Por más que se sientan orgullosos de su libertad e independencia, en general los hombres prefieren la esclavitud, y elegirán la servidumbre más bien que la libertad. Así lo demuestran sus hechos.
Rechazar la libertad
El Dios del universo ha proclamado libertad a toda la raza humana; siempre ha dado libertad a todos; pero sólo unos pocos tomarán ventaja de ello. La experiencia del antiguo Israel no es más que la experiencia del corazón humano. Por dos veces el Señor expresó claramente a Abraham que su descendencia sería libre: una, cuando dijo que su siervo Eliezer no sería su heredero, y otra cuando le manifestó que el hijo de una sierva tampoco podía serlo. Posteriormente, el Señor liberó a Israel de la servidumbre de Egipto a fin de que pudiera gozar de libertad, incluida la de la obediencia a la perfecta ley de libertad; pero murmuraron "y en sus corazones se volvieron a Egipto cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros" (Hech. 7:39 y 40).Esclavos del pecado
Esa cautividad babilónica era sólo la expresión visible de la esclavitud en la que el pueblo se había colocado previamente de forma voluntaria. Se habían jactado de ser libres, mientras que eran "esclavos de corrupción, pues el que es vencido de alguno es hecho esclavo del que lo venció" (2 Ped. 2:19). "Todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8:34). La esclavitud física es un asunto menor, al lado de la esclavitud del alma, pero de no ser por esta última, nunca se habría conocido la primera.Los constructores de Babel
"Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Aconteció que cuando salieron de oriente hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Un día se dijeron unos a otros: ‘Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego’. Así el ladrillo les sirvió en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Después dijeron: ‘Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de toda la tierra’. Jehová descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: ‘El pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; han comenzado la obra y nada los hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero’. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por eso se la llamó Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra" (Gén. 11:1-9).Desafiando a Dios
Albergaban la idea de que podían construir una ciudad tan grande y una torre tan alta como para desafiar los juicios de Dios. Se creían realmente mayores que Dios. Es la misma idea que tuvo Lucifer, de quien leemos:Se juzga al príncipe de este mundo
La ciudad altiva sería totalmente destruida:El propósito divino: la destrucción del opresor
Después de esa interpelación directa al gran tirano, sigue la continuación de la narrativa que lo concierne:La soberbia del poder terrenal
Habrás observado que la liberación final y completa de todo Israel coincide con la destrucción del rey de Babilonia. También habrás notado que ese rey de Babilonia reina sobre toda la tierra: su destrucción trae reposo a toda la tierra. Puedes ver asimismo que a ese rey de Babilonia se le llama Lucifer, el que intentó disputar a Dios el dominio del mundo. La cuestión es, no obstante, que sea cual haya sido el gobernador visible, Satanás era siempre el auténtico rey. Así lo muestra también el hecho de que Babilonia fue un reino pagano, y "aquello que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican y no a Dios" (1 Cor. 10:20). Es "el dios de este mundo" (2 Cor. 4:4). El espíritu de exaltación propia está en radical oposición con el Espíritu de Dios, cuya mansedumbre y bondad constituyen su grandeza. Se trata del espíritu del anticristo, "el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios" (2 Tes. 2:4). Ese espíritu fue el rasgo característico de Babilonia, excepto en el breve período en que Nabucodonosor estuvo en sus sentidos. Él había dicho jactanciosamente: "¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?" (Dan. 4:30). Belsasar utilizó los vasos de la casa de Dios para beber vino en ellos, junto a sus mujeres y concubinas, "y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra" (Dan. 5:3 y 4), enorgulleciéndose en la creencia de que los dioses que él había hecho eran mayores que el Dios de Israel. De Babilonia fue dicho: "Te confiaste en tu maldad, diciendo: ‘Nadie me ve’. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: ‘Yo, y nadie más’" (Isa. 47:10).Significado de ser liberado de Babilonia
Fue ese mismo espíritu el que animó al pueblo judío. Cuando insistieron en tener un rey a fin de ser como los paganos que los rodeaban, rechazaron a Dios, puesto que decidieron que ellos mismos podían administrar las cosas mejor que él. "¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque estos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha. ¡Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos! ¡Pasmaos en gran manera!, dice Jehová. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua" (Jer. 2:11-13). "¿He sido yo un desierto para Israel o una tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: ‘Somos libres; nunca más vendremos a ti’?" (vers. 31). Por lo tanto, cuando los hijos de Israel fueron llevados a Babilonia -la ciudad del orgullo y la exaltación-, no fue sino la manifestación visible de la condición en la que por largo tiempo habían estado. Fueron llevados a Babilonia por no haber guardado el sábado, tal como leemos en Jeremías 17:27 y en 2 de Crónicas 36:20 y 21. Hemos visto ya que la observancia del sábado consiste en reposar en Dios; significa reconocerlo plenamente como el supremo y legítimo Gobernante. Por lo tanto, hemos de comprender que la completa liberación de Babilonia es la liberación de la esclavitud del yo, en favor de una absoluta confianza en Dios, y de la obediencia a él.Se cumplen los setenta años
De igual forma en que Dios había determinado un tiempo definido en el que liberaría a su pueblo de Egipto, predijo también el tiempo exacto de la cautividad de Israel en la ciudad de Babilonia. "Así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis. Vendréis y oraréis a mí, y yo os escucharé. Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Seré hallado por vosotros, dice Jehová; haré volver a vuestros cautivos y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová. Y os haré volver al lugar de donde os hice llevar" (Jer. 29:10-14).Una lección todavía sin aprender
No todos regresaron a Jerusalén, pero todos podían haberlo hecho. Si todo Israel hubiera aprendido la lección que había de enseñarles la cautividad, se habría podido cumplir rápidamente la tan demorada promesa, pues desde el principio de la cautividad el único período de tiempo definido en la profecía era el de los setenta años. Pero de igual forma en que el pueblo estaba ya realmente en la cautividad babilónica –es decir, en la esclavitud del orgullo y la confianza propia- desde antes de ser deportados por Nabucodonosor, continuaron en ese mismo estado de esclavitud tras haberse cumplido los setenta años. Dios predijo que así sucedería, de forma que hacia el final de ese período dio una visión a Daniel, en la que estableció otro período de tiempo.