el sábado es un reposo continuo. Dado que un día no es una persona, hay una diferencia entre bendecir un día y bendecir a una persona. Dios bendijo el séptimo día (Gén. 2:3), pero bendice cada día a las personas. Sólo aquellos que reposan siempre en el Señor, están guardando el sábado. Si bien nadie puede ser un guardador del sábado mientras que ignora el día en el que Dios ha puesto su bendición, es igualmente cierto que aquel que no reposa continuamente en el Señor, no está guardando el sábado.La cruz de Cristo
El sábado nos revela a Cristo como al portador de las cargas. Él lleva la carga del mundo entero, con toda su pena, pecado y dolor, y la lleva de buen grado –le resulta "ligera"-. "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!" (1 Ped. 2:24). Es en la cruz de Cristo donde recibimos vida, donde somos hechos nuevas criaturas. El poder de la cruz, por consiguiente, es poder creador. Así, cuando en la cruz Jesús clamó: "Consumado es", estaba simplemente anunciando que en él, por medio de su cruz, podían obtenerse las obras perfectas de Dios, que fueron acabadas desde la fundación del mundo. Así, el sábado –el reposo del séptimo día que conmemora la creación completada desde el principio-, es un bendito recordatorio del hecho de que en la cruz de Cristo se ofrece gratuitamente el mismo poder creador para librarnos de la maldición, y para hacernos tan completos en él, como lo fue cuando "vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera". La palabra de vida que se nos proclama en el evangelio, es "lo que era desde el principio" (1 Juan 1:1).La invitación de Dios a guardar el sábado
Podemos ahora comprender por qué el sábado ocupa un lugar tan prominente en el registro del trato de Dios con Israel. No es debido a que el sábado fuese exclusivamente para ellos, no más de lo que lo era la salvación; sino porque la observancia del sábado es el comienzo de ese reposo que el Señor prometió a su pueblo en la tierra de Canaán. Se oye a veces decir que el sábado no fue dado a los gentiles, pero hay que recordar que tampoco la tierra fue prometida a los gentiles. Estos son "ajenos a los pactos de la promesa" (Efe. 2:12). Pero es cierto que los gentiles –todo el mundo-, fueron llamados a venir a Cristo, el agua viva. "¡Venid, todos los sedientos, venid a las aguas!" (Isa. 55:1). La promesa hecha a Israel fue, y es, "llamarás a gente que no conociste y gentes que no te conocieron correrán a ti por causa de Jehová, tu Dios, y del Santo de Israel" (Isa. 55:5). Continuando con su llamamiento, el Señor dice:Una gloriosa promesa
"Si retraes del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas ‘delicia’, ‘santo’, ‘glorioso de Jehová’, y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová. Yo te haré subir sobre las alturas de la tierra y te daré a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehová lo ha hablado" (Isa. 58:13 y 14).